martes, 1 de julio de 2014

'In ETA they trust'


Jorge Moruno Danzi

Durante muchos años, cuando entrabas en coche por la localidad madrileña de Majadahonda, la bienvenida te la daba una pintada que el ayuntamiento del PP no borraba y que señalaba, si mal no recuerdo, al expresidente del gobierno, Zapatero, como sinónimo del 11M. Hace unos pocos días la puerta de las instalaciones de la televisión local de Vallecas, Tele-K, amaneció llena de pintadas de corte fascista señalando a Pablo Iglesias como «proetarra antiespañol». Ambos hechos no son casuales, representan el penúltimo eslabón de toda una campaña mediática de difamaciones orquestada por algunos medios de comunicación, que se lucran denigrando la noble profesión del periodismo. Es el caso del diario El Mundo, que durante años, junto con la extrema derecha mediática, estuvo alimentando la teoría conspirativa de los atentados del 11M con sus peones negros y repitiendo que los atentados de Atocha los había perpetrado ETA.

Decían que ellos hacían periodismo de investigación y que solo buscaban destapar la verdad, cuando en realidad se escondían intereses políticos conjugados con intereses económicos. Su desprecio a las víctimas del 11M motivado por el ninguneo de la información, le generaron cuantiosas recompensas económicas a El Mundo a través de los contratos mantenidos entre la televisión pública Telemadrid y el Mundo Tv. Estos últimos producían documentales conspiranoicos del 11M que emitían los primeros, lo que les reportaba un suculento trasvase de 2,7 millones de euros públicos a sus bolsillos privados. Con el dinero de todos y todas las madrileñas se financiaba la propaganda producida por El Mundo, encargada de inocular la ideología que luego sostienen las pintadas que amenazan en la calle. A veces es dinero, en otras ocasiones es información policial la que se filtra desde los organismos públicos para que se utilice como arma política.


ETA se ha convertido en el comodín de quienes en principio afirman y aparentan ser sus más férreos enemigos. Ante cualquier cosa, ante cualquier diferencia, cualquier acto, la acusación de simpatizar, defender o justificar a ETA sobrevuela de inmediato. El disenso, la protesta, las luchas contra los desahucios, el aborto, las marchas que piden vivienda, pan y trabajo, Gamonal, las formaciones políticas que no comulgan con la propaganda del régimen son, por defecto, satélites de ETA. Incluso Eduardo Madina, que perdió una pierna en un atentado de ETA en Sestao, fue acusado por el director del ABC de «simpatizar más con ETA que con el PP». En esta historia lo más importante es mantener vivo el fantasma de ETA y lo secundario es recobrar la convivencia en el País Vasco, lo secundario son las propias víctimas. Recuperar la normalidad ciudadana les impide seguir utilizando el dolor como arma política para criminalizar, en este caso, a quien parece el causante de todos los males en este país, Pablo Iglesias. Por eso sus medios de comunicación hablan con el lenguaje de los años 90 y hacen como si nada hubiera cambiado. Tienen miedo de que se les acabe el chollo, por eso confían en que ETA impida el cambio político en este país. Ya no cuela.

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30 junio 2014