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miércoles, 10 de abril de 2024

No hay concordia sin memoria. Declaración de historiadores de Castilla y León

Los historiadores, investigadores y profesores de Castilla y León abajo firmantes mostramos públicamente, gracias al ofrecimiento del blog Conversación sobre la Historia, nuestro enérgico rechazo a la proposición de «Ley de Concordia» que plantean los grupos de PP y Vox a las Cortes de Castilla y León por considerar que desvirtúa las políticas de memoria democrática actualmente vigentes y porque se basa en una visión mistificadora de la historia de España en el periodo de 1931 a 1978.

La Junta tramita esta ley derogando su propio decreto de memoria histórica y democrática de 2018 sin justificar los motivos para ese cambio legal más allá de la apelación a una «concordia» que, como tal, no aparece ni en la Constitución ni en el Estatuto de Castilla y León. Pero la lectura de la proposición de ley evidencia un claro propósito de frenar y dar marcha atrás en las políticas de memoria democrática que, con demasiada lentitud, se han ido abriendo paso en España y, más aún, en Castilla y León. La Junta de Castilla y León fue de las últimas comunidades autónomas en legislar sobre estos asuntos y sólo en el período 2019–2022 prestó apoyo y dio participación a las asociaciones y familiares de las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, las cuales, a lo largo de las últimas décadas y muchas veces sin ayuda institucional alguna, han debido hacerse cargo de las exhumaciones (es la comunidad donde más se han hecho), investigaciones y homenajes a las mencionadas víctimas.

Algunas asociaciones memorialistas ya han manifestado su rechazo y el Gobierno va a tomar medidas legales contra la proposición de ley. Por nuestra parte, como investigadores y estudiosos de la historia contemporánea de España, señalamos nuestras discrepancias con la citada proposición de ley, que apela a un supuesto «rigor histórico» y un «criterio científico» que, en nuestra opinión, brillan por su ausencia. Como tampoco los vimos en la reciente declaración de bien de interés cultural de la «Pirámide de los italianos» por parte de la Consejería de Cultura, tratándose de un mausoleo ubicado en el puerto de El Escudo a la memoria de Mussolini y de las tropas italianas que envió para apoyar a los sublevados, en una zona donde aún proliferan otros monumentos, cartelas y símbolos franquistas, a los que la mayoría PP-VOX en las Cortes pretende otorgar la misma protección, apelando a supuestos valores culturales y sin la más mínima contextualización histórica.

1.- Si bien es cierto que, como dice la proposición de ley, no existe un relato totalmente consensuado entre historiadores sobre la II República, no lo es menos que hay un amplio acuerdo en el ámbito académico al considerar que fue un régimen democrático con alternancia política, elecciones libres y amplio catálogo de libertades y derechos ciudadanos. Su normalidad −no exenta de conflictos, como en otros países− se rompió a raíz del golpe militar del 18 de julio de 1936, que originó la Guerra Civil, dio lugar a un baño de sangre y propició la implantación de una dictadura opresiva durante casi cuarenta años. Así que integrar los años de la II República en el mismo periodo de la Guerra civil, la Dictadura franquista y la primera transición, sugiriendo una continuidad homogénea en cuanto a conflictos, persecuciones y violencias, resulta altamente distorsionador de la realidad histórica y supone casi tanto como equiparar democracia y dictadura (palabra que no aparece en el texto de la proposición de ley).

Y no se trata de idealizar la República, a la que tocó compartir con los demás países occidentales una época convulsa, polarizada y de grave crisis económica, sino de asumir que, con todos sus defectos y errores, fue, como expresaba la ley que declaró el 2006 «año de la memoria histórica» en España, «el antecedente más inmediato y la más importante experiencia democrática que podamos contemplar al mirar nuestro pasado».

2.- La investigación histórica, que muchas veces ha debido recurrir a testimonios orales para averiguar la verdad de unos hechos ocultos o tergiversados por la documentación oficial, ha acreditado un total de unas 16.000 víctimas mortales, como mínimo, debidas a la represión franquista en las provincias de Castilla y León, ya fuera por sentencia de consejo de guerra, asesinato extrajudicial o muerte en cárceles o campos de concentración. Un zarpazo represivo tanto más brutal cuanto que la sublevación del llamado «ejército nacional» triunfó en casi toda la región en las primeras horas y no hubo frente de guerra más que en el norte de León, Palencia y Burgos durante el primer año de la contienda. Baste señalar que las cifras de nuestra región fueron unas cuatro veces más que las de Galicia, que también fue retaguardia.

Sin duda obliga el criterio de no discriminación a la hora de reconocer y dar justicia y reparación a todas las víctimas de la violencia política sin discriminación alguna, pero no podemos asumir que a día de hoy las instituciones democráticas españolas no otorguen una atención prioritaria a las víctimas del terror franquista y a sus familiares, puesto que durante décadas, incluso en democracia, fueron desatendidas y ni siquiera pudieron tener en muchos casos el duelo y las honras fúnebres debidas en una sociedad civilizada, mientras que las otras, los llamados «caídos por Dios y por España», recibieron ayudas y atención memorial de las instituciones desde el primer momento.

Esta atención específica a las víctimas de la violencia franquista, que es la médula de las normas estatales y autonómicas hoy vigentes sobre memoria democrática, está ausente en la proposición de ley  que comentamos, en la cual se mezclan indebidamente todo tipo de víctimas desde 1931 a 1978, haciendo incluso una innecesaria referencia a las víctimas del terrorismo posterior (innecesaria no porque no deban tener la misma consideración, sino porque ya gozan de ella desde hace años y existe legislación al respecto). Lo que es una muestra de olvido y desprecio intolerable.

3.- Tampoco nos parece de recibo tratar de evitar la difusión de información «que pueda revelar la identidad de las personas involucradas en el proceso de recuperación, incluyendo las víctimas, sus familiares y cualquier persona que participe en el mismo» (Art. 4.4), lo que es tanto como impedir el conocimiento de los hechos históricos, el derecho a la verdad y la libertad de investigación, sin perjuicio de lo establecido por las leyes para la protección de datos personales.

4.- Consideramos un retroceso respecto del decreto de 2018 que la nueva «Comisión de exhumaciones» establecida en la proposición de ley excluya a las asociaciones de memoria histórica, a la universidad, a las Cortes y otros estamentos, a los que se otorgaba una función consultiva en el decreto de 2018, para hacer depender todas las competencias resolutivas de un organismo integrado exclusivamente por altos funcionarios de la Junta de Castilla y León y dos representantes de los municipios.

Arduo o imposible es lograr la concordia de todos los españoles y españolas, más aún si se intenta mediante «centros de estudio» o leyes quiméricas. La concordia se ejerce más que se legisla sobre ella; de lo contrario resulta una expresión vacía de contenido que de una u otra forma conduce al olvido de las víctimas y de los orígenes de la Dictadura. No tan difícil debería ser consensuar una memoria histórica entre cuantos compartimos los valores democráticos y de convivencia amparados por la Constitución. En todo caso, es un deber moral y una obra de justicia que nos obliga a todos atender las demandas de todas las víctimas de la violencia política, empezando por las de la Guerra Civil y la Dictadura franquista, que son las que más tiempo llevan esperando.

Por todo lo cual, los abajo firmantes exigimos a los grupos de PP y Vox de las Cortes de Castilla y León la retirada de la proposición  de Ley de Concordia.

  FUENTE: https://conversacionsobrehistoria.info/2024/04/03/no-hay-concordia-sin-memoria-declaracion-de-historiadores-de-castilla-y-leon/

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Fachas siempre ha habido


Los doce escaños que ganó Vox en las elecciones andaluzas nos ponen de frente ante el auge de la extrema derecha en España y en Europa.

Por SARAH BABIKER

Fachas siempre ha habido. Solo que antes estaban todos reagrupados en las amplias filas del Partido Popular, disimulados como los viejos trastos, a la espera de que volvieran a ponerse de moda y adquirir valor en el mercado de las ideologías, como esos muebles vintage que de pronto la rompen y se hacen tendencia. Los fachas se nos han costumizado. Hola Vox.

Fachas siempre ha habido, durante mucho tiempo dirigieron el destino del Estado, con principios fachas todos: la hipérbole identitaria sustentada en un relato de conquista, de orgulloso acerbo católico, machista y racista, de apego a fuertes autoridades y tradiciones, anclajes contra la incertidumbre. Nada de eso se fue, quedó encauzado en nuevas reglas del juego, la performance democrática que durante un tiempo suponía lo moderno.

Lo que nos pasa es que se nos han modernizado los fachas más todavía. Y están orgullosos de lo avanzado. Dan cuenta de ello los festivales del orgullo facha que son los mítines de Vox. Se han apropiado de la épica toda, han reclamado para si el capital político del oprimido. Se han erigido en la última resistencia. Son los valientes que se atreven a decir la verdad, aunque duela. Quijotes prestos a batirse con los molinos globalistas. Han generado comunidad, se miran y se dicen: menos mal que hemos despertado, en ti confiamos Santiago, ya no van a atacarnos las feministas, ya no vamos a sentir vergüenza, todo cambia a partir de ahora. No bajaremos la cabeza.

Fachas siempre ha habido pero estos tienen cosas nuevas, traen su relato, tienen su propia internacional, orgullo de pertenecer a algo en ascenso, de estarle apostando al caballo ganador. Tienen ganas de ir a votar, de aplaudir a sus líderes, de reivindicarse en sus puestos de trabajo, en los mercados de los barrios y en los bares. De ir convenciendo a quien haga falta de que por fin hay un camino de dignidad frente al oponente (catalanes, izquierda, feministas) de defensa ante la amenaza (de inmigrantes, musulmanes, veganos, antitaurinos). También tienen pasta. Y si tienen pasta es porque convienen, porque son funcionales a lo que nos tiene reservado el capitalismo.

Fachas siempre ha habido, pero ayer nos dolieron los ojos ante los resultados andaluces, las redes sociales se vistieron de condolencias, los ánimos se impregnaron de derrota. Tenemos miedo, buscamos entre los nuestros culpas y responsabilidades, la deriva de Podemos, el PSOE y su casta andaluza. ¿La trampa de la diversidad? ¿El rencor de clase? ¿La división de la izquierda? ¿El vaciamiento de ideología en los discursos? ¿El vaciamiento de ilusión de las propuestas?

La trampa de buscar culpables: quién no supo convencer, quién defraudó, quién traicionó, quién le abrió las puertas a esta extrema derecha orgullosa y ascendente para que se hiciera la reina del baile. Quizás la autoflagelación tenga algún efecto depurativo, contribuya a alinear los chacras, quizás tener los látigos a mano para las espaldas propias y cercanas sea un ritual nuestro del que no podamos prescindir, pero una vez hecho ese ejercicio hay otros asuntos urgentes.

Enfrentar los discursos de Vox en los medios y en los bares, en las puertas de los colegios y en las salas de espera, es central y necesario. Combatir la expansión de sentidos comunes excluyentes y nostálgicos de una soberanía quimérica entre las filas de la izquierda es urgente. Pero la conversación la seguirán definiendo ellos. El fascismo propone los marcos, un mar tan estrecho y enrabietado en el que no es fácil navegar, en el que a menudo naufragamos.

No está de moda hablar del 15M, es mentarlo y te miran como ¡ay qué pesada!, como ya estamos con lo mismo, como que el debate ya es otro. Pero ese pensar estar en el lado justo de la historia, ese vamos a decir la verdad aunque duela, ese no bajaremos más la cabeza, ese camino de la dignidad a transitar son ingredientes que allí estaban, que prometían nuevas posibilidades y movilizaron a la gente. Se siente como si el fascismo hubiese reclamado para sí los mismos ingredientes y adulterado el guiso.

Fachas siempre ha habido y ahora es su maldito momento. Ese momento hay que arrebatárselo. ¿Es contestándoles como haremos que se avergüencen por el rastro de muerte e indignidad que dejan sus ideas, por las víctimas de su épica conquistadora? ¿Es bajando al barro de sus vetustos debates como les convenceremos de que las mujeres y las personas migrantes son sujetos de derecho? ¿Es estrellándonos una y otra vez contra esa pobreza discursiva del ellos y nosotros como conseguiremos volver a movilizarnos?

El machismo o el racismo no tienen nada de nuevo. Lo que ellos proponen como camino, son las ciénagas aún calientes de la historia. De toda la historia, remota y reciente. Convengamos que no queremos hundirnos.

Antifascistas siempre ha habido, resistencias a la barbarie de señalar como culpables al «otro» mientras se camufla a los autores del despojo. Siempre ha habido lucidez humana y solidaria ante los relatos tramposos que solo venden miedo y exclusión. Siempre han habido comunidades que se levantaron contra el odio. Gentes para quienes la dignidad es una condición humana, y no una palabra hueca que esconde rencor y miedo. Seguimos estando aquí y tenemos otros relatos que contar. Otras verdades que defender. Otros culpables a los que seguir señalando. Hay que disputarles el momento. Y tiene que ser con nuestros propios marcos. 

3-12-2018

sábado, 16 de julio de 2016

El señoritismo

 

Por MIGUEL LORENTE

Con frecuencia se habla de «populismo», pero nunca de «señoritismo».

Definir la realidad según la interpreta quien ocupa las posiciones de poder permite describirla de manera interesada a sus necesidades y conveniencia, y de ese modo perpetuar la desigualdad y las ventajas que les proporciona. El resultado es muy variado y diverso, lo hemos visto, entre otros escenarios, en las pasadas elecciones.

Durante este tiempo hemos oído calificar de «populismo» todas aquellas propuestas que tienen un impacto directo, casi inmediato, sobre cuestiones y problemas que afectan a quienes cuentan con menos recursos y oportunidades para afrontarlos, especialmente si la propuesta, además, impacta en quienes ocupan las posiciones de poder y reconocimiento en nuestra sociedad. El mensaje que se manda con esa consideración «populista» suele ser doble: por un lado, la imposibilidad de llevarla a cabo, y por otro, la inconveniencia o inoportunidad de hacerlo, dadas las consecuencias negativas que tendría para el sistema.

De este modo la crítica es doble, por una parte, sobre su mentira, y por otra, sobre el hipotético daño que ocasionaría en caso de que se pudiera realizar. De ahí que la consecuencia inmediata sea presentar al populista como «mentiroso y peligroso». A partir de ese momento, ya no hace falta ningún otro argumento, se desacredita a la fuente por «populista» y se evita tener que contra-argumentar sobre lo propuesto, o tener que plantear iniciativas que resulten más prácticas o interesantes para la sociedad. Y quien actúa de ese modo es, precisamente, quien dispone de más medios y recursos para sacar adelante múltiples iniciativas para abordar las cuestiones que intentan resolver las propuestas consideradas «populistas».

El populismo queda de ese modo identificado como el espacio al que recurren quienes no tienen la capacidad, la preparación o la responsabilidad para actuar con sentido de Estado y en nombre del bien común, y sólo lo harán en busca del interés personal, incluso sin importarle destruir el Estado si fuera necesario. El populismo, por tanto, no es sólo la propuesta puntual, sino que además se convierte en el espacio donde situar cualquier medida que actúe contra el orden social establecido sobre las referencias de una cultura desigual, machista y estructurada sobre referencias de poder levantadas a partir de determinadas ideas, valores y creencias.

Nadie cuestiona ese orden dado como un contexto interesado que carga de significado a la realidad, cuando en verdad actúa de modo similar al espacio considerado como «populismo», pero a partir de las ideas, valores, objetivos e intereses de quienes han tenido la posibilidad de decidir en su nombre qué era lo que más interesaba al conjunto de la sociedad, haciendo de sus posiciones la normalidad a través de la cultura. Y del mismo modo que se ha identificado con lo del pueblo aquello que de alguna manera se considera contrario al orden establecido, hasta el punto de considerarlo «populismo», deberíamos aceptar como «señoritismo» el espacio y las referencias dadas en nombre de la cultura jerarquizada y desigual que define posiciones de poder sobre el sexo, las ideas, la diversidad sexual, el grupo étnico, las creencias, el origen, la diversidad funcional... Un «señoritismo» que juega con una imagen opuesta al «populismo» al presentar sus iniciativas como las únicas capaces de resolver los problemas, por ser propuestas y desarrolladas por personas preparadas y responsables. De ese modo se defiende a la élite operativa y la esencia ideológica.

Las consecuencias son muy amplias y diversas, puesto que hablamos de la normalidad y la cultura, pero centrándonos en lo ocurrido en las elecciones, no sólo en estas últimas del 26J, pero sí sobre algunas de las cuestiones que se han planteado tras sus resultados, podemos ver cómo actúa el juego entre «populismo» y «señoritismo».

Subir los impuestos a quienes más tienen y se aprovechan de la legislación para cotizar menos, cuestionar la precariedad laboral, pedir una educación y una sanidad públicas y de calidad, hablar de dependencia, exigir medidas contra la violencia de género, reclamar medios contra la corrupción... todo eso es populismo. En cambio, mantener un sistema fiscal que ahoga a clases medias y bajas, facilitar el desarrollo de la sanidad y la educación privada, incluso con segregación en las aulas, olvidarse de las personas mayores y dependientes más allá de la caridad, recortar los recursos para erradicar la violencia de género, permitir que la corrupción se resuelva por medio del olvido... todo ello no se considera «señoritismo», aunque es reflejo de ese orden de ideas y valores en armonía con la parte conservadora que la propia cultura defiende como esencia de presencia y continuidad.

Y no sólo es que las políticas conservadoras y tradicionales no se ven como algo ajeno a la propia normalidad y cultura, sino que, además, cuando son descubiertas como algo contrario al interés común y cuando sus resultados son objetivamente negativos, la posición de quien las lleva a cabo y el significado que se les da no adquiere el nivel de rechazo y exigencia de responsabilidad, por haber sido realizadas por quienes tienen una cierta legitimidad para actuar de ese modo, y porque quedan integradas dentro de otras medidas y políticas que presentan como positivas para la sociedad y el sistema.

El ejemplo de esta situación lo tenemos en lo que ocurre cada día en muchos pueblos. Cuando el señorito del pueblo o un empresario se levanta a las 12 del mediodía y se va directamente a tomarse un vino al bar de la plaza del pueblo, nadie lo cuestiona porque se entiende que esa conducta forma parte de su condición, algo que no aceptarían en un trabajador. Algo parecido sucede, por ejemplo, ante las críticas a algún mensaje lanzado por representantes de la Iglesia (rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo, propuestas de salud sexual y reproductiva, impuestos que no paga...), que se consideran como un ataque a la libertad religiosa, pero cuando desde la Iglesia se cuestiona la política y se llama a la desobediencia civil frente a las leyes de Igualdad, se dice que es libertad de expresión.

Cada cosa tiene un significado diferente dependiendo de lo que afecte al modelo pero, además, si las propuestas coinciden con él son consideradas propias y adecuadas, y por tanto, no cuestionables ni motivo para exigir responsabilidad a quien las haga por entenderlas como parte de ese contexto de «señoritismo».

Y no es que se acepte el resultado negativo cuando se produce, pero no se entiende con la suficiente entidad como para cuestionar al contexto o al partido político que la lleva a cabo. Es lo que hemos visto con los casos de corrupción en el PP, que no les pasan factura electoral por entender muchas personas que son «cosas que suceden donde se mueve mucho dinero» y que «no es un problema del modelo de organización, aunque haya sido permisivo y ausente, sino de unos pocos que lo han traicionado».

Esa valoración y justificación es imposible en otros partidos y contextos en los que los casos de corrupción no forman parte de las posibilidades que les otorga el reconocimiento de su normalidad. Es lo del señorito del pueblo y el trabajador. Si un trabajador se levanta a las 12 y se va al bar de la plaza a tomarse un vino es considerado un gandul o un borracho, algo que nunca se dirá del señorito.

¿Alguien ha hablado en esta legislatura de los coches oficiales, del número de asesores de Moncloa, del inglés de Rajoy, de la ropa o las parejas de las ministras del Gobierno, de las colocaciones de los ex-ministros, como por ejemplo Wert en Paris...? Todo eso forma parte del «señoritismo», y mientras no se modifiquen las referencias de una cultura desigual y machista, una gran parte de la sociedad siempre será condescendiente con el poderoso, con las ideas, valores y creencias que configuran el «señoritismo».

EL HUFFINGTON POST
6 julio 2016

jueves, 21 de mayo de 2015

La rebelión de los pijos

     [Texto a recordar del año pasado —aunque eliminado de la red por el autor— en el cual nos refleja el tipo de gentuza que es nuestra 'casta' gobernante...]


Esperanza Aguirre: la rebelión de los pijos

Por RAFAEL NARBONA
(7 abril 2014)

Nací, crecí y estudié en un barrio de pijos. A mi pesar, conozco ese ambiente, con sus fobias, tics, manías y patologías. Vivía entre Ferraz y Pintor Rosales, una zona residencial del barrio de Argüelles. Estudié en el Fray Luis de León, un colegio católico con curas que exaltaban a Franco y nos molían a palos con cualquier pretexto. Pasaba los veranos en una exclusiva urbanización del Mediterráneo, que se promocionaba regalando apartamentos a los capitostes del franquismo. Carrero Blanco, Suárez y Carmen Franco y Polo aceptaron el obsequio y algunos se pasearon por sus playas, comercios y restaurantes, con su séquito de guardaespaldas y mayores o menores dosis de ostentación. Mi padre murió cuando yo tenía ocho años y la pensión de mi madre apenas nos permitía llegar a fin de mes. Afortunadamente, el piso de Argüelles, con vistas al Parque del Oeste, era de renta antigua y el alquiler muy bajo, pero vivíamos debajo de un ático y las goteras convirtieron la vivienda en una cueva, con grandes manchas de humedad y un frío que penetraba en los huesos. Mi madre conservaba algunas joyas de mi abuela y las empeñaba una y otra vez para abonar las facturas. El recuerdo de sus excursiones al Monte de Piedad aún me produce abatimiento. Al final, vendió las joyas, pero gracias a eso mi hermana y yo pudimos estudiar en la universidad y preparar unas oposiciones, consiguiendo plaza como profesores de secundaria.

Cuando hace unos días, Esperanza Aguirre, expresidenta de la Comunidad de Madrid, montó un numerito en la Gran Vía, arrollando la moto de un agente de Movilidad y huyendo a toda pastilla de la policía municipal hasta refugiarse en su palacete de Malasaña, reconocí de inmediato las señas de identidad de los pijos que conocí en mi infancia y primera juventud: arrogancia, pésima (o inexistente) educación, desprecio por los derechos ajenos, autocomplacencia, una lengua envenenada y una hipocresía proverbial, que no retrocede ante la mentira, la manipulación o la indiferencia hacia el sufrimiento de los más débiles y vulnerables. Si otro ciudadano hubiera actuado como Esperanza Aguirre, habría sido reducido, apaleado, acusado de atentado contra la autoridad y habría dormido en los calabozos de la comisaría de Moratalaz, el «Guantánamo» de Madrid. Sin embargo, los dos guardias civiles de su escolta intentaron resolver el incidente con un parte amistoso. La «Juana de Arco Liberal» (por utilizar la delirante expresión de Vargas Llosa, cada vez más empeñado en ser el nuevo Ernesto Giménez Caballero de las letras hispanoamericanas) protestó con su mala baba habitual: «¿Qué pasa, bronquita y denuncia? Vais a por mí porque soy famosa; tienes la placa, denuncia al vehículo». Esperanza Aguirre, que ni siquiera llevaba los papeles del coche, ha tardado varios días en disculparse, presionada por su propio partido. Eso sí, ha invocado su condición de sexagenaria, ha acusado a los agentes de machismo y ha comentado con desdén que «la moto estaba pésimamente aparcada». La aguerrida lideresa que hace unos días elogiaba a la policía ya no parece tan entusiasmada con las Fuerzas de Seguridad del Estado. En su deleznable artículo «¿Manifestaciones o motines?» (ABC, 31-03-14), afirmaba que el 22-M constituyó un «acto de terrorismo callejero». Imagino que intentar atropellar a un agente de Movilidad —de acuerdo con el relato de la denuncia—, arrollar su moto y huir después de la colisión, ignorando las sirenas de los policías que la persiguieron por el centro de Madrid, no es un «acto de terrorismo callejero», sino la justificada reacción de una pobre mujer de 62 años, cruelmente maltratada por la autoridad pública por invadir y obstruir el carril bus de la Gran Vía en una hora punta. A fin de cuentas, la intervención de seis agentes en la trifulca es una irrefutable prueba de violencia de género.

El vergonzoso comportamiento de Esperanza Aguirre no constituye una novedad. José María Aznar nos ha regalado momentos inolvidables, inspirados por ese espíritu pijo y macarra que caracteriza a los hijos de la alta burguesía, con grandes cuentas corrientes y grandes carencias humanas y culturales. De joven, Aznar era un fascista apasionado, que leía con arrobo las obras completas de José Antonio Primo de Rivera. No era un franquista acérrimo, pues entendía que el régimen había traicionado a la Revolución Nacionalsindicalista y soñaba con un renacimiento de la «dialéctica de los puños y las pistolas», que limpiara a España de rojos y separatistas. Algo después, su falangismo se moderó y se convirtió en palmero de Fraga, sin ocultar sus intenciones de escalar hasta la cima del poder. En esa época, fumaba dos paquetes de Winston al día, bebía Coca-Cola compulsivamente, pasaba del inglés y los gimnasios, se planchaba el pelo con gomina y conducía como un macarra, con las ventanillas bajadas y la música de Julio Iglesias a todo trapo. Entiendo que Esperanza y Josemari se hicieran amigos apenas se conocieron. Ambos mostraban el mismo desdén hacia el populacho. Al igual que el capitán Aguilera, jefe de prensa de Franco y décimo séptimo conde de Alba de Yeltes, consideraban que obreros y campesinos pertenecían a «una raza de esclavos»: «Son como animales, ¿sabe?, y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo —comentó Aguilera a un periodista durante la guerra civil—. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste… Nuestro programa consiste en exterminar a un tercio de la población masculina de España. Con eso se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado». Los historiadores no se ponen de acuerdo, pero incluso los más moderados atribuyen a Franco entre 200.000 y 300.000 víctimas. 114.000 hombres y mujeres aún yacen en grandes fosas clandestinas. Esperanza Aguirre, José María Aznar, Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal, Ana Botella, Alberto Ruiz-Gallardón y Cristina Cifuentes son —entre otros— los herederos de ese legado de crímenes y atropellos. Saben que en 1939 obtuvieron una aplastante victoria en una guerra de exterminio que en realidad debería llamarse «guerra de clases» y ahora pretenden impulsar una nueva contrarrevolución. La escandalosamente ignorante Esperanza Aguirre —aún recuerdo la carta que nos envió a los profesores, justificando sus recortes con unos párrafos plagados de faltas sintácticas y de ortografía— ha citado a Edmund Burke, padre del liberal-conservadurismo (old whig), con la intención de apoyar las medidas represivas contra los organizadores del 22-M. Burke era un reaccionario que detestaba la Revolución francesa y anhelaba el regreso del Antiguo Régimen, donde los trabajadores no eran ciudadanos, sino siervos. Indudablemente, ése es el objetivo del neoliberalismo, que desde los años 80 mantiene una agresiva cruzada política y mediática para destruir los derechos humanos, sociales y laborales. En España, ese fenómeno podría llamarse «la rebelión de los pijos», hartos de tantas protestas y tantas mamandurrias. Es decir, hartos de tantos trabajadores con salarios desorbitados, sindicalistas pedigüeños y pobres empresarios con ganancias irrisorias.

Esperanza Aguirre no ha cometido una infracción, sino un homicidio en grado de tentativa. Ya que la condesa consorte de Bornos y grande de España se muestra partidaria de «llamar a las cosas por su nombre», voy a tomar prestadas algunas de sus frases de su artículo «¿Manifestaciones o motines?». Lo que hizo Esperanza Aguirre merece el calificativo de «terrorismo callejero», pues pudo causar una desgracia y desató «el terror en las calles más céntricas e importantes de la capital». De hecho, desobedeció y desafió a «los policías encargados de mantener el orden y de defender los derechos de los madrileños». Su conducta temeraria y chulesca es «un aldabonazo en la conciencia de cualquier persona decente, de cualquier ciudadano consciente». Los jueces no pueden reaccionar con tibieza, pues «ante la extrema gravedad de estos hechos, la respuesta del Estado de Derecho tiene que ser proporcionada a su gravedad […] Si un salvaje ataca con un palo a un policía, lo derriba y lo patalea, no pueda irse de rositas». Creo que en este caso, el adjetivo de «salvaje» hay que aplicarlo a Esperanza Aguirre. No utilizó un palo, sino un coche y si el agente no hubiera disfrutado de buenos reflejos, quizás se encontraría dos metros bajo tierra. La condesa no debería «irse de rositas», pero ya se sabe que en el Estado español la ley no es igual para todos, pese a que la Constitución proclame lo contrario. De hecho, si Juan Carlos I —un jefe de Estado impuesto por la dictadura franquista y sin ninguna legitimidad democrática— hubiera hecho algo semejante, no se le podría juzgar ni multar, pues su figura es inviolable y no está sujeta a responsabilidad, de acuerdo con la Constitución de 1978.

La rebelión de los pijos se ha manifestado en las últimas semanas con la crudeza de un interminable neofranquismo disfrazado de monarquía parlamentaria: un joven ha perdido la visión de un ojo y otro un testículo en las Marchas del 22-M; 35 familias que vivían en La Corrala Utopía en Sevilla han sido desalojadas con innecesaria brutalidad, han muerto dos ciudadanos tras ser reducidos violentamente por los Mossos d’Esquadra, un periodista de La Haine ha sido golpeado, humillado y acusado de atentado contra la autoridad, sin otras pruebas que la presunción de veracidad de la policía. Cuando el Parlamento Europeo concedió a la PAH el Premio de Ciudadano 2013, Esperanza Aguirre protestó acusando a los parlamentarios de la UE de estar «borrachos de un sentimiento de superioridad moral que da miedo». Ahora está claro que ese «sentimiento de superioridad que da miedo» es tal vez el rasgo más acusado de su personalidad, lo cual le permite mentir sin mala conciencia, menospreciar el sufrimiento de las familias en paro o desahuciadas y vulnerar las leyes con bochornosa impunidad. No voy a decir que la situación ha sido mejor durante los gobiernos del PSOE, cuando la corrupción, la humillación de la clase trabajadora y el terrorismo de estado prosperaron como una plaga bíblica. Desgraciadamente, los felipistas (me niego a llamarlos socialistas) imitaron a los pijos y el PSOE de Felipe González pasó a la historia como el partido de la Beautiful People. De hecho, hoy en día Felipe —también conocido como Mr. X— acumula propiedades, se codea con tiranos (Mohamed VI), responsables de crímenes de lesa humanidad (Álvaro Uribe) y millonarios involucrados en golpes de Estado y vinculados con los carteles del narcotráfico (Carlos Slim y Gustavo Cisneros). España no es una democracia, sino una ciénaga, con señoritos displicentes, políticos corruptos, banqueros desalmados, obispos tridentinos, espadones de rostro patibulario, guardias civiles con aire de sayones medievales y condesas que se ríen de los ciudadanos, añorando las épocas donde la nobleza se abría paso a bastonazos y los alguaciles les cortaban las orejas a los impertinentes.


lunes, 2 de marzo de 2015

El vídeo que los antiPodemos no quieren que veas

«Esta es la fauna que se reunió ayer en la manifestación contra Podemos. Como se puede ver son cuatro fascistas decrépitos que no tienen ni eslóganes propios ni saben cómo rimarlos. Lo dicho: dan pena. Doy a las gracias a la persona que se infiltró y grabó a estos trogloditas.»



miércoles, 24 de diciembre de 2014

Nuevas Generaciones del PP pide a Podemos que no les «expropie» la Navidad


22/12/2014

La organización juvenil del PP en Valladolid felicita la Navidad con una ilustración en la que aparece Pablo Iglesias como «el hombre del saco». «Pensabais que venía Papá Noel. Al final era el hombre del saco», dice el texto de la viñeta, en la que el protagonista es el líder de Podemos disfrazado.

La cuenta oficial de Podemos en Twitter, que tiene casi medio millón de seguidores, ha respondido a Nuevas Generaciones, que no llega a los 4.000: «Pero ¿por qué se parece a Pablo Iglesias? Quien ha llenado el saco con el dinero de todos es el PP», ha respondido con un enlace a la noticia de que el juez Ruz ha acreditado que el partido de Mariano Rajoy se benefició de la trama Gürtel.

Los jóvenes del PP han contestado: «Sólo esperamos que no nos expropiéis la Navidad», dice el tuit en el que han insertado un mensaje del líder de Podemos en el que Iglesias critica la aparición de vacaciones, dietas, Papá Noel, regalos y consumo en los telediarios durante estas fechas. «Desvergüenza periodística», agrega.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Concejal del PP pide «un tiro en la nuca» para Pablo Iglesias

7 noviembre 2014

Un concejal del Partido Popular en Paredes de Nava, Palencia, ha sido el último en atacar verbalmente al líder de Podemos, cruzando todas las líneas rojas. En concreto, Jonathan Cabeza Infante, portavoz de la formación en el Ayuntamiento, ha echado mano de su perfil de Facebook para calificar de «hijo de la gran puta» al líder de Podemos, para después desear que le den «un tiro en la nuca».

Este es el mensaje de Cabeza en la red social, reproducido de forma literal:
«Valiente hijo de la gran puta, vete a colombia y le das por el culo al hijo de puta amigo tuyo, ese dictador q tanto amas y como amas su pais y son la envidia a seguir pues camina haber si te dan un tiro en la nuca cacho cabron y dejanos tranquilos».

Las palabras del concejal de Fiestas y Cultura del PP llegan precisamente el mismo día en que la Guardia Civil ha detenido a diez personas en la segunda fase de la Operación Araña, contra el enaltecimiento del terrorismo en las redes sociales.

Las declaraciones de este «pepero de mierda»...

sábado, 5 de julio de 2014

FAES cobró más de 30 millones de euros en subvenciones desde el año 2003

 

MADRID // La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) ha recibido al menos 31.574.019 millones de euros desde el año 2003 según ha podido saber La Marea al consultar todas las subvenciones recibidas por esta entidad en dos partidas: cooperación y cultura. La primera son las subvenciones para la realización de actividades en el marco de cooperación internacional para fundaciones y asociaciones dependientes de partidos políticos y la otra partida son las subvenciones a fundaciones y asociaciones con dependencia orgánica de partidos políticos para actividades de estudio y desarrollo del pensamiento político, social y cultural, subvención dependiente del Ministerio de Cultura.

FAES publica regularmente su memoria anual en su página web. En el apartado de ingresos tiene un epígrafe que dice «Subvenciones, donaciones y legados» incluyendo en el mismo apartado tanto las aportaciones de dinero público como las de dinero privado, sin hacer un desglose que permita saber la procedencia de los ingresos. En ese apartado el montante total reconocido por FAES es de 41.681.035 euros. La Marea se ha puesto en contacto con FAES para que desglosaran cuántos de esos 41 millones de euros correspondían a subvenciones y qué parte a donaciones privadas. Desde la Fundación no han querido contestar a dicha cuestión y se han remitido al BOE ya que todas la subvenciones desde el año 2003 se han anunciado en dicha publicación.

Así pues, tras consultar todas las subvenciones en cultura y cooperación que FAES ha recibido desde 2003, el montante de dinero público recibido por parte de la fundación presidida por Jose María Aznar y Dolores de Cospedal es de 31.574.019 euros. Más de un 75% del total de ingresos de dinero público de lo declarado en su memoria.

Contraria a las subvenciones

La Fundación para el Análisis y el Desarrollo es una asociación vinculada al Partido Popular que en estos días está celebrando el CAMPUS de FAES, en el que se ha propuesto la reducción del salario mínimo interprofesional al considerar que 645 euros es un salario excesivo. FAES se ha mostrado siempre muy beligerante con las subvenciones a sindicatos y partidos, dos de los miembros de su Patronato, los más críticos con las subvenciones que reciben otros, son Esperanza Aguirre y Pedro Schwartz.

En un artículo de otro de los think tank en los que participa el neoliberal Schwartz, el miembro del patronato de FAES ha pedido la eliminación total de las subvenciones a todos menos a las fundaciones: «La eliminación total de las subvenciones a sindicatos, organizaciones empresariales y también a partidos, para que pasaran a financiarse con las aportaciones de sus afiliados, llevaría a un saneamiento profundo de nuestra vida social y política».

Por su parte, Esperanza Aguirre ha pedido en multitud de ocasiones la eliminación de las subvenciones, a pesar de ello, sigue siendo patrona de FAES, que ya ha recibido 31 millones de euros en subvenciones desde 2003.

sábado, 12 de abril de 2014

Las contradicciones de la extrema derecha que llegó del frío

Ultraderechistas húngaros quemando
la bandera de la Unión Europea.

LOS RADICALES DE LA EUROPA DEL ESTE

Hay similitudes con los activistas franceses, griegos u holandeses pero también diferencias. A veces mezclan su racismo y homofobia con políticas abiertamente de izquierdas

06/04/2014

El patrón es el mismo en casi todos los países: populismo, ultranacionalismo, supremacía racial y, paradójicamente, políticas económicas de izquierdas. Son las características principales de los movimientos de extrema derecha que han surgido en la Europa del Este y que vuelven a apoyarse en la crisis económica y los flujos migratorios para intentar crecer. Frente a la extrema derecha de la Europa rica, los analistas destacan además que estos grupos contrarrestan una menor organización y experiencia política con mayores dosis de radicalismo y violencia.

Junto al Jobbik húngaro, otro de los movimientos con mayor respaldo es el búlgaro Ataka (en español «Ataque»), que el pasado año obtuvo en 7,3% de los votos en las elecciones nacionales y cuyo líder, Volen Siderov, llegó a ser el segundo político más votado en las presidenciales de 2006. Más que su presencia en el Parlamento nacional, lo que preocupa es la cada vez mayor representación en la política local, desde donde intenta combatir la llegada de refugiados procedentes de la guerra de Siria así como la población gitana.

Este partido cuenta con dos representantes en el Parlamento Europeo y los sondeos apuntan a que podría conseguir un asiento más en los comicios del 25 de mayo, adonde acude con un programa en el que pide la salida del país de la OTAN y muestra su apoyo a la intervención de Rusia en Crimea.

Similar en ideas pero sin representación política en Rumania está Nueva Derecha, un movimiento integrado en el Frente Nacional Europeo y que se define como antisemita, nacionalista y contrario a la democracia parlamentaria. En este grupo europeo se encuentra afiliado también la Falange Española y el partido Renacimiento Nacional de Polonia, que por el momento no tiene presencia en la Cámara Baja del país.

El Partido Nacional Eslovaco registra un ideario político similar, pero en las últimas elecciones perdió parte del respaldo del electorado y no logró formar grupo político. Con todo, llegó a tener 20 de los 150 escaños del Parlamento y en Bruselas cuenta con un eurodiputado, alineado con los representantes de la extrema derecha búlgara y conocido por su rechazo a los gitanos y los húngaros.

En la República Checa el equivalente a este grupo radical sería el Partido de los Trabajadores, que ejemplifica esa difusa frontera entre los planteamientos ideológicos de la extrema derecha —defiende un ultranacionalismo contrario a las minorías y es abiertamente homófobo— y de la extrema izquierda, ya que recibe la herencia del partido comunista y defiende la nacionalización de las empresas privadas. Su mayor logro político tuvo lugar en las elecciones de 2010, aunque no ha llegado a tener representación en el Parlamento.

 Orgullo frente a la Europa rica

Los movimientos de estos países encuentran además otra razón de ser, como es la necesidad de preservar el orgullo de sus naciones ante la humillación que sufren sus ciudadanos en la Europa rica. Porque, a pesar de que el proceso de ampliación de la UE tiende a generar una convergencia económica entre sus Estados miembros, para los grupos populistas y radicales la amenaza tiende a venir siempre del Este.

De ahí que para grupos como el Frente Nacional francés o el Partido de la Libertad (PVV) holandés, el enemigo número uno sean los ciudadanos rumanos, búlgaros y polacos que, según critican, se aprovechan de la protección social creada durante décadas de prosperidad sin aportar nada a cambio.

No obstante, según los expertos la extrema derecha no es exactamente igual en la Europa Occidental que en la Oriental. «Más que un simple partido nacionalista, Ataka es un grupo definido por su violencia racista y su antisemitismo», explicaba en un reportaje de The New York Times Krassimir Kanev, jefe del Comité Helsinki, una organización de Bulgaria que promueve la defensa de los derechos humanos.

domingo, 23 de febrero de 2014

El avance de la ultraderecha en Europa


Por Oscar Laborde*

Un fantasma recorre Europa, pero esta vez es la extrema derecha, que cada vez va teniendo más influencia en la mayoría de los países y especialmente en la juventud y en los barrios populares europeos.

La ultraderecha, fascista o neonazi, chauvinista, con un alto grado de nacionalismo populista, xenófobo, con el rechazo al integrismo europeísta y el desprecio hacia todo lo diferente, empieza a extenderse en todos los países, como una fuerza política tal que ya forman parte de algunos gobiernos, condicionando las políticas y provocando la caída de otros tantos, con el discurso de que la democracia liberal y parlamentaria es ineficaz y caduca.

Es así que está aumentando su influencia entre grupos de jóvenes, desempleados y clase media, denunciando a los inmigrantes con el argumento de que los extranjeros ocupan los puestos de trabajo de los nacionales. Uno de los ejes en común es que «vienen a imponer su cultura sobre la nuestra» y otro es el del nacionalismo, entendido como el sistema de valores amenazado por la llegada de los extranjeros.

Ya muchos holandeses votan al Partido de la Libertad (PVV), de Geert Wilders, que habla de antiinmigración, identidad y fobia a la UE, los tres pilares ideológicos de las corrientes ultra que ahora aspiran a hacer frente común con vista a las elecciones europeas. El eje está impulsado por Marine Le Pen junto con el PVV holandés, el FPO austríaco, el Vlaams Belang belga y los demócratas de Suecia. «Sentimos que esta vez es distinto, que tenemos posiciones muy próximas y el clima nos favorece», se entusiasma el belga Claeys.

Por otro lado, el dirigente holandés ha visitado a sus colegas en Francia, Bélgica, Suecia y Austria para sondearlos sobre una potencial coalición, así como Le Pen está trabajando para concretar esa particular cruzada contra la UE. Es así que se aspira a que sean muchos los partidos ultra que se sumen, a medida que se acerque la cita para formar un grupo parlamentario que refuerce su poder.

En estos últimos días se sumaron otros datos. Uno de ellos es el referéndum que se realizó hace poco en Suiza, en el que ganó la propuesta de poner cuotas de entrada a los inmigrantes. Por otro lado, un tercio de los franceses «adhiere a las ideas» del Frente Nacional y casi la mitad del país (46 por ciento) considera que Marine Le Pen, líder de ese partido xenófobo y racista, representa una «derecha patriótica respetuosa de los valores tradicionales». Así también en España, es inminente la salida de sectores del PP con un considerable número de afiliados, descontentos con Rajoy hacia la ultraderecha.

La historia se repite por toda Europa. Cambia la fisonomía de los paisajes, pero sus posturas ideológicas suenan semejantes tanto en la campiña flamenca belga, en los valles suizos o en barrios periféricos de Finlandia, así como en el Este de Europa, donde el mayor avance de la extrema derecha se encuentra en Rumania, donde el Partidul Romania, y el Partidul Alianta Nacional, que dirige Cornelio Vadim Tudor, representan el 21 por ciento del electorado, siendo la segunda fuerza política en Rumania.

Y uno de los ejemplos más significativos, como para pensar, es que ni la detención de sus principales líderes ni las numerosas pruebas en su contra parecen afectar al partido neonazi griego Aurora Dorada (AD), que la intención de voto lo consolida como tercera opción política ante unas hipotéticas elecciones, con un promedio del 10 por ciento de apoyo.

Pero además de las cifras, hay ejemplos que son inhumanos, pero a su vez emblemáticos, como con la niña Leonarda Dibrani, una alumna kosovar de 15 años y etnia romaní que fue detenida en una excursión con sus compañeros de instituto y deportada. Y luego, también a los padres, a quienes les faltaban sólo dos meses para obtener la naturalización. Y en octubre del año pasado, un bote que transportaba a cientos de inmigrantes africanos a Europa se incendió y zozobró frente a la isla italiana de Lampedusa, lo que derivó en la muerte de 133 personas.

Cuando comparamos esta realidad del «Primer Mundo» que alguna vez fue progresista y de avanzada respecto de los derechos sociales, aquella Europa que se destacó por sus luchas y logros sindicales, la que abrió sus brazos solidarios a los latinoamericanos que huyeron de las dictaduras genocidas, hoy está viviendo uno de los momentos más decadentes de su historia, producto de la avaricia del poder financiero mundial que, se ve, no tiene límites.

Es doloroso pensar que ése es el futuro, ya que no hay una alternativa desde la izquierda europea, que está envejecida y sin representatividad, así como la socialdemocracia que por no perder votos, perdió principios. El resultado es que perdieron los votos, los principios y están perdiendo los gobiernos. Pero estamos seguros de que tendrá que surgir una fuerza popular que proponga una alternativa política e ideológica que enamore a las grandes mayorías, para poder superar no sólo esta crisis sino esta sociedad decadente.

* Dirigente del Frente Tansversal. Pte. del Centro de Estudios del Sur.

martes, 11 de febrero de 2014

Memoria: El fascismo y Valladolid, un amor no correspondido

Primer acto público tras la fusión de las JONS
y Falange Española en el Teatro Calderón
de Valladolid, el 4 de marzo de 1934.

El PP, unido por sus objetivos y en medio de su desunión, se siente cómodo en esta ciudad objeto de sus deseos

1 febrero 2014

El día 4 marzo de 1934, la derecha más violenta y salvaje eligió la ciudad de Valladolid para hacer una demostración de fuerza. Se trataba de la unificación de dos grupúsculos ultraderechistas, cuyos líderes coincidían en la utilización de la violencia para subvertir el orden establecido.

La parafernalia fue espectacular: los falangistas de José Antonio Primo de Rivera y los jonsistas de Onésimo Redondo y Ledesma Ramos aparecieron uniformados con camisa azul y correajes aparatosos, y al entrar en el Teatro Calderón fueron recibidos por entusiastas seguidores que les hicieron un pasillo, brazo en alto, durante todo el recorrido hasta el escenario.

El discurso de los tres ultraderechistas era bien conocido en nuestra ciudad, donde los muchachos de Onésimo aprovechaban cualquier coyuntura para atacar personas y bienes de la izquierda, desestabilizando la convivencia de los vallisoletanos mediante provocaciones y agresiones continuas. Las JONS de Onésimo no estaban bien vistas, desde luego; y su acercamiento a la FE de Primo de Rivera alertó a los ciudadanos acerca de las intenciones que animaban al nuevo grupo.

Y a pesar de que era evidente que el acto fascista iba a acarrear problemas en la ciudad, se celebró el acto de unificación de ambas organizaciones contra viento y marea, entre las protestas de los vallisoletanos.

Se trataba de una unificación, pero sus componentes no estaban tan unidos como querían aparentar. Los tres cabecillas principales eran muy distintos entre sí y sus relaciones eran problemáticas, muy diferentes de lo que intentaban transmitir.

Onésimo era tachado de beato por Ramiro Ledesma, quien a su vez era ridiculizado sin misericordia por José Antonio, quien tal vez un poco celoso de la inteligencia y las aportaciones teóricas de Ledesma al fascismo español, se reía de él, de su tupé hitleriano y de su oratoria ininteligible provocada por el frenillo. A José Antonio no lo tragaban ni Onésimo ni Ledesma, que le consideraban un señorito afectado e insincero. Pero los tres coincidían en la estrategia a seguir para conseguir visibilidad en la sociedad de su tiempo: la violencia era su argumento y la vía que presentaban como única posible para hacerse un hueco en el panorama político. José Antonio exhortaba a la juventud a utilizar «la dialéctica de los puños y las pistolas», mientras Ramiro Ledesma se reafirmaba en la utilidad de la violencia como arma política y Onésimo, que siempre proclamó que sus manos no estaban manchadas de sangre, tenía como tema central de su discurso la vía violenta y la acción en las calles contra sus oponentes ideológicos, a los que denominaba «la gentuza».

En los discursos de la unificación hubo retórica y hojarasca de palabras incomprensibles. Entre las frases huecas que hablaban de destinos en lo universal, de estrellas y luceros y soles que brillaban en lo alto, aparecían los motivos más caros de la derecha: la unidad de España, la fobia criminal contra el oponente, la inexistencia del respeto a las opiniones ajenas, los ataques contra el laicismo y el sistema educativo de la República... En fin, los temas recurrentes que todavía a fecha de hoy siguen formando parte del cuerpo ideológico de las derechas españolas.

El acto fascista tuvo contestación contundente en las calles vallisoletanas, y dos años después, en 1936, estas protestas fueron el pretexto para la eliminación de muchos vallisoletanos, hubieran participado en ellas o no.

Sin embargo, si la ciudad fue sometida por el golpe fascista, lo fue a sangre, fuego y tierra quemada. Los sublevados tuvieron que detener a miles de ciudadanos y eliminar a otros tantos para poder hablar de Valladolid como «Zona Nacional» y tratarla como a su particular feudo.

En los años de la Transición, los neonazis, las gentes de FN y FJ intentaron de nuevo capitalizar para sí la ciudad sin conseguir mucho más que montar algaradas, efectuar razzias, apalizar y amenazar a los militantes de izquierdas y acabar con un golpe de efecto que, desde luego, les salió muy barato: un ataque con armas de fuego al bar «El Largo Adiós», un café céntrico donde se reunían estudiantes y gente variada para tomar sus cafés. El ataque, a la desesperada, tuvo una víctima, Jorge Simón Escribano, un joven abogado que salvó la vida por los pelos, aunque quedara malherido.

Convención Nacional del PP en el Auditorio
Miguel Delibes de Valladolid, entre los días
31 de enero y 2 de febrero de 2014.

La derecha de hoy vuelve a reunirse en Valladolid. No querrán escuchar, posiblemente, las protestas de los vallisoletanos, indignados por los recortes de sus derechos y el destrozo que las leyes y decretos del gobierno del PP están ocasionando a la ciudadanía.

El PP, unido por sus objetivos y en medio de su desunión, se siente cómodo en esta ciudad objeto de sus deseos, donde todavía pueden darse el capricho de pasear por la calle José Antonio, curiosear la barriada Alférez Provisional o acercarse al barrio 4 de Marzo.

Y a pesar de todo, Valladolid no es Fachadolid.

lunes, 3 de febrero de 2014

Valladolid clama contra el PP por las cargas policiales a manifestantes en paro y afectados por los desahucios

 

Una mujer de 56 años sufrió un ictus cerebral al ser golpeada por la policía en la cabeza. En total ocho personas resultaron heridas
03/02/2014

Hace poco más de un año, Encarna, de 56 años, se acercó a un encuentro de Stop Desahucios Valladolid: tenía un problema familiar y entendió que aquella era la plataforma que podría prestarle la ayuda que necesitaba. Desde aquel día, Encarna, al igual que muchas otras personas afectadas por la hipoteca que un día decidieron acudir a la solidaridad de los colectivos damnificados, se convirtió en parte activa del grupo. «Acude a todos los desalojos y a todas las manifestaciones», cuenta un miembro del 15M vallisoletano, que prefiere mantenerse en el anonimato para no personalizar el movimiento.

Hoy, Encarna permanece ingresada en el Hospital Clínico de Valladolid tras sufrir un ictus cerebral después de haber sido brutalmente golpeada por la Policía durante una protesta convocada ayer en la localidad castellanoleonesa. «Dentro de la gravedad, está estable, no ha habido más complicaciones», cuenta este miembro del 15M, que asegura estar en contacto con la familia. «Ahora mismo, los médicos están tratando de estudiar la relación del ictus con los golpes que le propinaron en la cabeza», afirma.

Encarna, junto con otras personas del 15M y otros colectivos de la ciudad, participaba, en el momento de ser golpeada, en la manifestación «Por el empleo digno. Contra los recortes. Por la renta básica. No a la institucionalización de la pobreza», que pretendía despedir a los participantes en la convención que el PP celebró el fin de semana en la localidad. Durante la marcha, los manifestantes pararon en diversos sitios del centro, siendo uno de ellos el restaurante La Parrilla de San Lorenzo.

«Nosotros no sabíamos quién estaba comiendo ahí, sólo paramos a corear unos cánticos», recuerda el miembro del 15M. Según su relato, y así lo atestiguan diversas imágenes, la Policía inició una carga «indiscriminada, brutal e injusta» que, además de enviar a Encarna al hospital, hirió a varias personas. «Hay compañeros con contusiones, huesos rotos, brechas en la cabeza, collarines en el cuello, ojos morados, hematomas por todo el cuerpo...», denuncia. En total, ocho personas resultaron heridas.

A Jaime, según él mismo ha descrito en una asamblea celebrada esta tarde en la plaza Fuente Dorada, el lugar en el que se reúne el 15M de Valladolid desde sus inicios, le cogieron tres antidisturbios y uno de ellos llegó a pedir que le dislocaran el brazo. «Nos dieron una enorme paliza», ha asegurado. «Lo único que hicimos fue gritar consignas y la Policía comenzó a rodearnos, nos dijeron que nos identificarían y detendrían y de repente cargaron brutalmente».

Doris, por su parte, tiene un enorme hematoma en la pierna a causa de la patada de un policía. Durante la concentración de esta tarde, ha llamado a señalar al verdadero culpable, el PP. Otra de las personas agredidas, Javi, ha señalado que nunca había visto unas «miradas de odio» como las de los antidisturbios que le pegaron. «Es inexplicable la saña con la que nos golpearon», ha dicho. A él, ha explicado, le golpeó un policía a quien ha llamado su «amigo de los bancos». «Me conocía bien de todas las veces que nos encontramos en desahucios, en subastas... Comenzó a aporrearme en un brazo y le pregunté por qué. Entonces me dio en el otro, volví a preguntarle por qué y me golpeó en la pierna. Le dije que era muy valiente haciendo lo que hacía con una porra y una pistola encima, y guardó la porra en la funda y me pegó un hostión con la mano en la boca. Finalmente le dije: podrás humillarme, pero no me vas a tumbar». Javi, que lleva participando en diferentes protestas desde hace tiempo, ha manifestado que lo que a él le duele no son los golpes, sino la represión.

Al igual que Javi, Juan, otro de los agredidos, ha dicho no haber visto tanto «odio» en su vida, y tiene 61 años. «Los antidisturbios de ayer eran unos autómatas que van por ahí pegando sin sentido, y no sólo nos hacen daño a nosotros, sino a todo el cuerpo de Policía», ha declarado. A su edad, ha aseverado que a la población no le queda otro camino más allá del de la lucha: «Somos más y tenemos más razones que ellos». Lo mismo ha afirmado otra mujer agredida, con la mano izquierda escayolada por una fractura: «Nos están pisoteando y no hacemos nada».

Fátima sufrió problemas respiratorios. Un agente de los antidisturbios le clavó, ha denunciado, la porra en el pecho. «Los policías nos llamaban parásitos sociales mientras nos pegaban», ha rememorado para después concluir que no consentirán «más agresiones».

Tras la celebración de una asamblea en la plaza Fuente Dorada y después de que hablaran algunas de las personas agredidas ayer por la Policía, varios centenares de manifestantes se han concentrado frente a la sede del PP, contra la que arrojaron varios huevos. Posteriormente, se han dirigido al Ateneo Republicano, donde trabajan con los abogados de Legal Fuente Dorada en las acciones legales que van a emprender por lo sucedido.

María Sánchez, coordinadora local de IU Valladolid y concejala en la localidad, ha asegurado que su grupo llevará mañana lo sucedido al Pleno del Ayuntamiento, ya que considera que el equipo de Gobierno del alcalde, Javier León de la Riva (PP), «tiene mucho que decir». Además, Sánchez ha pedido la dimisión del subdelegado del Gobierno en Valladolid, José Antonio Martínez Bermejo, por sus últimas declaraciones. Bermejo dijo, para exculpar las cargas, que la Policía debía «garantizar el respeto a las personas que estaban disfrutando de su ocio» en el restaurante. En la opinión de la coordinadora local de IU, «no se pueden consentir unas declaraciones así en un estado democrático de derecho». La actuación de la policía, ha acusado, «no está justificada, las personas concentradas sólo estaban coreando cánticos».

La concejala vallisoletana ha confirmado además que el diputado de IU Gaspar Llamazares ha registrado dos preguntas en el Congreso, en las que insta al Ejecutivo a responder si cesará al subdelegado del Gobierno y si intercederá en la eliminación de los cargos a todas las personas detenidas.

El Grupo Parlamentario Socialista ha registrado, por otro lado, una petición de comparecencia urgente del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y del delegado del Gobierno en Castilla y León, Ramiro Ruiz Medrano.

Este medio ha tratado de ponerse en contacto con el Ayuntamiento y la Subdelegación del Gobierno, sin éxito.