viernes, 12 de diciembre de 2014

La tórtola, ave del 2015

   El próximo año 2015, según la SEO/BirdLife, nuestra tórtola común o europea (Streptopelia turtur) ha sido declarada Ave del Año. Desde los años ochenta, del siglo pasado, su población mundial ha descendido en un 70%.
   Como homenaje, a este animalito emplumado, recordaremos unas palabras del inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente en su mundialmente conocida enciclopedia FAUNA (traducida en muchos idomas).


 Como un relámpago azul

Los cazadores, sobre todo, han comparado a la tórtola con una chispa azulada, con un relámpago. Y es que esta pequeña paloma —que no es en realidad azul, sino más bien rosada o malva con tintes vinosos— parece dueña del aire, se mueve en el espacio con una ligereza, una velocidad y una facilidad de maniobra realmente pasmosas. Cuando una tórtola abandona ruidosamente una encina, mostrando el contrastado dibujo blanco y negro de la cola en una caída vertical, en quiebro, un rápido ascenso, un vuelo lineal del que nadie podría prever lo que va a suceder en el próximo aletazo y, finalmente, en décimas de segundo, desaparece tras la copa de otro árbol, deja la impresión, indudablemente, de un relámpago vivo que pasó a nuestro lado.

La tórtola pone de manifiesto su dominio del aire cuando un intruso se aproxima al nido donde está incubando o protegiendo a los pollitos. Entonces, con gran estrépito, la madre o el padre, pues se turnan para incubar, abandona el nido por el lado contrario al del peligro, pero vuela con torpeza, llega a caer al suelo e, incluso, a las aguas de un río. Simulando a la perfección que se trata de un animal herido al que es fácil dar alcance. El predador, incluido con frecuencia el «predador humano», tenderá a perseguir al ave que vuela torpemente, y se alejará entonces del nido. No hace falta decir que, a cierta distancia de los huevos, y antes de ser alcanzada, la tórtola recupera su vuelo normal y se aleja prestamente ante la mirada atónita del confiado perseguidor.

Los poetas, a su vez, han hecho de la tórtola un símbolo del amor, y el monótono arrullo del macho en su posadero nupcial se ha considerado la más firme declaración de entrega, dulzura y fidelidad. En el suelo o sobre un árbol, macho y hembra se aproximan y saludan ceremoniosamente, se dan el pico y, después, uno, otro o los dos juntos ascienden en vertical y se dejan caer planeando en círculos para volver a posarse en la rama de donde partieron. Es la parada nupcial de las tórtolas. En tanto, habrán construido una rústica plataforma de palos y raicillas, muchas veces tan endeble que desde abajo se transparenta el contenido, por lo regular en un arbusto o un frondoso seto a la orilla de un arrollo, a escasa altura sobre el suelo. Allí pondrá la hembra dos huevos blancos que ambos progenitores incubarán durante dos semanas.

Como en todas las palomas, los pollos nacen muy retrasados, con algunos mechones de plumón amarillento pero dejando ver amplias zonas desnudas. Sus padres los alimentan durante dieciocho días regurgitando la «leche de paloma». A las tres semanas, o poco menos, ya abandonan el nido y buscan por su cuenta el alimento, consistente entonces, en gran medida, en granos de cereal, aunque se las acuse de comer también aceitunas y bellotas, que al parecer tragarían enteras. La porción de alimento animal en su dieta no llegaría, según estudios realizados en Inglaterra, al treinta por ciento.

Hay una gran mortalidad, si cabe la palabra, no ya entre los jóvenes, sino también entre los huevos de las tórtolas, que sufren la prelación ocasional de ratas, urracas y arrendajos. Los adultos, y sobre todo los inmaduros, son presas habituales de halcones, azores y gavilanes, y de esta forma apenas el cincuenta por ciento de los individuos nacidos llegan a adultos. Las tórtolas consiguen superar tan alta tasa de mortalidad haciendo varias crianzas al año, normalmente dos pero a veces incluso tres. Los huevos y pollos de las primeras nidadas sufren más peligros que los posteriores, pues antes de que los cereales granen el alimento es menos abundante y los padres deben ausentarse del nido más a menudo.

Todas las tórtolas comunes dejan la región paleártica en otoño y marchan a sus cuarteles de invernada, en África Tropical.

Félix Rodríguez de la Fuente
ENCICLOPEDIA SALVAT DE LA FAUNA
(1970)