jueves, 28 de diciembre de 2017

2018, el año de los camélidos

 
21 diciembre 2017

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha elegido el 2018 como el Año Internacional de los Camélidos, que son el principal medio de subsistencia de millones de familias que habitan los entornos más hostiles en 90 países.

Estos mamíferos de Asia, norte de África y América del Sur, se convierten en una importante fuerte de carne y leche, lo que asegura la alimentación diaria, sobre todo en el extenso altiplano andino de América del Sur.

Además del aporte de proteínas, las cuatro especies de camélidos de Sudamérica —llamas, alpacas, vicuñas y guanacos— proporcionan fibras para la elaboración de ropa a las comunidades indígenas. Pero también suministran fertilizante orgánico que garantiza la producción agrícola de subsistencia, además de ser un símbolo de la identidad cultural de las comunidades indígenas ancestrales.

Por su facilidad a adaptarse a diferentes medios —atravesando grandes distancias— y a enfrentarse a la variabilidad del clima —sobreviviendo durante largos periodos sin agua—, camellos y dromedarios salvajes y domésticos se hacen indispensables para la vida de los pastores nómadas, ya que se utilizan como bestias de carga.

domingo, 24 de diciembre de 2017

Convivencia inteligente en Gaia


Por JAMES E. LOVELOCK

Gaia, a través de la especie humana, está ahora alerta, es consciente de sí misma. Ha contemplado la imagen de su bello rostro a través de los ojos de los astronautas y las cámaras de televisión de los ingenios en órbita. Participa de nuestras sensaciones de placer y asombro, de nuestra capacidad de pensamiento consciente y especulación, de nuestra incansable curiosidad y de nuestro impulso. Esta nueva relación recíproca entre Gaia y el hombre no está, ni mucho menos, establecida del todo: todavía no somos una especie verdaderamente colectiva, verdaderamente parte integral de la biosfera, como lo somos en cuanto que criaturas individuales. Bien pudiera ser que el destino de la humanidad sea transformar la ferocidad, la destrucción y la avidez contenidas en las fuerzas del tribalismo y el nacionalismo, fundiéndolas en una urgencia compulsiva por unirnos a la comunidad de criaturas que constituye Gaia. Puede parecer una rendición, pero tengo la sospecha de que las recompensas (sensaciones de bienestar y plenitud, el sabernos parte dinámica de una entidad mucho más vasta) compensaría con creces la pérdida de la libertad tribal.

Quizá no seamos la primera especie destinada a cumplir tal función, y probablemente no seremos tampoco la última. Los grandes mamíferos marinos, cuyos cerebros son de un tamaño muchas veces superior al de los nuestros, son otros candidatos. Es un lugar común en biología que la masa de los tejidos no funcionales se reduce durante el transcurso de la evolución: los sistemas que se optimizan a sí mismos eliminan los órganos carentes de función. Parece probable, por consiguiente, que el cachalote haga uso inteligente del enorme cerebro que posee, quizá a niveles de pensamiento muy por encima de nuestra comprensión. Es posible, desee luego, que este cerebro apareciera por alguna razón relativamente trivial, para servir, por ejemplo, como mapa multidimensional viviente de los océanos, porque no hay forma más potente de consumir espacio de memorización que el almacenaje de datos ordenados multitudimensionalmente. ¿Será quizá el cerebro de la ballena comparable a la cola del pavo, un deslumbrante órgano de exhibición mental utilizado para atraer a la pareja e incrementar los goces del cortejo? ¿Es la ballena que ofrece juegos más estimulantes la que está en mejor posición para elegir pareja? Sea cual sea la auténtica explicación y la verdadera razón de su existencia, lo que conviene destacar sobre las ballenas y el tamaño de sus cerebros es que los de gran porte son, casi con toda seguridad, versátiles. La causa original de su desarrollo pudo ser todo lo específica que se quiera, pero una vez que aparecen se explotan inevitablemente otras posibilidades. El cerebro humano, por ejemplo, no se desarrolló como resultado de la ventaja selectiva natural de aprobar exámenes, ni tampoco para que pudiéramos realizar ninguna de las gestas memorísticas u otros ejercicios mentales, que la «educación» exige hoy explícitamente.

Como especie colectiva con capacidad para almacenar y procesar información, es probable que hayamos sobrepasado con mucho a las ballenas. Solemos mostrarnos proclives a olvidar, sin embargo, que muy pocos de nosotros seríamos capaces de fabricar una barra de hierro a partir del mineral en bruto y menos aún seriamos capaces de construir una bicicleta partiendo del hierro. La ballena quizá posea, como entidad individual, una capacidad de pensamiento cuya complejidad vaya mucho más allá de nuestra comprensión, y puede que entre sus invenciones mentales se cuenten hasta las especificaciones de una bicicleta; pero sin las herramientas, la técnica y el permanente archivo de cómos, la ballena no puede convertir esos pensamientos en objetos.

Aunque no conviene establecer entre los cerebros animales y los computadores siempre es tentador hacerlo. Sucumbamos a la tentación y permitámonos la reflexión de que los humanos diferimos de todas las demás especies animales en la superabundancia de accesorios a cuyo través podemos comunicar y expresar nuestra inteligencia, tanto individual como colectivamente, utilizándola para fabricar y modificar el entorno. Nuestros cerebros pueden compararse con computadores de tamaño mediano que están directamente conectados entre sí, disponiendo de bancos de memoria y de un surtido casi ilimitado de sensores, instrumentos periféricos y otros ingenios. Por el contrario, los cerebros de las ballenas podrían compararse con un grupo de grandes computadores laxamente conectados entre sí pero casi por completo desprovistos de todo medio de comunicación externo.

¿Qué habríamos pensado de una antigua raza de cazadores, aficionados sobre todo a la carne de caballo y que, simplemente para satisfacer tal gusto hubiera perseguido y dado muerte sistemáticamente a todos los caballos de la Tierra hasta la completa extinción de la especie? Salvajes, perezosos, estúpidos, egoístas y crueles son algunos de los epítetos que vienen a la mente. ¡Qué derroche cometido por no saber detectar la posibilidad del trabajo asociado entre hombre y caballo! Ya es bastante mala la cría, la explotación que de las ballenas hacen esas naciones cuya industria, atrasada y primitiva, reclama un constante suministro de determinados productos, pero si les damos caza despiadadamente hasta extinguirlas habremos cometido un genocidio del que serán culpables esas burocracias nacionales, indolentes y cerradas, capitalistas o marxistas, desprovistas de corazón o inteligencia para sentir o comprender la magnitud del crimen. Quizá estén todavía a tiempo de enmendar sus errores. Quizá, un día, los niños que compartiremos con Gaia cooperarán pacíficamente con los grandes mamíferos oceánicos utilizando la ballena para que los viajes de la mente adquieran mayor impulso, de igual modo que el caballo nos transportó una vez sobre la superficie de la Tierra.

Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra
(1979)

martes, 19 de diciembre de 2017

El valor desvalorizado e invaluable del lobo


Por DAVID NIETO MACEÍN

Es innegable que los lobos identifican las debilidades de sus presas y se dirigen a ellas con prioridad. Para el ojo humano, un ciervo puede parecer perfectamente sano pero los lobos son capaces de detectar en él una enfermedad. Es ese sexto sentido del que muchas veces hablamos que está presente en el Canis lupus y que es una capacidad perceptiva desarrollada en pos de la depredación. Un poco de cansancio o lentitud, un marcha algo diferente por artritis, el olor de una infección latente, el comportamiento ingenuo de los juveniles… Ha sido demostrado en múltiples investigaciones, especialmente en Royal Island, Yellowstone y otros lugares. Los lobos perciben detalles que para nosotros son imperceptibles. Detectan las debilidades de las presas. Y de forma innata tienen una motivación a centrarse sobre estos animales, algo que se potencia con el aprendizaje. En el mayor laboratorio de investigación de la relación del lobo con sus presas, Isla Royal (Lago Superior, Michigan), la inmensa mayoría de las presas sufrían artritis, periodontitis o malnutrición. Por eso los predadores proporcionan una resistencia mayor a la propagación y prevalencia de enfermedades en las especies presa.

La CWD (Chronic Wasting Disease), una encefalopatía espongiforme de los cérvidos americanos, que es letal y contagiosa, invade ahora los ecosistemas más ricos de vida salvaje de toda Norteamérica, propagándose como la peste, y ya ha llegado a Europa, donde se ha detectado al sur de Noruega en 2016 en renos y alces.

Los tan calumniados y aniquilados lobos son los más importantes aliados contra las enfermedades de sus presas. El caso de la mencionada Isla Royal fue muy conocido. Los alces ocuparon la isla, donde no había lobos, y su población llegó a alcanzar miles de ejemplares, que consumieron la vegetación y destruyeron el equilibrio de todo el ecosistema. Enfermaron dramáticamente y las epidemias les precipitaban hacia una inminente extinción… cuando llegaron los lobos. Estos, a pesar de lo que se creyó inicialmente, sanearon la población eliminando a enfermos y débiles. En poco tiempo, los alces tuvieron una población sana y los ecosistemas se regeneraron.

Aunque los datos científicos lo confirman una y otra vez, sigue existiendo una férrea resistencia a admitir el papel beneficioso y fundamental del lobo en los ecosistemas, y se ponen de manifiesto perjuicios culturales absurdos en las reuniones de las Administraciones con ganaderos y cazadores ante la perplejidad de científicos y conservacionistas.

El odio cultural al lobo es capaz de estar por encima de la ciencia. Las emociones generadas por aprendizaje en personas sin conocimiento, cultura, personalidad o capacidad de pensar de forma crítica, son tan fuertes que no son capaces de reconocer el importante papel del lobo.

En USA, el jefe del Departamento de Vida Silvestre y Parques de Montana, ha dejado a todos boquiabiertos afirmando —en contra de las constantes evidencias científicas— que las ventajas de los predadores para el control de las enfermedades de los cérvidos no han sido probadas y que para que fueran eficaces tendría que haber tantos predadores que sería inaceptable socialmente para cazadores y ganaderos. Esto lo cuento porque en España estamos infectados por la misma ignorancia entre los políticos y gestores. Afirman una barbaridad esperpéntica sin ningún conocimiento de base y se quedan tan anchos.

La estrategia que quiere implantar es que sean los cazadores los que maten sin compasión en las zonas endémicas de la enfermedad, y ha aumentado las cuotas de caza de forma brutal. Esto muestra un sesgo personal contra el lobo e ignorancia profunda en el Departamento de Vida Silvestre, que no comprende en absoluto el funcionamiento de los ecosistemas ni aprecia lo más mínimo la historia natural.

Sabemos que los lobos cazan animales débiles y enfermos y que mitigan y frenan la aparición de enfermedades, constituyendo además un elemento de selección de animales más resistentes a dichas enfermedades. Como se persiguen y matan lobos, la encefalopatía de los cérvidos se extiende por Norteamérica, lo que está generando una preocupante alarma. Ya han dicho que si la epidemia de CWD reduce drásticamente los ciervos de Yellowstone, se produciría una alteración de la estructura y función de sus ecosistemas.

A pesar de ello, Wyoming y Alaska persisten en el exterminio de lobos basándose solamente en el odio cultural ancestral heredado de los colonos que se dedicaron a masacrar a esta especie con saña. Aunque nuestro conocimiento ha aumentado y ya existe una conciencia científica y ecológica que debería estar por encima de los mitos absurdos y dañinos retratados en cuentos y leyendas inventadas, persiste la hostilidad. En el 85% de Wyoming, por ejemplo, los lobos son tratados como «alimañas» —como si el tiempo no hubiese pasado— y pueden ser aniquilados en cualquier momento del año y sin motivo, incluso trampeados y ¡hasta envenenados! o disparados desde el aire. Aunque no exista amenaza para el ganado, lo que es claro indicativo del absurdo en el que viven. En la esquina NW, cerca de Yellowstone, los lobos son especie cinegética y por añadidura están sujetos a matanzas cuando los ganaderos tienen antojos. Pero la evidencia es que, a medida que se erradican los lobos en Wyoming, la CWD se va extendiendo como una masa de aceite hacia el Oeste, más rápido de lo que se esperaba, a través de cérvidos infectados.


Las condiciones perfectas para extender la pandemia se dan en el Refugio Nacional del Wapití (National Elk Refuge) y puntos de alimentación de ciervos gestionados por el Estado de Wyoming. En estos lugares se concentran de forma artificial miles de wapitíes (ciervos americanos) durante el invierno y esto acelerará la expansión de la enfermedad de forma devastadora.

En Montana tampoco están las cosas bien para el lobo y, por tanto, están alentando la expansión de la encefalopatía. Allí hay tres áreas en las que los lobos están sujetos a una precaria protección con cuotas de matanza con cierto límite (dos al norte de Yellowstone y otra al oeste del Parque Nacional de los Glaciares), pero el resto del Estado permite el exterminio del lobo. Como si no hubieran avanzado en el conocimiento científico y en el respeto a los valores naturales y la biodiversidad desde hace dos siglos.

Los grupos o manadas estables de lobos son la verdadera y única garantía de salud para los cérvidos y, por ende, todo el ecosistema. Hasta un cazador, Kevin Van Tighem, que fue superintendente del Parque Nacional de Banff, en Canadá, dijo: «Pueden inventar razones de cuentos de hadas para despreciar a los lobos y justificar su exterminio, pero eso no cambia la naturaleza fundamental del lobo comprobada en el tiempo. No conozco a ningún biólogo creíble que defienda que los lobos no son la mejor y más importante manera de lidiar con la encefalopatía de los cérvidos»

En el Parque Nacional de las Montañas Rocosas, en Colorado, hay actualmente un brote de la enfermedad… y no hay lobos. Hay una alta densidad de wapitíes. Las densidades antinaturales de ciervos en los puntos de alimentación del Refugio de Wapitíes de Wyoming alcanzan miles de ejemplares por km2. Esto significa que la CWD puede ser especialmente virulenta y que los lobos son vitales para sanear las poblaciones de estos cérvidos.

El famoso biólogo Paul Paquet ha monitoreado la expansión geográfica de la encefalopatía en relación con la presencia de lobos desde que la enfermedad se confirmó por primera vez hace décadas. «Hasta la fecha, la CWD no ha prosperado donde las poblaciones de lobos están activas, aunque la enfermedad ha aparecido en los márgenes de estas poblaciones. Un simple mapeo de la distribución de lobos y la CWD es muy instructivo», dice.

Las mentiras para justificar la persecución

Las opiniones políticas no se alinean con la realidad. En 2016 las bajas en ganado por lobos en Wyoming han sido de 154 terneros, 88 ovejas y un caballo. En 2015 había en todo el Estado 377 lobos. Montana tiene cerca de 500 lobos y Idaho 786 según los censos de la Administración.

Decían algunos políticos americanos del Congreso, en abril de 2015, que desde que los lobos fueron protegidos, habían tenido un «impacto devastador en la caza y la ganadería, generando pérdidas trágicas para el ganado y la vida silvestre, que históricamente eran fuertes y sanas». Observando los datos en los que se basaron para tal afirmación, veíamos que durante el año 2014 había unos 1.800 lobos en 313 manadas para todo Wyoming, Idaho, Montana, Oregón y Washington, y que habían matado 140 terneros, 172 ovejas, 4 perros, 1 caballo y 1 burro. En una vasta región con millones de cabezas de ganado. ¿Esto era lo que los miembros del Congreso llamaban «trágico y devastador»? Allí mueren cada año miles y miles de vacas y ovejas por enfermedades, clima, accidentes, envenenamientos con plantas, rayos, ataques de perros, etc. Los lobos no representan ni el 1% de las pérdidas. Y es digno de mención que sólo el 62% de todos los grupos de lobos estuvieron involucrados en predación de ganado en algún momento y la mayoría predaron ganado de forma excepcional. Significa que sólo en 4 de cada 5 manadas no había habido incidentes con ganado.

13 DICIEMBRE 2017.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Gaia es un organismo no darwinista


Por CARLOS DE CASTRO CARRANZA

El descubrimiento más importante que ha hecho la Ciencia a lo largo de su historia es simple: ¡El Universo evoluciona! ¿En qué sentido evoluciona? Pues partiendo de una sopa más o menos informe de energía y materia, se han creado estructuras complejas como las galaxias, con estrellas y sistemas «solares», con planetas con estructuras tan hermosas y complejas como las bandas de la atmósfera de Júpiter, los volcanes de Io (una de sus lunas) o la propia Tierra.

En un rinconcito de este Universo, al menos, ha evolucionado el ser más complejo que hoy conocemos: Gaia. Esto es un hecho, una observación. El Universo se ha complicado, al menos en algunos de sus puntos. Ha evolucionado. Sin embargo, a pesar de ello, la Ciencia no se ha embarcado en la empresa de buscar la ley o leyes que rigen esa evolución, esa tendencia a formar estructuras cada vez más complejas.

En la superficie de la Tierra, ha habido un proceso similar al del Universo. Se ha complicado en algunos de sus puntos. En cuanto a la vida, sabemos que procedemos de uno o unos pocos ancestros comunes, bacterias o quizás comunidades de bacterias y virus; seres muy sencillos si los comparamos con nuestro ombligo, pero muy muy complejos si los comparamos con una molécula de agua.

Debemos reflexionar porqué la tendencia hacia lo complejo se ha casi ignorado desde Darwin en las ciencias biológicas. De hecho, tanto en Cosmología como en Biología, se prefiere incluso negar algo que es tan obvio.

El darwinismo no puede explicar esa tendencia hacia organismos más complejos, ni su persistencia. La evolución biológica no paró con las bacterias, ni con las células eucariotas (las que componen nuestros cuerpos), ni con los primeros organismos pluricelulares. Para todos es obvio que una célula de mi cerebro es más compleja, midamos como midamos la complejidad, que una bacteria. Y para todos es obvio que una medusa es menos compleja que una rana o una orquídea.

Por supuesto el darwinismo tampoco puede explicar la aparición del primer ente replicante (no había nada que seleccionar) y desde el Big-Bang hasta ese primer reproductor está claro que hubo una evolución no biológica adarwinista. Es decir, ha habido evolución sin darwinismo. Primera conclusión: el darwinismo no es toda la historia de la evolución en este universo, y por tanto, deben existir leyes que rijan esa tendencia observada al incremento de la complejidad. Estas leyes serán comunes (por ser básicas) tanto a la evolución de las galaxias como a la evolución de las bacterias.

Y la evolución biológica tampoco se da sólo en lo que los biólogos denominan organismos. ¿Qué pasa con los ecosistemas? ¿Están evolucionando también? Recordemos que fueron considerados por los primeros ecólogos como organismos o super-organismos. ¿Qué es una colonia de abejas, hormigas o termitas? ¿No es la propia colonia una especie de organismo? Desde el darwinismo, ¿Qué se seleccionaría, a las hormigas o a las colonias de hormigas? ¿No son las hormigas como células de la colonia? ¿No trabajan e incluso se sacrifican por el bien de la colonia? ¿Quién se reproduce, la hormiga obrera —estéril— o la colonia? ¿Quién, pues, evoluciona?

Por otro lado, tenemos la teoría Gaia. La idea o hipótesis inicial de Lovelock, desde el punto de vista metafórico al menos, era ver a la Tierra, o mejor, a la zona de influencia de la vida sobre la Tierra, como si de un organismo vivo se tratase, capaz de regular sorprendentemente bien la composición de la atmósfera, los océanos y la litosfera. A ese ente lo llamó Gaia.

Pero Gaia no podía ser un producto de la teoría de Darwin, y como algunos científicos piensan que esta teoría es completa, pues hicieron algunas críticas a Gaia, ya que ésta hacía intervenir a seres vivos.


Sin embargo, Lovelock se resistió desde el principio a subsumir a Gaia dentro de Darwin. Para él de hecho es una ampliación del darwinismo. Y lleva ya 40 años tratando de hacer compatible su teoría con la de Darwin. Sin conseguirlo. El primer problema es que lo que hace Gaia es contrario a lo que se supone que hacen los organismos desde el darwinismo:

Los organismos se adaptan a su medio ambiente por medio de la competencia y la selección natural según Darwin. Pero Gaia lo que hace es adaptar el medio ambiente para sí misma (y para los organismos que habitan en la biosfera), con lo que son dos fuerzas diametralmente opuestas. Si te adaptas no tienes que adaptar el medio. Si adaptas el medio (tecnología) ya no hay necesidad de adaptación.

El resultado final va a ser que Selección Natural y Gaia no son compatibles.

Curiosamente la solución ante esta contradicción no es minimizar la teoría de Gaia, como se ha hecho, sino la del darwinismo y con él el neodarwinismo. Además, hay que hacer a Gaia mucho más fuerte que lo que se ha atrevido a hacer de ella el mismo Lovelock (quien ha ido reculando poco a poco en estas últimas cuatro décadas).

La intuición inicial de Gaia, como organismo, resulta ser la que a mi modo de ver, mejor encaja con los hechos observacionales (del evolucionismo y de la ecología). Es decir, Gaia es un organismo evolutivo de pleno derecho, como lo puede ser una colmena o un termitero.

Y como tal organismo es un ser teleológico, es decir, que posee propósitos. Igual que decimos que una cigüeña recoge ramas con un propósito muy claro (hacer un nido para criar), igual que decimos que la colmena fabrica jalea real con un propósito muy claro, e igual que identificamos propósitos en todos los seres vivos (conscientes de sus actos o no), lo mismo pasará con un ser como Gaia con todas las propiedades esenciales que identificamos con un ser vivo, con un organismo.

(2011)

sábado, 9 de diciembre de 2017

¿Bandera o estandarte majnovista? Pues... NO


Cuando hablamos —y por aquí bastante— de la Revolución Rusa de 1917 (ya que estamos en su centenario) siempre nos gusta recordar lo que pasó en aquellos años en el sudeste de Ucrania. Los campesinos ocuparon tierras, se autoorganizaron y llegaron a formar bandas armadas para defenderse. Entre estos grupos sobresalió el de la gente de Guliay-Polie, encabezados por Nestor Majnó, un anarquista ucraniano que logró unir a todos los grupos guerrilleros. El cual combatió tanto a los blancos como a los bolcheviques, como también a los nacionalistas ucranianos, y en 1918 a los invasores austro-alemanes. Organizaron un territorio autogestionado entre el Bajo Dnieper y el mar de Azov, y constituyeron comunas libres, hasta que fueron derrotados, traicioneramente al final, por el Ejército Rojo en 1920.

Una de las imágenes más conocidas que tenemos de ellos es esta foto con dos 'guerrilleros' sujetando un estandarte negro con una calavera, que pone algo así (en ucraniano): «MUERTE A LOS QUE IMPIDAN LA LIBERTAD DE LOS TRABAJADORES». Y durante muchos años hemos considerado como su bandera.

La foto se dió a conocer en un libro ruso de 1926, escrito por el comunista Z.S. Ostrovsky, titulado Pogromos judíos: 1918-1921, libro que trata sobre el antisemitismo y las matanzas de judios cometidas en aquellos años. Y en en este escrito se acusa directamente a Majnó y su gente de pogromistas. Fiel al discurso dominante en aquellos años para desacreditar a los opositores a la dictadura bolchevique.


Majnó, en su momento, escribió en el exilio, publicada en 1927 en el periódico Dielo Trudá, una carta dirigida a todos los judíos en la cual explicaba que nunca fueron antisemitas y ni protagonizaron ningún pogromo, y añade, además, que la foto de la página 100 en la que sale la bandera negra con la calavera no era de su movimiento. En otras palabras, que la bandera nunca fue majnovista. Fallo nuestro debido a que en el sexto párrafo pone 'cabeza humana' en la traducción original en castellano del manifiesto, en vez de 'calavera' (tête de mort) que sí pone el texto en francés. Aunque sea cierto que portasen banderas negras con lemas revolucionarios, pero, sin calaveras.

Entonces ¿de quién es la susodicha banderita (o estandarte)?

Hace unos años (por el 2011) se hizo pública otra foto, y el subdirector del Museo Nacional de Historia Militar de Ucrania, el escritor Yaroslav Tinchenko (¡y más tarde posiblemente en uno de sus libros, creo?), nos dijo que era de otra gente. Foto en la que se ve a los mismos soldados que han dado la vuelta al estandarte y se lee en el reverso (con faltas de ortografía): Наддніпрянській кіш («Naddnipriansky kish»), la unidad militar a la que pertenecían.


Con 'kish' se refiere a un destacamento regional como se agrupaban los llamados Cosacos Libres, aunque no fuesen verdaderos cosacos (originalmente 'kish' era el nombre de los campamentos cosacos del Dnieper, que más tarde fue adoptado, durante los años de la Revolución rusa, por las unidades militares nacionalistas ucranianas). Los campesinos ucranianos de la zona de Kiev y aledaños, constituyeron también grupos armados y usaron rasgos culturales de su pasado histórico cosaco. Los Cosacos Libres más que militares ejercieron funciones parapoliciales entre los años 1917-18. Mantuvieron sus vínculos con la Rada Central, el parlamento ucraniano controlado por partidos socialistas antibolcheviques que fue la primera fase de la llamada República Popular de Ucrania, hasta el golpe de Estado del hetman Skoropadski apoyado por los ocupantes austro-alemanes.

Y 'Naddnipriansky' es el nombre de la región del curso medio del Dnieper en el que están los orígenes de este país, territorio fronterizo entre las potencias regionales moscovita, polaca y otomana controlado por cosacos, los cuales se mezclaron con campesinos eslavos y fueron los antepasados de los actuales ucranianos. Más tarde, también era uno de los nombres por el que se conocía al Ejército Popular Ucraniano, durante el Directorio de Petliura (después de ocho meses de gobierno títere de los Imperios Centrales del hetman Skoropadski, vino en 1919 la segunda fase de la República Popular de Ucrania, ya menos socialista y más nacionalista). Ejército que mantuvo los nombres de origen cosaco para sus oficiales y unidades. Y ejército en el que terminaron formando regimientos de caballería los llamados Cosacos Libres. Se tiene conocimiento de la pasividad de las autoridades ucranianas petliuristas ante los desmanes producidos por sus tropas contra la comunidad judía en esos tiempos, además de los pogromos cometidos por el Ejército Blanco de Denikin (apoyado por la Entente) en su avance por Ucrania y el sur de Rusia.

En pocas palabras, el estandarte no es majnovista sino 'cosaco', mejor dicho, es petliurista (nacionalista ucraniano); porque las verdaderas huestes cosacas estaban en las fronteras rusas del Cáucaso, Siberia y Asia Central —entre los cosacos también había de todo, desde conservadores hasta revolucionarios, no eran exclusivamente derechistas como se cree—. Y la acusación de antisemitas está más en la linea de los petliuristas que de los majnovistas. Majnó ya nos lo dijo, y poco caso se le hizo, se merece algo de justicia.

KRATES

viernes, 1 de diciembre de 2017

¿El yeti? Un oso de las altas montañas de Asia, según análisis de ADN


Por MARLOWE HOOD

La genética lo desenmascaró: el yeti, el «abominable hombre de las nieves» que ha alimentado la leyenda durante décadas, es en realidad un oso de las altas montañas de Asia, según un estudio publicado el miércoles.

Aunque para ser exactos, el temible ser corresponde a tres tipos de osos [y solo dos especies]: el negro asiático, el pardo tibetano y el pardo del Himalaya, todos ellos habitantes de los Himalayas.

«Nuestro hallazgo apunta a que los elementos biológicos que sustentan la leyenda del yeti corresponden a osos locales», indicó Charlotte Lindqvist, que dirigió el estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Aunque no es el primero que reduce el mito del yeti a un oso, el informe reunió por primera vez una gran cantidad de pruebas genéticas procedentes de huesos, dientes, piel, pelo y muestras fecales atribuidas a la legendaria criatura.

Todos estos elementos —procedentes de colecciones privadas y de varios museos en el mundo— correspondían en realidad a 23 osos, pertenecientes a las tres subespecies mencionadas.

Más allá de desmontar un mito, la reconstrucción del genoma completo mitocondrial de cada ejemplar permitió revelar importantes factores sobre estos carnívoros y su evolución.

«Los osos pardos que deambulan en las grandes altitudes del Altiplano Tibetano y los que se hallan en las montañas occidentales de los Himalayas pertenecen en realidad a dos poblaciones separadas», dijo a la AFP Lindqvist, profesora asociada de la universidad neoyorquina de Buffalo College of Arts and Science.

«Se separaron hace 650.000 años, durante el periodo glaciar», añadió.

Ambas subespecies probablemente permanecieron aisladas entre ellas, pese a hallarse relativamente próximas.

El oso pardo del Himalaya, cuyo color de pelo rojizo es más suave que el del pardo tibetano, está considerado como en peligro «crítico» de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Seducidos por el misterio

Durante el siglo XX, la fascinación de Occidente —sobre todo de Estados Unidos y Gran Bretaña— por la leyenda del yeti fue intensa.


En un libro que narra su expedición por el paso de Lhagba-La cerca del Monte Everest en 1921, el teniente coronel Charles Howard-Bury describe «huellas que parecen más bien las de un hombre descalzo».

Aunque las atribuye a un gran lobo desplazándose a zancadas sobre la nieve, sus guías aseguran que se trata de un «metoh-kangi», es decir, «un hombre-oso de las nieves».

El informe en 1925 de un miembro de la Royal Geographical Society alimenta el misterio, al asegurar haber visto una silueta parecida a la de un hombre cruzando un glaciar a una gran altitud.

Al menos dos expediciones fueron organizadas en los años 1950 con el objetivo de encontrar al yeti, mientras las reivindicaciones sobre su supuesta existencia se extendieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

«Aunque no hay ninguna prueba» de que haya criaturas cuya existencia es cuestionada, «es imposible descartar por completo que existan», dijo Lindqvist. «A la gente le encanta el misterio».

29 noviembre 2017