viernes, 9 de octubre de 2026

La generación Maricarmen

¿Cómo no van a ir jóvenes y viejos a acampar a la Puerta del Sol, si la última vez que se celebró esta fiesta, salieron de ahí carteras ministeriales, chalets en Galapagar, escaños en España y en Europa, parejas de hecho, una taberna en Madrid y hasta denuncias de acoso sexual? Acampar en Sol es como la lotería, nunca se sabe a quién, pero a alguien le toca, no es casual que decidan plantar las tiendas a pocos metros de la administración de Doña Manolita. No se sabe todavía quiénes serán los agraciados, pero dentro de diez años, unos cuantos de los que están ahí serán ministros, diputados, eurodiputados, directores generales, subsecretarios y quien sabe si hasta presidentes, y el que no llegue a nada de eso, va a pillar subvenciones a mansalva. A algunos les va a tocar el gordo y a otros la pedrea, tonto el último. Los jóvenes —y no tan jóvenes— que estos días se quedan en casa están perdiendo el tiempo, la próxima generación de políticos, la llamada generación Maricarmen, está ya en marcha.

Antes, para llegar a algo en la vida, la familia le instaba a uno a sacarse unas oposiciones, cosa que era un engorro, acababa uno pálido y sin vida social de tanto estar encerrado en casa, y eso en el caso de que no se apuntase a clases preparatorias, donde se encontraba con otros desgraciados asociales como él. Gracias a Dios, los tiempos han cambiado, ahora las madres les dicen a sus niños que, si quieren ser alguien de provecho el día de mañana, cojan la tienda y el saco de dormir de cuando iban de campamento con el cole, y se planten en Sol, que de ahí han salido las últimas camadas de políticos. Si además van con guitarra y con una pancarta original que les valga una entrevista en TVE, son más puntos, viene a ser lo que en tiempos de las añejas oposiciones se llamaba el concurso de méritos. En casa le estamos insistiendo a Ernest para que deje el instituto y coja un tren a Madrid, pero no hay manera, prefiere ir a clase que a gritar consignas, este chaval no va a llegar nunca a nada. Críe usted hijos para que le den esos disgustos.

En Francia, los futuros dirigentes salen de la École Nationale d’Administration, en el Reino Unido van a Eton y después cursan EPP en Oxford, y en España se doctoran en la Puerta del Sol, que para eso somos diferentes. Cierto es que, cuando más adelante llegan al poder, se nota dónde se han preparado unos y otros, pero eso qué más da, el sueldo ya no hay quien se lo quite, ni el chalet tampoco, y los viajes y los colegios privados para los churumbeles, menos todavía. Si en la anterior etapa socialista se decía que España era el sitio donde más rápido podía uno enriquecerse, ahora podemos asegurar sin temor a equivocarnos que es el lugar donde más fácilmente puede uno llegar al poder, lo cual no deja de ser un sinónimo.

Estas acampadas de formación de cuadros dirigentes se celebran más o menos cada diez años, cuando los anteriores están ya muy gastados y además ya han conseguido su objetivo, que era tener la vida solucionada. Así, mientras los futuros líderes franceses estudian geopolítica y diplomacia, los nuestros orinan en algún portal madrileño, y mientras los cachorros de la política inglesa analizan el pensamiento de Hobbes, Locke y Mill, los nuestros gritan y se toman unas litronas (los más afortunados follan, lo cual les computará como prácticas no retribuidas en caso de alcanzar más adelante un escaño o un sillón en el Consejo de Ministros).

Como ha corrido la voz de lo fácil que es colocarse (en ambos sentidos) acampando en Sol, hay cada vez más aspirantes, ya casi no caben, lo cual dificulta destacar. Cuando se sorteen los cargos, no va a bastar el simple certificado de asistencia, ni siquiera firmado por Maricarmen, para acceder a un puesto bien remunerado dentro de unos años. Para despuntar, además de gritar mucho poniendo cara de enfado (con menos de eso no vale la pena ni intentarlo) se aconseja usar palabras como «casta», «patriarcado», «Ibex 35» y «sionismo», da igual que no vengan a cuento, y desear —de palabra o por escrito, mediante bonitas pancartas— cosas bonitas como un mundo sin guerras, sin propietarios, sin inquilinos, sin religión, sin política, sin fútbol, sin economía, sin notas en los colegios, sin coches, sin clases sociales, sin carne en los restaurantes, sin ropa de marca y con drogas psicodélicas para todos. Y Maricarmen que se joda.

02/OCT/2026

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