miércoles, 25 de enero de 2017

Encinas, coscojas y quejigos

Una de nuestras centenarias
encinas de Las Tres Matas.

«Cruzar el campo por entre matriarcales encinas castellanas.
Matriarcales, velazqueñas, quijotescas.
¡La encina! Símbolo del alma de esta tierra.»
MIGUEL DE UNAMUNO

Encina o carrasca y carrascal son nombres que hemos oído con frecuencia ya que hacen referencia a los árboles más emblemáticos de Quintanilla: Las Tres Matas y uno de los montes más queridos de nuestro pueblo: El Carrascal.

Tal vez, también habéis oído la palabra quejigo o roble carrasqueño, este hermoso árbol lo encontramos diseminado en la privilegiada flora de Quintanilla. En otoño los verdes vivos de sus hojas se tornan en marrones y amarillos.

Por último haré referencia a la coscoja, chaparra o carrasquilla, pequeño árbol que podemos encontrar en el monte y en los márgenes de la senda del Duero en el tramo que nos lleva a Tudela. Su pequeño porte y hojas verdes y espinosas ha dado lugar a otro nombre más para este peculiar árbol, «acebillo», por su parecido con el acebo, con el que no tiene parentesco aunque nadie lo diría. Convergencia evolutiva lo llaman, en la ciencia de la evolución de la vida.


La encina es el árbol nacional de España, ya que es sin duda el más representativo del bosque ibérico mediterráneo, siendo nuestro país el que posee máxima extensión de este árbol.

Si analizamos el nombre que la ciencia le ha dado: Quercus ilex, este nombre encierra como otros muchos nombres científicos una gran cantidad de información que no suele ser conocida. Quercus proviene del celta «kaerquez» que significa árbol hermoso. La encina fue un árbol sagrado para los celtas. Su gran longevidad (puede vivir de 100 a 400 años) la enorme capacidad de adaptación a diversos suelos, altitudes, climas y su enorme porte de denso y laberíntico ramaje, hacen de él un árbol de cuño.


La palabra Druida (sacerdote celta) procede de deru (encina, roble) y wid (saber, conocimiento) así pues los druidas serían «los que conocen la encina». Estos sabios sacerdotes se reunían en torno a una encina [o roble], éstas fueron los primeros santuarios de nuestros antepasados celtas. Debido al carácter sagrado de la encina y, por ende, los bosques por ellas formados, gozaron durante la existencia de la cultura celta, de una severa y justa protección. En siglos posteriores dicha protección desaparecería, la visión de la naturaleza como algo sagrado se transformó en la de un mundo mercantilista donde todo está en venta dando lugar a la pérdida de gran parte de estos bosques que durante milenios poblaron la Península.

Es necesario recuperar la visión del árbol y el bosque como algo sagrado, de los celtas. Las encinas, los quejigos y las coscojas son todas del género Quercus = Kaerquez, árbol hermoso. Dediquémosle un sentido canto, como hicieran los ancestros celtas.

Robustos troncos de centenaria encina, como fornidos brazos de recio campesino castellano, nos hablan de la tierra que parió la carrasca y su compañera la carrasquilla.


Polícromas hojas del quejigo mutan sus colores escuchando la melodía de las estaciones. Nos susurran que nosotros también dancemos con la música de los pájaros viajeros y cantores.

Coscoja que al acebo con sus hojas de finos pinchos imitas. Sobre áridos suelos sin miedo al seco verano creces verde y lleno de vida. Preciosa y escasa agua que el cielo derrama, se retiene en sus entrañas, cortesía de tus sabias agujas. En tus verdes órganos de suaves espinas sintetizas la vida.

Fernando Benito
Nº 19 - INVIERNO 2016

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