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sábado, 14 de enero de 2012

Contra el terrorismo de Estado y el otro

Intervención de Azar Majedi, presidente de la Organización para la Liberación de la Mujer en Irán y codirigente Partido de la Unidad Comunista-Obrero de Irán en una conferencia en Ivry-sur-Seine (localidad cercana a París) el pasado 2 de diciembre de 2011, sobre lo que denomina "los dos polos del terrorismo" desde el 11 de septiembre de 2001: el terrorismo de Estado y el terrorismo islamista, y una pequeña crítica a los que apoyan a cualquiera de los dos desde la izquierda y la derecha política.

Texto obtenido del blog La Bataille socialiste (La batalla socialista) y traducido libremente por Curio Dentato:


Contra los dos polos opuestos del terrorismo
tenemos que tener una postura clara

La Bataille socialiste, 4 de diciembre 2011.

La última vez que me expresé sobre el tema del laicismo en una conferencia en París, hice la diferencia entre el "laicismo de derechas" y el "laicismo de izquierdas", y hablé de la necesidad de organizar un movimiento laico de izquierdas. Un movimiento que no solamente defienda una forma radical de laicismo, que se oponga a su vez a la ingerencia de la religión en el seno del estado, la legislación y la educación, sino que también se oponga a lo que podemos denominar desde el 11 de septiembre de 2001 los dos polos opuestos del terrorismo: el terrorismo de Estado dirigido por los Estados Unidos y cuyo brazo armado es la OTAN y el terrorismo islamista cuyo principal exponente es la Republica Islámica de Irán, pero que no se limita exclusivamente a este régimen.

Ese discurso dio lugar a una serie de reacciones opuestas, tanto entre el público asistente a la conferencia, como tras su publicación en francés, en ingles y en persa. Hoy, casi un año después de la primera oleada de manifestaciones en Oriente Medio y en el Norte de África, esta cuestión se ha vuelto crucial. ¿Por qué es esencial distinguir estas dos corrientes (de laicismo), y optar por una y no por la otra? Esto es una cuestión importante.

En el último año hemos podido ver como han respondido las dos corrientes a los acontecimientos desarrollados en Oriente Medio. La derecha, bajo el pretexto del peligro islamista y su preocupación por los derechos de las mujeres, defendió tímidamente el statu quo. Participé en una conferencia en línea bajo el título de «Manifestaciones árabes y derechos de las mujeres», algunos de los participantes sólo expresaron su preocupación ante la caída de los regimenes de Mubarak y Ben Ali. Más tarde, la derecha también defendió la participación de la OTAN en la llegada al poder de Libia del Consejo Nacional de Transición (CNT). Pero ahora, cuando se va a imponer la Sharia musulmana como ley en Libia, afirman que el CNT engañó a la OTAN.

La religión y las organizaciones religiosas son el fundamento de las políticas reaccionarias. Si bien es verdad, sólo es una parte de la verdad. La religión es parte de la ideología reaccionaria y misógina dominante, que sirve para legitimar un sistema basado en la discriminación, la desigualdad, la explotación económica y la falta de libertad: el capitalismo. Si era preciso desarrollar este tema en la década de los 90, lo es más en el día de hoy, cuando el capitalismo ha destruido nuestras vidas y millones de personas están desempleadas, incapaces de dar cobijo y alimento a sus familias. Mientras el movimiento anticapitalista se ha vuelto global y los capitalistas se están enriqueciendo más a costa de los trabajadores y ciudadanos de a pie. ¿Es realmente necesario conceptualizar este tema y llevar a cabo largos debates para demostrarlo? No lo creo, sabemos que el capitalismo es la fuente de la desigualdad, la discriminación y la pobreza actuales en nuestras sociedades.

En esencia, los movimientos de masas en Oriente Medio y el Norte de África por la libertad, la igualdad y la prosperidad son anticapitalistas, como todos los demás movimientos que luchan contra la situación actual, lo que hoy en día se denomina el Movimiento 99%. Es por eso porque el terrorismo de Estado dirigido por los Estados Unidos no mandó a la gente volver a su casa, sino que envió a Ben Ali al exilio y se deshizo de Mubarak para mantener el aparato del Estado tan intacto como sea posible. Mientras que en Libia, al carecer de la misma capacidad de manipulación, se comprometió militarmente para asegurarse que después de la caída de Gadafi, el Estado no caiga en manos del pueblo.

Esta es la razón por la que el terrorismo de Estado llevado a cabo por los Estados Unidos tomó una actitud favorable a la creación de un Estado palestino y presionó a Israel para que diera marcha atrás.

Occidente apoyó a los islamistas para evitar que la situación derive en una revolución proletaria, y de paso evitar que el poder caiga en manos del pueblo y de las corrientes de izquierda y comunistas. Esto fue lo que ocurrió en Irán en 1979, cuando los gobiernos occidentales, por temor a que la izquierda tomé el poder, hizo venir a París a un siniestro personaje, el ayatolá Jomeini; para convertirle en un dirigente político y dejar a ese monstruo someter al pueblo iraní. No es la misma forma de islamismo, sino una forma autodenominada más moderada, un islamismo a la turca, que actualmente se está imponiendo en la región.

Los pueblos de la región están siendo empujados a la misma trampa, como en Irán en 1979. Debemos ser conscientes de ello e impedir esta solución. Por esta razón, debemos ser verdaderos laicos, y apasionarnos por la libertad, la igualdad y la justicia. Debemos tener la suficiente inteligencia política para no pensar que hay que tomar partido entre un extremo y el otro. Debemos tomar una posición contraría a estos dos extremos: el terrorismo de Estado dirigido por los Estados Unidos y el terrorismo islámico. Debemos ser claros en nuestra lucha por la libertad, la igualdad y la prosperidad para todos, y categóricos en nuestra defensa de la igualdad y la emancipación de las mujeres.

Desde este punto de vista, nosotros, pueblos aplastados por el régimen iraní y similares; nosotros, los comunistas y obreros que luchamos por liberar la humanidad de la desigualdad, la discriminación, la pobreza y la explotación económica; nosotros que defendemos la igualdad de las mujeres y su emancipación, debemos enfrentarnos a estas dos corrientes políticas:

1.— aquellos que están totalmente obsesionados por el Islam y su dominación autoritaria y que están dispuestos a aliarse con el demonio, el terrorismo de Estado llevado a cabo por los Estados Unidos, con el propósito de deshacerse del Islam; a los que denomino los “laicistas de derechas”;

y 2.— aquellos que supuestamente están a la izquierda del espectro político y están más preocupados por el imperialismo (su único fin es combatir lo que denominan imperialismo) están dispuestos a cerrar los ojos ante la desigualdad, la violencia, la represión, la misoginia como su enemigo principal: el imperialismo actualmente existente. Hay tantos ejemplos de estos grupos que condenan la lucha de los pueblos contra regimenes autoritarios, porque piensan que estos movimientos son fomentados por los Estados Unidos u Occidente, como por ejemplo: aquellos que apoyaron al régimen islámico de Irán en 2009, o los que apoyaron al régimen de Gadafi en contra de la intervención de la OTAN en Libia.


Estos dos polos, aunque se opongan el uno al otro, se apoyan mutuamente, y van en contra de la justa lucha de los pueblos, de los trabajadores, de los indigentes, de los sin derechos, de los que hoy se denomina Movimiento 99% .

Debemos posicionarnos en contra de ambos polos. Nuestras únicas guías deber ser la libertad, la igualdad y la prosperidad de los pueblos. La libertad completa y la igualdad real de todos los ciudadanos. Construyamos por tanto un movimiento que defienda la libertad, la igualdad y la prosperidad de los pueblos en estos tiempos difíciles.

jueves, 5 de enero de 2012

Los talibanes abrirán una oficina política en Qatar

Después del pretesto de invadir el país (Afganistán) con los atentados de Nueva York en el 2001, derribando un gobierno integrista (al que apoyaron iniciálmente), y tras centenares o miles de víctimas inocentes y muertes con la guerra... ahora vuelven al principio, reconociendo a los antaño enemigos como amigos. ¡Ya se ve que los intereses son los que priman! Para qué luego los «fachas» abran la bocaza, como siempre en nombre de «su democracia». Desconociendo (?) de dónde viene el dinero de las últimas guerras y «revoluciones árabes».

EL PAÍS - Dubái - 04/01/2012

Los talibanes afganos anunciaron ayer su disposición a abrir una oficina política en Qatar. El acuerdo, que llega tras meses de conversaciones secretas entre representantes de Estados Unidos y responsables talibanes, se considera un primer paso hacia el fin de la guerra en Afganistán. Los insurgentes piden a cambio que Estados Unidos libere a sus colegas presos en Guantánamo, algo que ese país parece contemplar desde que ofreció transferir a varios de ellos a cárceles afganas.

«Es muy significativo. Muestra el coraje político tanto de los talibanes como de Estados Unidos», estima Kate Clark del Afghanistan Analysts Network. En su opinión, la apertura de una oficina política indica que los talibanes «están considerando otras opciones [distintas a la guerra] y debilita su capacidad para motivar a la lucha a sus seguidores». Además, esta analista señala «el riesgo de enemistarse con sus patrones paquistaníes» que la decisión lleva consigo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

A diez años del 11-S

[Hoy es el décimo aniversario de los atentados del 11-S, y de ello se habla en todos los medios, empezando con los «bocachanclas» de los periodistas, y, ¡cómo no!, se refirirán a este acontecimiento como uno de los hechos más importantes del siglo XXI, el comienzo de una «nueva era» y cosas semejantes. Nos recordarán las víctimas inocentes que murieron, y también las de los atentados terroristas posteriores de Madrid y Londres (víctimas del fanatismo religioso), pero muchos omitiran (no todos) los miles de muertos en Afganistán, Irak y, ahora, Libia, en nombre de la «Democracia» occidental y el «mundo libre».

El psicólogo Philip Zimbardo, en su libro El efecto Lucifer nos habla de las consecuencias de lo que se llamó, y sigue denominándose, la «guerra contra el terrorismo», resultado de tal hecho histórico; una «guerra» de la que nuestros políticos y gobernantes «democráticos» saben sacar provecho, en especial de las emociones de la ciudadanía.]



La guerra contra el terrorismo formula el nuevo paradigma de la tortura

Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, y siguiendo la tónica de anteriores fracasos presidenciales en las llamadas «guerras contra nombres» —contra la pobreza, contra la droga—, la administración Bush declaró la «guerra contra el terrorismo». Según la premisa básica de esta nueva guerra, el terrorismo era la principal amenaza a la «seguridad nacional» y a la «patria» y había que oponerse a ella empleando todos los medios necesarios. Esta base ideológica ha sido empleada prácticamente por todos los países para obtener el apoyo popular y militar a campañas de agresión y represión. Durante las décadas de 1960 y 1970 la utilizaron sin ningún reparo las dictaduras de extrema derecha de Brasil, Grecia y muchos otros países para justificar las torturas y las ejecuciones llevadas a cabo por escuadrones de la muerte de los ciudadanos calificados de «enemigos del Estado». La derechista Democracia Cristiana de la Italia de la década de 1970 empleaba la «estrategia de la tensión» para el control político alimentando el miedo al terrorismo de las Brigadas Rojas (comunistas radicales). Y, naturalmente, no debemos olvidar el ejemplo clásico de la Alemania nazi, cuando Hitler hizo que los judíos cargaran con la culpa del colapso económico de la década de 1930. Eran la amenaza interna que justificaba un programa externo de conquista y que exigía su exterminio tanto en Alemania como en todos los países ocupados por los nazis.

El miedo es la mejor arma psicológica de que dispone el Estado para atemorizar a los ciudadanos hasta el punto de que estén dispuestos a sacrificar sus libertades y garantías básicas a cambio de la seguridad que les promete su gobierno omnipotente. Ese miedo provocó el apoyo mayoritario de la ciudadanía estadounidense y del Congreso de los Estados Unidos a iniciar primero una guerra preventiva contra Irak y a mantener después, de una manera totalmente irreflexiva, toda una serie de políticas de la administración Bush. Primero se inculcó el miedo con un estilo orwelliano proclamando que Saddam Hussein, con su arsenal de «armas de destrucción masiva», iba a lanzar un ataque nuclear contra los Estados Unidos y sus aliados. Por ejemplo, en vísperas de la votación de la resolución sobre la guerra contra Irak en el Congreso, el presidente Bush dijo a la nación y al Congreso mismo que Irak era un «país malvado» que amenazaba la seguridad «de Norteamérica». «Conocedores de esta realidad», recalcaba el presidente Bush, «los norteamericanos no debemos pasar por alto la amenaza que se cierne sobre nosotros. Frente a estas pruebas tan evidentes del peligro, no podemos esperar la prueba definitiva que podría adoptar la forma de una nube nuclear.» Pero esa nube nuclear que recorrió «Norteamérica» no fue lanzada por Saddam, sino por el equipo del presidente Bush.

Durante los años siguientes, los principales miembros de la administración Bush han ido repitiendo estas advertencias aciagas discurso tras discurso. La División Especial de Investigaciones (Special Investigations Division) del Comité de Reforma Gubernamental de la Cámara de Representantes (Committee on Government Reform) preparó un informe para el congresista Henry A. Waxman sobre las declaraciones públicas de administración Bush en relación con Irak. Para ello se basó en una base de datos pública con todas las declaraciones realizadas en este sentido por Bush, Cheney, Rumsfeld, el secretario de Estado Colin Powell, y las entonces consejera de Seguridad Nacional Condoleezza Rice. Según el informe, estos cinco altos cargos realizaron 237 declaraciones «fraudulentas» sobre la amenaza iraquí en 125 comparecencias públicas, con un promedio de unas 50 cada uno. En septiembre de 2002, un año después de los ataques del 11-S, la administración Bush hizo casi 50 declaraciones públicas fraudulentas.

Ron Suskind, ganador de un premio Pulitzer, ha realizado una investigación en la que llega a la conclusión de que, en gran medida, la formulación de la guerra contra el terrorismo por parte de la administración Bush tiene sus raíces en una declaración de Cheney realizada inmediatamente después del 11-S: «Aunque sólo haya un 1% de probabilidades de que los científicos pakistaníes estén ayudando a Al-Qaeda a construir un arma nuclear, nuestra respuesta debe fundarse en tener esto por una certeza. Lo importante no es nuestro análisis […] Lo importante es nuestra respuesta». Suskind escribe en su libro The One Percent Doctrine: «Esto, una vez dicho, sentó precedente: una norma de actuación que regiría durante años los acontecimientos y las respuestas de la administración». Luego observa que, por desgracia, el gigantesco gobierno federal no sabe actuar con eficacia bajo una forma nueva de tensión, como esta guerra contra el terrorismo, y bajo la disonancia cognitiva provocada por la aparición inesperada de la insurgencia.

Podemos ver una manera diferente de utilizar el miedo en la politización del sistema de alerta terrorista (código de colores) por parte del Departamento de Seguridad Nacional de la Administración Bush. Creo que su propósito original era actuar, como hacen todos los sistemas de alerta, para movilizar a los ciudadanos en previsión de una amenaza. Sin embargo, con el tiempo, las once alertas tan vagas que se comunicaron nunca dieron una orientación realista para que el ciudadano actuara. Si hay alerta de huracán, se le dice a la gente que evacue el lugar; si hay alerta de tornado, sabemos que debemos buscar refugio; pero si se nos avisa de que en algún momento, y en algún lugar, habrá un ataque terrorista, sólo se nos dice que estemos «más atentos» y, naturalmente, que sigamos actuando con normalidad. Ninguna de estas amenazas se ha materializado a pesar de la supuesta credibilidad de las «fuentes», pero nunca ha habido ninguna explicación o declaración pública al respecto. Movilizar las fuerzas nacionales cada vez que se eleva el nivel de alerta cuesta, como mínimo, mil millones de dólares al mes y genera en la población una ansiedad y una tensión innecesarias. Al final, en lugar de ser un sistema de advertencia válido, el sistema de alerta terrorista se ha convertido en un instrumento muy costoso con el que el gobierno ha alimentado el miedo al terrorismo a falta de unos ataques verdaderos.

El autor francés Albert Camus, uno de los exponentes del existencialismo, decía que el miedo es un método; el terror provoca miedo y el miedo hace que la gente no pueda pensar de una manera racional. Hace que la gente conciba de una manera abstracta al enemigo, a los terroristas, a los rebeldes que nos amenazan y que, por ello, deben perecer. Cuando empezamos a concebir a unas personas como una clase de entidades, como abstracciones, todas se fusionan en un «rostro enemigo» y el impulso primitivo de torturarlo y matarlo aflora incluso en personas habitualmente pacíficas.

He expresado públicamente mis críticas a estas «alertas fantasmas» por considerarlas peligrosas y contraproducentes, pero está claro que estaban muy correlacionadas con los aumentos del índice de popularidad de Bush. La cuestión es que, suscitando y alimentando el miedo a un enemigo que parecía estar a las puertas, la administración Bush ha podido situar al presidente como jefe supremo de las fuerzas armadas de una nación en guerra.

Al nombrarse a sí mismo «jefe supremo» y conseguir que el Congreso le otorgara muchos más poderes, el presidente Bush, y también sus asesores, acabaron creyendo que estaban por encima de las leyes nacionales e internacionales y que, en consecuencia, cualquiera de sus políticas sería legal por el simple hecho de darle una nueva interpretación oficial. Las semillas del mal que florecieron en la mazmorra oscura de Abu Ghraib fueron sembradas por la administración Bush mediante un triple planteamiento: la amenaza a la seguridad nacional, el miedo y la vulnerabilidad de la ciudadanía, y el empleo de interrogatorios/torturas para vencer en la guerra contra el terrorismo.

Philip Zimbardo (2007).

lunes, 28 de marzo de 2011

Revoluciones de Oriente Medio e intrigas del 11-S urdidas en Qatar

Por Chung Kiyul | 05:35 pm hora de Beijing, Lunes, 28 de febrero 2011

4th Media

Yoichi Shimatsu, Asesor Principal de 4th Media, con sede en Hong Kong, cubrió el incremento de la militancia islámista en el norte de África en la década de los 90 para el grupo Japan Times.

En el thriller político Syriana de 2005, protagonizada por George Clooney y Matt Damon, Qatar está en el centro de una intriga internacional. El título se basó en el concepto de «Pax Syriana», un acuerdo secreto entre dos potencias mutuamente hostiles para dividir una región en sus respectivos ámbitos de dominación.

Los think tanks de Washington utilizan este término para describir una remodelación de Oriente Medio que se ajuste a los intereses estadounidenses, pero sabiendo que este objetivo sólo puede alcanzarse mediante la cooperación encubierta con el enemigo, es decir, con los patrocinadores financieros de Al Qaeda y la Hermandad Musulmana.

La apenas velada ficción se basaba en la realidad política de ese trozo de desierto que sobresale de la Península Arábiga en el Golfo Pérsico: el emirato de Qatar. El hogar de la cadena estatal Al Yazira, Qatar, es, visto superficialmente, el huésped pro-Occidental del Mando Central de los EE.UU. y un activo promotor de las «revoluciones democráticas» que están barriendo actualmente Oriente Medio. Se le acusa también de ser un estado patrocinador del terrorismo.

Qatar, nido de serpientes


Armas químicas saqueadas

Puede extrañar y quizá desanimar a los manifestantes jóvenes de Bengasi, El Cairo y Túnez el hecho de que sus esperanzas democráticas están siendo manipulados por una élite árabe ultra-conservadora, que bajo cuerda ha respaldado el crecimiento de los militantes islamistas radicales en el norte de África. Informes fiables de la inteligencia de EE.UU. han citado pruebas que apuntan al apoyo que desde hace largo tiempo brinda el emirato a los Hermanos Musulmanes, Al Qaeda y combatientes yihadistas que regresan desde Afganistán.

Los vínculos de Qatar descubiertos por investigadores de la lucha contra el terrorismo a raíz del 11 de Septiembre necesitan ser revisados ahora que el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), unas veces ligado a Al Qaeda y otras no, se ha apoderado de la mitad de los depósitos de armas del norte de África. Los arsenales bien surtidos de Libia contienen explosivos de alta potencia, lanzacohetes y armas químicas. El GICL está en la lista de terroristas del Departamento de Estado.

Lo más preocupante, según un funcionario de inteligencia de EE.UU. citado por la CNN, es la probable pérdida de armas químicas. La Federación de Científicos de Estados Unidos informa que, a partir de 2008, sólo el 40 por ciento del gas mostaza de Libia fue destruido en la segunda ronda de decomisiones. A lo largo de la frontera egipcia debían aún recuperarse frascos químicos y están ahora por lo visto en las manos de militantes armados.

Después de dejar caer que las primeras protestas en Libia fueron organizadas por el GICL, Al Yazira rápidamente cambió su línea para presentar un relato considerablemente filtrado sobre «protestas pacíficas». Para explicar la muerte por armas de fuego de los soldados libios durante el levantamiento, la cadena con sede en Qatar presentó un contexto irreal con 150 soldados muertos en Sirte que habían sido ejecutados por sus mandos por «negarse a luchar». Los misteriosos oficiales entonces abandonaron milagrosamente sus bases desvaneciéndose en el aire ¡mientras estaban cercados por manifestantes furiosos! A micrófono cerrado, un analista de inteligencia norteamericano calificó estas afirmaciones de los medios como «absurdas» y sugirió en vez de eso lo obvio: que los soldados fueron abatidos a tiros en un asalto armado perpetrado por combatientes retornados de Irak y Afganistán endurecidos por la guerra.

Muchas unidades del ejército libio han «desertado» con el único propósito de tratar de recuperar las sustracciones de armas llevadas a cabo por los militantes islamistas. El papel de Al Yazira consistente en borrar las huellas dactilares de los militantes armados prueba la antes mencionada conclusión de los expertos occidentales antiterroristas de que Qatar patrocina el terrorismo.


Pagar para aterrorizar

De acuerdo con un informe del Servicio de Investigación del Congreso de enero de 2008: «algunos observadores han planteado preguntas sobre el posible apoyo a Al Qaeda por parte de algunos ciudadanos qataríes, incluidos los miembros de la poderosa familia gobernante de Qatar. De acuerdo con el informe de la Comisión sobre el 11 de Septiembre, el Ministro del Interior de Qatar ofreció refugio al cerebro del 11-S Khalid Shaikh Mohammed a mediados de la década de los noventa, e informes de prensa indican que otros terroristas podrían haber recibido ayuda financiera y refugio en Qatar después del 11 septiembre de 2001.»

El jefe de seguridad nacional, el Ministro del Interior, Jalid bin Abdullah Al-Thani, se menciona además por pagar un viaje en 1995 a Khalid Shaikh Mohammed «para unirse a la yihad de Bosnia». El informe recuerda cómo, tras el atentado con bomba contra el World Trade Center en 1993, a funcionarios del FBI el sospechoso «se les escapó por los pelos» en Qatar. «Ex funcionarios del Gobierno de los EE.UU. desde entonces creen que un miembro de alto rango del Gobierno de Qatar le alertó de la incursión inminente, permitiéndole huir del país.»

El jefe del espionaje qatarí «acogió en Qatar un gran número de veteranos del conflicto contra los soviéticos en Afganistán, los llamados ‘afganos árabes’, a principios de los noventa». Estos vínculos nos retrotraen a finales de los ochenta, «cuando los EE.UU. y Qatar se enzarzaron en una prolongada disputa diplomática con respecto a la adquisición por parte de Qatar de misiles Stinger y misiles antiaéreos de fabricación americana en el mercado negro. La disputa congeló la cooperación económica y militar acordada y el Congreso aprobó una prohibición de venta de armas a Qatar hasta los meses previos a Guerra del Golfo de 1991, cuando permitió a las fuerzas de la coalición actuar desde territorio qatarí».


Khalid Shaikh Mohammed, implicado en el 11-S.


Las conexiones ocultas con la red terrorista salieron a la luz cuando un hombre bomba egipcio atacó un cine de Doha [capital de Qatar] en 2003. El Ministro de Relaciones Exteriores Hamad bin Jassim bin Jabr al-Thani, reaccionó airada y rápidamente calificándolo de un «acto imperdonable de traición por parte de Bin Laden». Su desliz verbal llevó a descubrir que desde el comienzo de la Primera Guerra del Golfo, Qatar había estado pagando millones de dólares a Al Qaeda como compensación por haber acogido el Mando Central de los EE.UU. durante la guerra de Irak. Expertos antiterroristas aseguran que Doha aumentó sus pagos tras la bomba en el cine.

Más preocupante es el cable del 9 de febrero 2000 de la Embajada de Estados Unidos en Doha, emitiendo una alerta de seguridad sobre un residente de Qatar en los EE.UU. llamado Mohamed Ali Mansoori Dahham, quien dirigió un equipo de tres hombres que supuestamente exploró el World Trade Center, la Estatua de Libertad y la Casa Blanca para el inminente ataque del 11 de septiembre. Los tres sospechosos viajaron bajo nombres falsos con pasaportes de Qatar. Sus billetes de avión a Los Angeles y las habitaciones de hotel fueron pagados por un «terrorista convicto», de acuerdo con lo afirmado por el FBI. El papel del trío en el 11-S fue seguidamente sepultado suprimiendo todas las pruebas, probablemente debido al calentamiento de las relaciones diplomáticas de EE.UU. con la familia real de Qatar.

¿Espejismo o realidad?

Doha, un conglomerado de torres brillantes y fuentes en una árida península de lo contrario improductiva, parece el sitio menos probable para el apoyo financiero e institucional de los terroristas islamistas. En Qatar, sin embargo, los espejismos son reales, y la realidad es un espejismo. Aclamado como modelo de moderantismo político por diplomáticos occidentales y «think tanks» como la Brookings Institution, que tiene un centro en Doha, el ordenamiento jurídico de Qatar se basa firmemente, sin embargo, en la ley de la sharia. Su sistema educativo, con vínculos con decenas de universidades americanas y británicas, es también la plataforma académica para el clérigo egipcio Yusuf al-Qaradawi, el líder intelectual de los Hermanos Musulmanes y defensor de los atentados suicidas.




Al Qaradawi exaltando a Hitler como divino instrumento de Alá.


La insistencia del emirato en preservar «las tradiciones del Golfo Pérsico contrasta con el papel de Qatar de líder en inteligencia para los negocios por ser el mayor proveedor de la región de gas natural. El PIB per cápita se estima que es de alrededor de 90.000 $ al año, y el promedio de ingresos de alrededor de 65.000
$. Excluyendo a los países pequeños que son paraísos fiscales su población es la más rica del mundo. Los qataríes, por tanto, son los suizos del mundo árabe, y su pequeña nación, como Suiza, es un paraíso para el tráfico de armas, las transferencias ilícitas de dinero y otros tejemanejes. Incluso algo tan inocuo como los TGI-Fridays, una nueva cadena de comida rápida en América, es en Doha un refugio de lujo para oficiales de la marina fuera de servicio, ingenieros de la industria petrolera, traficantes de armas internacionales y sus desconocidos clientes de todo Oriente Medio.

A pesar de las muchas conexiones con el terrorismo, Qatar, volvió a contar con los favores de la Administración de Obama, con donaciones a la Fundación Clinton, incluyendo, una de hasta 5 millones $ en 2008. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, correspondió con una visita en febrero de 2010 para inaugurar la Universidad Carnegie Mellon de Educación del complejo urbano de Doha, que también alberga el instituto islamista de Qaradawi. A principios de enero, justo antes de las protestas de Túnez y El Cairo, alargó su visita para asistir al Foro para el Futuro, organizado entre otros por la familia real.

Las relaciones entre Washington y Doha han sido vendidas al público como una asociación para la democracia y los derechos humanos, pero debajo de las sonrisas y las sesiones de fotos está el hecho real de un acuerdo de tipo siriano para diseñar el «futuro Medio Oriente» entre la industria de la energía angloamericana y una élite ultraconservadora empeñada en imponer la sharia. Para esta alianza del tipo «el enemigo de mi enemigo», los enemigos comunes son los gobiernos seculares de Túnez, Egipto, Libia y seguidamente Argelia.

Devolver el golpe en Libia

La cooperación encubierta entre Occidente y los patrocinadores del extremismo islámico no es nueva. En la década de 1950, la CIA proporcionó dinero y armas a los Hermanos Musulmanes en su lucha contra el líder de la independencia de Egipto Abdul Gamal Nasser. Agentes de inteligencia de EE.UU. entrenaron y armados a muyahidines insurgentes en la guerra afgana contra los soviéticos, incluyendo Osama Bin Laden, entonces conocido por su nombre en clave Tim Osman. Según el ex oficial de contrainteligencia del Reino Unido David Shayler, el MI-6 británico contrató los servicios del activista libio Anas al-Liby, del grupo amigo de Al-Qaeda Al-Muqtaliya y más tarde vinculado a ataques con bombas a embajadas de EE.UU. en África oriental, para asesinar al coronel Muammar Gadafi en 1996.

El Grupo Islámico Combatiente Libio, bajo la dirección de Abu al-Laith al-Libi, formalmente se fusionaron con Al Qaeda en 2007. Dos años después, Libi repudió la violencia armada y negoció con Gadafi para que aceptara al Grupo Islámico Combatiente Libio como una asociación política legal. El rechazo repentino de la violencia coincidió con un cambio de imagen de la Hermandad Musulmana como una fuerza democrática y la promoción por parte de Qatar de una política moderada en todo el Medio Oriente. Como una entidad legal, provocó las primeras protestas en Bengasi a mediados de febrero. A los pocos días del inicio del levantamiento, sin embargo, el GICL volvió a las viejas formas, blandiendo armas automáticas. Lo que planea hacer con avanzadas armas químicas y potentes explosivos nadie lo sabe, mientras un argumento psicológico sigue estando claro: los activistas están dispuestos a pagar a los estadounidenses y los europeos por los 10 años de bombardeos, mutilación y la tortura.


Al-Libi, militante libio de Al Qaeda

La tentación constante de una alianza entre enemigos implica traición. La Casa Blanca había contado con protestas para empujar a Saif al-Islam Gadafi a reemplazar a su padre en una relativamente suave transición a la democracia. El clan de Gadafi, sin embargo, se unió contra la amenaza de un resurgimiento islamista. Washington también calculó mal el potencial de los elementos de Al Qaeda y la Hermandad Musulmana que actúan de forma independiente de los acuerdos de alto nivel tomados en Doha.

Posibles resultados —desde el colapso del régimen de Gadafi a la partición de Libia— podrían incitar a los aliados de Al-Qaeda y el brazo militante de la Hermandad a establecer la frontera libio-egipcia como el próximo centro global de entrenamiento para yihadistas, ahora que las regiones tribales de Pakistán a lo largo de la frontera afgano-pakistaní no proporcionan una plataforma segura para las operaciones de la Yihad («la Guerra Santa»). Cualquier intervención de la OTAN o de EE.UU. sólo conducirá a un tercer frente en la guerra sin fin. La alternativa más fácil de entender un duopolio «siriano» es una fórmula política aún más antigua: el ganador se lleva todo.

En este año del 10º aniversario de los ataques del 11 de Septiembre, Washington se está tambaleando bajo un gran «golpe devuelto» desde un norte de África fuera de control, auto-infligido por su propia codicia por el petróleo y el uranio, el miedo a la pérdida de influencia, la ambición engañosa y confiar en quien no se debe.


(Extraído de Vórtice Inmediaísta)


domingo, 18 de marzo de 2007

Noam Chomsky

Aquí tenemos un video de You Tube de uno de los pensadores crítico-políticos más conocido que hay en estos tiempos: Noam Chomsky.



El "señor" Bush y sus secuaces, tienen en él a un gran oponente y enemigo.

En una entrevista le hacen esta pregunta: ¿El ataque contra Afganistán es, en su opinión, "una guerra contra el terrorismo"?

Él responde: Es probable que un ataque a Afganistán mate a muchos civiles inocentes, posiblemente las cifras serán enormes, en un país que ya está al borde de la muerte por inanición. La matanza gratuita de civiles inocentes es terrorismo. No guerra contra el terrorismo.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Vídeos sobre el 11S y al Qaeda

Saludos

El primer vídeo es Loose Change 2nd Edition, sobre el 11S


Los otros son las tres partes del documental de la BBC "El poder de las pesadillas. El ascenso de la política del miedo", los encontré en Cuaderno de Campo, a traves de Menéame.net y Kriptópolis

Primera parte, "Nena, hace frío allá fuera"


Segunda parte, "La victoria fantasma"


Tercera parte, "Las sombras en la cueva"


Ahí tenéis para unas cuantas horas.