domingo, 19 de junio de 2016

Setas, hongos


Por FERNANDO BENITO

La mañana despierta con un cielo gris plomizo, que nos acompañará eran una fructífera mañana jornada micológica. El denso Monte del Carrascal se abre junto a la Casa de los Tatis formando una amplia pradera que alberga la casona de piedra. Contrasta el amplio claro que bordea la casa con el tupido bosque. Encinas, sabinas y pinos adornan sus troncos y ramas de pulmonaria (hermoso liquen con forma de pulmón). Jarales y aromáticas diversas forman el sotobosque de esta impresionante «selva castellana» que milagrosamente resiste a la intensa deforestación que han sufrido a lo largo de los siglos estas tierras.

Aurelio y Miguel, responsables de la Asociación Micológica de Valladolid, se acercan al numeroso grupo de personas que han acudido a la Casa de los Tatis para conocer un poco mejor la gran biodiversidad de hongos que posee esta casi prístina selva castellana.

Ante la pregunta de un miembro del grupo sobre si una seta específica es mala, Aurelio se apresura a contestar que no hay setas malas. Tan solo hay que tener cuidado con un pequeño grupo de setas que si las ingerimos pueden ser peligrosas para nuestra salud, como la Amanita phalloides, pero incluso esta seta tiene una función en el ecosistema del bosque. Además, esta hermosa seta sintetiza complejas moléculas (alfa-amanitina) utilizadas para el tratamiento de cánceres de piel. Distinguir esta amanita es por tanto de gran utilidad para no sufrir intoxicaciones, el 90% de ellas producidas por esta seta que vimos varias veces a lo largo de la mañana. Su color es variable, de oliva a verde amarillento, o gris aceitunado y, a veces, incluso se torna blanquecina. El pie cilíndrico ligeramente engrosado en la base. Anillo membranoso colgante en la parte superior. Volva blanquecina membranosa. Olor agradable. Crece, especialmente, en robledales y encinares, rara vez en pinares.

Oronja verde (Amanita phalloides).
 
La increíble capacidad de los hongos para sintetizar moléculas de gran complejidad e importancia para la vida se une a las muchas funciones fundamentales que realizan en los ecosistemas. Para comprender esta importancia necesitamos diferenciar una seta y un hongo: digamos que la seta es al hongo lo que la pera es al peral. La seta que nosotros recolectamos y vemos por doquier en el bosque es el aparato reproductor de alguno de los hongos que pueblan los bosques. Los bosques, en general, y, muy especialmente, los del tipo del Carrascal que han conservado bastante bien su integridad, poseen una intrincada red de estructuras vivas que conectan gran parte de la vida vegetal del bosque. El micelio, que aquí se llama a la parte del hongo que se encuentra bajo tierra, puede recorrer desde unos metros en forma circular (corro de brujas), hasta cientos de metros o kilómetros. El caso conocido más asombroso es el de la Armillaria ostoyae (seta miel) que cubre unas 890 hectáreas y podría tener unos 2.400 años de edad.

Se cree que existen un mínimo de un millón de especies de hongos, casi cuatro veces más que de plantas. Algunos micólogos hablan de 10 millones de los que hemos conseguido clasificar poco más de 100.000.

 La gigantesca seta miel de Oregón
(
Armillaria ostoyae).

Los hongos son capaces de absorber los minerales pesados que se encuentran en el suelo, descontaminando así los ecosistemas que han sufrido este tipo de problema. Este es el motivo por el que no debemos recolectar setas en zonas que puedan tener este tipo de contaminación. Son imprescindibles en el reciclaje de la materia orgánica muerta en el bosque, integrando de nuevo estos nutrientes en los ciclos biológicos del ecosistema. Cerca del 80% de la plantas depende de las simbiosis a través de micorrizas de hongos; trufas, leguminosas y orquídeas son ejemplo de ello.

El Carrascal, nuestro monte, es sin duda un lugar privilegiado en riqueza biológica y biodiversidad. En el año 2000 se encuentra en Quintanilla la seta Calocybe onychina, primera cita registrada en Valladolid. Este mismo año encontramos dos nuevos registros de setas que no habían sido vistas en nuestra provincia. Sabemos que cada día se encuentran nuevas propiedades medicinales en esos increíbles seres vivos que son los hongos, y esto sin duda es un valor económico y cultural más de nuestro bosque. Son muchos los beneficios que un bosque maduro como el Carrascal y su aprovechamiento sostenible pueden proporcionarnos. La trufa negra es sin duda un claro ejemplo de desarrollo sostenible. Proyectos de estas características permiten la conservación de encinares a la vez que se obtienen importantes beneficios económicos. A 1.000 euros el kilo de trufa negra implica poder obtener 17.000 euros de beneficio por hectárea de bosque, frente a los escasos 300 o 400 euros obtenidos, por ejemplo, por la misma superficie dedicada al cultivo de cereal una vez roturado este bosque.

(Calocybe onychina) primera cita de esta seta
del año 2000 en la provincia de Valladolid.

Son muchas las amenazas que acechan a nuestros bosques y su destrucción significa una gran pérdida de recursos económicos que posibilita esta compleja vida. Ojalá seamos capaces de aprender de las sabias micorrizas, que unen los hongos con las raíces de las plantas, beneficiándose ambos organismos para mejorar sus vidas.

Nº 11 - INVIERNO 2014