viernes, 26 de agosto de 2011

El cientificismo... ¡VAYA TIMO!


“Yo no creo en la infalibilidad de la ciencia ni en su capacidad 
de explicarlo todo, ni en su misión de regular la conducta 
de los hombres, como no creo en la infalibilidad del Papa”
ERRICO MALATESTA


1. Hacer de la ciencia una religión

El cientificismo (también llamado cientifismo o cientismo) consiste en la aplicación del método de las ciencias positivas (cuyo arquetipo son las matemáticas) al análisis de todas las facetas de la realidad. Derivado del positivismo del siglo XIX, el cientificismo se basa en la creencia de que la ciencia es aséptica y objetiva; se pasa de esta manera por alto que los científicos son sujetos y como tales tienen prejuicios como cualquier otro mortal y además tienen su ideología y su trabajo no tiene nada de neutro. Esto es especialmente cierto cuando se aplica el método “científico”, el método de las ciencias positivas, a realidades alejadas de la linealidad de la matemática. Aplicar métodos que trabajan esencialmente con datos cuantitativos a realidades en las que concurren infinidad de variables y de la más diversa naturaleza (no sólo numérica) como en lo psicológico o lo social es un grave error. Al final cuando el método de las ciencias positivas naufraga en un mar de enigmas irreducibles a la nítida lógica matemática el cientificista acaba por encajar a presión la realidad en su teoría y desechar aquella parte de la realidad que hace que no le salgan las cuentas, a lo cual lo tildará de metafísico o “magufo” y ubicará en el mismo plano de existencia que los unicornios o los gnomos. Y ¡ay!, de aquel que ose denunciar este fraudulento proceder: será tildado de charlatán, de esotérico, de nigromante. Así habrá nacido un nuevo dogma, un dogma con envoltura racional (en vez de la envoltura mística que usa la religión) pero un dogma al fin y al cabo.

Y que ningún devoto de la religión científica tergiverse lo hasta ahora expuesto: aquí nadie está negando la bondad del método científico en el terreno que le es propio, simplemente se está afirmando que no hay un único método válido que explique toda la realidad. Las panaceas epistemológicas son cosa de teólogos, no de personas con espíritu crítico.

2. El peso atómico del delirio

Hay realidades escurridizas, cambiantes, ambivalentes sobre las que es difícil afirmar algo tajantemente. Extraer el rasgo cualitativo de las cosas y elaborar teorías universalmente válidas sobre esa base como hace la matemática es bastante factible. Pero elaborar una teoría universal e infalible del comportamiento humano, por ejemplo, es bastante más problemático. Hay realidades demasiado complejas como para someterlas a la prueba del nueve.

Es en este contexto en el que hay que hablar de la figura de Freud y del psicoanálisis, auténtica bestia negra para el cientificista. Hasta la aparición del psicoanálisis el estudio de la conducta humana en la era científica había aplicado el método de las ciencias positivas. Y como el método científico sólo puede operar con realidades directamente observables las “anomalías” de la conducta humana sólo podían proceder de anomalías en la fisiología del sujeto en cuestión. Este enfoque somaticista derivado del materialismo mecanicista inherente al positivismo decimonónico llevó a la medicina a practicar histerectomías (extirpación del útero) para curar la histeria femenina (nota etimológica: histeria deriva del griego “hysterion” que significa “útero”) o lobotomizar a los catalogados como “locos”. Volvamos a recordar que el científico, en este caso el médico, es un sujeto y como tal proyecta en su nada aséptica labor sus prejuicios (la misoginia, el racismo, el clasismo), sus miedos y su ideología (muchas veces, como en el caso del médico lobotimizador y Premio Nobel de Medicina Egas Moniz, muy reaccionaria). Dirán los cientificistas que hago trampas, que eso no era verdadera ciencia y que otros científicos descalificaron años más tarde estas atrocidades perpetradas en nombre del método científico, pero son ellos los que hacen trampas al hablar de la ciencia de manera descontextualizada y fuera de la historia: eso era ciencia en la época, mayoritariamente aceptada por los miembros de la (como se dice modernamente) “comunidad científica”. Las cruzadas eran cristianismo, independientemente de que a estas alturas de la historia los cristianos ya no las lleven a cabo o incluso que les repugne moralmente. Y, de la misma manera, los atentados anarquistas del XIX, nos gusten o no, eran anarquismo. Cuando se profesa una determinada ideología hay que asumir sus aciertos pero también sus errores. Pues bien, gracias a Sigmund Freud empieza a ser cuestionado este auténtico genocidio que estaba llevando a cabo la ciencia médica con los “pacientes mentales” al poner el padre del psicoanálisis en relación la conducta de éstos con la represión que ejerce el entorno social sobre los deseos del sujeto. Esto fue revolucionario por dos razones: 1) introduce en el análisis el contexto social con lo cual se da pie a la crítica a las instituciones represivas (esto propiamente lo llevaron a cabo la izquierda psicoanalítica de los Reich, Marcuse, etc.) 2) sitúa a Freud como uno de los grandes cuestionadores de la moral junto a Sade y a Nietzsche, especialmente por la rehabilitación del importante papel de la sexualidad en la vida humana. Por otra parte, es importante reseñar que con Freud se empieza a hablar del análisis de la “mente” en vez del cerebro puesto que, como indicara Thomas Szasz, no son la misma cosa: el cerebro es un órgano del que no conocemos bien su funcionamiento mientras que la mente es una abstracción que utilizamos para explicarnos de forma aproximada el funcionamiento cerebral mientras la neurología no consiga descifrar la química de este órgano satisfactoriamente. Por tanto, en contra de lo que pregonan los cientificistas, la “mente” o “psique” no es el “alma” de la religión cristiana ni ente metafísico alguno sino una abstracción como puedan ser los números o las palabras [1]. Que la mente no es un ente tangible como una silla o una mesa… claro que no, pero los números y las palabras tampoco.

3. El problema de las disciplinas humanísticas

Si buscamos en un diccionario etimológico el término “ciencia”, ese término del que al parecer sólo son merecedoras las llamadas ciencias positivas, veremos que procede del latín “scientia” y significa sabiduría. De lo cual se infiere que para el pensamiento cientificista no hay más sabiduría que la derivada de estas disciplinas. La filosofía, la filología, la historia, el estudio del arte y de la literatura, etc. serían como mucho disciplinas de segunda fila puesto que el objeto de su estudio no es susceptible de medición exacta y como consecuencia sus resultados no son verdades monolíticas e inamovibles. Pero esto es una auténtica aberración intelectual. Hay muchos aspectos de la realidad que están abiertos a la interpretación y sobre los que no es posible sacar una conclusión definitiva y universal. Pensar lo contrario es hacer de la razón un dogma, cuando el concepto de razón es absolutamente dinámico y va evolucionando a través del tiempo. No existe una razón desligada del tiempo y del espacio más que en la cabeza de aquellos que la embalsaman, la introducen en una urna y hacen de ella un icono religioso (en definitiva, ¡la aniquilan!).

Nuevamente pido que no se me malinterprete. Cuando el positivismo en el siglo XIX proclamó a los cuatro vientos que sólo es conocimiento válido el adquirido a través de las ciencias como la matemática o la física, su afirmación tenía razón de ser. Me explico: los estudios de humanidades estaban controladas por la Iglesia y su contenido era mayormente especulativo y teológico. Cuando Mijail Bakunin escribía en el XIX que era de las filas de los estudiantes de ciencias y no de los de letras de donde iban a salir los revolucionarios, su afirmación, a pesar de su ingenuidad, tenía su sentido. Pero ocurrió que desde finales del XIX y durante buena parte del siglo XX el positivismo fue duramente criticado por un buen número de filósofos de distintas escuelas de pensamiento. Desde el existencialismo de Kierkegaard hasta el de Sastre pasando por el vitalismo de Nietzsche, la fenomenología de Husserl o la superación de la lógica aristotélica, buena parte del siglo XX fue una gran refutación del positivismo del siglo anterior. (¿Cómo calificar a toda esta pléyade de influyentes filósofos de “charlatanes”?) Y, entre ellos, Freud y su psicoanálisis inició una corriente intelectual que cuando se mostró más viva fue en las décadas de más efervescencia revolucionaria (los años 20 y los 60). Curiosamente, el auge del neopositivismo en el siglo pasado tuvo lugar en las conservadoras décadas de los 40 y 50 (con el apogeo del conductismo) y hacia finales de siglo llegando hasta nuestros días (otro gran periodo de pensamiento conservador). Por algo será.

Por supuesto las disciplinas humanísticas no fueron inmunes a todos estos cambios, dejando atrás su carácter especulativo y ganando en rigor. Para centrarme en la disciplina que conozco mejor, la lingüística, lo primero que sintió ésta como otras tantas disciplinas humanísticas fue el impacto de las ciencias positivas. Así se intentó crear una “ciencia lingüística” por la aplicación del método científico y así surgieron los primeros enfoques estructuralistas. Uno de los ejemplos más extremos fue el del empirismo radical de Bloomfield que en su libro Language llega a excluir del estudio lingüístico nada menos que la semántica, el núcleo candente del lenguaje, por no someterse a la linealidad del método de las ciencias positivas. El bueno de Bloomfield comprobaba escandalizado lo poco que la praxis del lenguaje humano se adaptaba a su teoría cientificista cuando en lengua alemana tenemos que a la ballena la llaman “Walfisch”, burlándose el lenguaje de las clasificaciones de los zoólogos, pues todo el mundo sabe que la ballena no es un “fisch”, o sea, un pez, sino un mamífero. Y eso no es nada: en la mayoría de las lenguas los valores de los tiempos verbales son aparentemente caóticos. ¿Cómo es posible que tanto en inglés como español el tiempo presente se pueda utilizar no sólo para indicar acciones presentes si no también pasadas y futuras o incluso para no indicar tiempo alguno? ¿Se puede hacer “ciencia” con semejante desbarajuste?

La respuesta a todo eso vino con una siguiente generación de lingüistas, que se dieron cuenta de que el método de las ciencias positivas no sirve para las complejas realidades estudiadas por las disciplinas humanísticas. Siguiendo con el ejemplo de la lingüística, Chomsky señaló que el enfoque cientificista de Bloomfield constituía una descripción lingüística muy incompleta (centrándose únicamente en la, en terminología chomskiana, estructura superficial del lenguaje) llamando la atención sobre el hecho de que puede haber oraciones idénticas en la forma pero no en la semántica, oraciones que se diferenciarían propiamente en la estructura profunda, que es donde Chomsky sitúa el componente semántico del lenguaje. Allí está el núcleo lógico del lenguaje, donde Chomsky sitúa un número finito de reglas capaces de generar todas las oraciones juzgadas como correctas por el hablante nativo, cuyo número es realmente infinito. En efecto, yo puedo decir:

Un hombre muy viejo,
Un hombre muy muy viejo,
Un hombre muy muy muy viejo,
Un hombre muy muy muy muy viejo,

y así sucesivamente, siendo todas estas frases distintas unas de otras en el grado de intensidad en que se expresa el adjetivo “viejo”. Está claro que en un caso como éste, en que el objeto de estudio es inabarcable, el método de las ciencias positivas se va a ver desbordado.

Chomsky también criticó al conductismo, resultado de la aplicación de la estrechez de miras cientifista al estudio del comportamiento humano. Chomsky puso de manifiesto cómo en la adquisición del lenguaje no todo es repetición. De hecho, un conductista no puede explicar por medio de la imitación por qué un niño que está aprendiendo a hablar produce oraciones agramaticales (recurrentes incluso en el caso de aprendices de una lengua extranjera) que no ha podido oír a nadie, como por ejemplo:

*No lo sabo

o bien,

*¿Ya has volvido?

Ambas formas verbales erróneas, resultado de la aplicación de una regla general a una excepción, demuestran que la mente infantil aprende no sólo imitando sino también manejando el razonamiento deductivo, por eso los niños aprenden su lengua materna en un tiempo récord. Luego, la mente humana no nace tan “en blanco” como pretende el empirismo radical de los conductistas. Éstos, como buenos cientificistas que son, tienen una visión robótica y mecanicista de la mente humana menospreciando los aspectos de creatividad y originalidad inherentes a ésta. De ahí que su propuesta para el estudio de lenguas extranjeras se base en ejercicios mecánicos de repetición e imitación que acaban fracasando porque desmotivan al que aprende al asignársele un papel meramente pasivo. Además, la motivación, como se sabe, es uno de esos aspectos cognitivos que no pueden ser pesados ni medidos por el cientificismo.

Consecuencia de todo esto es el ninguneo al que se somete a las disciplinas humanísticas especialmente de un tiempo a esta parte. El triunfo del capitalismo como ideología con su necesidad de técnicos que cuiden de su maquinaria de hacer dinero ha hecho que el sistema arrincone los saberes humanísticos bien porque los considere inútiles, bien porque los considere un obstáculo para sus planes de dominación. Ahí está el tópico insultante extendido sobre todo por estudiantes y profesores de ciencias (¡qué fácil es opinar de lo que no se conoce!) que asegura que para estudiar letras no hace falta razonar tan sólo memorizar. El problema viene cuando al ingeniero de turno sus jefes le mandan estudiar una lengua extranjera y ve lo poco que le sirve la memoria para aprenderla… ¡ni tampoco el sacrosanto método científico! Más indignante aún, era lo que leí hace un par de años en un periódico de tirada nacional de boca de un científico (del CSIC, creo recordar) que aseguraba de que el gobierno de la nación era inepto porque estaba lleno de “gente de letras”. Daban ganas de recordarles a lumbreras intelectuales como éste que Derecho (título mayoritariamente ostentado por nuestros políticos) no es Filosofía y Letras y que la infame Sra. Thatcher era una gobernante de ciencias (era química, igual que Rubalcaba) como le gustan a él. De todas, formas si quiere ver dónde hemos acabado mucha gente que cursamos carreras de letras que no busque en el gobierno, sino entre los que sirven copas, friegan portales o limpian WCs.

4. Todo es conspiranoia ¡Viva el discurso oficial!

Un aspecto muy preocupante del pensamiento neopositivista, o como gusta denominarse modernamente, escéptico, es su apego a las versiones oficiales. Su obsesión por combatir todo que se salga del guión ha llevado a los autodenominados escépticos a tildar de conspiranoica toda teoría que ponga en solfa el discurso oficial de los estados “democráticos”. Así en sus sitios web uno puede quedarse atónito leyendo como mezclan a los que disienten de las tesis oficiales sobre el VIH o los que no se creen la verdad oficial sobre el “terrorismo internacional” con los que creen en una inminente invasión extraterrestre. Obvian que gente como Alfredo Embid (médico y por tanto cienífico) usa argumentación racional, documentos y la opinión de muchos científicos (entre ellos un Premio Nobel de biología) para probar sus tesis y también que desde que los disidentes del SIDA pusieron en marcha su campaña de denuncia de las falacias de la hipótesis oficial sobre el VIH, el SIDA, esa enfermedad que iba camino de convertirse en la plaga bíblica del siglo XXI, ha desaparecido del discurso de los media (salvo cuando se habla de África, pero esa es otra historia.) También se burlan de la teoría del “Inside Job”, del “autogolpe”, en el caso de los atentados del 11 S y ridiculizan a analistas de la talla de Thierry Meyssan de Red Voltaire o Michel Chossudovsky de Global Research, cuya capacidad intelectual y sentido crítico está muy por encima de la mediocridad de tipos que no se les ocurre otra cosa mejor que escribir libros contra la existencia de las hadas del bosque. La teoría del autogolpe, del estado manejando el terrorismo que atenta contra él mismo está absolutamente probada en el caso de la Operación Gladio de los años 70. De hecho, varios gobiernos occidentales, entre ellos el de los EE. UU., desclasificaron documentos oficiales a principios de los 90 que probaban la participación de agentes del estado en atentados de los que se responsabilizó a la izquierda. De ello se hizo eco la prensa de la época que está en las hemerotecas a disposición de cualquier escéptico que la quiera consultar. Además hay un opúsculo del situacionista italiano Gianfranco Sanguinetti (Sobre el terrorismo y el Estado) que denuncia alto y claro la connivencia del estado en el terrorismo de la Italia de los años del plomo. Por último, hay un documental de más de tres horas de una fuente tan “magufa” y conspiranoica como la BBC en el que algunos de los agentes del estado participantes en la operación reconocen los hechos.

Pensándolo bien, me parecen menos peligrosos los que creen en los unicornios o en los gnomos que estos escépticos selectivos que se tragan sin rechistar todo lo que viene del poder. Y lo peor de todo es que nos quieren vender la moto a los demás.

5. Necesidad de la máquina de calcular

“Los búhos de cráneo transparente
Confunden tiempo y realidad
Confunden el hombre y la miseria
Confunden la ciencia con el sueño
Sólo la máquina de calcular
Puede aclarar la inmensa confusión que nos rodea
Es necesario calcularlo todo”

De esta manera ironizaba en su poema Necesidad de la máquina de calcular Aldo Pellegrini, padre del surrealismo argentino, médico (o sea, científico) de profesión sobre la obsesión cientificista de reducirlo todo al dato matemático. En efecto, para el racionalista de vía estrecha todo lo subjetivo sobra… Sobra el sueño, las pasiones, el arte, la literatura. ¿Para qué sirve la literatura? se preguntará el homo rationalis con esa carga de utilitarismo burgués implícita en su interrogación. Pero, como bien dijo Pellegrini, “aquel que ignora la poesía es un mutilado”.

La extirpación de lo subjetivo, de lo emocional, en el pensamiento de izquierdas, tan tradicionalmente imbuido de cientificismo, se ha pagado muy cara. Wilhelm Reich en su Psicología de masas del fascismo reprochaba al Partido Comunista Alemán el que su propaganda no apelara a la subjetividad del obrero y se centrara escuetamente en lo económico. Por el contrario, los nazis supieron apelar a las pasiones, a las bajas pasiones diría yo, del pueblo llano para llevarlo a su redil. Lo mismo hace la religión que manipula los sentimientos de angustia, de culpa, de vergüenza y, sobre todo, el deseo (en especial el deseo de pulverizar las limitaciones que amenazan al yo, como la enfermedad y la muerte). En cambio, la izquierda más estalinista se dedica a negar esta compleja gama de emociones absolutamente inherentes al ser humano o a decir que son un invento de la religión, proyectando una imagen deshumanizada del ser humano, como de autómata. No es extraño que la izquierda haya fracasado en su empeño de dejar las iglesias vacías de obreros y que, por otra parte, la religión sea más cuestionada por las masas cuando ésta niega o limita aspectos tan íntimos del ser humano como la sexualidad.


        [1] Los que descalifican al psicoanálisis como metafísico o espiritualista argumentando que “psique” es equiparable al alma del cristianismo deberían saber que para el mundo griego de la antigüedad clásica la “psique” era materia, si bien estaba compuesta por átomos más sutiles que el cuerpo.

44 comentarios:

KRATES dijo...

Una pregunta, ¿conoces la diferencia entre conductismo metodológico y el conductismo radical?

Eso de decir que el conductismo, el radical o skinneriano, niegue lo innato, no es verdad.

curio dentato dijo...

Sobre el significado de la palabra "psyché", tal como lo entendieron los antiguos griegos, aquí os pongo algo sobre su significado:

Los griegos originalmente llamaron "psyché" al último aliento que escapaba al morir, y "soma" al cadáver. Luego comenzaron a usar "psyché" para referirse a la vida (en "Acerca del alma" Aristóteles describe los procesos de los seres vivos, dando a la palabra "psyché" un significado bastante cercano al uso actual del término "conducta") o a su hipotética causa ("aquello que da vida al cuerpo"), y por otro lado para referirse a lo intelectual (manejar conceptos y abstracciones) en oposición a lo corporal. Platón (Fedón, 65) caracteriza al filósofo como quien se separa del cuerpo (comida, amor, placer) y se aplica al alma (intelecto), y así se ejercita para la muerte, cuando el alma se separe por completo del cuerpo (Fedón, 68). Argumenta (Fedón, 106) que el alma es lo que trae vida al cuerpo, que no admite su contrario (la muerte) y por ello es inmortal e indestructible: cuando se acerca la muerte al hombre, su parte mortal perece pero la inmortal se retira para continuar su existencia en el Hades.

Con Agustín, el dogma cristiano toma del platonismo el desdén por los placeres corporales y la creencia en un alma que sobrevive a la muerte. La línea divisoria del dualismo estaba trazada entre lo intelectual y lo corporal (que incluía lo sensorial). Esta línea se modifica con Descartes, para quien el dualismo pasa a ser entre la conciencia (cosa pensante) y la materia (cosa extensa). Su argumento es: puedo dudar de todo, incluso puedo dudar de que tengo un cuerpo, pero no puedo dudar de que pienso. La consciencia, a diferencia de la materia, no tendría extensión, y no estaría afectada por las leyes causales y mecanicistas que rigen el mundo material.

Estas posturas filosóficas están presentes en distintas teorías de la psicología mentalista (el introspeccionismo de Wundt, el psicoanálisis y sus derivados, el cognitivismo actual, la lingüística de Saussure, etc.). En el siglo XX tales posturas fueron cuestionadas por autores conductistas como Watson, Kantor y Skinner, y en el campo de la filosofía por autores como Bertrand Russell (The analysis of mind, 1921), Ludwig Wittgenstein (Philosophical investigations, 1953) y Gilbert Ryle (The concept of mind, 1948).

http://www.robertexto.com/archivo4/mentalismo.htm

KRATES dijo...

Claro que sí, que los políticos son en mayor parte de Derecho, aunque también los hay que han estudiado Ciencias como de Letras. El científico, y también periodista, al que haces alusión es Carlos Elías:

«España es un país de Letras, dominado por la gente de Letras, en el que existe un problema de acoso a la Ciencia.»

http://www.publico.es/ciencias/131322/espana-es-un-pais-de-letras-la-ciencia-esta-acosada

«En el currículum de una persona como María Dolores de Cospedal, figura que a los 26 años ya era abogada del Estado. Si haces Derecho, puedes tener la vida asegurada a esa edad. Pero, si estudias Física, a los 26 años eres, como mucho, becario.»

KRATES dijo...

Algunos gobernantes socialistas actuales...

Alfredo Pérez Rubalcaba: Es doctor en Ciencias Químicas por la Universidad Complutense de Madrid.

José Luis Rodríguez Zapatero: Estudió Derecho en la Universidad de León.

Elena Salgado Méndez: Es ingeniera industrial en las especialidades de Técnicas Energéticas y Organización Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, licenciada en Ciencias Económicas en la especialidad de Estructura Económica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Métodos Cuantitativos de Gestión por la Escuela de Organización Industrial.

Manuel Chaves: Se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla.

Pepe Blanco: Ya en Santiago de Compostela inicia estudios de Derecho que deja para incorporarse a trabajar en la secretaría de Organización del PSdeG-PSOE. Realiza distintos cursos sobre dinámica de grupos y técnicas de organización, así como de comunicación política y sociología electoral.

Trinidad Jiménez: Licenciada en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid.

Carme Chacón: Se licenció en Derecho por la Universidad de Barcelona. Estudió cuarto curso de Derecho en la Universidad de Mánchester y entre 1994 y 1996 realizó el programa de Doctorado en Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona, aunque nunca llegó a leer la Tesis doctoral.

Rosa Aguilar: En 1980 se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla.

Ramón Jáuregui: Estudió Ingeniería Técnica en la Escuela de Peritos de San Sebastián, concluyendo la carrera con 20 años. Posteriormente, también al margen del trabajo, asistió a la Facultad de Derecho de San Sebastián, obteniendo la licenciatura en Derecho en 1975.

Leire Pajín: Licenciada en Sociología por la Universidad de Alicante en 1998.

Ángeles González-Sinde: Estudió Filología Clásica en la Universidad Complutense de Madrid, realizó un máster de Guión Cinematográfico en la Universidad Autónoma de Madrid y perfeccionó sus estudios de cinematografía en el American Film Institute de Los Ángeles.

Antonio Camacho: Pertenece a las Carreras Fiscal y Judicial.

Francisco Caamaño: Licenciado y Doctor en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela.

Cristina Garmendia: Doctora en Biología por la Universidad Autónoma de Madrid, antes de su elección como ministra era presidenta de la Fundación Inbiomed y de la Asociación Española de Bioempresas. En 2000 fundó Genetrix, empresa del sector de la biotecnología. Defensora del uso terapéutico de las células madre embrionarias, era también miembro de la Junta Directiva de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE).

Valeriano Gómez: Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, está especializado en Economía del Trabajo por la Universidad Complutense de Madrid.

Miguel Sebastián: Es Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Economía por la Universidad de Minnesota y por la Universidad Complutense.

Ángel Gabilondo: En junio de 1980 se licenció en Filosofía y Letras con una nota de sobresaliente.

KRATES dijo...

Más del PSOE, o vinculados a sus gobiernos...

María Teresa Fernández de la Vega: Se licenció en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid a principios de los años setenta.

Pedro Solbes: Se doctoró en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid. Es también licenciado en Derecho por la Universidad Complutense y diplomado en Economía Europea por la Universidad Libre de Bruselas.

Miguel Ángel Moratinos: Estudió en el Liceo Francés de Madrid, y posteriormente se licenció en Derecho y en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid.

Elena Espinosa: Es Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela.

Joaquín Almunia: Estudió Derecho y Ciencias Económicas en la Universidad Comercial de Deusto.

Felipe González: Obtendría la licenciatura en Derecho en la Universidad de la capital andaluza.

Alfonso Guerra: Estudió Ingeniería Técnica Industrial en la Escuela de Peritos de la Universidad de Sevilla, en la que ejerció como profesor de Dibujo hasta 1975. Posteriormente cursó la licenciatura de Filosofía y Letras en la misma universidad.

Y gente del PP...

Mariano Rajoy: Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, comenzó a preparar las oposiciones a Registrador de la Propiedad en el último año de carrera y las aprobó al año siguiente.

Esperanza Aguirre: Cursó estudios universitarios, obteniendo la licenciatura de Derecho por la Universidad Complutense de Madrid en 1974.

María Dolores de Cospedal: Es licenciada en Derecho por la Universidad San Pablo-CEU de Madrid.

José María Aznar: Es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.

KRATES dijo...

Y otros políticos extranjeros:

Margaret Thatcher: Se graduó en Química en el Somerville College, Universidad de Oxford, y se preparó finalmente como abogada.

John Major: En 1963 decidió realizar un curso de banca por correspondencia. Consiguió un puesto como ejecutivo en el Standard Chartered Bank en mayo de 1965.

Tony Blair: Estudió Derecho en Oxford, para convertirse en abogado especializado en Derecho sindical en 1976.

Gordon Brown: En 1967 comenzó a estudiar la licenciatura en Historia en la Universidad de Edimburgo.

David Cameron: Estudió Filosofía, Políticas y Economía en la Universidad de Oxford.

Bill Clinton: Más tarde se diplomó en Derecho en la Universidad Yale en 1973.

George H. W. Bush (padre): Estudió economía en la Universidad de Yale.

George W. Bush (hijo): Consiguió el Máster de Administración de Empresas (MBA).

Al Gore: Se graduó en estudios gubernamentales de la Universidad Harvard en 1969.

Abundan los que cursaron Derecho, seguido de los de Económicas. Cómo también los hay de Ciencias y Letras.

KRATES dijo...

Ahora, si echamos un vistazo a la Wikipedia sobre Ciencias y Letras:

- Las Letras, entendidas como las Humanidades o ciencias humanas o sociales (conceptos de problemática definición y deslindamiento), especialmente cuando se producen en una Facultad de Filosofía y Letras.

- Y las Ciencias, muy a menudo identificadas con el concepto de ciencias duras (ciencias físico-naturales, ciencias exactas).


Y vemos que entre las Humanidades se consideran a:

- Antropología.
- Sociología.
- Musicología.
- Filología.
- Semiología.
- Geografía.
- Economía.
- Derecho.


Entonces... parece que el tal «lumbreras» de Carlos Elías ¡va a tener razón!

LEONARDO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
KRATES dijo...

Compañero Leo, dices:

«Ahora esperemos que algun cabeza cuadrada se defienda con argumentos minimamente sugerentes e inspiradores, y no con una lista de los curriculums académicos de nuestros políticos que no se yo que coño tiene éso que ver

Tiene que ver con esto otro:

«Más indignante aún, era lo que leí hace un par de años en un periódico de tirada nacional de boca de un científico (del CSIC, creo recordar) que aseguraba de que el gobierno de la nación era inepto porque estaba lleno de “gente de letras”. Daban ganas de recordarles a lumbreras intelectuales como éste que Derecho (título mayoritariamente ostentado por nuestros políticos) no es Filosofía y Letras y que la infame Sra. Thatcher era una gobernante de ciencias (era química, igual que Rubalcaba) como le gustan a él.»

Porque el tal científico en su libro La razón estrangulada dice lo mismo que ha dicho el compañero Sorrow, y cita a los dos mismos políticos.

KRATES dijo...

¿Ya volvemos a las alusiones personales?

LEONARDO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
KRATES dijo...

¿Por qué te autocensuras?

Yo te he explicado el porqué de los curriculums de los políticos.

¿Y tú me llamas «intolerante» y demás? Estoy argumentando mis posturas, ¡y te pones así!

Después del rato que pasamos juntos, el otro día, parece que sigues juzgándome.

KRATES dijo...

Pues sigo yo solo:

El compañero Sorrow ha dado una definición de cientifismo, otros lo definen como aquello que emula a la ciencia, o yo soy de los que creen que el cientifismo es el uso de términos y conceptos científicos para imponerse en otros campos de la sociedad.

En parte, yo sí que creo en la «infalibilidad» de la Ciencia y el método científico, y claro como acto humano que és, no está aislada de otras facetas humanas. Pero en lo que no creo es en la infalibilidad u objetividad de los científicos.

Pero también sé que una cosa son los hechos, o su descripición tras su estudio (como el método científico), y otra la interpretación de los hechos.

Hay veces en que la Ciencia sola, no nos dice nada:

http://losdeabajoalaizquierda.blogspot.com/2009/10/obispos-aborto-y-castidad.html?showComment=1256478736463#c4442586446641129694

Y al igual del tal Carlos Elías, que he citado constantemente, no soy partidario de que el poder académico haya separado, y hasta enfrentado, a las Ciencias de las Letras, las ciencias exactas y naturales de las ciencias sociales y las humanidades. Porque todas forman parte del conocimiento humano, y se complementan.

Sorrow dijo...

Veamos que dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua:

cientificismo.

1. m. Doctrina según la cual los métodos científicos deben extenderse a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción.

2. m. Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas.

3. m. Confianza plena en los principios y resultados de la investigación científica, y práctica rigurosa de sus métodos.

4. m. Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas.

Sorrow dijo...

Y siguiendo con el tema de los CV:

Javier Solana, asesino NATO, estudió Física.

Sigmund Freud, "charlatán" y "curandero", Medicina (especialidad Neurología).

André Breton, escritor de inútiles versos, Medicina (especialidad Neurología).

Noam Chomsky, "especulador" y "metafísico", Matemáticas (además de Lingüística y Filosofía).

Luis Alfonso Gámez, Sumo Pontífice del Pensamiento cientificista, periodismo chusquero (¡Vaya timo!)

Sorrow dijo...

El buen señor (que salió entrevistado en el 20 minutos) dijo "gente de LETRAS" y letras (que es una parte, la más denostada por el cientificismo, de las humanidades) no es derecho ni económicas. Por eso existe Filosofía y Letras por un lado y por otro Derecho y Ciencias Económicas.

Sorrow dijo...

Y por cierto ¿en qué va a tener razón el tal Elías? ¿En todo? ¿En que los que estudiaron letras son ineptos y a los tecnócratas les tenemos que dejar que monopolicen el poder? ¿En eso también?

KRATES dijo...

Más o menos quise decirlo de esta manera: «Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas.» Pero no me salió, lo dije de memoria. Pero puse un enlace de ejemplo, en el que defiendo tal postura en la que la Ciencia no sirve para todos los temas, creo recordar.

Carlos Elías al referirse a los de Letras no se refiere a Filosofía y Letras, se refiere a ciencias sociales y humanidades, en las cuales Derecho y Economía forman parte.

Y como tú, reconoce que la mayor parte de los gobernantes son de Derecho, o sea Letras.

La distinción entre Letras y Ciencias es académica. Y a la Física, la Química o la Matemáticas, entre otras, se las denomina Ciencias. Y entre las denominadas Letras están Historia, Psicología, Filosofía, etc. y también Economia y Derecho.

Y este periodista además de Ciencias es de Letras, a las Ciencias de la Información o Periodismo se las incluye en Letras. Y nunca ha dicho que los que estudien Letras sean unos ineptos. Y sobre los tecnócratas, los técnicos, mira lo que dice:

«Un ingeniero nunca será un revolucionario...»

KRATES dijo...

Sobre el significado de «cientifismo», mejor mirado, me quedo con la primera de las explicaciones: «Doctrina según la cual los métodos científicos deben extenderse a todos los dominios de la vida intelectual y moral sin excepción.»

Muy en la línea del profesor de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Granada Juan Antonio Aguilera Mochón: «la ciencia nos ofrece los datos objetivos, pero las valoraciones y decisiones morales están más allá de la ciencia».

http://es.scribd.com/doc/57438679/La-%E2%80%9CDeclaracion-de-Madrid%E2%80%9D-contra-el-aborto-Juan-Antonio-Aguilera-Mochon

El hecho de ser partidario del método científico y el conocimiento la misma Ciencia, y reconocer que la Ciencia tiene campos en los que no debería meterse, ¿me convierte en un cientificista?

Juan Carlos Álvarez dijo...

Seguramente uno de los mayores errores que suelen cometerse es el de establecer una separación y una distinción tajantes entre Ciencia y Filosofía. En realidad no hay tal separación. Todas las disciplinas científicas están plagadas de conceptos filosóficos, y al mismo tiempo las filosofías del presente son a menudo muy científicas (se apoyan estrechamente en los datos aportados por las ciencias y utilizan como instrumento la lógica formal).

En cierto modo, la filosofía nace cuando las ciencias reflexionan sobre sí mismas. Al hacer esto, las ciencias llegan dialécticamente más allá de sí mismas, y a este "ir más allá de sí mismo" del conocimiento científico es a lo que llamamos "filosofía".

El cientificismo es aquella postura que quiere eliminar por completo la filosofía, niega que ésta pueda tener algún contenido o alguna misión relevante, y la considera una fantasía y un resto de un pasado mítico y especulativo. Para el cientificista, el único conocimiento posible es el científico (y sobre todo el científico-experimental de laboratorio).

Richard Dawkins es un buen ejemplo de cientificismo. En una conferencia dijo: "Los filósofos no han aportado ni una sola intuición ni un solo descubrimiento sobre la naturaleza de nuestro universo".

KRATES dijo...

En el pasado a los científicos se les llamaba filósofos. Cómo ya dije, una cosa son los hechos y otra la interpretación de los hechos. Ciencias y Letras, ciencias naturales y humanidades, o como queramos decirlo, no son incompatibles. Aunque el proceso de verificación o falsificación de diferentes hipótesis es el llamado método científico.

La Ciencia, a lo largo del tiempo, siempre se ha basado en una acumulación de errores u otra selección de aciertos, hasta que otros investigadores demuestren lo contrario. Pues si permanece inalterable, fija, sería lo más parecido a una religión. Está contínuamente cambiando, y lo que es considerado cierto, permanece. Otra cosa es la interpretación de los hechos naturales...

Sorrow dijo...

“LA VERDADERA CIENCIA NUNCA ES RESPETABLE: ES UN PERPETUO FOCO DE REBELDÍA QUE SE LEVANTA CONTRA LOS SLOGANS CARENTES DE SENTIDO Y CUESTIONA SIN CESAR LAS VERDADES CIENTÍFICAS MÁS SOLIDAMENTE ESTABLECIDAS”
G. Devereux

Juan Carlos Álvarez dijo...

La cita de Devereux viene muy a cuento. En efecto, la ciencia es un saber crítico y profundamente anti-dogmático, justamente lo contrario de lo que pretende hacer de ella el cientificismo. Por eso podemos decir que hoy en día el máximo enemigo de la ciencia ya no es la religión (con la salvedad de sus variantes fundamentalistas), sino la ideología cientificista, que pretende convertir la ciencia en una nueva religión, en un nuevo dogma incontestable e incriticable en aquellas versiones propuestas como la Verdad Absoluta por las instituciones académicas, las corporaciones multinacionales, los aparatos ideológicos de los Estados y su inmenso arsenal de propaganda.

Por ejemplo, hoy esos poderes fácticos han implantado como Ciencia infalible y, en consecuencia, como Verdad Absoluta, mitos y fantasías tales como el Big-Bang, la teoría de cuerdas, la interpretación de Copenhague de la física cuántica, el cerebro-centrismo (toda la conducta y el pensamiento humano se explican en términos de procesos y estructuras cerebrales), el geneticismo (la mayoría de las características de la personalidad, la inteligencia, etc., son heredadas), el mentalismo (la causa de las conductas está casi exclusivamente en el interior de las personas, lo que exonera así a las circunstancias sociales y culturales y culpabiliza al individuo), el informativismo (los procesos mentales son procesos de cómputo semejantes a los de una computadora), el individualismo metodológico (los fenómenos sociales se explican en términos individuales y no sistémicos), el sexismo (los cerebros de hombres y mujeres son estructuralmente muy diferentes), el darwinismo social (las diferencias sociales son debidas a divergencias genéticas y psicológicas), etc.

Los cientificistas no sólo consideran que lo que el establishment político y económico señala como Ciencia es la Verdad Absoluta, Indudable e Incriticable, sino que además plantean un proyecto político totalitario, una sociedad regida por una elite científica que impondría medidas de control e ingeniería social (eugenesia, manipulaciones biogenéticas, etc.) a una escala sin precedentes y además sin oposición alguna, basándose en la supuesta verdad, infalibilidad y exactitud absolutas de su discurso.

El cientificismo, por todo ello, es hoy en día uno de los más grandes peligros para el género humano.

Sorrow dijo...

Para no repetirme diré que estoy absolutamente de acuerdo con el comentario que precede a éste y que Georges Devereux es un ejemplo de un gran intelectual influenciado por el psicoanálisis. A muchos de esos escépticos de postín a los que aludí en mi escrito les viene muy grandes las teorías de gente como Devereux y no son más que medianías intelectuales y charlatanes pagados por el establishment y los mass media.

Juan Carlos Álvarez dijo...

Por eso, Sorrow, aunque tu artículo es en general muy acertado, creo que sobra el escarnio hacia la figura de Bhurrus F. Skinner, aunque sólo sea porque este autor es una de las víctimas del cientificismo actual. Es difícil precisar con justicia el grado en que la obra de Skinner ha experimentado el odio, el desprecio, la calumnia, el anatema y la condena moralizante por parte del establishment académico, mediático y cultural, al menos desde finales de los años 1960.

Y es que Skinner, aunque en efecto compartiera algunos prejuicios cientificistas debido a su formación positivista estricta, sin embargo rechazó y combatió varias de las creencias centrales de la ideología cientificista: el cerebro-centrismo (Skinner mantuvo que la conducta humana podía explicarse sin referencia a las estructuras y procesos cerebrales), el geneticismo (Skinner sostenía que las diferencias entre las personas son básicamente aprendidas, aunque no negara la influencia genética), el mentalismo (Skinner sostenía que la causa de la conducta está afuera, en el ambiente familiar, socioeconómico y cultural), el informativismo (Skinner sostuvo que el cerebro humano no funciona como una computadora digital), el individualismo metodológico y el darwinismo social (para Skinner, las diferencias entre grupos y clases sociales no son genéticas ni "mentales", sino un producto de diferentes experiencias de aprendizaje en diferentes contextos).

KRATES dijo...

Hay que matizar que el llamado darwinismo social o socialdarwinismo, poco tiene que ver con la evolución biológica, en sí, es una interpretación de la naturaleza aplicada para la justificación de las injusticias sociales que acarrea el capitalismo. En vez de denominarlo «darwinismo» se le debería llamar mejor «espencerianismo», porque el creador de que tal teoría social fue el filósofo Herbert Spencer, y no Charles Darwin.

Darwin, junto a Russell Wallace, expuso la teoría de la selección natural, que aún hoy se admite (aunque con matices: no es el motor de la evolución como ellos creían, más bien las contigencias de supervivencia que definen los conductistas. El motor de la evolución es la acumulación de cambios genéticos a través de generaciones: las mutaciones).

KRATES dijo...

No he dicho nada... ¡Muy buenas, J. C. Álvarez!

Es verdad lo que dices sobre Skinner, sobre este psicólogo conductista se ha dicho varias cosas, y muchas de ellas auténticas mentiras. Desde que su novela Walden Dos es un libro fascista, hasta que él mismo Skinner estuvo implicado en terapias de modificación de la conducta con presos o que su hija Deborah se suicidó porque tuvo un trauma de pequeña al estar encerrada en una caja. Cuando no fue verdad, la novela es de una comunidad comunista dónde no hay líderes, aunque sí Planificadores y Administradores, que en nada se parecen a nuestros actuales gobernantes (porque no hay gobierno, ni siquiera el despotismo de la mayoría se practica), en esa comunidad utópica no hay clases ni desigualdades sociales , pero como es tecno-científica, pues ya es mala.

Lo de su hija fue que estuvo en una especie de cuna fabricada por él, y hace unos años ella misma desmintió tales patrañas.

Y su implicación en tales experimentos con presos fue que los responsables utilizaron frases suyas sueltas para justificarse, igual que lo hicieron con algún que otro texto de Victor Hugo.

Es una pena que todavía tales falsas creencias persistan, incluso entre gente de izquierdas.

Sorrow dijo...

¿Escarnio? ¿De qué? No fui yo no quién empezó esta guerra.

KRATES dijo...

Yo no he dicho nada sobre ningún escarnio, y el hecho de criticar a Freud, ha sido un error por mi parte. Y en ningún momento he considerado que estaba iniciando guerra alguna.

KRATES dijo...

Veo que lo del «escarnio» no es por mí. También digo que desconocía completamente (en su momento), Sorrow, tu postura sobre Freud y el psicoanálisis, de lo contrario no habría puesto nada.

Ya que he empezado una «guerra», puedo ponerla fin. ¿Elimino la polémica entrada en cuestión? Yo no quiero enemistarme con nadie —y menos entre nosotros—, tenemos más cosas que nos unen que las que nos separan.

Sorrow dijo...

Sí que conocías mi postura sobre Freud. Prueba (puro método científico): tienes un número de una revista escrita de mi puño y letra en 1997 en el que explico mi postura sobre el psicoanálisis. Además te lo he dicho infinidad de veces personalmente. Disculpa la alusión personal, compañero, pero se me ha acusado de "escarnio" contra Skinner sin decir nada del "escarnio" contra Freud y el psicoanálisis, que fue anterior y que originó mi reacción. Creo que tienes tanto derecho a escarnecer a Freud como yo de escarnecer Skinner. Por otra parte, mi texto escarnecía más bien el cientificismo y no a Skinner, un personaje que no me interesa en absoluto y del que creo que no ha aportado nada original al pensamiento del siglo XX. Tengo cosas más urgentes que hacer que escribir sobre el bueno de Burrhus (y no es un insulto: se llamaba así).

KRATES dijo...

El texto al que aludes lo leí hace años, en la década de los noventa del siglo pasado, y ya no lo recordaba, hasta hace poco que lo he vuelto a releer. Y lo de hablarlo personalmente, sólo recuerdo que últimamente hemos hablado de ello —después de la «gracieta» mía—, de antes ni me acuerdo. ¡Creéme!

Y sobre Skinner, yo, en cambio, sí que creo que ha aportado algo interesante para el pensamiento del siglo veinte (y no negativo).

Sorrow dijo...

Pues ,por mí, zanjo el tema aquí. Que cada uno denuncie la sordidez del mundo que el rodea a su manera. Como bien dices, es más lo que nos une que lo que nos separa así que seguiremos caminando juntos. De modo que ¡pelillos a la mar!

KRATES dijo...

¡Y zanjado queda! (Entre nosotros.)

Juan Carlos Álvarez dijo...

Sorrow:

Mis disculpas por si mi comentario anterior pudo molestar. Me refería a que me pareció un tanto burlesco colocar a Skinner junto a Don Pimpón y Espinete.

Pero tampoco tiene demasiada importancia y no pasa de ser una broma sin trascendencia, sobre todo comparada con la de Freud. Un saludo.

Sorrow dijo...

Disculpas aceptadas, Juan Carlos. Desde luego que es burlesco poner a Skinner entre Espinete y Don Pimpón, pero, lo vuelvo a repetir, fue una respuesta a la foto de Freud entre Rappel y la bruja Lola, que es exactamente igual de disparatada. Si alguien se burla de autores que admiro creo que tengo el derecho de actuar en legítima defensa y combatir el fuego con fuego. De hecho, hay otras entradas sobre Skinner y el conductismo en este blog y no verás allí ningún comentario mío. No tengo ningún afán de provocar a los fans de Skinner.

Un saludo libertario.

Ana dijo...

Te felicito por tu valentía. No todo el mundo se atreve a decir en "tecla alta" todo lo que declaras aquí. Un abrazo totalmente "neutral y objetivo" :-D de esta difusa teísta amante de la Ciencia. Te sigo!


http://frasesdedios.blogspot.com.es/

A.J dijo...

El cientifismo y su niña bonita, los cacharritos de tecnología, son la neoreligión salvadora del hombre nihilista postmoderno.Su meta: el transhumanismo como "paraíso en la tierra" y fuente de "vida eterna".

KRATES, tiene gracia leer a alguien sobre conductismo que a la vez sostiene principios muy ampliamente difundidos en la actualidad en los medios de"comunicación" y la"educación" mediante conductismo social(manipulación de masas- ingeniería social)

El sobrino de Freud,el primer teórico estudioso y divulgador sobre las técnicas de conductismo social. Actualmente las aplican por tierra , mar y aire.

KRATES dijo...

Dudo que sepas lo que es o fue el conductismo.

homeopatiayseudoescepticismo dijo...

Muy buen post, no lo había leído tomando en cuenta que lo has escrito en 2011, es llamativo que has llegado de forma independiente a las mismas conclusiones que otros:

"Pensándolo bien, me parecen menos peligrosos los que creen en los unicornios o en los gnomos que estos escépticos selectivos que se tragan sin rechistar todo lo que viene del poder."

Sin embargo, aunque es un excelente análisis falta la parte de quién está detrás de todos esos supuestos escépticos, un poco quizá te sirva:

https://homeopatiayseudoescepticismo.wordpress.com/2013/01/10/el-caso-del-escepticismo-cientifico/

https://homeopatiayseudoescepticismo.wordpress.com/2013/05/27/pseudoescepticismo/

Saludos.

KRATES dijo...

«¿Qué es la homeopatía? Preguntas frecuentes»
http://queeslahomeopatia.com/preguntas-frecuentes/

homeopatiayseudoescepticismo dijo...

Krates, la página que citas precisamente fue desarrollada por quienes están criticando en el post. Fernando Frías no es una persona independiente y tiene muchos intereses (principalmente económicos) por detrás.
Basta mencionar que el señor Frías ha dado topes contra la pared cada que ataca a la homeopatía sin argumentos:

https://homeopatiayseudoescepticismo.wordpress.com/2013/02/23/fernando-frias-i-disparates-homeopaticos/


Y si lo que buscas son argumentos te invito a que leas no una página meramente propagandística sin argumentos, sino algo con referencias (al final del texto 80 a todo tipo de bibliografía, principalmente revistas científicas):

https://homeopatiayseudoescepticismo.wordpress.com/2014/01/30/20-anos-del-desinformador-mauricio-jose-schwarz/

KRATES dijo...

¿Y los homeopatas son independientes? ¿Sus laboratorios son independientes? Y quienes les critican, no lo son.

homeopatiayseudoescepticismo dijo...

Mi estimado, hay investigaciones financiadas por laboratorios farmacéuticos como la siguiente:

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/15105967

Pero aún cuando esto sucede existe algo llamado declaración de conflictos de intereses, y si lees bien se hizo con la participación de 4 laboratorios independientes con al menos en un estudio un procedimiento de codificación de muestras a doble ciego.

Lo que espero puedas dar cuenta es que también hay estudios con resultados "negativos" siendo financiados por laboratorios del sector homeopático, a modo de ejemplo el siguiente estudio lo declara:

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/8255290

Pongo la imagen:

https://homeopatiayseudoescepticismo.files.wordpress.com/2014/06/hirst.jpg?w=690

Si buscas informes sin ninguna declaración de intereses, acá los tienes:

http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20581771

El dicho queda muy bien aquí:

http://www.burbuja.info/inmobiliaria/10947577-post248.html