lunes, 28 de marzo de 2016

Araña lobo


Agazapadas en la entrada de su agujero, las tarántulas esperan a que algún incauto transeúnte del campo acierte a pasar por allí, para atacarle por sorpresa.

Cuando se dejan ver, impresiona su aspecto. Muy peludas y oscuras, pueden alcanzar hasta tres centímetros de tamaño. Poseen ocho ojos distribuidos por la parte anterior de su cuerpo, de tal forma que les aseguran un gran campo visual. Dos de estos ojos, los centrales, destacan del resto, pues, su tamaño es mayor que el de los demás. Se encuentran situados muy cerca el uno del otro, lo que, unido a su intenso color negro, hace que sus miradas parezcan siempre fijas y penetrantes, como de hipnotizador. La rapidez de reflejos que en determinados momentos demuestran estos animales hace pensar que poseen una vista bastante aceptable, aunque la imagen que se forma en sus ojos, debido a su estructura interna, debe ser algo borrosa.

Para practicar el acecho, las tarántulas necesitan una buena guarida en la que esconderse es esperar a las presas. Ésta consiste en un túnel, más o menos acodado, excavado en la tierra, con un único orificio que les sirve de entrada y de salida, y que tapizan de seda. Lo rodean con una aglomeración de materiales recogidos en las cercanías —hojas, palos, piedrecitas—, que entrelazan con hilos de seda. Todo esto les servía más tarde de parapeto.

Crepuscular y nocturna

Hace un tiempo se creyó que estas arañas eran capaces de asociarse y organizar ataques en grupo, de ahí que aún hoy en algunos lugares también se las conozca como arañas lobo. Sin embargo, si tenemos en cuenta su marcado carácter territorial, estas asociaciones se hacen difíciles, pues una tarántula raras veces permite que otra se aproxime demasiado a su zona de caza sin que se organice una lucha en la que una de ellas termina como alimento de la otra. Entre las arañas no es extraño que se produzcan actos de canibalismo como estos.

Sus actividades cazadoras comienzan preferentemente a la caída de la tarde. Salen del túnel protegidas por el cúmulo de hojas y piedras formado, se agazapan y se disponen a esperar. Precisamente, ésa es su principal técnica de caza: la paciencia. Salvo cortas exploraciones por los alrededores de su territorio en busca de alguna presa, las tarántulas, siempre atentas y en posición de ataque, esperan tranquilamente a que algún desprevenido insecto acierte a posarse cerca de ellas.

El carácter eminentemente perezoso de las tarántulas hace que, si la casualidad no lo remedia, puedan estar largos períodos de tiempo sin que tengan nada que llevarse a la boca. A pesar de esto no suelen hacer esfuerzos extraordinarios para remediarlo, ni intentan ir detrás de alguna posible víctima, pues son malas corredoras. Una avance, en carrera, de pocos segundos, puede dejar a las arañas completamente exhaustas y con un ritmo cardíaco desorbitado; todo ello debido a que la estructura de su aparato respiratorio no les facilita el suficiente oxígeno para un esfuerzo de esa intensidad. Por esto, cuando algún insecto despistado acierta a caer cerca de una tarántula, ésta se asegura ante todo, de no errar en el ataque. Entonces, la parsimonia anterior se convierte de repente en agilidad. De un salto hacia adelante y toda rapidez se abalanza sobre la presa. En un momento la sujeta con sus patas y le clava los quelíceros con los que le inyecta el veneno que contienen. El efecto de la toxina es casi inmediato y pronto consigue paralizar a la víctima. Sin perder tiempo la transporta al fondo del túnel donde, ya más tranquilamente, dará buena cuenta de ella.

Como en todas las arañas, la digestión es externa. Son incapaces de ingerir ningún sólido, por lo que tienen que verter los jugos gástricos sobre el alimento y, una vez que éste se ha convertido en una masa casi líquida, lo engullen y asimilan. Las partes no aprovechables las sacan al exterior y pasan a formar parte del parapeto de hojas y piedras ya existente en la salida del refugio.

No prefieren un tipo de presa en particular, por lo que su dieta puede ser muy variada. Normalmente, las especies cazadas varían sobre todo según la estación del año. Por regla general suelen atrapar insectos de tamaño mediano, independientemente de que sean alados o no, pues su rapidez de reacción en el momento de la caza les permite coger por sorpresa a cualquier víctima, siempre que tenga el tamaño adecuado.

Ante la presencia del hombre, las tarántulas, al igual que cualquier animal, prefieren la huida antes que el enfrentamiento, pero si llega el caso, sus picaduras, frente a la creencia popular, solamente producen un dolor muy localizado que suele extinguirse en poco tiempo.

EL RETO DE LA VIDA
Enciclopedia Salvat del comportamiento animal

Tomo 11: «Los cazadores I».