sábado, 19 de julio de 2014

El planeta de los simios

Una epopeya simiesca inacabable

Por RICHARD MILNER

«¿Puedo besarte?», pregunta agradecido Charlton Heston a una chimpancé hembra que le ha salvado la vida. Ella le ofrece la mejilla intentando no mostrar su evidente desagrado ante semejante contacto físico con un ser humano. «Lo siento —dice—, pero, ¡sois tan feos!»

Una ingeniosa novela satírica del escritor francés Pierre Boulle (que ya había obtenido un éxito cinematográfico con El puente sobre el río Kwai) fue el inicio de una serie enormemente popular de películas de acción sobre el «planeta de los simios». Su novela corta El planeta de los simios (1963) fue una parábola humorística con una leve trama de aventura y acción. La versión cinematográfica desvió su atención principalmente hacia la acción violenta y se prolongó a través de numerosas continuaciones altamente rentables.

Los orangutanes, chimpancés y gorilas de la parábola originas de Boulle, no actúan tanto como especies diferentes, sino como caricaturas de nuestras propias subculturas sociales y vocacionales. Los chimpancés son los auténticos intelectuales. Ven cualquier asunto con claridad, intentan actuar con decencia y son flexibles e innovadores, lo que a menudo les lleva a tener problemas con la clase dirigente de los simios. La ortodoxia intelectual y política es mantenida por orangutanes excesivamente dignificados, presentes en todas las comisiones y consejos de administración. Los gorilas son brutales y estúpidos y obedecen bien las órdenes; forman una policía estatal o una casta militar. Una de las imágenes más llamativas de la película son las legiones de gorilas a caballo armados y revestidos de corazas.

Los seres humanos han «degenerado» en su mundo hasta la condición de animales indefensos. Aunque anatómicamente son iguales a nosotros, han perdido la capacidad del lenguaje y el dominio sociocultural. Lo que diferencia a simios y humanos no es el aspecto, pues sus cuerpos son lo bastante parecidos como para intercambiarse en sus funciones. La diferencia decisiva reside en su pensamiento, sus medios de comunicación y su comportamiento (como había propuesto lord Monboddo en el siglo XVIII). Ese subtexto de la serie El planeta de los simios refleja, en la cultura popular, la nueva posición de los simios en la ciencia. De no ser por el don del lenguaje y el uso de símbolos, ese sería nuestro destino.

El argumento original de Boulle nos lleva a replantearnos la manera de tratar a los simios. En El planeta, los simios hablan y van vestidos, mientras que los seres humanos, desnudos, son agrupados y enjaulados para la realización de experimentos médicos. Cuando el astronauta Taylor (Charlton Heston) intenta protestar, descubre que ningún simio quiere creer que los humanos sean capaces de hablar, pues la mayoría de los individuos vistos por ellos han degenerado hasta la condición de animales mudos.

Durante un juicio con jurados para determinar si Taylor posee inteligencia, los tres jueces simios, forman un cuadro de «no oigo, no veo, no hablo» que, según Douglas Murray, autor de obras de ciencia ficción, podría ser un «homenaje al Juicio del Mono contra Scopes y sus persistentes consecuencias».

En 1968 se proyectó la primera versión filmada de El planeta de los simios, con guión de Rod Serling (creador de la serie clásica de televisión Twilight zone [La dimensión desconocida]) y Michael Wilson, guionista incluido en la lista negra durante el periodo de MacCarthy. La película, producida por Arthur Jacobs, estaba interpretada por Charlton Heston, Roddy McDowall, Kim Hunter, Maurice Evans, James Whitmore y Linda Harrison.

John Chambers, que había ideado un procedimiento para ayudar a veteranos de guerra desfigurados, creó el maquillaje especial para los rostros de los simios. Sus máscaras tuvieron tanto éxito (y fueron tan costosas) que los moldes se utilizaron en muchos casos en distintas continuaciones, amortizando así su costo. Los diseños fueron también la base de juguetes, maquetas y otros productos famosos.

Beneath the Planet of the Apes (Regreso al planeta de los simios), la primera de cuatro continuaciones, fue presentada dos años después (1970). Aunque se basaba en una premisa carente de solidez (una nave espacial enviada en rescate de los astronautas humanos cae en la misma distorsión temporal), fue una de las continuaciones de mayor éxito dentro del género.

La expedición de rescate descubre que los simios utilizan seres humanos como blancos de prácticas y como criaturas experimentales en la preparación de una gran guerra. Un culto de seres humanos inteligentes que ha sobrevivido venera a La Bomba, la divinidad destructora de la especie. Al final, hombres y simios intentan hacerla estallar y lo consiguen. (En el guión original, un simio mutante debía surgir de un mundo parcialmente en ruinas y matar de inmediato a una paloma que aparecía anidando. Los productores cambiaron la escena por algo que consideraban menos duro: un holocausto general y completo).

A partir de aquí, las continuaciones fueron irremediablemente confusas y penosamente rebuscadas (Escape from the Planet of the Apes, 1971; Conquest of the Planet of the Apes, 1972; Battle for the Planet of the Apes, 1973). Los personajes resucitan, las distorsiones temporales dan lugar a idas y venidas del pasado al futuro, y Roddy McDowall termina representando el papel de su propio hijo.

A pesar de la puerilidad de los argumentos, aplastados rápidamente por escenas de batallas y «aventuras de acción», la popularidad de estas fantasías refleja un cambio en la idea general sobre los simios. El simio cinematográfico no es ya un monstruo (King Kong), un payaso (Cheetah, Bonzo) o un «hombre primitivo» (2001: Una odisea en el espacio). Los simios desempeñan funciones sociales, pero son también individuos —conformistas y brutales casi siempre, pero a veces también rebeldes y heroicos—; están pidiendo que los tomemos en serio.

DICCIONARIO DE LA EVOLUCIÓN

En la popular serie de aventuras fantásticas titulada
El planeta de los simios, basada en la sátira antropológica
de Pierre Boulle, se capturan cobayas humanos para ser estudiados
por los chimpancés científicos. Aquí, el actor Charlton Heston y su
compañera son arreados hasta el centro de investigación
por gorilas miembros de las fuerzas de seguridad.