domingo, 20 de noviembre de 2016

La UE detecta bases yihadistas en Ucrania

 Retornados del EI se preparan allí para nuevas misiones

Por EDUARDO MARTÍN DE POZUELO

Ucrania concentra la preocupación de las policías antiterroristas de la Unión Europea (UE) debido a reiteradas informaciones de los servicios de inteligencia que confirman la presencia de una agrupación de yihadistas del Estado Islámico (EI) en ese país, principalmente en la provincia de Jerson, informaron a La Vanguardia fuentes de la lucha antiterrorista de la Unión Europea.

Las mismas fuentes añaden que estos soldados del califato «cuentan con apoyo logístico y están considerados como una reserva militar terrorista entrenada para combatir tras las derrotas que el EI sufre en Siria e Irak».

Los primeros datos acerca de que una región ucraniana pudiera estar convirtiéndose en una zona de entrenamiento y reserva de yihadistas del EI llegaron a las unidades antiterroristas de la UE a comienzos del verano, pero el dato fue puesto en cuarentena porque procedía de una única fuente antirrusa sin credibilidad total. Sin embargo, en septiembre y octubre, agentes policiales y de los servicios de inteligencia han obtenido nuevas confirmaciones de estos datos, de tal suerte que ahora antiterrorismo trabaja con la premisa de que el sur de Ucrania es una zona crítica de amenaza yihadista para la UE. Los especialistas observan con singular atención la entrada en la UE de personas de determinado perfil de las que sospechen o saben que proceden de la zona ucraniana donde dan por hecho que hay campos de entrenamiento de muyahidines.

Este asunto tiene una delicadísima vertiente diplomática. Mientras se presenta sin tapujos en las sedes policiales, se lleva con la máxima prudencia en el ámbito político por suponer una cuestión geopolítica y diplomática vidriosa para la política exterior de la Unión Europea. Planean sobre este asunto desde la posibilidad de desinformación interesada de servicios secretos del este europeo hasta la supuesta tolerancia ucraniana hacia el EI sólo con la intención de incordiar a Rusia entorpeciendo su posición anti-Estado Islámico y pro-Asad.

No obstante, fuentes antiterroristas de la UE prefieren no dudar de la información y actuar bajo la premisa de que terroristas entrenados en aquella zona del mundo pueden infiltrarse en la UE por una vía clásica del contrabando del crimen organizado. Se trata de la histórica ruta de los Balcanes que, olvidada desde que en los años ochenta fue el gran camino de la heroína, está recuperando protagonismo policial al descubrirse que la usan retornados del EI. «También hemos detectado el paso e incluso la permanencia de los llamados soldados del califato y de los 'foreign fighters' (combatientes extranjeros) en Kosovo, además de en otros puntos de la ex-Yugoslavia», comentó a este diario uno de los principales responsables del operativo europeo contra el terrorismo yihadista.

En la UE no ha caído en saco roto esta información al sumarse a una sospecha latente entre la policía que perduraba desde comienzos del 2015, cuando los analistas de seguridad pusieron sobre el tapete de la UE la probabilidad de que fanáticos europeos aprovecharan el conflicto del este de Ucrania para armarse y entrenarse.

Entonces, los servicios secretos ucranianos negaron esa posibilidad alegando que controlaban totalmente el asunto y como demostración presentaron la detención en la frontera polaca de un francés que, según afirmaron, intentaba pasar armas a Europa, aunque tal vez para la extrema derecha. Los servicios secretos ucranianos (SBU) filtraron por las mismas fechas en Kíev que habían neutralizado el paso por su territorio de otros 25 extranjeros, presuntos miembros del EI o de organizaciones afines. En definitiva, una forma directa de negar la existencia de las bases yihadistas. Negación en la que Kíev ha insistido más de una vez. Pero, por su parte, fuentes rusas repiten que la guerra en Ucrania ha sido utilizada por los soldados del califato, apunte que coincide con la exploración que maneja la UE.

No obstante, pese a las cuestiones de fiabilidad informativa y de las relaciones internacionales expuestas, una zona de Ucrania y la vieja ruta de los Balcanes se llevan ahora mismo la atención de la defensa antiyihadista de la Unión Europea.

 LA VANGUARDIA

(20/11/2016)

sábado, 19 de noviembre de 2016

La fatua del Consejo Militar Supremo del Ejército de la Conquista sirio

 

El Consejo Militar Supremo del Ejército de la Conquista que controla los barrios del este de Alepo, emitió la siguiente fatua:

DECLARACIÓN AL PACIENTE PUEBLO DE ALEPO
Alabado sea Alá que, con su apoyo, glorificó a sus adoradores y, con su poderío, ha humillado a los enemigos del Islam. Paz para nuestro Maestro y nuestro Profeta Mahoma, para su familia y sus compañeros hasta el Día del Juicio Final.

El Alto Mando del Ejército de la Conquista está plenamente consciente de la dimensión de los sufrimientos que ha sufrido pacientemente el pueblo de Alepo, bombardeado y sitiado por el régimen. Luego de haber consultado a los muyahidines de otras facciones, hoy anuncia por medio de la presente declaración que autorizará a los civiles de menos de 14 años y de más de 55 años a abandonar los sectores bajo su control, a condición de que los que quieran partir entreguen, en nombre de la yihad, una suma de 150.000 libras sirias para respaldar a los hermanos que combaten en el frente.

Con el permiso y ayuda de Alá, prometemos a ustedes una gran victoria. Apresuren ustedes el paso hacia un paraíso más grande que el Cielo y la Tierra. Si no pueden ustedes participar personalmente en la yihad, háganlo contribuyendo con dinero. Obedezcan a Alá y gánense así la entrada a su Paraíso. Lleven ustedes la buena noticia a quienes son pacientes.

Los civiles que han tratado de escapar hacia los barrios bajo control de la República Árabe Siria [el gobierno de al-Assad] han sido abatidos por los yihadistas.

La realidad es que, al cabo de un largo periodo bajo la ocupación de los yihadista, quienes venden los alimentos a precio de oro, ninguna familia puede hallarse aún en condiciones de reunir la suma exigida para pagar por la salida de los niños y personas de edad avanzada.

El Consejo Militar Supremo del Ejército de la Conquista está encabezado por el Juez Supremo del Tribunal de la Sharia, el jeque saudita Abdullah al-Muhaysini, quien ha expresado repetidamente su fidelidad a Al-Qaeda. En una entrevista transmitida el 28 de octubre de 2016, el jeque al-Muhaysini precisó que los yihadistas presentes en Siria son extranjeros acompañados de algunos colaboradores sirios, e incluso criticó a los sirios porque no participan en la yihad.

El Ejército de la Conquista es una coalición de varios grupos armados reunidos alrededor del Frente al-Nusra —o sea Al-Qaeda en Siria–, recientemente rebautizado como Frente de Liberación de Siria (Fatah al-Sham).

martes, 15 de noviembre de 2016

La confusión del veganismo

Por CLAUDIO BERTONATTI

Uno de los grandes problemas ambientales es que las verdades se mueven reptando lentamente por la selva mientras que las mentiras vuelan rápido por cielo despejado. Otro de los problemas es que desde las buenas intenciones se pueden tomar malas decisiones.

Por eso dedico este artículo a quienes dejaron de alimentarse con carne por compasión o solidaridad con los animales. No lo dirijo, entonces, a quienes evitan su consumo por motivos nutricionales, filosóficos o religiosos. Tampoco resultará apto para fanáticos, fundamentalistas o para quienes no dudan de sus creencias u opiniones. No pretendo herir a nadie.

Hay personas que suponen que al evitar el consumo de carne no matan animales. Tengo una pésima noticia para ellas: no es cierto. El más despojado plato de arroz o un simple pedazo de pan también implica un impacto mortal para muchos animales. Que no lo veamos ni sepamos es otro tema. Pero la muerte está presente de un modo inevitable. No existe el desarrollo humano con impacto ambiental cero: para que nosotros podamos vivir muchas formas de vida deben morir. Esta afirmación es chocante pero es una de las verdades más obvias de la ecología, que es la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su ambiente.

Vegetariano u omnívoro

Aclaro que fuí vegetariano. En mi adolescencia creía que era una forma de evitar el sufrimiento y la muerte de los animales. Después de un par de años volví a ser omnívoro. Les explicaré los motivos, advirtiendo que no pretendo convertir a nadie a ninguna filosofía o estilo de vida. Sólo busco arrimar información, impresiones y experiencias para ayudar a quienes quieran revisar sus decisiones alimenticias con implicancias ambientales.

¿Qué me hizo cambiar de opinión y de conducta? La constatación de la realidad ambiental en el terreno y, fundamentalmente, la comparación de los campos donde se producen nuestros alimentos. Por eso, les propongo repetir el ejercicio. Visiten un campo ganadero y otro agrícola en una misma región y anoten la diversidad de formas de vida que ven en cada uno de ellos. Este ejercicio se puede hacer registrando solo la presencia de aves, anfibios, reptiles, peces, mamíferos, mariposas, hongos o plantas, o de todos estos grupos.

El resultado será inequívoco: un cultivo (soja, trigo, maíz o arroz, para mencionar los más extendidos) no conviven con mucho más que sí mismos. Incluso, sucede esto con la huerta más orgánica del mundo. Las especies animales no sólo no son bienvenidas sino que en los cultivos no orgánicos (la mayoría) son combatidas con biocidas o agrotóxicos (venenos), cuando no, tiros u otras formas de lucha para evitar la presencia de predadores que ocasionan daños y pérdidas económicas.

Una de las impresiones más contundentes fue el contraste entre la abundante vida silvestre de los esteros y arroyos del nordeste argentino con las arroceras vecinas. En estas últimas no había lugar para carpinchos, ciervos de los pantanos, lobitos de río, boas curiyú, garzas, gallaretas ni patos. Para cultivar arroz se drenan esos esteros, arroyos y riachos para que les deriven su agua y muchas veces, terminan secos o muertos, sin vida. Como se empobrecen o destruyen esos ambientes naturales muchos animales silvestres desamparados buscan refugio o comida en los cultivos que los han reemplazado. Y ahí se desata un segundo golpe. Para evitar que las aves o mamíferos coman los granos o brotes se esparcen semillas envenenadas o se traen tours de cazadores salvajes a desterrarlos a tiros de plomo (también contaminante). Nadie que sepa esto puede decir que por no comer carne y alimentarse con arroz, por ejemplo, no se matan animales.

Claro, la muerte es distinta porque ocurre más lejos, de un modo difícil de ver y variada en su forma (alterando el ambiente, envenenando o disparando balas). Una característica fundamental es que no se matan puntualmente los animales domésticos a consumir (para los que hay una sensibilidad más desarrollada), sino una enorme cantidad de animales de una gran diversidad de especies silvestres: desde invertebrados hasta peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Estos impactos se tornan «invisibles» a la distancia de una gran ciudad y en consecuencia son poco emotivos. Y lo que no emociona no es evocado.

Por desconocimiento, entonces, se tiene mucha más sensibilidad por los animales domésticos que por los silvestres (como si estos últimos tuvieran menos derechos), cuando el nivel de preocupación debería ser inverso. A diferencia de lo que ocurre con las variedades domésticas, las especies silvestres que se extinguen no tienen reposición. Este disparate tiene un correlato coherente, aunque irracional. Entre muchos vegetarianos y veganos hay dolor o lamento constante por la muerte de animales domésticos (que vale la pena aclarar, están fuera de peligro de extinción porque se crían a gran escala) y un silencio sepulcral ante la muerte de la multitud de individuos de especies diferentes de la fauna salvaje. O lo que es peor, ante la desaparición del ambiente en el que conviven miles de formas de vida, muchas veces, de especies amenazadas.

Ganadería y agricultura

Por otro lado, con respecto a la ganadería, cuando se practica de un modo extensivo (o sea, a campo) se pueden ver garzas, ranas, culebras, peces, zorrinos, zorros, gatos monteses, hurones, perdices, hongos y muchas otras formas de vida entre los vacunos, los lanares o los caballares. Y si fuera realizada sobre pastizales nativos, es posible la convivencia hasta con especies amenazadas como los venados de las pampas y el yetapá de collar.

Pero la ganadería viene cediendo terreno a la agricultura. Y, de hecho, la expansión de la frontera agrícola (junto con la urbana) viene siendo desde hace décadas la principal amenaza para la naturaleza argentina, dado que va arrasando con nuestros bosques, selvas, montes, sabanas, esteros y pastizales para reemplazarlos por campos de cultivo. Si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia.

Está claro que —de una u otra forma— la humanidad debe alimentarse y eso genera ineludiblemente un disturbio en la naturaleza, ya sea para reemplazarla o para intervenirla. Y cuando nuestra población crece como lo hace desde hace siglos, de un modo irresponsable o desentendido de la capacidad de carga del planeta, la agricultura se transforma en el mecanismo más fácil para proveer alimentos a gran escala y, en consecuencia, a gran impacto ambiental.

Desde luego existen formas más amigables de cultivar, pero no se practican a gran escala y menos en el contexto de crecimiento poblacional mundial.

También existen formas menos cruentas de matar a los animales, pero cuando uno es sensible, hasta la eutanasia programada duele. Lo cierto es que existen técnicas para aplicar una «muerte humanitaria», que es inmediata, evitando maltrato, crueldad y agonía. Si se aplicara en los mataderos o «criaderos» se evitaría el maltrato y agonía que caracteriza a muchos de ellos. Ojalá tuvieran esta oportunidad los miles de animales silvestres que mueren cotidianamente envenenados por el uso de agroquímicos, mal heridos o baleados por los cazadores asociados con la defensa de los cultivos o los que quedan hambrientos y sin refugio porque su ambiente fue arado.

Para evitar que se maten animales la única solución es dejar de comer. Ya hemos visto que cualquier dieta capaz de sostenernos acarrea más muertes de las que imaginamos. Uno de los grandes temas a resolver a escala mundial es cómo transformar la actual producción industrial de alimentos en un modelo compatible con la conservación de los espacios silvestres. No sólo practicando agricultura y ganadería sostenibles y sustentables, sino también siendo más humanitarias con las demás formas de vida.

Este caso ejemplifica lo difícil que es catalogar de «blanco» o «negro» un tema ambiental. La realidad tiene abundantes tonos de «grises» y es más compleja a medida que nos interiorizamos en ella. Al principio, suele ser ingrato hacerlo porque —sin anestesia— destroza ideas utópicas propias de un mundo ideal. Así, concluiremos en elegir la opción menos mala en lugar de la más buena.

Nuestro mundo real es imperfecto y no tenemos otro. Es difícil cambiarlo si nosotros no cambiamos. El historiador escocés Thomas Carlyle (1795-1881) dejó una reflexión oportuna para esta situación: «¿Qué esta es una mala época? Pues bien, estamos aquí para hacerla mejor». Si aceptamos el desafío se hace ineludible detenernos a contrastar ideas y realidades para tomar decisiones inteligentes y buenas.

2015

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Esto es lo que ocurre en el bosque cuando nadie lo ve (y tal vez te robe el aliento)

UN ARROBADOR VISTAZO A LA INTIMIDAD DE UNO
DE LOS ESCENARIOS MÁS HERMOSOS
A LOS QUE TENEMOS ACCESO, EL BOSQUE.

Por JAVIER BARROS DEL VILLAR
29/09/2016

«Hay placer en los bosques inexplorados.»
Lord Byron  

Tal vez, cuando nadie lo observa, el bosque revela cosas tan hermosas que nuestra imaginación aún no alcanza a asir. Pocos espacios remiten con mayor fidelidad al término «santuario» que estos lugares, vigilados por árboles y adornados con ecosistemas seriados, que encabezan musgos, helechos, líquenes y fantasmas.

Este video documentado por el micólogo Paul Stamets, por cierto un tipo bastante inspirador, nos ofrece un vistazo a la intimidad del bosque. Esquivando el ritmo ordinario del tiempo, gracias a la instalación de cámaras que filmaron de manera ininterrumpida cientos de horas, este timelapse nos revela un fenómeno inédito para la mayoría: el nacimiento y crecimiento de distintas especies de hongos y otras plantas.

El material es parte de un largo y paciente estudio de Stamets, abocado a descubrir y entender el papel de los hongos dentro del bosque, su relación con los árboles, la tierra y el resto de los habitantes. Pero más allá del valor científico de este ejercicio, que sin duda será bastante rico, lo que esta vez nos lleva a compartirlo es la prístina belleza de lo que ocurre ahí adentro, en el bosque: la temporalidad biológica, húmeda, que jadea en silencio y presume un ritmo perfecto.

El bosque guarda secretos, y quizá los suyos sean los más preciosos de todos.


jueves, 3 de noviembre de 2016

Gaia y la vida en la Tierra


 Por LYNN MARGULIS y DORION SAGAN

Para James E. Lovelock, químico atmosférico independiente, la mejor representación de la vida es un sistema ambiental que se automantiene y que se llama Gaia.

Gaia [o Gea] —nombre dado por el novelista inglés William Golding, respondiendo a solicitud de Lovelock y tomado de la antigua diosa griega de la Tierra— trabaja de manera muy misteriosa. Gaia, el superorganismo constituido por todo el conjunto de la vida en la Tierra, mantiene hipotéticamente la composición del aire y la temperatura de la superficie del planeta, regulando las condiciones para la permanencia de la vida. A pesar de que no se conoce bien la complicada red de relaciones biológicas que la vida utiliza para ello, el hecho de que la biota controle porciones de la superficie del planeta está tan bien establecido como el hecho de que nuestro cuerpo se mantiene a temperatura constante. Gaia, por tanto, se preocupa de que el nitrógeno y el oxígeno de la atmósfera, tan importantes para la vida, no se degraden en nitratos y óxidos de nitrógeno, en sales y gas hilarante, que podrían frenar todo el sistema. Si no hubiera una regeneración del oxígeno, por parte de los organismos fotosintéticos, constante y extendida por todo el planeta, si no se produjera también una liberación de nitrógeno gaseoso por parte de las bacterias respiradoras de nitratos y amoníaco, en poco tiempo nuestra atmósfera se haría inerte y venenosa. Bajo la influencia reactiva de una lluvia de rayos cósmicos que cayeran constantemente sobre ella, la Tierra no sería más acogedora para la vida de lo que pueda serlo el ácido planeta Venus. El medio ambiente de nuestro planeta es producto de la vida y es controlado por ella, en la misma proporción que la vida es producto del medio ambiente y está influenciada por él.

Lo que sorprende de nuestro planeta azul con salpicaduras blancas es que se haya mantenido en él la idiosincrasia de la vida, con su increíble diversidad y su peculiar unidad bioquímica. A los humanos, que estamos obligados a comunicarnos por medio de lenguas estándar, nos resulta difícil captar la idea que define la vida como un sistema autopoyético reproductivo. Sin embargo, según la idea de Lovelock, que él denomina teoría de Gaia, la biota terrestre, en la cual está incluida la especie Homo sapiens, es autopoyética: reconoce, regula y crea las condiciones necesarias para su continua supervivencia.

El registro fósil confirma la idea de que la superficie de la Tierra ha estado regulada continuamente desde el primer momento en que la vida microbiana apareció y empezó a extenderse. La hipótesis de Gaia, según la cual la temperatura y la composición de los gases reactivos de la atmósfera terrestre están regulados activamente por la biota, fue desarrollada por Lovelock cuando trabajaba para la NASA sobre la manera de detectar la existencia de vida en Marte. Vio que en la atmósfera terrestre coexistían gases que, cuando se trabaja con ellos en sistemas químicos sencillos, reaccionan con rapidez, con facilidad y en su totalidad para formar compuestos estables. Esos gases parece que actúen por su cuenta, sin observar aparentemente las leyes que rigen el equilibrio químico estándar. Lovelock observó que el comportamiento químico de la atmósfera terrestre era tan extraño que únicamente podría deberse a las propiedades colectivas de los organismos, es decir, de la biota. Y es que dicha biota, especialmente sus componentes microscópicos, produce constantemente cantidades asombrosas de aquellos gases reactivos. Lovelock creyó que, si buscaba aquellas improbables mezclas de gases en las atmósferas de otros planetas con espectroscopios montados en telescopios, podría detectar biosferas extraterrestres sin moverse de la Tierra. Al dirigir su atención a Marte, descubrió que allí había un equilibrio totalmente comprensible a partir únicamente de la física y la química. Aseguró la ausencia de vida en Marte al observar que allí no se daba el fenómeno de Gaia. Pero en 1975, la NASA, preparada para aterrizar en el planeta rojo, no quiso difundir la sencilla solución que Lovelock había hallado al antiquísimo problema de la existencia de vida en Marte.


Pero la batalla no estaba perdida. La nave espacial Viking se lanzó en 1975 y llegó a Marte en 1976, donde realizó dos vuelos orbitales y dos aterrizajes. Los experimentos bilógicos que se llevaron a cabo a bordo y en el suave aterrizaje en la superficie de aquel planeta tuvieron un éxito espectacular, mostrando en definitiva que no existen pruebas de la existencia de vida en el planeta rojo. El trabajo de Lovelock proporcionó la base para la comprensión de los resultados. Además, el análisis que hizo condujo a una nueva visión de la biosfera. Tan grande como el misterio de la vida en la Tierra. ¿Por qué tiene nuestro planeta una atmósfera que dista tanto de lo que cabría esperar basándose en la química? Dado que el oxígeno gaseoso constituye el 20 por ciento de la composición de la atmósfera, el relativo desequilibrio de metano, amoníaco, gases sulfurados, cloruro de metilo y yoduro de metilo entre otros, es enorme. A partir de los cálculos químicos, las cantidades de todos esos gases, que tan fácilmente reaccionan con el oxígeno, deberían ser mínimas e imposibles de detectar. Pero ahí están y se las encuentra en cualquier parte que se busque. Lo cierto es que la cantidad de gas metano presente en la atmósfera terrestre supera en 1035 (¡un uno seguido de 35 ceros!) veces la que cabría esperar si se considera la cantidad de oxígeno disponible para reaccionar con dicho gas. Otros gases tales como el nitrógeno, el monóxido de carbono y el óxido nitroso sólo son diez mil millones, diez y diez billones de veces, respectivamente, más abundantes de lo que deberían ser si se tiene en cuenta sólo la química.

Otro enigma está relacionado con la temperatura de la Tierra. A partir de las leyes de la física parece ineludible que la luminosidad total del Sol, es decir, su producción de energía en forma de luz, ha aumentado en los últimos 4.000 millones de años tal vez hasta un cincuenta por ciento. Sin embargo, las pruebas que se han obtenido a partir del registro fósil indican que la temperatura de la Tierra ha permanecido relativamente estable, manteniéndose el valor medio alrededor de los 22 grados centígrados (como la temperatura normal de una habitación), a pesar de las bajas temperaturas extremas que cabría esperar con aquel endeble Sol primitivo. Parece como sí, además de la regulación que la vida ejerce en la composición de los gases a escala planetaria, existiera también un control continuo de la temperatura de la Tierra. ¿Cuál es ese termostato oculto?

Rechazando soluciones místicas, Lovelock lanzó la teoría de que la biota, y especialmente el microcosmos bacteriano, debe de haber regulado el medio ambiente a escala planetaria desde su aparición en la Tierra. Las formas de vida reaccionan para perturbar las crisis geológicas y cósmicas; resisten los ataques a su integridad individual tanto como les es posible; y aquellas acciones individuales llevan a un mantenimiento general de las condiciones que son favorables para la supervivencia colectiva. (Esto no significa que no se hayan dado nunca fluctuaciones, porque las hubo. Por ejemplo, a juzgar por la amplia extensión de los bosques tropicales fósiles del Cretácico, el planeta era sensiblemente más cálido en tiempos de los dinosaurios y, antes y después de aquel periodo, extensas capas de hielo cubrieron parte del planeta. Pero entre estas fluctuaciones periódicas y después de ellas, el planeta se estabilizó y nunca llegó a las altas temperaturas de venus o a las bajísimas de Marte.)

Si la biota no hubiera respondido a importantes perturbaciones externas tales como el aumento de la luminosidad solar o los impactos de meteoritos, tan devastadores como las bombas nucleares, nosotros no estaríamos aquí ahora. Lovelock llegó a la conclusión de que la vida no está rodeada por un medio esencialmente pasivo al cual se ha adaptado, sino que se va construyendo una y otra vez su propio ambiente. La atmósfera, como una colmena o el nido de un pájaro, forma parte de la biosfera. Puesto que el dióxido de carbono se transforma dentro de las células y puede ser utilizado para controlar la temperatura del aire, parece probable que una de las maneras en que la vida regula la temperatura del planeta consista en modular el nivel atmosférico de dióxido de carbono.

Microcosmos
(1995)

miércoles, 26 de octubre de 2016

Yeseras y aljezares: paisajes y vida casi extraterrestre en nuestro planeta

Nº 18 – Otoño 2016

Las yeseras, esos peculiares paisajes de un singular aspecto, tienen un gran parecido con algunas de las formaciones geológicas que podemos encontrar fuera de nuestro planeta. Al yeso que forma sus suelos los árabes lo llamaron aljez. De este nombre deriva la denominación de aljezares a las comunidades de plantas y otros organismos que habitan suelos yesíferos. Esta vegetación esteparia forma sistemas que aparentemente tienen poco valor ecológico, nada más lejos de la realidad. Las plantas yipsófilas que habitan estos parajes son en su mayoría exclusivas de estas zonas como consecuencia de su clima y suelo muy especiales. Esta es la causa de que los aljezares tengan numerosas plantas únicas en nuestro planeta. Estas plantas llamadas endémicas tienen un gran valor, su pérdida implicaría el que la importante información de sus genes desapareciesen para siempre, con todo el conocimiento que esta planta encierra. Analizaremos un ejemplo de lo que comentamos a la luz de los últimos descubrimientos de la ciencia.

Nuestros suelos de yeso cuyo origen se remontan al Mesozoico tienen una importante relación con el agua. Su formación y evolución dependen de ello. Nuestro clima de veranos con prolongadas sequías hace de los aljezares más especiales todavía. La investigadora Sara Palacios declara a raíz de sus investigaciones:

«Algunos minerales contienen agua en su estructura cristalina. Es el caso del yeso, un mineral que aflora en zonas áridas y semiáridas. En condiciones naturales, el yeso puede perder el agua de cristalización (alrededor de un 20% de su peso). Esta capacidad de hidratarse y deshidratarse podría ser la clave de la supervivencia de muchas especies de plantas en épocas de sequía. Un estudio liderado por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) aporta evidencias que apoyan esta posibilidad. Los resultados se publican en la revista Nature Comunication. Este trabajo constituye la primera evidencia experimental de que los organismos vivos pueden utilizar el agua de cristalización de minerales como el yeso.»

Una vez se conozcan los mecanismos que dan lugar a este proceso, sería posible desarrollar nuevas tecnologías que faciliten la reforestación y el cultivo en zonas áridas. El CSIC ha informado que el yeso es también un mineral frecuente en Marte, donde los expertos lo han identificado como un sustrato clave en la búsqueda de formas de vida extraplanetaria. Estos resultados modifican significativamente el paradigma actual sobre el uso del agua por las plantas, en los que el agua retenida en la estructura cristalina de las rocas minerales no se considera como una fuente potencial. El cambio climático y la fragmentación del hábitat afectan negativamente a las plantas en hábitats de yeso, y se encuentran entre las principales amenazas para estos ecosistemas. Estos estudios se realizaron sobre jarillas de flor amarilla, del mismo género que las que aparecen en las fotos de este artículo, pero sus resultados son ampliables a otras plantas como los linos azules y blancos que también aparecen en las fotos del artículo. Proteger estas plantas y sus ecosistemas es la mejor manera de conocer y proteger la vida en la Tierra y en consecuencia nuestra vida sobre ella.

Fernando Benito

jueves, 20 de octubre de 2016

La banalidad del mal


Por PHILIP ZIMBARDO

En 1963, la filósofa social Hannah Arendt publicó lo que acabaría siendo un clásico de nuestros tiempos, Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. En esta obra nos ofrece un análisis detallado del juicio por crímenes de guerra de Adolf Eichmann, la figura nazi que organizó personalmente el asesinato de millones de judíos. La defensa que hizo Eichmann de sus actos fue similar a la de otros líderes nazis: «Me limitaba a cumplir órdenes». En palabras de Arendt, «[Eichmann] recordaba perfectamente que hubiera llevado un peso [en su conciencia] en el caso de que no hubiese cumplido las órdenes recibidas, las órdenes de enviar a la muerte a millones de hombres, mujeres y niños con la mayor diligencia y meticulosidad» (pág. 25).*

Sin embargo, lo que más sorprende en la descripción que Arendt hace de Eichmann es que, en muchos sentidos, parecía una persona totalmente ordinaria.

Seis psiquiatras habían certificado que Eichmann era un hombre «normal». «Más normal que yo, tras pasar por el trance de examinarle», se dijo que había exclamado uno de ellos. Y otro consideró que los rasgos psicológicos de Eichmann, su actitud hacia su esposa, sus hijos, su padre y su madre, sus hermanos, hermanas y amigos, era «no sólo normal, sino ejemplar». (págs. 25-26)

Tras su análisis de Eichmann, Arendt llega a su famosa conclusión:

Lo más grave, en el caso de Eichmann, era precisamente que hubo muchos hombres como él y que estos hombres no fueron pervertidos ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terrorífica y terriblemente normales. Desde el punto de vista de nuestras instituciones jurídicas y de nuestros criterios morales, esta normalidad resultaba mucho más terrorífica que todas las atrocidades juntas, por cuanto implicaba que este nuevo tipo de delincuente […] comete sus delitos en circunstancias que casi le impiden saber o intuir que realiza actos de maldad (pág. 276).

Fue como si en aquellos últimos minutos [de su vida, Eichmann] resumiera la lección que su larga carrera de maldad nos ha enseñado, la lección de la terrible banalidad del mal, ante la que las palabras y el pensamiento se sienten impotentes (pág. 252).

La expresión de Arendt «la banalidad del mal» sigue resonando hoy en día porque el genocidio se ha desatado por todo el mundo y la tortura y el terrorismo siguen formando parte del panorama mundial. Preferimos distanciarnos de una verdad tan básica y ver la locura de los criminales y la violencia sin sentido de los tiranos como rasgos de su manera de ser personal. El análisis de Arendt fue el primero en negar esta orientación al observar la fluidez con que las fuerzas sociales pueden hacer que personas normales cometan actos horrendos.

El efecto Lucifer
(2008)


 * H. Arendt, Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil, edición revisada y ampliada (Nueva York: Penguin Books, 1994). Las citas proceden de esta fuente.