lunes, 9 de febrero de 2015

Ser de izquierdas


Por JUAN CARLOS MONEDERO

La izquierda apuesta por el cambio social siempre que amplíe el número de beneficiarios de la vida en común. Cada vez que solvente una situación de subalternidad. De izquierdas, así, serían Aspasia, la maestra de Pericles, Espartaco, el Jesucristo del Sermón de la Montaña, Thomas Müntzer y sus campesinos levantados contra los príncipes, Manuelita Sáez y Túpac Katari frente a la conquista española, Robespierre y Olympe de Gouges, los negros insurrectos de Haití y Toussaint de Louverturem, los communards de Paris, Rosa Luxemburg, Lenin y Trotsky, Sandino, los revolucionarios del octubre del 34 o los luchadores contra Franco. Era más fácil ser de izquierdas en el pasado. Miramos la historia con grandes trazos y eso facilita las categorías.

¿Era de izquierdas Stalin? ¿Felipe González, asesor del hombre más rico del mundo? ¿Un sindicalista imputado por uso indebido de fondos públicos? ¿Es de izquierdas alguien que le impide a las generaciones futuras disfrutar de un medio ambiente sano? ¿Y quién lucha contra la explotación laboral o el imperialismo pero usa la prostitución o desprecia a los inmigrantes? ¿Lo es quien en nombre de la inclusión ejerce la violencia, articula organizaciones autoritarias o usa a las personas como piezas de sus objetivos liberadores? ¿Y quien olvida que una de cada dos personas en ese mundo de emancipación es mujer?

La izquierda es un aire de familia. Es más fácil que sea de izquierdas un programa político que un partido. Una evocación que una persona. La realidad siempre es mestizada y estamos llenos de contradicciones. Por eso hace fortuna decir «arriba o abajo», como si los subalternos tuvieran cualidades morales superiores sólo por estar sometidos.

Ser de izquierdas exige no ser egoísta. No hacer a los demás lo que no queremos que nos hagan. Tener empatía incluso con los que no han nacido y con otras especies. Y coraje para frenar a abusadores. Buscar un equilibrio entre la libertad individual y la responsabilidad con el colectivo. Dejar que cada persona sea libre para tomar sus decisiones, enseñar a que cada cual sea consecuente con sus actos y responsable de los mismos. Y convertir todas estas intenciones en realidades sociales. No es extraño que haya tanta gente de derechas.