domingo, 9 de marzo de 2014

La hiena, el animal maldito


Pocas criaturas resultan tan temibles como las hienas. Sin embargo, ni son tan carroñeras ni tan despiadadas como las pintan. Todo lo contario. Nuevos estudios han puesto de manifiesto su magnifica organización social, la anatomía increíble de sus hembras y su potente cerebro, que las convierten en uno de los animales más inteligentes de la sabana.

Por FERNANDO GONZÁLEZ SITGES
XL Semanal, 1374 (28 febrero-1 marzo 2014)

La cacería había sido un éxito. La estrategia del grupo había dado resultado. Tres adultos habían separado a la presa de la manada y otros tres habían cogido el relevo, atacando por los flancos. Mordían a la víctima en el vientre hasta que finalmente la tiraron al suelo, donde el resto de la familia acabó con ella. Eran hienas, grandes cazadoras unidas por unos lazos sociales férreos, un arma adaptativa que las convertía en las más formidables cazadoras de la sabana.

La familia se puso a comer. A reponer fuerzas después de la jornada de caza. Luego tendrían que llevar parte de la carne a su madriguera para alimentar a los más pequeños. El grupo trabajaba por el bien común; compartía tareas, recompensas y esfuerzos para sacar adelante a los miembros más jóvenes. Todo parecía salir conforme a lo previsto cuando apareció una leona. Las hienas se pusieron en guardia, pero no dejaron de engullir. La leona, también hambrienta, se mantuvo al margen. Sabía que si se acercaba sola a la presa de sus enemigas la despedazarían en cuestión de minutos. Ella era más fuerte, pero el número de sus rivales la dejaba en inferioridad de condiciones.


Poco tiempo después, otras tres leonas se unieron a la primera. Aun así, y a pesar de la aureola de poder y grandeza con la que los humanos las hemos imaginado, las leonas no se atrevían ni siquiera a acercarse a las hienas. Pero entonces sucedió algo que alteró la balanza por completo. Dos leones adultos llegaron tras las hembras. Estos ni siquiera se plantearon esperar. Gruñendo amenazadoramente, se lanzaron contra las hienas. Las leonas siguieron a los machos y, ante la carga de los felinos, las hienas abandonaron su presa. Una vez más, los leones les habían robado el fruto de su cacería.

Pese a la creencia popular, las hienas no son unas despreciables carroñeras que roban 'el pan' a los magníficos leones. Más bien al contrario. Peores cazadores que estas, suelen ser los leones los que para alimentarse se aprovechan del eficaz trabajo de las hienas. Pero como las hienas nos resultan repugnantes por su aspecto y los leones nos parecen tan fuertes y elegantes que les hemos otorgado el título de 'rey de la selva', seguimos perpetuando una creencia errónea. Y es que, nos guste su aspecto o no, los hiénidos son unos seres extraordinarios.

Los primeros antecesores de las hienas aparecieron hace 26 millones de años. Estas criaturas pequeñas y arbóreas empezaron a evolucionar y hace cinco millones de años eran ya como las actuales, pero de mucho mayor tamaño. Aquellas hienas gigantes, capaces de triturar los huesos de un elefante, dieron el relevo a las especies actuales; más pequeñas, más adaptables, más eficientes. Hoy, la familia cuenta con tres géneros y cuatro especies: la hiena rayada (1), la parda (2), la manchada (3) y, en un género muy diferenciado, el llamado lobo de tierra (4). De todas ellas la más poderosa, la de lazos sociales más complejos y la más extendida es la hiena manchada, la que todos imaginamos cuando se habla de ellas.


Armadas con unas mandíbulas capaces de producir la mordida más poderosa que existe entre todos los mamíferos terrestres, las hienas son unos eficaces cazadores y no unos carroñeros despreciables. Más del 80 por ciento de toda la carne que consumen lo consiguen cazando. El extraordinario éxito de sus cacerías se debe a que han desarrollado unos complejos lazos sociales que les permiten cooperar repartiéndose las tareas de la caza, el cuidado de los pequeños y la vigilancia del territorio. Y estos vínculos sociales tan sofisticados y exitosos se rigen por otra singularidad de las hienas: el matriarcado.

Un matriarcado férreo y una jerarquía muy marcada rige la vida de estos animales. Las hembras ostentan el poder. Son de mayor tamaño que los machos y, por tanto, más poderosas. Ellas deciden cuándo, cómo y con quién se aparean. Mientras en otras especies de mamíferos el macho más fuerte se hace con las hembras, las domina y se aparea con ellas, aquí son las hembras las que eligen con quién tendrán su descendencia. Incluso si fueran 'violadas' por un macho, tienen la capacidad física de expulsar el esperma no deseado y no quedarse preñadas de quien no quieran. Una hembra 'alfa', la matriarca dominante, manda sobre el resto de la comunidad. Y como resultado son, probablemente, los predadores más efectivos de las sabanas africanas.


Recientes estudios etológicos que diferentes científicos han realizado observando grupos de hienas manchadas en libertad han descubierto que estos animales son mucho más inteligentes de lo que en un principio se creía. Ahora se sabe que sus lazos y relaciones sociales pueden compararse con los de los primates superiores. Los miembros de los grupos de hienas manchadas, que pueden llegar a ser más de 80, se comunican por un complejo sistema de olores y de sonidos donde aullidos, gritos y diferentes vocalizaciones —entre las que se encuentra la famosa 'risa' de las hienas— consiguen transmitir diferentes mensajes.

A pesar de su aspecto, las hienas están más emparentadas con los felinos y los vivérridos que con los cánidos. Es una más de las desconcertantes singularidades de estos animales que parecen lo que no son, se ganan famas que no merecen y despiertan animadversiones entre los diferentes pueblos humanos con los que comparten territorio por razones que no se corresponden con la realidad. Entre los pueblos africanos se dice que las hienas son la cabalgadura del diablo, de ahí que lleven los cuartos traseros más bajos, como si un jinete invisible las montara. Dicen también, y así lo cuenta Karen Blixen en su famosa Memorias de África, que los hechiceros y brujas indígenas se esconden con frecuencia tomando la forma de una hiena y que únicamente se los puede descubrir observando si la hiena en cuestión tiene una boca escondida en la nuca. Para nosotros resultan supersticiones indígenas, miedos de gentes poco cultivadas. Exactamente igual que aquellas ideas que presentan a las hienas como carroñeros despreciables a la sombra del majestuoso rey de la selva.


PARA SABER MÁS:
Hyena. Mikita Brottman. Animal Series. Reaktion Books, 2012.
Innocent killers: a fascinating journey through the worlds of the hyena, the jackal and the wild dog, Hugo Van Lawick y Jane Goodall. Houghton Miffl in Co., 1971.

2 comentarios:

Alda Odette dijo...

Qué buen artículo, quita el mito de que son lo más despreciable del reino animal... cuando en realidad tienen más cualidades que defectos.
Gracias por compartir.

Javier Pérez dijo...

Hemos hecho símbolos del león y del águila, cuando nuestra historia evolutiva nos asemeja más a la hiena y al cuervo. Con frecuencia estas especies despreciadas nos dicen mucho más de nosostros mismos.