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martes, 29 de abril de 2014

Enseñar a un niño a desobedecer la ley


28 de abril de 2014

Están aprendiendo a luchar. Como tienen que aprender los niños. Jugando y disfrutando. Les están enseñando a ser ciudadanos libres, a que hay que desobedecer cuando la injusticia se haga presente en su vida. Les enseñan a tomar los derechos que les pertenecen, a coger lo que es suyo. Les enseñan que la sociedad donde viven no tiene compasión con los de su clase, que premia a los que especulan con un bien de primera necesidad y permite que las familias sin recursos no puedan dormir bajo un techo. Qué gran enseñanza recibieron este fin de semana esos niños.

Los pequeños que se ven en la foto levantando el brazo sin saber muy bien qué significaba ese símbolo estaban aprendiendo a ser libres. A no pedir permiso y exigir sus derechos, a no aguardar una lista de espera en la que se escudan los que sólo piensan en no perturbar el sueño de los poderosos. Estaban viendo cómo sus familias desobedecían con total legitimidad unas leyes que oprimen a los de su condición.

La fotografía fue tomada durante una liberación de un inmueble en el barrio de Malasaña. El edificio pertenece a una constructora y llevaba 17 años desocupado. La Obra Social Leonas, así se llamaba la acción, está dentro de la campaña Obra Social Madrid, que busca liberar edificios desocupados pertenecientes a entidades bancarias y ponerlas a disposición de familias que no tienen acceso a una vivienda. En el comunicado de la Asamblea de Vivienda Centro, dejan claro que son las propias ocupantes las que han tomado la vivienda en un ejercicio de exigencia de sus propios derechos, nadie se lo ha dado, lo han tomado ellas.

«Las ocupantes de esta nueva Obra Social somos un grupo de mujeres, cinco madres (una de nosotras embarazada), dos abuelas y ocho menores, que luchamos por el bienestar de los nuestros. Por ello, no nos limitamos a denunciar la situación de precariedad en que se encuentra una buena parte de la población y somos nosotras mismas, sino que organizadas, hemos decidido ser nosotras quienes garantizamos a nuestras hijas, hijos y a nosotras mismas el derecho a disfrutar de una vivienda estable y habitable que las administraciones no nos ofrecen», aseguran.

Habrá quien considere que esos niños están viendo a sus madres y abuelas incumplir la ley, que les están enseñando a cometer una ilegalidad, como si la ley fuese el valor absoluto bajo el que subyugar la vida y la dignidad de tus seres queridos. La ley tiene que ser enfrentada y conculcada cuando no defiende los derechos humanos de los ciudadanos a los que pretende regir. La ley es sólo un instrumento de opresión cuando permite que unos pocos hagan negocio con la dignidad de la mayoría. La desobediencia civil es una obligación de la ciudadanía cuando constata que el imperio de la ley sólo sirve para proteger los intereses particulares de los poderosos. No es sólo su derecho violentar esas leyes injustas, es su obligación. Thomas Jefferson en el preámbulo de la Declaración de la Independencia de los EEUU detalló de manera incontestable que la insumisión social era la obligación de cualquier ciudadano que fuera consciente del abuso de sus gobernantes.

«Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios,el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad», explican en el comunicado.

«La prudencia, claro está, aconsejará que los gobiernos establecidos hace mucho tiempo no se cambien por motivos leves y transitorios; y, de acuerdo con esto, toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad», concluye la nota informativa hecha pública por Vivienda Centro, escrita por las mujeres en primera persona.

Los niños que presenciaron cómo sus madres y abuelas han quebrantado una ley injusta para darles un techo han aprendido una lección de vida, de ciudadanía y de compromiso con la justicia social. Han aprendido que la ley es sólo una convención social que puede ser quebrantada cuando es claramente injusta. Rosa Parks le enseñó a todo el mundo en 1955 cuando se negó a cederle el sitio a un blanco y sentarse en el sitio reservado para los negros que desobedecer una ley es necesario y un acto de valentía y dignidad. Esos niños que levantan el brazo lo aprendieron ayer, y nos lo enseñaron a nosotros con su pequeño gran gesto.

Antonio Maestre

domingo, 12 de mayo de 2013

Carta a María Dolores de Cospedal


Por HELENO SAÑA

11 - mayo - 2013

Muy sra. mía:

Tanto por mi avanzada edad como por la vida recoleta que llevo en la ciudad alemana donde resido, no es costumbre mía dirigir cartas personales a los administradores y representantes de la res publica, sea para elogiarles o criticarles. Y si excepcionalmente no me atengo a esta norma habitual de conducta y le hago llegar las presentes líneas se debe al carácter realmente insólito de las declaraciones que ha hecho Vd. a mediados de este mes sobre la problemática de los llamados «escraches».

Vd. ha calificado de «puro nazismo» las manifestaciones de protesta de grupos de ciudadanos que indignados por la praxis inhumana y brutal de los deshaucios y otras injusticias sociales, han organizado ante los domicilios de determinados políticos y personajes púbicos. Con ello ha cometido Vd. un doble despropósito: relativizar implícitamente los crímenes cometidos por las hordas de la SA, la SS y la Gestapo y meter en un mismo saco a quienes actuaban por motivos tan abyectos como el racismo y a quienes salen a la calle impulsados por el noble propósito de expresar su solidaridad con las víctimas de la grave injusticia social reinante en el país. Expresarse en los términos de que Vd. se ha valido significa ante todo un ultraje a los seis millones de judíos asesinados en los campos de exterminio nacionalsocialistas y a los miles y miles de antifascistas eliminados por Hitler y sus esbirros. En el caso de que no lo haya hecho ya —cosa que no creo— me permito sugerirle que peregrine Vd. a Auschwitz para que se haga in situ una idea directa y óptica de lo que fue el infierno nazi y el suplicio del holocausto. Allí aprendería Vd. a llorar por el dolor ajeno y a avergonzarse quizá de haber trazado su siniestro paralelo entre los verdugos nazis y las almas altruístas que salen en defensa de los parias privados de pan y de cobijo.

En vista de su inconcebible actitud, no puedo dejar de preguntarle: ¿En qué escuelas y centros docentes se educó Vd.? ¿Qué aprendió Vd. en las clases de historia a que seguramente asistió o de las lecturas de los libros de historia que haya podido consultar? ¿Ha echado Vd. siquiera una breve ojeada a la inmensa bibliografía existente sobre el III Reich, tema que yo mismo sentí la necesidad de abordar hace ahora muchos años en mi libro Noche sobre Europa y en no pocas de mis obras en lengua alemana? En todo caso, una de las cosas que Vd. por lo visto no ha aprendido todavía es a ceñirse a la lógica de los hechos y al fair play, dos imperativos morales que toda persona está obligada a cumplir, pero especialmente las que, como Vd., desempeñan cargos públicos.

En lo único que coincido con Vd. es en su rechazo de la violencia como forma de protesta. Pero dicho esto le pregunto: ¿Ha oído Vd. hablar de la violencia estructural practicada de continuo y de las más diversas maneras por la democracia representativa tan admirada por Vd? A su apología apodíctica de este sistema de gobierno le respondo: por muy legitimada que esté por las leyes constitucionales, todo modelo de democracia representativa se deslegitima a sí mismo a partir del momento en que se convierte en un sistema al servicio de la arbitrariedad, la injusticia social y la corrupción. No tener en cuenta este último factor significa pensar y argumentar en términos abstractos y totalmente alejados de la realidad. Por muy legales que hayan sido las elecciones y los votos que lleven a un partido al poder, si falta a las leyes más elementales de la ética, se despoja a sí mismo automáticamente de toda legitimidad verdadera y digna de este nombre. Es la diferencia entre la concepción formal y la concepción moral de la política. Vd. se atiene sólo a la primera e ignora totalmente la segunda, que es precisamente la decisiva, como nos han enseñado los grandes maestros del pensamiento universal desde los clásicos griegos.

En cuanto al término «totalitarismo» al que Vd. aludió en otra de sus tomas de posición, no es lícito aplicarlo a quienes protestan pública y (pacíficamente) contra el desgobierno imperante en nuestro país, sino que más bien corresponde a los políticos que esperan o exigen del pueblo soberano que acepte este estado de cosas quedándose quietecito en casa y sin decir esta boca es mía. Si la humanidad ha hecho algunos progresos y superado los aspectos más sombríos de la historia universal es porque han existido siempre personas que han tenido el coraje de practicar lo que desde Henry David Thoreau se llama civil desobedience y para quienes Albert Camus encontró la feliz definición de l''homme révolté. El derecho de resistencia pasiva o activa contra cualquier forma de opresión y de injusticia es un derecho natural como el amor o la libertad, y por ello un derecho que todo político tiene el deber de respetar y aceptar. Quienes, como Vd., ponen en duda o rechazan este derecho natural no hacen más que demostrar palmariamente su desconocimiento de los principios fundamentales de la cultura política.

Sus declaraciones sobre la supuesta ilegitimidad de las protestas populares contra los responsables directos o indirectos de los desahucios y otros escándalos sociales están motivadas por su conocido celo polémico, palabra que, como Vd. no ignorará, en su acepción etimológica originaria significa guerra. Y no otra cosa que una declaración de guerra en toda la regla son los ataques que Vd. ha dirigido contra quienes hacen uso práctico de su derecho a encararse a plena luz del día contra los abusos del poder económico y político. Y este es el momento adecuado para decirle a Vd. que los fascistas a los que Vd. ha aludido no se encuentran en las filas de estos activistas sociales, sino en otra parte. Si Vd. buscara a los verdaderos fascistas allí donde están y les dirigiera los ataques que Vd. ha dirigido a quienes no merecen más que elogios, prestaría Vd. un gran servicio a la nación.

¿Y qué significa, por último, su peregrina ecuación mental de que «sin políticos no hay política y sin política no hay democracia» y de que «jugar a que la diana sea el político es ir contra la democracia»? Aquí vuelve Vd. a incurrir en generalizaciones abstractas carentes de toda validez argumentativa. Nuestro país es un ejemplo paradigmático de que un número mayor o menor de políticos se ha dedicado y sigue dedicándose más a servirse a sí mismo y a sus compañeros de profesión que a la democracia y al bien común, y ello empezando por los privilegios materiales y de otro orden que aprovechándose de su status especial se adjudican a sí mismos, sin importarles lo más mínimo que al mismo tiempo millones de compatriotas suyos se mueran de hambre y de miseria. Por lo demás, ¿a quien pedir cuentas si no a quienes gobiernan y son responsables del estado de la nación?

Más allá de la profunda indignación que me han causado sus declaraciones, creo que en el fondo es Vd. una persona digna de lástima. ¿Qué otra cosa se puede sentir por quienes, como Vd., se dedican a hacer carrera saltándose a la torera las reglas más elementales de la honestidad y la rectitud? ¿Cabe acaso mayor desventura que la de vivir y obrar al margen o en contra de la verdad y el bien ? Por muy segura y ufana que se sienta Vd. del alto puesto que ocupa en su partido y en la vida política, es Vd. a mi modesto juicio una persona alienada que ha perdido por ello la noción de lo que son los verdaderos valores y bienes. Y el primer signo de su estado de autoalienación es que Vd. obre de la manera que obra con la conciencia tranquila y creyendo incluso que está Vd. consumando un acto heroico.

Lamento haberle escrito una carta como ésta, pero mi insobornable amor a la verdad y mi no menos insobornable solidaridad con quienes Frantz Fanon llamaba les damnés de la terre, no me permitían otra opción, máxime cuando los condenados de la tierra, lejos de encontrarse únicamente en la población del Tercer Mundo, han pasado también a formar parte de la de nuestro país.

Le saluda atentamente

Heleno Saña

lunes, 4 de julio de 2011

Los primeros pasos en la lucha por la vivienda

Por Mercé Cortina

Las huelgas de inquilinos se sucedieron a principios del siglo XX en Bilbao, Barcelona, Sevilla y Tenerife

Las movilizaciones por el derecho a una vivienda digna se convirtieron en una reivindicación vinculada a la lucha obrera. El derecho a techo movió el siglo pasado a miles de personas en Europa y Latinoamérica.

El problema de la vivienda ha sido un punto débil del capitalismo desde su expansión a finales del siglo XIX. Las ciudades eran incapaces de absorber la mano de obra que necesitaba su industria. Mientras el Estado se mantenía al margen de esta creciente problemática, las clases acomodadas supieron buscar rentabilidad a las necesidades de techo. La carencia de viviendas, por un lado, y una gran necesidad de las mismas por otro, se traducía en unos alquileres casi imposibles de asumir por las familias trabajadoras. Así se veían obligadas al hacinamiento y abocadas a una vida miserable.




No obstante, la vivienda no era una reivindicación tan presente como las condiciones laborales. No fue hasta principios del siglo XX cuando tuvieron lugar las primeras huelgas de inquilinos, experiencias que, además de visibilizar la problemática, la situaron en la esfera política y judicial.

A lo largo de esos años, se reprodujeron experiencias huelguistas en muchos puntos del Estado. Es el caso de Barakaldo y Sestao en 1905, donde unas 2.000 familias paralizaron casi por completo la actividad económica del Gran Bilbao durante casi un mes. Les siguió Sevilla en 1919, Barcelona en 1930 y Tenerife en 1933, entre otras. Lo mismo ocurrió en Budapest en 1907, Viena en 1911 y en muchas ciudades inglesas, entre 1911 y 1913. En 1915, en Glasgow, se llevó a cabo una de las más importantes huelgas con un seguimiento de hasta 20.000 personas. Esta negativa a pagar el alquiler tuvo como consecuencia que, por primera vez, la vivienda fuera tratada jurídicamente como un derecho social. Es el principio de la vivienda pública.

También se produjeron movilizaciones al otro lado del Atlántico. En 1907, en las principales ciudades argentinas, se extendió una huelga de inquilinos durante tres meses, que tuvo más de 140.000 participantes. Todas ellas son experiencias que, basadas en la organización de los trabajadores en fábricas y barrios, beben de ideas en época de expansión: las anarquistas y las socialistas.

Sin pagar el alquiler

Estas huelgas consistieron en dejar de pagar los alquileres colectivamente como forma de presión para una mejora de las condiciones de vida, reivindicando una rebaja de los precios de los alquileres y/o la construcción y el acceso a viviendas públicas. En todas ellas, además, se llevaron a cabo diferentes formas de acción directa para evitar los desalojos forzosos, mientras se generaban procesos de movilización de importantes magnitudes, que, por supuesto, eran respondidos con altos niveles represivos: centenares de desalojados y de detenidos –sobre todo líderes comunitarios sindicales– . En las movilizaciones destacó el papel de las mujeres, elemento clave en la lucha. Como actrices principales transformaron la percepción sobre sí mismas, así como su papel en la comunidad, organizándose y movilizándose políticamente a lo largo del proceso. De forma contraria a Glasgow, con mayor protagonismo socialista, en Sevilla y Tenerife los colectivos anarquistas, en concreto la CNT, tuvieron un gran peso. En Barakaldo y Sestao la huelga no sólo se desarrolló desde una posición autónoma al Partido Socialista, sino enfrentada. Finalmente, las peticiones de las ligas de inquilinos de rebaja del 50% de los precios de los alquileres, saneamientos anuales de las viviendas y reconocimiento de las asociaciones como interlocutores con las autoridades, no tuvieron ningún resultado positivo. Esto tuvo como efecto el boicot de los afectados a la huelga general que después convocó el Partido Socialista. Algo que dejó en evidencia la necesidad de este partido de tomar contacto con sus bases.

Más allá de los resultados inmediatos, se creó un movimiento de la clase obrera industrial que defendió sus condiciones de vida en la esfera del consumo. Sin duda, fueron luchas decisivas para vincular la fábrica con la comunidad y el Estado, superando los límites propios de las reivindicaciones salariales en el puesto de trabajo.

Glasgow

En el caso de Glasgow, por ejemplo, podemos argumentar que gran parte de su éxito se debió al apoyo del los partidos socialistas, en concreto el Partido Laborista Independiente y la Federación Socialdemócrata, de los que surgen los Comités de Inquilinos y las Asociaciones de Vivienda. Estos apoyos, junto con una fuerte movilización en la calle daban avisos de una potencial amenaza de huelga industrial y todo ello en un contexto de guerra. Tras varios meses de movilizaciones y negociaciones la huela termina con la aprobación de una ley de restricción de los alquileres. En 1919 se aprobará la Ley de Vivienda y Urbanismo, bajo la que los gobiernos locales quedan obligados a construir viviendas para los trabajadores. Es el principio de la vivienda pública, pero más allá de eso, la primera vez que se trata jurídicamente la vivienda como un derecho social. En 1922, pero, se vuelve a convocar otra huelga en la que, a pesar de contar con 20.000 huelguistas, no se contó con los apoyos anteriores y no se obtuvo respuesta positiva a las demandas.

Argentina

Otro ejemplo diferenciado lo encontramos en Argentina, donde la huelga, que tuvo un seguimiento del 80% fue convocada por la Liga de Lucha Contra los Altos Alquileres e Impuestos, reivindicando un 30% de rebaja en los precios. Esta huelga contó tanto con el apoyo de la FORA (Federación Obrera Regional Argentina) de tendencias anarquistas, como de la UGT, aunque con posiciones distintas: mientras la FORA apoya la reivindicación de los huelguistas pidiendo una rebaja de hasta el 80% del precio, la UGT, reclama la construcción de nuevas viviendas públicas, generando una ruptura entre ellos como interlocutores y los huelguistas. El balance aquí tampoco fue muy positivo: aunque en algunos casos se consiguiera en un principio que se bajasen precios, no se hizo en la mayor parte de los conventillos. En 1908 hubo una nueva subida de los precios pero no sucedió nada.

Mercè Cortina es profesora de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco y doctorada en Ciencias Políticas.

lunes, 19 de mayo de 2008

Vídeo Contra la Especulación Inmobiliaria censurado

Un vídeo, que sale por la Red, en donde se denuncia la dificultad para acceder a una vivienda digna, consecuencia de la especulación inmobiliaria vigente (que tiene gran parte de culpa en la actual crisis económica) y los abusivos créditos bancarios, efectuado con cámara oculta y distribuido por el colectivo V de Vivienda, fue censurado por La Caixa (o esa es su intención).