sábado, 14 de junio de 2014

«Não vai ter copa»: fútbol y lucha de clases



Quedan pocos días para el inicio de la Copa Mundial de Fútbol a realizarse en Brasil. Un macro-evento que se disputará tanto dentro como fuera de los estadios, y donde estará en juego mucho más que un trofeo «deportivo». Entrará también a jugar, en esta ocasión, toda la dignidad de un pueblo que se resiste a ser un sujeto pasivo de un espectáculo que es utilizado desde la clase capitalista como una herramienta de dominación.

«Não vai ter copa» es el llamado de parte del pueblo brasileño contra la realización de la Copa del Mundo de Fútbol. Miles de personas se han organizado en múltiples grupos, muchos de ellos coordinados a través de los Comités Populares contra la Copa, para plantar cara contra la organización de este macro-evento que ha implicado e implicará muertes, represión, desalojos, prostitución, corrupción y mucho más. Un mundial que tiene algo que ver con deporte, pero sobre todo con negocio.

La realización de los dos grandes macro-eventos planetarios, la Copa del Mundo de Fútbol de este año y las olimpiadas de 2016, a realizarse en el país carioca corresponden a los intentos de los gobiernos de turno por mostrar al mundo el éxito económico del país, presentarse como un estado moderno, con una buena calidad de vida y donde reina la paz social. Una imagen que se contrarresta con la realidad de una región donde la brecha entre ricos y pobres es brutal, y donde gran parte de la población local ni siquiera podrá acceder a estos macro-eventos —el 18,6% de la población vive bajo el nivel de la pobreza.

En pos de conseguir la postal perfecta de un país de ensueño se han limpiado las ciudades de todos aquellos sujetos considerados «indeseables» y que puedan remitir a una imagen de pobreza, se han pacificado barrios enteros (eufemismo para decir que están bajo control militar), así como otras zonas se han, literalmente, removido lo que allí había, ya sea porque estorbaban para la construcción de alguna edificación relacionada con los macro-eventos planificados o porque su imagen podía ensuciar las fotos de los turistas. Según datos de los Comités Populares contra la Copa, entre 150 y 170 mil personas han resultado desplazadas a causa de las obras de la Copa.

A todo esto hay que añadir la violenta represión de la que han estado siendo objeto todos aquellos que se han levantado contra estos juegos. Gases, granadas aturdidoras, pelotas de goma y a veces incluso fuego real contra los manifestantes. Una represión que, azuzada por los medios de comunicación, tiene a muchas personas bajo arresto acusadas de violar las leyes de seguridad nacional (que fueron utilizadas durante la dictadura militar), así como por crimen organizado.

En tales circunstancias no parece raro que una buena parte de la población de Brasil esté contra de este macro-evento. De acuerdo a los datos de una encuesta realizada en febrero por Datafolha un 38% de la población estaba en contra del Mundial, un dato significativo si se compara con 2008 cuando este porcentaje no sobrepasaba el 10%.

Esto es más que comprensible si sumamos el hecho de que difícilmente buena parte de la población podrá costearse una entrada para algún evento, pues debería gastar la mitad de su salario para ello. A esto debemos añadir situaciones como que por requerimientos de la FIFA a dos kilómetros de los estadios estará prohibida la venta de mercadería «no oficial», lo que significará que unos 300 mil vendedores ambulantes se verán afectados. Y esto sin olvidar que desde que se eligió a Brasil como lugar de realización de la Copa han resultado perjudicadas muchas personas directamente por los desplazamientos forzados, la violencia e incluso la ocupación policial de sus territorios.

Como se puede apreciar, la Copa del Mundo se nos presenta como un evento del capitalismo que reproduce de manera exacerbada lo que este sistema representa: exclusión, desigualdad y violencia. Desde antes del inicio del mundial, y probablemente esto se agudice durante la realización de éste, podemos ver la lucha entre los representantes del capital y los de abajo, aquellos que sirven sólo en tanto que potenciales consumidores o bien como sujetos a explotar en pos de enriquecer a los poderosos. En definitiva una lucha entre clases, nada más ni menos.

El partido se iniciará dentro de poco, el pueblo contra el estado capitalista… sólo hay dos bandos y debes elegir con quién estás. No existe neutralidad posible, pues aquello de que acá se trata sólo de deporte no es más que una mentira.

Ante esto, como pueblo que somos no podemos más que decir: ¡Não vai ter copa!

 KAOS EN LA RED
 11 de junio de 2014