viernes, 4 de julio de 2014

Sobre la independencia de los EEUU

[Extracto del libro La otra historia de los Estados Unidos
de Howard Zinn, ya que es hoy 4 de Julio...]


Thomas Jefferson había escrito un párrafo de la Declaración acusando al rey de transportar esclavos de África a las colonias y de «suprimir todo intento legislativo de prohibir o restringir este comercio execrable». Esto parecía expresar una reprobación indignada contra la esclavitud y el comercio de esclavos (la actitud de Jefferson hacia la esclavitud hay que contrastarla con el hecho de que tuvo centenares de esclavos hasta el día de su muerte). Pero tras esta actitud existía el temor cada vez más agudo entre los virginianos y algunos otros sureños por la creciente cantidad de esclavos negros que había en las colonias (el 20% de la población total) y la amenaza de las revueltas de esclavos a medida que crecía su número.

El Congreso Continental eliminó el párrafo de Jefferson porque los propietarios de esclavos no querían acabar con el comercio de esclavos. En el gran manifiesto libertador de la Revolución Americana no se incluyó ni ese mínimo gesto hacia el esclavo negro.

El uso de la frase «todos los hombres son creados iguales» seguramente no pretendía referirse a las mujeres. Su inclusión no era ni remotamente posible. Eran políticamente invisibles. Y aunque las necesidades prácticas conferían a las mujeres cierta autoridad en el hogar, ni siquiera se las tomaba en cuenta a la hora de otorgar derechos políticos y nociones de igualdad cívica.

El hecho de decir que la Declaración de Independencia, incluso en su propio enunciado, estaba limitada al concepto de «vida, libertad y felicidad para los machos blancos» no significa denunciar a los creadores y firmantes de la Declaración, que tomaron las ideas de los machos privilegiados del siglo dieciocho. Muchas veces se acusa a reformistas y radicales, con su observación descontenta de la historia, de esperar demasiado de un período político pretérito, cosa que a veces hacen. Pero el hecho de citar a los marginados de los derechos humanos, tal como los contempló la Declaración, no significa —siglos más tarde y sin objeto— denunciar las limitaciones morales de esa época. Sirve para intentar entender la manera en que funcionó la Declaración en el sentido de movilizar a ciertos grupos de americanos e ignorar a otros. Seguramente, el lenguaje que la inspiró para crear un consenso seguro todavía se utiliza hoy, en nuestros días, para encubrir importantes conflictos de intereses, y también para disimular la omisión de grandes sectores de la raza humana.

La realidad que yacía en las palabras de la Declaración de Independencia era que una clase emergente de gente importante necesitaba alistar en su bando a los suficientes americanos como para vencer a Inglaterra, sin perturbar demasiado las relaciones entre riqueza y poder que se habían desarrollado durante 150 años de historia colonial. De hecho, el 69% de los signatarios de la Declaración de Independencia habían ocupado puestos en la administración colonial inglesa.

Cuando se proclamó la Declaración de Independencia —con toda su jerga incendiaria y radical— desde el balcón del Ayuntamiento de Boston, fue leída por Thomas Crafts, miembro del grupo Loyal Nine («Los Nueve Leales»), conservadores que se habían opuesto a la acción militante contra los británicos. Cuatro días después de esa lectura, el Comité de Correspondencia de Boston ordenó a los ciudadanos que se presentaran en el Common (espacio abierto central) de la ciudad para incorporarse a filas. Pero lo cierto es que los ricos podían evitar el servicio militar si pagaban a unos sustitutos, mientras que los pobres tenían que apechugar. Esto provocó disturbios y el grito de «la tiranía es la tiranía, venga de donde venga».

[...]

¿Qué significó la Revolución para los nativos de América, los indios? Las solemnes palabras de la Declaración los habían ignorado. No se les había considerado como iguales, sobre todo a la hora de escoger a los que iban a gobernar en los territorios donde vivían y respecto a la posibilidad de vivir felizmente, como antes de la llegada de los europeos blancos. Con la expulsión de los británicos, los americanos podían empezar el proceso inexorable de desplazar a los indios de sus tierras, matándolos si mostraban resistencia. En resumidas cuentas, como lo expresó Francis Jennings, los blancos americanos luchaban contra el control imperial británico del Este, y por su propio imperialismo en el Oeste.

HOWARD ZINN