jueves, 6 de marzo de 2014

Muere Leopoldo María Panero, poeta incorrecto de genio maldito

 

LUTO EN EL MUNDO DE LA CULTURA

Último de la saga de los Panero, alumbró el grueso de su indómita obra en las instituciones psiquiátricas en las que pasó la mayor parte de su vida

MIGUEL LORENCI

Poeta de genio maldito, alucinado, autodestructivo, brillante e indómito, último de una estirpe de poetas, Leopoldo María Panero ha muerto este jueves con 65 años a causa de un fallo multiorgánico. Transgresor, inclasificable y desbordante talento poético, pasó buena parte de su vida en instituciones psiquiátricas sin que su inestabilidad emocional y mental le impidiera publicar con regularidad y firmar una de las obras más singulares, potentes, atormentadas y lúcidas de la poesía española del último medio siglo.

Sobrevivió a sus hermanos también poetas, 'Michi', el menor, y Juan Luis, el mayor, para fallecer en el hospital de Las Palmas de Gran Canaria en el que había ingresado voluntariamente. Fueron sus editores del sello Huerga & Fierro quienes dieron cuenta del fallecimiento del último Panero con un emotivo mensaje e las redes sociales. «Amigo Leopoldo María Panero, siempre has sido un extraordinario poeta, fiel y amigo de tus amigos. Allí donde estés, que sepas que te echaremos de menos. Te queremos. Descansa en paz».

Hijo del poeta astorgano Leopoldo Panero y la escritora y actriz Felicidad Blanc, sobrino del también poeta Juan Panero, creció en un ambiente literario alimentado por el aliento poético de su padre, cima de la poesía de posguerra y afín al régimen de Franco. Había nacido en Madrid el 16 de junio de 1948 y la poesía fue una vocación muy temprana a la que Leopoldo María se entregó mientras cursaba unos estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y Filología Francesa en la Universidad Central de Barcelona. Ni las normas ni académicas ni sociales estaban hechas para un iconoclasta, un apóstol de la incorrección y la irreverencia que condenó sin paliativos el «conocimiento formal» y se adentró por su cuenta en las fuentes más hondas y ricas de la poesía francesa y anglosajona.

Capaz de memorizar toda la poesía de Rimbaud y Baudelaire, dueño de una prodigiosa memoria y una displicente y mordaz inteligencia, traductor excelso y acerado ensayista, el tabaco, el alcohol y las drogas fueron compañeros de viaje del poeta desde su conflictiva y delirante adolescencia.

Antifranquista furibundo, antes de cumplir veinte años había pasado ya por varias detenciones y etapas de reclusión en centros especializados y se había ganado la etiqueta de maldito que se haría perenne. Incapaz de socializar, enfrentado a su familia en una relación tóxica de la que da cuenta la película El desencanto de Jaime Chávarri a mediados de los setenta, pasaría la mayor parte de su vida adulta en centros de tratamiento psiquiátrico como el de Mondragón (Guipúzcoa), donde permaneció una década y alumbró algunos de sus poemas más divulgados. Sus últimos años transcurrieron en la unidad psiquiátrica del Hospital Rey Juan Carlos I de la capital grancanaria, en el que estaba tutelado en régimen abierto.

El poemario Por el camino de Swan (1968) fue su brillante debut, un poemario deslumbrante al que siguieron Así se fundó Carnaby Street (1970) o Teoría (1973). El editor Josep María Castellet incluyó sus poemas en su mítica antología Nueve novísimos poetas españoles, junto a Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero o Ana María Moix, fallecida también con 66 años la semana pasada.

Publicó un sinfín de poemarios de marcado carácter autobiográfico como Jardín en vano (2007), Outsider, un arte interior (Versos esquizofrénicos, Poemas sugeridos por los dibujos de esquizofrénicos) (2007), Páginas de excremento o dolor sin dolor (2008), Gólem (2008), Mi lengua mata (2008) Sombra (2008) o Escribir como escupir (2008). En 2003 había aparecido una antología poética que merecería el Premio Estaño de Literatura y el año pasado recopiló en Poesía completa todos sus poemarios publicados entre los años 2000 y 2010, en una edición de Túa Blesa para el sello 'Visor' en los que primaban palabras como silencio, vacío o muerte.