miércoles, 15 de febrero de 2017

Prepárate para odiar a los estibadores


Cada vez que un colectivo «privilegiado» pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos

ISAAC ROSA

Hacía ya tiempo que no teníamos un colectivo de trabajadores al que odiar con todas nuestras fuerzas y poder gritarles «¡privilegiados!». Hemos odiado a funcionarios (¡parásitos!), mineros (¡subvencionados!), profesores (¡vagos, todo el día de vacaciones!), y por supuesto a los más odiables de entre los odiosos: los controladores aéreos, que tan buenos ratitos de odio nos dieron un verano.

Pero estamos de enhorabuena, porque en los próximos días nos van a echar un nuevo hueso: los estibadores de puerto. No sabíamos nada de ellos hasta ahora, solo que son los que cargan y descargan barcos; pero resulta que también son unos privilegiados. Ahora el Gobierno prepara un decreto para liberalizar la actividad, y los trabajadores están dispuestos a ir a la huelga para defender sus derechos. Perdón, quiero decir que «los privilegiados están dispuestos a chantajearnos para defender sus privilegios».

La secuencia es la habitual, la hemos visto muchas veces:

1.- Cogemos un colectivo que todavía no haya sucumbido a reformas laborales y precarización.

2.- Anunciamos recortes de sueldos y derechos, porque «lo manda Europa», y con el argumentario habitual: liberalizar, ganar competitividad, modernizar, crear empleo…

3.- Señalamos a los trabajadores como «privilegiados», «restos de un modelo anacrónico» (a ser posible del franquismo, para odiarlos más), y por supuesto «aristocracia sindical».

4.- Informamos a la ciudadanía de los privilegios (sueldos altos, eso lo primero).

5.- Rompemos la negociación, por muy avanzada que esté, y no les dejamos más salida que la huelga.

6.- Acusamos a los huelguistas de dañar un «sector estratégico».

7.- Lanzamos una campaña de desprestigio por tierra, mar y aire.

Además, hay que asegurarse de que los representantes sindicales no tengan voz, que ya sabemos lo manipuladores que son: si les dejamos, dirán que lo suyo no son privilegios sino derechos ganados en décadas de lucha, que la suya es una profesión especialmente dura y con alta siniestralidad, que hay otras opciones para cumplir con Europa, que los puertos son rentables y lo único que buscan gobierno y patronal es abaratar costes laborales (rebaja salarial ¡del 60%!, más horas de trabajo, flexibilidad laboral…).

Nada, ni caso. No escuchen a los trabajadores, que son capaces de convencernos. Yo ayer lo hice, atendí a sus razones, y me entraron dudas: a ver si van a tener razón… A ver si en realidad no son unos privilegiados… A ver si es que el único «privilegio» que tienen (el mismo «privilegio» que controladores, mineros o funcionarios; el mismo «privilegio» que hemos perdido la mayoría; el que les quieren quitar) es el «privilegio» de ser capaces de defender sus derechos, de tener conciencia de clase, organización y capacidad de lucha.

Tantas dudas me entraron que miré a ver qué sindicato es ese de los estibadores y descubrí que tiene unos principios que no parecen los propios de una mafia ni de una aristocracia insolidaria: una coordinadora que se define de clase, democrática, asamblearia, internacionalista y que defiende la solidaridad con toda la clase trabajadora (como demuestra su participación en sucesivas huelgas generales).

Uf, me ablandé, lo reconozco. Empecé a pensar que deberíamos apoyar la lucha de los estibadores. No por ellos, sino por nosotros: porque cada vez que un colectivo «privilegiado» pierde derechos, el efecto mariposa laboral nos acaba golpeando a todos. No ganamos nada y, a cambio, perdemos espacios de organización sindical que todavía resisten y que sirven como ejemplo.

Nada, un día tonto, en seguida se me pasa. En cuanto vea dos telediarios recordándome el sueldazo de los estibadores me sumaré otra vez al pelotón de odiadores. Hacedme sitio, que voy.

 09/02/2017


sábado, 11 de febrero de 2017

Carta pública a Errejón: las mujeres no somos vientres de alquiler


PÚBLICO
9 febrero, 2017

Iñigo Errejón en el programa Hoy por Hoy de la mañana de la SER del 8 de febrero se pronunció a favor de permitir el alquiler de vientres de mujer para satisfacer los deseos de aquellos padres que quieren tener hijos fabricados con su propio semen.

Añadió que habría que adoptar correctivos y vigilancia para que esa práctica que llama «maternidad subrogada» no signifique la explotación de mujeres pobres, manifestando con ello su compasión hacia tales sujetos.

En el curso de la entrevista Iñigo Errejón se autocriticó porque su partido esté inmerso más en la discusión de los problemas organizativos y de competencia entre las diversas facciones que se disputan el poder, que en resolver las carencias de la gente. De la gente que no son mujeres, ya que ninguna de las explotaciones y amenazas que las afectan, y hasta las matan, estuvo presente en su discurso. Incluso la locutora tuvo que hacerle notar que cuando hablaba de la gestación subrogada no había pronunciado ni una sola vez la palabra mujer, como si el tema atañera de igual manera a los hombres o fuese un asunto al margen de la especie humana.

El señor Errejón comenzó su reflexión diciendo que todo el mundo tiene derecho a tener hijos. Sin más, lo que para un profesor de Ciencia Política resulta un análisis enormemente pobre como explicación de un tema que afecta a miles de mujeres, en su vida más íntima. Porque como experto que es en relaciones humanas tendría que saber que los derechos de unos no se pueden ejercer contra los derechos de los demás. El derecho a la paternidad no significa que para ejercerlo se pueda disponer del cuerpo de una mujer, bombardeándolo con hormonas, insertándole un óvulo propio o ajenofertilizado, y esperando que la gestación llegue a término para arrebatarle después el hijo, irreversiblemente. Y todo ello por dinero. Este profesor de política que clama diariamente contra la explotación de los trabajadores por los poderes económicos, no le afecta la explotación de las mujeres por todos los poderes: el capitalista y el patriarcal.

Si Errejón recordara la máxima de que la libertad de cada uno acaba donde comienza la de los demás, y se hubiera formado más en feminismo que en su indigesto mentor Laclau, no se pronunciaría con esa ligereza sobre el terrible drama que está ahora asediando a las mujeres pobres de varias áreas del mundo. Aquellas gobernadas por políticos que se han puesto al servicio de las grandes compañías farmacéuticas; de las agencias que buscan muchachas en las zonas rurales de la India, de Pakistán, de Bangladesh, de Ucrania, para contratar, por una aportación miserable que le entregan a la familia, sus ovarios, su matriz, su resistencia física, despreciando su dignidad como ser humano, sus sentimientos y emociones; de los machitos que quieren ser padres a costa de arrancarle el hijo a la mujer que lo ha gestado y parido.

No, señor Errejón, las mujeres no somos vasijas, ni probetas ni conejillos de Indias para hacer experimentos con nosotras ni tenemos nuestros vientres únicamente como fábrica de niños. Las mujeres no sólo invertimos en la maternidad los óvulos y las hormonas que fabrican nuestros ovarios, el calcio, los minerales y los nutrientes que van construyendo el feto; no sólo soportamos durante nueve meses que nuestra anatomía vaya cambiando hasta hacer casi irreconocible la persona que éramos antes de la fecundación; no sólo perdemos la turgencia de los pechos y la firmeza de los músculos en esa ímproba tarea de dar vida a otro ser humano, tan lentamente; no sólo perdemos la capacidad de movernos con agilidad, de realizar tareas pesadas y de realizar ejercicio durante nueve meses; no sólo padecemos dolores, desgarros, cesáreas, y a veces infecciones, en el gran trabajo del parto y necesitamos días para recuperarnos de tanto sufrimiento, sino que como seres conscientes de lo que nos está sucediendo invertimos sentimientos y emociones, esperanzas y temores, alegrías y miedos, en esa etapa trascendental de nuestra vida. Y de la misma manera que en la esclavitud no solamente se utiliza la capacidad laboral del trabajador sino la persona misma, y por eso es infame, manipular el cuerpo femenino para fertilizarlo, embarazarlo y después sustraerle el «producto», como si se tratara de que hubiera fabricado unos zapatos, es también infame.

Por ello es infame que políticos que pretenden trabajar por mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos, que denuncian las explotaciones y opresiones que sufren los trabajadores, que escriben largos manifiestos contra un sistema económico y político que condena a la miseria, a la ignorancia, a la tristeza y al dolor a millones de personas, sean tan crueles con las mujeres, para satisfacer los deseos que no las necesidades de unos cuantos hombres ricos.

Porque ser padre, o madre, es un derecho, pero no es una necesidad. Millones de hombres y de mujeres no tienen hijos por diversas circunstancias, ahora cada vez más voluntarias, y no les pasa nada. Las mujeres no somos vasijas ni probetas ni conejillos de Indias para ensayar experimentos científicos. Y añado: los hombres tampoco son sementales. Los hombres, aquellos que pueden enorgullecerse de serlo, tampoco deben aprovecharse de la miseria, de la indefensión, de la inmadurez de pobres muchachitas para satisfacer ese supuesto deseo de paternidad. Porque si realmente lo que les impulsa es la generosidad de cuidar a un niño, en el mundo existen millones de criaturas que necesitan padres y madres.

Pero esos cariñosos hombres que no adoptarían a los menores que lo necesitan lo que quieren es perpetuar su semen, del mismo modo que los patriarcas bíblicos. Por ellos no han pasado siglos de avances sociales y humanos que tienen que hacer respetar a las mujeres como seres humanos. Para ellos la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, de 1948, arrancada después de las horribles tragedias de las contiendas de los siglos XIX y XX, no hay que aplicarlas al sexo femenino, porque para ellos las mujeres no son más que eso: sexo y vientre reproductor.

Y tampoco les importan los derechos de los niños. Porque esas criaturas fabricadas a petición de los padres no tendrán nunca conocimiento de sus raíces, de sus antecesores, de la historia, de la cultura, de la biografía de su madre y de la familia de su madre. Privándole a esos nuevos hombres y mujeres el conocimiento de la comunidad humana de la que vienen. Fabricados como el monstruo de Frankenstein para dar satisfacción al deseo de quienes pueden pagarlo.

Y, ahora, en los momentos decisivos de este inmediato Congreso en que dirigentes y militantes de Podemos que tienen que definir y asentar de una vez qué clase de formación política van a ser, qué propósitos sociales tienen, qué programa defienden, qué podemos esperar de ellos y en qué manera confiaremos en que nos defiendan de tantos poderes depredadores y crueles que nos esclavizan, si sus militantes y dirigentes deciden que las mujeres pueden ser tratadas como ovejas o vacas, aprobando lo que llaman «maternidad subrogada», habrá que perder toda esperanza de que ese partido sea progresista y pueda cambiar la sociedad en nuestro beneficio.

Y si después de tantas declaraciones de feminismo como han hecho las mujeres de Podemos votan a favor de semejante infamia, quedará evidente que ni son feministas ni siquiera se han enterado de que son mujeres.

LIDIA FALCÓN

martes, 7 de febrero de 2017

La cooperación es mejor que el conflicto


Por qué comparten su territorio
el tamarino marrón y el tamarino emperador

Las asociaciones entre dos o más especies de monos son comunes en las selvas de África y de la América tropical, pero el motivo de esta unión de fuerzas no ha sido investigado hasta fecha muy reciente. En la región amazónica, cabe observar varios tipos de asociación mixta, uno de los cuales implica a dos miembros de la familia de los calitrícidos: el tamarino marrón (Saguinus fuscicollis) y el tamarino emperador (S. imperator). Estos dos monos, del tamaño de una ardilla, viven en amplios grupos familiares que abarcan de 2 a 10 individuos. En ciertas partes del sudeste del Perú es corriente ver juntos al tamarino marrón y al tamarino emperador, mas para averiguar por qué se asocian estas dos especies es necesario saber cómo se mantiene el contacto entre ambos grupos, y si sólo una o bien las dos especies participan en promover esta asociación. Si cada especie se une o sigue activamente a la otra, ello indica una interacción mutuamente beneficiosa. En cambio, si una se agrega y sigue de manera activa, en tanto la otra se muestra pasiva, evasiva u hostil, demuestra que la parte activa se beneficia, y no su asociada.

Al seguir a los tamarinos a través de la selva, se ha comprobado que los grupos asociados mantienen un contacto frecuente a través de intercambios vocales, y que con ellos pueden coordinar sus movimientos aunque no siempre estén a la vista unos de otros. Después de los períodos de separación, cada una de las especies puede reunirse con la otra, lo que implica que la asociación beneficia a ambos participantes.


Un hallazgo inesperado en el Perú fue el de que los grupos asociados viven dentro de una extensión común de límites territoriales, que defienden conjuntamente. Esta «coterritorialidad» entre especies no había sido observada todavía entre primates sudamericanos, aunque está bien documentada para ciertas especies de cercopitecos en África. Las pruebas disponibles sugieren claramente que esta interacción aporta beneficios a ambos asociados, pero hasta el momento no se sabe nada de la índole de tales beneficios. Las áreas más probables de ventaja mutua recaen en tres categorías: la detección de predadores, la defensa del territorio o bien una recogida más abundante de comida.

Ambas especies se muestran muy vigilantes y cada una responde en el acto a las llamadas de alarma de la otra, por lo que al parecer existe un intercambio más o menos equitativo de beneficios en forma de avisos sobre la presencia de predadores. No obstante, especies muy diferentes suelen responder a las alarmas dadas por otras sin que por ello compartan territorios, de modo que debe haber algún factor adicional que acabe de explicar la coterritorialidad de estas dos especies. Una posibilidad es que las especies asociadas cooperen para defender, o incluso ampliar, los territorios que comparten. Surgió casualmente una oportunidad para poner a prueba esta idea cuando un grupo de tamarinos marrones desapareció, dejando el territorio ocupado tan sólo por tamarinos emperador. La familia de tamarinos marrones que ocupaba el territorio adyacente con un segundo grupo de tamarinos emperador empezó entonces a utilizar ambos territorios, pasando de uno a otro por períodos de varios días. Aunque los dos grupos de tamarinos emperador se enfrentaban regularmente en su frontera común, la familia de tamarinos marrones mostraba relaciones amistosas con ambos grupos de tamarinos emperador, y durante sus pugnas permanecía discretamente neutral. Esta observación parece descartar la posibilidad de un refuerzo mutuo en la defensa territorial.


La tercera posibilidad es que esta asociación conduzca de algún modo a una explotación más eficiente de los recursos alimentarios. Las pruebas de que se dispone parecen apoyar esta idea. Aunque el tamarino marrón demuestre poseer técnicas más avanzadas y comer mayor cantidad de insectos, ambas especies son frugívoras y se alimentan de las mismas plantas, a menudo en la copa de un mismo árbol. Las especies vegetales más importantes en sus dietas son arbustos o trepadoras comunes que maduran gradualmente a lo largo de períodos de semanas o meses. Un territorio puede contener 50 o más plantas de una especie dada, cada una de las cuales será explotada por los tamarinos residentes. Sin embargo, cada planta es visitada tan sólo una vez en varios días. Al compartir un territorio común, viajar juntos y mantener un contacto constante, los grupos de tamarinos pueden regular efectivamente los intervalos entre las visitas, permitiendo que pase el tiempo suficiente para que se acumulen los frutos maduros. Si no compartieran el mismo territorio o si viajaran independientemente a través de él, ninguna de las dos especies sabría cuándo un árbol frutal ha sido ya visitado, y efectuaría frecuentes e infructuosas visitas a unos árboles despojados de sus frutos por la otra especie. Mediante esta cooperación, ambas especies pueden limitar al mínimo el número de visitas a árboles sin frutos, con lo que eluden a posibles predadores.

La relación entre las dos especies de tamarinos conduce, pues, a un tipo de acomodación muy poco frecuente. Al consumir los mismos tipos de fruto son, potencialmente, los competidores más encarnizados, pero al cooperar consiguen un más alto nivel de eficiencia en la recolección de los frutos de su territorio, superando con ello a otras especies que ignoran a sus vecinas.

JOHN W. TERBORGH
Natura. Enciclopedia de los Animales
Ediciones ORBIS, 1986.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Asesores israelíes dirigieron el genocidio de Ríos Montt en Guatemala


Un informe recién publicado señala que Israel proporcionó asesores militares, así como armas, durante la guerra sucia de Guatemala contra agricultores y trabajadores.

27 enero 2017

Un informe de investigación publicado por la Intifada Electrónica se refirió así al bien documentado, pero completamente olvidado, papel de Israel en la guerra sucia de la dictadura guatemalteca contra la población civil en los años ochenta.

Según el informe, Israel proporcionó entrenamiento militar a las tropas del dictador Ríos Montt, un hecho confirmado por el general a un reportero de ABC News, al que dijo que la toma del poder por su régimen fue tan suave «porque muchos de nuestros soldados fueron entrenados por israelíes».

Otros testimonios evocan los beneficios económicos obtenidos por Israel, que tenía unos 300 asesores militares en Guatemala en ese momento. Según el libro titulado Dangerous Liaison, de Andrew y Leslie Cockburn, el teniente coronel Amatzia Shuali dijo: «No me importa lo que hagan los gentiles con las armas. Lo principal es que los judíos se beneficiarán».

Israel vio la oportunidad de sacar dinero de aquella guerra cuando el gobierno de Jimmy Carter en EEUU restringió la ayuda militar a Guatemala después de que hubo un clamor de críticas internacionales por las violaciones a gran escala de los derechos humanos por parte del régimen del evangelista Ríos Montt.

El informe de Gabriel Schivone cita a Yaakov Meridor, entonces ministro israelí de Economía, «Vamos a decir a los estadounidenses: no compitan con nosotros en Taiwán; no compitan con nosotros en Sudáfrica (durante el régimen del apartheid); no compitan con nosotros en el Caribe o en otros lugares donde no se pueden vender armas directamente. Vamos a hacerlo nosotros».

«La cooperación militar entre Israel y Guatemala se remontó a los años sesenta», añadió la investigación. En el momento en que Ríos Montt llegó al poder, «Israel se había convertido en el principal proveedor de armas, entrenamiento militar, tecnología de vigilancia y otra asistencia vital a Guatemala en la guerra del Estado contra los izquierdistas urbanos y los mayas indígenas rurales», dijo el informe.

Más de 30.000 civiles fueron masacrados por los militares guatemaltecos dirigidos por asesores israelíes. Se trató de otro ejemplo de la política israelí de transferencia de la represión llevada a cabo en Palestina a las poblaciones latinoamericanas.