viernes, 6 de junio de 2014

Raqqa, la universidad yihadista del terror

La facción radical islámica ha establecido su 'capital' de facto esta ciudad. El ISIS se afianza en su baluarte sirio desde donde intenta captar seguidores de Occidente. Unos 12.000 militantes extranjeros se han unido al grupo, una cuarta parte son occidentales. La facción extremista armada es una de las que genera más actividad en las redes sociales.


El activista saudí no tuvo reparo a la hora de explicar al rehén occidental el objetivo final de su facción. «Queremos que este lugar sea el centro del terror mundial. Ahora estamos en el número tres después de Afganistán y Mali», señaló con cierta ironía macabra. Ha pasado más de medio año desde aquella conversación y las huestes del Estado Islámico de Irak y Levante (ISIS), a cuya disciplina pertenecía el militante saudí, se encuentran muy cerca de conseguir su propósito.

Su líder, Abu Bakr al Baghdadi se ha convertido en uno de los principales referentes del yihadismo internacional, hasta el punto de disputar su liderazgo al sucesor oficial de Osama Bin Laden, el egipcio Ayman al Zawahiri. La facción radical ha establecido su «capital» de facto en la ciudad siria de Raqqa, sometida ahora a un régimen islamista tan extremo que ha llegado a recuperar las crucifixiones y las amputaciones.

Los extremistas han reconvertido la principal iglesia armenia de Raqqa en una de sus oficinas, tras destruir las cruces que la coronaban. Ahora, sobre su tejado ondea la bandera negra islamista con la que se identifica al grupo. El pasado mes de mayo, los fundamentalistas volaron el imponente mausoleo shía dedicado a la figura de Ammar ibn Yaser, un antiguo compañero del profeta Mahoma.


«Han impuesto un régimen de terror»

«Han impuesto un régimen de terror: secuestran, ejecutan.. No es sólo contra cristianos o shías. Consideran infieles incluso a los miembros de Al-Qaeda», asegura Mohamed Hamudi, un activista del Raqqa, que tuvo que huir de esa villa hace 5 meses al verse amenazado por los extremistas.

Hamudi era miembro de Haquna, una organización dedicada a promover la democracia, ilegalizada por el ISIS, y cuyos miembros han tenido que exiliarse en su mayor parte a Turquía. «Tan sólo en Raqqa han secuestrado a 1.200 personas», acota Hamudi. «Ahora (los miembros de Haquna) estamos en las listas de 'buscados', como en la época del régimen (de Bashar al Asad)», le secunda Gaith al Fakhri, otro militante de Haquna.

Para los yihadistas, Siria y —en especial Raqqa— están adquiriendo una simbología inédita en las últimas décadas. «(Para ellos) Es el centro de gravedad y el posible lugar de nacimiento de un estado islámico», opinó el profesor Peter Neumann, del King's College de Londres, citado por AFP.

Al mismo tiempo tanto Raqqa, como el resto de los territorios sirios que controla el ISIS son ahora una inmensa «universidad yihadista» para miles de combatientes foráneos. En un reciente informe el Grupo Soufan, un think tank de EEUU, estimó en al menos 12.000 el número de militantes extranjeros que se han unido a esta facción en Siria, 3.000 de ellos procedentes de países occidentales.


Voluntarios de todas las nacionalidades

El pasado 30 de mayo, una de las cuentas twiter que difunde información del ISIS en Raqqa aseguraba que una nueva promoción de 600 combatientes se había «graduado en los campos de entrenamiento» de la facción radical. Este periodista visitó hace meses uno de los centros de acogida del ISIS en Alepo, instalado en una antigua fábrica de muebles. El recinto estaba repleto de decenas de «voluntarios» de todas las nacionalidades y orígenes: desde europeos anglosajones —incluido un chaval que hablaba un perfecto español con acento andaluz— a negros africanos.

Omar al Shaker, un conocido activista opositor de Homs refugiado ahora en Líbano, reconoce que el ISIS es quizás la facción armada más «activa en las redes sociales», que usan como reclamo. «Sus tuits se cuentan cada día entre los más retuiteados. Utilizan las redes sociales para captar seguidores en Occidente», afirma.

Un desertor del propio movimiento extremista, entrevistado hace días en la CNN confirmó este extremo hasta el punto de indicar que Twitter es sólo el primer paso de un sofisticado entramado donde los radicales captan a sus simpatizantes occidentales a través de internet y tras largas conversaciones en Skype, supervisadas por una unidad especial de «reclutamiento».

Conseguir nuevos seguidores occidentales

En su afán por conseguir la adhesión de nuevos seguidores en Occidente, el ISIS difundió hace días la primera edición de un semanario en inglés —Islamic State Report («Informe del Estado Islámico»)— y un vídeo en alemán subtitulado para el público anglosajón. En la grabación un yihadista, de aspecto occidental, canta loas a Baghdadi, el líder del ISIS, anuncia «buenas nuevas... el regreso de la Sharia (ley islámica) y el Estado Islámico» y pide abiertamente a sus simpatizantes que acudan, «y se unan a las filas» del ISIS.

Islamic State Report pretende dar una idea del creciente grado de institucionalización que está adquiriendo el control que mantiene el ISIS sobre Raqqa. La publicación recoge una entrevista con el responsable de la formación de los nuevos clérigos de ese territorio, el jeque Abul Hawraa al Jazaairi, quien explica que ya han educado a decenas de ellos en un centro educacional creado ex profeso y que, además, han prohibido la presencia en las mezquitas de aquellos que no pasen por ese filtro.

Imitando a cualquier publicación europea, Islamic State Report promociona su segundo reportaje en un tono rayando con el sensacionalismo. «De patrulla con la oficina de protección al consumidor», reza. Abu Salih Al Ansari, responsable de esta unidad especializada en comprobar que no se vendan alimentos en mal estado, o que no se ajusten a las directrices islamistas del ISIS, aclara que incluso han habilitado un teléfono para atender las quejas del público.