viernes, 11 de octubre de 2013

Las leyes no son iguales para todos...

 

[Extracto de la entrevista de Roger-Pol Droit a Michel Foucault para Le Monde (21-febrero-1975). Y que podemos hallar en Saber y verdad, Ed. La Piqueta, Madrid, 1985, pp. 86-87.]


¿Todo lo que se proyecta y agita en torno a las «reformas» y a «humanización» de las prisiones no sería entonces más que un reclamo?

Me parece que el verdadero debate político no está en que los detenidos reciban un montón de chocolatinas el día de Navidad o que puedan salir para hacer su Pascua. Lo que hay que denunciar es menos el carácter «humano» de la prisión que su funcionamiento social real como elemento de constitución de un medio delincuente que las clases en el poder se esfuerzan en controlar. El verdadero problema es saber si el aislamiento de ese mundo sobre sí mismo tendrá fin, si continuará o no estando separado de las masas populares, en otros términos, lo que debe ser objeto de lucha es el funcionamiento del sistema penal y del aparato judicial en la sociedad ya que ambos son los que gestionan los ilegalismos, quienes enfrentan a unos contra otros.


¿Cómo definir esta «gestión de los ilegalismos»? La fórmula parece suponer una concepción poco habitual de la ley, de la sociedad, de sus relaciones.

Sólo la ficción puede hacer creer que las leyes están hechas para ser respetadas y que la policía y los tribunales están destinados a hacerlas respetar. Sólo una ficción teórica puede hacernos creer que hemos suscrito de una vez por todas las leyes de la sociedad a la que pertenecemos. Todo el mundo sabe también que las leyes han sido hechas por unos e impuestas a otros.

Sin embargo me parece que se puede avanzar un poco más. El ilegalismo no es un accidente, una imperfección más o menos inevitable. Es un elemento absolutamente positivo de funcionamiento social cuyo papel está previsto en la estrategia general de la sociedad. Todo dispositivo legislativo ha organizado espacios protegidos y aprovechables en los que la ley puede ser violada, otros en los que puede ser ignorada y otros, en fin, en los que las infracciones se sancionan.

En último término diría que la ley no está hecha para impedir tal o cual tipo de comportamiento sino para diferenciar las maneras de sortearla.


¿Por ejemplo…?

Por ejemplo, las leyes sobre la droga. Desde los acuerdos USA-Turquía sobre las bases militares (ligados, en parte, a la autorización para cultivar opio) hasta los chequeos policiales en determinadas calles, el tráfico de drogas se despliega sobre una especie de tablero de ajedrez con casillas controladas y casillas libres, casillas toleradas, permitidas a unos, prohibidas a otros. Únicamente los pequeños peones son situados y mantenidos en las casillas peligrosas. Para los beneficios sustanciosos la vía está libre.

1975