miércoles, 3 de abril de 2019

AMOR Y RABIA se despide de Internet


Tras 6 años de actuar en el espacio digital, el grupo Amor y Rabia desaparecerá de internet y centrará sus actividades en torno al papel.

Motivos para esta decisión hay muchos, pero sin duda la gota que ha colmado el vaso es la directiva de Copyright de la UE, que pone punto final a internet como la hemos conocido hasta ahora. Aunque sus efectos tardarán en notarse, el objetivo es claro: crear un instrumento que permita acabar con la disidencia informativa, camuflando la censura con la defensa de la propiedad.

Se aproximan tiempos difíciles, las nubes ya se asoman en el horizonte. Tras una década viviendo en el Mundo Feliz avanzamos hacia un 1984 supertecnológico en un contexto que cada vez se parece más al de la década de los 20 y 30, cuando la otrora potencia hegemónica —el Imperio Británico— se derrumbaba, dando lugar a un carrera armamentística paralela al establecimiento de bloques económicos autárticos.

El mundo virtual creado por la digitalización está devorando el mundo real y sustituyéndolo por un Pueblo de Potemkin, y convierte Fahrenheit 451 en un juego de niños, como demostró el Estado alemán en 2017, al eliminar con tan sólo apretar un botón una filial alemana de Indymedia. Existir en este decorado, en el que la información es un bien con fecha de caducidad inmediata y de valor ínfimo, es una carrera diaria eterna a ninguna parte, que consume un tiempo inmenso a cambio de (casi) nada.

Tras el final de nuestra presencia digital, nuestras cuentas se mantendrán inactivas y centraremos nuestros esfuerzos en levantar una infraestructura que nos permita volver al mundo real, de papel. Quien tenga interés en apoyarnos puede ponerse en contacto con nosotros a través de nuestra dirección de correo electrónico: colectivo.editorial.ayr@gmail.com. Al resto, agradecer vuestro interés durante estos años. Salud.

martes, 19 de marzo de 2019

Charles Darwin (obituario)

 Unos meses antes de ser arrestado y encarcelado Kropotkin, durante una breve estancia en Inglaterra coincidió con la muerte de Darwin (19 de abril de 1882); días después para su periódico LE RÉVOLTÉ escribió una necrológica en honor al inglés. Considerado erróneamente como el 'padre de la Evolución', otros naturalistas la describieron antes que él; en realidad fue el coautor (junto a Wallace) de la teoría de la selección natural. Aunque Darwin y el darwinismo están relacionados, no son lo mismo. Kropotkin ya lo manifestó años después, vinculándolo al lamarckismo.

La visión competitiva y violenta de la naturaleza del darwinismo fue refutado por el mismo Kropotkin en una serie de escritos que dieron al libro EL APOYO MUTUO, a finales del siglo XIX. Pero en este escrito ya se vislumbraba su oposición a tal observación. Además reconocia que el pensamiento y los modelos teóricos científicos no son obra de un solo hombre, sino de varios, de su tiempo.


   Por P. KROPOTKIN

La humanidad acaba de perder en la persona de Charles Darwin a un sabio que no solo dio una dirección verdaderamente científica y racional a las investigaciones sobre la ley del desarrollo de los seres organizados, sino también a aquel que contribuyó más eficazmente, quizá sin quererlo, a derribar los prejuicios religiosos y que ejerció una mayor influencia sobre el desarrollo del espíritu crítico y de demolición de nuestro siglo.

En su obra El origen de las especies y en toda la serie de trabajos que la siguieron, Darwin demostró y estableció científicamente que la inmensa variedad de formas animales y vegetales que podemos observar sobre nuestro globo terrestre no es la obra de un creador que se habría divertido en crear hoy un polípero, mañana un pez y pasado mañana un mono o un hombre. Darwin demostró que toda esta variedad de formas fue el resultado natural de la acción de las fuerzas físicas actuando durante miles y millones de siglos, primero sobre las células más simples, después sobre las aglomeraciones de células y más tarde sobre los vegetales y los animales —simples al principio y cada vez más complejos conforme pasaban los siglos—, diversificándose según los diversos climas y medios en los que vivían y se propagaban.

Darwin demostró que el hombre, que siempre ha querido situarse fuera y por encima del mundo animal, ha tenido exactamente el mismo origen que el resto de los animales. La especie humana no es más que una especie de animales perfeccionados en relación con sus antepasados —no siendo este perfeccionamiento sino una mejor adaptación al medio ambiente y un desarrollo de facultades y de estructuras favorables en la lucha por la existencia—. Durante un período de muchos centenares de siglos, el hombre y el mono tuvieron por antepasado común una especie animal que, al desarrollarse en direcciones diferentes, desembocó por un lado en el mono y por otro en el hombre. De este modo, el hombre y el mono son primos hermanos como lo son el caniche y el terranova. Pero lo que el arte ha logrado realizar con estas dos razas de perro lo ha hecho el desarrollo natural al producir estas otras dos especies: el hombre y el mono.

Hace veinte años, cuando los ateos discutían con los creyentes, estos últimos formulaban una pregunta que resultaba muy difícil de responder recurriendo a la ciencia. ¿Cómo es posible explicar que los animales y las plantas estén tan admirablemente adaptados al medio que habitan? ¿Cómo es posible que la garza esté tan bien hecha para habitar las marismas, el águila para la caza, el camello al desierto, el pez al agua, etc.? Darwin demostró que esta organización, adaptada al medio, es una consecuencia de la «selección natural», ayudada por la «lucha por la existencia». La influencia del medio produce primero ciertos cambios de organización; estos cambios se transmiten luego a las crías y en ellos se acentúan. La gacela que es un poco más ágil que las otras, el águila que tiene un ojo un poco más preciso o el camello un poco más capaz de soportar la sed tienen más posibilidades de sobrevivir en la lucha por la existencia y de dejar una descendencia que, al heredar sus cualidades, las desarrollará más ampliamente. Si hoy en día el camello está tan bien hecho para el desierto y la garza para la marisma es porque todos los que nacen mal adaptados al medio ambiente perecen o tienen menos oportunidades de dejar descendencia, mientras que los mejor adaptados sobreviven y dejan a sus pequeños, que se les parecen. El espíritu de un creador o de la naturaleza no tiene ningún papel aquí. Es el simple resultado de causas naturales.

La burguesía ha buscado convertir la «lucha por la existencia» en un argumento contra el socialismo. Es comprensible: suele hacer leña de todo árbol caído. Pero —sin entrar en desarrollos que el formato de Le Révolté no admite— baste decir que los hechos establecidos por Darwin son absolutamente contrarios a las teorías que pretende sostener la burguesía. «Los mejor adaptados al medio son aquellos que mejor sobreviven en la lucha por la existencia» dice la ciencia. Pero ¿quién está mejor adaptado al medio? ¿El que lo produce todo, el que inventa, el que es capaz de trabajar con sus manos y la cabeza, de dominar su existencia y desarrollarse —el obrero, en una palabra—, o bien ese ser abyecto que no sabe hacer otra cosa que reproducirse, que desprecia el trabajo, que no sabe hacer otra cosa que despilfarrar lo que otros han producido? Este ser está condenado por la naturaleza a morir, y morirá, ya está muriendo. Esto es lo que dice la ciencia.

Por otra parte, si bien Darwin no lo dijo él mismo, otros, aplicando sus métodos y desarrollando sus ideas, han demostrado que las especies son sociables, en las que todos los individuos son solidarios los unos con los otros, son precisamente las que más prosperan, se desarrollan y se propagan, mientras que las especies que viven del robo, como por ejemplo el halcón, están en decadencia en toda la superficie del globo. La solidaridad y el trabajo solidario es lo que consolida a las especies en la lucha que deben mantener contra las fuerzas hostiles de la naturaleza para asegurar su existencia. Esto es lo que nos dice la ciencia. Las investigaciones de Darwin y sus sucesores, lejos de justificar la explotación —lo cual les resultaría imposible—, son por el contrario un excelente argumento para demostrar que el mejor modo de organización de una sociedad animal es la organización comunista-anarquista.


Como sabio y como inglés, Darwin no llegó por sí mismo hasta las últimas consecuencias de sus investigaciones. Pero otros han desarrollado sus ideas y han explicado su auténtica significación, y sus ideas han dado un nuevo empuje al movimiento ateo. En Rusia ha contribuido poderosamente (en la medida en que una idea científica puede contribuir) al desarrollo del movimiento revolucionario y a conformar el espíritu crítico del nihilismo.

Analizar la influencia de Darwin sobre el desarrollo de las ciencias naturales no es nuestro campo. Sin embargo, aún nos quedan dos hechos que dar a conocer en nuestra pequeña nota.

El primero concierne a la influencia nociva de los «sabios» oficiales sobre la ciencia. Cuando Darwin publicó su libro en 1859, todos los sabios (con muy pocas excepciones) se pusieron en su contra; mientras que todo el público, la gran masa, se puso a su favor. Durante diez, quizá quince años, los sabios no dejaron de decir: «Las hipótesis del señor Darwin son muy ingeniosas, pero no tiene base científica». Las academias rechazaban abrirle sus puertas. Sin embargo la masa, el público, los jóvenes, obligaron a los sabios a aceptar las ideas de Darwin. Hoy sería difícil encontrar a diez de ellos que dudasen de la exactitud de sus ideas.

Darwin fue un gran trabajador. Al comprobar la inmensidad de las investigaciones que llevó a cabo, se comprende que tuvo que indagar duramente durante toda su vida para reunir ese acervo formidable de hechos sobre los cuales basó sus teorías. No en vano, tardó treinta años en recogerlos antes de publicar su obra. En la sociedad del futuro, cuando todo el mundo tenga la educación que Darwin tuvo al comienzo de sus estudios y la posibilidad de dedicarse a la ciencia, cuando cualquiera pueda concebir una hipótesis y necesite recoger grandes cantidades de datos para verificarla, este trabajo podrá llevarse a cabo en pocos años gracias a los esfuerzos colectivos. En una sociedad comunista no pasarán treinta años entre la enunciación de una hipótesis y su constatación científica mediante pruebas necesarias: se logrará en dos, tres años. Y la idea, lanzada al mundo, encontrará millones de cerebros dispuestos a hacerse con ella, a desarrollarla, a hacerla dar sus frutos.


Una última observación. Tenemos la vieja costumbre de decir: «Teoría de Darwin». Designar las teorías por el nombre de su autor refleja la pervivencia de un lenguaje surgido del régimen de la propiedad privada. En efecto, sería un gran error que fue el cerebro de Darwin el que descubrió la bella teoría de la «selección natural». Como todo gran descubrimiento, esta teoría estaba ya en el ambiente de nuestro siglo. Los sabios de la Francia revolucionaria del siglo pasado la habían previsto, y en el mismo momento en que Darwin publicaba su libro, otro sabio, Wallace, publicaba una obra sobre el mismo tema y Spencer llegaba a conclusiones análogas por otras vías. Lo que debemos a Darwin es haber elaborado esta teoría bajo todos sus aspectos, haber elucidado hechos que parecían contradictorios y haber acumulado formidables masas de pruebas para apoyarla. Pero la teoría sobre el origen de las especies no es la obra de un solo individuo, es la obra del siglo XIX.

LE RÉVOLTÉ
Nº 5/29 abril 1882

lunes, 11 de marzo de 2019

Proyecto de Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra


PREÁMBULO

Nosotros, los pueblos de la Tierra:

Considerando que todos somos parte de la Madre Tierra, una comunidad indivisible vital de seres interdependientes e interrelacionados con un destino común. Reconociendo con gratitud que la Madre Tierra es fuente de vida, alimento, enseñanza, y provee todo lo que necesitamos para vivir bien. Reconociendo que el sistema capitalista y todas las formas de depredación, explotación, abuso y contaminación han causado gran destrucción, degradación y alteración a la Madre Tierra, colocando en riesgo la vida como hoy la conocemos, producto de fenómenos como el cambio climático. Convencidos de que en una comunidad de vida interdependiente no es posible reconocer derechos solamente a los seres humanos, sin provocar un desequilibrio en la Madre Tierra. Afirmando que para garantizar los derechos humanos es necesario reconocer y defender los derechos de la Madre Tierra y de todos los seres que la componen, y que existen culturas, prácticas y leyes que lo hacen. Conscientes de la urgencia de tomar acciones colectivas decisivas para transformar las estructuras y sistemas que causan el cambio climático y otras amenazas a la Madre Tierra. Proclamamos esta Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra, y hacemos un llamado a la Asamblea General de las Naciones Unidas para adoptarla, como propósito común para todos los pueblos y naciones del mundo, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, se responsabilicen por promover mediante la enseñanza, la educación, y la concientización, el respeto a estos derechos reconocidos en esta Declaración, y asegurar a través de medidas y mecanismos prontos y progresivos de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universal y efectivos, entre todos los pueblos y los Estados del Mundo.


PROPUESTAS Y RESÚMENES

Artículo 1: La Madre Tierra

La Madre Tierra es un ser vivo.

La Madre Tierra es una comunidad única, indivisible y autorregulada, de seres interrelacionados que sostiene, contiene y reproduce a todos los seres que la componen.

Cada ser se define por sus relaciones como parte integrante de la Madre Tierra.

Los derechos inherentes de la Madre Tierra son inalienables en tanto derivan de la misma fuente de existencia.

La Madre Tierra y todos los seres que la componen son titulares de todos los derechos inherentes reconocidos en esta Declaración sin distinción de ningún tipo, como puede ser entre seres orgánicos e inorgánicos, especies, origen, uso para los seres humanos, o cualquier otro estatus.

Así como los seres humanos tienen derechos humanos, todos los demás seres de la Madre Tierra también tienen derechos que son específicos a su condición y apropiados para su rol y función dentro de las comunidades en los cuales existen.

Los derechos de cada ser están limitados por los derechos de otros seres, y cualquier conflicto entre sus derechos debe resolverse de manera que mantenga la integridad, equilibrio y salud de la Madre Tierra.


Artículo 2: Derechos Inherentes de la Madre Tierra

1. La Madre Tierra y todos los seres que la componen tienen los siguientes derechos inherentes:
a) Derecho a la vida y a existir.

b) Derecho a ser respetada;

c) Derecho a la regeneración de su biocapacidad y continuación de sus ciclos y procesos vitales libres de alteraciones humanas.

d) Derecho a mantener su identidad e integridad como seres diferenciados, auto-regulados e interrelacionados.

e) Derecho al agua como fuente de vida.

f) Derecho al aire limpio.

g) Derecho a la salud integral.

h) Derecho a estar libre de contaminación, polución y desechos tóxicos o radioactivos.

i) Derecho a no ser alterada genéticamente y modificada en su estructura amenazando su integridad o funcionamiento vital y saludable.

j) Derecho a una restauración plena y pronta por las violaciones a los derechos reconocidos en esta Declaración causados por las actividades humanas.
2. Cada ser tiene el derecho a un lugar y a desempeñar su papel en la Madre Tierra para su funcionamiento armónico.

3. Todos los seres tienen el derecho al bienestar y a vivir libres de tortura o trato cruel por los seres humanos.


Artículo 3: Obligaciones de los seres humanos con la Madre Tierra

1. Todos los seres humanos son responsables de respetar y vivir en armonía con la Madre Tierra;

2. Los seres humanos, todos los Estados, y todas las instituciones públicas y privadas deben:
a) Actuar acorde a los derechos y obligaciones reconocidos en esta Declaración.

b) Reconocer y promover la aplicación e implementación plena de los derechos y obligaciones establecidos en esta Declaración.

c) Promover y participar en el aprendizaje, análisis, interpretación y comunicación sobre cómo vivir en armonía con la Madre Tierra de acuerdo con esta Declaración.

d) Asegurar de que la búsqueda del bienestar humano contribuya al bienestar de la Madre Tierra, ahora y en el futuro.

e) Establecer y aplicar efectivamente normas y leyes para la defensa, protección y conservación de los Derechos de la Madre Tierra.

f) Respetar, proteger, conservar, y donde sea necesario restaurar la integridad de los ciclos, procesos y equilibrios vitales de la Madre Tierra.

g) Garantizar que los daños causados por violaciones humanas de los derechos inherentes reconocidos en la presente Declaración se rectifiquen y que los responsables rindan cuentas para restaurar la integridad y salud de la Madre Tierra.

h) Empoderar a los seres humanos y a las instituciones para defender los derechos de la Madre Tierra y todos los seres que la componen.

i) Establecer medidas de precaución y restricción para prevenir que las actividades humanas conduzcan a la extinción de especies, la destrucción de ecosistemas o alteración de los ciclos ecológicos.

j) Garantizar la paz y eliminar las armas nucleares, químicas y biológicas.

k) Promover y apoyar prácticas de respeto a la Madre Tierra y todos los seres que la componen, acorde a sus propias culturas, tradiciones y costumbres.

l) Promover sistemas económicos en armonía con la Madre Tierra y acordes a los derechos reconocidos en esta Declaración.

Artículo 4: Definiciones

1. El término «ser» incluye los ecosistemas, comunidades naturales, especies y todas las otras entidades naturales que existen como parte de la Madre Tierra.

2. Nada en esta Declaración podrá restringir el reconocimiento de otros derechos inherentes de todos los seres o de cualquier ser en particular.


jueves, 7 de marzo de 2019

Asesinar la esperanza

El guatemalteco Jacobo Árbenz y el chileno Salvador Allende
ambos fueron derrocados por golpes de Estado organizados
por la CIA en 1954 y en 1973, respectivamente.

Por JEAN BRICMONT

Sin embargo, el verdadero problema es mucho más profundo. Para utilizar un eufemismo, consiste en una pérdida de oportunidades para el Tercer Mundo. Hoy día el lema «otro mundo es posible» es reivindicado por los sectores críticos a la globalización económica. Pero si eso es cierto hoy ¿por qué no lo fue ayer? Intentemos imaginar un mundo así. Un mundo en el que el Congo, Cuba, Vietnam, Brasil, Chile, Iraq, Guatemala y muchos otros países hubiesen podido desarrollarse sin la constante interferencia occidental. Un mundo en el que los movimientos laicos de los países árabes hubieran continuado modernizando el Medio Oriente, sin tener que afrontar el doble obstáculo de la agresividad del sionismo «moderno» y del oscurantismo feudal, apoyados ambos por las potencias occidentales. Un mundo en el que el 'apartheid' hubiera sido erradicado mucho antes, evitando los desastres y las guerras que provocó.

Evidentemente, semejante «otro mundo» no sería un paraíso sobre la tierra. Habría sin duda guerras civiles, masacres y hambrunas. Pero Occidente tampoco es un paraíso y lo fue aún menos durante toda su etapa de modernización, con niños trabajando en las minas, semiesclavos trabajando en las colonias y decenas de millones masacrados en las dos grandes guerras civiles europeas, a las que llamamos guerras mundiales. No obstante, resulta difícil creer que la situación no sería mejor si los países del Tercer Mundo hubiesen tenido la ocasión de buscar sus propias vías de desarrollo, en lugar de estar sometidos a líderes impuestos por Occidente. Comparemos, en términos de inteligencia, humanidad y honestidad, los líderes que «ellos» produjeron y aquellos que Occidente apoyó en su contra: Árbenz y los dictadores guatemaltecos, Sukarno y Suharto, Lumumba y Mobutu, los sandinistas y Somoza, Goulart y los generales brasileños, Allende y Pinochet, Mandela y el 'apartheid', Mossadegh y el Sha, y hoy, Chávez y los golpistas venezolanos.

Podríamos también imaginar la influencia positiva que las políticas de salud pública y reforma agraria podrían haber tenido en otros países pobres si esos experimentos, no sólo en China y Cuba sino por ejemplo en Guatemala a principios de los años cincuenta, no hubieran tenido que afrontar la permanente hostilidad de Occidente. Si reflexionamos sobre eso, por más que sea imposible hacer un cálculo preciso, llegaríamos a la conclusión de que la obstrucción occidental a esas medidas progresistas no ha costado millones, sino centenares de millones de vidas destruidas por el hambre, las enfermedades y la pobreza. Para citar un ejemplo simple, en 1989 los economistas Jean Drèze y Amartya Sen calcularon que, partiendo de condiciones básicas similares, China y la India siguieron diferentes vías de desarrollo y que la diferencia entre los sistemas sociales de los dos países (especialmente en lo concerniente a la atención sanitaria) dieron como resultado 3,9 millones de muertes anuales suplementarias en la India. Eso significa que «la India genera más cadáveres cada ocho años que los que China generó durante las grandes hambrunas de 1958-1961». Por supuesto, las hambrunas chinas son atribuidas al comunismo, pero a nadie se le ocurriría atribuirle las muertes suplementarias en la India al capitalismo o a la democracia.

En 1954, Conferencia de Bandung, donde se reunieron
varios dirigentes de países del Tercer Mundo.

Permítaseme aclarar que la crítica hecha aquí es independiente de todo lo que se pueda pensar del colonialismo clásico. Éste ha sido aun más violento que el imperialismo contemporáneo. Pero indirectamente contribuyó a difundir los conocimientos médicos y científicos, así como ciertas ideas liberales y democráticas en lugares donde no se las conocía. Eso no quiere decir que tal difusión de ideas justifique las decenas de millones de muertes provocadas por el colonialismo, ni que la difusión de esos conocimientos no hubiese sido posible de otro modo. Lo que cabe especificar aquí es que la situación actual es completamente diferente. Con demasiada frecuencia las políticas de Estados Unidos han estado dirigidas contra aquellos movimientos que eran esencialmente «modernizadores»; por ejemplo, los que surgieron a partir de la Conferencia de Bandung y que sencillamente pretendían que sus sociedades se beneficiasen de las ventajas de la ciencia y, en ciertos casos, de la democracia. Conviene también decir que las políticas de presidentes elegidos democráticamente, como Allende en Chile y Árbenz en Guatemala, no eran mucho más radicales que las adoptadas por los socialdemócratas suecos a partir de 1931 o por los laboristas británicos después de 1945. Pero las primeras debieron afrontar una oposición respaldada desde el exterior mucho mayor que las segundas.

Contra estos movimientos, Occidente con frecuencia ha apoyado las tendencias más feudales y oscurantistas de las sociedades donde aquellos habían surgido, por ejemplo en Angola, Afganistán o Indochina. Finalmente, el simple hecho de que Occidente se aboque al pillaje de los recursos naturales y a apoyar a Israel al mismo tiempo que se presenta como el campeón de la modernidad y de la Ilustración, sólo sirve para desacreditar estos conceptos, especialmente en el mundo musulmán. El egoísmo y la visión a corto plazo de las políticas occidentales no hacen más que debilitar las ideas universalistas que tan fervientemente dicen defender.

(2005)

domingo, 3 de marzo de 2019

Evolución, especiación y adaptación

Por DANIEL HEREDIA DOVAL

VISIÓN GENERAL PERSONAL

Tradicionalmente se consideran a los fenómenos de adaptación, especiación y evolución como un proceso continuo derivado de la actuación de la selección natural sobre las poblaciones, las mutaciones puntuales que aparecen en su seno y la reproducción diferencial de los más adecuados. Sin embargo, es un error inaceptable considerar bajo una lupa reduccionista la diversidad de la vida, admitiendo que todo se debe a la extrapolación de un único y omnipotente proceso de gran simplicidad.

Además, los análisis procedentes de distintas disciplinas establecen diferencias entre la adaptación, la especiación y la evolución (comúnmente llamada «macroevolución» debido al caos terminológico en que nos situamos).

He aquí mi visión personal de tres aspectos fundamentales, relacionados pero no concatenados.

Adaptación

La adaptación es el proceso por el cual los organismos y las especies responden al ambiente y se adecuan a este, permitiendo la supervivencia de los/las mismas frente a cambios en su ambiente.

La adaptación implica pequeñas variaciones en la morfología y fisiología de los organismos que pueden ser o no heredables. Estas variaciones pueden apreciarse en mayor o menor medida, pero en ningún caso pueden dar lugar a la aparición de especies nuevas. Este ajuste de las poblaciones es, sin embargo, fundamental para la vida y puede explicar algunas características claramente ligadas al entorno de los organismos.

La adaptación no heredable se debe a la capacidad de respuesta al ambiente que presentan los seres vivos, que permite una relativa, pero fundamental, plasticidad ante cambios ambientales y puede dar lugar a ecotipos (conjunto de organismos de una especie con características particulares, no heredables genéticamente, en respuesta a un ambiente concreto).

Por otra parte, la adaptación con resultados genéticamente heredables ha sido y es el principal fenómeno estudiado en relación a la adaptación de las especies en términos «evolutivos». Desde el punto de vista neodarwinista, la adaptación es el resultado de la actuación de la selección natural, es decir, la supervivencia de los más adecuados en cada ambiente y momento. Este supuesto, no ocurre de forma natural en las poblaciones por medio de la competencia, sino que en todo lugar sería el resultado de un efecto de cuello de botella, en el que la aparición de un efecto nocivo limitante produce un sesgo en la población. Sin embargo, aunque podría decirse que la población se ha «adaptado» a la nueva condición, en verdad no ha aparecido ninguna novedad para hacer frente al problema, sino que han sobrevivido caracteres preexistentes que formaban parte de la variabilidad de la población. De igual modo, otras modalidades de deriva genética (efectos insulares y fundadores) pueden explicar ciertos rasgos heredables de una población, aunque en realidad no se pueda considerar una verdadera adaptación.


Sin embargo, existen numerosos casos concretos que no pueden ser explicados mediante procesos de reducción de la variabilidad existente en pos a la supervivencia de la especie, sino que deben haber requerido la implicación de mecanismos concretos de adaptación heredable por respuesta al ambiente. De esta forma, las poblaciones se adaptarían como consecuencia de la adaptación al unísono de los organismos que la componen en respuesta al ambiente. El problema fundamental consiste en encontrar el mecanismo viable capaz de provocar que dichos cambios sean heredables, como son la mayoría de las características de tipo adaptativo. Así pues, podrían ser candidatos a este puesto fenómenos epigenéticos, de supresión génica y duplicaciones selectivas de genes estructurales y reguladores.

La aparición de nuevos caracteres por mutaciones compatibles con la vida (pigmentación principalmente) podría provocar, en casos concretos, un efecto inverso al de adaptación, en el que los organismos anómalos deberían encontrar un ambiente propicio (para la cripsis) o morir.

La adaptación, en resumen, permite la supervivencia de las especies, pero no su formación. Los cambios que se dan lugar en los organismos y las poblaciones son reversibles, no heredables, o preexistentes en la variabilidad de la especie o producen pequeños cambios genéticos incapaces de acumularse o generar, de forma general, una incompatibilidad reproductiva real.

Especiación

La especiación es, literalmente, la formación de nuevas especies a partir de otras preexistentes.

Un problema fundamental consiste en definir el concepto de especie. Así pues, en los organismos con reproducción sexual, esta categoría implica siempre, además de cierto parecido morfológico, un aislamiento reproductivo total (animales) o relativamente alto (plantas) con respecto a todos los individuos no pertenecientes a su especie. En organismos procariotas, se establece como especie a aquellos conjuntos de bacterias con una homología genética superior al 97%, aunque por supuesto este es un criterio artificial, al igual que la separación de bacterias en especies. Por esto último, al hablar de especiación de aquí en adelante sólo se considerará a los organismos con reproducción sexual.


La visión neodarwinista afirma que las mutaciones puntuales, surgidas al azar y favorecidas por la selección natural, se acumulan en las poblaciones generando diferencias que, con el tiempo, acaban por establecer incompatibilidad genética para la reproducción con otros grupos poblacionales de su misma especie. Sin embargo, la acumulación de nuevos caracteres como vía de formación de las especies es más que cuestionable, debido a que mientras existe compatibilidad reproductiva entre los individuos, estos caracteres tienden a disgregarse o difundirse en la población, no creando aislamiento alguno y, en el mejor de los casos, aumentan la variabilidad de la especie creando polimorfismos. Así pues, la especiación simpátrida, por lógica la de mayor frecuencia, carece de credibilidad bajo las premisas neodarwinistas.

La especiación requiere de aislamiento reproductivo, y este a de darse de forma prioritaria por una barrera de aparición brusca. Los reordenamientos cromosómicos y del genoma completo provocan un aislamiento reproductivo postcigótico inmediato, y como resultado de un cruce con el genotipo ancestral o emparentado surgen híbridos estériles o abortivos. Los análisis cariológicos demuestran que existen reordenamientos cromosómicos están ligados especies emparentadas, como en nuestro caso, Homo sapiens, donde existe una homología genética de más del 98% con los chimpancés (escasas diferencias genéticas) pero se si observan claros reordenamientos en varios cromosomas, al igual que con otros grandes simios:

«Excepto por las diferencias en la heterocromatina no genética, los cromosomas 6, 13, 19, 21, 22 y X tienen patrones de bandas idénticos en las cuatro especies (orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos). Los cromosomas 3, 11, 14, 15, 18, 20 e Y tienen el mismo aspecto en tres de las cuatro especies (gorilas, chimpancés y humanos) y los cromosomas 1, 2p, 2q, 5, 7, 10, 12, y 16 son iguales en dos especies. Los cromosomas 4 y 17 son diferentes entre las cuatro especies. La mayoría de las diferencias cromosómicas entre las cuatro especies involucran cambios locales en el cromosoma que se han invertido o intercambiado de un extremo a otro. Esta es una ocurrencia relativamente común entre muchas especies, y ha sido documentada en humanos.»

Además, las regiones implicadas en reordenamientos parecen estar asociadas con duplicaciones a gran escala.

De igual manera, la poliploidización genera aislamiento postcigótico inmediato. Este fenómeno es común en plantas e insectos, aunque también se conocen casos en vertebrados (anuro Odontophrynus americanus) que dan lugar a «poblaciones con aislamiento reproductivo simpátrido». Analizando los genomas de los teleósteos se ha concluido que las duplicaciones completas de genoma pudieron ser fundamentales en la radiación de estos peces.

Por otra parte, pueden formarse barreras reproductivas precigóticas que impiden que se produzca la fecundación. En los erizos de mar, existe una gran especificidad entre los receptores de huevos y espermatozoides, así como de las moléculas quimiotácticas que permiten el encuentro de los gametos. Las especies emparentadas mantienen características similares, aunque la hibridación es evitada por estos mecanismos. La aparición de una nueva variedad de señalización implicaría un aislamiento reproductivo.

En todo caso, estos mecanismos carecen de utilidad bajo las premisas neodarwinistas, donde las variaciones viables surgen en un sólo individuo. La aparición de cualquier mecanismo de aislamiento inmediato en un único individuo traería como consecuencia la incapacidad para reproducirse con ningún otro espécimen y, por supuesto, no se formaría especie alguna. Por ello, la especiación es un proceso que requiere una reorganización análoga en varios individuos, ya sea porque se dé en individuos clónicos, inducida por influencias ambientales en una generación o por existir una predisposición estructural de que ocurra ese cambio concreto.

La especiación es un fenómeno que incrementa la diversidad de especies de un taxón, pero no necesariamente la disparidad, puesto que no siempre conlleva grandes cambios estructurales en la biología de los organismos (evolución). Tras la formación de una especie, a parte de los cambios derivados de la reorganización cromosómica, pueden acumularse características (ahora incapaces de mezclarse con la población original), procedentes de la adaptación y la deriva genética, que conforman diferencias más o menos leves (aunque apreciables) con respecto a otras especies emparentadas. Hablando coloquialmente, la especiación per se produce «variaciones sobre un mismo tema», como las que se observan entre las especies de saltamontes, antílopes o pinos. La aparición de nuevos patrones biológicos (nuevos «temas»), aunque también lleve implícito el aislamiento reproductivo, es lo que podemos considerar, en sentido estricto, evolución.

Evolución

La evolución es el cambio de un estado a otro, la aparición de planes biológicos completamente nuevos, claramente distintos de los organismos precursores. Evolución implica un cambio representativo en la organización general de un patrón y que origina nuevos taxones reconocibles.

La evolución se establece como un proceso gradual de trasgresión de las especies, dando lugar a formas nuevas por medio del continuo proceso adaptación-especiación-evolución. Sin embargo, esta serie no parece tener validez real. Por otra parte, el registro fósil no muestra infinitas formas intermedias, como sería de esperar, sino especies definidas que perduran durante unos millones de años para desaparecer y ser suplantadas por otras de forma abrupta (el Equilibrio puntuado de Eldredge y Gould).

Además, los grandes cambios evolutivos parecen estar relacionados con eventos de extinción de gran magnitud, achacados principalmente a fenómenos de gran inestabilidad ambiental. Tras estos fenómenos es corriente que se observen en el registro fósil «radiaciones adaptativas», es decir, la aparición rápida de una gran cantidad de taxones nuevos. La explicación «ortodoxa» a este fenómeno es contradictoria con las propias premisas neodarwinistas: tras una extinción masiva, muchos nichos ecológicos quedarían «vacíos» y la ausencia de competencia favorecería la rápida, pero gradual, adaptación (?) de las especies dando como resultado radiaciones adaptativas. ¿Cómo es posible que si la competencia es el brazo ejecutor de la selección natural, motor de la evolución, su ausencia dé lugar a la rápida aparición de gran cantidad de formas nuevas?

La evolución ha de ser, al igual que la especiación, un fenómeno rápido y que afecte por igual a varios individuos. Sin embargo, además deben aparecer grandes cambios biológicos en los individuos, resultantes de un mayor reordenamiento del genoma. Las reorganizaciones se deben no solo a la redistribución de cromosomas, sino a otros fenómenos como la asimilación de información foránea (simbiosis y transferencia horizontal genética) y, principalmente, a la actividad de los elementos transponibles y otros elementos repetidos no codificantes de proteínas.

La importancia de los elementos transponibles ha sido ignorada hasta la década de los 90 debido a su prejuiciosa calificación como «ADN basura», debido a que no codifican proteínas. Posteriormente se les tachó retorcidamente de «ADN egoísta», por su insólita capacidad de moverse y copiarse a lo largo de los cromosomas (lo que se quiso interpretar como un «esfuerzo» por perpetuarse como polizones de los genomas en que residen). Sin embargo ahora se empieza a reconocer la gran importancia de estas secuencias en los genomas eucariotas y en su evolución. Las secuencias repetidas no codificantes de proteínas, constituidas o derivadas de elementos transponibles en gran medida y abundantes en los genomas eucariotas, parecen ser fundamentales en muchos aspectos: constituyen las regiones pericentroméricas de los cromosomas, permiten la movilización de exones y secuencias promotoras, son fundamentales para la estructura de los cromosomas, contienen secuencias no codificantes de proteínas pero sí de ARNs que intervienen en la regulación y supresión génica; en nuestra especie, docenas de genes humanos parecen haber derivado de elementos transponibles y unos cientos de genes usan las terminaciones transcripcionales de retrotransposones del tipo LTR, otros genes usan los elementos reguladores derivados de elementos repetidos…


Pero además, es un hecho constatado la influencia del estrés ambiental en estas secuencias, produciendo su activación y provocando grandes duplicaciones, pero también inversiones, deleciones, translocaciones e inversiones cromosómicas debidas a la interacción entre elementos homólogos (apareamiento ectotópico). Parece ser que existen, además, sitios preferenciales de inserción, estableciendo cierta variabilidad predeterminada que puede influir en la probabilidad de que un mismo suceso ocurra en varios individuos por separado.

Por otra parte existen evidencias de la gran importancia que ha tenido la integración de información procedente de otros sistemas biológicos por medio de simbiosis celular, como la aparición de las células eucariotas y de gran cantidad de protistas posteriores, y por transferencia horizontal por medio de vectores víricos. Con su reactivación, un retrovirus puede llevarse consigo parte del ADN del lugar de inserción y propagarla por sus nuevos huéspedes, pudiendo traspasar la barrera de la especie.

En referencia a este último caso, el análisis inicial del genoma humano (2001) reveló que cientos de genes humanos parecen ser el resultado de transferencia horizontal desde bacterias en algún punto del linaje vertebrado. Muchas de estas nuevas adquisiciones han establecido papeles fundamentales en nuestro metabolismo (hidrolasas, deshidrogenasas, MAO). Observaciones similares en el genoma de la lombriz indican una probable transferencia horizontal linaje-especifica.

Recapitulando, los grandes eventos extincionales y el gran estrés ambiental al que están ligados podrían ser los desencadenantes de los fenómenos evolutivos por medio de la activación de elementos móviles dentro de los genomas y fuera, en su forma libre de retrovirus. Así pues, se producirían grandes reordenamientos en los genomas que afectarían a su estructura interna y a su regulación general. El resultado final sería en muchos casos abortivo, al fin de al cabo se trata de una extinción, y no quedaría constancia fósil de estos intentos fallidos. No obstante, los organismos viables presentarían características notablemente diferentes a las de sus progenitores, y puesto que existe cierta variabilidad predeterminada en las inserciones de elementos móviles, es de esperar que más individuos presenten sus mismas características y la nueva especie pueda perpetuarse. Finalmente, la viabilidad de las nuevas formas dependería de su compatibilidad con la vida y la capacidad de integrarse en la compleja red de relaciones ecológicas de su ecosistema.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Interiorización de la brutalidad


Por LUIS MUIÑO

«Gracias a las palabras hemos sido capaces de ascender
por encima de los brutos; y gracias a las palabras, a menudo
nos hemos sumergido al nivel de los demonios.»
A. HUXLEY

Underground, una de las películas de Emir Kusturica, comenzaba con una escena que muchos espectadores recuerdan como una de las más impactantes que ha dado el cine contemporáneo. Durante una guerra cualquiera, un avión perdido sobrevuela un zoo. De repente, sin razón aparente alguna, decide empezar a bombardearlo, y a partir de ahí, asistimos a una terrible secuencia. Vemos cómo un cuidador abraza a un cachorro de chimpancé muerto y cómo un león recién nacido busca entre las ruinas a sus padres. Vemos gorilas ensangrentados que vagan entre los escombros con la mirada perdida del que no entiende la causa de la barbarie. Vemos elefantes y jirafas muertos. Y todo esto nos remueve por dentro y nos indigna; porque contiene toda la brutalidad y la arbitrariedad de las guerras. Las imágenes con seres humanos, a base de ser repetidas, no nos producen ya, por desgracia, un impacto real. Emir Kusturica consigue que volvamos a sentir la inmensa tristeza que supone la muerte inocente en una guerra cambiando los protagonistas, poniendo delante de nosotros escenas brutales y nunca vistas.


La crudeza de esas imágenes volvía a recordarnos una pregunta que quizás se hayan hecho más de una vez todos aquellos que se dedican a luchar contra las injusticias sociales: ¿es conveniente suscitar sentimientos muy viscerales en los espectadores? ¿Ayuda a las causas solidarias el plantear con realismo lo que está ocurriendo? La duda surge cuando observamos la reacción a distancia y alejamiento que producen en muchos espectadores las imágenes de crudeza excesiva. La verdad parece, a veces, demasiado dura.

Algunos teóricos de la psicología social, cuando tratan este tema, llegan a la conclusión de que incrementar la emoción del destinatario puede disminuir la utilidad del mensaje si la persona que lo recibe no cree tener posibilidades de hacer algo para evitar la tragedia. Es decir, parece que la verdad espanta cuando no podemos hacer nada por cambiarla. Ésta es probablemente la razón por la que se utilizan tan poco imágenes desasosegantes en campañas que hablan de gente que está sufriendo. Los diseñadores saben que, aunque lo mostrado sea cierto, puede producir rechazo. Si las personas no están seguras de poder hacer algo por cambiar esa realidad, tenderán a apartar la mirada de la pantalla o preferirán pasar la página del periódico. La misma magnitud de la tragedia puede jugar en contra de los necesitados.

Parece, sin embargo, que las imágenes reales, aunque sean muy crudas, son asimiladas cuando los receptores tienen la impresión de que pueden hacer algo a favor de los damnificados. Un mensaje que podría resultar excesivo o insoportable cuando tenemos sensación de impotencia, se puede convertir en un estímulo para la acción en los momentos en que sabemos que podemos cambiar las cosas. La sensación de control sobre la situación nos permite conocer la verdad sin asustarnos. Es esperanzador que muchos seres humanos empiezan a creer que su intervención puede ser, de verdad, uno de los granos de arena que construyan la montaña. Es posible que ahora, poco a poco, podamos empezar a tolerar imágenes como las de Underground sin apartar la mirada. Porque ahora sabemos que podemos hacer algo para que no se repitan.

(2003)

miércoles, 20 de febrero de 2019

Hola, soy un hongo, ¿quieres vivir conmigo?


Los líquenes seleccionan las algas mejor adaptadas al lugar donde crecen. Un estudio del CSIC prueba la pericia de Cetraria aculeata para asociarse. La simbiosis es pieza clave en la naturaleza y es un motor de la evolución.

Por PEDRO CÁCERES

Tengo una amiga que cuando quiere meterse con alguien al que considera amuermado, le dice: «Tienes menos vida social que un liquen». Como broma no está mal. Los líquenes parecen el colmo de la vida aburrida. Son unos organismos pequeños, discretos, resistentes e inmóviles. Sobreviven a todo tipo de temperaturas extremas y pueden hacerlo sin apenas agua ni comida. Viven donde muchos otros no consiguen hacerlo, pero a cambio tienen una apariencia de lo más callada y pueden pasarse meses pegados a sus rocas sin que parezca que pasa nada con ellos.

Cuesta creer que estén vivos. Pero vaya si lo están. Y su vida social, además, es de lo más animada. De hecho, son organismos que nunca están solos. No pueden estarlo porque en realidad no son una cosa, sino dos a la vez, o la suma de ellas. En todos los líquenes del mundo conviven a la vez un hongo y un alga, es decir, dos seres vivos distintos, dos especies diferente que se unen para formar una tercera totalmente nueva.

De manera que no puede decirse que un liquen tenga poca vida social. Más bien, él mismo es una completa sociedad, un matrimonio o una 'joint venture', usando la jerga económica más al uso actualmente.

Lo que los líquenes practican es un fenómeno conocido como simbiosis y que consiste en la unión duradera de dos seres que obtienen beneficios por ello. En su caso, el alga aporta la capacidad de realizar la fotosíntesis para nutrirse y el hongo contribuye con su resistencia a condiciones ambientales extremas. Esta ganancia mutua es un tipo de asociación que se define como mutualismo y que está mucho más extendida de lo que se cree.

Simbiosis, el secreto de la vida

En la naturaleza existen otros tipos de interacciones entre organismos. Las de parasitismo, en las que uno se aprovecha de otro y le 'chupa la sangre', o las de comensalismo, en las que uno rapiña lo que se le cae al otro, son una versión 'light' de otra bien conocida, la de depredación. A todos nos parece que esa es una forma abundante de relación en el mundo natural. Un tipo de situación que responde a la idea hobbessiana de un mundo cruel, donde el hombre es un lobo para el hombre.

Sin embargo, muchos ecólogos creen que este es un error de percepción. En realidad, las relaciones más importantes en la naturaleza son las de cooperación entre organismos, las relaciones de simbiosis, no las de depredación.

Nuestro propio cuerpo funciona gracias a los microorganismos que habitan en nosotros y contribuyen a funciones vitales como la digestión. Lo mismo ocurre con los árboles, que pueden alimentarse bien gracias a que en sus raíces crecen hongos simbiontes llamados micorrizas que les permiten capturar nutrientes. Y también es mutualismo puro el proceso de evolución convergente llevado a cabo por las plantas con flor y los insectos que las polinizan. Unas obtienen beneficios reproductivos y los otros perciben comida.

En realidad, algunos biólogos defienden que la simbiosis es la clave de la vida y realmente tendríamos que entender el mundo no de la negra forma que lo percibió Hobbes, sino desde la mucho más 'buenista' percepción de Rousseau. Somos buenos por naturaleza, o más exactamente, la naturaleza ha demostrado que cooperar es una forma eficiente de afrontar la existencia. ¿Para qué comerte al vecino si puedes montar un negocio con él?

Una visión extrema del papel de la simbiosis en nuestro planeta es la que defiende y ha demostrado en buena parte la eminente bióloga evolucionista Lynn Margulis. La científica estadounidense, que estuvo casada con el cosmólogo Carl Sagan, provocó una revolución en los años 60 al afirmar que el surgimiento de las células con núcleo (eucariotas), que fueron el inicio de toda la vida compleja que ahora hay sobre el planeta, se debió a la unión de diversas células simples o procariotas.


La teoría de Margulis abre una visión de vértigo sobre el concepto de existencia. Porque lo que defiende, además, es que la evolución no se debe sólo al gradual cambio acaecido en las especies tras las mutaciones genéticas, sino que hay un motor distinto al descrito por Darwin que es la fusión entre organismos completos distintos (bacterias) para formar organismos nuevos.

Según Margulis, nuestras propias células llevan dentro de cada una el testimonio de una simbiosis primitiva. La científica ha logrado que muchos de sus colegas admitan que las mitocondrias que todos tenemos dentro de nuestras células y que llevan a cabo el proceso de respiración celular son en realidad bacterias simples que quedaron integradas en las células complejas de nuestros ancestros. Sacamos a pasear todos los días a los orgánulos de nuestras células sin saber que llevamos con nosotros a antiguos seres unicelulares que han pasado a formar parte de nosotros mismos.

Hongo busca alga para vivir

Estamos construidos con bacterias asociadas entre sí, defiende la teoría de la simbiogénética. Y asociarse entre sí es lo que siguen haciendo de forma bien abierta hongos y algas. Ahora, una reciente investigación llevada a cabo por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desvelado algunas novedades sobre las habilidades de cierto tipo de liquen, probando que el hongo que lo forma no se asocia con cualquier alga, sino que selecciona a aquellas variedades, dentro de la misma especie, que le permiten adaptarse mejor a las circustancias externas.

Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentran investigadores del CSIC, ha demostrado que una especie de liquen denominada Cetraria aculeata coloniza distintos ambientes gracias a que selecciona algas genéticamente adaptadas a esos entornos. Es la misma especie de alga, pero muestra pequeñas variaciones locales que la hacen más exitosa.


Los resultados del estudio, publicado en la revista Molecular Ecology, confirman que estos organismos, tan extendidos en los ecosistemas boreales y polares, son sistemas biológicos dinámicos y abiertos.

«Los líquenes son organismos altamente especializados en los que las líneas que separan los conceptos de individuo, especie y ecosistema se desdibujan. Su vida simbiótica ha sido adoptada por multitud de hongos diferentes, lo que les permite colonizar ambientes muy diversos», explican dos de los autores del estudio, los investigadores del CSIC en el Real Jardín Botánico de Madrid María Paz Martín y Miguel Ángel García, en una nota remitida por la institución científica.

El trabajo ha sido coordinado por científicos del Biodiversity and Climate Research Centre y el Senckenberg Research Institute, ambos en Frankfurt (Alemania). Los investigadores han estudiado las trazas genéticas de la trayectoria geográfica, histórica y evolutiva del liquen Cetraria aculeata, una especie que no sólo habita en las regiones polares de los dos hemisferios, sino que además puede crecer en cadenas montañosas de latitudes intermedias como el Himalaya, indica el CSIC en una nota de prensa.

Tras secuenciar tres marcadores genéticos del hongo y tres del alga, observaron que el hongo se originó en el hemisferio norte y fue capaz de dispersarse hasta el hemisferio sur en un periodo de tiempo relativamente corto.

«En esta especie de liquen, el hongo y el alga se dispersan juntos mediante la fragmentación del talo. Aunque cabría esperar que los patrones genéticos del alga y del hongo fuesen semejantes, hemos visto que no es así, ya que este hongo presenta algas genéticamente dispares en distintas regiones geográficas», explica García. Esto indica, según los investigadores, que los líquenes como Cetraria aculeata son sistemas biológicos dinámicos y abiertos, capaces de encontrar las variedades de alga mejor adaptadas a una región y listos también para cambiar de alga. Eso es lo que les ha permitido expandirse de forma rápida al encontrar las más apropiadas para prosperar.

Vivir juntos es mejor, dicen los líquenes. Elegir bien también ayuda.

NATURA-EL MUNDO
04/07/2011