miércoles, 2 de noviembre de 2011

La participación de los misioneros claretianos en el expolio colonial de la "Guinea española"

[En contra de lo que dice algún curilla llorón en carta al New York Times, la podredumbre que oculta la Iglesia Católica tras de sí sale demasiado poco en los medios de comunicación (¡hay que tener en cuenta que la propietaria de buena parte de estos medios es la propia Iglesia!). No es sólo el problema de los escándalos sexuales, sino también los escándalos financieros, el fomento de guerras de religión, el blanqueo de dinero en su opaca red de bancos, la complicidad con dictaduras, el apoyo que dio en su momento al fascismo... y su participación en el expolio y los crímenes del colonialismo. Esto último, por cierto, es algo que el curilla se guardó muy bien de mencionar en su carta, porque la Iglesia Católica (y las protestantes también) siempre ha allanado el camino a las potencias coloniales que han saqueado el llamado Tercer Mundo. Y como ejemplo de esto he seleccionado un pasaje del libro Un guardia civil en la selva del antropólogo Gustau Nerín que denuncia la connivencia de los misioneros claretianos con el brutal régimen colonial español en Guinea Ecuatorial. Esto demuestra lo mucho que han ayudado las misiones cristianas a los africanos... ¡Razón por la cual desde que empezó su evangelización no conocen más que hambrunas y guerras!]





(...) Los claretianos no podían dedicar críticas muy severas al reclutamiento [1], porque ellos mismos también habían contratado braceros, y no sólo para las misiones católicas, sino también para algunos colonos católicos que pagaban a los religiosos por cada trabajador entregado (los claretianos afirmaban que los braceros católicos eran más sumisos que los demás). Los misioneros usaban los mismos métodos que los demás colonos para subyugar a los guineanos. Los braceros de la Iglesia también firmaban un contrato por dos años y no podían dejar de trabajar sin que expirase el plazo fijado. Los religiosos, en sus expediciones al interior del país, utilizaban el látigo para disciplinar a los porteadores, como los demás colonos. También se recurría al látigo en las rentables plantaciones de cacao de la Iglesia. En 1917, en la misión de Banapá (Fernando Poo), un bracero murió por los azotes que le propinó un claretiano; el superior del centro calificó el hecho de “insignificancia”. Para construir misiones y capillas, la Iglesia recurrió a las prestaciones; aquellos edificios se consideraban “de interés colectivo”, aunque en aquella época los católicos fueran una pequeña minoría en la colonia. Los misioneros, además, utilizaban habitualmente el trabajo infantil, tanto en las plantaciones como en las ciudades: los niños de la misión “aprendían” el oficio de cajista en la imprenta católica o recibían “clases” de agricultura en las plantaciones de cacao de los claretianos.


Uno de los claretianos más autoritarios era el obispo de la colonia. Una vez amenazó al líder de un poblado con encarcelarle si sus hombres no limpiaban un terreno en el que quería construir una capilla, cerca de Nkué. El obispo le aseguró al jefe que él podía ordenar que le dieran una paliza, porque era “más que el teniente”. En otro caso, a unos fang [2] que no querían trabajar gratis despejándole el camino por la selva con machetes, les advirtió que si no obedecían sus órdenes, avisaría a la Guardia Colonial y haría que les diesen una paliza. Aquel obispo al desplazarse de un sitio a otro obligaba a varios portadores a llevarle en brazos.

De hecho, aunque la Iglesia católica criticara en algún caso el reclutamiento, siempre mostró su fuerte apoyo al régimen colonial y no dudó en ofrecer su ayuda a Núñez de Prado y a sus hombres. Cuando Núñez de Prado [3] expulsó de la colonia a los agricultores que habían difundido un manifiesto en su contra, el vicario apostólico enseguida manifestó su adhesión a lo que había hecho el gobernador. Los claretianos podrían criticar las prestaciones, pero paralelamente elogiaban las infraestructuras que se habían construido gracias a los trabajos forzados. Incluso felicitaban por dichas obras a Núñez de Prado, a quien tildaban de “alma e iniciador del resurgimiento patrio en la Guinea Española”.




Los misioneros ni siquiera censuraron las actuaciones más brutales de la Guardia Colonial. Al contrario, defendían el cuerpo como “mano justiciera del Gobierno de la Colonia” y lo elogiaron por “la misión civilizadoras de estas regiones”, por “la construcción de vías de comunicación” y por la “instrucción de los indígenas”. A principios de 1931, desde las páginas de La Guinea Española [4], un claretiano felicitó al subgobernador de Bata, un “capitán, por su labor en el arreglo de los caminos, el embarque de individuos indeseables y el cierre de alguna casa de mal gusto” (no mencionaba que los caminos se habían hecho mediante la violencia y que el “embarque” constituía, de hecho, un secuestro). Al teniente Touchard, juzgado y condenado por el reclutamiento, los religiosos le definían como “gran militar y gran cristiano”. Los claretianos aseguraron que Carrasco de Egaña, el teniente drogadicto y violento, “supo desplegar bien los bríos de su pletórica juventud”. Y elogiaron la “resolución y entereza” del corrupto subgobernador García Loygorri, que sólo es “merecedor de elogios” (aunque cobrara por cada bracero enviado a la isla [5]); decían que aquel funcionario había contribuido al “engrandecimiento de ese pedazo de tierra española”, e incluso aprobaban explícitamente sus métodos: “¡Así es como se llevan a cabo las grandes empresas!”.

A la hora de la verdad los claretianos se aliaron con los hombres de Núñez de Prado. Cuando un periódico vasco, a comienzo de 1931, criticó el silencio de la Iglesia Católica ante el sanguinario reclutamiento, La Guinea Española no trató de demostrar su compromiso con el derecho de los colonizados: negó la existencia de cualquier tipo de abuso en Guinea y expresó su más firme apoyo a los criminales. El editorial de dicha publicación era muy explícito: “Es la hora de la protesta ante los infundios vertidos, y la Colonia debe protestar y debe defender al Gobierno Colonial”.




Los misioneros instigaron el uso de la violencia en contra de los fang que se negaban a aceptar el colonialismo (los “salvajes”). Defendieron el encarcelamiento de los líderes fang contrarios a España. Exigieron a Barrera y a Núñez de Prado que la Guardia Colonial reprimiera la poligamia e impusiera el modelo familiar occidental mediante “el miedo y la obediencia”. Elogiaron públicamente la quema de poblados rebeldes. Una vez incluso consideraron positivo que se exhibiera al aire libre, durante días, el cadáver del jefe de un poblado que se había rebelado contra los españoles. Y en otra ocasión, la revista de los claretianos anunció complacida que los guardias coloniales habían atacado una zona rebelde y habían realizado un “escarmiento” “satisfactorio”: “hicieron once muertos, arrasaron pueblos y plantaciones y cogieron muchos prisioneros”.

La Guinea Española, en varias ocasiones, se mostró partidaria de los trabajos forzados, bajo el pretexto de que los africanos eran holgazanes por naturaleza y había que coaccionarlos para que trabajasen. El obispo de Guinea criticó duramente a la Sociedad de Naciones por oponerse a los trabajos forzados y a las prestaciones. Sin embargo, al darse cuenta que España acabaría firmando los tratados internacionales en materia laboral, se dirigió al Ministerio de Estado para indicarle que el gobierno español debía intentar que el convenio contra la esclavitud fuese más leve y permitiese las prestaciones. Al mismo tiempo solicitó que en el tratado se incluyera un artículo en el que se constase que los Estados colonizadores debían prestar su apoyo a las misiones.


NOTAS:

[1] Se refiere al reclutamiento de nativos como braceros.
[2] Grupo étnico mayoritario en Guinea Ecuatorial.
[3] Miguel Núñez de Prado, militar y gobernador de Guinea Ecuatorial entre 1926 y 1931.
[4] Revista de la Misión Claretiana en Guinea.
[5] Se refiere a la isla de Bioko, antiguamente conocida como Fernando Poo, isla donde reside la etnia bubi (6% de la población de Guinea Ecuatorial).

2 comentarios:

KRATES dijo...

Algunas de las propiedades de la Iglesia católica en África, por ejemplo, como la monstruosa Basílica de Yamusukro, en Costa de Márfil. Un país pobre que se permitió la desfachatez de gastarse más de doscientos millones de euros en algo inservible:

«Muchas son las críticas que se han lanzado sobre la basílica, la mayoría de las cuales cuestionando la necesidad de tan desmesurado edificio en un país donde apenas un tercio de la población tiene agua corriente (y a pesar de que la financiación de la misma haya corrido de los fondos privados del presidente). Otros van más allá e incluyen en sus críticas a la Iglesia Católica: la basílica es propiedad del Vaticano y cuenta con un palacio privado para las visitas papales (hasta el momento sólo una, en 1990, para la consagración). Sin embargo, el Vaticano se negó en un principio a aceptar el regalo marfileño por lo excesivamente ostentoso y sólo lo aceptó tras la firma de un acuerdo, no cumplido posteriormente por las autoridades del país, en el que se comprometía la construcción de un hospital y una Universidad Católica.»

http://milrazonesparacreer.blogspot.com/2010/08/el-mal-ejemplo-de-yamusukro.html

Ya vemos su actitud social, un hospital y una universidad católicos, ante todo, la sanidad y la educación públicas o privadas siempre en manos de la Iglesia... Y el gigantesco templo permanece en píe.

losnuevosmundos dijo...

Felicidades, buenísimo artículo, acabo de encontrarlo por casualidad y expresa casi fielmente mi pensamiento sobre el papel que representó y sigue representando la iglesia y sus miserables ministros en las colonizaciones.

Por desgracia poca gente analiza con detenimiento los hechos que han ocurrido a lo largo de la historia en su afán cristianizador que nunca ha estado exento de manipulación, explotación y egoísmo.

Los pelos se me ponen de punta al imaginar la cantidad de barbaries que cometieron y cometen en nombre de jesus (puesto adrede en minúsculas) ese jesus nunca representó ni representa al que supongo será el verdadero, si es que lo hay (como bautizada católica no puedo pensar de otra manera), cuanta esclavitud, pederastia, vejaciones, solo extrapolando las pocas tropelías que han salido a la luz estos últimos años, podemos imaginar como fueron en la época de las colonias, pero claro.... de eso no conoceremos nada porque los guineanos serán incapaces de denunciar ni verbalizar.

Pensemos que aquí ya se les destapó la careta, pero en Africa.... ahí todavía tienen todo un coto abierto a sus mas bajos instintos y no hay nadie que los ponga en aviso..... como siempre a mirar para otra parte, de estas cosas casi ni se habla.