viernes, 23 de junio de 2017

Miedo


Por HELENO SAÑA

El gran protagonista del mundo actual es el miedo: miedo al terrorismo, miedo a la inmigración legal e ilegal, miedo a la competitividad económica, miedo al desempleo, miedo a la delincuencia común, miedo al belicismo estadounidense, miedo a la contaminación medioambiental, miedo a las prohibiciones gubernamentales, miedo a la pérdida de libertad y miedo, en fin, a lo que pueda venir. Aunque en general nadie lo confiese, quien más quien menos es presa del mismo o parecido miedo que Kafka confesaba abiertamente en una de sus cartas a su prometida Milena: «Mi ser es miedo». La sociedad liberal, basada en la confianza mutua y el 'fair play', se resquebraja cada vez más para dar paso a la desconfianza, al juego sucio y a la corrupción. En su Minima Moralia Adorno tomaba posición contra la glorificación moderna del progreso, señalando, con plena razón, su doble faz, puesto que si de un lado contiene la posibilidad de la libertad, del otro encierra también el peligro de la opresión. Creo que el tiempo le ha dado la razón. El mundo es, en efecto, cada vez menos libre y más opresivo. Los gobiernos encuentran toda clase de pretextos para reducir la autonomía del ciudadano y aumentar su grado de heteronomía. Asistimos a una restauración larvada del principio de libertad. Eso explica que la democracia sea cada vez menos democracia real para ir convirtiéndose a la chita callando en democracia formal. Y lo peor es que la gente apenas ofrece resistencia a este proceso involutivo. Oscar Wilde decía que allí donde existe un hombre que ejerce autoridad, hay otro que se rebela. Lo que quizá era cierto o verosímil para la sociedad de su tiempo, no lo es para la de hoy, por lo menos en el mundo occidental, caracterizado por su alto grado de conformismo. 'L’homme révolté' evocado por Albert Camus en su gran libro del mismo nombre se está convirtiendo en una figura de museo. Lo que se ha impuesto no es la «civil desobedience» de la ciudadanía, sino el ordeno y mando de los gobernantes de turno, cada vez más despóticos, arbitrarios y ávidos de poder. El Estado-Beneficencia de ayer es hoy ante todo un Estado-Prepotencia.

Para justificar su proceder y tranquilizarnos, nos aseguran que si restringen las libertades civiles y se saltan a la torera las leyes nacionales e internacionales es para nuestro bien, lo que quiere decir que, lejos de ser nuestros opresores, resulta que son nuestros protectores. Como buenos ciudadanos debemos, pues, estarles agradecidos de que metan las narices en todas partes, de que acumulen cada vez más datos sobre nuestras idas y venidas, nuestras conversaciones telefónicas, nuestras amistades, nuestras ideas políticas y nuestra 'privacy'. Agradecidos, en fin, de que se erijan en jueces permanentes de nuestros gustos y nuestra manera de ser y nos indiquen, por orden gubernativa, lo que tenemos que hacer o dejar de hacer. De ahí el aumento incesante de leyes, prescripciones, imposiciones, controles, aparatos burocráticos y amenazas de toda clase. Ultraliberales en el plano económico, los nuevos mandamases están resucitando el Estado-gendarme y paternalista que ingenuamente creíamos ya superado. Su lógica es archiconocida: desconfiar del ciudadano y partir del supuesto de que se portará mal e infringirá las leyes. Por eso hay que vigilarle e impedir que haga de las suyas. El único que se porta bien y cumple con su deber es el Estado. Por tanto, a obedecer toca.

¿Cómo no tener miedo? Miedo no sólo de los peligros reales y potenciales del mundo, sino de la manía persecutoria de quienes lo administran. La paradoja no puede ser más grotesca: los gobernantes son elegidos por la sociedad civil, pero una vez en el poder se erigen en dueños y señores del mismo electorado al que deben su encumbramiento, de manera que la razón democrática queda anulada por la razón de Estado, una aporía que desde Rousseau a hoy ninguna politología ha podido superar. La razón de Estado, base de lo que Foucault ha llamado «nouvelle gouvernementalité», es un concepto tan abstracto como elástico y, por ello, muy difícil de delimitar en términos concretos. De ahí que contenga intrínsecamente la posibilidad de extralimitarse y pasarse de la raya. Los gobiernos que se autolimitan en sus funciones suelen ser escasos; los más se exceden. Lo que sigue llamándose pomposamente Estado de Derecho con el derecho a usurpar derechos que no le corresponde a él, sino al ciudadano. He ahí la causa del miedo que se ha apoderado de la gente.

Revista LA CLAVE
Nº 293 / 30 noviembre 2006.

sábado, 17 de junio de 2017

Bakunin, la leyenda

Por PAUL AVRICH

Los jóvenes anarquistas encontraron que la personalidad de Mijail Bakunin era tan fascinante como su credo. Hijo de nobles terratenientes y educado para ser un oficial, Bakunin había abandonado su linaje y su mundo por la carrea revolucionaria; en 1840, a la edad de 26 años, abandonó Rusia y se dedicó a una lucha inagotable contra la tiranía en todos sus aspectos. Bakunin participó en los levantamientos de 1848 con un irreprimible entusiasmo, destacándose como una figura prometeica que se trasladaba con la marea revolucionaria que avanzó desde París hasta las barricadas de Austria y Alemania. Detenido en 1849, pasa los ocho años siguientes en la cárcel, seis de ellos en las más oscuras mazmorras de la Rusia zarista, las fortalezas de San Pedro y San Pablo y de Shlisselburg. Su sentencia fue conmutada por la de deportación perpetua en Siberia, pero Bakunin escapó de sus guardianes y se embarcó en una odisea impresionante por todo el mundo, una odisea que haría de su nombre una leyenda y habría de convertirle en objeto de veneración de todos los grupos radicales de Europa.

La gigantesca humanidad de Bakunin, su entusiasmo infantil, su ardiente pasión por la libertad y la igualdad, su lucha volcánica contra los privilegios y las injusticias, le otorgan un enorme atractivo humano sobre los círculos libertarios. «Lo que más me dolía», escribía Piort Kropotkin en sus memorias, «era que la influencia de Bakunin se dejaba sentir mucho menos desde su autoridad intelectual que como personalidad moral». Como fuerza activa en la historia, Bakunin ejerció una atracción personal con la que Marx nunca pudo competir, conquistando un puesto incomparable entre los aventureros y mártires de la tradición revolucionaria.

(...)

Bakunin intuía el autoritarismo inherente a la llamada «dictadura del proletariado». El Estado, decía, aun si adopta una forma popular, siempre servirá como instrumento de explotación y esclavitud. Predecía la inevitable constitución de una nueva «minoría privilegiada» de sabios y expertos, cuyo nivel superior de conocimiento la capacitaría para utilizar el Estado como instrumento de gobierno sobre los trabajadores manuales e ineducados de los campos y las fábricas. Los ciudadanos del nuevo Estado popular se despertarían bruscamente de sus ilusiones para descubrir que se habían hecho «los esclavos, los juguetes, las víctimas de un nuevo grupo de ambiciosos». La única posibilidad de que el pueblo escapase a este lamentable destino era la realización de la revolución por sí mismo, una revolución total, brutal, caótica, primitiva, y sin límites de ninguna clase. «Es necesario abolir completamente, en los principios y en la práctica, todo lo que pueda llamarse poder político», ya que, concluía Bakunin, «mientras exista el poder político habrá gobernantes y gobernados, amos y esclavos, explotadores y explotados» (…)

Por encima de todo, la filosofía anarquista de Bakunin era una protesta ferviente contra todas las formas de poder centralizado, tanto político como económico.

Los anarquistas rusos
(1967)


domingo, 11 de junio de 2017

A reconectarse con la naturaleza antes de que sea demasiado tarde


«Debemos ser plenamente conscientes de que sin un ambiente sano no gozaremos de nuestros derechos humanos básicos», subrayó un experto de la ONU. Sin embargo, el presidente Donald Trump anunció el retiro de Estados Unidos, el mayor contaminador de la historia, del Acuerdo de París sobre cambio climático.

Por BAHER KAMAL
09/06/2017

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, el relator especial de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) para derechos humanos y ambiente, John H. Knox, declaró en Ginebra: «Todos debemos alarmarnos frente a la acelerada pérdida de biodiversidad, de la que dependen los ecosistemas saludables».

Es tal la dependencia de ecosistemas saludables para la nutrición, la vivienda, la vestimenta y el agua misma que bebemos, además del aire que respiramos, que Knox recordó: «sin embargo, las áreas boscosas disminuyen, los ecosistemas marinos están cada vez más cercados y se estima que las poblaciones de animales vertebrados se redujeron en más de la mitad desde 1970».

De hecho, muchos científicos temen que estemos al comienzo de la sexta extinción mundial de especies, la primera en más de 60 millones de años, indicó el profesor de derecho internacional de la estadounidense Universidad de Wake Forest.

«Los Estados llegaron a acuerdos para luchar contra las causas de la pérdida de biodiversidad, que incluye a la destrucción de hábitats, la sobreexplotación, la caza furtiva, la contaminación y el cambio climático», recordó Knox.

«Pero los mismos estados fallan de forma lamentable en el cumplimiento de sus compromisos, los que buscan revertir las tendencias perturbadoras», apuntó.

Tala, pesca y caza ilegal

Knox recordó que casi una tercera parte de los sitios naturales que son Patrimonio Mundial soportan la caza furtiva, la tala y la pesca ilegales, lo que ha dejado a especies en peligro al borde de la extinción y ha puesto en riesgo a las fuentes de ingresos y el bienestar de comunidades que dependen de ellas.

«La extinción de especies y la pérdida de la diversidad microbiana socava nuestros derechos a la vida y a la salud al destruir posibles fuentes de nuevos medicamentos y debilitar la inmunidad de los seres humanos», explicó.

«La menor variedad, producción y seguridad de la pesca y de la agricultura pone en peligro nuestro derecho a la alimentación. La capacidad diezmada de la naturaleza de filtrar, regular y almacenar agua amenaza el derecho al agua limpia y segura», añadió.

El experto independiente de la ONU insistió en que la biodiversidad y los derechos humanos están «interrelacionados y son interdependientes» y que los estados tienen la obligación de protegerlos a ambos.

El mundo debe tomar medidas de forma urgente para reducir otro 25 por ciento las emisiones contaminantes previstas para 2030, señala el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Crédito: PNUMA.

Sin biodiversidad ni seguridad alimentaria ni nutrición

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) subraya que la biodiversidad es «esencial» tanto para la seguridad alimentaria como para la nutrición.

«Miles de especies interconectadas constituyen una red vital de biodiversidad en los ecosistemas de los que depende la producción mundial de alimentos», señala la FAO.

«Con la erosión de la biodiversidad, la humanidad pierde el potencial para adaptar los ecosistemas a nuevos desafíos, como el crecimiento demográfico y el cambio climático. Alcanzar la seguridad alimentaria para todos está intrínsecamente vinculado al mantenimiento de la biodiversidad», alerta.

La agencia aporta algunos datos clave al respecto.

De las 8.800 razas de animales [domésticos] conocidas, siete por ciento están extintas y 17 por ciento, en peligro de extinción. Y de las más de 80.000 especies de árboles, menos de uno por ciento ha sido estudiada para su posible uso.

El pescado aporta 20 por ciento de la proteína animal a cerca de 3.000 millones de personas. Solo 10 especies proporcionan 30 por ciento de la captura marina y 10 especies, alrededor de 50 por ciento de la producción acuícola.

Mientras, más de 80 por ciento de la dieta de los seres humanos procede de las plantas. Y solo cinco cereales aportan 60 por ciento del aporte calórico.

La tierra finita

La Convención de la ONU para la lucha contra la Desertificación (UNCCD) se concentra en la tierra, «que es finita en cantidad».

La competencia por bienes y servicios aumenta las presiones sobre los recursos terrestres en prácticamente todos los países, alerta.

La conexión con la naturaleza nos convierte en guardianes de nuestro planeta. Para el director del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, Erik Solheim, la cercanía con la naturaleza nos ayuda a ver la necesidad de protegerla. Crédito: PNUMA.

La variabilidad climática, el crecimiento demográfico y la globalización económica generan un cambio de uso de la tierra y malas prácticas de gestión en todas las escalas, señala el documento. Por lo general, esos cambios y prácticas seguirán degradando el valor «real» actual y futuro de nuestros recursos terrestres, como el suelo, el agua y la biodiversidad.

«Ahora es momento de reconocer los límites biofísicos a la productividad de la tierra y la necesidad de restablecer la multifuncionalidad tanto de nuestros paisajes naturales como de los de producción. La evidencia comprueba la necesidad de actuar a corto plazo para evitar posibles resultados negativos e irreversibles a mediano y largo plazo», añadió.

La secretaría de la UNCCD, con sede en Bonn, indicó que su Perspectiva Mundial de la Tierra (GLO, en inglés) ofrece una visión estratégica para transformar la forma en que pensamos sobre el valor, el uso y la gestión de nuestros recursos terrestres, mientras planificamos un futuro más resiliente y sostenible.

La primera edición del GLO es la nueva publicación emblemática de la UNCCD, al igual que la Perspectiva Mundial sobre Biodiversidad, del Convenio sobre la Diversidad Biológica, y la Perspectiva sobre el Medio Ambiente Mundial, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

«Es una plataforma de comunicaciones y de publicación estratégica que demuestra la importancia central de la calidad de la tierra para el bienestar de los seres humanos, analiza las tendencias actuales en la degradación, la pérdida y la conversión de la tierra, identifica los factores responsables y analiza los impactos, así como ofrece escenarios de oportunidades y desafíos futuros», indica.

«La pérdida tanto de la calidad como de la cantidad de recursos terrestres saludables y productivos es un motivo de preocupación inmediato, en especial en los países en desarrollo y en aquellos con una elevada proporción de tierras secas frágiles y vulnerables», añadió.

Esos son algunos de los motivos por los cuales el lema de este Día Mundial del Ambiente, «Reconéctate con la naturaleza», subraya los vastos beneficios, desde la seguridad alimentaria, pasando por las mejoras a la salud y el suministro de agua hasta la estabilidad climática, que los sistemas naturales y un ambiente limpio ofrecen a la humanidad. Pero hay más razones.


Salud mental, estrés, depresión

Numerosos estudios prueban que pasar tiempo en espacios verdes es bueno para algunos problemas de salud mental como el estrés y la depresión. Esta última, que afecta a 350 millones de personas, es la principal causa de discapacidad a escala mundial, según la ONU.

«El espacio verde urbano es un arma clave en la lucha contra la obesidad: se estima que las 3,2 millones de muertes prematuras de 2012 pueden atribuirse a la falta de actividad física», precisa el foro mundial.

Cada vez son más las ciudades que plantan árboles para mitigar la contaminación aérea, el mayor riesgo ambiental para la salud. De hecho, 6,5 millones de personas mueren por año debido a la exposición diaria a un aire de mala calidad.

Por último, la ONU recuerda que el uso de plantas en la medicina tradicional se remonta a los comienzos de las civilizaciones y que la medicina herbal tiene claros efectos terapéuticos reconocibles y desempeña un papel importante en la atención primaria de la salud en muchos países en desarrollo.

Los analgésicos comunes y los tratamientos contra la malaria (paludismo), así como los fármacos empleados en la lucha contra el cáncer, enfermedades coronarias y presión alta, derivan de las plantas.

¿Todavía necesitan más razones para conectarse, o mejor dicho, para reconectarse, con la naturaleza?

Traducido por Verónica Firme

IPS Noticias

sábado, 3 de junio de 2017

Una cultura culta

'Las ruinas de Eldena' de Friedrich (1825).

Por JOAQUÍN ARAUJO

«La Cultura es las culturas.»
OCTAVIO PAZ

Cierto es que CULTURA no solo es demasiadas realidades imprescindibles sino también acaso demasiadas acepciones; más de 150 en los buenos diccionarios de las lenguas románicas. Por si eso fuera poco tenemos ahora la mala suerte de que como comodín lingüístico resulta abuso, ya que la palabra, ahora hueca y huérfana, puede ser unida prácticamente a cualquier otro término o concepto. Todo lo contrario sucede con la acepción de cultura que resulta cada día más imprescindible. Me refiero a la que se imbrica con la idea y la acción de cuidar, por cierto sugerida por la misma semántica de la palabra.

Es cultura así mismo toda forma de relacionarse con el entorno. Lo que nos obliga a precisar. Cuando se descuartiza con frenesí, como ahora, el respeto y la hondura en buena parte de los comportamientos conviene reflexionar. Poco o nada tan necesario como una refundación. Porque se ha incluido, se ha entendido, con lucidez, que es la confluencia lo que convierte en culto al conocimiento del medio y en necesario su defensa. No menos relevancia adquiere una inclusión muy enriquecedora: la de los elementos y ciclos básicos para la continuidad de la vida. Toda. Porque algunas actividades y formas de pensamiento excluidas, casi oficialmente, de los círculos culturales resultan todo lo contrario. Conviene al respecto recordar que la Naturaleza no solo proporciona y ha proporcionado la totalidad de lo necesario para los despliegues de la cultura, sino que también es la materia prima de la búsqueda de conocimiento y no menos de la inspiración artística para buena parte de las manifestaciones de la creatividad humana. Pero comprenderla supone el fundamento de la filosofía y de la física, aprovecharla es la permanente relación y conservarla la mejor manifestación de la sensatez. Todo eso también contribuye a no crear falsas fronteras entre Natura y Cultura. Si Octavio Paz borra fronteras cercanas con la frase que se ha citado, conviene ampliar tan encomiable propósito con esta otra: La Cultura es hija de la Natura y es culto quien cuida y respeta a sus progenitores. Todo ello permite acuñar que la ecológica es a una cultura culta.

GRACIAS Y QUE LA VIDA OS ATALANTE.

2 marzo 2012

domingo, 28 de mayo de 2017

La compasión no es un crimen

 

En junio de 2015, en Ontario (Canadá), Anita Krajnc se detuvo junto al camión que transportaba a 190 cerdos hacinados hacia el matadero para darles agua. Ha sido sometida a un juicio en el que se pedía para ella una pena de diez años de prisión, pero finalmente ha sido absuelta

26/05/2017

La compasión no es un crimen. Así lo ha entendido el juez David Harris (Ontario, Canadá) en la sentencia dictada el pasado día 3 de mayo en la que la activista en defensa de los derechos de los animales Anita Krajnc quedaba absuelta.

Anita fue acusada de un delito criminal cuya condena pudo haberla llevado a pasar hasta 10 años en la cárcel por facilitar agua a los 190 cerdos que viajaban hacinados en un camión a altas temperaturas hacia el matadero Fearmans Pork Inc. Fue durante un caluroso día de junio de 2015 cuando Krajnc se detuvo en una carretera de Burlington junto al camión de transporte de cerdos. Empuñando una cámara y una botella de plástico, ofreció agua a los sedientos animales que se agolpaban ansiosos contra los estrechos respiraderos del tráiler.

Sus armas eran dos de las más peligrosas, porque ofrecer un último trago de agua fresca a un animal que está a punto de ser acuchillado tiene una enorme carga simbólica. Supone detener la gigantesca maquinaria de producción por unos instantes para humanizarla, introduce la idea de los cuidados en un escenario violento, macabro y sangriento como es la entrada de cualquier matadero cuando se llena de animales aterrados tratando de evitar su turno. Pero, sobre todo, nos obliga a ver con sobrecogedora claridad que detrás de los productos que consumimos hay dolorosas historias protagonizadas por animales que sienten nuestro mismo miedo, nuestra misma sed.

Y porque una cámara en manos de una activista es la principal amenaza para industrias tan opacas y herméticas como las de explotación animal. Que la sociedad conozca cómo viven, cómo son transportados y cómo mueren los animales de consumo es su mayor miedo, hay muchos millones en juego si la ciudadanía decide replantearse con qué está llenando su cesta de la compra.

Prueba de ello son las leyes Ag-gag, leyes mordaza diseñadas en los últimos años específicamente para proteger a las grandes empresas del sector agropecuario. En 2011, el escritor del New York Times Mark Bittman acuñó el término 'leyes Ag-gag' para referirse a las propuestas en varios estados de EEUU que harían ilegal llevar a cabo investigaciones en instalaciones ganaderas.

Desde entonces, el lobby de la producción animal ha estado detrás de la introducción de estos proyectos de leyes en 16 de los estados de Estados Unidos. Su objetivo es silenciar a los denunciantes que revelan abusos hacia los animales en las granjas industriales. En ocho estados se han aprobado leyes Ag-gag que tipifican como delitos los actos relacionados con la investigación de las actividades cotidianas de las granjas industriales, incluida la grabación, posesión o distribución de fotos, vídeos y/o audios en una granja.

Estos proyectos de ley afectan por igual a periodistas, activistas e incluso a los trabajadores de las granjas, por lo que, prohibiendo cualquier tipo de grabación encubierta, también a los propios empleados se les está impidiendo obtener pruebas con las que denunciar riesgos para la seguridad alimentaria o violaciones de derechos laborales.

Numerosas organizaciones de defensa de los animales vienen realizando investigaciones y denunciando situaciones de extrema crueldad en granjas y mataderos, como la llevada a cabo en 2008 por la Humane Society of the United States en la que se obtuvieron imágenes que provocaron la mayor retirada de carne del mercado en la historia de los EEUU.

Estas propuestas legislativas son la respuesta de la industria ganadera a este tipo de investigaciones. En Idaho, por ejemplo, la organización Mercy for Animals filmó a los trabajadores de Bettencourt Dairies propinando puñetazos y patadas en la cara a las vacas. La revelación de estas imágenes tuvo como resultado varias condenas por maltrato animal, situación ante la cual la industria láctea reaccionó redactando la nueva ley Ag-gag de Idaho.

Casos similares se vienen sucediendo desde que, tras los atentados del 11-S, se empezase a utilizar el término «terrorismo» para perseguir tanto al movimiento ecologista como al animalista, situación que analiza en profundidad el periodista, conferenciante y escritor Will Potter en su libro Los verdes somos los nuevos rojos.


El impacto del creciente fenómeno de las leyes Ag-gag traspasa las fronteras de EEUU y las industrias de explotación animal comienzan a presionar para impulsar proyectos similares en todo el mundo, dejando a los animales más desprotegidos si cabe y criminalizando la labor informativa de periodistas y activistas.

El caso de Anita Krajnc en Canadá ha vuelto a dejar en evidencia cómo desde el sector agropecuario se practica activamente aquello de «matar al mensajero» tratando de convertir un gesto de solidaridad en un delito criminal. Pero han ganado el sentido común, la empatía y los animales. Hemos ganado todas y todos, y nuestro derecho a la información.

La compasión no es un crimen, y proteger a los animales frente a la crueldad es una idea a la que le ha llegado su tiempo. En palabras de la propia Anita a su salida del juzgado tras el veredicto: «Así es como los movimientos sociales difundimos lo que defendemos: saliendo de nuestra zona de confort y haciendo lo que es correcto».

martes, 23 de mayo de 2017

Lecciones de ciencia política en el reino animal


Por MIGUEL CANDELAS

La ideología dominante durante el último siglo y medio, y especialmente en la actualidad debido a la hegemonía cultural del neoliberalismo, ha venido manipulando la teoría de la evolución darwinista para utilizarla con fines persuasivos, destinados a justificar la codicia, la injusticia y la desigualdad bajo motivos supuestamente de orden biológico. Así, a pesar de que el propio Charles Darwin no plantease su idea de la «lucha despiadada por la supervivencia» con fines de aplicación a la moral humana en ningún momento, sus sucesores interpretaron su teoría de un modo sesgado, partidista e ideológico que dio lugar al surgimiento del llamado «darwinismo social» bajo el pensamiento de autores como Herbert Spencer o Ernst Haeckel, cuyos escritos supusieron todo el armazón ideológico para justificar el colonialismo despiadado, las políticas racistas y las prácticas eugenésicas. Teóricamente dicho pensamiento determinista biológico había quedado superado tras la derrota militar y política del nazismo, pero en los años setenta reaparece con fuerza como un neodarwinismo social impregnado de teorías genetistas y que ha supuesto la base de la actual corriente denominada «psicología evolucionista» una peligrosa perspectiva reduccionista que entiende el individualismo y el egoísmo como factores inherentes a la genética de todos los seres vivos, y que por lo tanto debemos aceptar nos guste o no.

Esta psicología evolucionista es la responsable de que expresiones como «la ley de la selva», «los genes egoístas» o «nuestra naturaleza salvaje» se hayan convertido en poderosos mantras que justifican la deriva neoliberal de nuestras sociedades, impregnando la mayoría de la filosofía de autoayuda o «coaching», la cual plantea el individualismo absoluto como la solución a todos los problemas que podamos padecer los seres humanos. Por suerte, algunas voces de prestigiosos científicos se han venido alzando en el terreno de las ciencias naturales para refutar dichas argumentaciones genetistas, tales como las del primatólogo Frans de Waal o las del paleontólogo Stephen Jay Gould. Sin embargo, en el campo de las ciencias sociales esta respuesta no ha sido tan evidente, y los pensadores contrarios al neodarwinismo social han caído en el error de replegarse en la inocua estrategia de la negación, condenando al ostracismo a la biología en su conjunto y considerando que la sociedad humana nada tiene que ver con ella (lo que por desgracia termina siendo una peligrosa arma de doble filo, al conllevar inconscientemente la aceptación de que la naturaleza sí que es egoísta, y que únicamente cabe intentar huir de dicha realidad y situar al ser humano al margen del resto de mamíferos).

Sin embargo, este planteamiento también es erróneo, ya que si atendemos a los distintos hallazgos de los estudiosos del comportamiento animal, nos encontramos con una naturaleza absolutamente diversa en términos sociales e incluso políticos, algo de lo que ya comenzó a percatarse hace un siglo el 'príncipe' y geógrafo anarquista Piotr Kropotkin tras realizar investigaciones sobre el comportamiento de la fauna siberiana. Kropotkin en seguida se dio cuenta de que en realidad entre los animales la ayuda mutua y la cooperación eran tan comunes o más como la lucha y la violencia, y sin negar gran parte de las tesis de Darwin (a su manera él también se consideraba un darwinista) utilizó el sentido metafórico que el británico había dado a la idea de lucha, extendiéndolo a una lucha general por la supervivencia contra las fuerzas hostiles de la naturaleza, y no únicamente como sinónimo de competición despiadada entre unos y otros seres vivos. Desde esta misma perspectiva pero ya en la actualidad, el primatólogo Frans de Waal ha realizado innumerables experimentos con diferentes especies de primates (chimpancés, bonobos, macacos, capuchinos, monos dorados) en los que ha demostrado como los comportamientos altruistas y empáticos se encuentran también en la base de los comportamientos de muchos simios, desde los monos dorados chinos cuyos machos sonríen y acicalan a las hembras que se encuentran inmersas en una pelea, para de este modo separarlas, tranquilizarlas y solucionar el conflicto pacíficamente, hasta las hembras de macaco que crían, besan y cuidan a las crías de otras hembras, sin existir entre ellas ningún lazo familiar. Igualmente, otros zoólogos y etólogos han analizado los comportamientos de otros mamíferos con inteligencia altamente desarrollada, tales como elefantes y delfines, que también destacan por su elevado carácter empático, desde elefantes que asisten y guían a sus compañeros invidentes (¿Acaso ya en la selva existe una ley de dependencia?), hasta delfines que forman anillos defensivos para proteger a náufragos de los ataques de los tiburones o que aguantan la respiración para sostener y mantener a otros delfines enfermos a flote, haciendo emerger su espiráculo fuera del agua para que puedan respirar. Así, frente al neodarwinismo dominante que plantea una naturaleza regida únicamente por la ley del más fuerte que permite la supervivencia de nuestros supuestos genes egoístas, es posible contraponer una visión también parcialmente darwinista (en el buen sentido del término) que muestre justamente la diversidad emocional y moral de los animales, y como entre las distintas especies observamos ayuda, cooperación y empatía en dosis iguales o incluso mayores a las de la competición, la lucha y la violencia (factores que obviamente tampoco pueden negarse).


Pero al margen de los elementos puramente morales, la naturaleza también contradice a Aristóteles (que consideraba al ser humano como el único animal político o «zoon politikón») mostrándonos grandes ejemplos de organización política compleja en el reino animal, y es conveniente observar el comportamiento social de diversas especies para darnos cuenta del enorme grado de desarrollo y de diversidad política que tienen muchas de ellas. En los insectos por ejemplo, nos encontramos con la increíble estratificación social que muestran hormigas, abejas y termitas, subdivididas en tres grupos principales (reinas, guerreras y obreras) y con un sentido de sacrificio individual al servicio de la comunidad que parece anticipar ya un socialismo primitivo. En los mamíferos por su parte, dotados ya de un cerebro límbico que permite desarrollar emociones y sentimientos, observamos sistemas políticos aún más sorprendentes. Leones y lobos por ejemplo se rigen por manadas muy jerarquizadas donde el macho dominante acumula todo el poder, lo que podríamos considerar como un modelo autocrático, pero al mismo tiempo, dichos «machos alfa» deben sustentar su poder no solo en la fuerza, sino también utilizando ciertas dosis de populismo, ya que si los machos subalternos de la manada consideran que su comportamiento está siendo tiránico o que no cumple con la defensa efectiva del territorio, pueden amotinarse y destronarlo perfectamente, lo que nos llevaría a un primer ejemplo de teoría del tiranicidio.

Pero sin lugar a dudas, son de nuevo los elefantes, cetáceos y primates los que sorprenden también con modelos de organización política aún muchísimo más elaborados y ya muy próximos a los que hemos construido los seres humanos (y no por casualidad, ya que son justamente los tres únicos tipos de mamíferos aparte de nosotros que han desarrollado también el tercer estadio cerebral o «neocórtex»). Los elefantes por ejemplo, dotados de una gran inteligencia, se articulan en base a sociedades matriarcales muy complejas de más de cien individuos que logran comunicarse por ultrasonido a través de la selva, y que están tomando constantemente decisiones acerca del agua, la comida y la seguridad. Los cetáceos por su parte, desarrollan sorprendentes modelos de democracia animal como en el caso de los cachalotes, los cuales están segregados por sexos y gobernados por clanes de una decena de hembras que utilizan un sistema de comunicación y de votación en el océano a través de la emisión de combinaciones de sonidos denominados «clicks», un sofisticado lenguaje al estilo del código Morse que constituye toda una auténtica cultura propia transmitida de madres a crías, y que utilizan para emitir sus preferencias sobre distintos asuntos (el momento en el que el grupo ha de tomar la decisión de dirigirse hacia uno u otro caladero, de nadar más hacia la profundidad o más hacia la superficie, de aceptar o rechazar a los machos para la reproducción), lo que supone todo un auténtico primer ejemplo de democracia marina, fruto de la sorprendente inteligencia de estos cetáceos. Finalmente, los primates (nuestros parientes más cercanos) también nos dejan interesantes experiencias de organización política donde incluso hay cálculos maquiavélicos para ganar y ejercer el poder de influencia o de persuasión (más allá del estrictamente territorial o de recursos), y entre dichos simios debemos destacar a chimpancés y bonobos, los cuales nos sorprenden con unas redes de poder completamente antagónicas, con unos chimpancés fuertemente individualistas, competidores y dominantes (podríamos considerarles perfectamente como proto-capitalistas), y unos bonobos en cambio comunales, pacifistas y libertarios, lo que sería un claro ejemplo de comuna anarquista o incluso de «hippismo» primitivo.

En lo que respecta a los juegos de poder, algunos primates llegan incluso a elaborar complejos planes de comunicación política para utilizar el «soft power» en lugar del «hard power», tal como han demostrado de nuevo los estudios de Frans de Waal. Dichos primates, logran establecer alianzas, gestionar crisis y controlar conflictos, así como desarrollar ardides basados en el embuste, el engaño y el cálculo de fuerzas, tejiendo estrategias de persuasión que no resultan tan distintas a las humanas. A su vez, muchas especies de monos muestran una gran capacidad para limitar la violencia en virtud de la cooperación, reservando el recurso bélico para hacer frente a las agresiones externas, y utilizando en su lugar la mediación y la reconciliación como instrumentos de política doméstica, mostrándose así menos agresivos tanto los vencedores como los vencidos tras una lucha de poder en el seno de la comunidad. Las claves de este tipo de comportamientos según De Waal, son la detección de las realidades sociales y la capacidad de empatía, lo que lleva como mínimo a la necesidad de poseer una sensibilidad emocional hacia los demás y a comprender los puntos de vista del otro. En una de esas estrategias políticas de persuasión por ejemplo, un macho chimpancé aspirante trataba de contrarrestar la fuerza del macho dominante erizando su cabello ante otros machos para parecer más grande y más fuerte de lo que en realidad era, y así, animarlos a sumarse a su bando, al tiempo que iba ganándose el favor también de otras hembras acicalándolas y jugando con sus crías para incitarlas a desertar, en un proceso en el que existen incluso rituales de lealtad y de sumisión basados en el saludo y en el acicalamiento.

Como acabamos de observar, la naturaleza en nada se asemeja a esa «ley de la jungla”» que proclaman con tanto entusiasmo los adalides del neoliberalismo y del neodarwinismo. Como vemos, existe diversidad, pluralidad y un sin fin de posibilidades de organización política entre nuestros compañeros del reino animal (socialismo de las abejas, autoritarismo de los leones, populismo de los lobos, matriarcado de los elefantes, democracia de los cetáceos, liberalismo de los chimpancés, comunalismo de los bonobos, etc.), del mismo modo que los seres humanos también hemos desarrollado infinidad de modelos de organización en función de nuestras preferencias. Por ello, la lección que podemos extraer de este arcoiris ideológico del reino animal, es que no existe en ningún caso un determinismo biológico que nos haga prisioneros, ya que la naturaleza nos muestra que es tan diversa y plural como hermosa y fascinante, y que si los seres humanos queremos encontrar pautas de comportamiento social debemos buscarlas y hallarlas nosotros mismos sin imposiciones doctrinales, ya que como acabamos de ver, la naturaleza en ese sentido nos da absoluta vía libre, al albergar en su seno ecosistemas que han dado lugar a prácticamente todo en lo que respecta a modelos de organización social. Y es que, al margen de los instintos de supervivencia y reproducción, todo está condicionado por aspectos ambientales y culturales, por lo que la naturaleza no se reduce en absoluto a ese supuesto mundo individualista y egoísta que retratan los psicólogos evolucionistas, sino que como hemos visto, tiene espacio suficiente para albergar una infinidad de mundos de las más variadas tendencias ideológicas.


Por ello, recuperar la tradición intelectual de ese particular darwinismo cooperativo (iniciado por Kropotkin y retomado más recientemente por autores como De Waal o Jay Gould), que pone el énfasis en la cooperación, el altruismo y el apoyo mutuo como factores esenciales de la naturaleza animal y humana en su lucha por la supervivencia contra las fuerzas hostiles medioambientales, pero al mismo tiempo que no niega tampoco la realidad de la competición, la lucha y la violencia, nos puede dar un punto intermedio de equilibro entre las visiones antagónicas de Hobbes y de Rousseau en cuanto a la naturaleza humana, y ayudarnos así a proponer una visión diferente a la que propugna el pensamiento dominante neodarwinista utilizando sus propias armas, tales como la misma biología. Y de igual modo, conocer un poco más acerca de la naturaleza y darnos cuenta de que incluso un fenómeno tan complejo como la política también existe en el reino animal, nos puede ayudar a respetar a los otros seres vivos con los que compartimos este planeta, y a desarrollar así una conciencia ecológica mucho más fuerte, sincera y militante. Y es que, como sabiamente reconocía hace unos años Jay Gould en uno de sus artículos, «Kropotkin no era ningún chiflado».

14 enero 2017

miércoles, 17 de mayo de 2017

17 de mayo 1990: La Asamblea General de la OMS elimina la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas


Considerada durante mucho tiempo como una conducta reprobable y una enfermedad mental 'curable', la homosexualidad logró salir definitivamente de la lista de trastornos cuando en 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) la excluyó de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud.

Este avance fue el fruto de una larga lucha de los colectivos por los derechos de las personas homosexuales, que ya en 1973 habían logrado que la Asociación Norteamericana de Psiquiatría retirase la homosexualidad como trastorno de la sección «Desviaciones sexuales» de la segunda edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-II).