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domingo, 14 de enero de 2018

Los sucesos en las centrales nucleares españolas se duplicaron en 2017


El pasado año el Consejo de Seguridad Nuclear informó de 39 incidentes en las plantas frente a los 22 de 2016.

EL SALTO
11 enero 2018

Los sucesos en las centrales nucleares españolas notificados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) relativos a la seguridad se duplicaron en 2017 en comparación con el año anterior. Mientras que en 2016 las diferentes plantas sufrieron un total de 22, en 2017 esta cifra aumentó a 39, según los datos que se desprenden del informe Sucesos en centrales nucleares españolas enero-septiembre 2017 y de los anuncios que el propio CSN realizó en los meses de octubre a diciembre.

Todos los sucesos notificados en 2017 fueron de nivel 0 —«sin significación para la seguridad»— según la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos (INES, por sus siglas en inglés), salvo uno de nivel 1 —anomalía— acaecido en la central nuclear valenciana de Cofrentes el 31 de octubre.

La planta valenciana sufrió una parada no programada para inspeccionar las líneas y las válvulas del lazo A del sistema de agua de alimentación. Esto se produjo al observar, en el arranque tras la parada de recarga que realizó el mes anterior, «un desequilibrio de caudales de agua entre el lazo A y el lazo B del sistema de agua de alimentación que aporta agua a la vasija del reactor para producir el vapor necesario para mover la turbina», según señalaron desde el organismo, un hecho provocado por «la rotura de una de las válvulas del sistema de refrigeración», según apuntan desde Ecologistas en Acción. El fallo, que inicialmente fue calificado de nivel 0, fue reclasificado a nivel 1 mes y medio después de producirse.

La nota positiva del balance anual es que el año pasado se cerró con un incidente menos de nivel 1 que en el 2016, cuando se registraron dos fallos de este calibre. Las plantas que más sucesos totales han presentado han sido Cofrentes y Ascó I, con nueve eventos cada una.

Problemas en Cofrentes

El del pasado 31 de octubre no ha sido el último suceso de la central nuclear valenciana, ya que Cofrentes ha vuelto a dar quebraderos de cabeza a Iberdrola y al CSN, y ha puesto en pie de guerra a los ecologistas con una nueva avería acaecida este 5 de enero. El fallo, calificado de «parada programada para realizar actividades de mantenimiento en el sistema hidráulico de accionamiento de barras de control» por Iberdrola, propietaria de la planta, fue causado por «una fuga de los accionadores hidráulicos de las barras de control, fundamentales para el control de la reacción nuclear», según Ecologistas en Acción.

Desde el colectivo remarcan la gravedad de la nueva parada, realizada solo 25 después de que se volviera a poner en marcha la central tras dos meses de reparaciones por el suceso anterior. Asimismo, Ecologistas remarca que «los operadores de la central calificaron de 'programada' esta nueva parada para disimular la gravedad del problema» y apuntan a «malas prácticas» durante la recarga.

En concreto, señalan que las fugas en el sistema hidráulico de los accionadores de las barras de control, un sistema cuya función es «introducir dentro del núcleo del reactor los componentes necesarios para frenar, o parar si fuese necesario, la reacción nuclear», se produjeron por «no apretar correctamente los tornillos de cierre de los accionadores durante la anterior parada para recarga». Estos hechos muestran para el colectivo «un erróneo control de calidad en las operaciones que se realizan en Cofrentes».

Tanto la organización ecologista como el Movimiento Ibérico Antinuclear y la plataforma Tanquem Cofrents exigen la publicación de los detalles de la avería, un suceso que para las organizaciones medioambientales demuestra el deterioro y envejecimiento de las instalaciones, así como su cierre definitivo en 2021, año en que finaliza la concesión de explotación.

Pablo Rivas

viernes, 11 de marzo de 2016

Accidente nuclear en Francia fue minimizado


Un accidente nuclear ocurrido en 2014 en la central de Fessenheim, en Francia, fue más serio de lo que se dio a conocer. Medios alemanes denuncian que las autoridades ocultaron la gravedad de los hechos.

04/03/2016

Tanto la autoridad de energía atómica francesa, la ASN, como la compañía operadora de los dos reactores nucleares de Fessenheim, el gigante energético francés EDF, ocultaron de manera deliberada informaciones sobre la gravedad del accidente sucedido el 9 de abril de 2014, cuando uno de los reactores tuvo que ser desactivado porque se encontró una pérdida de agua en diferentes sectores de los mismos.

Según investigaciones publicadas este viernes (04/03/2016) el diario alemán Süddeutsche Zeitung y la cadena pública WDR, el incidente de Fessenheim —en la región de Alsacia, cercana a la frontera con Alemania— podría ser «uno de los accidentes nucleares más dramáticos jamás ocurridos en Europa Occidental».

La denuncia de estos medios se basa en un documento al que dijeron haber tenido acceso y que fue enviado por miembros de la ASN a su junta directiva el 24 de abril de 2014.

Indicios de accidente grave

La carta y la consiguiente respuesta revelan que no fue posible desactivar el reactor en la forma acostumbrada, ya que las barras de control de combustible estaban atascadas. De acuerdo con un experto, el reactor tuvo que ser desactivado agregando boro a la cubas de presión, un procedimiento inusual en Europa Occidental.

«No tengo conocimiento ningún caso en el que un reactor en Europa Occidental haya tenido que desactivarse luego de un incidente añadiendo boro», explicó Manfred Mertins, experto y asesor gubernamental en seguridad nuclear, a la cadena WDR y al Süddeutsche Zeitung.

Según las investigaciones, los informes oficiales de la ASN no contenían información sobre el añadido de boro ni sobre el atascamiento de las barras de control, y tampoco se reportó acerca de eso al Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA).

Alemania también entró en una disputa con Bélgica por la central nuclear de Tihange, cerca de la frontera entre ambos países. Dicha central fue cerrada en marzo de 2014, pero volvió a entrar en funcionamiento en diciembre de 2015 a pesar de que se dieron a conocer rupturas en las cubas.

El primero de los dos reactores del complejo de Fessenheim, ubicado a orillas del Rin, junto a la frontera alemana, empezó a producir electricidad en marzo de 1977, y el segundo en 1978. El presidente francés, François Hollande, aplazó el cierre de esa central nuclear, la más antigua del país, al menos a 2018, cuando su promesa electoral era hacerlo en 2016.

Francia tiene en total 58 reactores en funcionamiento, que proporcionan el 80% de la electricidad generada. Hollande pretende disminuir el peso relativo del sector nuclear en la producción de electricidad al 50% en el horizonte de 2025.

sábado, 9 de agosto de 2014

Hiroshima y Nagasaki 69 años después


Amy Goodman, con la colaboración de Denis Moynihan

8 de agosto de 2014

«Odio la guerra», afirmó Koji Hosokawa cuando nos encontrábamos junto a la llamada Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima, Japón. En un extremo del Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima se erige el esqueleto de un edificio de cuatro pisos. El edificio fue uno de los pocos que quedaron en pie después de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto de 1945 a las 8.15 de la mañana. Tres días más tarde, Estados Unidos lanzó una segunda bomba en Nagasaki. Cientos de miles de civiles murieron, muchos al instante y otros tantos lentamente como consecuencia de quemaduras graves y de lo que más tarde pasó a conocerse como enfermedades provocadas por la radiación.

El mundo observa horrorizado los diversos conflictos militares de la actualidad, que dejan tras de sí solo más destrucción. En Libia y en Gaza, en Siria, en Irak, Afganistán y Ucrania. No muy lejos de los muertos y los heridos de esos conflictos, los misiles nucleares aguardan alertas, en espera del terrible momento en que la arrogancia, un accidente o la falta de humanidad provoquen el próximo ataque nuclear. «Odio la guerra», reiteró Hosokawa. «Odio la guerra, no a los estadounidenses. La guerra vuelve locas a las personas».

En 1945, Koji Hosokawa tenía 17 años. Trabajaba en el edificio de la compañía telefónica, a menos de 3 kilómetros de distancia de la zona cero, donde cayó la bomba: «Estaba a tres kilómetros hacia el noreste de esta zona. Allí fui expuesto a la bomba. Había un edificio muy robusto, de modo que sobreviví de milagro». Su hermana de 13 años no corrió con la misma suerte: «Mi hermana menor también había ido a trabajar y se encontraba a 700 u 800 metros de distancia del hipocentro y allí fue expuesta a la bomba. Estaba con una maestra y los alumnos. En total, las 228 personas que estaban allí junto a ella murieron».

Caminamos por el parque hacia el Museo de la Paz de Hiroshima. Allí se exhiben las imágenes de la muerte: las sombras de las víctimas quemadas proyectadas en los muros de los edificios, las fotografías del caos que sobrevino a la bomba y de las víctimas de la radiación. Casi siete décadas más tarde, a Hosokawa aún se le llenan los ojos de lágrimas al relatar lo sucedido. «El mayor dolor de mi vida es que mi hermana menor haya muerto por la bomba atómica», sostuvo.

Un día antes de reunirme con Koji Hosokawa estuve en Tokio, donde entrevisté a Kenzaburo Oe, ganador del Premio Nobel de Literatura. «Cuando era niño, a los 12 años de edad, Japón ingresó en la guerra y fue al final de la guerra que Japón sufrió los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. En aquel entonces sufrí una gran conmoción, pero también mi madre, nuestras familias, todas las personas en aquel entonces estaban azoradas por la bomba atómica. Se trataba de la mayor catástrofe que jamás habíamos experimentado, por eso el sentimiento de tener que sobrevivir a esto, de superarlo y empezar de nuevo fue muy poderoso.»

Ahora, con casi 80 años, Kenzaburo Oe ha reflexionado mucho acerca de la conexión que existe entre la bomba atómica y el desastre de Fukushima, la planta nuclear que colapsó cuando un terremoto y un tsunami devastadores azotaron Japón el 11 de marzo de 2011. El Premio Nobel le dijo al periódico francés Le Monde: «Hiroshima debe quedar grabado en nuestra memoria: es una catástrofe más terrible que los desastres naturales porque fue provocada por el hombre. Repetirla, al mostrar la misma falta de respeto por la vida humana con la construcción de plantas de energía nuclear, es la peor traición a la memoria de las víctimas de Hiroshima», afirmó.

Tras el desastre de Fukushima, Oe afirmó: «Todos los japoneses sintieron un profundo arrepentimiento... El aire que se respiraba en Japón era casi el mismo que tras la bomba de Hiroshima al finalizar la guerra. Debido a este clima, el Gobierno [en 2011], con el consentimiento de la población japonesa, prometió deshacerse o desactivar las más de 50 plantas nucleares de Japón», sostuvo el Premio Nobel.

Sobrevivientes de la bomba atómica como Koji Hosokawa, escritores como Kenzaburo Oe, al igual que cientos de miles de personas que ahora son ancianas, han sido testigos del surgimiento de la era nuclear en 1945 y han vuelto a experimentar sus devastadoras posibilidades recientemente en Fukushima. A pesar de plantear riesgos diferentes para la humanidad, hay un vínculo entre los arsenales de armas nucleares y las plantas nucleares, ya que los productos derivados de algunas plantas nucleares pueden utilizarse como material para fabricar ojivas nucleares. Ya sea que se trate de un acto de guerra, de un acto de terrorismo proveniente de un arma nuclear que cayó en manos de un actor no estatal o de un accidente en una planta nuclear, los desastres nucleares son terriblemente destructivos, pero son totalmente evitables. Necesitamos una nueva forma de pensar, un nuevo esfuerzo para eliminar las armas nucleares y pasar a utilizar energía segura y renovable en todo el mundo.

Cuando nos íbamos del Parque de la Paz de Hiroshima, Koji Hosokawa me pidió que me detuviera. Me miró a los ojos y me dijo que no me olvidara de las víctimas: «Todas esas personas vivían aquí», afirmó. «Vivían aquí.»

© 2014 Amy Goodman



   Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

   Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Las algas del mar Báltico conservan elementos radiactivos de Chernóbil


Investigadores del Centro Nacional de Aceleradores en Sevilla y otros 30 centros internacionales han confirmado que los niveles elevados de plutonio y yodo radiactivo que presentan las algas del mar Báltico se deben al impacto del accidente de Chernóbil en 1986, así como a las descargas de radionucleidos procedentes de la planta de reprocesamiento de Sellafield, en Reino Unido. El estudio forma parte de procesos de certificación para la Organización Internacional de la Energía Atómica.

20 mayo 2014

El Centro Nacional de Aceleradores (CNA, Universidad de Sevilla-Junta de Andalucía-CSIC), en Sevilla, colabora con el laboratorio de medio ambiente marino de la Organización Internacional de la Energía Atómica (IAEA), en Mónaco. Este laboratorio distribuye muestras afectadas por diversas fuentes de contaminación radiactiva entre diferentes centros para que estudien la presencia de radionucleidos mediante técnicas radiométricas o de espectrometría de masas.

En este contexto, un trabajo desarrollado por los miembros del grupo de Espectrometría de Masas con Aceleradores del CNA ha analizado los niveles de plutonio Pu-239 y Pu-240 y yodo I-129 en algas procedentes del mar Báltico. Los investigadores han confirmado los niveles elevados de radionucleidos antropogénicos debidos al impacto del accidente de Chernóbil en 1986 y las descargas de radionucleidos desde la planta de reprocesamiento de Sellafield (Reino Unido).

De este modo se ha obtenido un estudio estadístico de los resultados, estableciendo valores de referencia para las algas. Los resultados se han publicado en la revista Applied Radiation and Isotopes en un estudio en el que han participado otras 30 instituciones de España y otros países.

La determinación exacta y precisa de las concentraciones de radionucleidos en muestras marinas es importante para las evaluaciones de radiactividad marina y para el estudio de procesos oceanográficos.

En los próximos meses se abordará el estudio de sedimentos procedentes del atolón Bikini, en el océano Pacífico, donde Estados Unidos llevó a cabo entre 1950 y 1963 la mayoría de sus pruebas termonucleares. Se incluirá la determinación de U-236, isótopo de uranio de origen esencialmente antropogénico de gran interés en estudios oceanográficos.

Los resultados obtenidos permiten certificar los distintos materiales empleados para diversos radioisótopos y que posteriormente serán empleados para controles de calidad que validan los métodos empleados en su medida. Según indica la doctora Elena Chamizo Calvo, «en el CNA analizamos diferentes muestras proporcionadas por la IAEA que se encuentran en proceso de certificación».

La IAEA es la organización internacional de cooperación en el campo de la energía nuclear. Fue creada en 1957 dentro de la Organización de las Naciones Unidas. La agencia trabaja con sus estados miembros y socios en todo el mundo para promover tecnologías nucleares seguras y pacíficas.

Este organismo internacional se ha encargado del control de eventos tales como los accidentes nucleares de Chernobyl y Fukushima, siendo sus objetivos que la energía nuclear no se utilice con fines militares y establecer normas de seguridad nuclear y protección ambiental.


  Referencia bibliográfica:
  M.K. Pham, M. Benmansour, F.P. Carvalho, E. Chamizo, D. Degering, C. Engeler, C. Gascó, J.P. Gwynn, A.V. Harms, E. Hrnecek, F.L. Ibanez, C. Ilchmann, T. Ikaheimonen, G. Kanischm, M. Kloster, M. Llaurado, A. Mauring, B. MØller, T. Morimoto, S.P. Nielsen, H. Nies, L.D.R. Norrlid, H.B.L. Pettersson, P.P. Povinec, U. Rieth, C. Samuelsson, J. Schikowski, B.V. Šilobritiene, P.A. Smedley, M. Suplinska, V.P. Vartti, E. Vasileva, J. Wong, T. Zalewska, W. Zhou. «Certified Reference Material IAEA-446 for radionuclides in Baltic Sea seaweed». Applied Radiation and Isotopes (2013). http://dx.doi.org/10.1016/j.apradiso.2013.11.013

lunes, 14 de abril de 2014

¿Estamos a salvo del agua radiactiva de Fukushima?


24/01/2014

El terremoto de Japón de 2011 creó un tsunami con olas de más de 40 metros de altura que arrasaron todo lo que encontraron en su camino, provocando una gran cantidad de pérdidas humanas y económicas, y supuso un gran golpe para el país. Entre los desastres ocasionados por esta catástrofe se produjo una rotura en los sistemas refrigeración de varios reactores de la central nuclear de Fukushima I, una de las de mayor capacidad del mundo. A lo largo de marzo y abril de 2011 se sucedieron varias explosiones en su interior y se confirmó la fuga de agua radiactiva al mar.

El océano tiene capacidad para diluir el agua radiactiva, pero el principal problema proviene de la incorporación de los isótopos radiactivos hacia la cadena alimenticia, incorporándose en los tejidos de los organismos. En accidentes de centrales nucleares que han ocurrido en Francia e Inglaterra se encontraron concentraciones elevadas de cesio y plutonio en focas y cetáceos que se habían alimentado de pescado contaminado. Todavía no se conocen con exactitud cómo afecta la contaminación radiactiva sobre la vida marina y el contacto de ésta con el hombre. Hoy en día se desconoce cómo pueden reaccionar los isótopos radiactivos con moléculas presentes en el agua marina, y si se quedan flotando en el agua o bien precipitan al fondo marino. Esta cuestión es de vital importancia para determinar la superficie de afección de agua radiactiva que puede ser desplazada grandes distancias por la dinámica marina.

Lamentablemente las consecuencias del accidente de la central de Fukushima no las conoceremos hasta dentro de varios años, tal y como sucedió con el accidente de Chernóbil en Ucrania. Sin embargo, los científicos han empezado a considerar la contaminación radiactiva procedente de Fukushima como la responsable de varios fenómenos que han ocurrido en el último año y de los que no existen precedentes. Por ejemplo, las poblaciones de salmón Chinook en la costa oeste de Canadá han experimentado una disminución muy acusada y que ha sorprendido a todos. En las últimas semanas se han encontrado águilas calvas [pigargos cabeciblancos], símbolo nacional de Estados Unidos, moribundas y con síntomas desconocidos en el estado de Utah; algunas voces señalan a la radiación procedente de Fukushima como causa probable. En Canadá han observado que es la contaminación radiactiva una de las responsables de la mortalidad masiva de estrellas de mar, conjuntamente con la cantidad de desechos procedentes del tsunami y que han llegado a la costa oeste americana y canadiense a través de las corrientes oceánicas.

Resulta inquietante pensar que los efectos del tsunami y la contaminación radiactiva se manifiesten más de dos años después en puntos localizados a 6.000 kilómetros de distancia.

Pero éstos son los primeros síntomas. ¿Qué sucesos ocurrirán en los próximos años en otros puntos afectados?

Rodrigo Riera
Biólogo marino

lunes, 16 de diciembre de 2013

Muerte masiva de animales en Alaska, ¿huellas de Fukushima?


(14/diciembre/2013)

Cientos de pájaros muertos aparecieron en las costas de la isla de Saint Lawrence, Alaska, a finales de noviembre. Aunque la causa de la mortandad se desconoce, algunos culpan al cambio climático, pero otros apuntan a Fukushima.

Además, se ha informado de que un gran número de osos polares, focas y morsas en Alaska está siendo afectado por pérdidas de pelo y llagas supurantes.

Si bien las autoridades afirman que la causa de ello es una extraña «enfermedad» o las «duras condiciones meteorológicas», un informe de Alaska Public Media revela que la dimensión de los hechos puede estar relacionada con la catástrofe de Fukushima.

El informe detalla que, aparte de la gran cantidad de aves muertas, algo está provocando que un gran número de focas y morsas «pierdan el pelo y desarrollen llagas supurantes o úlceras de la piel», entre otros síntomas

Aunque ambas especies presentan síntomas similares, los científicos no saben aún si focas y morsas sufren la misma enfermedad. Asimismo, la población de salmón rojo de la zona está en un «mínimo histórico», habiendo experimentado una disminución de más del 80% desde el año pasado.

La bióloga Lanza Barrett-Lennard expresó su preocupación por que los cambios en el ambiente oceánico estén provocando un comportamiento extraño y una tasa inusualmente alta de mortalidad. «Es evidente que algo muy raro está sucediendo» y algunos expertos señalan que no sería descabellado pensar que, al menos en parte, el desastre de Fukushima esté siendo la causa de todo esto.

Por su parte, el aventurero australiano Ivan MacFadyen mencionó que durante un reciente viaje por mar de Japón a San Francisco el océano parecía estar muerto. «He recorrido muchos kilómetros por el océano en mi vida y lo habitual es ver tortugas, delfines, tiburones y grandes bandadas de aves. Pero esta vez, durante más de 5.500 kilómetros no vimos casi ningún ser vivo».

Recientemente la compañía operadora Tokyo Electric Power (Tepco) informó que los niveles de radiación en el agua subterránea bajo la planta japonesa de energía nuclear Fukushima-1 se elevaron a su nivel más alto desde el accidente en 2011 y que las fugas de agua contaminada continúan.

domingo, 22 de septiembre de 2013

El uranio olvidado (documental)

«El programa de TVE de preocupaciones medioambientales El escarabajo verde realizó poco antes de la catástrofe de Fukushima, en enero de 2011, un interesante documental sobre una de las mayores chapuzas de la industria nuclear española: la avería del reactor nuclear experimental de la Ciudad Universitaria de Madrid en 1970 y el posterior enterramiento de los restos en la zona adyacente al reactor (en la Dehesa de la Villa) y en una mina de la provincia de Badajoz. Todo ello se llevó a cabo con el secretismo característico de la dictadura franquista y poniendo en peligro a la población civil, que fue irradiada sin que sepamos el alcance que tuvo este atentado contra la salud pública ya que no se hizo ningún estudio. He aquí el documental...»

Tommaso della Macchina 
VÓRTICE INMEDIAÍSTA

domingo, 3 de marzo de 2013

Fukushima: OMS alerta sobre riesgo de cáncer en la población más afectada

Planta destruida de Fukushima Daiichi

28 de febrero, 2013 — La población de las zonas más afectadas por el accidente nuclear de Fukushima tiene más de probabilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Es la conclusión de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Así, las niñas de un año de las áreas más próximas a la central tienen un 70% más de posibilidades de padecer, en un futuro, un cáncer de tiroides y un 6% más en el caso del cáncer de pecho. Para los niños, en esas mismas condiciones de edad y emplazamiento, es el riesgo de leucemia el que sube en un 7% como explica la directora salud pública y medio ambiente de la OMS, María Neira.

«Hay el riesgo de desarrollar un cáncer que toda población normal tiene. Esa probabilidad va a estar aumentada de un 7% en el caso de la leucemia en niños de un año de edad, los que fueron expuestos a un año de edad porque son los más sensibles. Va a estar aumentada de más o menos un 6% para niñas de un año en el caso de cáncer de mama y va estar aumentada también en el caso del cáncer de tiroides», afirmó la experta.

La OMS recomienda continuar con el seguimiento de la población, a nivel tanto físico como psicológico, y mantener la vigilancia sobre la comida y el agua que se consume.

domingo, 17 de febrero de 2013

Fuga en el depósito nuclear más antiguo de EEUU, cuna de la bomba de Nagasaki


RT

La Reserva Nuclear de Hanford, sitio del primer reactor de plutonio a gran escala en el mundo y uno de los depósitos más contaminados en EEUU, presenta una fuga de residuos nucleares, según funcionarios estadounidenses.

La Reserva Nuclear de Hanford almacena residuos derivados de la producción de armas atómicas en tanques que ya han superado sus 20 años de vida útil. El viernes el Departamento de Energía de EEUU anunció que en uno de los 77 depósitos se detectó una fuga con un ritmo de pérdida de 1.100 litros anuales en el tanque T-111, construido entre 1943 y 1944, que ahora contiene unos 1.700 litros de estiércol líquido altamente radiactivo resultante de la producción de plutonio de las armas nucleares.

«Estoy alarmado por esto en muchos sentidos», reconoció el gobernador de Washington Jay Inslee. «Esto plantea preocupaciones, no sólo acerca de la fuga existente [...], sino también acerca de la integridad de otros tanques de esta antigüedad», añadió.

El gobernador aclaró que otros tanques del sitio han sido examinado ahora y que en la actualidad «no hay riesgo inmediato para la salud pública».

Establecida en 1943 como parte del proyecto Manhattan para construir la bomba nuclear, Hanford se convirtió en el sitio del primer reactor de plutonio a gran escala en el mundo. El material atómico producido allí se utilizó en la bomba lanzada contra Nagasaki en 1945.

Se estima que los 3,7 millones de litros de residuos filtrados en más de 70 años ponen en peligro el medio ambiente local del río Columbia.

viernes, 26 de octubre de 2012

El 40% de los peces de la costa de Fukushima no son comestibles

Un estudio asegura que sigue habiendo una fuente de radiación continua en la central japonesa


Pescadores desembarcan en un puerto al sur de Fukushima.
Los niveles de radiactividad de los peces en la costa este de Japón siguen siendo elevados, sobre todo frente a la central nuclear de Fukushima, pese a que han pasado ya 17 meses del accidente que sufrió esta planta tras el terremoto y posterior tsunami de marzo de 2011. Según un estudio de un experto estadounidense publicado en la revista Science, un 40% del pescado de la zona no es comestible al rebasar los límites de contaminación establecidos por la autoridades niponas.

El autor del estudio, Ken Buesseler, químico del Instituto Oceanográfico de Woods Hole de Massachusetts, asegura que hay una fuente persistente de radiactividad que puede proceder de una fuga aún no controlada en la central o de sedimentos marinos contaminados, o bien por ambas causas. El científico subraya que los niveles de contaminación varían según la especie, lo que complica la reglamentación por parte de los organismos públicos.

Buesseler advierte de que «no es suficiente estudiar los peces para predecir cómo evolucionarán los diferentes niveles de contaminación».«Necesitamos sobre todo entender mejor las fuentes que siguen manteniendo estos niveles de radiactividad en el océano frente a Fukushima», insiste.

Para ayudar a alcanzar este objetivo, el científico y su colega Mitsuo Uematsu, de la Universidad de Tokio, organizan un simposio en la capital japonesa el 12 y 13 de noviembre. El objetivo es presentar las últimas estimaciones disponibles sobre emisiones de radiactividad en la central de Fukushima, así como su impacto en el océano, la vida marítima, los peces y los crustáceos.

Los peces de aguas profundas contienen en su piel y músculos concentraciones de material radiactivo (Cesio-134 y Cesio-137) en la misma proporción que al comienzo de la crisis. Lo extraño es que el cesio desaparece con relativa rapidez del tejido, por lo que, según el estudio de Buesseler, hay todavía una fuente directa de radiación en la zona. «Dado que el cesio desaparece de los músculos rápidamente después en cuanto frena la exposición, los peces que migran a aguas menos afectadas deberían perder gradualmente el cesio recibido de Fukushima. Sin embargo, el hecho de que muchos peces estén tan contaminados hoy con cesio como lo estaban hace más de un año implica que se sigue liberando cesio en la cadena alimentaria del ecosistema marino», explica Buesseler en Science.

viernes, 13 de julio de 2012

«La radiación de Fukushima en el Pacífico sigue siendo 10 veces mayor que en el resto del océano»

Sergey Prants*, investigador en la Academia rusa de Ciencias

La contaminación radiactiva de la central nuclear de Fukushima (Japón) se sigue propagando por el océano hasta alcanzar el continente americano. Y lo seguirá haciendo hasta 2013, aunque no sea peligrosa. Así lo predice Sergey Prants, jefe del departamento de Física de la Atmósfera y el Océano en el Instituto Oceanográfico del Pacífico (Rusia), gracias a un modelo matemático que aúna imágenes de satélite y datos oceanográficos.

Adeline Marcos - Agencia SINC

La semana pasada la comisión de investigación sobre el accidente nuclear de Fukushima tras el terremoto y el posterior tsunami que devastó la costa japonesa en marzo de 2011 confirmó que el desastre se debió a errores humanos. Pero a pesar del informe, la propagación de la radiación no cesa.

Según la estructura matemática que ha elaborado, ¿cómo cree que se va a seguir propagando la contaminación?

La propagación de la radiación de Fukushima se debe sobre todo a la fuerza de la corriente de Kuroshio, una de las más fuertes del mundo y que fluye desde Taiwán hasta Japón. Las simulaciones indican que habrá un ligero aumento de la contaminación radiactiva hacia el norte de Fukushima, pero será relativamente pequeña y poco peligrosa.

¿Qué zonas ha alcanzado o alcanzará la contaminación?

Lo que podemos decir por ejemplo es que no habrá absolutamente nada de contaminación en el Mar de Japón (situado al oeste de Japón) porque toda la radiación irá hacia el este y una pequeña parte hacia el noreste, pero no hacia la Península de Kamchatka (noreste de Rusia). No hay peligro que alcance esta zona de gran belleza natural y repleta de volcanes.

El investigador ruso Sergey Prants en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT).

Aunque la concentración de la radiación sea muy baja, ¿existe algún peligro?

Existe un riesgo y es que al centrarnos en los remolinos marinos donde la radiación queda atrapada, hemos observado que los peces prefieren estar en lo que matemáticamente se denomina frente Lagrangiano, una ruta muy larga de cientos de kilómetros y estrecha que está conectada con los remolinos. Si la radiación es atraída y entra en este frente llega hasta los remolinos, donde aumenta la contaminación y la presencia de los peces. Los científicos han capturado pequeños peces y organismos como el fitoplancton y zooplancton para medir el nivel de radiactividad.

¿Podrían llegar a los consumidores peces contaminados?

Hay una probabilidad muy pequeña de que se capturen los mismos peces que han sufrido la radiación y que hemos podido seguir a través de estas estructuras matemáticas. Podría darse la casualidad, pero repito, no es peligroso. En ciudades como Vladivostok, en Rusia, frente al Mar de Japón, hemos recibido contaminación más peligrosa a través de los coches exportados de Japón, ya que algunos de ellos eran radiactivos al haber estado expuestos a la fuga en la zona afectada por el tsunami.

Según los datos que está recogiendo el buque de investigación de su instituto, ¿cree que la radiación permanecerá durante mucho tiempo?

Es posible. Si consideramos que los remolinos marinos donde queda atrapa la radiación duran un máximo de unos dos años, la contaminación permanecerá dos años desde que se produjo el accidente en esta región. Pero como decía no será en grandes concentraciones. Los remolinos atrapan el agua pero no lo hacen de forma infinita. En un momento dado se colapsan. Durante esos dos años que suele durar el remolino, incluso es posible que algo de agua radiactiva sea liberada hacia las aguas de alrededor, pero tampoco es preocupante.

¿Cómo han logrado comprobar que esta radiación provenía de Fukushima?

En todas partes, incluso en España, hay radiación pero es muy baja. En Japón, tras el desastre de la central nuclear esta contaminación aumentó sobre todo en el Pacífico. Ahora, aunque siga siendo baja, la radiación es diez veces mayor que la del resto del océano por lo que hemos podido medirla. Y como hemos encontrado que este dato se repetía en diferentes zonas, estamos seguros de que se trata de la radiación de la central, y no de otras fuentes.

La propagación radiactiva en el Pacífico a finales de junio de 2012, según el modelo numérico.

Su modelo matemático se aplica también a los peces llamados saury, uno de los más comerciales del Pacífico occidental. ¿En este caso qué permiten saber las matemáticas?

Podemos predecir los lugares donde se dan las condiciones favorables para que se desarrollen los peces saury y así poder capturarlos después. El modelo lo podemos aplicar en cualquier lugar. En el Mediterráneo por ejemplo serviría también para las posibles pesquerías ya que este mar está bien cubierto por mediciones vía satélite y podemos obtener el campo de velocidad de las corrientes. Esto ya se hace en España para simular estructuras matemáticas, pero nuestro modelo permite conectarlo a las pesquerías. En los próximos años se aplicará en el Mediterráneo.

Pero al igual que se predice la presencia de los peces, ¿es posible prever cuántos puede haber?

No, porque la simulación aporta otros resultados. Podemos encontrar la localización donde potencialmente hay peces, pero los pescadores utilizan las propias olas de migración, como pasa con los millones de antílopes que cada año toman las mismas rutas en África. Los peces hacen prácticamente lo mismo, toman más o menos las mismas rutas y eligen las más favorables para ellos. Lo que hemos observado es que hay muchos más lugares en los océanos con condiciones favorables para los peces que lugares donde en realidad se capturan.

¿No se pesca donde se debería entonces?

En general a los buques de pesca no les gusta alejarse mucho de la costa porque es caro, salvo los atuneros. Prefieren pescarlos cerca y pescan pequeñas piezas. Pero podemos prever los lugares con buenas condiciones pesqueras, e indicar el camino, pero haya peces o no, esa es otra cuestión…

* Sergey Prants participó en el congreso Segundo Encuentro Internacional de Procesos no Lineales en Flujos Oceánicos y Atmosféricos, organizado por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) en Madrid del 3 al 6 de julio de 2012.

miércoles, 6 de junio de 2012

El 13% de los centros de trabajo de Extremadura presentan niveles altos de radón

Investigadores de la Universidad de Extremadura han medido los niveles de radón, un gas radiactivo, en 130 centros de trabajo de esta comunidad. Los resultados revelan que el 13% de las tiendas, colegios, oficinas, museos y otras instalaciones superan los niveles recomendados por la UE. El récord lo tiene una cueva del norte de Cáceres.

Agencia SINC

Extremadura, junto a Galicia y las provincias del Sistema Central, es una de las zonas de España donde los niveles de radón son más elevados. Este gas radiactivo que emana del suelo de forma natural se considera el segundo factor de riesgo para padecer cáncer de pulmón, después del tabaco.

Para analizar su presencia, un equipo de físicos de la Universidad de Extremadura (UEX) ha tomado 200 medidas de concentración de radón en 130 lugares de trabajo de esta comunidad, desde centros de descanso y spas hasta museos, bodegas y aparcamientos.

Las conclusiones del estudio, que publica el Journal of Environmental Radioactivity, reflejan que el 13% de los centros presenta niveles de radón superiores a 400 Becquerelios/m3. Ese porcentaje se eleva al 16% en sitios que en principio no se consideraban de especial riesgo, como tiendas, teatros, escuelas, oficinas, catedrales y empresas de materiales de construcción. Y en el 18% de los centros han aparecido valores de entre 200 y 400 Bq/m3.

La Unión Europea recomienda no superar una concentración media anual de 400 Bq/m3 en el interior de viviendas ya existentes, y los 200 Bq/m3 si son de nueva construcción. Hasta ahora el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) también establecía esas referencias, pero este año ha elevado a 600 Bq/m3 el nivel de protección de los trabajadores en su puesto, y a los 300 Bq/m3 si hay público con elevada permanencia (en hospitales, centros educativos o penitenciarios). Por su parte, la OMS reduce la concentración de referencia a 100 Bq/m3.

En cualquier caso, el estudio en Extremadura pone de manifiesto que numerosas instalaciones superan esos límites. En dos museos de una pequeña ciudad se han alcanzado niveles de radón de hasta 1.182 y 4.337 Bq/m3 respectivamente. «Estos datos aparecen solo en algunas salas, y no en otras donde habitualmente están los trabajadores, con niveles inferiores a 200 Bq/m3», comenta Alejandro Martín, profesor de la UEX y coautor del trabajo.

El investigador recuerda que el gas radón emana del suelo y, dependiendo de las grietas, la topografía del terreno y la vivienda, así como de la ventilación, puede dirigirse hacia un lugar u otro. De hecho no se han encontrado grandes diferencias entre los datos registrados en instancias subterráneas y otras elevadas o a nivel del suelo.

Para evitar sus posibles efectos nocivos en los centros de trabajo, la recomendación de los expertos es clara: «Una buena medida es ventilar durante unos diez minutos al día las estancias donde se vive o trabaja, aunque cada lugar tiene sus características propias que no hay que olvidar», destaca Martín.

El equipo se ha llevado algunas sorpresas al no encontrar niveles elevados de radón en aparcamientos o bodegas, donde la media ha sido 68 Bq/m3. El estudio plantea que los responsables de estas instalaciones las mantienen bien ventiladas para evitar los problemas de concentración del monóxido y dióxido de carbono. Tampoco se han encontrado grandes diferencias entre los registros tomados en instancias

Los resultados revelan que, en general, las zonas graníticas del noreste y centro de Extremadura son las que presentan las concentraciones más elevadas de radón, por la naturaleza misma de la roca. El granito contiene los isótopos radiactivos de uranio que se trasforman primero en radio y luego en radón.

Resultados de concentraciones de radón sobre en el mapa de radiación
natural gamma en Extremadura (a), y en el mapa geológico (b).


Niveles de 40.000 Bq/m3 en una cueva

Los valores más altos del gas, con diferencia (40.000 Bq/m3), se han detectado en una cueva de interés turístico del norte de Cáceres. Los investigadores prefieren no desvelar los detalles sobre su ubicación, pero sí confirman que la persona que más tiempo permanecía en ella —la guía— ya solo lo hace para acompañar a los científicos en visitas esporádicas y sin superar la dosis anual de radiación.

En este tipo de cavernas la ventilación supone un riesgo para las espectaculares formaciones geológicas que suele haber en su interior.

Para realizar el estudio se han empleado cartuchos de carbón activo (cánisters, para medidas rápidas en 48h) y detectores de trazas nucleares, unas películas de plástico donde se pueden contar el número de impactos del radón a lo largo de tres meses.

Referencia bibliográfica:

A. Martín Sánchez, J. de la Torre Pérez, A.B. Ruano Sánchez, F.L. Naranjo Correa. «Radon in workplaces in Extremadura (Spain)». Journal of Environmental Radioactivity 107: 86-91, 2012.


martes, 29 de mayo de 2012

El atún rojo del Pacífico transporta isótopos radiactivos de Fukushima a California

Científicos estadounidenses han detectado presencia de isótopos radiactivos en ejemplares de túnidos [escómbridos] que habrían migrado desde Japón a California después del accidente de Fukushima. Aunque los niveles no son perjudiciales para la salud humana, los expertos opinan que se deberían estudiar más especies migratorias.

Agencia SINC

Los atunes rojos [o de aleta azul del Pacífico] podrían haber transportado isótopos radiactivos originados en el accidente nuclear de Fukushima desde Japón a la costa de San Diego en California (EE UU). Esta es la conclusión de un estudio publicado en la revista PNAS y llevada a cabo por científicos de la Universidad de Stanford (EE UU).

«El atún rojo es un pez migratorio que a lo largo de su vida habita en distintas zonas del Pacífico Norte —explican los expertos—. Los ejemplares maduran en las aguas niponas del oeste del Pacífico y la mayoría migran hacia el este por la corriente oceánica de California al año o dos de vida.»

Thunnus orientalis

«Los niveles encontrados no son preocupantes», enfatizan los científicos. Las cantidades detectadas en los atunes son un orden de magnitud inferior al límite de seguridad por el que se rige Japón. «Además, las concentraciones son más pequeñas que las de otros isótopos que se encuentran de manera natural en el pescado, como Potasio-40».

Los investigadores obtuvieron muestras de 15 ejemplares de atún rojo [del Pacífico] (Thunnus orientalis) en agosto de 2011 y detectaron la presencia de iones de cesio (137Cs y 134Cs). «En las mediciones que habíamos hecho previas al accidente nuclear detectamos cantidades insignificantes de 134Cs y ni rastro de 137Cs», afirman los autores. Como los científicos conocen el patrón de migración de este pez, afirman que los ejemplares de un año o dos pescados en California en agosto de 2011 debían provenir de las aguas japonesas.

«Otras especies migratorias como tortugas, tiburones y aves marinas también podrían haber asimilado iones radioactivos y transportarlos en sus tejidos a otras zonas del Pacífico Norte y Sur», especulan los científicos. Aunque el contenido de iones depende de factores como la estrategia de alimentación y el momento de migración, los autores creen que deberían ser objeto de estudio.

Referencia bibliográfica:

Madigan D.J.; Baumann Z.; Fisher N.S. «Pacific bluefin tuna transport Fukushima-derived radionuclides from Japan to California», PNAS (mayo de 2012).

lunes, 28 de mayo de 2012

Humareda de cifras en Fukushima

El anuncio de que la tragedia equivale a cuatro Chernóbyl levanta suspicacias

RT | 24-mayo-2012

Nuevas estimaciones de TEPCO, la operadora de la central de Fukushima, sugieren que el reactor ha liberado a la atmósfera más de cuatro veces la cantidad Cesio-137 que la planta siniestrada de Chernóbyl en 1986. Sin embargo, el método utilizado para medir el daño podría ser una cortina de humo para encubrir cifras más sobrecogedoras, estiman los expertos.

La compañía operadora de Fukushima, la planta japonesa de energía nuclear siniestrada en medio del terremoto y el tsunami que sacudieron el país el 11 de marzo de 2011, afirma que alrededor de 760.000 terabecquerels (TBq) han sido liberados a la atmósfera en total desde aquel día.

Sin embargo, estas cifras podrían ser parte de un esfuerzo por minimizar el alcance real de la tragedia, estiman los especialistas. El problema reside en el hecho de que TEPCO sólo contabiliza la cantidad de Yodo-131 y de Cesio-137 que se filtró del reactor de Fukushima, y las compara con toda la gama de isótopos que fueron despedidos en Chernóbyl.

Y si se examinan con más detenimiento, los números parecen contar una historia bien distinta.

La estimación final sugiere que la fuga de 400.000 TBq de Yodo-131 de Fukushima es, de hecho, más baja —en 4,5 veces— que la que se registró durante el incidente de Chernóbyl.

En cuanto a la emisión de Cesio-137, Fukushima está muy por encima que la planta ucraniana. Las estimaciones sugieren que en Chernóbyl fueron liberados un total de 85.000 TBq de Cesio-137, mientras que el reactor de Fukushima ha emitido hasta ahora 360.000 TBq de Cesio-137, de acuerdo con TEPCO.

En lugar de publicar los resultados totales de las emisiones de otros isótopos en Fukushima, tales como el Estroncio-90, TEPCO dedica el resto del informe a explicar los métodos de cálculo utilizados. Según la operadora, se han combinado cálculos basados en «el nivel de daño sufrido por el núcleo del reactor» y los cálculos temporales de «la densidad de las sustancias radiactivas que se encuentran en la atmósfera y el agua de mar».

Las explosiones en el reactor de Fukushima, provocadas por el terremoto y el posterior tsunami del año pasado, causaron una fuga de radiación masiva. Decenas de miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares en los alrededores de la región de Fukushima, mientras el reactor era cerrado y rodeado por una zona de exclusión de veinte kilómetros. Desde entonces las autoridades y funcionarios de TEPCO han afrontado numerosas acusaciones por supuesta ocultación de información vital sobre los niveles de radiación en la zona.

martes, 15 de noviembre de 2011

Las lluvias contribuyeron a difundir la contaminación radiactiva desde Fukushima

El artículo ha sido publicado en PNAS. Un equipo de investigadores japoneses rastreó la contaminación generada por los isótopos liberados de la central nuclear y su distribución geográfica en las zonas central y oriental de Japón. Las lluvias contribuyeron a transportar aerosoles y gases solubles en agua.


Un estudio dirigido por Norikazu Kinoshita, del Grupo de Espectrometría de Masas con Acelerador de la Universidad de Tsukuba (Japón) ha elaborado un análisis de espectrometría con rayos gamma a muestras superficiales de suelo de las zonas central y oriental de Japón —las más cercanas a la central de Fukushima-Daiichi—, para determinar el riesgo que podría derivarse de la ingestión de cultivos expuestos a la radiación.

«Se piensa que más del 90% de los productos de fisión de Fukushima permanecían en las muestras de suelo cuando se realizó el muestreo», afirman los autores del artículo, que ha aparecido esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). «Si las fuentes [de radiación] se mezclaran en los primeros cinco centímetros de suelo, la dosis resultante estaría en torno a la mitad de la radiación superficial.»

El artículo explora la distribución geográfica de los isótopos radiactivos repartidos por las zonas central y oriental de Japón, tras el tsunami y posterior accidente nuclear en marzo de este año. En el momento del accidente, radioisótopos del telurio (Te129), yodo (I131) o cesio (Cs134, Cs136, y Cs137) fueron transportados en el aire y depositados en una gran extensión de terreno, potencialmente contaminando cultivos agrícolas.

Dado que los aerosoles y los gases solubles en agua son transportados por la escorrentía y depositados por el agua de lluvia en lugares distantes, los autores estudiaron los efectos en el transporte de radioisótopos provocados por dos episodios locales de lluvia —ocurridos en los días 15 y 21 de marzo.

Los resultados de la investigación revelan que la lluvia caída el 15 de marzo en la zona contribuyó a la contaminación radiactiva en la prefectura de Fukushima, con niveles registrados de radiación particularmente altos en las regiones de Iitate y Naka-Dori. Por otro lado, la lluvia del 21 de marzo transportó contaminantes a Tokio y a las prefecturas de Ibaraki, Tochigi, Saitama y Chiba.

«La dosis de radiación externa debida a los radionúclidos del accidente de Fukushima se ha estimado en 10 msV en Naka-Dori, 40 mSv en Iitate, 0.2 mSv en la región comprendida entre el norte de Ibaraki y el este de Saitama, y 2 mSv en las prefecturas del sur de Ibaraki y el norte de Chiba», señala el artículo.

De acuerdo con el artículo de PNAS, estos resultados pueden contribuir a evaluar las consecuencias de la contaminación por radiación en Japón.

domingo, 30 de octubre de 2011

Fukushima causó la mayor contaminación radiactiva marina de la historia

El dañado reactor 3 de Fukushima.


EL MUNDO - 27 de octubre de 2011

El accidente nuclear de Fukushima del pasado mes de marzo provocó la mayor contaminación radiactiva marina localizada de la historia, según el Instituto de Investigación de Seguridad Nuclear de Francia (IRSN), informa Efe.

La interpretación de los resultados de la medición de Cesio-137 en el agua del mar ha hecho que el IRSN haya actualizado su estimación de la cantidad total de ese elemento vertida directamente en el mar entre el pasado 21 de marzo y mediados de julio.

«Ese desecho radiactivo en el mar representa el aporte localizado más importante de radioisótopos artificiales jamás observado en el medio marino», destacó la IRSN en un comunicado.

La localización de la planta de Fukushima «ha permitido una dispersión de los radioisótopos excepcional, con una de las corrientes más importantes del globo que aleja las aguas contaminadas hacia el océano Pacífico».

«Por ello, los resultados de medición obtenidos en el agua de mar en los sedimentos costeros hacen suponer que las consecuencias del accidente en términos de 'radioprotección' se volverán débiles para las especies pelágicas a partir del otoño de 2011», agregó la máxima autoridad en investigación sobre seguridad nuclear de Francia.

La contaminación más importante se produjo inmediatamente después del accidente, como consecuencia del vertido de aguas contaminadas que provenían de la central dañada por el terremoto.

En las inmediaciones de la central llegaron a registrarse concentraciones de «millares de becquereles (núcleos radiactivos sin desintegrarse) por litro para el Cesio-134 y 137», explica el IRSN.

La contaminación fue disminuyendo progresivamente hasta caer hacia mediados de julio por debajo de los límites de detección de cinco bequereles por litro, empleados en mediciones de seguridad nuclear.

No obstante, el organismo francés señaló que «una polución significativa del agua de mar sobre el litoral próximo a la central accidentada podría persistir en el tiempo a causa del aporte continuo de sustancias radioactivas transportadas hacia el mar por los arrastres de las aguas de la superficie a su paso por suelos contaminados».

«Los resultados de las recientes mediciones muestran la persistencia de una contaminación de especies marinas, principalmente peces, pescados en las costas de la prefectura de Fukushima», agrega la IRSN.

Por tanto, está «justificado que se mantenga la vigilancia a las especies marinas» y que se tomen muestras de éstas en las aguas costeras de Fukushima.

El accidente de Fukushima alcanzó nivel 7 de gravedad, el máximo en la Escala Internacional Nuclear y de Sucesos Radiológicos (INES). Ese grado sólo lo había alcanzado hasta ahora el de Chernóbil (Ucrania, 1986).

La catástrofe fue consecuencia del terremoto de 9 grados en la escala de Richter, el mayor de la historia de Japón en 140 años, ocurrido el 11 de marzo de 2011, que produjo olas de hasta 40 metros y dañó seriamente esa central de Tokyo Electric Power, operada desde 1971.

El seísmo, con epicentro en el Océano Pacífico y el posterior «tsunami», dejó al menos 20.448 víctimas mortales, destruyó 72.000 casas y obligó a evacuar a 200.000 personas entorno a la central de Fukushima, además de desplazar el eje de la Tierra 16,7 centímetros.

La catástrofe supuso un gran golpe para la economía japonesa, que empezaba a repuntar, tras una larga recesión. Ocasionó el desabastecimiento de alimentos, agua, energía y combustible y causó restricciones en sus exportaciones por la ausencia de componentes y el temor a que sus productos fueran radiactivos.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Radioactividad y cáncer

[Extraído del libro Los efectos de la exposición a radiación ionizante a bajas dosis para propósitos de protección de la radiación del ECRR (Comité Europeo sobre Riesgos de Radiación), el siguiente texto alerta sobre la relación entre la lluvia de partículas procedente de explosiones nucleares (pruebas nucleares, guerras, accidentes en centrales nucleares, etc.) y el crecimiento de las tasas de cáncer en las últimas décadas. También se denuncia que las instituciones encargadas de proteger a la población de la radiación (como el ICRP) ceden a las presiones de la industria nuclear y de los gobiernos de las potencias atómicas y no cumplen su cometido.]

Cáncer y Lluvia Radioactiva por Armas Globales


En conjunto, la fuente mayoritaria de contaminación radioactiva debido a la actividad humana es la lluvia radioactiva global causada por los tests atmosféricos de bombas nucleares que se llevaron a cabo en distintas zonas del mundo entre 1945 y 1980. En total se realizaron 520 explosiones nucleares, siendo los periodos de tests más intensivos los años 1952-4, 1957-8 y 1961-2. El 78% de la actividad liberada por estos tests se ha esparcido a lo largo de la tierra, formando el componente principal de los productos de fisión y transuránicos que sufren las criaturas vivientes. Estas sustancias son ahora contaminantes medioambientales universales, así como universales en las células de los sistemas vivos, y a pesar de ello se han efectuado muy pocas investigaciones para estudiar sus posibles efectos sobre la salud. Muchos de los isótopos son muy parecidos a otros elementos de grupo de la tabla periódica que son utilizados por los sistemas vivos; es por ello que son incorporados a las células y órganos.


Explosión nuclear en el atolón Bikini
(Islas Marshall) a cargo del ejército de EE.UU


El periodo de mayor intensidad de las pruebas atmosféricas de armas, y consecuentemente de exposición a la lluvia radioactiva, que terminó en 1963 con la prohibición de las pruebas Kennedy-Kruschev fue la primera ocasión en la que se pudieron evaluar los efectos sobre la salud de tales exposiciones internas. Sin embargo, se efectuaron muy pocas investigaciones y se publicaron muy pocos estudios que, o bien llamaban la atención sobre las consecuencias o bien descartaban su existencia. Las sugerencias de Sternglass y de otros de que la lluvia radiactiva había causado incrementos en la mortalidad infantil fueron ridiculizadas y atacadas. Este clima de negación probablemente se debió a la política de secretismo y control asociada a la Guerra Fría, y se institucionalizó en 1959 en el acuerdo entre la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA) en el que se le dio a la IAEA el poder de vetar investigaciones de la OMS sobre los efectos de la radiación. El comité señala que este acuerdo [Res WHA 12-40, 28.5.59] todavía está en vigor (aunque recientes declaraciones sugieren que está siendo reconsiderado) y cree que los informes precisos de las consecuencias sanitarias de la catástrofe del Chernobyl pueden haber sido suprimidos como resultado de ello.

Por lo tanto, aunque durante el periodo de las pruebas de armas hubo una enorme actividad en los campos de la investigación del cáncer y de la radiobiología, sólo tenemos un pequeño número de informes y estudios que aporten datos útiles sobre las consecuencias de la exposición a la lluvia radioactiva. (...)


Explosión de una bomba atómica
francesa en Mururoa (Polinesia)



Según UNSCEAR [
United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation], utilizando los modelos del ICRP [International Commission on Radiological Protection], la dosis acumulativa interna debido a la lluvia radioactiva en el hemisferio norte durante el período de 1955-65 varió de entre alrededor de 0.5 mSv, y dosis de hasta 1 y 3 mSv en partes de Europa donde los altos niveles de lluvia causaron una deposición mayor. La dosis mostró una tendencia con un pico entre los años 1958 y 1963 debido al aumento de las pruebas de bombas de fusión. En el caso de los isótopos internos la tendencia acumulativa mostró el mismo pico y se estabilizó en 1965, tras lo que la curva descendió poco a poco (a través de las pérdidas biológicas y la descomposición física) alrededor del 20% hasta alcanzar el valor de 1999. La dosis interna estuvo dominada por dos isótopos: Cesio-137 con una media vida de 30 años, y Estroncio-90 con una media vida de 28 años, aunque hubo otros isótopos más activos que causaron altas dosis en su tiempo. (...)

Tras la interpretación de la evidencia de los estudios que ha considerado, el comité sugiere que la exposición a la lluvia radioactiva proveniente de las armas globales ha tenido un impacto significativo sobre la salud humana. Este impacto ha sido tanto inmediato, causando mortalidad infantil en el momento (un tema que se analizará en el siguiente capítulo), como prolongado, causando incrementos del cáncer, de la leucemia y de otras enfermedades de origen genético con un retraso entre la exposición y la expresión clínica de las enfermedades. Para llegar a esta conclusión, al comité le ha impresionado la ausencia de evidencias sobre el origen de la epidemia global de cáncer que comenzó en el periodo 1975-85. Actualmente el cáncer es visto por la comunidad médica como una enfermedad genética que se expresa a nivel celular, y tanto las investigaciones recientes como las antiguas han apoyado la idea de que el origen de la enfermedad es esencialmente la exposición medioambiental a un mutágeno. Si las tasas de cáncer comenzaron a dispararse en el período de 1975-1985, y debido a que las investigaciones han mostrado que la enfermedad suele retrasarse tras la exposición unos 15-20 años, claramente el origen de la epidemia debe estar en la introducción de un mutágeno cancerígeno en el medio ambiente durante el período de 1955 a 1965. Y la identificación del mutágeno con la radiación ionizante proveniente de la lluvia radioactiva por armas es claramente convincente. Además, las variaciones de la incidencia de cáncer concuerdan con las regiones de más y menos lluvia y deposición, lo que señala a la radiación como la causa principal de la epidemia de cáncer.

Bomba atómica modelo "little boy",
como la que se arrojó sobre Hiroshima.



Sólo parece que dos grupos hayan estudiado esta posibilidades: El Proyecto de Radiación y Salud Pública (RPHP por sus siglas en inglés) de Gould, Mangano y Sternglass en los EEUU, y el grupo de Green Audit de Busby et al. en el Reino Unido.

Estos últimos han utilizado la incidencia del cáncer en Inglaterra y Gales para examinar variaciones entre poblaciones similares con exposiciones acumulativas al isótopo Estroncio-90 de entre 0.2 y 1 mSv, y han sido capaces de mostrar que las variaciones de la exposición a la lluvia radioactiva tienen una alta correlación con la incidencia posterior del cáncer (R = 0.96). Los investigadores de Green Audit han mostrado que esto implica un error de un factor 300 en el modelo de riesgos del ICRP.

Ambos grupos están trabajando en examinar los factores geofísicos que concentran los isótopos de la lluvia radioactiva, tales como estuarios y valles de ríos donde el material se concentra, y han mostrado que estas áreas repetidamente muestran excesos de riesgo de cáncer y de leucemia. Los investigadores del RPHP han proporcionado evidencias de que el cáncer de mama está causado por el Estroncio-90 de la lluvia radioactiva y por el que es transportado por el viento procedente de instalaciones nucleares. Actualmente se encuentran examinando las tasas de cáncer en relación a las medidas de Estroncio-90 que han efectuado en dientes caducos.


Bomba atómica modelo "fat man",
como la que se arrojó sobre Nagasaki.


Además de los incrementos en todos los cánceres que han ocurrido desde los picos de la lluvia radioactiva, también se han observado ciertas zonas específicas de cáncer que han mostrado incrementos notables. Se han producido incrementos significativos y no explicados de cáncer de mama y de cáncer de próstata. Ambas enfermedades son causadas por la radiación. El comité ha analizado las evidencias que conectan el cáncer de mama con el Estroncio-90 publicadas por Sternglass et al. y las de los estudios de cohorte de la mortalidad por cáncer de mama de Busby. Ambos estudios presentan evidencias convincentes sobre el origen de los incrementos recientes de la enfermedad. También se ha mostrado que el cáncer de próstata ha sufrido su mayor incidencia en Gales siguiendo la misma curva que la lluvia radioactiva pero 15 años más tarde. El exceso de riesgo del cáncer de próstata hallado por Roman et al. en los trabajadores nucleares que fueron monitorizados respecto a contaminación interna sugiere un error de hasta un factor 1000 en el modelo de riesgo usado por el ICRP. (...)


Persona atendida en un hospital de
Hiroshima tras la explosión de "little boy"



Cáncer infantil, leucemia y lluvia radioactiva por armas globales

Uno de los sucesos más alarmantes que sucedieron en el periodo de tiempo posterioral uso y a las pruebas de armas nucleares fue el rápido incremento de las leucemias y de los tumores cerebrales infantiles, que juntos forman los principales tipos de cáncer infantil. Los primeros incrementos en el cáncer infantil en los años 50 fueron tan notables que el gobierno se comenzó a preguntar si éstos estarían causados por la lluvia radioactiva, y enfocó la atención sobre el isótopo Estroncio-90 que estaba convirtiéndose en un contaminante significativo de la leche. En el Reino Unido, se le pidió al Consejo de las Investigaciones Científicas que estudiase la hipótesis y, aconsejado por Sir Richard Doll, informó de que los hallazgos de Hiroshima la descartaban en base a que las dosis eran demasiado bajas. A pesar de esto, las incertidumbres alimentadas por los descubrimientos contemporáneos de Stewart de que bajas dosis de rayos-X obstétricos causaban incrementos de leucemia en los niños tras su nacimiento, causaron la prohibición de las pruebas atmosféricas en 1963.

Un estudio de 1994 de Darby, Doll et al. sobre la leucemia infantil y la lluvia radioactiva en países nórdicos ha sido frecuentemente citado como evidencia de que la radiación interna a bajas dosis es segura. Este estudio utilizó conjuntamente (en un estudio temporal) datos sobre el cáncer de leucemia infantil de Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia —países con poblaciones de tamaño muy distinto y diferentes exposiciones a la lluvia radioactiva. La curva de la tasa de la leucemia en los niños de edades entre 0-4 años durante el periodo del estudio, 1948-88, aparentemente mostraba a un incremento modesto de 6 a 6.5 por 100.000 en los períodos de 1948-58 y de 1965-85, justo evitando el periodo de 1958-63 en el que las pruebas fueron más intensas y en el que los niños recibieron una dosis de alrededor de 0.5 mSv, según el modelo convencional. Sin embargo, un examen más atento del estudio reveló que el periodo inicial está representado únicamente por los datos de cáncer de los registros de Dinamarca. Tras 1958, se juntaron los datos de los cinco países. Esto demuestra que el estudio fue defectuoso. Un examen atento de los datos unificados de 1958 sugiere un incremento de la leucemia de los niños de 0-4 años de 5 por 100.000 a 6.5 por 100.000, un incremento de alrededor del 30%. Este resultado aproximadamente coincide con un estudio sobre la mortalidad de la leucemia infantil de Inglaterra y Gales publicado por Bentham. El incremento en la incidencia de la leucemia del 30% en los niños expuestos durante el periodo de 5 años fue causado por una dosis acumulativa a la médula ósea de 0.15 mSv recibida in utero y unos 0.8 mSv recibidos entre las edades de 0 y 4 años.

Esto sugiere un error en el factor de riesgo del ICRP (de 0.0065 por Sievert, por niño) de un factor entre 3 y 15 si no ocurre un todavía mayor exceso de las leucemias en esta cohorte, y un error de en un factor entre 40 y 200 si este exceso de riesgo continuara a lo largo de sus vidas. A este respecto, es de interés que un incremento proporcional de alrededor del 30% ocurrió en la curva de la Incidencia Estandarizada de “Todos los Cánceres” en Inglaterra y Gales unos 20 años tras la exposición.

En EEUU, Archer examinó los incrementos de la leucemia tras la lluvia radioactiva de Sr-90, y mostró un incremento bastante consistente de alrededor del 11% en todos los grupos de edad tras su dosis estimada de 1.3 mSv a adultos y 4 mSv a niños. Si estas dosis son precisas, sugieren una tasa mayor a dosis menores que en los estudios europeos. Y tal y como ya hicieran Bentham y Haynes, Archer fue capaz de demostrar una clara variación de la leucemia relacionada con las áreas de mucha lluvia, áreas intermedias y áreas de poca lluvia.

El Comité señala que la tasa de leucemia infantil del Reino Unido se ha elevado constantemente con el desarrollo de los exámenes de rutina de rayos-X, la amplia utilización de radio en las esferas de los relojes de pulsera en el periodo 1930-40 y las primeras emisiones de isótopos de fisión al medio ambiente mundial, con un elevado pico en 1945. La curva de la mortalidad por leucemia infantil en el periodo 1916-50 en Inglaterra y Gales se correlaciona con los datos de la producción mundial de radio. Nunca se han establecido las dosis provenientes del radio de las esferas de los relojes. Los intentos del comité de examinar otras posibles fuentes de incrementos de la leucemia y de obtener datos sobre los sistemas móviles de rayos-X que fueron utilizados universalmente en el periodo de 1950-1960 para efectuar chequeos para diagnosticar la tuberculosis, no han tenido éxito.


Perro nacido con malformaciones
tras el desastre de Chernóbil.


Ecos de los efectos de la lluvia radioactiva en la siguiente generación

Las curvas de leucemia nórdicas publicadas por Darby et al. muestran un incremento de las tasas a lo largo del periodo máximo de la lluvia radioactiva por armas de 1958- 63. Sin embargo, también muestran un evidente incremento de las tasas de 6.5 a 7.5 por 100,000, comenzando en 1983. Este incremento de tipo escalón comenzó antes del accidente de Chernobyl, y es notable. Se puede ver claramente en la mayoría de los grupos de datos, y aparece en los datos de Gales y de Escocia como dos picos cercanos centrados en los dos años 1984 y 1988. Es posible que éstos sean ecos transgeneracionales, unos 25 años más tarde, del daño genético causado a los padres nacidos en, o alrededor de, los años 1959 y 1963.

El comité ha investigado esta hipótesis más a fondo examinando un pequeño grupo de datos obtenidos de una asociación caritativa de niños con leucemia. En estos datos aparece el año de nacimiento de los padres de los niños de Inglaterra diagnosticados con leucemia. El análisis muestra que el riesgo mayor lo tienen aquellos niños cuyos padres nacieron alrededor de 1960, sugiriendo que su exposición a la lluvia radioactiva por las pruebas de armas podría ser un factor significativo en el incremento de la leucemia infantil. El departamento de estadística médica del gobierno del Reino Unido se ha negado a hacer públicos datos adicionales sobre los años de nacimiento de los padres cuyos niños nacieron después de 1981.

También apoyando esta hipótesis existe cierta evidencia proveniente de la experimentación animal. En 1963, Luning y Frolen mostraron que los descendientes de ratones macho expuestos a Estroncio-90 sufrían daños genéticos significativos que se reflejaban como muertes fetales debidas a efectos de desarrollo. El daño genético se pasó a la siguiente generación, dos generaciones más allá de la exposición. Se encontró un efecto similar en la leucemia por Setsuda et al. en 1962 tras administrar Sr-90 a ratas albinas y examinar la leucemia en su descendencia. Es de esperar que tal efecto también se dé en enfermedades humanas (...).