domingo, 16 de octubre de 2016

Indomicialidad


Por HELEÑO SAÑA

A medida que ese expande la dinámica neoliberal de la globalización, se multiplica el número de marginados, desclasados, vagabundos y mendigos carentes de hogar, no sólo en los suburbios del Tercer Mundo, sino también en las metrópolis de Occidente. Si los políticos y los medios de información a su servicio procuran eludir este tema, todavía menos hablan del gran número de personas que en los cinco continentes son víctimas de la indomicialidad humana y espiritual. Y se callan no es sólo porque su alma está compuesto de egoísmo y frialdad, sino porque reconocer públicamente este escándalo significaría admitir el carácter inhumano del sistema vigente de valores y su complicidad directa o indirecta con él. Y para que nadie les pida cuentas, escurren el bulto hablando como cotorras de toda clase de banalidades o imaginando nuevas canalladas, que es su ocupación predilecta.

Estar domiciliado es algo más que tener un piso con sus correspondientes muebles y comodidades, significa ante todo contar con un núcleo de personas con las que podamos compartir nuestras penas y alegrías. Si eso falta, no hay verdadera morada, sino sólo alojamiento. No sólo el cuerpo, sino también el alma puede morirse de frío. La indomicialidad física es el producto del orden económico reinante en el mundo, la indomicialidad psíquica del endurecimiento de las relaciones interhumanas y de la eliminación del prójimo como parte integrante de nuestra existencia. Los resultados son distintos, pero la raíz de ambos fenómenos es la misma: la degradación de la persona a puro objeto de cambio. Relacionarse con los otros es hoy ante todo traficar. Una persona que no nos reporte algún beneficio, deja automáticamente de existir, pasa a convertirse en una cosa entre las cosas. Y cuánto más crece la miseria material y moral en torno nuestro, más prolifera la indiferencia hacia quienes padecen de ambos males. A lo que estamos asistiendo es nada menos que a la muerte de la compañía y la solidaridad como categorías convivenciales, fenómeno cuya raíz es la insularización del individuo. Lejos de vivir en la era de la comunicación, como afirman los apologetas del sistema, nos encontramos en plena era del mutismo, por muchos 'handys', teléfonos y ordenadores que utilicemos. Lo que por inercia mental seguimos llamando convivencia se compone la mayoría de las veces de pura exterioridad. Hay proximidad física, gritos, empujones o silencios hoscos, pero no intercomunicación. Pues bien: esta ausencia del prójimo en nuestro ámbito existencial es, en realidad, una forma de la nada, aunque para definir esta experiencia recurramos generalmente al término más corriente de soledad. Somos ciertamente libres, pero en realidad cada uno vive encerrado en su cautiverio particular, como las mónadas de Leibniz. En su Introducción a la filosofía, Karl Jaspers escribía: «Yo soy solamente con los otros, solo no soy nada». Y de manera parecida en su obra Filosofía: «Cuando soy sólo yo, me quedo desierto». Aunque escritos hace muchos años, estos párrafos anticipan literalmente la situación de indomicialidad afectiva en que se encuentra el hombre de la sociedad de consumo.

Nunca han estado los hombres tan alejados unos de los otros, tan privados de amistad y de calor humano, tan abandonados a su suerte. No hay vida en común, vida compartida con los otros, sino mutuo distanciamiento. Estamos rodeados de toda clase de aparatos técnicos y otros bienes materiales, pero a costa de ir perdiendo los bienes del alma, sin los cuales la vida deja de ser vida verdadera para pasar a ser agonía y muerte interior. He ahí el producto final de una civilización que obsesionada por acumular riqueza no ha hecho más que engendrar penuria espiritual. En este sentido nos hemos convertido en pordioseros, un estado subjetivo que salta cada vez más a la superficie en forma de grosería, malos modales, agresividad, violencia y desconsideración hacia los demás. Tampoco es una casualidad que estos modos de conducta coincidan con la creciente fealdad y vulgaridad de los gustos, hábitos de vida, diversiones y modos de vestir propagados por los fabricantes de modas, las agencias publicitarias y los expertos de marketing. Porque la indomicialidad empieza no en el recinto recoleto de nuestra intimidad, sino en el mismo ámbito público de las ciudades que habitamos, cada vez más deshumanizadas, ruidosas e inhabitables, no sólo para los parias de la tierra que tienen que vivir en ellas sin siquiera disponer de un techo donde protegerse del frío, y sobre todo, de sus semejantes.

LA CLAVE
Nº 264, 5-11 mayo 2006

lunes, 10 de octubre de 2016

Derechos humanos, mercado e información


Por JULIO ANGUITA

Tanto el artículo 19 de la solemne Declaración de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, como el 20 de la Constitución española de 1978, recogen el derecho a la libertad de expresión, así como «a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión». Sin embargo, en la realidad, esos enunciados tienen que contrastarse con una situación evocada por dos inquietantes preguntas: ¿Quiénes disponen de medios para comunicar y difundir su opinión? ¿Cuántos y quiénes son los propietarios de los medios de comunicación? Y tanto da que la titularidad de los medios sea pública como privada.

Alguien tan defensor del capitalismo y tan convencido de sus 'bondades' como George Soros ha alertado del peligro que el fundamentalismo del mercado conlleva como subvertidor de la ética y los Derechos Humanos; y de la información libre y plural, añado yo. Efectivamente la globalización capitalista y su dogma trinitario: Competitividad, Mercado y Crecimiento sostenido están incidiendo, muy negativamente, sobre la calidad de la información y sobre la fiabilidad misma de los informadores.

En la actualidad estamos asistiendo a un proceso de concentración de la propiedad de medios de comunicación tanto en nuestro país como en el mundo entero. Esas tendencias oligopolistas y monopolistas son incompatibles con la Democracia y con una información medianamente libre. Da lo mismo, al fin y a la postre, que el único propietario de los medios de comunicación sea un Estado totalitario o un único empresario.

La Competitividad como motor de la actividad económica y empresarial, ha ido acentuando, cada vez más, la información en un mercancía cuyo destino principal y prioritario es ser vendida. A partir de ahí el titular es como el envoltorio de cualquier producto de la estantería de un supermercado: impactante y llamativo. Muchas veces, por no decir casi todas, el titular-envase no se corresponde en absoluto con lo que se redacta a continuación.

Esta técnica que tiende a priorizar la capacidad de venta conduce a una uniformidad y a un empobrecimiento del lenguaje. Seguramente que nuestros lectores habrán podido comprobar cómo en las distintas empresas televisivas hay programas parecidos, o casi iguales, en la misma franja horaria, que luchan entre sí para conseguir la audiencia, y por ende la publicidad, estableciéndose entre ellas una competencia para ver quien ofrece el producto más degradado y más degradante.

Si lo que importa es el impacto del eslogan, la rotundidad en la formulación de un juicio y la brevedad en su exposición, el lenguaje se hace cada vez más pobre, más esquemático y más rígido. Un lenguaje en creciente disminución de vocablos y de matices incide en un pensamiento equivalente cada vez más pobre, más simplista y más primario. Los matices desaparecen, las categorías se simplifican en torno a un eje binario de tesis y antítesis sin posibilidad alguna de síntesis. El empobrecimiento del lenguaje y por ende del pensamiento nos instala a todos, especialmente en el campo de la política y de la información, en los aledaños de un fascismo mental.

La lucha por captar audiencias, lectores o espectadores, no puede hacerse degradando la calidad de la información o manipulándola de tal manera que deje de ser información y se transforme en arenga, azuzamiento al linchamiento o propaganda en el más puro sentido del Dr. Goebbels.

Pero queda aún otra cuestión no menos grave: la de la situación laboral de la inmensa mayoría de quienes reciben la información en primera instancia: los reporteros y los periodistas de a pie. Sobre un reducido empíreo de comunicadores-estrella se monta toda una parafernalia que tiene como base el salario casi de mínimo vital de miles y miles de hombres y mujeres que habiendo terminado su carrera tienen que transigir con esta explotación, cuando no expolio, ya que primero es comer. Invito a los lectores a que consideren algo que muchas veces nos pasa desapercibido: la información y su tratamiento es el resultado laboral de un esfuerzo hecho por muchas personas, es una mercancía. Y en ella existen todos los elementos que hay en cualquier otra: materia prima, trabajo, valor de uso y valor de cambio, extracción de plusvalía, etc., y que también, como en las otras mercancías hay un componente de reproducción ideológica para seguir incitando al consumo de esa mercancía. La información, rectamente entendida cumple el nobilísimo papel de suministrar los elementos fundamentales para el ejercicio del pensamiento y la opción consecuente; es decir, el ejercicio de la racionalidad. De todo ello se infiere que la información no puede entrar a ser tratada como cualquier otra mercancía en el mercado capitalista.

LA CLAVE
Nº 82, 8-14 noviembre 2002

martes, 4 de octubre de 2016

Una situación descabellada


... Y a mí, que todo esto del PSOE me parece teatro...

¿Soy el único que piensa que el PSOE tiene una base de votantes muy amplia que se rige por los mismos o muy parecidos criterios que siguen l@s votantes del PP?

¿Creéis que es equívoca esta sensación que tengo de que tod@s aquell@s que votaron PSOE en los anteriores comicios, muy probablemente volverán a hacerlo en unas hipotéticas terceras elecciones?

La gente que votó PSOE en las anteriores elecciones, votó a un partido corrupto a sabiendas. Votó a un partido poco democrático en su funcionamiento interno a sabiendas. Exactamente lo mismo que hacen l@s votantes del PP.

Toda esa gente, votará de nuevo al PSOE, porque ya antes sabían que votaban la continuidad de Felipe González y l@s suy@s. Exactamente igual que van a hacer ahora.

... Y los cuadros de mando del PSOE también saben esto.

En el fondo, lo sabemos tod@s. ¿O no?

Así las cosas, calculemos, que no va a ser muy largo, porque sólo hay dos opciones:
— Si el PSOE se abstiene. En ese caso gobierna el PP. El PSOE queda en el medio de la situación, con el partido del Gobierno dándonos caña, y PODEMOS acusándoles, con razón, de ser l@s culpables. Y con esa base de votantes que aún les sostiene, sintiendo que han dejado ganar al enemigo. Ser la oposición del partido que gobierna gracias a ti, no parece una situación muy cómoda, ¿verdad? Pasemos, pues, a la siguiente.

— Si el PSOE decide ir a terceras elecciones. En ese caso gobierna el PP (que ganará las elecciones, pues ya sabemos que sus votantes les van a volver a votar). Exactamente igual que antes. Sin embargo, ya no es tan fácil decir que es por culpa del PSOE... L@s votantes del PSOE se movilizan y, lo mismo que l@s del PP, también le vuelven a votar. En esta ocasión, el PP consigue lo que quiere, y el PSOE mantiene su base electoral, y su lugar como líder de la oposición. En tal caso, ¿quién vuelve a salir perjudicado por tercera vez?
¡Bingo! ¡Aquellos a quienes el PSOE teme más que al PP! Aquell@s que han perdido ya un montón muy grande de votantes que, desengañémonos, ya no les van a volver a votar, por ir variando su posición, de un discurso de «izquierda radical» a otro de socialdemocracia con aspiraciones, perdiendo así, justo aquello que l@s había elevado.

¿Es normal que, dos días después de unos episodios tan bochornosos como los de la semana pasada, los dirigentes del PSOE ya salgan a la palestra diciendo que ojo con engañarse; que el PSOE sigue siendo un partido fuerte? ¿Tiene alguna lógica que tres días después de un golpe de fuerza, dirigentes y medios de comunicación ya estén empezando a difundir la idea de que todo ha sido para bien? ¿De que el PSOE llegará a una solución? ¿Es posible que ya no tengan nada que criticarse entre ell@s? ¿En serio? ¿Sólo Pedro Sánchez salió malparado? ¿Tod@s l@s demás están encantad@s?

¿Os parece demasiado retorcido y maquiavélico? ¿PSOE Y PP encantados de la situación?

¡Bah! En realidad, es que me aburría y pensé, «vamos a imaginarnos una situación descabellada.» Al fin y al cabo, el PSOE es un partido socialista, preocupado por el bienestar de l@s ciudadan@s, sobre todo de l@s más desfavorecid@s.

Porque esto es así, ¿no?

Amnauj T.

martes, 27 de septiembre de 2016

El Estado Islámico pretende «reconquistar» Al-Andalus desde Libia y el Magreb


SPUTNIK NEWS
19-09-2016

Los terroristas árabes tienen planeada la expansión hacia la península Ibérica y el resto de Europa, utilizando como plataformas los países del norte de África, principalmente Libia, como forma de venganza por la presión militar de Occidente, advierten las Fuerzas de Seguridad de España.

Los medios españoles ya han bautizado la hipotética estrategia de Daesh —grupo terrorista proscrito en Rusia y otros países— como «la reconquista de Al-Andalus», aludiendo a la invasión de Iberia por los moros en la Edad Media. El motivo fundamental para intensificar atentados contra Occidente es el intento de «recompensar sus pérdidas de terreno» en Siria e Irak.

En estas condiciones, la «onsolidación del Califato» viene desde Libia y otros países del Magreb, como Marruecos y Túnez, donde están expandiéndose los terroristas. La debilidad estratégica de Libia la ha convertido en el camino de vuelta de los combatientes extranjeros desde Siria e Irak a sus países de origen.

La tendencia general es que regresan el 30% de los terroristas europeos, algunos de ellos, «con órdenes de atacar». En este sentido, el «caso español» es particularmente grave, debido a la circulación constante de los extremistas de España a Siria y de vuelta a España, según corroboran las cifras proporcionadas en el informe de las Fuerzas de Seguridad del Estado.

• Ahora mismo en Siria permanecen 200 personas procedentes del país ibérico.

• Todos los meses siguen saliendo a las áreas en guerra de tres a cuatro residentes españoles, de ellos un 60% de origen marroquí y un 30% españoles nativos.

• 30 personas están de vuelta, y de ellos, 15 se encuentran encarceladas bajo la acusación de terrorismo.

Los investigadores aclaran que estos elementos radicales son especialmente peligrosos y difíciles de detectar pues se hacen pasar por refugiados y últimamente prefieren viajar en coche en vez de avión.

Los autores del informe citado instan a la comunidad internacional para que imponga mayor control sobre Libia, que actualmente cuenta con tres gobiernos incompatibles, el de los islamistas con sede en Trípoli, la administración exiliada en Tobruk y el gobierno recién impulsado por la ONU.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Lamarck vindicado (en la prensa)


Por MÁXIMO SANDÍN
30 marzo 2009

«De hecho, la epigenética, además de su impacto directo en nuestras vidas, remueve los cimientos de la mismísima teoría de la evolución.» Esta frase, perdida entre el texto del artículo que sigue [que enlazamos], no tendrá grandes repercusiones científicas. No habrá pasado, en el mejor de los casos, de provocar algún comentario irritado de alguna «autoridad académica» o un gesto de sorpresa en alguno de los cultos lectores habituales del suplemento dominical que lo publica. Al fin y al cabo, no es más que eso: un artículo divulgativo con el que entretener el domingo.

Sin embargo, es una frase que contiene la esencia de un debate silenciado durante 150 años. Por una parte, es un reflejo del tergiversado aspecto histórico, con la atribución a Darwin de «la» teoría de la evolución, cuando la realidad es que éste no sabía muy bien que en su famoso libro hablaba de evolución, y tuvo que ser Huxley el que se lo explicase. Por otra, el debate científico sobre las ideas darwinistas, que ha existido desde la misma publicación de Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o el mantenimiento de las razas favorecidas en la lucha por la supervivencia pero que ha sido silenciado, muchas veces mediante recursos que hacen sospechar que hay «algo más» detrás de la defensa de estas ideas. Desde St. George Mivart, zoólogo evolucionista contemporáneo a Darwin, cuyas bien fundamentadas críticas finalizaron con su expulsión de la Universidad de Oxford, justificada por su conversión al catolicismo, la lista de científicos muy cualificados (comenzando por el «denostado» Lamarck), descalificados, tergiversados o represaliados y el análisis de los motivos podría ocupar todo un tratado. Los casos más recientes, Eva Jablonka y Edward Steele, cuyas propuestas lamarckistas se basan en datos empíricamente constatados, se han solventado con críticas feroces en las revistas científicas más prestigiosas, con expresiones verdaderamente insultantes para la primera, y la expulsión de la Universidad de Wollongong (Australia) para el segundo. Incluso científicos ampliamente reconocidos, como S.J. Gould o L. Margulis, que han cometido el pecado de expresar dudas sobre «la» teoría pero sin atreverse a «abjurar» del darwinismo, han recibido descalificaciones de todo tipo, incluido el ideológico y el personal (llegando al absurdo de criticar hasta el aspecto estético) por parte de los «guardianes de la ortodoxia».

Que no se trata de un debate científico «limpio» se pone de manifiesto, incluso, en la prudente frase, (no se puede saber si transcripción de las palabras del Dr. Esteller, o interpretación de la autora del artículo), Parece que Charles Darwin no tenía toda la razón. Pero nosotros, tal vez menos prudentes, podemos intentar valorar qué parte de razón tenía Darwin.

En la actualidad, resulta poco menos que imposible dilucidar cuales son las bases científicas, los datos empíricos que sustentan el darwinismo, dada la supuesta «absorción» (parece que todo les vale) del aluvión de datos que contradicen sus postulados clásicos y mucho más los de la «síntesis moderna». Pero si hay algo que resulta inamovible, que es la esencia misma del darwinismo, y que sus seguidores defienden con un fervor que llega a extremos poco racionales en defensores de una supuesta «teoría científica» es el azar en los cambios genéticos, base imprescindible en la definición de la selección natural. De hecho, según Darwin, los cambios en los organismos (variaciones «imperceptibles»), se producirían «al azar» (para los darwinistas modernos serían «mutaciones», entre las que caben, desde el concepto clásico de mutación, es decir, desorganización, hasta actividades de elementos móviles, inserciones virales, duplicaciones parciales o completas y reorganizaciones genómicas, también «al azar»). Entre estos, la selección natural elegiría los que resultasen los más adecuados o los más favorables o los más adaptados, o los que son «ventajosos», o los que confiriesen mayor eficacia reproductora a la población (según el caso), siempre, mediante la competencia con los «menos aptos», que serían eliminados. Esto explicaría la existencia de cualquier proceso biológico, por complejo que sea, de esta forma: Si existe, es porque «ha sido seleccionado».

Pero, reflexionemos un momento: Si, como se menciona en el artículo y como ha sido ampliamente documentado experimentalmente, los organismos (todos los organismos) tienen la capacidad de respuesta al ambiente, tanto mediante procesos genéticos, como epigenéticos o embriológicos ¿dónde queda el papel de una supuesta «selección»? En otras palabras, si los cambios los provoca el ambiente no hay nada rígidamente determinado («en los genes») en las variaciones individuales dentro de una especie. Los términos «más apto» y «menos apto» no tienen sentido. Todos somos «aptos», porque todos tenemos esas capacidades de respuesta en nuestros organismos. Otra cosa es el ambiente al que estamos sometidos desde las más tempranas fases del desarrollo.

El «determinismo genético» contra el que, según el doctor Esteller, hay que luchar, y la concepción de la vida, de la Naturaleza, como un campo de batalla en el que sólo triunfan los mejores (los «más aptos»), son las ideas cuya puesta en práctica han conducido a la actual crisis global en las relaciones humanas y del Hombre con la Naturaleza. Es difícil de creer que los principales impulsores y defensores del darwinismo no sean conscientes, a la luz de la información de que disponemos, de su falsedad como ideas científicas. Pero su empeño en mantenerlas nos hace sospechar (y temer) dónde pretenden llevarnos.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Salvar las pensiones


LAS MENTIRAS SOBRE LA INVIABILIDAD DEL SISTEMA

Por AGUSTÍN MORENO

Nuestros banqueros son gente muy austera. Por ejemplo, los del Santander destinan 233 millones de euros a asegurarse unas pensiones de oro. Eso no les impide defender la bajada de las pensiones públicas o la elevación de la edad de jubilación, como acaba de hacer el Bundesbank proponiendo que sea a los 69 años. Pero no nos hagamos mala sangre con la doble moral. El fondo del asunto es que las pensiones son una pieza clave del estado de bienestar. Más aún en tiempos de crisis: en España el 34% de hogares tiene como principal fuente de ingresos algún tipo de pensión y un 7,25% de los jubilados convive con personas en paro.

Está en marcha un intento de desmantelar del sistema público de pensiones y hay un silencio casi absoluto. Los neoliberales asisten complacidos a un deterioro del sistema que les interesa para sus planes. Hay políticos y entidades que prefieren culpabilizar a los ciudadanos de una quiebra de la Seguridad Social por vivir más de lo debido o tener menos hijos en un país que nunca ha fomentado la natalidad. Otros, para no aparecer como aguafiestas y no perder votos entre los electores de mayor edad, miran para otro lado. Complicidad o cobardía, da lo mismo, tras la devastación no habría inocencia. Vayamos por partes.

Primero el saqueo. El gobierno en funciones del Partido Popular ha sacado en julio otros 9.700 millones de euros del Fondo de Reserva de la Seguridad Social para abonar la paga del verano y el IRPF. Se está procediendo al vaciamiento sistemático de la llamada «hucha de las pensiones». El Fondo de Reserva se creó en 2000, llegó a tener 66.815 millones en 2011 y el gobierno Rajoy se lo ha ido puliendo durante su mandato hasta dejarlo en solo 24.207 millones. Han consumido 55.151 millones de euros en los últimos cinco años y quedan reservas para año y medio. ¿Por qué se ha tirado del Fondo de Reserva? Por la caída de ingresos en la Seguridad Social como consecuencia de dos hechos: el menor número de cotizantes al aumentar los despidos, los ERE y el desempleo (se han perdido 2,9 millones de cotizantes entre 2007 y 2013); y la disminución de las bases de cotización por la devaluación salarial aplicada. Es decir, la caída de ingresos es consecuencia directa de la política de austeridad y de las reformas laborales.

El problema está también en que la «hucha» se ha usado para bajar cotizaciones a los empresarios a través de las «tarifas planas» que han supuesto este año una caída de 2.500 millones en la recaudación de la Seguridad Social. Incluso para sanear la banca, tal y como ha denunciado la prensa internacional y Vicenç Navarro, que afirman que la hucha está pagando el rescate de 61.000 millones de euros a la banca, ya que el 97% de los activos totales de los fondos de pensiones del Estado español están convertidos en bonos en España para poder financiarlo. Hasta aquí el expolio.

La estrategia de derribo. En paralelo se intensifica la campaña de los interesados profetas de la catástrofe para sembrar el miedo. Formulan una falsa dicotomía: la quiebra del sistema o bajar las pensiones, con su no revalorización y un endurecimiento de los requisitos para causar derecho. En el colmo del cinismo, hablan incluso de solidaridad intergeneracional que pasaría por bajar las pensiones para que les lleguen a los jóvenes. Tratarán de degradar las pensiones públicas para impulsar los fondos privados y atrapar el ahorro de millones de trabajadores, ya que de forma voluntaria no han funcionado. Interesa destacar que las pensiones en España son bajas (el 53% inferior a 700 euros) y que muchos millones de trabajadores no tendrían capacidad de financiarse una jubilación privada complementaria dado el empleo-basura existente (precariedad, tiempo parcial y bajos salarios).

La munición argumental que utilizan para «vender» la falta de sostenibilidad del sistema es que ha aumentado la longevidad, la tasa de natalidad es muy baja, la llegada a la jubilación de la generación del baby-boom y que se ha desequilibrado la ratio activos/pasivos. Se intentan presentar las dificultades del sistema con la inexorabilidad de los fenómenos naturales, como si fuera la sucesión de la lluvia y la sequía. Y no es cierto que sea algo inevitable. Empobrecer y liquidar el sistema público es una decisión política de la que deberían de dar cuenta a sus electores los partidos que están en la operación.

Hay alternativas, por supuesto. Empezando por la derogación de las últimas reformas del PSOE (2010) y del PP de 2013, una de las más nefastas y que —en combinación con la reforma laboral— condena a la pobreza a una gran parte de los jubilados del futuro. Los únicos que planteaban esta medida eran Unidos Podemos en el punto 16 de su Programa. Hay otros factores para corregir las tendencias demográficas y mejorar la financiación. Entre ellos está la reducción del paro, el aumento de la tasa de actividad de la mujer, el recurso a la inmigración para disponer de mano de obra, la mejora de la calidad del empleo, una política fiscal de mayor progresividad y suficiencia recaudatoria.

En términos estratégicos lo que cuenta no es cuántos producen sino cuánto se produce. Hay que hablar de la productividad. La historia demuestra cómo se ha incrementado de forma exponencial en todos los sectores económicos. Con menos trabajadores puede haber más productividad y se pueden mantener más y mejores pensiones. Es una cuestión de renta per cápita que se ha doblado en los últimos años, de la riqueza producida y su redistribución. Es evidentemente una cuestión de prioridad política y hay margen: España dedica a gasto en pensiones tres puntos del PIB menos que la media de la zona euro (10,4% frente al 13,4%).

Además ¿por qué deben ser financiadas las pensiones solo con cotizaciones sociales y no con impuestos o el recurso a la deuda si fuera necesario? Hay un derecho constitucional a las pensiones y se debe asegurar su prestación pública de igual forma que se financia la educación, la sanidad o las carreteras. Las pensiones no deben depender de la evolución de la pirámide de población sino de la riqueza, la fiscalidad y la redistribución. Esto es, de decisiones políticas adecuadas, de si se gobierna para los más o para los menos, al servicio de la sociedad o de las élites financieras. Hay que recordar que la presión fiscal en España (32,6%) es de las más bajas de Europa (40% de media).

Hay que abordar la situación, no se puede vivir al día, políticamente hablando. Porque en cualquier momento bancos y compañías de seguros lanzarán la campaña definitiva contra las pensiones públicas. De nuevo se utilizará una supuesta crisis como excusa para una estafa monumental: convertir un sistema de reparto y solidaridad en uno de capitalización a través de planes y fondos privados. Y si alguien tiene dudas de la estafa, que se informe sobre lo acontecido en Chile, donde un millón de personas se han manifestado contra las Administradoras de Fondos de Pensiones.

Se puede salvar el sistema público de pensiones con una condición: que la izquierda y los sindicatos no interioricen las falacias neoliberales y que se esfuercen en desmontarlas. No es una cuestión técnica, es pura lucha de clases. Ya ha habido demasiadas reformas de pensiones, unas con acuerdo y otras sin él y no han servido para otra cosa que para reducir derechos de las pensiones actuales y futuras, un robo enmascarado a veces en fórmulas complejas. Hace falta iniciativa política para abrir el debate y disponer de un gobierno que sea garante de unas pensiones públicas dignas ¿O alguien cree que Rajoy y Rivera van a garantizar las pensiones con sus acuerdos sobre techo de gasto y reducción del déficit?

21/8/2016

domingo, 4 de septiembre de 2016

Los alienígenas habitan entre nosotros (la inteligencia vegetal como modelo para la comprensión de las inteligencias extraterrestres)

'Xenobiology' de Alex Ries.

Por STEFANO MANCUSO y ALESSANDRA VIOLA

El estudio de la inteligencia vegetal arroja luz sobre un aspecto muy interesante de la investigación acerca de la inteligencia en general.

Por decirlo en pocas palabras: al estudiar las características de la inteligencia vegetal resulta evidente la dificultad que tiene el ser humano para comprender los sistemas vivos que razonan de manera distinta a la suya. Se diría que sólo es capaz de apreciar inteligencias parecidas a la humana.

Encontramos problemas análogos cuando hablamos de inteligencia en relación con organismos que no poseen cerebro, como por ejemplo —y prescindiendo por una vez de las plantas— las bacterias, los protozoos y los mohos. También éstos, aunque algunos (como las bacterias y los protozoos) sean tan simples como para estar constituidos por una sola célula, manifiestan comportamientos que —si tuvieran dimensiones más relevantes y, sobre todo, si tuviesen cerebro— no dudaríamos en calificar de inteligentes: las amebas son capaces de salir de un laberinto, mientras que los mohos pueden trazar el mapa de un territorio de manera más efectiva que cualquier programa informático ideado por el ser humano. Y pese a todo, en relación con estos organismos, como las plantas, la ausencia de cerebro —llamémoslo así— nos lleva a negarles la existencia de capacidades intelectivas, actitud que parece más fundada en la tradición y el prejuicio que en la argumentación científica. Sin embargo, el estudio de la inteligencia vegetal podría revelarse crucial para el progreso humano: nos permitiría observar nuestra mente con otros ojos.

Planteémonos una pregunta: ¿qué ocurriría si algún día entrásemos en contacto con una inteligencia alienígena? ¿Seríamos capaces, ya no digamos de comunicarnos con ella, sino al menos de reconocerla? Probablemente no. Es como si el ser humano, incapaz de concebir inteligencias distintas a la suya, más que buscar la inteligencia ajena anduviera continuamente a la búsqueda de la suya propia, perdida en algún lugar del espacio. Si de veras existiesen formas de inteligencia alienígena, habrían evolucionado en organismos muy distintos al nuestro; su química sería diferente de la nuestra y habitarían en entornos totalmente distintos a los que nosotros conocemos.

¿Cómo podemos siquiera pensar en reconocer esa inteligencia cuando no somos capaces de admitir la inteligencia de las plantas, organismos con los que compartimos una historia evolutiva en buena medida común, una misma estructura celular, un mismo entorno y unas mismas necesidades? Sólo por poner un ejemplo, preguntémonos por qué una inteligencia evolucionada en otro planeta y en condiciones completamente distintas a las nuestras tendría que emplear los mismos medios de comunicación que empleamos nosotros, basados en fenómenos ondulatorios. La voz, el sonido, las comunicaciones de radio y televisión, todos ellos se basan en la propagación de ondas. Otros seres vivos, entre ellos las plantas, utilizan otros sistemas para comunicarse, algunos de los cuales tienen como base la producción de moléculas químicas: son métodos extremadamente eficaces, aptos para transmitir información, pero de los cuales todavía sabemos poquísimo, a pesar de que los utilizan un gran número de especies presentes en nuestro planeta.

Para que la inteligencia vegetal nos parezca algo tan ajeno, ha bastado que las plantas sean más lentas que nosotros y que carezcan de órganos únicos similares a los nuestros; imaginémonos si hubiesen nacido y evolucionado a años luz de la Tierra. No obstante, precisamente por eso, por el hecho de ser distintos pero, en el fondo, tan cercanos a nosotros, tanto física como genéticamente, los organismos vegetales podrían representar un modelo interesante para el estudio de la inteligencia y ayudarnos a repensar los métodos e instrumentos utilizados para la búsqueda de inteligencia extraterrestre en el espacio.

Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal
(2015)