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miércoles, 13 de febrero de 2013

Los chavales creen que los niños son más tontos y traviesos que las niñas


Unos ensayos británicos sugieren que la diferencia de rendimiento entre sexos obedece a los mensajes que reciben

EMILIO DE BENITO

Los niños (en genérico) tienden a adaptarse a lo que oyen. Y, en concreto, los chicos (varones) tienen asumido lo que se dice de ellos: que son más torpes que las niñas. Una serie de ensayos realizados en Reino Unido, y publicados en la revista Child Development, pone de manifiesto que el mensaje cala en los críos desde pequeños, y que condiciona sus resultados escolares.

En uno de los trabajos realizados por Bonny Hartley, de la Universidad de Kent, los investigadores preguntaron a 238 niños y niñas de entre 4 y 10 años quién creía que era el protagonista de una historia. Para ello, usaban una formulación neutra, 'the child', que sirve tanto para críos como para crías. Las historias eran del tipo «'the child' quiere aprovechar las clases» o «'the child' no saca buenas notas», y luego se les pedía que identificaran si las protagonizaba un niño o una niña. El resultado era que lo masculino se asociaba a lo negativo, y lo femenino a lo positivo.

Para saber por qué sucedía esto se hicieron dos otros dos experimentos. En uno, con 162 niños y niñas, se los dividió en dos grupos y se les pusieron unas pruebas. A uno de ellos se les dijo que los chicos lo iban a hacer peor que las chicas. Y lo hicieron no solo peor que sus compañeras, sino peor que los chicos del otro grupo, a los que no se les había dicho nada. De alguna manera, su rendimiento mostraba que habían interiorizado el mensaje.

En el tercero de los ensayos se cogió otro grupo de 184 niños y niñas, se los dividió en dos y a unos se les dijo que se esperaba que el resultado fuera igual para ambos sexos. No fue exactamente así, pero los chicos mejoraron respecto al grupo de control.

La conclusión apunta a que los pequeños, de alguna manera, adaptan su comportamiento a lo que se espera de ellos. Y confirma otros estudios que indican que esta es la causa, por ejemplo, de que los niños se orienten más hacia carreras de ciencias y las niñas a las de letras.

También ofrece enseñanzas para el debate de la educación segregada. «En muchos países, los niños van por detrás de las niñas en el colegio», ha dicho Hartley. «Estos estudios sugieren que los estereotipos académicos negativos referentes a los niños se adquieren en los primeros años de la educación infantil y tienen como consecuencia su autocumplimiento. También sugieren que es posible mejorar el rendimiento de los varones y así cerrar la grieta entre sexos mediante mensajes igualitarios y superando la idea de hacer clases diferenciadas».

domingo, 3 de febrero de 2013

Los rasgos faciales no tienen relación con el comportamiento violento



Los rasgos faciales no tienen relación con el comportamiento violento de los hombres, según se desprende de un estudio del Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet de Argentina) y de la Universidad Nacional Autónoma de México, según ha informado este lunes la Universitat de Barcelona (UB), que también ha participado.

La investigación, que publica Plos One, se ha realizado a partir de una muestra de 5.000 individuos de 94 poblaciones de todo el mundo, y aporta nuevos datos científicos para rechazar las hipótesis que asocian la forma de la cara con conductas antisociales y criminales, conjeturas de mediados del siglo XIX que actualmente han vuelto a coger revuelo.

Para los coordinadores del trabajo, las «hipótesis adaptativas» sin contratar pueden generar un aumento de los prejuicios raciales, discriminación e intolerancia, con lo que el presente estudio —basado en coordenadas craneales de dos y tres dimensiones más fiables— desmiente esta tesis y también concluye que tener un rostro más o menos ancho no tiene relación con el éxito reproductivo, cuestión que también han analizado.

miércoles, 1 de agosto de 2012

La amenaza fantasma

Por LUIS MUIÑO

El ciudadano Richard Wiseman se ha convertido, desde hace unos años, en uno de los más odiados hijos de… la Gran Bretaña.

Por lo visto, hay dos motivos claros para que este señor inglés tenga tan mala fama: es psicólogo y no cree en fantasmas.

Los que nos dedicamos a la salud mental tenemos fama de vender nuestros pequeños poderes al «lado oscuro». No hay más que recordar La naranja mecánica, Alguien voló sobre el nido del cuco o, las más recientes, El método o El sexto sentido. En esta última el mensaje parece claro: los únicos psicólogos buenos son los psicólogos que están muertos. Está claro que nuestra profesión no cae simpática.

Pero es que encima, el señor Richard Wiseman es un tipo escéptico que no cree en fantasmas. Así que ni siquiera ha podido ganarse a los creyentes escuchando y aceptando al estilo Bruce Willis Sexto Sentido.

Nuestro protagonista ha preferido investigar, aislar factores y emitir hipótesis. Lógicamente, con esa actitud desafiante se ha ganado el odio de muchos. Incluidos, por supuesto, aquellos que viven de vender fantasmas.

Los experimentos que ideó este investigador fueron sencillos y elegantes. Metió, por ejemplo, a unas cuantas personas en un castillo encantado. La mitad de ellos sabían cuáles eran las dependencias siniestras, es decir, en qué habitaciones aparecían los fantasmas. El otro grupo no lo sabía.

Y así comprobó que las expectativas previas influían en la cantidad de experiencias paranormales. Los que sabían que en determinada habitación surgía de la nada el espectro de una de las mujeres de Enrique VIII, veían, oían y sentían más cosas.

Y es que ya se sabe: si uno cree que va a ver algo, acaba por verlo.

Pero este psicólogo también comprobó que había factores físicos objetivos en esas dependencias. Porque incluso aquellos que no sabían cuáles eran los lugares habituales de paseo de la mujer fantasma, notaban algo especial cuando entraban allí. Sentían que alguien los estaba observando, su cuerpo cambiaba de temperatura, su corazón empezaba a latir… En fin, lo habitual en esos casos.

¿Y cuáles podían ser esos factores objetivos? Investigando, investigando, Wiseman aisló tres. En los lugares en los que las personas tienen sensaciones extrañas, había siempre fluctuaciones del campo magnético, variaciones de luz poco habituales o cambios bruscos de temperatura. De hecho, el astuto psicólogo ha proyectado construir un castillo encantado experimental utilizando estos tres factores.

En realidad, dos de los estímulos desasosegantes propuestos por este buen hombre eran conocidos por directores de películas de terror, diseñadores de atracciones de feria, vendedores de libros sobre misterios y otras personas que viven del fantasmeo. Para fabricar miedo siempre se han utilizado variaciones extrañas de luz y temperatura. La única novedad es la añadir las alteraciones del campo magnético, algo que perturba mucho a los seres humanos pero no ha podido ser cuantificado hasta hace poco tiempo.

El descubrimiento le hubiera permitido forrarse. Pero como este flemático psicólogo hijo de la Gran Bretaña no lo ha rodeado de misterio y parafernalia, lo único que ha conseguido es unos cuantos insultos y amenazas.

Espero que sean amenazas fantasmas.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Manifiesto contra la astrología

258 investigadores españoles firmaron en 1990 el siguiente manifiesto contra la astrología. Un documento similar fue suscrito en 1975 por 197 científicos norteamericanos, entre ellos veinte premios Nobel. Ya que mi respetable compañero Leo ha puesto otro manifiesto pro astrológico, en el que se dice que estos científicos son unos censores y los nuevos inquisidores, que lo demuestre. Ya que no veo por ninguna parte que sea un alegato contra la libertad de expresión y los derechos humanos, como dicen.

LOS CIENTÍFICOS CONTRA LA ASTROLOGÍA

Científicos de diversos campos estamos preocupados por el incremento en la acogida de la astrología en muchas partes del mundo. Nosotros, los abajo firmantes —astrónomos, astrofísicos, matemáticos, físicos e investigadores de otras ramas del saber—, queremos prevenir al público sobre la aceptación incondicional de las predicciones y consejos dados privada y públicamente por los astrólogos. Los que quieran creer en la astrología deben saber que no existe fundamento científico para su creencia.

En la Antigüedad las personas creían en las predicciones y consejos de los astrólogos, porque las astrología formaba parte de su visión mágica del mundo. Veían los objetos celestes como moradas y presagios de los dioses, íntimamente conectados con los sucesos que ocurrían aquí en la Tierra; no tenían ni idea de las grandes distancias que nos separan de los planetas y las estrellas. Ahora que esas distancias pueden ser calculadas, vemos lo infinitamente pequeñas son las influencias gravitacionales —y de cualquier otro tipo— producidas por los planetas y las aún más lejanas estrellas. Es simplemente un error imaginar que las fuerzas ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento pueden, de alguna forma, determinar nuestro futuro. Tampoco es verdad que la posición de los objetos celestes haga que ciertos días o periodos de tiempo sean más favorables para emprender algún tipo de actividad, o que el signo bajo el que uno ha nacido determine la compatibilidad en su relación con otras personas.

¿Por qué cree la gente en la astrología? En esta época de incertidumbres es muy reconfortante tener quien dirija la toma de las propias decisiones. Gusta creer en un destino predeterminado por fuerzas astrales más allá de cualquier control. Sin embargo, somos nosotros los que debemos enfrentarnos al mundo y darnos cuenta de que nuestro futuro depende de nosotros mismos, y no de las estrellas.

Imaginábamos, en estos tiempos de difusión de la educación y la cultura, que sería innecesario desenmascarar creencias basadas en la magia y la superstición. Pero la aceptación de la astrología es cada vez mayor en la sociedad. Estamos especialmente inquietos por la proliferación de cartas astrales, predicciones y horóscopos en los medios de comunicación, tanto visuales como escritos. Esto sólo puede contribuir al crecimiento del irracionalismo y el oscurantismo. Creemos llegado el momento de rechazar vigorosamente las afirmaciones pretenciosas de los astrólogos charlatanes.

Quienes continúan teniendo fe en la astrología lo hacen a pesar de que no hay ninguna base científica para sus creencias, y sí una fuerte evidencia de lo contrario.

1990

viernes, 16 de septiembre de 2011

Las experiencias cercanas a la muerte encuentran ahora explicación científica

Artículo publicado por Charles Q. Choi el 12 de septiembre de 2011 en Scientific American.

Ver tu vida pasar ante tus ojos y la luz al final del túnel, puede explicarse mediante una nueva investigación sobre un funcionamiento anormal de la dopamina y el flujo oxígeno.

Las experiencias cercanas a la muerte se consideran a menudo como fenómenos místicos, pero una investigación revela explicaciones científicas para prácticamente la totalidad de sus características comunes. Los detalles de lo que sucede en las experiencias cercanas a la muerte son ahora ampliamente conocidas, una sensación de estar muerto, la sensación de que el «alma» ha dejado el cuerpo, un viaje hacia una luz brillante, y una partida a otra realidad donde el amor y la felicidad lo abarcan todo.

Aproximadamente el 3 por ciento de la población de EE.UU. dice haber tenido una experiencia cercana a la muerte, de acuerdo con una encuesta de Gallup. Las experiencias cercanas a la muerte experiencias se presentan en todas las culturas, con registros escritos que se remontan a la antigua Grecia. No todas estas experiencias realmente coinciden con roces con la muerte —un estudio de 58 pacientes que relató las experiencias cercanas a la muerte encontró que 30 no estaban realmente en peligro de muerte, aunque la mayoría de ellos pensaba que sí.

Recientemente, una serie de estudios ha puesto de manifiesto las posibles bases para todos los elementos de tales experiencias. «Muchos de los fenómenos asociados con las experiencias cercanas a la muerte pueden explicarse biológicamente», dice el neurocientífico Dean Mobbs, de la Unidad de Ciencias del Cerebro y Cognición del Consejo de Investigación Médica de la Universidad de Cambridge. Mobbs y Caroline Watt de la Universidad de Edimburgo detallan esta investigación on-line el 17 de agosto en Trends in Cognitive Sciences.

Por ejemplo, la sensación de estar muerto no se limita a las experiencias cercanas a la muerte, los pacientes con el síndrome de Cotard o del «cadáver ambulante» tienen la ilusoria creencia de que han muerto. Este trastorno se produce después de un trauma, por ejemplo, durante las etapas avanzadas de la fiebre tifoidea y la esclerosis múltiple, y se ha relacionado con regiones del cerebro como la corteza parietal y la corteza prefrontal. «La corteza parietal normalmente está implicada en los procesos de atención, y la corteza prefrontal en los delirios observados en enfermedades psiquiátricas como la esquizofrenia», explica Mobbs. Aunque se desconoce el mecanismo detrás de este síndrome, una posible explicación es que los pacientes tratan de dar sentido a las extrañas experiencias que están teniendo.

Las experiencias extracorpóreas se sabe también que son comunes durante los patrones de interrupción del sueño que preceden inmediatamente al sueño o al despertar. Por ejemplo, se ha informado de parálisis del sueño, o la experiencia de sentirse paralizado al mismo tiempo que se es consciente del mundo exterior, en un 40 por ciento de todas las personas y está relacionado con vívidas alucinaciones similares a sueños que pueden dar lugar a la sensación de flotar por encima del propio cuerpo. Un estudio de 2005 encontró que pueden inducirse artificialmente experiencias extracorpóreas estimulando la unión temporoparietal derecha en el cerebro, lo que sugiere que la confusión respecto a la información sensorial puede alterar radicalmente la forma en que uno experimenta su propio cuerpo.

Una variedad de explicaciones también podrían tener en cuenta los informes de los están deseando encontrarse con el fallecido. Pacientes con enfermedad de Parkinson, por ejemplo, han informado de visiones de fantasmas, e incluso monstruos. ¿La explicación? El Parkinson implica un funcionamiento anormal de la dopamina, un neurotransmisor que puede provocar alucinaciones. Y cuando se trata de la experiencia común de revivir momentos de la propia vida, uno de los culpables podría ser el locus coeruleus, una región del cerebro medio que libera noradrenalina, una hormona del estrés que se esperaría que se liberase en altos niveles durante un trauma. El locus coeruleus está muy conectado con las regiones del cerebro que controlan las emociones y la memoria, como la amígdala y el hipotálamo.

Además, la investigación ahora demuestra que un número de drogas medicinales y recreativas, como la ketamina, pueden imitar la euforia que a menudo se siente en las experiencias cercanas a la muerte, que también pueden desencadenar experiencias extracorpóreas y alucinaciones. La ketamina afecta el sistema opioide del cerebro, que puede activarse de forma natural cuando los animales están siendo atacados, lo que sugiere que un traumatismo pondría en marcha este aspecto de las experiencias cercanas a la muerte, explica Mobbs.

Finalmente, uno de los aspectos más famosos de las alucinaciones cerca de la muerte es moverse a través de un túnel hacia una luz brillante. Aunque las causas específicas de esta parte de las experiencias cercanas a la muerte no están claras, la visión de túnel puede ocurrir cuando el flujo sanguíneo y de oxígeno se agota en el ojo, como puede suceder en un miedo extremo y una pérdida de oxígeno, que son comunes en la muerte.

En conjunto, las pruebas científicas sugieren que todas las características de las experiencias cercanas a la muerte tienen alguna base en una función anormal del cerebro. Por otra parte, el propio conocimiento de la tradición respecto a episodios cercanos a la muerte podría desempeñar un papel crucial en la experiencia de los mismos, en una profecía auto-cumplida. Estos hallazgos «proporcionan pruebas científicas de algo que siempre ha estado en el ámbito de la paranormalidad», dice Mobbs. «Personalmente creo que comprender el proceso de la muerte puede ayudarnos a sentirnos más cómodos con esta parte inevitable de la vida».

Un posible obstáculo para posteriores investigaciones sobre las experiencias cercanas a la muerte será analizarlas experimentalmente, dice el neurocientífico cognitivo Olaf Blanke del Instituto Federal Suizo de Tecnología en Lausana, Suiza, que ha investigado las experiencias extracorpóreas. Sin embargo, «nuestro trabajo ha demostrado que esto puede hacerse para una experiencia fuera del cuerpo, así que ¿por qué no para las sensaciones asociadas a las experiencias cercanas a la muerte?».

lunes, 9 de mayo de 2011

La inofensiva guerra de las mentes

Este texto, con más de dos décadas a «sus espaldas» de antigüedad, lo he extraído de la sección «El Ojo Escéptico» de la revista de divulgación científica ALGO de junio de 1987, nos comenta sobre las investigaciones paranormales de la CIA y el KGB, y su ineficacia como técnicas de espionaje.

Cuando Moscú propuso en marzo pasado la mutua supresión de los euromisiles (Pershing 2 y Crucero norteamericanos y SS-20 soviéticos), Washington aceptó, con la salvedad de la inspección in situ de las instalaciones, a lo que accedieron los soviéticos. Aunque se interpretó la exigencia como una forma de presionar al Kremlin, es indudable que la comprobación sobre el terreno constituye la mejor garantía de cumplimiento de un pacto de este tipo. Como esto casi nunca es posible, para vigilar los movimientos del adversario se recurre al espionaje tradicional, sumado a la amplia y sofisticada red de satélites espías capaces de detectar alteraciones de calor, camuflajes, desplazamientos inhabituales de vehículos, etc.

Pero los mayores avances tecnológicos no alcanzan, por ejemplo, a penetrar en los archivos secretos, ni pueden adelantarse siempre a una posible simulación. Preocupados, el Pentágono y la CIA coincidieron en la solución: aprovechar las facultades extrasensoriales, como la telepatía y la psicoquinesis, que al parecer poseen ciertos sujetos.

Puede que la experiencia comenzara hace tres décadas, como asegura en un informe Ronald McRae, que trabajó en colaboración con el célebre periodista Jack Anderson. En todo caso, fue en 1981 cuando Anderson reveló los esotéricos manejos del Pentágono. Partidas millonarias del presupuesto se dedicaban ya a proyectar defensas contra armas psíquicas soviéticas: el temible «modulador de barrera fotónica», por ejemplo, capaz de producir enfermedades o muertes a distancia mediante telepatía. El interés de la Unión Soviética por los fenómenos paranormales, en su aplicación a la defensa, pudo surgir en 1960 —según sostiene Martin Ebon en Guerra psíquica—, cuando se difundieron informes falsos (?) sobre experiencias telepáticas norteamericanas para establecer comunicación con el Nautilus, primer submarino atómico, en su trayectoria bajo el casquete polar.

El falso experimento telepático del Nautilus
fue invención para un artículo de una publicación francesa

La Agencia de Inteligencia para la Defensa, por su parte, alertó en 1972 sobre el interés del KGB y sectores militares soviéticos en fenómenos de telequinesia y telepatía. Era natural que el Pentágono se inquietara por semejante amenaza. Se asegura que el presidente Carter, precavido, encomendó a la CIA que investigara sobre el trabajo de los rusos en parapsicología.

Fue en época de Carter cuando se proyectó el emplazamiento móvil y subterráneo de los misiles MX, más tarde desechado por el gobierno Reagan. McRae afirma que el Pentágono realizó experimentos con sujetos supuestamente dotados de poderes paranormales, y el resultado fue —dice el autor— que los blancos podían detectarse mentalmente. No dice que el abandono del proyecto se debiera a esa razón. Lo cierto es que en 1984, ya en plena Era Reagan, la CIA aún se entregaba con fruición a la parapsicología.

Informe de la DIA de 1972 sobre
los posibles experimentos paranormales del KGB

Hasta el escéptico Anderson explicaba cómo un vidente había descrito con detalle una base soviética secreta, posteriormente detectada por satélites espías. Otro había localizado en África un bombardero soviético accidentado. El último proyecto de la CIA en visión a distancia, continuaba Anderson, era el llamado en código Grill Flame. Se habían comprobado ya sus resultados: individuos dotados de visión remota describieron el contenido de archivos cerrados a cal y canto. Era posible violar mentalmente los secretos militares. Y para que nadie se llamase a engaño, a cargo de los experimentos se encontraban dos reputados académicos: Harold Puthoff y Rusell Targ.

Lo que Anderson olvidó mencionar es que Puthoff y Targ, con independencia de su probable honestidad, eran extrañamente proclives a una credulidad impensable en un científico. Fueron precisamente ellos quienes sometieron a prueba al «psíquico» israelí Uri Geller, cuyo poder mental le permitía doblar cucharas, detener relojes, hacer que levitaran objetos, leer los pensamientos y predecir acontecimientos. Luego se comprobó que Geller, mago de variedades en Israel, se había valido de simples trucos de su oficio.

Así las cosas, ¿quién puede asegurar que la parapsicología no es una ciencia, cuando para obtener sus conclusiones se basa en el método experimental? Es éste el punto que hace vacilar a algunos científicos, indecisos sobre la apropiada definición de ciencia. Pero es innecesario profundizar. Estadísticos, psicólogos y hasta magos —subraya el epistemólogo Mario Bunge— coinciden precisamente en las carencias del método en parapsicología: insuficiencia de controles e inadecuado uso de la estadística, además de los fraudes —abundantes— y la involuntaria contribución del sujeto a que el experimento logre el resultado apetecido.

Para no ser injustos hay que reconocer, sin embargo, un mérito cierto de la guerra psíquica: su maravillosa inocuidad.

Juan Merino

lunes, 22 de noviembre de 2010

La farsa de la «lectura en frío»

Por James Randi

Los populares «psíquicos» Sylvia Browne, James Van Praagh y John Edward que recibieron demasiado tiempo de TV en espacios como los shows de Montel Williams, Larry King y otros, utilizaban una técnica conocida como «lectura en frío». No le dicen al sujeto nada, sino que hacen puras adivinanzas, plantean sugerencias y hacen preguntas. Este es un arte muy engañoso y el observador no atento se queda con la creencia de que esa información desconocida ha sido obtenida por métodos milagrosos. Y no es así.

Ejemplos: «Percibo a un hombre mayor aquí», es una pregunta, una sugerencia y una adivinanza del «lector» que espera alguna reacción del sujeto y que usualmente la obtiene. Esa reacción puede ser un asentimiento con la cabeza, pronunciar el nombre de una persona, o una identificación (hermano, marido, abuelo), pero es suministrada POR EL SUJETO mismo, no por el lector. «Ellos dicen, "Bob" o "Robert". ¿Reconoces a esta persona?» es otra pregunta, sugestión y adivinanza. Si hay un Bob o un Robert, el sujeto aumentará la identificación. Pero si no hay un Bob o un Robert inmediatamente reconocido, el lector se lo saltará comentando que Bob está ahí involucrado pero que no está siendo reconocido en ese momento. Si cualquier Bob es recordado más tarde por el sujeto esto será incorporado por el lector a la perorata. Observando y escuchando un video de una lectura, un video de Van Praagh preparó para el programa de TV 48 Horas, una lectura que duró 60 minutos, encontramos que sólo hubo dos afirmaciones hechas entre 260 preguntas que se hicieron en ese lapso. Van Praagh buscaba el nombre del esposo finado de una mujer y llegó a él preguntando «Conoces a alguien llamado Jack» La mujer respondió «¡Sí. Jack, mi esposo!» Pero Van Praagh no identificó a «Jack» para nada. Pidió a la mujer que ELLA lo identificara. A esas alturas Van Praagh ya había intentado y fallado con 26 nombres de hombres. Pero la mujer —el sujeto, la víctima— se olvidó completamente de todos los errores anteriores, porque para ella no eran importantes. «Jack» era lo único relevante.

Los lectores en ocasiones guían al sujeto (la víctima) para que éste crea que sabían algo que ellos desconocían. Por ejemplo:

Vidente: «¿Tu esposo permaneció mucho tiempo en el hospital o murió rápidamente?»

Víctima: «¡Oh, murió casi de inmediato!»

Vidente: «Sí, porque es lo que me está diciendo: “No sufrí ni sentí ningún dolor”.»

Es extraño que el vidente (Van Praagh, en este caso) suela hacer esta pregunta.

Y recuerden que estos videntes a menudo entrevistan al público cuando están haciendo cola para entrar en los estudios de TV. Esa técnica fue la usada por la muy famosa médium Doris Stokes. Lo que hacía era retroalimentar con cualquier información que previamente había conseguido, como si estuviera refrescándose la memoria de lo que la habían dicho: «¿Es usted la señora que tenía una hermana fallecida, querida?» preguntaba y obtenía, obviamente, asentimiento de la víctima y un montón de «¡oohhs!» del resto del público. También ocurre que alguien del público se acerca al vidente antes del programa televisivo para preguntarle sobre su abuela muerta. Esta persona, durante el show es, pues, seleccionada entre todos los espectadores por el vidente, para decirle a su vez: «¿su pregunta es acerca de su abuela?» Lo que parece ser —para el resto del los asistentes— como un gran acierto adivinatorio. O, aún más sutilmente, personas que trabajan en el estudio, previamente han estado con el «psíquico» para una lectura privada, y son a los que se les pide que ocupen asientos entre el público con la excusa de «desarrollar mayor información» usando el «poder colectivo del público reunido». El lector, entonces, repite la información previamente obtenida, lo que parece milagroso para el resto del público como para los demás espectadores desde sus casas.

Hicimos una prueba a Sylvia Browne en 1989, en un programa en directo, y fracasó estrepitosamente. En esa ocasión, no se le permitió hablar con nadie de la audiencia, o que le preguntaran o dijeran cualquier cosa de antemano. A la audiencia se la instruyó para que respondieran solamente «SI» o «NO» cuando se les hiciese una pregunta directa. Lo que hizo que Sylvia fallara a lo grande; culpó de todo a las malas vibraciones... Por cierto, Van Praagh y Edward no han respondido a nuestra oferta para demostrarlo en el premio del millón de dólares.

Así que, usted lo que observa es una percepción de lo que realmente está ocurriendo, en lugar del proceso real en sí y el desconocimiento del método con el disimulo de otros indicios, es lo que nos induce a creer en estos pretendidos poderes «parapsicólogos».

Ahí va otro ejemplo de algo que hice cuando estaba haciendo un show como un mentalista en Toronto, mi lugar natal, a la edad de 18 (tengo que añadir que SIEMPRE he negado que posea cualquier tipo de poderes antes y después de cada espectáculo). Teníamos un enorme auditorio lleno de asientos previamente reservados con gente muy dispuesta. Era algún tipo de evento de beneficencia y los boletos eran caros. Después de pasar por los trucos de mover objetos sin tocarlos y de la duplicación con los ojos vendados de escritura (doblar cucharas en ese entonces no era un milagro muy popular), me detuve abruptamente y señalé a una dama sentada en la tercera fila. «Se me pide que le diga, "percibo" el nombre de Rose en usted», grité. Su boca abierta verificó que estaba yo en lo cierto. «Y ese nombre es más que significativo para usted». Se adelantó en su asiento. «¿Veo un reloj, un reloj muy viejo y en la carátula tres rosas?» Ella empezó a decir algo y le pedí silencio levantando mi mano. «Pero es un reloj muy extraño. No dice la hora». Para entonces la pobre mujer estaba temblando de excitación. «¿Por qué está desarmado? ¡Ahhh, ya lo veo! Ahí están las manecillas del reloj que se han caído de su lugar y yacen detrás del vidrio de la carátula. ¿Es esto correcto?». La mujer ya se había puesto de pie, estaba con la boca abierta y asentía vigorosamente. Clamorosos fueron los aplausos. ¿Cómo lo hice? ¿Adivinación afortunada? No. Ya estaba todo planificado.

T. K. Lawson, mi colega, había estado trabajando con la asociación de beneficencia que patrocinaba mi show. Él fue quien consiguió el contrato y quien también se puso a vender de puerta en puerta los boletos a los probables asistentes. Me contó que había vendido los boletos de los lugares CC-20 y CC-22 a una dama que lo invitó a pasar a su sala mientras llenaba un cheque para pagar los boletos. T. K. observó que la «rosa» era un tema recurrente en esa casa, tenía un bordado enmarcado en la puerta con su nombre y el reloj junto a la chimenea. Estos datos me los notificó y yo los usé para hacer mi show. Añado que T.K. y yo alcanzamos a la señora tan pronto como terminó el show y le explicamos como habíamos hecho el número. Ella se quedó satisfecha con nuestra explicación, y nos agradeció que nos hubiésemos tomado la molestia de decírselo.

De alguna forma no creo que Browne, Edward ni Van Praagh se tomen la molestia de hacer tal cosa. Pero recordemos que, después de todo, andan todavía por ahí diciendo que REALMENTE son capaces «de hablar con los muertos».

Estoy asombrado de cómo les puede afectar tanto la muerte a quienes pasan por el proceso. Realmente vuelve a uno estúpido y olvidadizo. Por ejemplo, en todas las ocasiones que he recurrido a un vidente o un médium para que contacte a mi abuela paterna parece que ella no recuerda cosas tan básicas como el nombre de su marido, o el nombre de la iglesia a la que asistía, ambos elementos importantes en su vida cuando estaba «aquí». Ahora que ella está en el «Más Allá», parece que ha perdido completamente su prodigiosa inteligencia.

domingo, 4 de abril de 2010

Mercurio rojo

Desde la caída del Muro de Berlín, corría el rumor que ex agentes soviéticos vendían en el mercado negro una sustancia radiactiva que con la cual se podría crear minibombas nucleares. Tal producto, el mercurio rojo, en realidad no existe. Es un fraude.

Pues bien, hace un año, corrió por Arabia Saudí el rumor de que tal sustancia se hallaba en las agujas de las viejas máquinas de coser Singer. En el zoco de la capital se llegó a pagar mil veces más del precio original (unos treinta euros). La gente llegaba a robar las de sus vecinos y las de las tiendas. Y no solamente era la gente poco ilustrada y semianalfabeta, también hubo mucos académicos que creían tal farse. Para detectar el mercurio rojo se valían de los mismos teléfonos móviles. Y no las adquirieron para fabricar armas destructivas, sino estuvieron motivados por la creencia de que con ese producto inexistente (aunque también al cinabrio o sulfuro de mercurio se le llame así) se podríacontrolar a los genios y alejar a los malos espíritus.

sábado, 3 de abril de 2010

Sadismo en el Más Allá

A la pregunta del moderador acerca de una vida «más allá», respondí yo: a mi entender los muertos no siguen viviendo en su conciencia, sino en la nuestra. Los muertos mueren cuando se les olvida. Y observé, contra las ilusiones del cristianismo acerca del más allá, que esta doctrina acrecienta aún más la dicha de los bienaventurados mediante el recurso sádico de que aquéllos puedan ver desde el cielo los sufrimientos de los pecadores en el infierno, ¡y eso por toda la eternidad!

¿Qué hay de falso en lo que digo? (Prescindiendo de que lo sea toda la cuestión.) Son viejas concepciones cristianas.

Ya el Nuevo Testamento azuza contra la humanidad no creyente: «Haced con ella lo mismo que ella ha hecho con vosotros y devolvedle el doble del mal, como sus hechos se merecen». Lo contrario dicho sea de paso, del mandamiento pacifista de Jesús. Después, es Tertuliano quien ve a los pecadores en el infierno «más reblandecidos y macerados por el fuego». Su insaciable mirada quiere regodearse en el estofado de sus adversarios: «¿Qué espectáculo tan amplio se ofrecerá allí? ¿Qué es lo que suscitará allí mi asombro y provocará mis risas? ¿Dónde estará el lugar de mi dicha, de mi regocijo?». También el obispo mártir Cipriano promete a los bienaventurados la contemplación de los tormentos de sus antiguos perseguidores como complemento de su goce celeste por toda la eternidad. Lactancio endulza asimismo la vida eterna con la visión de los condenados. Hasta el teólogo oficial de la Iglesia Tomás de Aquino («manso como un cordero», comenta sarcástico Nietzsche) da testimonio al respecto: «para que la beatitud agrade más a los santos (magis complaceat) y se muestren tanto más agradecidos a Dios, les está permitido gozar de una perfecta visión de los castigos de los impíos».

¡Si esto no es sadismo…!


viernes, 2 de abril de 2010

Contraconocimiento musulmán

La conjunción de contraconocimiento e Islam, por otro lado, genera problemas intratables tanto en los países islámicos como en Europa, donde se espera que el número de musulmanes se duplique de 20 millones a 40 millones en 2025. Como hemos visto, la penetración en el mundo islámico y la diáspora de las teorías de conspiración y el creacionismo es aterradoramente profunda: la mayoría de los musulmanes de todo el mundo creen que los árabes no estuvieron implicados en el 11-S; sólo el 29 por 100 de los musulmanes británicos creen los relatos históricos del Holocausto; más del 90 por 100 de los musulmanes del mundo rechazan la teoría de la evolución. Y casi con certeza estas cifras están siendo empujadas hacia arriba, no hacia abajo, por la modernidad en forma de tecnología digital.

Muchos comentaristas hablan de que el encuentro con Internet radicaliza todavía más a los jóvenes musulmanes desafectos. Pero si nos centramos demasiado en la «ciberyihad», como a veces se la denomina, perdemos la visión de conjunto. La cultura islámica no puede defenderse del contraconocimiento porque no ha sido capaz de seguir el ritmo de los progresos de la civilización occidental. Pervez Hoodbhoy, profesor de física de la Universidad Quaid-e-Azam en Islamabad, ha afirmado con franqueza y coraje que ningún país musulmán, ni uno solo siquiera, tiene un sistema educativo viable o una universidad de nivel internacional. «Mientras que los auténticos logros científicos son raros en el mundo musulmán contemporáneo, la pseudociencia es más que abundante», escribió en The Washington Post en 2002.
Un antiguo director de mi departamento de física de Islamabad ha calculado la velocidad del cielo. Sostiene que se está alejando de la Tierra a un centímetro por segundo menos que la velocidad de la luz. Su ingenioso método se basa en un versículo del libro sagrado islámico que dice que rezar la noche en que el libro fue revelado vale por mil noches de culto normal. Sostiene que esto equivale a un factor de dilatación del tiempo de 1.000, que procedió a introducir en una fórmula de la teoría especial de la relatividad de Einstein…
Uno de los dos ingenieros nucleares paquistaníes arrestados recientemente por sospechas de que pasaban secretos nucleares a los talibanes había propuesto con anterioridad cómo solucionar los problemas de energía de Pakistán: domeñando el poder de los genios. Se basaba en la creencia islámica en que Dios creó al hombre a partir de arcilla, y los ángeles y los genios a partir del fuego; así que este ingeniero de posición destacada propuso capturar los genios y extraer su energía.
Ziauddin Sardar, un influyente periodista musulmán de izquierdas que trabaja en Londres ha observado con desazón cómo, desde la década de 1990, los países islámicos se han alejado de la metodología científica para acercarse a un peligroso oscurantismo. «El discurso de la ciencia islámica sigue hoy el camino de los talibanes».

Según Sardar, Arabia Saudí ha estado vertiendo grandes cantidades de dinero para demostrar que todos los descubrimientos científicos modernos estaban anunciados en las escrituras:
Esta tendencia ha engendrado todo un género de literatura apologética (libros, artículos, revistas) dedicada a examinar el contenido científico del Corán. Se ha «descubierto» en el libro sagrado la relatividad, la mecánica cuántica, la teoría del bing bang, la embriología y la mayor parte de la geología moderna. Y al contrario, se han diseñado experimentos «científicos» para descubrir lo que se menciona en el Corán pero todavía no conoce la ciencia, por ejemplo, el programa para domeñar la energía de los genios que de tanto apoyo ha gozado a mediados de la década de 1990 en Pakistán. Esta combinación tan tóxica de fundamentalismo religioso y «ciencia», afín a los creacionistas… afecta a cualquiera que muestre una actitud crítica o escéptica hacia la ciencia y defienda su propia fe como científica, objetiva y «racional». Por desgracia, se ha convertido en la versión más popular de la «ciencia islámica».
Hoodbhoy y Sardar han corrido un riesgo considerable al llamar la atención sobre este asalto del contraconocimiento al progreso intelectual. Pero muchos comentaristas no musulmanes consideran que es «inapropiado» armar tanto alboroto por lo que está ocurriendo y prefieren centrarse en blancos más seguros como los fundamentalistas estadounidenses. En 2007, W. W. Norton publicó Scientists Confront Intelligent Design and Creationism, un volumen de ensayos coordinado por Andrew Petto y Laurie Godfrey que ataca «una de las falacias científicas más insidiosas del siglo XXI». En ninguna de sus 450 páginas se discute el creacionismo islámico. Tampoco incluye ninguna referencia a Turquía, el país que está superando con rapidez a Estados Unidos como principal fuente de propaganda creacionista.

También la historia, como la ciencia, esta siendo atacada por el contraconocimiento musulmán. En diciembre de 2006 la República Islámica de Irán organizó un congreso con el título «Una revisión del Holocausto» en Teherán, entre cuyos participantes figuraba el notorio revisionista del Holocausto francés Robert Faurisson y el demagogo estadounidense de la extrema derecha David Duke. Uno de los asistentes era Shiraz Dossa, un profesor titular de ciencia política de la Universidad de San Francisco Javier, en Nueva Escocia. En el número de junio de 2007 del Literary Review of Canada, Dossa atacó a los «islamófobos analfabetos» que lo habían criticado por haber asistido al congreso. Los argumentos esgrimidos contra él, añadió, se basaban en dos falacias. La primera era que el presidente Ahmadinejad hubiera calificado el Holocausto de mito; solamente había cuestionado su «mitificación y sacralización» por parte de los defensores de Israel. Cabe suponer que Dossa se perdió el discurso de Ahmadinejad en la ciudad de Zahedan en diciembre de 2005, en la que denunció «el mito de que los judíos hayan masacrados».

Dossa continúa: «La segunda falacia occidental es que el evento fuese un congreso de negación del Holocausto porque estuvieran presentes unos pocos pero notorios cristianos occidentales que son negacionistas/escépticos declarados, un par de neonazis. No fue así en absoluto. Fue un congreso del Sur Global organizado para elaborar una respuesta intelectual y política a la intervención occidental-israelí en los asuntos musulmanes. Los negacionistas/escépticos del Holocausto eran sólo un fleco, una minoría marginal en la conferencia… De los 33 conferenciantes, 27 no eran negacionistas, sino profesores universitarios e investigadores de las ciencias sociales procedentes de Irán, Jordania, Argelia, India, Marruecos, Bahrein, Túnez, Malasia, Indonesia y Siria». Dossa no dice si tuvo tiempo de examinar una de las exposiciones que había traído al congreso el «historiador» Frederick Toeben, que ha cumplido una sentencia de cárcel en su Alemania natal por negar el Holocausto. Se trataba, según la agencia oficial de noticias de Irán, de «un enorme modelo del campo de exerminio de Treblinka con todos los detalles, incluso modelos de los trenes y figuras humanas, que dijo que iba a utilizar para demostrar que las cámaras de gas no existieron».

viernes, 12 de marzo de 2010

¿Fantasmas embotellados?

Sin vergüenza alguna, una casa de subastas neozelandesa pone en venta unos frascos que dicen tener en su interior fantasmas. Lo que es una auténtica estafa, aunque parezca gracioso. Resulta que el pasado lunes se cerró la subasta en unos dos mil euros, aunque se demostró que fueron pujas falsas (para incrementar el valor), al final se quedó en unos 1.400 euros que alguién pagó.

Todo remonta a que la dueña se quiere deshacer de los dos frascos de agua «bendita» azulada que, según ella, Avie Woodbury, poseen en el interior los espíritus de un hombre mayor y una niña que fueron capturados por el exorcista de una secta y ya no tienen problemas desde entonces (julio de 2009).

Asegura que quien quiera liberarlos, deberá verter el interior en otro recipiente y dejar que se evapore en su casa. ¿Y llegar a pagar más de mil euros por esta estupidez y, a la vez, timo? Ver para creer.

Entre quienes preguntaban a la vendedora hay comentarios muy buenos: «Hola, tengo dos botellas en casa que me dan múltiples personalidades cuando las abro y bebo. Un día descubrí sus nombres... Creo que una se llama Jim Beam y la otra es Johnny Walker. Y cuando me despierto al día siguiente, después de la cata, estoy seguro de que he sido poseído, porque no puedo recordar nada de la noche anterior», o «Si los froto, ¿me pueden dar los deseos que les pida?»

Y en esta semana otro «caradura» que también se ha apuntado y subasta un espíritu maligno en otra botella con liquido rojizo.

Ya había otro precedente de ventas de fantasmas embotellados por la Red, en este caso de Florida. Un tal John Deese, asociado a un «cazafantasmas profesional», nos vende en esta dirección fantasmas embotellados con su certificado de autenticidad, que no requieren mantenimiento alguno (de vez en cuando quitar el polvo), a unos quince euros. Eso sí, es desaconsejable abrir la botella bajo tu propio riesgo, la empresa no se hace responsable. Y te advierte que se han producido fenómenos extraños después de su apertura. Al abrirse se puede tener experiencias como: oír voces que salen de la nada o quejidos y gemidos misteriosos, puertas que se abren y cierran solas, como luces que se apagan y encienden o grifos que se abren sin que nadie este cerca, tener la sensación de que alguien te observa o cuando duermas seas destapado de repente, desaparezcan cosas, etc. En fin, cosas que a todos nos pasan.

Unos perfectos estafadores. Y, lo peor, es la gente que se lo cree y hasta lo paga. ¿Tal vez Iker Jiménez, entre ellos?

jueves, 9 de abril de 2009

¿Por qué nos volvimos religiosos?

Por Marvin Harris

No se puede concebir la vida social humana sin las creencias y valores íntimos que, por lo menos a corto plazo, impulsan nuestras relaciones con otros hombres y con la naturaleza. Permítanme, por lo tanto, interrumpir la historia de la evolución política y económica para abordar determinadas cuestiones relativas a nuestras creencias y a nuestros comportamientos religiosos.

Cabe preguntarse, en primer lugar, si existe algún precedente de religión en especies no humanas. Sólo puede responderse afirmativamente a esta pregunta si se admite una definición de religión lo suficientemente amplia como para dar cabida a las reacciones «supersticiosas». Los psicólogos conductistas llevan tiempo familiarizados con el hecho de que los animales pueden tener reacciones erróneamente asociadas a recompensas. Imaginemos, por ejemplo, una paloma encerrada en una jaula que recibe su alimento a intervalos irregulares por medio de un dispositivo mecánico. Si casualmente la recompensa llega mientras el ave está escarbando, escarbará más deprisa. Si la recompensa llega cuando el ave está batiendo las alas, seguirá batiéndolas como si con ello pudiera controlar el dispositivo de alimentación: Pueden observarse supersticiones análogas en el hombre, como los pequeños rituales de tocarse la gorra, escupir o frotarse las manos, a los que se entregan los jugadores de béisbol cuando llega el momento de batear. Ninguno de estos rituales ayuda realmente a acertar, aunque su repetición constante hace que cada vez que el bateador logre dar a la pelota haya ejecutado previamente el ritual. Algunos ejemplos de pequeñas fobias entre los humanos pueden atribuirse también a asociaciones basadas en circunstancias casuales más que condicionales. Conozco el caso de un cirujano cardiovascular que en su quirófano sólo tolera música ligera desde que una vez se le murió un paciente mientras tenía puesta música clásica.

La superstición plantea el problema de la casualidad. ¿En qué manera exactamente se influyen entre sí las actividades y los objetos conectados en las creencias supersticiosas? Una respuesta razonable, aunque evasiva, sería afirmar que la actividad u objeto causal posee una fuerza o un poder inherente para producir los efectos observados. Si se abstrae y generaliza, dicho poder o fuerza puede explicar muchos acaecimientos extraordinarios y los éxitos y fracasos en la vida. En Melanesia lo llaman mana. Los anzuelos que capturan grandes peces, las herramientas que realizan tallas complicadas, las canoas que navegan seguras en medio de temporales o los guerreros que matan muchos enemigos tienen, todos ellos, gran concentración de mana. En las culturas de Occidente se asemejan mucho a la idea de mana los conceptos de suerte y carisma. Una herradura posee una concentración de fuerza que trae buena suerte. Un dirigente carismático es poseedor de grandes poderes de persuasión.

¿Son realmente conceptos religiosos las supersticiones, el mana, la suerte y el carisma? A mi juicio, no, porque si definimos la religión como una creencia en fuerzas y poderes internos, nos será muy difícil distinguir entre religión y física. Después de todo, también la gravedad y la electricidad son fuerzas asociadas a efectos susceptibles de observación. Si bien es verdad que los físicos saben mucho más de gravedad que de mana, no pueden pretender que conocen perfectamente cómo la gravedad opera sus efectos. Y, además, ¿no se podría argumentar que las supersticiones, el mana, la suerte y el carisma no son sino teorías de causalidad en las que intervienen fuerzas y poderes físicos de los cuales seguimos teniendo un conocimiento incompleto?

Cierto, los científicos han analizado más a fondo la gravedad que el mana, pero la diferencia entre una creencia religiosa y una creencia científica no viene marcada por el grado de verificación científica a que se somete una teoría. Si así fuera, cualquier, teoría científica verificada insuficientemente o no verificada en absoluto constituiría una creencia religiosa (al igual que toda teoría científica que hubiera resultado ser falsa cuando los científicos la creían cierta). Algunos astrónomos sostienen que en el centro de cada galaxia existe un agujero negro. ¿Podemos decir que se trata de una creencia religiosa porque otros astrónomos rechazan esta teoría o consideran que no ha sido verificada suficientemente?

Lo que diferencia la religión de la ciencia no es la calidad de la creencia; ocurre más bien, como sir Edward Tylor fue el primero en plantear, que todo lo que hay de netamente religioso en la mente humana tiene su base en el animismo, la creencia de que los hombres comparten el mundo con una población de seres extraordinarios, extracorpóreos, en su mayoría invisibles, que comprende desde las almas y los espíritus hasta los santos y las hadas, los ángeles y querubines, los demonios, genios, diablos y dioses.

Donde quiera que la gente crea en la existencia de uno o más de estos seres, habrá religión. Según Tylor, las creencias animistas están generalizadas en todas las sociedades; después de un siglo de investigación etnológica, está todavía por descubrir una sola excepción a esta teoría. El caso más problemático es el del budismo, que los críticos de Tylor describían como una religión que no creía en dioses ni en almas. Pero fuera de los monasterios budistas el creyente ordinario nunca aceptó las implicaciones ateas de las enseñanzas de Gautama. La corriente principal del budismo, incluso en los monasterios, no tardó en considerar a Buda como deidad suprema que había atravesado reencarnaciones sucesivas y era señor de un panteón de dioses menores y demonios. Y fueron creencias plenamente animistas las diferentes variantes del budismo que se extendieron desde la India hasta el Tibet, el sudeste asiático, la China y el Japón.

¿Por qué es universal el animismo? Tylor estudió la cuestión con detenimiento y pensaba que una creencia que volvía a aparecer una y otra vez en momentos y lugares diferentes no podía ser el producto de una mera fantasía. Por el contrario, debía fundamentarse en hechos y experiencias de carácter igualmente recurrente y universal. ¿Cuáles eran dichas experiencias? Tylor señalaba los sueños y trances, las visiones y sombras, los reflejos y la muerte. Durante los sueños el cuerpo permanece en la cama y, sin embargo, otra parte de nosotros se levanta, habla con la gente y viaja a tierras lejanas. Los trances y las visiones provocados por las drogas constituyen, asimismo, una prueba clara de la existencia de otro yo, distinto y separado del cuerpo. Las sombras y las imágenes reflejadas en el agua tranquila apuntan a la misma conclusión, incluso en plena vigilia. La idea de un ser interior, un alma, da sentido a todo lo anterior. Es el alma la que se aleja mientras dormimos, permanece en las sombras y nos devuelve la mirada desde el fondo del estanque. Y, sobre todo, el alma explica el misterio de la muerte: un cuerpo sin vida es un cuerpo privado de su alma para siempre.

Señalaré, de paso, que no hay nada en el concepto del alma que nos obligue a creer que cada persona tiene sólo una. Los antiguos egipcios poseían dos, como muchas sociedades del África occidental, donde la identidad del individuo viene determinada tanto por los antepasados paternos como por los maternos. Los jíbaros del Ecuador tienen tres almas. La primera, mekas, da vida al cuerpo. La segunda, arutam, sólo puede percibirse en una visión provocada por las drogas en una catarata sagrada y confiere a su poseedor bravura e inmunidad en la batalla. La tercera, musiak, toma forma en el interior de un guerrero agonizante e intenta vengar su muerte. Los habitantes de Dahomey dicen que las mujeres tienen tres almas y los hombres cuatro. Ambos sexos tiene un alma de los antepasados, un alma personal y un alma «mawn». El alma de los antepasados protege su vida, el alma «mawn» es una porción del dios creador, Mawn, y proporciona guía divina. La cuarta, exclusivamente masculina, conduce a los varones a posiciones de mando en sus hogares y linajes. Pero los que parecen llevarse la palma de la pluralidad de almas son los fang de Gabón. Tienen siete: la del cerebro, la del corazón, la del nombre, la de la fuerza vital, la del cuerpo, la de las sombras y la del espíritu.

¿Por qué los occidentales tienen una sola alma? No conozco la respuesta; quizá no existe respuesta a esta pregunta. Acaso muchos aspectos de las creencias y prácticas religiosas sean consecuencia de hechos históricos específicos y de decisiones individuales tomadas una sola vez y en una sola cultura, sin que ofrezcan ventajas o inconvenientes apreciables en cuanto a su rentabilidad. Mientras que la creencia en el alma se inscribe en los principios generales de la selección cultural, la creencia en una sola alma y no en dos o más no obedece necesariamente a esos principios. Pero no nos precipitemos en encasillar cualquier rasgo insólito de la vida humana como algo ajeno a la razón práctica. ¿No nos ha enseñado la experiencia que seguir investigando puede proporcionarnos a menudo respuestas que antaño parecían inalcanzables?

Nuestra especie. Alianza Editorial, 1989.

lunes, 6 de octubre de 2008

Las antenas de telefonía móvil

En los últimos años se viene observando en España —más que en otros países de nuestro entorno— una preocupación por los posibles efectos patógenos de las antenas de telefonía móvil que raya en la histeria colectiva. Sin embargo, los principios científicos lo tienen claro: una radiación sólo puede tener tales efectos cuando interacciona con las moléculas de los seres vivos. Y la interacción de las ondas de radiación con las moléculas está perfectamente estudiada. Desde Max Planck, se sabe que hay una energía asociada a cada tipo de radiación. La energía de una radiación es directamente proporcional a su frecuencia. Y la frecuencia de las radiaciones que utilizan los teléfonos móviles es tan baja que su energía no puede modificar en absoluto nuestras moléculas. Sin alteración de las moléculas, no hay enfermedad.

Se argumentará que Planck podía estar equivocado. Pero es que las contribuciones de este científico constituyen parte de lo más básico de la ciencia del siglo XX. Si el trabajo de Planck es incorrecto, casi toda la física del siglo pasado se derrumba. Y, si casi toda la física estaba mal, ¿cómo hemos conseguido fabricar telefonos móviles?, por no hablar de poner un hombre en la Luna.

Frente a datos científicos de solidez extrema, se oponen argumentos subjetivos («parece que el niño duerme mal desde que pusieron la antena») o vagos («me han asegurado que...»). Pero lo cierto es que, tras numerosísimos y detallados estudios médicos y epidemiológicos, no se ha conseguido encontrar una correlación entre exposición a antenas de telefonía móvil y enfermedad. No podía ser de otra manera, cuando la vida en el planeta Tierra comenzó, y se ha perpetuado durante 4.000 millones de años, rodeada de radiaciones electromagnéticas de la misma naturaleza de las que ahora generan los teléfonos móviles. También aquí se ponen de manifiesto las limitaciones del método científico cuando los ciudadanos exigen que la ciencia demuestre que estas radiaciones no conllevan ningún riesgo para la salud. Como hemos visto antes, una de las limitaciones inherentes al método científico es que no puede demostrar algo negativo, como la ausencia de riesgo. Como mucho puede indicar, e incluso medir, la probabilidad (en este caso absolutamente despreciable) de que un riesgo se haga realidad. Lo irónico de esta situación es que, en paralelo a la histeria colectiva frente a las antenas de telefonía móvil, proliferan por doquier las instalaciones de rayos ultravioleta con fines estéticos, cuando las radiaciones ultravioleta son, según los mismos principios físicos de Planck y la amplia evidencia experimental, potentes mutágenos y cancerígenos.

Juan Ignacio Pérez Iglesias/Felix M. Goñi,
«Las actitudes anticientíficas y las sociedades abiertas».

viernes, 1 de agosto de 2008

¿Gato negro, mala suerte?

Uno de mis experimentos favoritos fue realizado por un estudiante universitario estadounidense llamado Mark Levin. Levin y sus amigos se dispusieron a comprobar la creencia popular de que si un gato negro se cruza en tu camino te trae mala suerte. Primero les pidieron a sus voluntarios que comprobasen su fortuna mediante un simple juego de ordenador en el que debían adivinar si una moneda caería de cara o de cruz. En el siguiente paso, experimentados entrenadores de gatos se ocupaban de que un gato negro se cruzara en el camino de estas personas mientras caminaban a través de un largo corredor. Finalmente, todos los participantes participaban una vez más en el juego de la moneda para valorar nuevamente su buena fortuna. Después de muchas monedas arrojadas al aire y cruces de gatos, los resultados demostraron que el gato negro no tenía absolutamente ningún efecto. Para asegurarse de que no habían dejado ningún detalle librado al azar, los investigadores repitieron la experiencia con un gato blanco y nuevamente los resultados fueron nulos. Levin finalizó su artículo haciendo notar que los críticos de su experimento pueden afirmar que la mala fortuna relacionada con un gato negro se manifiesta solamente en situaciones de la vida real y no en experimentos realizados con juegos de ordenador, pero refuta la idea diciendo: «Poseo una gata negra, y a pesar de que se cruza en mi camino cientos de veces, no noto ninguna degradación en mis estudios ni en mi vida social».

Richard Wiseman
Rarología.

martes, 12 de junio de 2007

Creacionistas y Teoría de la Evolución

Documental sobre la Teoría de la Evolución y los nuevos engañabobos creacionistas.








Puestos a creer en diseños inteligentes, prefiero creer en el Monstruo de Espagueti Volador o Flying Spaghetti Monster, al menos esta explicación es bastante más divertida que la de los integristas cristianos.