domingo, 23 de abril de 2017

La doctrina de Malthus


Por P. KROPOTKIN

Pocos libros han ejercido una influencia tan perniciosa sobre el desarrollo general del pensamiento económico como la que el Estudio del principio de población, de Malthus, ha tenido durante tres generaciones consecutivas. Apareció en un momento oportuno, como todos los libros que han alcanzado alguna influencia, asociando ideas ya existentes en el cerebro de la minoría privilegiada. Era precisamente cuando las ideas de igualdad y libertad, despertadas por las revoluciones francesa y americana, pugnaban por penetrar en la mente del pobre, mientras que los ricos se habían ya cansado de ellas, cuando Malthus vino a afirmar, contestando a Godwin, que la igualdad es imposible; que la pobreza de los más no es debida a las instituciones, sino que es una ley natural. «La población —decía— crece con demasiada rapidez; los últimos recién venidos no encuentran sitio para ellos en el festín de la naturaleza; y esta ley no puede ser alterada por ningún cambio de instituciones.» De este modo le daba al rico una especie de argumento científico contra la ideas de igualdad; y bien sabemos que, aunque todo dominio está basado sobre la fuerza, ésta misma comienza a vacilar desde el momento que deja de estar sostenida por una firme creencia en su propia justificación. Respecto a las clases desheredadas, las cuales siempre sienten la influencia de las ideas predominantes en un momento determinado entre las clases privilegiadas, Malthus las privó de toda esperanza de mejora; las hizo escépticas respecto a los ofrecimientos de los reformadores sociales, y hasta nuestros días, los reformadores más avanzados abrigan dudas en cuanto a la posibilidad de satisfacer las necesidades de todos, en el caso de que alguien las reclamase, y de que una mejora temporal de los trabajadores diera por resultado un aumento repentino de la población.

La ciencia, hasta el presente, permanece imbuida de esa doctrina. La economía política continúa basando sus razonamientos sobre una tácita admisión de la imposibilidad de aumentar rápidamente las fuerzas productoras de las naciones, y poder dar así satisfacción a todas las necesidades. Esa suposición permanece indiscutible en el fondo de todo lo que la economía política, clásica o socialista, tiene que decir sobre valor de cambio, salarios, venta de la fuerza de trabajo, renta, cambio y consumo. Ella no se eleva nunca sobre la hipótesis de un suministro limitado e insuficiente de lo necesario a la vida; la tiene por segura, y todas las teorías relacionadas con la economía política retienen el mismo principio erróneo.

Casi todos los socialistas admiten también semejante afirmación: y hasta en biología (tan íntimamente entrelazada con la sociología) hemos visto recientemente la teoría de la variabilidad de las especies prestar una ayuda inesperada, por haber sido relacionada por Darwin y Wallace con la idea fundamental de Malthus[*], de que los recursos naturales deben inevitablemente ser insuficientes para suministrar los medios de subsistencia relativamente a la rapidez con la que se multiplican los animales y las plantas. En suma, podemos decir que la teoría de Malthus, al revestir de una forma pseudocientífica las secretas aspiraciones de las clases poseedoras de la riqueza, vino a ser el fundamento de todo un sistema de filosofía práctica, que, penetrando en la mente de todas las clases sociales, ha venido a reaccionar (como lo hace siempre la filosofía práctica) sobre la filosofía teórica de nuestro siglo.

Campos, fábricas y talleres
(1898)


  [*] De ahí que socialdarwinismo y maltusianismo sean, en realidad, lo mismo. De lo que se deduce que el llamado 'socialdarwinismo' precede al darwinismo, y no lo contrario, como se ha creído durante mucho tiempo, incluso hemos defendido desde este blog.

lunes, 17 de abril de 2017

Emboscados bosques


 Por JOAQUÍN ARAUJO

Tres árboles nos crecen por dentro para hacernos crecer. Enramado y enraizado es el sistema circulatorio, sin dejar de tener tronco y ese fruto crucial al que llamamos corazón. Árboles, concretamente dos pero colocados bocabajo, son nuestros pulmones… Todavía más boscosa resulta la trama que nos hace humanos. En efecto: el chisporroteo de las ideas; la fronda de las emociones y la fertilidad de los recuerdos manan de esa copa, o nube, que es el cerebro y que luego transitan a través de un sistema que de nuevo imita a las estructuras arbóreas. Cada neurona es un árbol y todas ellas, por supuesto, son herederas e imitadoras de estructuras fractales todavía más antiguas y transcendentales. Nos referimos a las seguidas por el agua, primera fuerza creadora, tanto del bosque como de todas las criaturas, entre las que estamos.

Si llevamos un bosque puesto por dentro, si cuando extendemos los brazos, también imitamos al árbol, mucho es también lo que nos llama cuando encontramos al bosque de afuera. Emboscarse supone bastante más que el alivio de las sombras, las canciones de los pájaros, la fascinación por lo desconocido. Ortega y Gasset comparó a la arboleda con la reflexión y con los libros. Rilke intuyó que la sensibilidad hacía crecer al árbol que contemplaba a través de su ventana. Recientes estudios clínicos han demostrado que algo tan sencillo como poder ver árboles desde la cama acelera la curación de los enfermos en los hospitales...

Una herencia casi olvidada

Salimos de las arboledas con un equipo sensorial y con un conato de destrezas intelectuales en gran medida conformado por las exigencias de una vida emboscada. Durante varios millones de años trepamos, saltamos, mejoramos la mano... Durante el mismo tiempo fue necesario comunicarnos sin vernos directamente. Incluso ver los colores, los relieves, apreciar la velocidad es fruto del vivir en la arboleda. También llevamos puesto un pasado de vínculos con la floresta. Nuestro primer y más usado techo fue de hojas.

Acaso por eso el bosque nos sigue convocando. Algún rescoldo todavía caliente queda en algún esquinazo de nuestro subconsciente. La arboleda, en realidad resulta indistinguible de nuestros primeros pasos, de nosotros mismos. De ahí que nada palidezca, sino todo lo contrario, si afirmamos que somos como somos porque una vez, no hace tanto tiempo, fuimos bosque. Reconozcamos, como nos enseñan los antropólogos, que la mayor parte de nuestro aspecto es el resultado de una convivencia, de algo más de 10 millones de años. Nada de irreal tiene el afirmar que los primeros borbotones de la inteligencia, la comunicación verbal, los sistemas sociales y la habilidad manual, nacieron entre troncos, sombras y espesuras. Hasta el punto de que pocas cosas hemos hecho tan decisivas como «andarnos por las ramas». Nuestros primos, los grandes primates están todavía ahí para recordárnoslo.


Silvafilia

Decía Fernando Sabater que la tarea del héroe es, precisamente la del hijo pródigo, es decir la del que se aleja del hogar para regresar al mismo. Bella metáfora: ésta la de incluir el origen en el destino, sencillamente porque lo es también de la vida misma. Exactamente así procede el nómada perpetuo que es el agua, o no menos asiduamente lo hace el mismo árbol, que no en vano se nutre en no poca medida de él mismo. Y si muere ya es fertilidad futura.

¿Volveremos los todavía más inquietos viajeros nosotros, los humanos alguna vez a la vieja casa que es la arboleda?

Seguramente resultará imposible, pero no el devolverle algo de lo que de ella extrajimos o extraemos.

De momento no va nada mal el apego que se aviva cada vez que un humano entra de nuevo en la floresta; o la contempla; o la reproduce en el patio de su casa; o la convierte en el espacio común más solicitado de lo más artificial. No deja de resultar apasionante que lo más alejado, hoy, de la selvática matriz de todas la civilizaciones, la ciudad, considere como su mejor mueble urbano al árbol.

Y esto sucede seguramente por lo que los sicólogos ambientales explican con maestría. Ellos mantienen que el árbol desata en nosotros una reacción espontánea de simpatía. Algo nos permite vincularnos inconscientemente con el hogar primero. A lo que, seguramente conviene sumar que los indicadores para nuestra propia supervivencia no sólo del pasado, sino también del presente y del futuro se adensan y agigantan si hay bosque en el derredor.

Vincular a la arboleda con mayores posibilidades para nosotros, absorbe un montón de coherencias. Pero muchas más en estos instantes cuando resultan los más eficaces controladores de los excesos de nuestro bulímico consumo de energía. Su capacidad para fijar carbono, es más, va de la mano de otros tantos servicios sanitarios de no menor valía. Retienen las contaminaciones de partículas; amortiguan la carcoma del ruido; fijan los metales pesados; retienen los suelos y siguen siendo la gran fonda de la vida. Las mayores cantidades de especies diferentes, en efecto, se albergan todavía en los bosques del planeta. Como tales imprescindibles, incesantes e ingentes servicios resultan del todo gratuitos sería de elemental sentido de la cordialidad el que una selva de agradecimiento nos naciera como las hojas en primavera.

De alguna forma no sólo somos hijos del bosque también, hoy, hemos llegado a ser sus padres. Un tanto parricidas, por cierto, desde el momento en que cada segundo son abatidos 161 grandes árboles, en algún lugar del planeta, lo que supone perder todos los años el equivalente a todos los bosques de España. Por eso todos los árboles del planeta han venido a depender de nuestras decisiones. Es más, se les puede encomendar que restauren la transparencia de los aires. Sería una sola de las más de dos mil funciones que hemos ya identificado que acometen los mejores logros de la historia de la vida en el reino vegetal. Como nosotros somos lo mismo, en el de los animales, toda alianza entre tan descomunales monarcas, solo puede traducirse en beneficios mutuos.

Por eso mismo culminé el guión de uno de mis documentales con esta frase: «Si conseguimos un bosque de bosques tendremos una humanidad más humana.»



miércoles, 12 de abril de 2017

Una reconstrucción de los orígenes del cristianismo: La importante contribución de Samuel G.F. Brandon


Por ANTONIO PIÑERO

La importancia de S.G.F. Brandon en la interpretación del patrón recurrente «Jesús como sedicioso ante el Imperio Romano» es muy importante. Hemos escrito ya alguna vez sobre él. Pero ahora voy a resumir sus tesis más importantes. Su obra, Jesús and the Zealots, de 1967 («Jesús y los zelotes»), Manchester University Press. Brandon había comenzado a escribir sobre esta interpretación de Jesús ya en 1951 en su obra The Fall of Jerusalem and the Christian Church («La caída de Jerusalén y la Iglesia cristiana») fue como un revulsivo y generó una gran polémica.

A partir de la noticia cierta e innegable de la ejecución de Jesús por los romanos, Brandon efectúa un análisis meticuloso de los Evangelios que le lleva a trazar la pintura siguiente:

I. Jesús era un judío religioso y nacionalista, totalmente enmarcado en la religión israelita, persuadido de la soberanía exclusiva de Dios sobre la tierra de Israel, cuya misión era predicar la inminente venida del reino de Dios. No puede decirse que fuera un activista directo contra el Imperio romano, un guerrillero, pero sí es cierto que atacó a la jerarquía sacerdotal por sus intereses económicos en torno al Templo y por su colaboración con la ocupación romana. No es extraño que fuera capturado por las tropas de Pilato, sometido a un juicio sumarísimo y ejecutado como un rebelde acusado de sedición contra el Imperio.

II. Los seguidores más inmediatos de Jesús tras su muerte albergaban los mismos sentimientos patrióticos que su Maestro. Aunque la ideología teológico-religiosa de estos discípulos directos de Jesús no pueda reconstruirse totalmente por la casi total ausencia de fuentes directas, es posible recuperar sus orientaciones principales leyendo entre líneas las cartas auténticas de Pablo de Tarso, los evangelios canónicos y los Hechos de los apóstoles.

Los «nazarenos» jerusalemitas [jerosolimitanos] estaban convencidos de que Jesús había sido el mesías prometido, que por un misterioso plan divino había aparentemente fracasado por su muerte en cruz. Pero Dios lo había vindicado resucitándolo y lo había confirmado en su misión de mesías, de modo que pronto volvería a implantar definitivamente el reino de Dios en la tierra de Israel. Este reinado divino era el cumplimiento de las promesas de la Alianza, según habían anunciado los profetas, y consistiría en bienes materiales y espirituales al mismo tiempo. La concepción del reino de Dios de estos seguidores jerusalemitas de Jesús no difería en nada de sus connacionales judíos. La única diferencia con ellos era el anuncio de que el mesías ya había venido…, y que volvería victorioso para instaurar definitivamente el Reino divino, acá en la tierra.

III. No es extraño, por tanto, que a medida que se acrecentaban en Israel la temperatura mesiánica y los anhelos de liberación política en los años posteriores a la muerte de Jesús, sus seguidores inmediatos simpatizaran con los partidarios del enfrentamiento directo con Roma, pues creían que la pugna que se preveía sería el prenotando necesario para el establecimiento del Reino divino. Pero el resultado de la Gran Revuelta resultó bien distinto de lo que se esperaba: un rotundo fracaso. Con el Templo y casi toda Judea entera pereció también la Iglesia de Jerusalén en pleno. La historia, recogida por Eusebio de Cesarea (Historia Eclesiástica III 5,2-3), de que gracias a una revelación divina toda la comunidad judeocristiana había huido a la ciudad de Pella, allende el Jordán, y se había salvado de perecer, es una leyenda insostenible, meramente apologética.

IV. Además de los de Jerusalén, había también otros seguidores de Jesús entre los miembros del grupo judeocristiano de Jerusalén que albergaban un pensamiento sobre Jesús como mesías y una teología distinta a la de la facción principal. Éstos eran los congregados en torno a Esteban y otros judíos helenistas (Hechos de los apóstoles 6-7), que acabaron sufriendo persecución por sus ideas. Tras el lapidamiento de su jefe espiritual, Esteban, el resto huyó de Jerusalén sobre todo hacia Samaria y Antioquía. Fue allí donde los encontró Saulo, luego Pablo de Tarso.

Gracias a una revelación divina, Pablo se convirtió de perseguidor en propagandista de la fe en Jesús de acuerdo con las líneas maestras de la teología de los helenistas. Gracias a su impulso y a su genio religioso, la predicación sobre Jesús se extendió a los gentiles, lo que propició un cambio en la comprensión del Redentor. Fue Pablo el que transformó la imagen de Jesús, un mesías netamente judío, en un salvador universal, en un ser divino descendido a la tierra para redimir con su sacrificio en la cruz a toda la humanidad. Y lo que es también muy importante: de acuerdo con su natural divino, Jesús no pudo haberse comprometido con ninguna postura política terrenal, y menos con una radical en contra de los romanos. El culto a Jesús como salvador fue moldeado por Pablo para ser expandido entre los gentiles de acuerdo con conceptos muy similares a las religiones de salvación del mundo grecorromano (denominadas «cultos de misterios»).

V. Sea como fuere, lo cierto es que la otra interpretación de Jesús con una teología consistente, la de los «nazarenos» de la iglesia-madre de Jerusalén desapareció de la faz de la tierra. Al quedar éstos reducidos a mínimos restos, las iglesias fundadas por Pablo y sus seguidores se encontraron prácticamente como los únicos representantes del naciente cristianismo.

Que las ideas de Pablo sobre Jesús no eran de recibo para los judeocristianos jerusalemitas, la «iglesia-madre», ni se correspondían a la historia verdadera de Jesús, queda demostrado por la continua oposición de los miembros de la iglesia de Jerusalén contra la doctrina paulina, tal como testimonian repetidas veces y con acritud los escritos mismos del Apóstol.

VI. Tras la muerte de Pablo, sus seguidores, pasado el tiempo, no sólo conservaron las cartas de su maestro, sino que en cierto modo ampliaron y fundamentaron su doctrina. Algunos de ellos sintieron también la necesidad de complementarla por medio de otros escritos: en concreto sobre la vida terrena de Jesús de la que Pablo se había ocupado muy poco o casi nada (= Evangelios), sobre la historia de la Iglesia (= Hechos de los apóstoles) y sobre algunos aspectos no desarrollados de su doctrina (= Epístolas deuteropaulinas).


Son sobre todo los Hechos de los apóstoles los que legitiman la actividad misionera paulina, contestada por la Iglesia de Jerusalén, presentando a Pablo como un judío observante de la Ley de Moisés que había conseguido la aprobación de su labor misionera de la iglesia madre jerusalemita, y que colaboraba con los jefes de ésta, los apóstoles.

Los Evangelios, al pintar la vida de Jesús, eliminaron todos los datos (o casi todos) que presentaban al Nazareno como leal a la nación judía y como luchador en pro de la libertad de la dominación romana. Los autores evangélicos transforman así su figura en la de un enviado de la divinidad, que desciende del mundo superior, que se muestra indiferente a todas las realidades sociales y políticas de su entorno, que pasa naturalmente incomprendido por el pueblo entre el que se ha encarnado, y que acaba siendo mal interpretado, entregado injustamente a los romanos y condenado a la muerte en cruz. Ninguno de los judíos advierte que esto acontece según un plan divino, profetizado en las Escrituras —que realmente no entienden— y que esa muerte es el sacrificio por el cual queda restaurada la amistad, perdida por el pecado, entre Dios y la humanidad completa, no sólo Israel.

VII. ¿Cómo puede explicarse este proceso de distorsión tan aparentemente anómalo en unos libros que se presentan a sí mismos como una suerte de biografía de Jesús? La razón está en su origen: los evangelios no son una mera transcripción de la tradición oral. Los que los compusieron son verdaderamente autores, es decir, escribieron sus obras reflejando en ellos nítidamente sus puntos de vista previos sobre el material que a ellos llegaba. Los evangelios están compuestos con una tendencia apologética en defensa de la religión —en concreto de su visión de Jesús— que sinceramente profesan, y se vieron condicionados por intereses sociales derivados de su fecha y lugar de composición.

En concreto el Evangelio de Marcos —que fue el primero en componerse y del que dependen al menos Mateo y Lucas— es un ejemplo palpable de cómo el material tradicional es moldeado por unas circunstancias sociales determinadas y una ideología previa. Se trata de una obra mucho más refinada y pensada que lo que su lenguaje sencillo da a entender a primera vista, y su orientación es eliminar la posible mala impresión que el cristianismo podría tener ante los lectores a los que dirige la obra. Inmediatamente veremos cuáles pueden ser éstos.

El carácter de prioridad cronológica del Evangelio de Marcos es lo que hace que este escrito suscite el mayor interés de los análisis de Brandon, ya que influye en los que le siguen. No es difícil probar por medio del análisis que la «biografía» de Jesús presentada por Marcos se halla muy determinada y condicionada por el marco sociológico y cronológico en el que fue redactado. La lectura crítica del Evangelio mismo nos muestra que fue compuesto después de la catástrofe judía del año 70, y que sus lectores potenciales son los paganos de la ciudad de Roma, que pudieran sentir cierta atracción ideológica por el monoteísmo judío. Por ello puede decirse que el escrito marcano es una «verdadera apología del cristianismo ante los romanos, compuesta después del año 70».

No era fácil en aquellos momentos hacer propaganda religiosa de una secta judía, o al menos que aparecía así ante los romanos, después de lo que había ocurrido en Judea en los años inmediatamente anteriores. Cerca de siete legiones habían sido necesarias para apagar el foco de la rebelión contra el Imperio. Después de la derrota de los judíos, los romanos habían tenido ocasión de presenciar el «triunfo» de Tito por las calles de la capital, en el que habían contemplado los utensilios sagrados del templo de Jerusalén y la espléndida cortina que separaba el santo de los santos del resto del santuario. Los romanos odiaban en principio a los judíos, causantes para el Imperio de tantos males.

En tales circunstancias se comprende fácilmente que Marcos intentara disminuir, u ocultar en lo posible, todos los rasgos demasiado judíos de la biografía del salvador Jesús, y que manipulara cualquier tipo de anécdota o dichos de su vida que pudieran asimilarlo a los ojos de los lectores paganos con los perversos judíos o las peculiaridades de su religión. Además sentía la obligación de resaltar todos aquellos aspectos de la vida de Jesús que pudieran poner de relieve, por muy críptica y oculta que pudiera parecer, la verdadera esencia celestial y la misión trascendente que había tenido su persona. Era preciso ante todo escribir sobre su pasión, muerte y resurrección —el resto del evangelio sería más bien un complemento—, y dejar bien claro cuál era su sentido. Jesús era el enviado celeste que estaba destinado a sufrir, en un aparente fracaso que acababa en la gloria de su resurrección. Era el verdadero mesías, sin duda, pero su mesianismo nada tenía que ver con las aspiraciones de gloria y bienandanza terrenal de sus connacionales judíos. Jesús era más bien el redentor divino de la humanidad, por lo que tampoco le interesaron los temas de la política terrena y la liberación de Israel. Consecuentemente, su condena, primero por las autoridades judías y luego por el procurador [prefecto de Judea] romano, había sido un tremendo error y una crasa injusticia.

VIII. El resultado es que la imagen de Jesús es presentada por Marcos como en el fondo creía que fue: la de un Jesús totalmente pacífico, que predicó el amor incluso a los enemigos, desinteresado de los intereses materiales de su nación y que —en contra del deseo de los nacionalistas de su época— indicó veladamente que era conveniente pagar el tributo al César.

Por suerte para nosotros hoy, sin embargo, que vemos la narración evangélica con ojos de historiadores, Marcos y también sus colegas Mateo y Lucas, preservaron del olvido una serie de material, ofrecido por la tradición oral originada a partir de los recuerdos de los discípulos sobre Jesús, que apuntaba hacia la verdadera figura histórica de éste. Un estudioso de hoy —si aplica los métodos de la crítica histórica, sobre todo si cae en la cuenta del sesgo tendencioso e ideológico del evangelista Marcos y colegas— puede recuperar con bastante seguridad el material primitivo y su sentido.

De él se deduce en verdad que Jesús fue condenado por los romanos como auténtico sedicioso desde su punto de vista; que enseñó, aunque crípticamente, que no había que pagar el tributo al César y que fue detenido según las leyes del Imperio después de una provocativa entrada triunfal en Jerusalén, y sobre todo tras un asalto armado al Templo. Su muerte como un héroe nacional conquistó la buena voluntad de los jerusalemitas para con los seguidores más íntimos del Ajusticiado, que se congregaron precisamente en la capital, tras su muerte.

Dirigidos por Santiago, el hermano de Jesús, participaron de todas las aspiraciones nacionalistas de sus paisanos, con lo que no hacían otra cosa que seguir los pasos de su Maestro. Cuando llegó el momento crítico de alzarse contra Roma, en el año 66 d.C., se unieron al movimiento de resistencia…, y perecieron heroicamente con los demás judíos piadosos en la toma de Jerusalén por los romanos.

Creo que esta interpretación contiene muchos puntos que se aproximan a lo que pudo ser la verdad histórica.

Saludos cordiales de Antonio Piñero.

2 febrero 2017

viernes, 7 de abril de 2017

El 'superárbol' Pando


Por CARLOS DE CASTRO CARRANZA*

La teoría Gaia orgánica dice que existe una suma o integración de sistemas complejos y orgánicos desde la bacteria hasta la misma Gaia y de esta forma hay una jerarquía de niveles en la que en cada nivel, y a partir de un cierto nivel, nos encontramos con un organismo. Los niveles superiores estarían compuestos por organismos que combinados y coordinados, en general bajo simbiosis, forman un todo mayor. Cuando este todo se va constituyendo en un superorganismo la autonomía y los objetivos que poseían los organismos primitivos se va transfiriendo al nuevo superorganismo. Es lo que ya hemos dicho: las células eucariotas, las que componen tu cuerpo, son el resultado de la combinación y coordinación simbiótica de células procariotas (bacterias). Tus células coordinadas en una maravillosa simbiosis forman tus órganos que juntos te forman a ti. Simbiosis dentro de simbiosis que no paran en ti, sino que siguen ascendiendo hasta llegar a Gaia.

En este nuevo paradigma las explicaciones de lo que se observa en sistemas mayores que un organismo como tú cambian radicalmente respecto a la visión de la teoría de la selección natural.

Por ejemplo, imagínate que entras en un pequeño bosque de álamos; si vas con los ojos del neodarwinismo tu foco de atención para tratar de explicar lo que ves podría ser cada uno de los árboles y verías competencia por los recursos escasos de luz, agua y nutrientes. Si una tormenta derribara un árbol dejando un claro y vieras a varios retoños de álamo en ese claro, dirías que están compitiendo por la luz y que la selección natural hará que el más rápido en crecer ocupará el nicho abierto, será el mejor adaptado, madurará y se reproducirá, dejando sus genes más aptos a su descendencia.

En cambio, bajo la teoría Gaia orgánica, tratarías de mirar el bosque entero como un conjunto dentro de un organismo mayor, Gaia. A su vez, verías cada árbol como parte del bosque. La interpretación de lo que observas se transforma y ya no se habla de competencia, sino de coordinación: el bosque coordina sus elementos para reducir rápidamente el gradiente energético (cumplir la segunda ley de la termodinámica, y quizás, la cuarta), se coordina para atrapar eficientemente los recursos, para reciclarlos y trasladarlos a otras partes de Gaia, para formar suelos, oxígeno, etc. El claro y los retoños que hay en él los verías como la reparación de la «cicatriz» dejada por la tormenta, y el árbol caído, como una célula muerta en proceso de reciclado.

¿Cuál es más pertinente o mejor de las dos visiones? En principio depende de la escala. La teoría Gaia orgánica supera a la selección natural para explicar hechos a gran escala. Incluso puede explicar los hechos de pequeña escala. Por ejemplo, si observas una herida en tu piel y el proceso de cicatrización posterior, la explicación que se da en fisiología humana es totalmente análoga a la teoría Gaia orgánica y carece de sentido decir por ejemplo que las plaquetas que cierran la herida compiten y que solo sobreviven las más aptas.

El bosque de álamos puede ser de hecho un organismo en el sentido neodarwinista del término, como es el caso de Pando (un bosquecillo de Populus tremuloides en el estado de Utah, en Estados Unidos), puesto que es un único individuo compuesto por 47.000 troncos unidos por sus raíces (genéticamente un macho que ha crecido vegetativamente). Como en cualquier organismo, en Pando no es aplicable la teoría de la selección natural para describir la interacción entre sus ramas, hojas o troncos. A (casi) nadie se le ocurre, cuando ve un tejo, decir que las células de sus hojas compiten entre sí por los nutrientes y la luz, y que en esa lucha por la existencia, muchas mueren, las menos aptas, y que se reproducen las más aptas, que son las que transmiten sus genes a la descendencia. Por tanto para Pando debe ser lo mismo, ya que es como un tejo, solo que más grande, un 'superárbol'.


Si el ecosistema formado por Pando no tiene un comportamiento diferente al de cualquier otro bosque, las explicaciones del darwinismo para describir las interacciones entre «organismos» se ponen en duda con este contra-ejemplo (falseamos la teoría, la negamos). Esto no significa que haya que tirarla al cubo de la basura, de igual forma que no tiramos a la basura la idea de que el Sol ocupa el centro del universo (teoría de Copérnico). Para escalas del sistema solar nos puede seguir valiendo pensar así casi siempre, pero como sabemos, no es verdad.

La diferencia entre Copérnico y Darwin es que la visión del segundo ha servido y sigue sirviendo para explicar y justificar así comportamientos humanos (sociobiología), políticas extremas (eugenismo) y economía (el capitalismo más liberal). En este sentido, sería interesante superarla con una teoría como la que se propone aquí. Incluso, pensar en deshacerse de ella cuanto antes y compararla no con Copérnico, sino con la idea de que la Tierra es plana e infinita, de nuevo una idea bastante válida a escala de los centímetros, pero claramente errónea.

(2011)


* Profesor de Física Aplicada y de Ecología y Desarrollo en la Universidad de Valladolid.

domingo, 2 de abril de 2017

Medios por encima de la democracia

Por PASCUAL SERRANO

Los medios de comunicación tienen como función informar a los ciudadanos de lo que sucede en su país y en el mundo, si bien adoptan una determinada línea editorial. La cuestión surge cuando descubren que su influencia es determinante para crear opinión pública y se encuentran con propuestas políticas que afectan a sus intereses. Renaud Lambert se preguntaba en Le Monde Diplomatique: ¿qué sucede cuando el programa que conduce a la elección de un dirigente político lo lleva a afectar los intereses del sector privado o de los dueños de los medios de comunicación? O no solamente de sus dueños, sino de todo el entramado económico y financiero en el que se desenvuelven la rentabilidad del medio.

El director del Centro de Competencia en Comunicación de la Fundación Friedrich Ebert, el colombiano Omar Rincón, se pregunta si más que defender a los medios del Estado, como se suele argumentar desde las tesis neoliberales, lo que hay que hacer es defender al Estado de los medios. Rincón se refiere a los Estados porque se sitúa en un marco latinoamericano donde hay determinados Gobiernos progresistas enfrentados a las empresas de comunicación. Esto no sucede en Europa, pero sí tenemos una confrontación entre determinadas opciones o líderes políticos y los intereses de estos medios. Por lo que no es aventurado preguntarse si, en muchas ocasiones, los emporios mediáticos no pueden ser más poderosos que los políticos que osen enfrentarse a sus intereses.

Un poder incontrolable y antidemocrático

El desarrollo de las democracias representativas y el capitalismo avanzando ha alcanzado un punto en el que el poder acumulado por el denominado cuarto poder es gigantesco. De esa supuesta función de control de los otros tres poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), hemos llegado a un nivel en el que la hipertrofia del poder mediático le ha convertido en el más incontrolable de todos, además del menos democrático. Incontrolable porque no existe ningún contrapoder que lo limite. Los Gobiernos tienen oposición; los empresarios, sindicatos; las firmas comerciales, consumidores, pero ¿cuál es el contrapoder de los medios? Y es el menos democrático porque, a diferencia de los otros tres, no existe ningún mecanismo de elección para quienes ejercen el poder mediático.

El neoliberalismo ha descubierto también que intervenir políticamente a través de los medios, incluso convirtiéndolos en agentes políticos, puede ser muy eficaz, pero ilícitamente eficaz. La supuesta igualdad de oportunidades con la que partidos o candidatos se deberían presentar ante los ciudadanos para buscar su apoyo se convierte en ventaja para los que disponen de medios de comunicación o de dinero para protagonizar una buena imagen en los medios. El control y la transparencia económica a la que se debe someter un partido político, cuyos ingresos están limitados y controlados, desaparece al tratarse de una empresa privada de comunicación que puede manejar los recursos que considere y recibir libremente ingresos de anunciantes o accionistas. Además la aureola de agente informativo neutral e imparcial con la que se presentan los medios resulta más eficaz para el convencimiento político que el discurso lógicamente sesgado de un partido. Esa militancia de los medios es la que les lleva a coordinar campañas tan burdas como la de estigmatizar un vocablo, el de populismo, para, a continuación, endosarlo a cualquier opción política o líder que no les guste por dispar que sea: Putin, Trump, Podemos, Chávez, Le Pen, Beppe Grillo…

Los grandes medios, en su abusiva explotación de la libertad de expresión, han logrado el apoyo de grandes organizaciones sociales incluso para mentir. El director de la división de las Américas de la organización Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, afirmó que «el derecho a la información abarca todo tipo de información, inclusive aquella que (…) pueda resultar 'errónea', 'falsa' o 'incompleta. Pero justificar el derecho a una información falsa supone violar otro derecho, el de recibir una información veraz. Y este último sí está perfectamente explicado en numerosas normas de alto rango, sin ir más lejos, la Constitución española.

A pesar de ello, en España hemos tenido que soportar durante más de una década las mentiras y manipulaciones de algunos medios sobre los atentados del 11-M, incluido el pago a testigos para que falsearan la realidad, sin que ello tuviera ninguna consecuencia legal contra esos medios y periodistas.

Falsedades frecuentes e impunes

Las falsedades difundidas en los medios son tan frecuentes como impunes. En marzo de 2014, algunas televisiones y prensa difundían fotografías de supuestas armas que manejaban manifestantes madrileños contra la policía. Finalmente resultaron falsas, se trataba de objetos incautados por la policía en circunstancias que nada tenían que ver con las manifestaciones. En 2015 en la televisión pública española se difundía un supuesto desnudo de la dirigente andaluza de Podemos Teresa Rodríguez que resultó ser falso y una presentadora hablaba de las propiedades curativas del aroma de limón. Difundir mentiras y fotos falsas solo le supuso un «reproche» del Defensor del Espectador, el Radioyente y el Internauta de RTVE.

Los medios no tienen que rendir cuentas por sus informaciones falsas por el uso de fuentes inapropiadas o por la falta de contraste de las noticias. En los primeros días de diciembre, los medios difundieron la mentira de un padre que pedía ayuda para financiar en Houston una operación que salvaría la vida de su hija, víctima de una rarísima enfermedad. Aunque, efectivamente, la niña estaba enferma, ni su vida corría peligro ni se requería ninguna operación en Estados Unidos. Gran parte de lo difundido era mentira, incluido el peregrino dato de que había viajado a Afganistán a entrevistarse con un eminente médico especializado en la enfermedad de su hija. Televisiones, radios y periódicos difundieron la falsa historia del padre, cuando se descubrió la verdad dijeron que «el padre nos había engañado a todos». A los espectadores no les engañó el padre, les engañaron los medios que no contrastaron la noticia y sus periodistas la contaron como veraz.


Otro ejemplo elocuente de la perversión del poder de los medios es la información que nos hacen llegar sobre los políticos. Durante décadas hemos asumido que los medios de comunicación eran los mediadores entre las instituciones y los ciudadanos. Un político, un ministro, el informe anual de un Ministerio, los datos estadísticos de un Gobierno, todo ello, se ponía o se debía poner a disposición de los medios, de la prensa, de los periodistas y éstos aplicaban unos criterios de selección y los difundían. El poder acumulado por los medios de comunicación, su estructura empresarial determinada por grandes grupos económicos, los intereses cruzados con emporios económicos, unido todo ello a los métodos cada más refinados y sutiles de manipulación y aplicación de intencionalidad en sus informaciones, ha provocado que estos medios se hayan convertido más en un elemento de deformación y de interceptación de la información que de difusores de ésta.

O, dicho de otra manera, los medios han pasado de ser unos facilitadores del libre acceso a la información a ser un obstáculo. Un discurso de diez minutos de ministro no es reproducido por los medios, es deformado, desenfocado, recortado, titulado y contextualizado con intencionalidad muchas veces discutible. O incluso silenciado. Todo, menos transmitido con rigurosidad.

Veamos un ejemplo. El 10 de diciembre de 2008, el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, comparecía ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso. El motivo era la difusión por el diario El País, diez días antes, de documentos oficiales calificados de alto secreto que demostraban que el Gobierno español durante la época de José María Aznar conoció y aprobó que los vuelos clandestinos de la CIA con destino a Guantánamo utilizasen aeropuertos y espacio aéreo español. El 11 de diciembre los medios se hacían eco de la intervención oficial del ministro a partir, solo y exclusivamente, del contenido de su discurso. Sin embargo, esas mismas palabras sirvieron para que los periódicos titulasen de esta forma tan dispar, en función de sus alineamientos políticos: en El País embestían contra Moratinos y contra Aznar: «Moratinos justifica la connivencia de Aznar con los vuelos a la prisión de Guantánamo». El diario Público, solo contra Aznar: «El Gobierno confirma que Aznar autorizó los vuelos a Guantánamo». Y ABC exculpaba a todos: «Moratinos proclama que los vuelos de Guantánamo nunca tocaron España». Es evidente que si los ciudadanos se hubieran dirigido a la página web del Ministerio español y hubieran leído la intervención del ministro se hubieran informado de forma mucho más rigurosa, sin tener que someterse a la decantación ideológica de cada periódico. Los medios, en esta ocasión, en lugar de facilitar la mediación entre gobernante y ciudadano, lo que hicieron fue interceptar la comunicación que permiten las nuevas tecnologías e incorporar ruido y sesgo a las palabras originales.

Libertad de expresión e intereses

Otra anécdota que muestra el poder de los medios de comunicación sobre los Gobiernos y los políticos es que ningún Gobierno se ha atrevido en España a impedir los anuncios de prostitución en la prensa escrita a pesar que fue una recomendación aprobada por todos los grupos parlamentarios del Congreso. Y hace unos meses escuchábamos al que fuese secretario general del principal partido de la oposición, Pedro Sánchez, afirmar que detrás de su cese al frente del partido se encontraba el grupo de comunicación PRISA.

En abril de 2016 comenzó a salir a la luz el escándalo que se denominó los Papeles de Panamá. Los medios fueron difundiendo la identidad de todas las personas públicas que ahí aparecían y éstas lo confirmaban o lo negaban, pero aguantaban la difusión de la información. El único que montó en cólera y demandó a los medios por difundir su implicación fue precisamente el periodista y consejero delegado de PRISA, Juan Luis Cebrián. El adalid de la libertad de expresión no toleraba que se utilizase esa libertad para desvelar sus chanchullos.

Para defender su poder se presentan como defensores de la libertad de expresión, convirtiendo este principio democrático en una coartada para su dominio y para atropellar el derecho ciudadano a informar y estar informado. Pero cuando están en juego sus intereses desaparece la libertad de expresión y la transparencia. No soportan que conozcamos sus cuentas, por eso nunca informan sobre la identidad de los accionistas de los medios o demandan en los tribunales a los periodistas que difunden sus negocios.

Frente al predominio empresarial de los medios, el relator especial para la Libertad de Expresión de las Naciones Unidas, Frank La Rue, recordó que la libertad de expresión «es un derecho universal, un derecho de todos, y no solo de las grandes corporaciones de los media… Es un derecho de la sociedad a estar bien informada, es una cuestión de justicia y ciudadanía vinculada directamente al principio de diversidad de los medios. Por eso, el monopolio de comunicación está contra, justamente, la libertad de expresión y el ejercicio pleno de la ciudadanía».

Nunca olvidaré la respuesta de un académico venezolano al ser preguntado hace varios años sobre si había libertad de expresión en Venezuela. «No, la han secuestrado los medios privados», respondió.

Nº 48, enero 2017

viernes, 31 de marzo de 2017

El anarquismo en la Revolución Rusa



El historiador Julián Vadillo analiza en el libro Por el pan, la tierra y la libertad: El anarquismo en la Revolución rusa el papel jugado por los anarquistas en el movimiento revolucionario de 1917.

28 marzo 2017

Numerosos libros se publican (o reeditan) este año, cuando se celebra el primer centenario de la Revolución rusa. Pero pocos tratan el papel que tuvo el anarquismo en la caída del zar y el ascenso de los bolcheviques al poder. Julián Vadillo Muñoz (Madrid, 1981) lo hace en el libro Por el pan, la tierra y la libertad: El anarquismo en la Revolución rusa que edita Volapük Ediciones. El autor, como explica en la introducción, intenta «analizar el anarquismo ruso en su justa medida» y «descifrar qué fue realmente» ya que la eterna «derrota ha conllevado el ostracismo» de los anarquistas. Julián Vadillo recibe a La Marea en la librería libertaria La Malatesta de Madrid.

¿Qué papel tuvieron los anarquistas en la Revolución rusa?

Su papel va creciendo con el paso de los meses. La Revolución de Febrero sorprende al anarquismo cuando la mayoría de sus integrantes está todavía en el exilio. La caída del zar y la proclamación de la república hace que muchos retornen, y los grupos diseminados del anarquismo que se habían mantenido entre 1906 y 1917 se vuelven a reestructurar. Durante ese período surgen medios de comunicación y grupos anarquistas, convirtiendo el anarquismo en un elemento a tener en cuenta aunque va a la zaga de otras organizaciones que sí se habían mantenido más estructuradas como los mencheviques, los bolcheviques y los socialistas revolucionarios. Lo que se pone en liza entre las organizaciones revolucionarias tras la Revolución de Octubre de 1917 es el modelo revolucionario del Partido Bolchevique frente a otro modelo que plantea el anarquismo.

¿Entonces, en la Revolución de Febrero no participaron los anarquistas?

Sí participaron de las movilizaciones aunque solo los pequeños grupos que habían quedado en San Petersburgo, Moscú… pero la Revolución de Febrero no responde a una ideología concreta. Es la propia Revolución y los meses posteriores lo que hace que personas como Volin, Gregori Petrovich Maximov, Piort Arshinov… vuelvan a Rusia, y que Néstor Majnó salga de prisión gracias a la amnistía por la proclamación de la república. De esta forma tienen la posibilidad de reestructurar las organizaciones anarquistas rusas.

Afirma que la muerte de Piotr Kropotkin en febrero de 1921, cuatro años después de la Revolución rusa, «fue la muerte del anarquismo ruso». ¿Acabó la revolución con el anarquismo?

La muerte de Kropotkin significa metafóricamente la muerte del anarquismo: la manifestación por su muerte fue la última gran movilización del anarquismo ruso en el interior. A partir de ese momento los anarquistas rusos se tienen que exiliar, están en las prisiones, en los campos de concentración o directamente han muerto por la guerra civil entre 1917 y 1921. El anarquismo participa y es protagonista de la revolución pero la revolución engulle a muchos de sus protagonistas. Para los anarquistas, en un determinado momento, el bolchevismo no era la revolución sino que se había convertido en la contrarrevolución. La contribución de sangre que tiene el anarquismo respecto a la revolución es muy grande.

Algunos historiadores conservadores como Richard Pipes opinan que la Revolución de Octubre fue un golpe de Estado. ¿Fue una revolución, un golpe de Estado, ambas cosas o ninguna?

No creo que fuese un golpe de Estado sino un proceso revolucionario con una base social muy amplia. Un golpe de Estado conlleva que una minoría tome el poder frente a la mayoría. Es cierto que hay un Gobierno Provisional que cae en detrimento de un grupo político concreto —que son los bolcheviques— pero para que hubiese sido un golpe de Estado, ese Gobierno Provisional debería haber tenido bases sociales que lo sustentasen. En octubre de 1917, está completamente desacreditado. Hay una dualidad de poder, y los sóviets no están con el Gobierno provisional sino frente a él. Son los sóviets, en los que no solo participan los bolcheviques sino también los anarquistas, los socialistas revolucionarios, los mencheviques… los que están dinamizando el poder. El problema viene porque algunos dirigentes bolcheviques utilizaron la palabra «golpe» para referirse a lo sucedido en octubre de 1917 y eso ha servido para sacar conclusiones, que a mi entender, no se corresponde con los sucesos. Lo que sí existe tras octubre de 1917 es un golpe de mano por parte de los bolcheviques que, de manera paulatina, van aplastando a sus rivales políticos hasta exterminarlos del mapa político ya sea físicamente o políticamente.

Al modelo económico denominado por los bolcheviques «comunismo de guerra», aplicado durante la guerra civil, los anarquistas lo llamaron «capitalismo de Estado» ¿En qué se diferenciaba la propuesta económica de los anarquistas y la que pusieron en marcha los bolcheviques?

Los bolcheviques, cuando llegan al poder, hacen un plan de nacionalización de la economía. Las fábricas y los campos pasan a ser controlados por el Estado, y éste cede la gestión directa a los trabajadores. Pero es el Estado quien controla el poder económico. Los anarquistas no están de acuerdo con ese modelo porque no creen que el Estado deba controlar nada sino que tiene que desaparecer, y han de ser directamente los productores los que se hagan con el control económico de las fábricas y de los campos. Para ellos, los sóviets son el eje central de la revolución, son los organismos de gestión directa de los trabajadores de la producción. Esa es la gran diferencia. Al acabar la guerra civil, los anarquistas y los socialistas revolucionarios denuncian la imposición de un modelo económico que se aleja del espíritu revolucionario de 1917 y plantean que o se retoma el modelo del poder de los soviets, o acabarán engullidos por la dictadura de un solo partido.

Tras el comunismo de guerra y la Nueva Política Económica, según el discurso oficial soviético, se alcanzó el «socialismo real». ¿Realmente la URSS fue un modelo socialista?

Se le podría llamar socialismo de Estado aunque es una estatalización de la economía. Incluso la Nueva Política Económica que surge en 1921, que es una mezcla entre el socialismo y el libre mercado, desaparece completamente y los planes quinquenales sirven para la industrialización de la Unión Soviética que, finalmente, se convertirá en una de las potencias industriales del mundo. En ese sentido Stalin sí que tiene éxito pero ¿a qué precio? A partir de 1927, cuando Trotski es defenestrado, ocurre una transición de una dictadura de partido único a una dictadura unipersonal de Stalin. En 1937, del Comité Central del Partido Bolchevique de 1917 absolutamente todos sus miembros han sido eliminados por Stalin excepto Lenin, que muere en 1924, y Trotski, que ha huido pero será ejecutado en 1940, con la acusación de ser contrarrevolucionario.

Cuenta en el libro que en 1905 la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia intentó «controlar el sóviet» al considerarlo un elemento rival pero, al alcanzar el poder, se autodenominaron soviéticos. ¿Qué eran y en qué se convirtieron los soviets?

La historia de los sóviets es la parte más interesante de la Revolución rusa y una de las más desconocidas. Se conoce como la Revolución soviética pero el sentido que le dan a los sóviets las diversas opciones políticas es diferente. El sóviet nace en febrero de 1905, como cuenta Volin en La revolución desconocida. El Partido Social-Revolucionario es el que impulsa el sóviet, que surge como un organismo obrero que pretende controlar la producción e intentar un modelo económico distinto. No depende de ningún partido ni de ninguna organización. En los años que median entre 1905 y 1908 los bolcheviques no ven a los sóviets como unos aliados sino como unos rivales. Es a partir de esas fechas cuando Lenin, ya en el exilio, ve posible acercar el Partido Bolchevique a los sóviets para intentar medrar dentro. El concepto de sóviet va cambiando. Para los anarquistas y los socialistas revolucionarios de izquierda, los sóviets deben mantenerse como son desde el origen: organismos obreros que intentan controlar la política, la economía y la sociedad sin una correa de transmisión partidista, a disposición de los propios trabajadores. En cambio, los bolcheviques consideran a los sóviets, como a los sindicatos, partes integrantes de su propio partido.

Observo un cierto paralelismo entre los anarquistas ucranianos de Néstor Majnó y los anarquistas españoles en 1936-1937. ¿Qué similitudes y diferencias hubo entre la majnovchina y la Revolución española?

Lo que se produce en España es una lucha de poder por el control del movimiento obrero, entre el PCE y la CNT. Lo que sucede en Ucrania es similar a la situación en España de 1936 porque la influencia del majnovismo y del anarquismo en el movimiento obrero es muy importante. El Partido Bolchevique lo intenta laminar y finalmente Majnó es vencido por la fuerza de las armas del Ejército Rojo. Majnó intentó pactar con los bolcheviques desde el primer momento en varias ocasiones. Llegaron a tres acuerdos y todos acabaron de la misma manera: ruptura del pacto y represión contra las unidades majnovistas. En uno de esos acuerdos, Majnó intentó que el Gobierno de Moscú reconociese la zona libre de Ucrania donde tenía influencia. Majnó conformó un movimiento muy fuerte en Ucrania, y toda la zona este del país estuvo bajo su influencia. Se desarrolló un proceso muy similar al de las colectividades de Aragón y de Cataluña, donde son los sóviets de esa zona los que tienen un control sobre la producción.

Pero pese a ser Majnó anarquista nunca formó parte de la Confederación de Organizaciones Anarquistas Nabat.

Los majnovistas son en esencia anarquistas: Majnó es anarquista, Arshinov es anarquista… pero el majnovismo como tal es un movimiento de las masas laboriosas, como ellos mismos dicen. Anatol Gorelik, en El anarquismo en la Revolución rusa, dice que el majnovismo no es anarquista sino que tiene elementos que los une a los anarquistas, y los anarquistas ven en el majnovismo una opción importante para el desarrollo de sus ideas. Aparte está la Confederación Anarquista Nabat, la organización de los anarquistas ucranianos, en la que no está Majnó pero hay una confluencia. Aunque el majnovismo como tal no se defina como anarquista sí es antiautoritario, horizontal, autogestionario y tiene muchos puntos en común con el anarquismo.

La base naval de Kronstadt, «el orgullo y la gloria de la revolución», según Trotski, se levantó en marzo de 1921 y fue reprimida por el Ejército Rojo. ¿Se puede considerar un episodio anarquista la revuelta de Kronstadt?

En Kronstadt siempre existió un espíritu anarquista muy importante y fueron los anarquistas los que dinamizaron el soviet de Kronstadt. Efim Yarchuk, uno de los más importantes anarquistas de Kronstadt, es el máximo defensor de la independencia de los sóviets frente a los partidos, y ese fue el espíritu de Kronstadt hasta marzo de 1921. Pero no fue una revuelta anarquista como tal porque no son solo anarquistas los que están en Kronstadt. También hay socialistas revolucionarios y bolcheviques que no están de acuerdo con lo que hacen sus compañeros en el Gobierno. Es una revuelta de la izquierda.

¿Cuáles eran las demandas de los marinos de Kronstadt?

Entre las reivindicaciones de Kronstadt están la libertad de prensa, libertad de elección de los soviets, libertad para los anarquistas, libertad para los socialistas revolucionarios y que se vuelva otra vez al espíritu revolucionario de 1917. Hay quien dice que en Kronstadt estaban los contrarrevolucionarios y los mencheviques pero entre las reivindicaciones de Kronstadt no aparece en ningún momento la apertura de la Asamblea Constituyente, que era la gran petición de los mencheviques, ni mucho menos la vuelta al zarismo. Lo que plantea Kronstadt es debatir con los bolcheviques la dictadura de un partido o sóviets libres. Mientras los periódicos bolcheviques y Trotsky dicen que los contrarrevolucionarios están detrás, Lenin tiene claro que lo que está pasando en Kronstadt es una revuelta de la izquierda. Y Lenin ve que o se aplasta la sublevación de Kronstadt o puede vencer al Partido Bolchevique, porque es una opción para los trabajadores.

Resulta curioso que Trotski, quien reprimió la revolución majnovchina y la revuelta de Kronstadt, ha pasado a la historia como un ídolo para cierta izquierda revolucionaria antiestalinista.

Trotski es uno de los grandes ideólogos militares que tiene el Partido Bolchevique y es quien lidera la represión contra los majnovistas. Son las grandes glorias de la revolución como Zinoviev y Mijail Tujachevsky quienes también reprimen de forma virulenta la revuelta de Kronstadt. Incluso la Oposición Obrera dentro del Partido Bolchevique que representaba Aleksandra Kolontái se opone a la revuelta de Kronstadt y considera a los alzados desviacionistas pequeñoburgueses y anarquistas. Trotski es el represor de Kronstadt pero luego tiene la mala suerte de que pierde la carrera por el poder con Stalin y se tiene que exiliar, y ahí encuentra simpatías en la izquierda. Pero para el anarquismo la imagen de Trotski es muy negativa porque ha sido su represor. De la misma forma que Lenin no se atrevía a criticar demasiado a los marinos de Kronstadt porque eran «el orgullo y la gloria de la Revolución», Trotski en los periódicos sí atizaba a los anarquistas, al majnovismo y a los kronstadianos. En ese sentido, Trotski es más agresivo que el propio Lenin.

¿Cuál fue la postura de los anarquistas españoles respecto a a la Revolución rusa?

Tras estallar la revolución en 1917, los anarquistas españoles la apoyan. En el Congreso de la CNT de Sants (Barcelona) de 1918 y el Congreso de la Comedia de 1919 hay una disposición de apoyo a la Revolución rusa y la inclusión de forma provisional del sindicato en las estructuras de la III Internacional y en la Internacional Sindical Roja. La CNT decidió ingresar en el Profintern pero mandó delegados al congreso de 1921 en Rusia para ver cómo se estaba desarrollando la revolución. Ángel Pestaña y Gaston Leval, que acudieron a aquel congreso en representación de la CNT, emitieron un informe negativo de lo que sucedía en Rusia al ver que se estaba encarcelando a anarquistas. Al volver a España, Pestaña y Leval afirman que la Revolución rusa no tiene nada que ver con el comunismo que los anarquistas están intentando implantar y tras recibir los informes, la CNT abandona la Internacional Sindical Roja. En 1922 se unirá a la renacida Asociación Internacional de los Trabajadores.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de la Revolución rusa?

Es el acontecimiento más importante del siglo XX, sin ninguna duda, porque marcará un antes y un después en la Historia de la humanidad de la Edad Contemporánea. No se entiende nada sin la Revolución rusa. En un momento histórico complicado como era 1917, en medio de una guerra mundial que estaba desangrando a Europa, hubo un país y una clase obrera que cambiaron el curso de la Historia. Todo se puede cambiar y nada es inamovible.

¿Qué queda del anarquismo hoy en día en Rusia?

Existen organizaciones anarquistas en Rusia, sobre todo en los grandes núcleos como Moscú y San Petersburgo, pero no son muy numerosas. A nivel histórico se recuerda parte del anarquismo aunque está eclipsado por el triunfo de los bolcheviques. En las librerías rusas existen libros sobre el anarquismo, aunque la deformación que se muestra es evidente. La historia del anarquismo ruso está todavía por investigar y por escribirse.

sábado, 25 de marzo de 2017

El árbol genealógico de los dinosaurios se reescribe


Una nueva clasificación del árbol genealógico de los dinosaurios aporta pistas de cómo eran las primeras especies y obliga a los científicos a reevaluar el significado real de la palabra dinosaurio. Investigadores de la Universidad de Cambridge y el Museo de Historia Natural de Londres explican que en este nuevo árbol, los primeros individuos pudieron haber surgido en el hemisferio norte y eran similares en tamaño, forma y dieta.

Agencia SINC
23 marzo 2017

Una nueva hipótesis sobre las relaciones evolutivas de los dinosaurios desafía más de un siglo de dogma sobre la historia de estos emblemáticos seres vivos. La nueva teoría propone una reagrupación radical en dos nuevos grandes grupos de dinosaurios. Si se confirma, el árbol genealógico de los dinosaurios debería reescribirse, según el estudio publicado en Nature.

«Hemos dado una nueva definición a la palabra dinosaurio para asegurar que sea más estable en el futuro y que cualquier cambio en el árbol no excluya a ninguna especie que creamos que es un dinosaurio. La vieja definición no era lo suficientemente robusta y, en nuestra nueva propuesta, las especies de cuello largo como el Diplodocus deberían por ejemplo ser excluidas del grupo de dinosaurios. Por eso necesitamos cambiarlo», explica a SINC Matthew G. Baron investigador de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) que lidera el estudio junto con científicos del Museo de Historia Natural de Londres.

Lo que también saben los científicos a raíz de este nuevo análisis es que los primeros dinosaurios eran omnívoros, es decir, comían carne y plantas. «Además, descubrimos que usaban sus extremidades superiores —que eran grandes y capaces de agarrar—, durante sus primeros millones de años de existencia», añade el científico. Otro dato significativo es que los dinosaurios más tempranos pudieron haber vivido en el hemisferio norte, incluyendo Europa, y no son solo en el hemisferio sur, como se pensaba anteriormente.


Un grupo nuevo de dinosaurios: Ornithoscelida

Durante 130 años los paleontólogos han estado trabajando con un sistema de clasificación en el que las especies se distribuían en dos categorías distintas: Ornithischia y Saurischia. Ahora, después de un cuidadoso análisis de docenas de esqueletos fósiles y decenas de miles de caracteres anatómicos, los investigadores han llegado a la conclusión de que estos grupos largamente aceptados pueden ser erróneos y que los nombres tradicionales necesitan ser modificados por completo. «Hemos descubierto un grupo totalmente nuevo de dinosaurios denominado Ornithoscelida», dice Baron.

Los científicos recopilaron el mayor conjunto de datos de los primeros dinosaurios. Eligieron 75 especies tempranas —del Triásico-Jurásico en su mayoría— y se aseguraron de que tenían una amplia muestra de todos los grupos de dinosaurios. «Escogimos 457 con las características anatómicas que nos interesaban y luego comparamos todos los especímenes de nuestra lista de especies grandes utilizando esas características», recalca.

Esto produjo una 'matriz' de información que contenía aproximadamente 35.000 puntos de información de datos y a través de modelos computacionales calcularon cuáles eran los patrones más probables de relación y evolución entre las especies.

«Observamos especímenes en Sudáfrica, China, América del Norte y del Sur, así como en el Reino Unido. Todos los datos que recopilamos fueron probados y confirmados, para asegurarnos de que los resultados fueran robustos, y nos alegramos de comprobar que estaba muy bien contrastado», argumenta el experto.


Los primeros dinosaurios eran pequeños, bípedos y omnívoros

La clasificación de los dinosaurios se remonta a la época victoriana. Fueron descritos, por primera vez, como un grupo único de reptiles fósiles en 1842 como resultado del trabajo del profesor Richard Owen, que más tarde fundaría el Museo de Historia Natural en Londres. Durante las décadas siguientes, se denominaron varias especies a medida que se iban encontrando e identificando más fósiles.

En la segunda mitad del siglo XIX se comprendió que los dinosaurios eran anatómicamente diversos y se trató de clasificarlos en grupos que compartían características particulares. Harry Govier Seeley, paleontólogo de Cambridge, discípulo del célebre geólogo Adam Sedgwick, fue quien determinó que los dinosaurios se podían clasificar perfectamente en dos grupos distintos o clados: Saurischia o Ornithischia.

Esta clasificación se basó en la disposición de los huesos de la cadera de las criaturas y, en particular, si mostraban un patrón parecido a un lagarto ('Saurischia') o un pájaro ('Ornithischia').

«En nuestro nuevo árbol, los miembros más tempranos de todos los grupos de dinosaurios principales parecen ser similares en tamaño, forma y dieta. Todos eran pequeños, caminaban sobre dos patas y comían tanto carne como plantas. Esto es así tanto para los primeros sauropodomorfos, terópodos y ornitisquios, a pesar de que estos grupos pasaron a adaptarse y convertirse en herbívoros puros o carnívoros», apunta Baron.

Debido a que todos los grupos parecen ancestralmente similares, los investigadores creen que esto es la prueba de que el antepasado común de todos los grupos debió haber sido también similar. «Además, lo más parecido a un dinosaurio en nuestro análisis, que no lo es realmente, es una especie llamada Saltopus elginensis de Escocia y este animal es claramente bípedo», concluye el científico de la Universidad de Cambridge.


Referencia bibliográfica:

Matthew G. Baron, David B. Norman y Paul M. Barrett. «A new hypothesis of dinosaur relationships and early dinosaur evolution». Nature, 22 de marzo de 2017 doi:10.1038/nature21700