sábado, 16 de febrero de 2013

«Es mejor no apagar los fluorescentes, porque consumen más energía en el momento de encenderlos»


Por DANIEL CLOSA I AUTET

Esta es una de aquellas afirmaciones de la que circulan diferentes versiones, según donde busques. Hay revistas que aconsejan que, si hemos de salir de una habitación durante unos veinte minutos, resulta más económico dejar el fluorescente encendido en vez de apagarlo y volverlo a encender. En otros lugares el periodo de tiempo a partir del cual resulta mejor dejar encendido el fluorescente se reduce a cinco minutos. Y otros lugares simplemente no especifican ningún tiempo.

El caso es que, efectivamente, un tubo fluorescente gasta mucha más energía en el momento de encenderse que cuando ya está iluminado. En el momento de encenderse puede llegar a consumir hasta cinco veces más energía que durante el resto del tiempo. Una diferencia que no se observa en las bombillas corrientes. Éstas consumen más energía mientras están encendidas, pero no hay este pico de consumo en el momento de encenderlas.

De manera que parecería que efectivamente resulta práctico evitar los aumentos de consumo energético asociados al momento de encender el fluorescente, y que si hemos de salir de la habitación durante un rato tal vez ahorraremos energía evitando apagar y volver a encender el tubo.

Puede parecerlo, pero el caso es que no es así.

La clave del problema se esconde en el tiempo que tarda en encenderse un fluorescente. Decimos que en este momento gasta unas cinco veces más que en funcionamiento «normal», pero este aumento de consumo, este momento, ¿cuánto tiempo dura?

Pues para saberlo he ido a encender el fluorescente de la cocina y he visto que en dos o tres segundos ya está encendido. De manera que durante tres segundos gasta cinco veces más que el resto del tiempo. Esto quiere decir que el encendido del fluorescente equivale a unos quince segundos de funcionamiento normal.

Por lo tanto, razonar que es mejor dejarlo encendido únicamente tendrá sentido si tengo que salir (y apagarlo) y volver a entrar (y volverlo a encender) ¡en menos de quince segundos!

Otras veces se dice que el problema no es del consumo de energía, sino del desgaste del fluorescente. Cuanto más lo encendemos y apaguemos, la vida de los componentes del fluorescente irá disminuyendo. Los fabricantes de fluorescentes ofrecen fórmulas y gráficos que muestran cómo varía la vida del fluorescente según el número de veces que se enciende.

 
De nuevo, es cierto que el fluorescente tendrá una vida más larga si lo encendemos y apagamos menos veces. Pero, de nuevo también, la diferencia en la práctica es lo bastante pequeña como para que resulte mejor apagar la luz si tenemos que marcharnos más de unos pocos minutos.

Todo ello es un caso típico de razonamiento hecho por alguien a partir de datos correctos, pero que a la hora de pasarlos a la vida real no se tomó la molestia de hacer los cálculos para ver si tenían aplicación o si resultaban simplemente anecdóticos. Ciertamente, podemos decir que no es un mito y que en determinadas condiciones resulta más económico dejar el fluorescente encendido. Pero estas condiciones simplemente no tienen aplicación en la práctica. En realidad, si hacemos caso del mito, gastaremos más energía, en lugar de ahorrar, cada vez que dejamos un fluorescente encendido durante veinte minutos pensando que así consume menos que apagándolo y volviéndolo a encender.

LECTIO EDICIONES, 2012