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domingo, 19 de octubre de 2014

«En 1976 descubrí el ébola. Hoy temo una tragedia inimaginable». Entrevista a Peter Piot

Peter Piot
 En declaraciones recogidas por Rafaela von Bredow y Veronika Hackenbroch, periodistas de Der Spiegel, y reproducida por el dominical londinense The Observer, Peter Piot, microbiólogo pionero en la lucha contra el ébola, analiza la historia del virus y la situación actual.

12/10/14

Profesor Piot, como científico joven que trabajaba en Amberes, formó usted parte del equipo que descubrió el virus del ébola en 1976. ¿Cómo sucedió?

Lo recuerdo todavía con exactitud. Un día de septiembre, un piloto de las líneas aéreas [belgas] de Sabena nos trajo un termo azul brillante y una carta de un médico de Kinsasa, en lo que entonces era Zaire [hoy República Democrática del Congo]. En el termo, escribía, había una muestra de sangre de una monja belga que había enfermado recientemente de una misteriosa dolencia en Yambuku, una remota aldea en la parte norte del país. Nos pidió que examináramos la muestra en busca de fiebre amarilla.

Hoy en día el ébola sólo se puede investigar en laboratorios de alta seguridad. ¿Cómo se protegían en aquel entonces?

No teníamos ni idea de la peligrosidad del virus. Y no había laboratorios de alta seguridad en Bélgica. Llevábamos nuestras batas blancas de laboratorio y los guantes de protección. Cuando abrimos el termo, el hielo de dentro se había fundido en su mayor parte y una de las ampollas se había roto. La sangre y los trozos de vidrio flotaban en el agua con hielo. Sacamos el otro tubo intacto de entre lo que se había roto y empezamos a analizar la sangre buscando agente patógenos, utilizando los métodos convencionales en aquella época.

Pero el virus de la fiebre amarilla no tenía aparentemente nada que ver con la enfermedad de la monja.

No. Y las pruebas de fiebre de Lassa y tifoideas fueron también negativas. ¿Qué podía ser, entonces? Nuestras esperanzas se centraban en ser capaces de aislar el virus de la muestra. Para poder conseguirlo, lo inyectamos en ratones y otros animales de laboratorio. Al principio y durante varios días, no pasó nada. Pensábamos que quizás los patógenos habían quedado dañados debido a la refrigeración insuficiente del termo, Pero luego comenzó a morir un animal detrás de otro. Empezamos a darnos cuenta de que la muestra contenía algo bastante mortífero.

¿Pero continuaron ustedes?

Llegaron de Kinsasa otras muestras de esta monja que, entretanto, había muerto. Cuando ya habíamos logrado empezar a examinar el virus en un microscopio de electrones, la Organización Mundial de la Salud nos dio instrucciones de enviar todas nuestras muestras a un laboratorio de alta seguridad de Inglaterra. Pero mi jefe de entonces quería concluir el trabajo a toda costa. Tomó una ampolla que contenía material del virus para analizarlo, pero le temblaba la mano y se le cayó encima del pie de un colega. El vial se hizo trizas. «¡Mierda!» fue lo único que pensé. Lo desinfectamos todo inmediatamente y afortunadamente nuestro colega llevaba zapatos de un cuero fuerte. No nos pasó nada a ninguno de nosotros.

Finalmente pudieron ustedes crear una imagen del virus haciendo uso del microscopio de electrones.

Sí, y lo primero que pensamos fue: «¿Qué demonios es eso?» El virus que tanto tiempo habíamos estado buscando era muy grande, muy largo y tenía forma de gusano. No tenía semejanzas con la fiebre amarilla. Más bien se parecía al virus de Marburgo que, como el ébola, causa fiebre hemorrágica. En los años 60, el virus mató a varios trabajadores de laboratorio en Marburgo, en Alemania.

¿Tenían miedo en ese momento?

En aquel entonces apenas sabía nada del virus de Marburgo. Cuando hoy se lo cuento a mis estudiantes, deben pensar que salgo de la Edad de Piedra. Pero lo cierto es que tuve que ir a la biblioteca y mirarlo en un atlas de virología. Fue el American Centre for Disease Control el que determinó poco más tarde que no era el virus de Marburgo sino un virus desconocido y sin parentesco. Mientras tanto, también nos habíamos enterado de que centenares de personas habían sucumbido al virus en Yambuku y la zona de alrededor.

Vista aérea de la aldea de Yambuku.

Unos pocos días después, fue usted uno de los primeros científicos en volar al Zaire.

Sí. La monja que había muerto y sus compañeras procedían todas ellas de Bélgica. En Yambuku, que había formado parte del Congo Belga, gestionaban un pequeño hospital en una misión. Cuando el gobierno belga decidió enviar a alguien, me presenté voluntario inmediatamente. Tenía 27 años y me sentía un poco como mi héroe de la niñez, Tintín. Y tengo que reconocer que me embriagaba la oportunidad de rastrear algo totalmente nuevo.

¿Había lugar al temor o al menos a la preocupación?

Por supuesto, teníamos claro que nos enfrentábamos a una de las infecciones más mortíferas que se habían visto en el mundo, ¡y no teníamos idea que se transmitía por medio de los fluidos corporales! Podían haber sido los mosquitos. Llevábamos trajes protectores y guantes de látex y hasta pedí prestadas una gafas de motociclista para protegerme los ojos. Pero con el calor de la jungla era imposible utilizar las máscaras de gas que habíamos comprador en Kinsasa. Aun así, los pacientes de ébola que traté estaban probablemente tan conmocionados por mi apariencia como por su intenso sufrimiento. Le saqué sangre a una decena de esos pacientes. Yo estaba preocupadísimo no fuera a pincharme accidentalmente con la aguja e infectarme así.

Pero aparentemente logró usted evitar infectarse.

Bueno, en un momento dado, la verdad es que desarrollé un cuadro de fiebre alta, dolor de cabeza y diarrea…

¿...parecido a los síntomas del ébola?

Exacto. Inmediatamente, pensé: «¡Ya está, maldita sea, lo he pillado!» Pero luego traté de conservar la calma. Sabía que los síntomas que tenía podían proceder de algo completamente diferente e inocuo. Y la verdad es que habría sido estúpido pasar dos semanas en una horrorosa tienda de aislamiento que se había preparado para los científicos en el peor de los casos. De manera que me quedé solo en mi habitación y esperé. Por supuesto, no pegué ojo, pero por suerte empecé a sentirme mejor al día siguiente. No era más que una infección gastrointestinal. En realidad, es lo mejor que te puede pasar en la vida: mirar a la muerte a los ojos y sobrevivir. Cambió enteramente mi enfoque, toda mi perspectiva vital en aquella época.

También fue usted quien le puso nombre al virus. ¿Por qué ébola?

Ese día nuestro equipo se reunió por la noche ya tarde —habíamos bebido además un par de tragos— a debatir la cuestión. No queríamos decididamente bautizar el nuevo patógeno con el nombre de «virus de Yambuku», porque eso habría estigmatizado la zona para siempre. Había un mapa en la pared y el jefe de nuestro equipo, un norteamericano, sugirió que viéramos cuál era el río más cercano y le pusiéramos su nombre al virus. El río era el Ébola. De modo que a las tres o las cuatro de la mañana ya teníamos un nombre. Pero el mapa era reducido y poco preciso. Sólo después supimos que el río más cercano era en realidad otro diferente. Pero ébola es un nombre bonito, ¿verdad?

Al final descubrió usted que las monjas belgas habían diseminado el virus sin querer. ¿Cómo sucedió?

En su hospital ponían inyecciones de vitaminas a las mujeres embarazadas utilizando agujas sin esterilizar. De este modo, contagiaron el virus a muchas mujeres jóvenes de Yambuku. Les hablamos a las monjas del terrible error que habían cometido, pero echando la vista atrás creo que tuvimos demasiado cuidado con las palabras que usamos. Las clínicas que no respetaron ésta y otras normas higiénicas hicieron las veces de catalizadores en todos los brotes adicionales del ébola. Aceleraron drásticamente la extensión del virus o la hicieron posible, para empezar. Incluso en el actual brote en África Occidental, los hospitales han desempeñado por desgracia este vergonzoso papel al principio.

Después de Yambuku, pasó usted los treinta años siguientes de su vida profesional dedicado a combatir el SIDA. Pero ahora el ébola le ha vuelto a alcanzar. Los científicos norteamericanos se temen que sean cientos de miles de personas las que en última instancia lleguen a contagiarse. ¿Podía esperarse una epidemia así?

No, en absoluto. Por el contrario, siempre pensé que el ébola, por comparación con el SIDA o la malaria, no presentaba demasiados porque estos brotes siempre eran breves y de ámbito local. En torno a junio es cuando me quedó claro que había algo fundamentalmente distinto en este brote. Fue más o menos en ese mismo momento cuando la ONG Médicos Sin Fronteras hizo sonar la alarma. Los flamencos tendemos a ser poco emotivos, pero en ese momento empecé a preocuparme de veras.

¿Por qué reaccionó tan tarde la OMS?

Por un lado, porque su oficina regional en África no tiene como personal a la gente más capacitada sino que se trata de nombramientos políticos. Y la sede central de Ginebra ha sufrido grandes recortes presupuestarios acordados por los estados miembros. El departamento de fiebre hemorrágica y el que es responsable de la gestión de emergencias epidémicas resultaron gravemente afectados. Pero desde el mes de agosto, la OMS ha recuperado su papel de liderazgo.

Hay en realidad un procedimiento bien establecido para contener los brotes del ébola: aislar a los infectados y vigilar estrechamente a quienes han estado en contacto con ellos. ¿Cómo ha podido llegar incluso a suceder una catastrofe como la que ahora estamos viendo?

Creo que es lo que la gente llama una tormenta perfecta: cuando todas las circunstancias individuales son un poco peores de lo normal y se combinan entonces para ocasionar un desastre. Y en esta epidemia hubo muchos factores que eran adversos desde el principio mismo. Algunos de los países implicados acababan de salir de terrible guerras civiles, muchos de sus médicos habían huido y sus sistemas de atención sanitaria se habían venido abajo. En toda Liberia, por ejemplo, no había más que 51 médicos en 2010 y muchos de ellos han muerto desde entonces a causa del ébola.

El hecho de que el brote comenzara en la región fronteriza, densamente poblada, entre Guinea, Sierra Leona y Liberia...

… también ha contribuido a la catástrofe. Debido a la extremada movilidad de la gente, resultaba mucho más difícil de lo habitual descubrir quienes habían estado en contacto con las personas contagiadas. Puesto que en esta región a los muertos se les entierra tradicionalmente en las ciudades y pueblos en los que nacieron, había cadáveres del ébola enormemente contagiosos viajando aquí y allá entre fronteras en camionetas y taxis. El resultado fue que la epidemia siguió reavivándose en distintos lugares.

Por primera vez en la historia, el virus ha llegado hasta metrópolis como Monrovia y Freetown. ¿Es eso lo peor que puede pasar?

En las grandes ciudades —sobre todo en caóticos barrios de chabolas— resulta prácticamente imposible encontrar a quienes han tenido contacto con los pacientes, por enorme que sea el esfuerzo que hagas. Es por eso por lo que también me preocupa tanto Nigeria. El país alberga megaciudades como Lagos y Port Harcourt, y si el virus del ébola llega a alojarse allí y comienza a propagarse, sería una catástrofe inimaginable.

¿Hemos perdido el control de la epidemia por completo?

Siempre he sido un optimista y creo que ahora no tenemos otra elección que intentarlo todo, verdaderamente todo. Es bueno que los Estados Unidos y algunos otros países estén empezando por fin a ayudar. Pero Alemania, o incluso Bélgica, pueden hacer mucho más. Y hay algo que debería quedarnos a todos claro: esto ya no es sólo una epidemia, es una catástrofe humanitaria. No necesitamos sólo personal de atención sino también expertos de logística, camiones, jeeps y alimentos. Una epidemia así puede desestabilizar regiones enteras. Sólo puedo esperar que seamos capaces de mantenerlo bajo control. Nunca pensé que pudiera a llegar a ser algo tan malo.

Peter Piot, segundo por la izquierda, en 1976.

¿Qué se puede hacer realmente en una situación en la que cualquiera se puede infectar por la calle y en la que, como en Monrovia, hasta los taxis están contaminados?

Necesitamos elaborar urgentemente nuevas estrategias. Actualmente, quienes prestan ayuda ya no son capaces de atender a todos los pacientes en los centros de tratamiento. De modo que los cuidadores tienen que enseñar a los miembros de las familias cómo protegerse ellos mismos del contagio en la medida de lo posible. Este trabajo educativo sobre el terreno es actualmente el mayor desafío. Sierra Leona experimentó con un toque de queda de tres días, en un intento de rebajar por lo menos un poco la curva de contagio. Al principio pensaba: «Eso es una locura total». Pero ahora me pregunto, «¿por qué no?» Al menos, mientras estas medidas no se impongan manu militari.

Un toque de queda de tres días suena un tanto desesperado.

Sí, es bastante medieval. Pero, ¿qué se puede hacer? Aun en 2014 apenas tenemos formas de combatir este virus.

¿Cree usted que podríamos enfrentarnos al comienzo de una pandemia?

Habrá sin duda pacientes dé ébola en África que lleguen hasta nosotros con la esperanza de recibir tratamiento. Y podrían contagiar incluso a una cuantas personas que luego acaben muriendo. Pero un brote en Europa o América del Norte quedaría rápidamente bajo control. Estoy más que preocupado por las numerosas personas de la India que trabajan en el comercio o la industria en África Occidental. Sólo haría falta que una se contagiara, viajase a India a visitar a sus parientes durante el periodo de incubación del virus y luego, una vez enferma, acabase en un hospital público. Con frecuencia, médicos y enfermeras de la India tampoco usan guantes de protección. Se contagiarían inmediatamente y propagarían el virus.

El virus va cambiando continuamente su configuración genética. Cuanta más gente llegue a infectarse, mayor será la posibilidad de que mute...

... lo que podría acelerar su difusión. Sí, ésa es verdaderamente la hipótesis apocalíptica. Los humanos no son más que portadores accidentales del virus, y nada buenos. Desde la perspectiva del virus, no es deseable, como portadores dentro de los cuales espera multiplicarse el agente patógeno, que muramos tan rápidamente. Sería mucho mejor para él permitirnos seguir más tiempo vivos.

¿Podría mutar de repente el virus, de manera que pudiera difundirse por el aire?

¿Quiere decir como con el sarampión? Por fortuna, eso es algo extremadamente improbable. Pero si una mutación permitiera a los pacientes del ébola vivir un par de semanas más, es desde luego posible y resultaría desfavorable para el virus. Pero eso permitiría a los pacientes de ébola contagiar a mucha, mucha más gente de lo que es actualmente el caso.

Pero eso no es más que especulación, ¿verdad?

Desde luego. Pero se trata sólo de una de las muchas maneras posibles en que podría cambiar el virus para extenderse más fácilmente. Y está claro que el virus está mutando.

Usted y dos colegas suyos escribieron un artículo para el Wall Street Journal en el que apoyaban el ensayo de medicamentos experimentales. ¿Piensa usted que podría ser la solución?

Se podría tratar a los pacientes muy rápidamente con suero sanguíneo de supervivientes del ébola, aunque eso sería extremadamente difícil, dadas las caóticas condiciones locales. Tenemos ahora que descubrir si estos métodos, o si medicamentos en fase de experimentación como ZMapp, pueden verdaderamente ser de ayuda. Pero no deberíamos depender por completo de nuevos tratamientos. Para la mayoría de la gente, llegarán demasiado tarde en esta epidemia. Pero si ayudan, deberían estar disponibles para el próximo brote.

También están empezando a probarse dos vacunas. Se tardará un poco, por supuesto, pero ¿podría ser que pudiera detenerse la epidemia sólo con una vacuna?

Espero que no sea éste el caso, pero ¿quién sabe? Tal vez.

Durante el primer brote en Zaire, un hospital de higiene deficiente fue responsable de extender la enfermedad. Hoy está pasando casi lo mismo. ¿Tenía razón Louis Pasteur cuando afirmaba: «Son los microbios los que tendrán la última palabra»?

Por supuesto, nos queda un largo camino hasta poder cantar victoria sobre la bacteria y los virus. El VIH sigue todavía con nosotros; sólo en Londres, cinco varones gays se contagian todos los días. Un número cada vez mayor de bacterias se está volviendo resistente a los antibióticos. Y todavía puedo ver a los pacientes de ébola de Yambuku, cómo murieron en sus cabañas y no pudimos hacer nada por ellos salvo dejarles morir. En principio, hoy la cosa sigue estando igual. Y eso es muy deprimente. Pero también me proporciona una sólida motivación para hacer algo. Yo amo la vida, y por eso hago todo lo que puedo para convencer a los poderosos de este mundo de que envíen de una vez ayuda suficiente a África Occidental... ¡Ya!



  Peter Piot (1949), uno de los más importantes microbiólogos actuales especializado en el estudio del ébola y el SIDA, es director de la London School of Hygiene and Tropical Medicine y profesor de salud global. Estudió medicina en la Universidad de Gante y trabajó en el Instituto de Medicina Tropical de Amberes. Entre otros cargos importantes, ha desempeñado el de subsecretario general de las Naciones Unidas, subdirector del Programa Global sobre SIDA de la Organización Mundial de la Salud, director ejecutivo fundador de UNAids y presidente de la International Aids Society.

viernes, 17 de octubre de 2014

Las causas económicas y políticas de la epidemia de Ébola


Por VICENÇ NAVARRO

El Centro para el Control de Enfermedades (CDC, Center for Disease Control) del gobierno federal de EEUU, uno de los centros de mayor prestigio y reconocimiento internacional, perteneciente al Servicio de Salud Pública (U.S. Public Health Service) de dicho gobierno, publicó en el mes pasado un informe sobre la epidemia creada por el virus del Ébola en el que escribía que «los casos de Ébola podrían expandirse en una cantidad que podría variar de 550.000 casos a 1,4 millones en los primeros cuatro meses». El mismo informe cuestionó las cifras proporcionadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS, la agencia de salud de las Naciones Unidas) sobre el número de casos de la enfermedad causada por el virus del Ébola (5.800 casos) y el número de muertos (2.800 casos). El CDC señalaba que probablemente los números sean mucho mayores, alrededor de 20.000 casos de afectados por la enfermedad. Y subrayaba que era probable que el número de nuevos casos de afectados y de muertos aumentara exponencialmente, pasando de cientos de casos a miles por semana. El CDC también indicaba que hoy la epidemia se centra en tres países del oeste de África, Liberia, Sierra Leona y Guinea, donde las infraestructuras de higiene, salud pública y servicios sanitarios son muy deficientes, habiendo empeorado en los últimos años como consecuencia de las políticas de austeridad del gasto público, incluyendo el gasto público sanitario, impuestas a tales gobiernos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, instituciones conocidas por sus políticas de «ayuda al desarrollo», las cuales se centran, entre otras medidas, en la reducción del gasto público a fin de reducir su déficit y deuda públicos. Estas políticas de austeridad, que están teniendo un impacto muy negativo en el bienestar de la población en los países de la Eurozona, tienen un impacto devastador en la salud y la calidad de vida de las poblaciones africanas expuestas a tales políticas.

Cómo y dónde se inició la epidemia de Ébola

La epidemia actual se inició en Guinea a finales del 2013. Pero no fue noticia hasta marzo del año siguiente, 2014. Es una de las infecciones más mortales que se conocen. Es decir, la mortalidad entre los enfermos del Ébola es mucho mayor que la que suele ocurrir en otras enfermedades infecciosas. El virus del Ébola, sus efectos y cómo podría curarse, ha estado menos desarrollado y conocido que otros virus, causa de otras enfermedades más conocidas en países más desarrollados económicamente. Como indicaba un artículo en la revista International Journal of Infectious Diseases, «tal virus es de los que se conoce menos de la familia de virus a la que pertenece. Tenemos una gran ignorancia sobre tal virus...». Y ello ocurre a pesar de que la existencia y elevada letalidad del virus es muy acentuada.

El primer caso que se conoce del Ébola, según el CDC, se detectó en el antiguo Zaire, en el año 1976, donde se inició su transmisión como consecuencia de las condiciones muy poco higiénicas de los servicios hospitalarios en aquel país, con la utilización de jeringas pobremente esterilizadas. Un nuevo brote se registró en Sudán en 1979, con 34 enfermos y 22 muertos. Y más tarde, hubo uno en Zaire de nuevo. El escaso conocimiento del comportamiento y la naturaleza del virus explica que no se hayan elaborado fármacos que puedan curar la enfermedad, una situación muy común en enfermedades que se presentan con mucha mayor frecuencia en los países llamados pobres. La industria farmacéutica no presta atención a enfermedades y pacientes que no son rentables. Hay muchos casos como éste. Y la bien conocida insensibilidad de los Estados de los países ricos hacia el bienestar de las poblaciones de los países llamados pobres explica la escasa atención hacia este tipo de enfermedades, al considerar erróneamente que no les afectarán. El SIDA demostró, sin embargo, el error de estos supuestos. Pero a esta insensibilidad hay que añadirle su considerable responsabilidad por la existencia y permanencia de la pobreza en estos países. Y ahí está el quid de la cuestión, que raramente aparece en los mayores medios de información.

Las causas políticas y económicas de la epidemia del Ébola

La mayoría de las economías de estos países africanos están, en gran parte, en manos de grupos financieros y económicos que obtienen su riqueza de tales países sin que esta riqueza se filtre al resto de la población. El total de la población que vive en estos países (Liberia, Sierra Leona y Guinea) es aproximadamente de 20 millones de personas. Su principal medio de producción es la tierra, constituyendo los productos minerales y agrícolas su mayor riqueza, la cual, sin embargo, está principalmente en manos de propietarios de empresas transnacionales (también conocidas, erróneamente, como multinacionales) que extraen dicha riqueza sin que con ello se enriquezca la población. Los beneficios se van al país sede de esas transnacionales. Tales países no son, por lo tanto, países pobres, pues tienen muchos productos enormemente valiosos. En cambio, la gran mayoría de la población, que trabaja en el campo, vive en condiciones misérrimas (ver Tariq Ali y Allyson Pollock «The Origins of the Ebola Crisis», CounterPunch, 12-10-14, y también Horace G. Campbell, «Ebola, the African Union and Bioeconomic Warfare», CounterPunch, 12-10-14). En casi ninguna de las informaciones sobre el Ébola aparecidas en la mayoría de medios de información se ha hablado de las causas profundas de la epidemia de Ébola en estos países, siendo la primera la enorme miseria de la gran mayoría de la población, resultado de la alianza entre las élites gobernantes en estos países, por un lado, y los intereses económicos y financieros que controlan sus economías, por otro. Y cada vez que hay movilizaciones políticas para romper con tales estructuras, los gobiernos de los países ricos (sumamente influenciados por aquellas transnacionales) envían tropas o ayuda militar para que el sistema de poder permanezca intacto. Esta es, repito, la realidad que explica la pobreza de los países mal llamados pobres (véase mi libro Imperialism, Health and Medicine. Baywood,1981).

Esta enorme pobreza explica la segunda causa de la aparición de esta epidemia masiva: la pobreza de la infraestructura de los servicios sanitarios, de saneamiento y de salud pública. Estos países tienen una estructura salubrista y sanitaria muy insuficiente, estructura que se ha ido debilitando dramáticamente como consecuencia de las políticas neoliberales del FMI impuestas a la mayoría de países africanos, incluyendo estos tres (Liberia, Sierra Leona y Guinea). Tales políticas tienen un impacto desastroso en estos países, cuyos gastos públicos sanitarios por habitanteson, junto con los de Bangladesh y Haití, los más bajos del mundo. Y se está incluso reduciendo más como consecuencia de las políticas de austeridad (con los recortes del gasto público social, incluyendo el sanitario) impuestas por el FMI a fin de que reduzcan su deuda pública, y ello como condición para que puedan recibir dinero prestado para poder estimular la economía (véanse los artículos en el International Journal of Health Services, volúmenes 39 y 40, años 2009 y 2010, sobre el impacto del FMI en a salud de los países pobres.


Estas políticas neoliberales del FMI, que están causando el enorme empobrecimiento del sector público, incluyendo las infraestructuras de saneamiento y sanitarias públicos, tienen un impacto muy negativo en los países más desarrollados económicamente (la planta del Hospital Carlos III en Madrid dedicada a enfermedades infecciosas —donde ahora está ingresada la enfermera contagiada por el Ébola— había sido cerrada como consecuencia de los recortes del gasto público, resultado de las políticas de austeridad de la Comunidad de Madrid y del gobierno Rajoy), y tienen también un impacto, repito, devastador en los países mal llamados pobres (como Liberia, Sierra Leona y Guinea).

Es también importante resaltar que en estos países, como también ocurre en España, los servicios sanitarios están altamente estratificados por clase social, con una medicina privada para las clases pudientes (dependientes de los intereses transnacionales) que controlan la vida política y mediática del país. La pobreza del gasto público ha estimulado el enorme crecimiento de la privatización, que contribuye a la pobreza del sistema público. Hoy, en España, estamos viendo el debilitamiento de los grandes centros sanitarios a costa de la expansión de la medicina privada. Esta situación se repite en los países africanos, con resultados catastróficos. A la enorme pobreza de la gran mayoría de la población, se añade la enorme insuficiencia de su infraestructura sanitaria y de saneamiento. En realidad, lo que ocurre en los países mal llamados pobres es muy semejante a lo que ocurre en los países «ricos», aunque debido a la enorme pobreza en estos países los resultados son inmensamente peores. Hoy, en Liberia, Sierra Leona y Guinea los pacientes con Ébola son rechazados en los hospitales y mueren en la calle, a plena luz del día.

La respuesta a la crisis actual

La respuesta a la crisis en aquellos países africanos ha sido predeciblemente muy lenta. Y cuando ha tenido lugar, se han pedido urgentemente recursos humanos y dinero. Solo para Sierra Leona, su gobierno ha pedido 1.000 médicos y 3.000 enfermeros. Y la OMS ha indicado que se necesitan 4.300 camas hospitalarias para tratar a todos los pacientes con Ébola en estos tres países (Liberia, Sierra Leona y Guinea), más de diez veces el número total de camas en existencia en tales países. Los primeros países en responder fueron Cuba y China (Cuba, por cierto, ha sido siempre ejemplar en su respuesta a las peticiones de ayuda, tal como en su día subrayó el presidente Mandela de Sudáfrica). Cuba fue el primer país que respondió, y envió inmediatamente 165 médicos y profesionales, ayuda especialmente valiosa, pues Cuba, a pesar de su pobreza económica, tiene uno de los programas más avanzados del mundo contra las enfermedades infecciosas, tal como han reconocido no solo la OMS, sino también la Asociación Americana de Salud Pública, APHA. China ha enviado 200 profesionales sanitarios y, por fin, el gobierno Obama enviará 3.000 profesionales sanitarios.

Esta ayuda en personal es de una gran urgencia. Ahora bien, dicha ayuda será paliativa y no resolutiva, a no ser que haya cambios masivos dirigidos a atacar las causas de la epidemia de Ébola a las que me he referido en este artículo, a saber, la miseria de la población que vive y trabaja en estos países y la gran insuficiencia en sus infraestructuras salubristas, de saneamiento y sanitarias. A no ser que ello ocurra, las epidemias de Ébola se irán reproduciendo.

Ni que decir tiene que tales epidemias pueden controlarse y así está ocurriendo incluso en países vecinos de los tres más afectados (Liberia, Sierra Leona y Guinea). Nigeria y Senegal, por ejemplo, parecen haber contenido la epidemia. El Ébola es muy letal. Pero no es muy contagioso. En realidad, es de las menos contagiosas entre las enfermedades víricas. Y es muy poco probable que, como ocurrió con el SIDA, se expanda en los países ricos. Ello podría ocurrir, pero la infraestructura sanitaria de los países desarrollados es lo suficientemente avanzada como para poder controlar la difusión de la enfermedad. Pero este supuesto tampoco es definitivo, pues el desmantelamiento de los servicios públicos sanitarios que estamos viendo, incluso en la UE (muy notable en España), puede diluir y debilitar esta garantía de forma alarmante, como ha ocurrido en España. El neoliberalismo ha sido la causa de esta posibilidad tanto en los países del este de África como en los del sur de Europa.

15 octubre 2014

miércoles, 15 de octubre de 2014

Lo que muestra la epidemia de ébola


Margaret Chan remarcó que el actual brote pone en evidencia que el mundo «está mal preparado» para una emergencia sanitaria severa. La enfermera que se contagió en Estados Unidos está «clínicamente estable». Y en Madrid, la otra paciente experimenta una mejoría.

Por Pedro Lipcovich

«La epidemia de ébola muestra que el mundo está mal preparado para responder a cualquier emergencia sanitaria severa», dijo la directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS); señaló que la crisis «muestra los peligros de las crecientes desigualdades: a los pobres se los deja morir», pero «cuando el virus que los mata queda fuera de control, el mundo entero está en riesgo». Un experto argentino comparó el ébola con la enfermedad de Chagas, en cuanto a «la falta de desarrollo de medicamentos para enfermedades de zonas pobres». Gran Bretaña empieza hoy a controlar sanitariamente a viajeros procedentes de la zona afectada, aunque las autoridades reconocieron que el chequeo no podrá abarcar a todos porque muchos pueden llegar por vías indirectas. La Unión Europea y Estados Unidos también evalúan el control en aeropuertos. Entretanto, la enfermera que se contagió en España muestra signos de evolución «positiva», y la enfermera contagiada en Estados Unidos se halla «clínicamente estable».

Margaret Chan, titular de la OMS, señaló que «ya en 2009, con la pandemia de gripe H1N1, constatamos que el mundo no estaba preparado para dar una respuesta adecuada. La actual epidemia de ébola lo demuestra sin lugar a dudas», y agregó que la epidemia «muestra los peligros de las crecientes desigualdades sociales y económicas en el mundo: a los pobres se los deja morir, pero, cuando un virus mortífero queda fuera de control, el mundo entero está en riesgo». Chan recordó que, aunque el virus surgió hace casi 40 años, «no existen tratamientos ni vacunas, y esto se debe a que, como la enfermedad se limitaba a países pobres, no hubo incentivos para investigación y desarrollo. Una industria que se mueve por la búsqueda de beneficios no investiga en productos para mercados que no puedan pagar». Chan consideró que el ébola es «la mayor emergencia sanitaria de los últimos años, por encima de la pandemia de gripe H1N1».

Tomás Orduna, jefe de medicina tropical y medicina del viajero del Hospital Muñiz, comentó que, en cambio, «el VIH, también originado en Africa, se hizo presente en el primer mundo y eso generó una respuesta que no hubiera tenido de haber sido una más de las enfermedades de zonas pobres. Por ejemplo, hay más de 30 fármacos para el VIH y sólo dos para la enfermedad de Chagas. Hubo 22 brotes de ébola antes del actual, y la única respuesta estuvo dada por actos heroicos de trabajadores de la salud de organizaciones como Médicos Sin Fronteras, la Cruz Roja y la OMS».

De todos modos, en cuanto al ébola, «hoy estamos mejor que hace 30 días —estimó Orduna—: se ha producido, aunque moderada, una respuesta internacional, con la llegada de trabajadores de la salud cubanos y ahora también chinos; los canadienses instalaron una base y las tropas norteamericanas construyen hospitales de campaña».

Desde hoy, en el aeropuerto de Heathrow, Londres, a los pasajeros que llegan desde los países afectados por el ébola (Liberia, Sierra Leona y Guinea) se les toma la temperatura y se les administra un cuestionario sobre su salud y posibles contactos con enfermos. El control no podría alcanzar a más del 90 por ciento de los viajeros, ya que muchos no llegan en forma directa. Pasado mañana, en Bruselas, los ministros de Salud de la Unión Europea procurarán coordinar las decisiones sobre aeropuertos. En Estados Unidos, Barack Obama se reunió ayer con altos funcionarios para analizar la situación.

La enfermera que enfermó de ébola en Estados Unidos se encontraba ayer «clínicamente estable». Nina Pham, de 26 años, se contagió en un hospital de Texas cuando atendía a Thomas Duncan, el paciente liberiano que falleció el miércoles. «Debemos considerar la posibilidad de que haya otros casos de ébola entre los trabajadores que atendieron a Duncan», afirmó Thomas Frieden, director del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), reconoció que todavía no se sabe cómo se contagió la joven y sostuvo que Estados Unidos debe «repensar el modo en que se aborda el control del ébola».

Por lo demás, las autoridades sanitarias de Dallas anunciaron que no se proponen sacrificar al perro de Nina Pham. En España, el sacrificio del perro Excalibur, de la enfermera Teresa Romero, había dado lugar incluso a movilizaciones de protesta. Ayer, el alcalde de Dallas, Mike Rawlings, dijo que «el perro es muy importante para la paciente y queremos que esté a salvo».

En Madrid, Teresa Romero «está generando anticuerpos contra el virus y eso es muy positivo», reveló un representante del comité español de seguimiento del ébola. La enfermera, de 44 años, recibe dos tratamientos experimentales: uno consiste en la administración de anticuerpos producidos a partir del plasma de una persona que padeció el ébola, y el otro es un fármaco antiviral: en la mejoría de la paciente «influye muchísimo que es joven, y hay que ser prudente porque los pacientes con ébola tienen una falta de función de los pulmones que puede traer una complicación grave en cualquier momento», aclaró el miembro del comité de seguimiento.

14 octubre 2014

viernes, 3 de octubre de 2014

Lo que los científicos no quieren contar sobre el virus del Ébola


El ébola podría mutar hasta convertirse en una enfermedad propagada a través del aire. Es una posibilidad que los virólogos están poco dispuestos a admitir abiertamente pero que discuten en privado, cree un columnista del The New York Times.

RT Actualidad
16 septiembre 2014

Actualmente, los científicos creen que el ébola puede pasar al organismo humano solo a través del contacto directo con fluidos corporales. Sin embargo, los virus como el ébola son muy proclives a mutaciones, lo que significa que el virus que entra en una persona puede ser genéticamente diferente al virus que infectará a la siguiente. Y cada nueva infección representa billones de lanzamientos de los dados genéticos, opina Michael Osterholm, del diario The New York Times.

Es más, el hecho de que durante el reciente brote en tan solo cuatro meses hubiera más infecciones de humano a humano que en los últimos 500-1.000 años significa que la hiperevolución del actual virus del Ébola no tiene precedentes.

Entre el abanico de mutaciones puede surgir una que lo convierta en una amenaza para la humanidad que llegue a través del aire. De darse este caso los modelos de investigación muestran que el virus se propagaría rápidamente a todos los rincones del mundo, infectando y matando a millones de personas, supone el autor.

Hasta ahora el número de muertos por el virus del Ébola, que continúa extendiéndose por África occidental, ya ha superado las 2.400 personas, según Margaret Chan, directora de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta cifra representa más de la mitad del total de las personas infectadas.

El ébola que afecta a los humanos aún no ha logrado mutar hasta convertirse en un virus transmitido por el aire, según tienen constancia los científicos, aunque se ha demostrado que esta transformación sí tuvo lugar en el virus del Ébola que infecta a los animales, puntualiza el diario.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Una curandera, responsable de la expansión del ébola de Guinea a Sierra Leona



Una curandera es la responsable de que el ébola saltara en mayo de Guinea a Sierra Leona, según ha informado a AFP un médico sierraleonés. «Decía tener poderes para curar el ébola. Enfermos de Guinea cruzaron en Sierra Leona para ser tratados (por la mujer). Ella se infectó y murió. Durante su funeral, las mujeres de otros pueblos se infectaron», ha contado Mohamed Vandi, un responsable médico del distrito de Kenema.

Las mujeres que lloraron a la herborista en la aldea de Sokoma —donde practicaba el curanderismo— se contagiaron del ébola por la costumbre de tocar el cadáver durante el funeral, transportaron el virus a sus pueblos y la enfermedad se extendió. El brote se convirtió en epidemia cuando el virus de la fiebre hemorrágica llegó, a mediados de junio, a la ciudad de Kenema, de 190.000 habitantes y la tercera más grande del país. Hasta ahora, ébola ha matado en Sierra Leona a 365 personas, de un total de 848 infectados.

Todos ellos —y los que, desgraciadamente, se sumen— son víctimas de una curandera que prometía tener la solución para una enfermedad incurable, víctimas de la ignorancia y —vayan ustedes a saber— si no lo son también de la codicia.