miércoles, 11 de noviembre de 2015

Contra el viento de la guerra


Por LUIS MUIÑO

Ralph Emerson, el escritor estadounidense, decía que toda la historia es la crónica del poder de las minorías. A veces, de las minorías formadas por un solo individuo…

La influencia de movimientos como las sufragistas y los ilustrados franceses nos demuestra que un pequeño grupo, aún siendo rechazado al principio, puede llegar a cambiar la forma de pensar de la mayoría de la población.

Algo así va pasando con el anti-belicismo: se va convirtiendo en un movimiento respetado. Pero para conseguirlo, muchas personas han tenido que sufrir por ser contrarios a las guerras.

Uno de mis héroes es Tyrone Roper. Se empezó a hablar de él cuando se convirtió en desertor de guerra: abandonó su puesto en el ejército estadounidense porque no quería asesinar a más civiles iraquíes. Antes de esa época era famoso por su facilidad para apretar el gatillo y su arrojo en combate. Mató gente en Nayaf, en Nasiriya, en Bagdag.

Pero cuando empezó a tener tiempo para pensar porque se encontró fuera de la línea de combate, Tyrone se cuestionó lo que estaba haciendo y se convirtió en un héroe del pacifismo. Desertó del ejército y huyó de la guerra.

A partir de entonces, sufrió lo que las investigaciones sobre influencia de las minorías llaman «fase de acoso»: fue denigrado por sus ideas, sometido a tratamiento psiquiátrico y su esposa acabó pidiéndole el divorcio.

No sé lo que ha ocurrido con él después de su deserción. Las investigaciones sobre el tema dicen que si el grupo minoritario consigue mantenerse firme y no dudar, acaba por conseguir que la mayoría se replantee sus opiniones. Seguro que a Tyrone le habrán acosado a preguntas, que habrán intentado encontrar fracturas en sus razonamientos y que se habrá aducido su mala salud mental como causa de sus ideas. Ocurre siempre.

Pero espero que precisamente esas confrontaciones le hayan hecho fuerte. Ser miembro de una minoría obliga a las personas a justificar continuamente sus opiniones y esgrimir una gran cantidad de argumentos. Y esto acaba convirtiéndose en su arma: la postura respaldada por la mayor cantidad de argumentos es la que siempre acaba por vencer.

Para eso, es necesario que Tyrone posea otra de las características que los investigadores encuentran en aquellos que promueven cambios sociales: autoconfianza.

Ahí es donde los demás podemos intervenir. Es muy difícil mantener la seguridad en uno mismo cuando alguien se siente sólo. El apoyo de aquellos que piensan como nosotros es esencial. Tyrone, al igual que los 10.000 desertores del ejército ruso en Chechenia, los miles de desertores del fundamentalismo árabe y aquellos que se niegan a asesinar en Gaza empiezan a recibir el apoyo de aquellos que creemos en un mundo sin guerras.

A ver si las investigaciones de la psicología social aciertan y, poco a poco, se empieza a demostrar que ya somos mayoría.