sábado, 17 de septiembre de 2016

Lamarck vindicado (en la prensa)


Por MÁXIMO SANDÍN
30 marzo 2009

«De hecho, la epigenética, además de su impacto directo en nuestras vidas, remueve los cimientos de la mismísima teoría de la evolución.» Esta frase, perdida entre el texto del artículo que sigue [que enlazamos], no tendrá grandes repercusiones científicas. No habrá pasado, en el mejor de los casos, de provocar algún comentario irritado de alguna «autoridad académica» o un gesto de sorpresa en alguno de los cultos lectores habituales del suplemento dominical que lo publica. Al fin y al cabo, no es más que eso: un artículo divulgativo con el que entretener el domingo.

Sin embargo, es una frase que contiene la esencia de un debate silenciado durante 150 años. Por una parte, es un reflejo del tergiversado aspecto histórico, con la atribución a Darwin de «la» teoría de la evolución, cuando la realidad es que éste no sabía muy bien que en su famoso libro hablaba de evolución, y tuvo que ser Huxley el que se lo explicase. Por otra, el debate científico sobre las ideas darwinistas, que ha existido desde la misma publicación de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la supervivencia pero que ha sido silenciado, muchas veces mediante recursos que hacen sospechar que hay «algo más» detrás de la defensa de estas ideas. Desde St. George Mivart, zoólogo evolucionista contemporáneo a Darwin, cuyas bien fundamentadas críticas finalizaron con su expulsión de la Universidad de Oxford, justificada por su conversión al catolicismo, la lista de científicos muy cualificados (comenzando por el «denostado» Lamarck), descalificados, tergiversados o represaliados y el análisis de los motivos podría ocupar todo un tratado. Los casos más recientes, Eva Jablonka y Edward Steele, cuyas propuestas lamarckistas se basan en datos empíricamente constatados, se han solventado con críticas feroces en las revistas científicas más prestigiosas, con expresiones verdaderamente insultantes para la primera, y la expulsión de la Universidad de Wollongong (Australia) para el segundo. Incluso científicos ampliamente reconocidos, como S.J. Gould o L. Margulis, que han cometido el pecado de expresar dudas sobre «la» teoría pero sin atreverse a «abjurar» del darwinismo, han recibido descalificaciones de todo tipo, incluido el ideológico y el personal (llegando al absurdo de criticar hasta el aspecto estético) por parte de los «guardianes de la ortodoxia».

Que no se trata de un debate científico «limpio» se pone de manifiesto, incluso, en la prudente frase, (no se puede saber si transcripción de las palabras del Dr. Esteller, o interpretación de la autora del artículo), Parece que Charles Darwin no tenía toda la razón. Pero nosotros, tal vez menos prudentes, podemos intentar valorar qué parte de razón tenía Darwin.

En la actualidad, resulta poco menos que imposible dilucidar cuales son las bases científicas, los datos empíricos que sustentan el darwinismo, dada la supuesta «absorción» (parece que todo les vale) del aluvión de datos que contradicen sus postulados clásicos y mucho más los de la «síntesis moderna». Pero si hay algo que resulta inamovible, que es la esencia misma del darwinismo, y que sus seguidores defienden con un fervor que llega a extremos poco racionales en defensores de una supuesta «teoría científica» es el azar en los cambios genéticos, base imprescindible en la definición de la selección natural. De hecho, según Darwin, los cambios en los organismos (variaciones «imperceptibles»), se producirían «al azar» (para los darwinistas modernos serían «mutaciones», entre las que caben, desde el concepto clásico de mutación, es decir, desorganización, hasta actividades de elementos móviles, inserciones virales, duplicaciones parciales o completas y reorganizaciones genómicas, también «al azar»). Entre estos, la selección natural elegiría los que resultasen los más adecuados o los más favorables o los más adaptados, o los que son «ventajosos», o los que confiriesen mayor eficacia reproductora a la población (según el caso), siempre, mediante la competencia con los «menos aptos», que serían eliminados. Esto explicaría la existencia de cualquier proceso biológico, por complejo que sea, de esta forma: Si existe, es porque «ha sido seleccionado».

Pero, reflexionemos un momento: Si, como se menciona en el artículo y como ha sido ampliamente documentado experimentalmente, los organismos (todos los organismos) tienen la capacidad de respuesta al ambiente, tanto mediante procesos genéticos, como epigenéticos o embriológicos ¿dónde queda el papel de una supuesta «selección»? En otras palabras, si los cambios los provoca el ambiente no hay nada rígidamente determinado («en los genes») en las variaciones individuales dentro de una especie. Los términos «más apto» y «menos apto» no tienen sentido. Todos somos «aptos», porque todos tenemos esas capacidades de respuesta en nuestros organismos. Otra cosa es el ambiente al que estamos sometidos desde las más tempranas fases del desarrollo.

El «determinismo genético» contra el que, según el doctor Esteller, hay que luchar, y la concepción de la vida, de la Naturaleza, como un campo de batalla en el que sólo triunfan los mejores (los «más aptos»), son las ideas cuya puesta en práctica han conducido a la actual crisis global en las relaciones humanas y del Hombre con la Naturaleza. Es difícil de creer que los principales impulsores y defensores del darwinismo no sean conscientes, a la luz de la información de que disponemos, de su falsedad como ideas científicas. Pero su empeño en mantenerlas nos hace sospechar (y temer) dónde pretenden llevarnos.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Salvar las pensiones


LAS MENTIRAS SOBRE LA INVIABILIDAD DEL SISTEMA

Por AGUSTÍN MORENO

Nuestros banqueros son gente muy austera. Por ejemplo, los del Santander destinan 233 millones de euros a asegurarse unas pensiones de oro. Eso no les impide defender la bajada de las pensiones públicas o la elevación de la edad de jubilación, como acaba de hacer el Bundesbank proponiendo que sea a los 69 años. Pero no nos hagamos mala sangre con la doble moral. El fondo del asunto es que las pensiones son una pieza clave del estado de bienestar. Más aún en tiempos de crisis: en España el 34% de hogares tiene como principal fuente de ingresos algún tipo de pensión y un 7,25% de los jubilados convive con personas en paro.

Está en marcha un intento de desmantelar del sistema público de pensiones y hay un silencio casi absoluto. Los neoliberales asisten complacidos a un deterioro del sistema que les interesa para sus planes. Hay políticos y entidades que prefieren culpabilizar a los ciudadanos de una quiebra de la Seguridad Social por vivir más de lo debido o tener menos hijos en un país que nunca ha fomentado la natalidad. Otros, para no aparecer como aguafiestas y no perder votos entre los electores de mayor edad, miran para otro lado. Complicidad o cobardía, da lo mismo, tras la devastación no habría inocencia. Vayamos por partes.

Primero el saqueo. El gobierno en funciones del Partido Popular ha sacado en julio otros 9.700 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social para abonar la paga del verano y el IRPF. Se está procediendo al vaciamiento sistemático de la llamada «hucha de las pensiones». El Fondo de Reserva se creó en 2000, llegó a tener 66.815 millones en 2011 y el gobierno Rajoy se lo ha ido puliendo durante su mandato hasta dejarlo en solo 24.207 millones. Han consumido 55.151 millones de euros en los últimos cinco años y quedan reservas para año y medio. ¿Por qué se ha tirado del Fondo de Reserva? Por la caída de ingresos en la Seguridad Social como consecuencia de dos hechos: el menor número de cotizantes al aumentar los despidos, los ERE y el desempleo (se han perdido 2,9 millones de cotizantes entre 2007 y 2013); y la disminución de las bases de cotización por la devaluación salarial aplicada. Es decir, la caída de ingresos es consecuencia directa de la política de austeridad y de las reformas laborales.

El problema está también en que la «hucha» se ha usado para bajar cotizaciones a los empresarios a través de las «tarifas planas» que han supuesto este año una caída de 2.500 millones en la recaudación de la Seguridad Social. Incluso para sanear la banca, tal y como ha denunciado la prensa internacional y Vicenç Navarro, que afirman que la hucha está pagando el rescate de 61.000 millones de euros a la banca, ya que el 97% de los activos totales de los fondos de pensiones del Estado español están convertidos en bonos en España para poder financiarlo. Hasta aquí el expolio.

La estrategia de derribo. En paralelo se intensifica la campaña de los interesados profetas de la catástrofe para sembrar el miedo. Formulan una falsa dicotomía: la quiebra del sistema o bajar las pensiones, con su no revalorización y un endurecimiento de los requisitos para causar derecho. En el colmo del cinismo, hablan incluso de solidaridad intergeneracional que pasaría por bajar las pensiones para que les lleguen a los jóvenes. Tratarán de degradar las pensiones públicas para impulsar los fondos privados y atrapar el ahorro de millones de trabajadores, ya que de forma voluntaria no han funcionado. Interesa destacar que las pensiones en España son bajas (el 53% inferior a 700 euros) y que muchos millones de trabajadores no tendrían capacidad de financiarse una jubilación privada complementaria dado el empleo-basura existente (precariedad, tiempo parcial y bajos salarios).

La munición argumental que utilizan para «vender» la falta de sostenibilidad del sistema es que ha aumentado la longevidad, la tasa de natalidad es muy baja, la llegada a la jubilación de la generación del baby-boom y que se ha desequilibrado la ratio activos/pasivos. Se intentan presentar las dificultades del sistema con la inexorabilidad de los fenómenos naturales, como si fuera la sucesión de la lluvia y la sequía. Y no es cierto que sea algo inevitable. Empobrecer y liquidar el sistema público es una decisión política de la que deberían de dar cuenta a sus electores los partidos que están en la operación.

Hay alternativas, por supuesto. Empezando por la derogación de las últimas reformas del PSOE (2010) y del PP de 2013, una de las más nefastas y que en combinación con la reforma laboral condena a la pobreza a una gran parte de los jubilados del futuro. Los únicos que planteaban esta medida eran Unidos Podemos en el punto 16 de su Programa. Hay otros factores para corregir las tendencias demográficas y mejorar la financiación. Entre ellos está la reducción del paro, el aumento de la tasa de actividad de la mujer, el recurso a la inmigración para disponer de mano de obra, la mejora de la calidad del empleo, una política fiscal de mayor progresividad y suficiencia recaudatoria.

En términos estratégicos lo que cuenta no es cuántos producen sino cuánto se produce. Hay que hablar de la productividad. La historia demuestra cómo se ha incrementado de forma exponencial en todos los sectores económicos. Con menos trabajadores puede haber más productividad y se pueden mantener más y mejores pensiones. Es una cuestión de renta per cápita que se ha doblado en los últimos años, de la riqueza producida y su redistribución. Es evidentemente una cuestión de prioridad política y hay margen: España dedica a gasto en pensiones tres puntos del PIB menos que la media de la zona euro (10,4% frente al 13,4%).

Además ¿por qué deben ser financiadas las pensiones solo con cotizaciones sociales y no con impuestos o el recurso a la deuda si fuera necesario? Hay un derecho constitucional a las pensiones y se debe asegurar su prestación pública de igual forma que se financia la educación, la sanidad o las carreteras. Las pensiones no deben depender de la evolución de la pirámide de población sino de la riqueza, la fiscalidad y la redistribución. Esto es, de decisiones políticas adecuadas, de si se gobierna para los más o para los menos, al servicio de la sociedad o de las élites financieras. Hay que recordar que la presión fiscal en España (32,6%) es de las más bajas de Europa (40% de media).

Hay que abordar la situación, no se puede vivir al día, políticamente hablando. Porque en cualquier momento bancos y compañías de seguros lanzarán la campaña definitiva contra las pensiones públicas. De nuevo se utilizará una supuesta crisis como excusa para una estafa monumental: convertir un sistema de reparto y solidaridad en uno de capitalización a través de planes y fondos privados. Y si alguien tiene dudas de la estafa, que se informe sobre lo acontecido en Chile, donde un millón de personas se han manifestado contra las Administradoras de Fondos de Pensiones.

Se puede salvar el sistema público de pensiones con una condición: que la izquierda y los sindicatos no interioricen las falacias neoliberales y que se esfuercen en desmontarlas. No es una cuestión técnica, es pura lucha de clases. Ya ha habido demasiadas reformas de pensiones, unas con acuerdo y otras sin él y no han servido para otra cosa que para reducir derechos de las pensiones actuales y futuras, un robo enmascarado a veces en fórmulas complejas. Hace falta iniciativa política para abrir el debate y disponer de un gobierno que sea garante de unas pensiones públicas dignas ¿O alguien cree que Rajoy y Rivera van a garantizar las pensiones con sus acuerdos sobre techo de gasto y reducción del déficit?

21/8/2016

domingo, 4 de septiembre de 2016

Los alienígenas habitan entre nosotros (la inteligencia vegetal como modelo para la comprensión de las inteligencias extraterrestres)

'Xenobiology' de Alex Ries.

Por STEFANO MACUSO y ALESSANDRA VIOLA

El estudio de la inteligencia vegetal arroja luz sobre un aspecto muy interesante de la investigación acerca de la inteligencia en general.

Por decirlo en pocas palabras: al estudiar las características de la inteligencia vegetal resulta evidente la dificultad que tiene el ser humano para comprender los sistemas vivos que razonan de manera distinta a la suya. Se diría que sólo es capaz de apreciar inteligencias parecidas a la humana.

Encontramos problemas análogos cuando hablamos de inteligencia en relación con organismos que no poseen cerebro, como por ejemplo —y prescindiendo por una vez de las plantas— las bacterias, los protozoos y los mohos. También éstos, aunque algunos (como las bacterias y los protozoos) sean tan simples como para estar constituidos por una sola célula, manifiestan comportamientos que —si tuvieran dimensiones más relevantes y, sobre todo, si tuviesen cerebro— no dudaríamos en calificar de inteligentes: las amebas son capaces de salir de un laberinto, mientras que los mohos pueden trazar el mapa de un territorio de manera más efectiva que cualquier programa informático ideado por el ser humano. Y pese a todo, en relación con estos organismos, como las plantas, la ausencia de cerebro —llamémoslo así— nos lleva a negarles la existencia de capacidades intelectivas, actitud que parece más fundada en la tradición y el prejuicio que en la argumentación científica. Sin embargo, el estudio de la inteligencia vegetal podría revelarse crucial para el progreso humano: nos permitiría observar nuestra mente con otros ojos.

Planteémonos una pregunta: ¿qué ocurriría si algún día entrásemos en contacto con una inteligencia alienígena? ¿Seríamos capaces, ya no digamos de comunicarnos con ella, sino al menos de reconocerla? Probablemente no. Es como si el ser humano, incapaz de concebir inteligencias distintas a la suya, más que buscar la inteligencia ajena anduviera continuamente a la búsqueda de la suya propia, perdida en algún lugar del espacio. Si de veras existiesen formas de inteligencia alienígena, habrían evolucionado en organismos muy distintos al nuestro; su química sería diferente de la nuestra y habitarían en entornos totalmente distintos a los que nosotros conocemos.

¿Cómo podemos siquiera pensar en reconocer esa inteligencia cuando no somos capaces de admitir la inteligencia de las plantas, organismos con los que compartimos una historia evolutiva en buena medida común, una misma estructura celular, un mismo entorno y unas mismas necesidades? Sólo por poner un ejemplo, preguntémonos por qué una inteligencia evolucionada en otro planeta y en condiciones completamente distintas a las nuestras tendría que emplear los mismos medios de comunicación que empleamos nosotros, basados en fenómenos ondulatorios. La voz, el sonido, las comunicaciones de radio y televisión, todos ellos se basan en la propagación de ondas. Otros seres vivos, entre ellos las plantas, utilizan otros sistemas para comunicarse, algunos de los cuales tienen como base la producción de moléculas químicas: son métodos extremadamente eficaces, aptos para transmitir información, pero de los cuales todavía sabemos poquísimo, a pesar de que los utilizan un gran número de especies presentes en nuestro planeta.

Para que la inteligencia vegetal nos parezca algo tan ajeno, ha bastado que las plantas sean más lentas que nosotros y que carezcan de órganos únicos similares a los nuestros; imaginémonos si hubiesen nacido y evolucionado a años luz de la Tierra. No obstante, precisamente por eso, por el hecho de ser distintos pero, en el fondo, tan cercanos a nosotros, tanto física como genéticamente, los organismos vegetales podrían representar un modelo interesante para el estudio de la inteligencia y ayudarnos a repensar los métodos e instrumentos utilizados para la búsqueda de inteligencia extraterrestre en el espacio.

Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal
(2015)

lunes, 29 de agosto de 2016

Misión Abolición

 

Después de 10 años de incansable lucha, juntos lo hemos conseguido, hemos acabado con el festejo del Toro de la Vega. Rompesuelas fue el último toro alanceado en Tordesillas, pero no será la última víctima torturada en nombre de las tradiciones crueles.

Por eso, llenaremos las calles de Madrid para pedir el fin de todos los festejos taurinos. Celebraremos la mayor manifestación antitaurina de los últimos tiempos, porque tenemos una importante misión: la total abolición de la tauromaquia.

Ahora más que nunca te necesitamos. ¡Suma tu voz!

LA MANIFESTACIÓN

El próximo 10 de septiembre Madrid se vestirá de blanco y verde. La manifestación dará comienzo a las 17.00h con un acto simbólico en la Puerta del Sol, en homenaje a todos los animales que han sido torturados y ejecutados en nombre de la sádica tradición taurina. Luego marcharemos por las calles de Madrid y haremos que retumben a grito de:
¡Tauromaquia abolición!


martes, 16 de agosto de 2016

Disparatado discurso

Onésimo Redondo (1905-1936),
ahora vuelve a la actualidad debido
al cambio de nombre que se producirá
en su pueblo natal tarde o temprano—
y su faceta que muchos desconocen.

Por ALFONSO LAZO

Es frecuente en la historiografía actual, cuando se estudia el fascismo español, conceder una mínima importancia a sus rasgos antijudíos. No obstante, textos y actitudes demuestran que el antisemitismo estuvo muy vivo en la Falange desde sus orígenes. José Antonio Primo de Ribera no fue antisemita, tampoco lo fue Ledesma Ramos; pero el tercero de los considerados fundadores del nacionalsindicalismo, Onésimo Redondo, demostró en su vida política un antisemitismo casi patológico.

Onésimo estaba convencido, contra toda evidencia, que la influencia judía seguía siendo enorme en España; que era la responsable de lo que él consideraba un crimen contra las mujeres decentes —la coeducación escolar—, y que la República significaba el retorno de las juderías masónicas y marxistas. Sobre estas ideas, llegó a elaborar una estremecedora filosofía de la Historia de España:

«España, como Hungría un tiempo, como Polonia, Grecia y hasta la Armenia y la Siria, es por la Geografía y por la Historia, una zona fronteriza entre los núcleos seculares de civilización, y las mansiones también seculares de la barbarie... Somos históricamente una "zona de frotamiento" entre lo civilizado y lo africano, entre lo ario y lo semita... Por eso se expulsó a la morisma, organizada en reinos, y luego a los semitas de Judá, y por fin a los africanos que quedaban: a los moriscos... Pero hoy aparece el peligro de la nueva africanización: el marxismo... Vedle florecer con toda su lozanía en las provincias del Sur, donde la sangre mora perdura en el subsuelo de la raza... El marxismo español, y más andaluz, toma pronto la tea incendiaria, proclama "la guerra santa" y penetra en los cortijos y las dehesas alentada por los semitas de Madrid.»

«En España la aniquilación del marxismo es la continuación de la historia nacional (pues) la victoria definitiva del marxismo sería la reafricanización de España, la victoria conjunta de los elementos semitas, judíos y moriscos conservados étnica o espiritualmente en la Península y en Europa.»

«Por eso ahora nos invaden los judíos expulsados de otras naciones. Por eso el poder marxista lanza miradas de ternura y protección a los hebreos del Norte de África» (El regreso de la barbarie; en JONS, mayo de 1933).

Semejante sarta de disparates no fue un hecho aislado dentro de nuestro fascismo doméstico. Iniciada la Guerra Civil, Falange, convertida en un enorme partido de masas, acentuó su antisemitismo. Hedilla, sucesor de José Antonio al frente del partido, declaró en agosto de 1936 que la obligación de todos los falangistas era perseguir al judaísmo junto con la masonería y el separatismo; mientras que en el primer diario que tuvo Falange, el Arriba España de Pamplona, en su primer número del 1 de agosto de 1936, y en su primera página, el director, un altisonante clérigo con el yugo y las flechas bordadas sobre la sotana, incitaba a la destrucción de periódicos y libros judíos.


Al parecer, no importaba lo más mínimo que en España no hubiese apenas comunidad judía y que ésta careciese de toda influencia social y económica; bastaban los impresos, las películas, la literatura o el arte, supuestamente en manos hebreas más allá de nuestras fronteras, para que la propaganda falangista durante la guerra achacase ésta a las maniobras secretas de la judería internacional.

«Un antisemitismo sin judíos»
LA AVENTURA DE LA HISTORIA
Número 5 – Marzo 1999

viernes, 5 de agosto de 2016

Carta abierta a los charlatanes de la revolución siria

Por BRUNO GUIGUE
Oumma


Ahora que un dirigente histórico de la resistencia árabe libanesa (Mustafa Amin Badreddin, N. de T.) acaba de morir en Siria bajo el ataque del ejército sionista, envío esta carta abierta a los intelectuales y militantes de «izquierda» que tomaron partido por la rebelión siria y creyeron defender la causa palestina mientras soñaban con la caída de Damasco.

En la primavera de 2011 nos dijisteis que las revoluciones árabes representaban una esperanza sin precedentes para los pueblos que sufrían el yugo de déspotas sanguinarios. En un exceso de optimismo os escuchamos, sensibles a vuestros argumentos, hablar de esa democracia que nacía milagrosamente y vuestras proclamas sobre la universalidad de los derechos humanos. Casi lograsteis convencernos de que aquella protesta popular que derrocó a los dictadores de Túnez y Egipto borraría la tiranía en todo el mundo árabe, tanto en Libia como en Siria, en Yemen como en Bahréin y más allá.

Pero tras ese bello arrebato lírico rápidamente aparecieron algunos fallos. El primero, enorme, en Libia. Una resolución adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU «para auxiliar a las poblaciones civiles amenazadas» se convirtió en un cheque en blanco para derrocar manu militari a un jefe de Estado que se había vuelto una molestia para sus socios occidentales. Digna de los peores momentos de la era neoconservadora, aquella operación de «cambio de régimen» llevada a cabo por cuenta de Estados Unidos por dos potencias europeas, a falta de la afirmación neoimperial, desembocó en un desastre del que la desgraciada Libia sigue pagando el precio. El hundimiento de aquel joven Estado unitario entregó el país a las ambiciones desenfrenadas de las facciones y las tribus, envalentonadas deliberadamente por la codicia petrolera de los carroñeros occidentales.

Pero había entre vosotros buenas almas para brindar circunstancias atenuantes a esa operación. Lo mismo que había, todavía más, para exigir que se infligiera el mismo tratamiento al régimen de Damasco. Porque el viento revolucionario que soplaba entonces en Siria parecía validar vuestra interpretación de los hechos y justificar, a posteriori, el belicismo humanitario desencadenado contra el potentado de Trípoli. Sin embargo, lejos de los medios de comunicación dominantes, algunos analistas señalaban que el pueblo sirio no era unánime, que las manifestaciones antigubernamentales se desarrollaban sobre todo en algunas ciudades, bastiones tradicionales de la oposición islamista, y que el ardor social de los sectores pauperizados por la crisis no implicaba necesariamente la caída del Gobierno sirio.

Ignorasteis esas sensatas advertencias. Como los hechos no se acomodaban a vuestro relato los ordenasteis como os pareció conveniente. Donde los observadores imparciales veían una polarización de la sociedad vosotros quisisteis ver un tirano sanguinario que asesinaba a su pueblo. Donde una observación desapasionada permitía discernir las debilidades, pero también la fuerza del Estado sirio, vosotros abusasteis de la retórica moralista para acusar a un Gobierno que está lejos de ser el único responsable de las violencias. Visteis las numerosas manifestaciones contra Bashar Al-Assad, pero no las gigantescas concentraciones de apoyo al Gobierno y a las reformas que abarrotaban las calles de Damasco, Alepo y Tartús. Habéis dirigido la contabilidad macabra de las víctimas del Gobierno, pero habéis olvidado a las víctimas de la oposición armada. Según vosotros hay víctimas buenas y víctimas malas, las que merecen reconocimiento y las que no se mencionan. Deliberadamente habéis visto a las primeras y habéis permanecido ciegos ante las segundas.

Al mismo tiempo, a ese Gobierno francés cuya política interior criticáis encantados para mantener la ilusión de vuestra independencia le habéis dado la razón totalmente. Curiosamente vuestro relato del drama sirio coincidía con la política exterior de Fabius, capataz del servilismo que mezcla el apoyo incondicional a la guerra israelí contra los palestinos, la alineación «pavloviana» con el líder estadounidense y la hostilidad recocida a la resistencia árabe. Pero vuestro ostensible idilio con el Quaid’Orsay no parece avergonzaros. Defendéis a los palestinos de cara a la galería y por detrás coméis con sus asesinos. Incluso habéis llegado a acompañar a los dirigentes franceses en visitas de Estado a Israel. Ahí estáis embarcados, cómplices, asistiendo al espectáculo de un presidente que declara que «siempre querrá a los dirigentes israelíes». Pero no os escandalizáis y subís al avión del presidente, como todo el mundo.

Condenasteis, con razón, la intervención militar estadounidense contra Irak en 2003. La excusa de bombardear para llevar la democracia no os convenció y dudasteis de la eficacia de los ataques quirúrgicos. Pero vuestra indignación con respecto a esa política de las cañoneras de alta tecnología parece extrañamente selectiva. Porque reclamabais a grito pelado contra Damasco en 2013 lo que os parecía intolerable diez años antes contra Bagdad. Bastó un decenio para volveros tan maleables que considerabais que lo mejor para el pueblo sirio era una lluvia de misiles de crucero sobre ese país que no os ha hecho nada. Renegando de vuestras convicciones antiimperialistas abrazasteis con entusiasmo la agenda de Washington.

Sin vergüenza no solamente aplaudisteis de antemano a los B-52, sino que además recuperasteis la propaganda estadounidense más burda de la que el precedente iraquí y las mentiras memorables de la era Bush deberían haberos inmunizado.

Mientras inundabais la prensa francesa con vuestras estupideces un periodista estadounidense e investigador excepcional (Seymour Hersh, N. de T.) hizo pedazos la patética operación de «falsa bandera» destinada a cargar a Bashar Al-Assad la responsabilidad de un ataque químico del que ninguna instancia internacional le acusó y que los expertos del Instituto Tecnológico de Massachussets y la Organización para la prohibición de las armas químicas atribuyeron a la parte contraria. Ignorasteis los hechos y los tergiversasteis a conveniencia. En esa ocasión desempeñasteis vuestro miserable papel en la cacofonía de mentiras. Peor todavía, seguís haciéndolo. Mientras el propio Obama da a entender que no lo cree vosotros os obstináis en reiterar esas sandeces como los perros guardianes que siguen ladrando tras la desaparición del intruso. ¿Por qué motivo? Para justificar el bombardeo de vuestro propio Gobierno a un pequeño Estado soberano cuyo mayor error es su rechazo al orden imperial. Para acudir en ayuda de una rebelión siria cuyo verdadero aspecto habéis enmascarado fomentando el mito de una oposición democrática y laica que solo existe en los salones de los grandes hoteles de Doha, París o Ankara.

Santiago Alba Rico y Carlos Taibo otros ejemplos similares
de 'intelectuales' del orbe hispánico que apoyaron tales revueltas.

Habéis exaltado esta «revolución siria» pero habéis apartado los ojos pudorosamente de sus prácticas mafiosas, de su ideología sectaria y de su financiación turbia y dudosa. Habéis ocultado cuidadosamente el odio interreligioso que la inspira, su aversión sañuda a las demás confesiones directamente inspirada en el wahabismo, que es su cimiento ideológico. Sabéis que el régimen baasista, porque es laico y aconfesional, constituye un seguro de vida de las minorías, pero no rectificáis, llegando incluso a calificar de «cretinos» a los que tomaban la defensa de los cristianos perseguidos. Pero eso no es todo. A la hora del balance todavía quedará una última ignominia: habéis avalado la política de Laurent Fabius para que Al-Nusra, la rama siria de Al-Qaeda, «haga un buen trabajo». Qué importan los transeúntes destripados en las calles de Homs o los alauítas de Zahra asesinados por los rebeldes, para vosotros solo son morralla.

Entre 2001 y 2016 caen las máscaras. Os llenabais la boca con el derecho internacional pero aplaudíais su violación contra un Estado soberano. Pretendéis promover la democracia para los sirios pero os habéis convertido en furrieles del terrorismo que padecen. Decís que defendéis a los palestinos pero estáis en el mismo bando que Israel.

Cuando cae un misil sionista sobre Siria nadie grita, nunca golpeará a vuestros amigos. Gracias a Israel, gracias a la CIA, y gracias a vosotros, esos «valientes rebeldes» van a seguir preparando el radiante futuro de Siria bajo el emblema del takfir. El misil sionista habrá asesinado a uno de los dirigentes de la resistencia árabe que habéis traicionado.


Bruno Guigue, en la actualidad profesor de Filosofía, es titulado en Geopolítica por la École National d’Administration (ENA), ensayista y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflit israélo-arabe, L’Economie solidaire, Faut-il brûler Lénine?, Proche-Orient: la guerre des mots y Les raisons de l’esclavage, todos publicados por L’Harmattan.


Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.

domingo, 31 de julio de 2016

La víbora que se disfraza de araña para engañar a sus presas


La técnica de las serpientes que se camuflan en su entorno no es siempre suficiente, por eso algunas de ellas recurren a un truco aún más sofisticado: disfrazarse de presa –de araña, en este caso– para atrapar mejor a sus propias víctimas, que suelen ser pájaros. Así actúa la víbora cola de araña, protagonista de #Cienciaalobestia, descubierta hace diez años al oeste de Irán. Ahora ha sido observada por primera vez en acción.

8 mayo 2016

Para muchos, la víbora cola de araña (Pseudocerastes urarachnoides) representa la peor de las pesadillas. Une dos de las mayores fobias que tenemos los humanos: serpientes y arácnidos. Aunque este reptil tiene una apariencia normal, el final de su cola o región caudal adopta la forma y hasta los movimientos de una araña, convirtiéndose en un verdadero señuelo para atraer a sus presas, sobre todo pájaros.

Los movimientos generados por la cola de las serpientes tienen dos principales funciones: sirven de defensa a través de la vibración de la cola y para cazar a través del caudal que se convierte en señuelo o en distracción para las presas, como ocurre por ejemplo con la serpiente de cascabel.

En algunos casos, esta parte final de la cola suele presentar una coloración distinta y más llamativa que la del resto del cuerpo. En otros, como el de esta especie, que sigue siendo una gran desconocida ante el pequeño número de ejemplares hallados, la forma es diferente.

Estudios anteriores habían especulado sobre el papel que desempeña de la estructura final de la cola en la víbora cola de araña, y hasta ahora no se había observado cómo esta víbora venenosa, descubierta en las montañas de Zagros al oeste de Irán en 2006, la emplea para cazar a sus víctimas.

Un trabajo, publicado en la revista Amphibia-Reptilia, demuestra por primera vez tras más de dos años de estudio cómo actúa este reptil para atrapar a sus presas. «Al mover la cola, la estructura final tiene reminiscencia de una araña en movimiento», señalan los autores en el trabajo, liderado por Behzad Fathinia, biólogo en la Universidad Yasouj de Irán.


Una vez que las aves se acercan a la cola 'disfrazada' de araña para capturarla, la víbora reacciona y atrapa al pájaro que no se ha percatado de la presencia del reptil. Pero, según la investigación, no todos los pájaros son atraídos por este reclamo, que se desarrolla después del nacimiento de las serpientes.

La especie vive en áreas escarpadas, cerca de grietas en las rocas, donde se oculta gracias al color de su piel, y deja asomar el señuelo de su cola. Al igual que esta serpiente, otros reptiles, como lagartos e incluso el tiburón alfombra teselado (Eucrossorinus dasypogon) utilizan su cola como señuelo para cazar.