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miércoles, 30 de noviembre de 2022

Ciencia ciudadana, la nueva revolución científica

EL VIEJO TOPO

Si los siglos XIX y XX fueron los siglos de la física y la biología, lo que llevamos de siglo XXI destaca por ser el siglo de los datos.

Como si de petróleo, silicio o acero se tratara, hoy en día, los datos se han convertido en una «materia prima» de gran utilidad y muy alta demanda. Los datos se recopilan y almacenan de forma masiva para generar grandes bases de información. Estas son empleadas por numerosas compañías para elaborar complejos modelos descriptivos y predictivos que sirven para conocer los intereses de la población, y así, ajustar sus modelos de negocio a la demanda de productos, servicios e incluso de preferencias políticas.

La recopilación masiva de grandes cantidades de datos o Big Data ha supuesto, por ende, una revolución a la hora de entender el funcionamiento de la sociedad, siendo posible gracias al auge en las últimas décadas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación —conocidas como TIC’s—. Dentro de las TIC’s destaca un elemento sobre todos los demás: el smartphone o teléfono inteligente. En los países desarrollados, prácticamente la totalidad de la población cuenta las veinticuatro horas del día con uno de estos dispositivos en su bolsillo, que es, en esencia, un recolector de datos; lo que convierte a cada ciudadano, sin darse cuenta, en una valiosísima fuente de información.

Sin embargo, la recopilación masiva de datos a través de teléfonos inteligentes no solo ha cambiado ámbitos como el marketing, la ingeniería social o el desarrollo de productos, sino también el de la ciencia.

Desde hace al menos veinte años, y de una forma mucho más evidente desde la aparición del teléfono inteligente, se ha implantado una tendencia a nivel mundial dentro del ámbito científico conocida como Ciencia Ciudadana. Esta, no es más que un nuevo tipo de producción científica, mucho más democrática, ya que hace partícipe de forma consciente y voluntaria a una gran red tejida por ciudadanos repartidos por todo el globo. Lo que consigue que, cualquier persona, independientemente de su estatus social o lugar de procedencia, pueda poner a disposición de la comunidad científica su inteligencia o sus recursos tecnológicos.

La Ciencia Ciudadana podría considerarse una nueva revolución científica, y es que la participación de la sociedad civil en la recolección, verificación, análisis e intercambio de datos hace posible que la ciencia adquiera unas dimensiones e interconexiones globales nunca antes vistas.

Hace menos de un siglo que la imagen del científico ermitaño —casi loco—, embutido en su bata blanca y absorto en sus experimentos en un frío laboratorio quedó atrás. La ciencia ha derivado, por complejidad, en grupos de investigación amplios, en ocasiones repartidos por varios países y conformados por personal multidisciplinar. Sin embargo, faltaba algo. La ciencia seguía siendo inaccesible para aquellas personas ajenas al mundo académico, por lo que en la recolección y tratamiento de datos estas quedaban excluidas.

En la actualidad, esto está cambiando. Con la Ciencia Ciudadana la democratización de la ciencia ha dado un gran paso adelante. Ahora, cualquier persona puede participar en la larga cadena de generación de conocimiento, lo que ha puesto en evidencia —con sus sombras— las numerosas ventajas que ello conlleva.

Por un lado, si, por ejemplo, un grupo de investigación quisiera conocer la distribución de una avispa invasora con una picadura de alta letalidad a lo largo de un continente, y otro distinto, los niveles de contaminación sonora de varias ciudades europeas, ambos grupos se enfrentarían a un grave problema: el esfuerzo de muestreo. El esfuerzo de muestreo no es más que la cantidad de tiempo, material y personal humano necesario para la toma de un número de datos suficientemente representativo de la realidad, que permita llegar a unas conclusiones fiables. Estos supuestos grupos de investigación tendrían que dedicar gran parte de su tiempo y presupuesto a desplazamientos, colocación de trampas y dispositivos de medición. Todo esto, además de ser en muchos casos inviable desde un punto de vista económico, retrasaría la obtención de datos, su interpretación y la toma de decisiones. Quizá, en el caso de la investigación sobre la contaminación sonora, la rapidez no sería el factor fundamental, sino elaborar un plan de gestión individualizado que se adecue a las necesidades de cada ciudad; pero en el caso de la distribución de la avispa invasora sí. Conocer con celeridad sus zonas de expansión y la velocidad con la que esta se produce, podría ser clave a la hora de elaborar una estrategia de erradicación antes de que la invasión sea imparable —como lo es en la mayoría de los casos.

Sin Ciencia Ciudadana, tanto la elaboración del plan de erradicación como el de gestión sonora sería muy costoso y, probablemente, inviable. En cambio, disponer de una red de ciudadanos con acceso a un teléfono inteligente que cuente con cámara fotográfica, GPS y grabadora de audio, cambia las cosas. Ahora, ambos grupos de investigación, tras elaborar un sencillo protocolo de identificación y obtención de datos, dispondrían de un ejército de ciudadanos interesados en los proyectos, fotografiando y geolocalizando los nidos de la fatal avispa o grabando el ruido del tráfico antes de entrar al supermercado. De esta forma, quedaría a disposición de los científicos una cantidad masiva de datos de forma rápida y fiable, pudiendo dedicar sus esfuerzos a la tarea de discriminación, análisis, publicación de los datos y toma de decisiones.

Estos casos, expuestos a modo de ejemplo, ya se están realizando hoy en día. El Fondo de Información Global sobre Biodiversidad o GBIF (www.gbif.org) reúne actualmente más de dos billones de registros biológicos —sobre cualquier grupo taxonómico— utilizados en casi ocho mil artículos científicos, donde más del 50% de los datos procede de la localización e identificación de especies biológicas a través de la Ciencia Ciudadana. Del mismo modo, la plataforma NoiseTube (www.noisetube.net) lleva desde 2008 monitoreando y elaborando mapas de la contaminación sonora en diferentes ciudades a nivel mundial, empleando los datos recopilados por los ciudadanos usuarios de la aplicación.

Por otro lado, la participación de la sociedad en la ciencia a través de la Ciencia Ciudadana no solo no queda limitada a la obtención de datos, sino que también está permitiendo ampliar el poder computacional de los grupos de investigación.

Si a un científico informático de mediados de los años ochenta le enseñáramos el nivel tecnológico alcanzado en los computadores actuales, no podría hacer otra cosa que deleitarse con la enorme cantidad de tareas de complejos cálculos para las que podría emplearse en aras del progreso. Sin embargo, la realidad hoy en día es que la mayoría de los computadores de uso personal, aun portando procesadores y tarjetas gráficas de muy alto rendimiento, son usados para tareas de bajos requerimientos como la visualización de películas o la lectura de libros y prensa electrónica; o tareas de altos requerimientos, pero de carácter lúdico, como los videojuegos. Estando estos computadores la mayor parte del tiempo apagados, sirviendo, fundamentalmente, como recogedores de polvo o adornos de estilizados ángulos sobre el escritorio.

Pero la realidad es que la Ciencia Ciudadana está cambiando este escenario. Ahora, se puede «donar» altruistamente la potencia de cálculo que no se usa para convertir el computador personal en una herramienta útil para la ciencia. Es decir, no se contribuye con datos, pero sí con recursos tecnológicos. Y es que a través de plataformas como BOINC (https://boinc.berkeley.edu), se pueden encontrar proyectos científicos de gran relevancia necesitados de poder computacional.

Uno de estos proyectos, aunque ya finalizado en 2020, fue el proyecto SETI de la Universidad de Berkeley, que empleaba radiotelescopios de gran potencia para la búsqueda de mensajes extraterrestres entre el ruido de fondo galáctico. La cantidad de datos registrada por los radiotelescopios fue tan enorme que, incluso empleando los potentes servidores de la universidad, se habrían tardado millones de años en procesar. No obstante, mediante la donación del poder de cálculo de 5 millones de voluntarios repartidos a lo largo de 200 países, se pudieron procesar cerca de 19.000 millones de horas de computación; lo que resulta, cuanto menos, inaudito. El proyecto se abandonó por la falta de resultados, pero quizás su logro más importante fue demostrar que la participación ciudadana permitió crear, a través de la interconexión de millones de computadores personales ajenos al proyecto, el segundo supercomputador más potente de la historia.

Otro ejemplo pionero en el uso de la supercomputación altruista por voluntarios es el proyecto GPUGRID (www.gpugrid.net), de la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona). En este proyecto se emplea el procesamiento de las tarjetas gráficas de los usuarios para simular potenciales interacciones entre biomoléculas, lo que permite conocer el comportamiento de nuevos fármacos «virtuales» contra enfermedades nerviosas, el cáncer o el SIDA/VIH. Sin la participación de voluntarios sería necesario disponer de un ejército de científicos —o un supercomputador que la universidad no puede costear— probando la casi infinita gama de posibles biomoléculas, hasta esperar encontrar una sola que obtenga resultados prometedores. Por lo que cabe imaginar que, sin la computación en red, esta tarea sería una utopía, ya sea tanto desde el punto de vista técnico como económico. Pero gracias al supercomputador creado por los usuarios, la utopía se convierte en realidad. Y es que tal y como expresan los fundadores de esta iniciativa «se necesitan pequeñas contribuciones para grandes causas».

Estos son solo unos pocos ejemplos del enorme esfuerzo que se está produciendo, tanto en el ámbito científico como en el social, para crear una ciencia más cercana, participativa y democrática, que involucre potencialmente a todas aquellas personas que, directa o indirectamente, se benefician del progreso de la ciencia y la técnica.

Quizá, y aunque se haya establecido como una tendencia dentro de la sociedad en los últimos veinte años, la Ciencia Ciudadana no ha tenido la repercusión que merece. Ya no por falta de interés por parte de la ciudadanía, sino por el propio desconocimiento de su existencia. Desde los medios de comunicación y las instituciones se deberían poner en valor estas iniciativas, brindando la repercusión mediática que se merecen, pues todos, de una manera u otra, acabaremos disfrutando de sus hallazgos.

Tras cientos de años de actividad científica, por fin, la sociedad puede verse involucrada en todas sus fases. Hace algunas décadas todo esto habría sido quimérico, pero ahora es ya una realidad, debiendo ser también un derecho y, en muchos casos, un deber. Y es que, si el fin último de la ciencia es proveer a la sociedad de conocimiento y una mejor calidad de vida, ¿por qué no debería ser la propia sociedad un actor clave a lo largo de todas las fases del proceso científico? Si esta nueva revolución científica terminara por imponerse, junto con sus luces y sombras, de seguro viviríamos en un mundo mejor, más justo y más científico.

sábado, 7 de julio de 2018

¿Será España una democracia?


Por JEAN ORTIZ

Ya no me acuerdo de quien dijo un día algo así: en España se puede ser demócrata (de pandereta, añado yo) sin haber sido antifascista, sin haber roto con el franquismo.

Es difícil hablar de democracia a propósito de un país que no hace del antifascismo un referente de su identidad, tras largos años de crímenes fascistas masivos, un país que deja tirados en las fosas comunes, en las cunetas, a unos 130.000 republicanos antifascistas (entre 114.000 y 150.000 según las fuentes), fusilados por los franquistas. España es el segundo país en el mundo, después de Camboya, donde más hubo (y quedan), cantidad de «desaparecidos», asesinados y amontonados en fosas: 1.850 fosas localizadas en el primer «mapa de fosas». (Para «comparar»: Chile tiene unos 3.000 «desaparecidos»).

Es difícil hablar de «democracia» a propósito de un país donde el pasado ha sido y sigue siendo, de alguna manera, casi ocultado, enterrado, sin asumir, un país donde el franquismo («centinela de Occidente») sociológico, ideológico, impregna todavía amplios sectores de la sociedad, un país donde el olvido del pasado ha sido una estrategia política impuesta por las clases dominantes. El franquismo sigue, 80 años después del golpe cívico-militar de julio del 36, globalmente impune. El fascismo español no ha sido juzgado, ni como tal, como régimen, ni a través de sus verdugos. Esa exigencia callada (la impunidad para el franquismo), entraba en el famoso «pacto» (consensuado) de «la Transición», en los anos 1977-78, tras la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975... «Pacto del silencio y del olvido».

España es un país donde un juez prestigioso y pertinente, eficaz, independiente: el juez Baltazar Garzón, ha sido condenado a muerte profesional, sometido a juicio y obligado a dimitir, por querer investigar la feroz dictadura franquista (sus crímenes de toda clase), sus jefes (ninguno ha sido juzgado). El diario El País del 15 de mayo del 2010, lleva en su primera plana, el titular: «Garzón cae por querer investigar el franquismo».

Los verdugos han muerto en sus camas, o pasean todavía libres, pese a sus crímenes de lesa-humanidad, (crímenes que no prescriben). España es un país donde un alto dirigente socialista, exjefe del Gobierno de «alternancia» de octubre de 1982, Felipe González, (que alecciona al mundo entero sobre «derechos humanos») se jacta de haberlos violados. González confesó al diario El País el 20 de abril del 2001: «nosotros decidimos no hablar del pasado»; es decir explícitamente: no tocar al franquismo y a su heredera, la monarquía, ilegítima. Desde la Iglesia hasta sectores de la «izquierda moderada», muchos falsos demócratas siguen cacareando sin fin, cínicamente, las mismas mentiras, y nos contestan, cuando exigimos «justicia»: «no se pueden reabrir las heridas del pasado»… ¡Heridas que nunca antes fueron cerradas, y un pasado que no pasa! El revisionismo es tan peligroso como el olvido. Hoy en día, el riesgo principal, en la «batalla de la memoria», me parece ser la «re-escritura», neo-conservadora, de la historia de la República, de la Guerra de España, del franquismo, de las Resistencias… criminalizando a los Republicanos, a los combatientes por la República, a los guerrilleros, presentándoles como «agentes del comunismo internacional», «títeres de la KGB», como si el antifascismo fuese una manipulación de Moscú…

En España, poco a poco, desde hace unos diez años, gracias al trabajo militante de las «asociaciones de memoria» (ARMH, Foro de la memoria, Federación de los foros, etc.), de las asociaciones de víctimas, y a las investigaciones de historiadores «progres», se está recuperando paulatinamente la memoria republicana (de la Segunda República proclamada el 14 de abril de 1931). Ahora se puede hablar e incluso reivindicar la República, la «Tercera», que sea más social, más anticapitalista que la de 1931, exigir un referéndum entre monarquía y República, como lo proponen los comunistas, los militantes de Izquierda Unida, los de Podemos, algunos sectores minoritarios del PSOE, la izquierda radical, los anarquistas, los movimientos sociales de maestros, de jornaleros del campo, el sindicato andaluz de trabajadores (SAT), de enfermeras, de «sin techo», de desahuciados… Los partidos del sistema, ellos, niegan y se oponen a la necesidad de una democracia completa, en un país que sea múltiple.

La derecha cavernícola y la mayor parte de los dirigentes «socialistas», adheridos al social-liberalismo, rechazan la perspectiva constituyente y se aferran todavía a un modelo caducado de «transición modélica», de colaboración de clases…

Hoy en día, se ve la bandera tricolor republicana en la mayoría de los actos militantes. Van hablando «los silencios de la historia», que fue hasta hace poco historia oficial, la de los «vencedores»de la «Cruzada», y van rellenándose los huecos del olvido pactado.

Estamos rompiendo el cerco de la desmemoria. Fundamentalmente por el compromiso de los militantes de la memoria, en España, apoyados por un fuerte movimiento memorial al otro lado del Pirineo, en Francia. En los dos países, las clases dominantes temen que esos movimientos «memorialistas» enlacen con, (o se vuelvan) los movimientos sociales. Frente al auge del «retorno republicano», como lo escribí en el libro Espagne, la République est de retour, los dos grandes partidos, ex-pilares del sistema, los socialistas (PSOE) y la derecha neo-franquista (el Partido Popular, apoyado por «Ciudadanos»), se niegan a cualquier referéndum sobre la monarquía y la autodeterminación de los pueblos de España. Rechazan la propuesta democrática, que va creciendo, de un proceso constituyente para institucionalizar lo que España es: una «nación de naciones», y avanzar hacia una «federación» o «confederación» (para otros), acabar con la España al revés, «una», uni-nacional, para derogar la Constitución de 1978, bastante continuista y democrática solo en apariencia. El Ejército es presentado como «garante de la unidad de España», un país, según la Constitución, «no confesional”», pero no definido como «laico». Bajo el seudo-referéndum de 1978 sobre la Constitución, iba pareja la transformación de España en una monarquía parlamentaria. Pero no fue eso —monarquía o república— lo que se le preguntó a los españoles. Para la mayoría del pueblo (y ahí radicaba el engaño), votar «sí» a la Constitución no era asumir la monarquía.

La crisis, el fracaso del «modelo de la transición pactada», de un proceso supervisado en la primavera de 1977 por Estados Unidos y la Internacional Socialista (Vernon Walters, H. Smith, W. Brandt, H. Kissinger) trastoca todos los papeles. En realidad, la «transición modélica» resulta pura leyenda, puro mito, pura falacia y montaje politiquero. El franquismo se recicló muy rápidamente en «monarquía parlamentaria», en «democracia». Como dicen algunos españoles «rojos»: muchos franquistas se acostaron «fachas» y despertaron demócratas.

El golpe militar del 18 de julio del 1936 y la larguísima dictadura franquista no fueron ni un «pronunciamiento» de los habituales ni una «dictadura» como otras. El destacado historiador anglosajón Paul Preston habla de «holocausto» premeditado, planificado. Los vencedores lo querían irreversible para aplastar definitivamente a las clases populares. «Holocausto» según Preston para caracterizar el terror y la represión franquista, y ese miedo que no acaba nunca, que se trasmite de generación en generación. Desde el principio, Franco, como Mola, Queipo de Llano, planteaban la necesidad de «depurar», de «limpiar» a España del «gen» de la revolución, del marxismo, del anarquismo… Entrevistado el 27 de julio de 1936 en Tetuán, por el periodista Jay Allen, Franco declaraba querer «salvar a España del marxismo a cualquier precio». No se trataba sólo de ganar la guerra sino de paralizar al pueblo por el terror. Los golpistas concebían la guerra como una guerra de exterminio. En agosto del 1936, en Badajoz, mataron a más de 10.000 personas; la plaza de toros se tiñó de sangre. La «columna de la muerte» arrasó a pueblos enteros. Un terror estimulado desde arriba, desde la dirigencia; llamamientos repetidos a violar (una terrible violencia de género), a matar, a «depurar»...

En septiembre de 2013 («Cadena Ser», 30 de septiembre), una vez más, la ONU exigió a España que acabase con la Ley de Amnistía del 15 de octubre de 1977, en realidad ley de auto-amnistía, de impunidad, ley finalmente de «punto final» (la expresión es latinoamericana). El artículo 2 de la ley da la tónica: se amnistía al personal del régimen por los delitos cometidos, en el ejercicio de sus funciones, contra los derechos de las personas...

Con la Ley de Responsabilidades políticas de 1939, a cada apresado, a cada condenado republicano, se le incauta los bienes; se los roban los terratenientes, los vecinos, los bancos… El articulo 10 de la ley dice: «En toda condena se impondrá, necesariamente, sanción económica». Queda por escribir la historia de la espantosa represión económica contra las familias republicanas, el gran saqueo a cargo de las autoridades, así como de las familias afines al régimen… El incalculable botín franquista… Y ni una palabra acerca de una necesaria «reparación», de la devolución de los bienes incautados (propiedades, cuentas bancarias…), como sería lo normal jurídica y moralmente. Ni se menta tal posibilidad…


En Andalucía existen oficialmente 61.958 expedientes de incautación de bienes (cifra infravalorada por el miedo a denunciar) a los represaliados, despojados de lo poco que tenían. En esa misma Andalucía, entre 1936 y 1945, hubo 57.801 fusilados (49.718 republicanos y 8.083 franquistas). El tema del equiparamiento del terror, de «los dos campos», el dogma mentiroso del «todos culpables», tan querido y cacareado por los «demócratas naftalina», se revela una verdadera farsa, una manipulación asquerosa.

No se puede equiparar el terror republicano espontáneo, que duró las primeras semanas, y el terror fascista planificado, promovido por las autoridades, en forma de revancha de clase, y que se prolongó hasta los años setenta. Cuando se investiga, se profundiza la represión, como lo hicieron los historiadores Tuñón de Lara, Francisco Moreno, Francisco Espinosa, Ángel Viñas, Javier Tusel, Reig Tapia… uno se da cuenta de la falacia del tema del «equilibrio del terror y de la memoria», de la falacia del concepto de «responsabilidad colectiva».

Los socialistas lo han plasmado cuando, el 12 de Octubre (¡día de la «raza»!) del 2004, hicieron desfilar juntos (el «Desfile de la Victoria») a un nazi español de la División Azul, y a un héroe republicano español, que combatió con el general Leclerc, en la 2da. DB, para liberar a Francia. Esta fue parte de «La Nueve» (160 hombres), compuesta principalmente por anarquistas y comunistas españoles, fue la que primero entró en París, participó en los últimos combates, unas horas antes de verse liberada la capital, por una insurrección popular.

Hoy día todavía, a la borbónica familia real, metida en muchos escándalos, se le protege en la medida de todo lo posible. El «caso Garzón», la corrupción estructural, los muchísimos escándalos mayúsculos que afectan a unos y a otros, como el enorme «caso Gurtel», que conciernen y comprometen sobre todo al Partido Popular, no le impidieron ganar las elecciones, ni gobernar el país. «Forrarse» es considerado como algo normal. A la mayoría de los jueces, no les importa un pepino la supeditación de la justicia. La crisis catalana y del «pacto territorial», reflejan con creces esa falta de independencia judicial. El Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional son los que han acabado con el juez Garzón. Como en los «viejos tiempos», hoy día, las cárceles catalanas se han vuelto a llenar de presos políticos «independentistas» (la mayor parte de ellos «ediles»). El «nuevo» rey Felipe VI se ha salido de su papel pronunciando un discurso anticatalán, de inspiración y contenido ultraconservador, brutal, represivo. ¡¡Se han caído las máscaras!! El supuesto «rey de todos los españoles» ha seguido à Rajoy y al PP.

España se ha puesto deliberadamente fuera de la normativa internacional de los derechos humanos, incluso tras adoptar, sin los votos del PP, en el 2007, la nueva ley (ni siquiera se le llama «de memoria» y no lleva una sola vez la palabra «república»). El texto descafeinado fue votado el 31 de diciembre del 2007. Los militantes de la memoria presionaron al gobierno socialista (de Zapatero) para conseguir por fin una verdadera ley de memoria… Tras meses de vacilaciones, de consultas (incluso con los grupos franquistas) el texto, basado en el «equilibrio de la memoria», no satisfizo a nadie. Ni justicia, ni verdad, ni reparación. España no cumple con la legislación internacional en los casos de «desapariciones forzadas» (fosas comunes). 80 años después de la guerra, siguen sin anularse los tribunales militares sumarios, sus juicios sumarísimos y sentencias criminales. Quedan por rehabilitar, entre otros fusilados o «agarrotados», Puig Antich, Julián Grimau, Miguel Hernández, Cristino García, militantes anarquistas supliciados, del FRAP, el presidente catalán Companys…

El entonces jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, el 20 de febrero del 2008, barrió con todas las ayudas estatales a las asociaciones que abren fosas y hacen el trabajo que tuvieran que hacer las autoridades. Exclamó: «ni un euro para las fosas». Al Estado sin embargo le incumbe hacerse cargo de la localización, la exhumación y la identificación de los «desaparecidos» (un ejemplo: dos fosas de más de 2.000 víctimas en los cementerios de Córdoba). Socialistas y «pepistas» ni han cumplido ni cumplen. Los gobiernos sucesivos han evadido sus responsabilidades. Una periodista y novelista francesa, Renée Lafont, fusilada por los franquistas el primero de septiembre del 36, yace olvidada en la fosa común del cementerio cordobés de La Salud… Unos militantes franceses han lanzado, a principios del 2018, una campaña internacional para que los gobiernos francés y español exhuman sus restos, y los trasladen, con los debidos honores, a Francia. ¡¡Ningún gobierno «democrático» ha contestado!!

En la España «democrática», todavía no se ha desfranquizado en profundidad. Quedan decenas de calles con nombres de fascistas…

Y qué decir del único «parque temático fascista» en el mundo: ¡¡el faraónico Valle de los Caídos!! Un mausoleo a la gloria de los «vencedores», un lugar de exaltación al fascismo, construido durante 20 años con el dinero de las arcas públicas; y utilizando el trabajo de 20.000 presos antifascistas, explotados, humillados, maltratados. El Valle, mantenido con los recursos de los contribuyentes, fue y sigue siendo además un gran negocio. En la gigantesca basílica está la tumba del dictador Franco… Al acabar la guerra, España contaba con 400.000 presos republicanos. Una cifra récord. Se fusilaba sin parar pese a (oficialmente) haber «terminado la guerra» el 1 de abril de 1939.


En las (post)dictaduras latinoamericanas, a las que España exportó su «modelo» de transición, se crearon Comisiones de la Verdad… En España, no ha habido comisión alguna, ningún rastro de Comisión Verdad-Justicia-Reparación. La ley de Amnistía de 1977 no permite que se investiguen los crímenes franquistas. Cada intento se enfrenta al rechazo del PSOE, de Ciudadanos y del PP. El desamparo jurídico y político de las víctimas y de sus asociaciones, la falta de apoyo institucional, les obliga a acudir a jueces extranjeros como la jueza María Servini de Cubria, en Argentina.

A ese terrible balance de violaciones de los derechos humanos sin respuesta, cabe añadir el insoportable caso de los niños robados (más de 30.000) a sus familias republicanas, «subversivas», diabolizadas, para entregarlos, en adopción plena, quitándoles nombre y apellido, a familias «cristianas» adictas al franquismo, que les «lavaban el cerebro». Esa «depuración política», promovida y organizada por el franquismo, la Falange y la Iglesia, estribando en decretos, leyes oficiales (entre otros un decreto de noviembre de 1949), se ha vuelto un negocio hasta entrados los años 1990 (una ley de 1987 pretende poner fin a ese crimen de Estado). El Estado español no ha hecho nada para enfocar, tratar de responder a ese crimen de lesa humanidad, buscar y encontrar a esos muertos-vivos. En Argentina, las comisiones han «recuperado» adultos, que fueron «niños robados» por los militares.

Y ni que hablar de la represión económica y de su «reparación» como corresponde en esos casos.

Muchas empresas que ayudaron a Franco, en la construcción del insultante y gigantesco mausoleo del Valle de los Caídos, quedan hoy entre las más importantes del país.

Las que ayudaron a Franco se beneficiaron de concesiones estatales: mano de obra esclava, barata, batallones de presos republicanos ¡¡«rehabilitándose» por el trabajo!! Hoy día, los descendientes de esa oligarquía franquista campean siempre entre los más ricos de España. Es el caso de FECSA (absorbida por ENDESA), de los hermanos March, banqueros del franquismo, de los HUARTE, de los BOTIN, de la ingente constructora ACS, presidida por Florentino Pérez, actual presidente del Real Madrid…

Los Huarte han entrado en el gigante de la construcción OBRASCON HUARTE LAIN, Juan Banus ha sido el caudillo corrupto de Puerto Banus… 43 ministros de Franco fueron dirigentes en el sector bancario. El neo-franquista líder del PP, J.M. Aznar, es nieto de Manuel Aznar Zubigaray, ex director de la agencia de prensa EFE, y después embajador en la ONU… «Son los mismos perros», decía mi tía Pilar, «con collares diferentes».

El 10 de enero de 1939, el ministro republicano de Exteriores, Álvaro del Bayo, en un discurso en la Sociedad de las Naciones, increpaba a las «democracias occidentales» culpables por la capituladora «no intervención», exclamando: «El día vendrá en que se acuerden todos ustedes de nuestros muertos». Las supuestas «democracias occidentales», por intereses de clase, prefirieron, y no siempre solapadamente, el fascismo al Frente Popular. Hoy día, el contexto internacional exige que reevaluemos el antifascismo.

Si España fuese una democracia, lo sería pues muy «incompleta», con muchas carencias, con un montón de cuentas pendientes, con la ausencia de juicio político a la dictadura, con impunidad oficial de los torturadores… No puede haber democracia plena que no esté basada en Verdad-Justicia-Reparación. Un día, el rey Juan Carlos le tiró a Hugo Chávez: «¿Por qué no te callas?». Tras ese balance, poco democrático: ¿Quién debería callarse?

23 junio 2018

jueves, 24 de noviembre de 2016

Las raíces olvidadas de la 'democracia' representativa


Por PEDRO OLALLA

La lucha declarada contra el absolutismo y la pretensión de reemplazarlo por un sistema de gobierno representativo fue la razón de ser de una corriente filosófica que, a finales del siglo XVII, intentó rescatar del olvido las antiguas ideas griegas sobre la esencia política del hombre y sobre la soberanía que emana de la sociedad en su conjunto. Esta actitud, defensora de las libertades individuales frente a los abusos de un poder amparado en su presunto origen divino, recibió el nombre de liberalismo, un nombre sonoro bajo el que, con el tiempo, se han ido cobijando ideas poco afines y contrarias aun a sus principios.

Fue un profesor de griego y de retórica, formado también como médico, quien dio los primeros pasos por esa nueva senda liberal: John Locke. Locke habló de la vida, de la libertad, de la propiedad y de la búsqueda de la felicidad como derechos inalienables de todo ser humano; razonó que el estado salvaje y la ley del más fuerte no garantizan la existencia de tales derechos; explicó que el hombre se agrupa en sociedad y acepta poner límites a su libertad inherente para salvaguardar precisamente esos derechos básicos; y recordó que, si la autoridad creada por una sociedad para garantizar tales derechos fracasa en su misión o atenta contra ellos, desaparece su razón de ser, y dicha sociedad tiene la potestad de retirarle el mismo poder que le confiere. Locke escribió sobre derechos físicos inalienables, sobre un acuerdo tácito esencial entre gobernantes y gobernados, sobre una soberanía compartida por todos, y sobre un parlamento que la exprese y que redacte leyes justas para ser cumplidas igualmente por todos. En esa misma lucha contra el absolutismo y sus prerrogativas tradicionales, otros espíritus abiertos e ilustrados siguieron concibiendo argumentos para reivindicar la participación de la sociedad en la toma de decisiones políticas: Montesquieu, contra el derecho divino y a favor de la división de poderes y de un sistema constitucional de gobierno; Voltaire, contra la intolerancia religiosa y a favor de los derechos civiles; Rousseau, en defensa de la voluntad general, de la soberanía popular y el interés común.

Las ideas de ese primer liberalismo —derechos inherentes, dignidad del individuo, libertad de expresión, libertad de conciencia, igualdad ante la ley, división de poderes, gobierno representativo, constitucionalismo— inspiraron sin duda a los líderes que pusieron en marcha la Independencia de Estados Unidos y la posterior Revolución francesa. Los vencedores de esas revoluciones, y de otras muchas que, a su calor, estallaron después, conciliaron los principios del liberalismo con las aspiraciones de la burguesía emergente y crearon mecanismos de participación política parlamentarios y constitucionales en la línea representativa propia del republicanismo romano; pero no resucitaron la antigua democracia. Pusieron en marcha, eso nadie lo duda, un nuevo y decisivo proceso histórico de conquistas frente al absolutismo y la concentración del poder, y lo hicieron utilizando el nombre —entonces sospechoso y denostado— de la democracia; pero la democracia auténtica —directa, asamblearia, en un continuo referéndum, sin división de poderes, con identificación real entre gobernantes y gobernados, con igualdad política real entre los ciudadanos— no fue recuperada en ese intento, y no lo ha sido aún, dos siglos después de aquellas llamas.



sábado, 5 de marzo de 2016

La democracia real y Pericles


Pericles fue un joven aristócrata que llegó a convertirse en el líder más indiscutible de la democracia. Tucídides, que desde niño lo escuchó desertar aquí en el Ágora y arriba en Las Rocas, dice de él que fue un hombre influyente por su prestigio y por su inteligencia, un hombre de amplias miras, incorruptible ante el dinero y el halago, y que, con su palabra, supo guiar al pueblo libremente oponiéndose incluso a sus pasiones.

El propio Tucídides, y, en cierto modo, Platón y Plutarco, llegaron a afirmar que la influencia de Pericles fue tan profunda que hizo de la democracia de aquellos años el gobierno de un gran ciudadano. Ciertamente, Pericles fue reelegido general año tras año desde el 443 a.C. hasta su temprana muerte, trece años después. Pero fue una elección libre y consciente, revalidada por el pueblo no sólo cada año, sino cada mes, como correspondía a la de todo general. Tampoco fue alcanzado por el ostracismo —el mecanismo purgatorio con que la democracia alejaba de sí a quienes concentraban sobre su persona demasiado poder—, y sí lo fueron, justa o injustamente, Temístocles, Cimón, el intachable Arístides.

Indiscutiblemente, los años de Pericles (443-429) —con la reducción tajante de las competencias del Areópago, la esmerada organización de la flota, la remuneración de los miembros de los tribunales de la Heliea, la portentosa reconstrucción de la Acrópolis y la transferencia definitiva del poder al pueblo— fueron el apogeo de la democracia ateniense. Recapitulemos. Con todas las posibles deficiencias, aquellos hombre crearon y pusieron en práctica una forma de gobierno que hizo posible la participación directa de todos los estratos sociales en la definición del bien común, la implicación individual y responsable en la toma de decisiones que afectan al conjunto, y la salvaguarda de la justicia y de la transparencia en la gestión de lo de todos a través del control colectivo permanente, del ejercicio no profesional de los cargos, y de la revocabilidad y la responsabilización de las personas a quienes se confía por un tiempo la defensa de lo público.

Consiguieron, por primera y única vez, un Estado no distanciado de la sociedad, sino identificado plenamente con ella. En el resto de las sociedades históricas —incluidas nuestras democracias actuales—, el Estado, distanciado, ha ejercido sobre ellas un poder coercitivo, al que los más influyentes consiguen en el fondo sustraerse por mecanismos diversos, y así, sin control efectivo del conjunto de la sociedad, prosperan en su relación con el Estado los grupos de presión y los conspiradores, y la fuerza económica se traduce en fuerza política, y no hay lugar para la isonomía ni la isegoría. La estrategia de la democracia ateniense para aspirar a la justicia fue, sin embargo, tratar de compensar la desigualdad económica con la igualdad política; en nuestras democracias, tristemente, la desigualdad económica se ha convertido en base de la fuerza política.

En aquellos años, los atenienses se dieron a sí mismos la oportunidad insólita —constantemente escamoteada al género humano— de realizarse plenamente como «seres políticos», de conferir sentido a su vida a través de la contribución consciente y sustancial a un destino más justo para la sociedad. Tal vez pueda decirse, con cierta sensación opresiva, que aquellos hombres, en su digno propósito, vivieron demasiado para el Estado; pero cabría preguntarse si nosotros, en nuestra acomodada renuncia, no estaremos viviendo en exceso… para el sistema.

PEDRO OLALLA
Grecia en el aire
(2015)

lunes, 21 de diciembre de 2015

9 reglas de la democracia según Aristóteles


Repasamos algunas de las bases del sistema de gobierno ideado por los atenienses que se fundamentó en el poder del pueblo.


Hace más de dos mil quinientos años que los atenienses establecieron un sistema de gobierno que se sustentaba en el poder del pueblo. Esta invención griega se llamó democracia y vivió sus grandes años dorados de la mano del gobernante Pericles.

Repasamos algunas de las reglas de la práctica democrática que recogió el filósofo Aristóteles en su Política:

1. «Elegir todas las magistraturas entre todos».

2. «Que todos manden sobre cada uno y cada uno, por turno, sobre todos».

3. «Que los cargos públicos se designen por sorteo, todos o los que no requieran experiencia y conocimientos técnicos».

4. «Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público o sólo en casos excepcionales».

5. «Que la misma persona ocupe pocos cargos públicos, con excepción de los relacionados con la guerra».

6. «Que todos los cargos públicos sean de corta duración, o al menos aquellos en los que sea posible».

7. «Que todos los ciudadanos, elegidos entre todos, administren justicia. Y que lo hagan sobre todas las materias o sobre la mayoría y, en cualquier caso, sobre las más importantes y primordiales: la rendición de cuentas, la constitución y los contratos privados».

8. «Que la Asamblea del pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas, o sobre las más importantes. Ningún cargo público tendrá soberanía sobre nada o, en todo caso, sobre asuntos de escasa importancia».

9. «Que ningún cargo público sea vitalicio, y si alguno queda todavía, procedente de alguna costumbre antigua, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo».

Iria Pena

domingo, 16 de agosto de 2015

¿Qué es violencia?

Por PEDRO OLALLA
 
Hoy día, pase lo que pase, lo políticamente correcto es condenar la violencia. Y ya ha quedado claro que la democracia debe repudiar la Violencia y abogar por la Convicción; pero también es importante tener claro que todas las violencias deben ser llamadas por su nombre.

La violencia de reyerta en las calles la condenamos casi todos. Pero hay que condenar también la otra: la ejercida desde el poder a favor de intereses particulares y al amparo de una falaz legitimidad democrática; la de gobiernos que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasean sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo por no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos «representantes» de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana de su Parlamento para ver que, desde hace tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle todo referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados a escondidas en su nombre; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones otro invierno más; la violencia de haber situado ya al 21% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, a la emigración o a la miseria de ser contratado por menos de 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de que, para ver cumplido el derecho fundamental a la vivienda, haya que hipotecarse de por vida con los lobbies de la ingeniería financiera; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación; la violencia de privatizar los beneficios al mismo tiempo que se socializan las pérdidas; la violencia de estar enajenando la riqueza y la soberanía nacional ante la sumisión y el miedo de sus verdaderos dueños. Ésta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas miseria, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven volar una piedra o arder un contenedor de basura.

Puede que la violencia sea siempre violencia, pero los motivos de su utilización no son siempre éticamente iguales, y es importante distinguir si quien la ejerce lo hace para imponer en su provecho la injusticia o para defenderse de ella. Condenar la violencia siempre parecerá políticamente correcto, pero en la democracia hay que tener mucho cuidado con la demagogia.

(2015)

martes, 7 de abril de 2015

Orden y desorden

 

Por HELENO SAÑA

No he podido comprender nunca a los hombres que, por principio, no reconocen otro valor que el de la fuerza, el poder o la autoridad, y que por añadidura se mofan de quienes se guían por otros parámetros axiológicos, calificándoles, en el mejor de los casos, de ilusos y soñadores incorregibles. Por supuesto son enemigos irreconciliables de las teorías y movimientos modernos de liberación, de los que sólo registran su dimensión negativa.

Lo primero que habría que señalar en este contexto es que si hemos dejado atrás desde hace tiempo la era de las cavernas y gozamos de ciertas libertades y ciertos derechos, es precisamente porque hubo siempre individuos y grupos humanos que eligieron un sistema superior de valores y consagraron su vida no a postrarse ante el poder —que es lo más fácil y vulgar—, sino a exigir de él justicia y equidad, que es lo que debería hacer toda persona de condición mínimamente recta. A este tipo excelso de individuos pertenecía Hugo Ball, el cual, superada su fase de bohemia dadaísta, llegó a la conclusión de que la única actitud legítima ante la vida es la e elegir voluntariamente lo que él llamaba 'Ohn-Macht', esto es, el 'sin-poder'. Y si cito a este gran escritor hoy olvidado es porque comparto plenamente su criterio.

Por ello considero que lo reaccionario por antonomasia consiste en adorar el poder por el poder, sin siquiera preguntarse lo que es y representa. Si no es correcto combatir el poder a priori y en abstracto, como ha postulado siempre cierto tipo de antiautoritarismo ultra, tampoco es lícito concederle de antemano patente de corso, como suelen hacer los fanáticos del 'law and order' y del palo y tente tieso. Cuando el poder se convierte en la negación de lo justo, la única opción coherente es la de responder con lo que en la terminología hegeliana se denomina 'negación de la negación'. Frente a los eternos beatos del orden por el orden, hay que recordar siempre, con Carlyle, que también la injusticia es otra forma del desorden.

Si la historia universal ha marchado en aspectos esenciales hacia delante, es porque además del poder establecido ha existido un anti-poder dispuesto a controlarlo y, en caso necesario, derribarlo, sea por medio del Parlamento, las tribunas públicas o la acción de masas. Esta es la dialéctica no sólo de las revoluciones, sino de la democracia burguesa que tenemos hoy. Los fetichistas del 'statu quo' olvidan que fue luchando ferozmente contra el feudalismo y el absolutismo, que la burguesía conquistó el poder que detenta desde hace siglos.

Parecen olvidar también que las propias reglas de juego del sistema político burgués-liberal incluyen a priori el concepto de oposición, sin el cual toda democracia está condenada a momificarse y a convertirse en fuente de corrupción y prepotencia. Y me apresuro a añadir que si el llamado Estado de derecho es cada vez más arbitrario, se debe en gran parte al descenso vertiginoso de la conciencia crítica de la ciudadanía y de las propias clases políticas. Precisamente porque la tendencia congénita del poder es la de desvirtuarse, es necesario controlarlo y mantenerlo a raya. Y eso sólo es posible cuando existen ciudadanos con el suficiente coraje cívico para plantar cara a los que mandan, en vez de arrodillarse ante ellos, como exigen los espíritus retrógrados que cada época y cada país da.

No conozco en todo caso a ningún clásico de la democracia liberal-burguesa que haya omitido señalar, con todo énfasis, que el hombre es por naturaleza libre y que su destino es el de defender a toda costa su libertad. Eso es lo que han dicho John Locke, Rousseau, Kant, Thomas Payne, John Stuart Milll, Henry David Thoreau y demás grandes teóricos modernos de la libertad. Y si saco a relucir estos nombres es porque creo que el 'nuevo orden mundial' implantado y dirigido por Norteamérica se parece cada vez más al desorden al que aludía Carlyle y cada vez menos al modelo político concebido por ellos. Y creo asimismo que la mejor manera de decir que no al presente estado de cosas es la de recordar sus enseñanzas y, apoyados en ellas, luchar contra los mandamases de turno que, por miedo a la libertad, están empeñados en degradar la democracia a una democracia de borregos y para borregos.

La Clave
Nº 52 (12-18 abril 2002)

jueves, 30 de octubre de 2014

El MI5 espió a los historiadores Eric Hobsbawm y Christopher Hill por su ideología marxista


En lugar de hallar pruebas de espionaje, descubrió profundos conflictos doctrinales entre ambos y el Partido Comunista

25 octubre 2014

Los servicios de Inteligencia interior de Reino Unido acumularon cientos de registros sobre las vidas privadas de los historiadores marxistas Eric Hobsbawm y Christopher Hill —dos de los más prominentes historiadores del siglo XX— por sus relaciones con el Partido Comunista, según documentos secretos recogidos por los medios nacionales.

Preocupados por la posibilidad de que tanto Hobsbawm como Hill pudieran ser empleados por la Unión Soviética como punta de lanza para adentrarse en las instituciones de Oxford y Cambridge, donde impartían clases, los agentes del MI5 iniciaron una investigación que, lejos de hallar pruebas de traición, revelaron profundas discrepancias doctrinales entre ambos y el Partido Comunista.

A diferencia de históricos agentes dobles de Moscú como los Cinco de Cambridge, con Kim Philby a la cabeza, tanto Hobsbawm como Hill jamás albergaron intención de entregar a los soviéticos cualquier tipo información confidencial procedente de las prestigiosas instituciones académicas de Reino Unido.

No obstante, la paranoia originada por la existencia de estos agentes impulsó a los servicios de Inteligencia británicos a investigar a ambos historiadores. Más allá de sus declaradas lealtades ideológicas, los dos mantenían estrechas relaciones con el comunismo europeo: Hobsbawm invitó en 1942 a un comunista alemán para aleccionar a las tropas y Hill se había pasado diez meses en Rusia en 1936.

DISCREPANCIAS CON EL PARTIDO

Pero nada más lejos de la realidad. Los documentos —-obtenidos a través de la grabación de conversaciones privadas— muestran en su lugar animadversión que el mercurial temperamento de ambos despertó en algunos sectores del Partido Comunista. Uno de los responsables del partido calificó a Hobsbawm como «un individuo peligroso» y otro le describió como «un cliente bastante escurridizo».

Es más, con el paso del tiempo, tanto Hill como Hobsbawm terminaron expresando su descontento con la evolución del comunismo. Una «autobiografía» de Hobsbawm recogida por el MI5 revela la frustración del investigador con la sección británica del Partido Comunista. «Creo que no he hecho lo suficiente por el partido. Lo mejor que he podido aportar ha sido mi trabajo profesional pero me habría encantado trabajar más junto a la clase obrera», lamentó.

Tanto Hobsbawm como Hill terminaron apartándose de la causa comunista a partir de la brutal represión ordenada por Moscú contra el levantamiento en Hungría de 1956. Un año después, Hill abandonó las filas de la formación y Hobsbawm se declaró «antisoviético».

OTROS ESPIADOS

Hobsbawm y Hill no fueron los únicos en el punto de mira del MI5. También fueron espiados historiadores como AJP Taylor, la escritora Iris Murdoch y la filósofa Mary Warnock, que firmó junto a Hill una carta de apoyo a las protestas contra la bomba nuclear en 1959.

Hobsbawm falleció en 2012 y jamás pudo ver estos documentos secretos, a pesar de que en 2009, año en el que murió Hill, tuvo conocimiento de los mismos y solicitó su acceso, que le fue denegado.

Warnock, que tiene 90 años de edad, se declaró completamente consternada tras conocer la existencia de estos informes. «Me encantaría ver mi archivo, o el de cualquiera que haya sido espiado, para ver qué era exactamente lo que consideraban sospechoso. Estoy completamente asombrada... pero, por otro lado, ligeramente halagada», declaró a The Guardian.

jueves, 29 de mayo de 2014

¡Todo poder condiciona, es despótico!


Por MIJAIL BAKUNIN

La sociedad moderna está de tal modo convencida de esta verdad: que todo poder político, cualquiera que sea su origen y su forma, tiende necesariamente al despotismo, que, en todos los países en que ha podido emanciparse un poco, se apresuró a someter los gobiernos, aun cuando hayan salido de la revolución y de la elección popular, a una vigilancia tan severa como sea posible. Ha puesto la salvación de la libertad en la organización real y seria de la vigilancia ejercida por la opinión y por la voluntad popular sobre los hombres investidos de la fuerza pública. En los países que gozan de gobierno representativo, y Suiza es uno de ellos, la libertad no puede ser real más que cuando es real la vigilancia. Al contrario, si la vigilancia es ficticia, la libertad popular se convierte necesariamente en una pura ficción.

[...]

Quien dice poder político, dice dominación; pero donde la dominación existe debe haber necesariamente una parte más o menos grande de la sociedad que es dominada, y los que son dominados detestan naturalmente a los que los dominan, mientras que los que dominan deben necesariamente reprimir y por consiguiente oprimir a los que están sometidos a su dominación. Tal es la eterna historia del poder político, desde que ha sido establecido en el mundo. Esto es lo que explica también por qué y cómo hombres que han sido los demócratas más rojos, los rebeldes más furibundos, cuando están en la masa de los gobernados, se convierten en conservadores excesivamente moderados cuando han llegado al Poder. Se atribuyen ordinariamente estas palinodias a la traición. Es un error; tienen por causa principal el cambio de perspectiva y de posición; y no olvidemos nunca que las posiciones y las necesidades que imponen son siempre más poderosas que el odio o la mala voluntad de los individuos.


martes, 18 de febrero de 2014

Montajes policiales para una Ley de Seguridad Ciudadana


Shangay Lily
17 febrero 2014

El gobierno del PP pretende justificar la imposición de la contrademocrática Ley de Seguridad Ciudadana a golpe de montajes policiales que den la impresión de un peligro y radicalismo social que no existe. Es la única explicación a la absurda, desmesurada y salvaje agresión que este sábado acometió la Policía Nacional en el Centro Social 13 Rosas del PCE de Alcalá de Henares. Un verdadero asalto con 30 policías que desembocó en 4 heridos ingresados en el hospital y 2 detenidos.

La sucesión de acontecimientos apesta a montaje policial preparado. Primero aparece la Policía Municipal a exigir que se quite la música de una inofensiva fiesta para recaudar fondos en la lucha contra la represión policial. Jesús García, concejal de IU y un activista LGTB ejemplar al que tuve la suerte de conocer en nuestra manifestación contra la homofobia ante la Embajada de Rusia, fue uno de los detenidos. Escuchando su testimonio todo adquiere unos matices surrealistas que sólo son explicables a través de la premeditación y criminalización de los movimientos sociales. Lo que empezó con una orden de quitar la música, tajantemente obedecida por parte del centro social que apagó todo sonido al segundo, rápidamente evolucionó a una provocación. Cuando Jesús, en camiseta, intentó volver a entrar en el centro a coger su DNI para identificarse, se encontró con el pie de la policía que forzó la puerta y entró al centro sin orden judicial. Ante las reiteradas protestas de los activistas que recordaban que sin orden de registro ni autorización no podían entrar, la policía incrementó su violencia y la emprendió a agresiones contra ciudadanos indefensos. En esos momentos aparece un equipo de televisión de La Sexta. ¿Cómo? Evidentemente todo estaba planeado. ¿Cómo se explica si no, por ejemplo, que en el centro social entrase junto a los 30 policías un equipo de televisión de La Sexta a filmar el registro?

Otro detalle preocupante es la casual reunión de la represora Delegada del Gobierno Cristina Cifuentes el fin de semana anterior con los equipos de Alcalá de Henares. ¿Casualidad? ¿Planificación?

El PCE ya ha anunciado que emprenderá acciones legales ante la actuación policial «desproporcionada» en Alcalá de Henares. La violencia creada unilateralmente por la policía es una amenaza en si misma en la que el PP (y el bloque bipartidista en general) ha visto una solución para justificar su criminalización de los movimientos sociales.

Y es que esto de reprimir al pueblo se ha vuelto un negocio muy lucrativo para la derecha gobernante, tanto o más que las multas de aparcamiento. De hecho estos días se ha sabido que El Gobierno recaudó en casi dos años 184.000 euros en multas durante manifestaciones.

No debemos permitir que estos montajes policiales que han dejado a dos ciudadanos ejemplares (Jesús y Elena) con cargos ante una agresión a ellos, se conviertan en la norma. Ya lo vimos con Alfon y tantísimos otros represaliados por manifestarse o protestar.

Mañana [hoy] martes a las 17 horas habrá una concentración frente al Ayuntamiento de Alcalá de Henares contra la represión a la que os animo a asistir. Nos vemos en las calles.

PD: El próximo viernes 21 de febrero a las 18.00h en la Casa de Socorro de Alcalá de Henares (Calle Santiago, nº 13) Legal Alcalá y Asamblea Popular de Alcalá 15M, con la colaboración de Legal Sol y No Somos Delito, organizan la Charla-debate Reforma del Código Penal y Ley de Seguridad Ciudadana en la que se explicarán los puntos más importantes de estos cambios y cómo van a afectar al ciudadano. Después habrá un debate sobre el tema en el que se invita a todas a participar.

viernes, 15 de marzo de 2013

Liberalismo: nuestros clásicos


MANOLO REVUELTA

La plaga del liberalismo que desde hace años asola la vida política de este país y que se ha enquistado en la más diversas ideologías, el opusdeísmo de Segurado, el socialismo de González, el franquismo de Fraga, el catalanismo de Roca, tiene, curiosamente, poca bibliografía a disposición de tanto portador de virus. Poner en circulación las concepciones liberales de nuestros clásicos, de los padres del liberalismo español, comienza a ser una necesidad de higiene social.

Una muestra expresiva de este talante liberal la proporcionaba hace un siglo el propio presidente del Partido Liberal, Don Práxedes Mateo Sagasta, y en el lugar más idóneo, el Palacio de las Cortes de la carrera de san Jerónimo. Un local ya entonces tan in como en los días que corren.

En enero de 1884 Sagasta pronunciaba en las Cortes un importante discurso, pleno de auténtico sabor liberal, sin concesiones fáciles a la galería:


“¿Por qué me opongo yo al sufragio universal? Pues me opongo porque tal como lo entiende la escuela democrática española, que las escuelas de otros países ya lo entienden de otro modo, tal como lo define la Constitución de 1869, tal como se planteó en España en 1870, tal como lo considera la escuela democrática, como ejercicio constante de la soberanía nacional inminente y en perpetua práctica, es una organización armada contra los altos poderes del Estado, es una amenaza constante a todo Poder, y es, por tanto, el enflaquecimiento y la degradación de la Monarquía, que los monárquicos no podemos consentir, como no podemos consentir que ni en poco ni en mucho se niegue la base fundamental de todas nuestras convicciones políticas. Me opongo, además, al sufragio universal, porque tal como lo entiende la escuela democrática sin ponderaciones, sin defensa, sin preparativos, sin grandes medios, es la preponderancia de lo que se llama el cuarto estado sobre los demás, es el dominio de la masa sobre la inteligencia, es la preponderancia de la brutalidad de los números… ¿Qué se quería, pues de mí? ¿Que me hiciera radical? ¿Que entregara mi partido, si eso fuera posible, al radicalismo? ¿Que convirtiera a los liberales en demócratas?”


Archipiélago
CUADERNOS DE CRÍTICA DE LA CULTURA