martes, 1 de marzo de 2016

Vida, obra, milagros… y muerte de moscas y cunetas

Revista LA MATACARA
Nº 12 – PRIMAVERA 2015

«(…) Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora…
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.»
ANTONIO MACHADO

Antonio Machado dedicó un poema a las moscas, animal despreciado que no despreciable aunque considerado como tal salvo por honrosas excepciones. Ejemplo de ello la del citado poeta de Campos de Castilla: «¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril,… que ni brilláis cual mariposas; pequeñitas revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas.» Para la mayor parte de los mortales Es un bicho molesto y peligroso. Nada más lejos de la verdad, las moscas o dípteros (insectos de dos alas) con sus más de 150.000 especies en el mundo y más de 7.000 en la Península Ibérica cumplen una importancia fundamental en la polinización de las plantas. En las latitudes elevadas donde las temperaturas son más bajas, las moscas pueden quitar el primer puesto en la función polinizadora a las abejas, llegando a más de 100 las plantas cultivables que dependen de estos insectos de dos alas que tanto odiamos o en el mejor de los casos despreciamos.

¿Y qué tiene que ver esta introducción con el tema al que hace referencia el título de este artículo: «las cunetas»? Vivimos en lo que se denomina mundo pequeño. Esto significa que todo está mucho más cercano y relacionado de lo que pensamos. En las líneas siguientes descubriremos algunas de las redes que tejen conexiones en el mundo y vida. Las cunetas, esos espacios cada vez más amenazados en los pueblos y extinguidos casi por completo en las ciudades, donde la naturaleza aún puede expresarse libremente, mostrando su deseo de diversidad y exuberancia.

El diccionario define cuneta como: «Zanja en cada uno de los lados de un camino para recoger las aguas de lluvia». Cuneta que en su suelo vivo recogía la aguas del camino compañero, y en los estrechos márgenes que el hombre le marca, nos grita con sus colores y formas diversas que no entendemos la vocación que el mundo y la vida encierra. Nuestras cunetas, pequeños ríos donde vive la mosca que poliniza el cultivo que nos alimenta. Pensamos que son canales y sobre la tierra el hormigón acecha. Pero no queda ahí el desprecio y el egoísmo con el que el hombre paga a la sabia bondad de la cuneta. Los arados roban al camino su fiel compañera la cuneta. Espacio público al que igual que los caminos se anexionan a las tierras. Flaco favor se hace quien cree que de este modo agranda su hacienda. Nuestra casa es el mundo, Gaia, la Tierra, la casa de la despreciada mosca y la despreciada cuneta, si la tierra sangra, esa sangre es la nuestra.

Las cunetas son vida, una vida de geometría compleja. Fractales lo llaman, pues rompen la línea recta. La Matacara de junio bellas imágenes nos muestra… ¡qué pequeño nuestro mundo!, ¡qué inmensa su belleza! La cuneta es vida, nube, rayo… no triste línea recta; la cuneta es biodiversidad plena, no monocultivo hijo de una avaricia ciega que nos queda en manos de un frágil mundo y nos ata en peligrosa dependencia.

Y dijo el astro rey a la brizna de hierba.
—¡Qué triste la luz sin tu sombra…!,
ojalá no tenga nunca que soñarte.


Jordi Bascompte y Pedro Jordano, ecólogos de prestigio tal que hasta los economistas hoy a sus estudios se acercan, con las matemáticas en la mano y varios años de estudio en los ecosistemas de Doñana, demuestran que en las redes mutualistas de la naturaleza son muy heterogéneas y cohesivas, basadas en dependencias débiles y asimétricas, lo cual las da una gran robustez y fortaleza.

Nuestra agricultura es la antítesis, el polo opuesto a las redes naturales que debemos imitar. El hombre depende de cuatro plantas cultivadas de las que han desaparecido numerosas variedades existentes en el pasado. Trigo, maíz, arroz y papas proporcionan más de la mitad de las calorías vegetales a nivel mundial.

Los modelos socioeconómicos que dominan hoy nuestro mundo y que han sido responsables de las últimas crisis reproducen los mismos esquemas. Pocos nodos o centros con fuertes dependencias de toda la red de estos núcleos, que al caer arrastran los pequeños nodos altamente dependientes de ellos. Monopolio, monocultivo, etc., son los modelos que el hombre crea para alimentarse y relacionarse. Frente a ellos la humilde cuneta siempre acompañada del zumbido de la ya no tan despreciable mosca y otros imprescindibles animales, resiste contra arados y herbicidas recuperando al menor respiro concedido la tierra arrebatada, y evidenciando su sabiduría añeja.

Cuneta, realidad y metáfora de ecosistemas o redes naturales y modelo a seguir para generar unos sistemas socioeconómicos robustos y sostenibles.

FERNANDO BENITO