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viernes, 1 de diciembre de 2017

¿El yeti? Un oso de las altas montañas de Asia, según análisis de ADN


Por MARLOWE HOOD

La genética lo desenmascaró: el yeti, el «abominable hombre de las nieves» que ha alimentado la leyenda durante décadas, es en realidad un oso de las altas montañas de Asia, según un estudio publicado el miércoles.

Aunque para ser exactos, el temible ser corresponde a tres tipos de osos [y solo dos especies]: el negro asiático, el pardo tibetano y el pardo del Himalaya, todos ellos habitantes de los Himalayas.

«Nuestro hallazgo apunta a que los elementos biológicos que sustentan la leyenda del yeti corresponden a osos locales», indicó Charlotte Lindqvist, que dirigió el estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B.

Aunque no es el primero que reduce el mito del yeti a un oso, el informe reunió por primera vez una gran cantidad de pruebas genéticas procedentes de huesos, dientes, piel, pelo y muestras fecales atribuidas a la legendaria criatura.

Todos estos elementos —procedentes de colecciones privadas y de varios museos en el mundo— correspondían en realidad a 23 osos, pertenecientes a las tres subespecies mencionadas.

Más allá de desmontar un mito, la reconstrucción del genoma completo mitocondrial de cada ejemplar permitió revelar importantes factores sobre estos carnívoros y su evolución.

«Los osos pardos que deambulan en las grandes altitudes del Altiplano Tibetano y los que se hallan en las montañas occidentales de los Himalayas pertenecen en realidad a dos poblaciones separadas», dijo a la AFP Lindqvist, profesora asociada de la universidad neoyorquina de Buffalo College of Arts and Science.

«Se separaron hace 650.000 años, durante el periodo glaciar», añadió.

Ambas subespecies probablemente permanecieron aisladas entre ellas, pese a hallarse relativamente próximas.

El oso pardo del Himalaya, cuyo color de pelo rojizo es más suave que el del pardo tibetano, está considerado como en peligro «crítico» de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Seducidos por el misterio

Durante el siglo XX, la fascinación de Occidente —sobre todo de Estados Unidos y Gran Bretaña— por la leyenda del yeti fue intensa.


En un libro que narra su expedición por el paso de Lhagba-La cerca del Monte Everest en 1921, el teniente coronel Charles Howard-Bury describe «huellas que parecen más bien las de un hombre descalzo».

Aunque las atribuye a un gran lobo desplazándose a zancadas sobre la nieve, sus guías aseguran que se trata de un «metoh-kangi», es decir, «un hombre-oso de las nieves».

El informe en 1925 de un miembro de la Royal Geographical Society alimenta el misterio, al asegurar haber visto una silueta parecida a la de un hombre cruzando un glaciar a una gran altitud.

Al menos dos expediciones fueron organizadas en los años 1950 con el objetivo de encontrar al yeti, mientras las reivindicaciones sobre su supuesta existencia se extendieron a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

«Aunque no hay ninguna prueba» de que haya criaturas cuya existencia es cuestionada, «es imposible descartar por completo que existan», dijo Lindqvist. «A la gente le encanta el misterio».

29 noviembre 2017

jueves, 1 de octubre de 2015

Ni era un Yeti ni un oso desconocido

Osos pardos del Himalaya
nuestros misteriosos yetis.
Un nuevo estudio genético pone en duda otro anterior que relacionaba los supuestos restos del Hombre de las Nieves con una misteriosa especie del oso del Himalaya nunca vista

16/03/2015

Hace un par de años, Bryan Sykes, profesor de genética en la Universidad de Oxford, anunciaba la que era, a su juicio, la resolución al misterio de la identidad del Yeti. Tras aplicar modernas técnicas de análisis de ADN a restos orgánicos atribuidos al mítico «monstruo», llegó a la conclusión de que coincidían, sin dejar lugar a dudas, con los de un oso polar encontrado en Noruega que vivió hace entre 40.000 y 120.000 años. La explicación más plausible para el profesor era que una especie desconocida descendiente de ese oso prehistórico vive en el Himalaya y ha generado la leyenda del Hombre de las Nieves. Por supuesto, la noticia recibió una gran atención por parte de los medios.

Pero resulta que la explicación no ha convencido a algunos. Dos investigadores, Eliécer E. Gutiérrez, biólogo evolutivo en el Instituto Smithsonian, y Ronald H. Pine, zoólogo del Instituto de Biodiversidad y el Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas, han refutado, a través de la secuenciación del ADN mitocondrial, la explicación del oso desconocido. Lo cuentan en la revista ZooKeys.

Un oso ordinario

No es la primera vez que la historia de Sykes cojea, ya que se ha indicado que la muestra podía ser moderna y no un fósil, o que el material genético podría ser engañoso por su degradación. Ahora, la nueva investigación concluye que la gran variación genética existente en los osos pardos hace que sea imposible asignar, con certeza, las muestras de Sykes a cualquiera que las especies o al oso polar. De hecho, debido a la superposición genética, las muestras podrían provenir de cualquiera de ellas. Debido a que los osos pardos viven en el Himalaya, Gutiérrez y Pine creen que no hay razón para creer que las muestras en cuestión procedan de otro que no sea un oso pardo ordinario del Himalaya.

Como parte de su estudio, los científicos examinaron cómo las secuencias de genes analizadas podrían mostrar las formas en las que las seis especies actuales de osos, incluyendo el oso polar y el pardo, y el extinto oso cavernario de Eurasia, podrían ser parientes. Los resultados muestran algunas ideas nuevas, claro que ninguna tiene que ver con el Yeti.

La fascinación por el Yeti comenzó en 1951, cuando una expedición al Everest tomó una serie de fotografías que mostraban las huellas impresas sobre la nieve de un pie gigantesco. A partir de ahí se sucedieron las especulaciones y una criatura similar a un primate, enorme y peluda se instaló con fuerza en el imaginario colectivo.

La ciencia se ha acercado a este tema con dudas e inquietudes. Melba S. Ketchum, exveterinaria de Texas, publicó en una revista creada a propósito para el asunto (ninguna otra de las «serias» quería divulgarlo) que el Bigfoot, como se le conoce en EE.UU., es el descendiente de un cruce entre machos de esta supuesta especie de homínido y hembras de Homo sapiens hace 15.000 años. Ahí es nada. Pasan los años y la superstición continua.

domingo, 6 de julio de 2014

Los pelos que desmienten la existencia del yeti

Poco a poco el mito desaparece.
2 de julio de 2014

Pie grande, el abominable hombre de las nieves, el yeti… Son muchos los nombres del misterioso ser que muchos creen que acecha en las cumbres montañosas y cuya existencia la ciencia acaba de poner en duda con nuevas herramientas.

Estos «primates anómalos», según el lenguaje científico, pueblan mitos, leyendas y temores de varias culturas alrededor del mundo: en América del Norte se los conoce como «sasquash», en Mongolia como «almas», en Sumatra como «orang pendek».

Y los diversos relatos de quienes dicen haber visto su rastro han alimentado un misterio que los aficionados a la llamada criptozoología —el estudio de animales ocultos o legendarios— mantienen vivo.

Por eso, un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, decidió realizar un exhaustivo análisis de ADN a muestras de cabellos de supuestos yetis recogidas alrededor del mundo.

«Numerosos reportes que incluyen testigos oculares y evidencias de huellas señalan la existencia de grandes primates no identificados en muchas regiones del mundo», escriben los científicos liderados por Brian Sykes.

Pero como hasta ahora no hay pruebas materiales concluyentes, los investigadores se abocaron a pedir a museos y coleccionistas privados muestras capilares que supuestamente provienen de primates anómalos.

Sin rastros del yeti

Así, pudieron estudiar 30 fragmentos de pelo «abominable».

El resultado de su trabajo, que publica la revista especializada Proceedings B de la Real Sociedad británica, decepcionará a los seguidores del enigmático hombre de las nieves: no encontraron evidencias genéticas de su presencia.

En cambio, los pelos analizados arrojaron otras curiosas procedencias: una cabra del sudeste asiático, varios osos pardos, caballos, vacas o mapaches y hasta un tapir de Malasia.

Entre los supuestos mechones de pie grandes procedentes de Estados Unidos, los científicos encontraron pruebas genéticas de osos, lobos o coyotes, un puercoespín y hasta un humano, probablemente europeo, según señala su ADN.

Las numerosas teorías que se alimentan de los supuestos avistamientos de yetis incluyen supervivientes neandertales y especies desconocidas de simios gigantes, pero de ninguna de ellas encontró evidencias el equipo de Sykes.

Los osos pardos del Himalaya pueden
preservar genes diferentes en la especie.

Algo de misterio

Sin embargo, cómo se mezclaron osos polares y osos pardos es otra historia y los científicos pueden ahora seguir esta pista.

En cuanto al yeti, los investigadores aclaran que la intención de su trabajo no es desanimar a los buscadores de criaturas extrañas.

«En lugar de creer que han sido rechazados por la ciencia, los defensores de la comunidad de criptozoología tienen más trabajo que hacer para producir evidencias convincentes de primates anómalos y ahora tenemos los medios para hacerlo», escriben los autores.

«Las técnicas aquí descritas ponen un final a décadas de ambigüedad sobre la identificación de especies de muestras de primates anómalos y establecen un estándar riguroso para juzgar futuras pruebas».

Así que por ahora, los abominables hombres de las nieves siguen ocultos en sus guaridas de leyenda.

sábado, 19 de octubre de 2013

El Yeti podría ser el descendiente de un oso polar primitivo

Oso pardo del Himalaya.
Según un estudio genético elaborado en la Universidad de Oxford (Reino Unido). El ADN de muestras de vello de dos animales sin identificar recogidas coincide al 100% con el de una mandíbula de oso polar hallada en Svalband (Noruega). El fósil encontrado en Noruega data de una época en la que los osos polares y los osos pardos se estaban separando en dos especies distintas.


El legendario Yeti, un supuesto animal de gran tamaño que habitaría en las nieves de la cordillera del Himalaya, es en realidad un pariente de los osos polares primitivos, según un estudio genético elaborado en la Universidad de Oxford (Reino Unido). El profesor de genética humana Bryan Sykes analizó muestras de vello de dos animales sin identificar recogidas en Ladakh (India) y Bután, y determinó que su ADN coincide al cien por cien con el de una mandíbula de oso polar hallada en Svalband (Noruega) de entre 40.000 y 120.000 años de antigüedad.

El fósil encontrado en Noruega data de una época en la que los osos polares y los osos pardos se estaban separando en dos especies distintas. «Creo que ese oso, que nadie ha visto vivo, quizás esté todavía allí y probablemente haya mucho de oso polar en él», afirmó Sykes a la cadena británica BBC. La muestra de Ladakh provenía de los restos momificados de una criatura que capturó un cazador hace unos 40 años, mientras que la segunda muestra era un único cabello que fue recogido en una zona de bosque de bambú por una expedición de documentalistas hace una década.

El científico subrayó que el mito del Yeti, un animal peludo con el que numerosos montañeros y habitantes del Himalaya han asegurado haberse encontrado durante siglos, podría tener una «base biológica». «Todavía hay mucho trabajo que hacer para interpretar estos resultados. Eso no quiere decir que haya osos polares primitivos merodeando por el Himalaya. Es posible que se trate de una subespecie de oso pardo que descienda de los osos polares», señaló el investigador. La leyenda del Yeti se popularizó en Europa después de que en 1951 el escalador británico Eric Shipton publicó la fotografía de una enorme huella que había tomado en la base del monte Everest.

La huella de Shipton.

Encuentro en 1986

El alpinista italiano Reinhold Messner, la primera persona que coronó las 14 cumbres de más de 8.000, ha dedicado esfuerzos a buscar al Yeti tras un supuesto encuentro con esa criatura en el Tíbet, en 1986. El montañero sacó a la luz un manuscrito tibetano de 300 años en el que se lee que «el Yeti es una variedad de oso que vive en regiones montañosas inhóspitas», una tesis en línea con el estudio del genetista de la Universidad de Oxford. Aquellas personas que buscan al Yeti «y otros entusiastas parecen pensar que la ciencia les ha rechazado, pero la ciencia no acepta ni rechaza nada, todo lo que hace es examinar las pruebas, y eso es lo que estoy haciendo», afirmó Sykes.

martes, 28 de agosto de 2012

'Bigfoot' atropellado en Montana

Premio Darwin por partida doble para Randy Lee, de 44 años, natural de Kalispelli (Montana, EEUU). Una, por andar por los bosques disfrazado de Bigfoot, y dos, por intentar hacer creer a los excursionistas de que se trataba de un ejemplar del supuesto eslabón perdido, primo hermano del Yeti.

El hombre se había fabricado un disfraz de Bigfoot a partir de un traje de camuflaje militar cubierto con cintas. De esta guisa intentó cruzar la autopista 93, que cruza el parque de Flathead Lake cuando dos coches, conducidos por sendos menores, le atropellaron (los detalles del accidente los recoge Cryptomundo). Según las primeras estimaciones, parece que la aparatosidad del disfraz impidió a Lee ver a los vehículos y poder escapar a tiempo del impacto.

El primer vehículo lo conducía una joven de 15 años, que no pudo esquivar al falso Bigfoot. El hombre fue rematado a continuación por un segundo coche, conducido por otra chica, ésta de 17 años. La policía montada de Montana examina ahora el cuerpo del difunto para comprobar si estaba bajo los efectos del alcohol u otros estupefacientes.

lainformacion.com

sábado, 31 de diciembre de 2011

La historia de «yeti» ruso resultó ser una broma para entretener a niños huérfanos

La prensa había difundido un video en el cual capturaban al «hombre de las nieves»



En los bosques de Ingushetia en el Cáucaso del Norte de Rusia, los guardias de las fronteras capturaron a un ser extraño de dos metros, parecido al «Yeti» u «hombre de las nieves», posteriormente confusos comunicados indicaron que sería solo un juego para niños.

La mañana del 29 de diciembre la autoridades de Ingushetia declararon que la criatura fue encontrada en los bosques tras rastrear una zona donde unos cazadores lo habían identificado informó, Voz de Rusia.

En un video que divulgaron los periodistas locales mostraron una criatura como un gorila, peluda y de color negro que caminaba de pie como un ser humano. Un cazador dispara y el animal desaparece en el bosque.

Posteriormente los guardias anuncian que tras rastrear la zona habrían capturado la extraña criatura y un noticiero la muestra encerrada en las jaulas.

Según Izvestia el informe salió al público sin revisar, por lo que el Ministerio anunció que la noticia era solo una broma natalicia y de año nuevo para los niños y que no existía tal hombre de las nieves.

Se aclaró a los medios locales que querían realizar una colecta en el zoológico en ayuda a los niños huérfanos y de bajos recursos, para poder pasar el invierno.

Aún así los medios rusos advierten que los científicos creen en la misteriosa criatura. El biólogo Ivan Avakumenko, ha sido miembro de varias expediciones para encontrar a «Pie Grande»(«Bigfoot» por la terminología anglófona) en las montañas del Cáucaso Norte. Él cree que hay una gran oportunidad para ver al Yeti en Kabardino-Balkaria.

Según Ivan Avakumenko el Yeti, «Pie grande» u «hombre de las nieves», podría estar perfectamente en Baksan, Chegem y Elbrus.

Los residentes locales declararon al medio ruso «nosotros lo llamamos Almast». «En mis 60 años viviendo aquí yo no lo he visto, pero hay un montón de historias relacionadas con este monstruo. Alguien arrastró ganado, alguien saqueó el cobertizo», contó a Izvestia el residente Ordashuk de la aldea Nizhnii Chegen.

En Kabardino-Balkaria la leyenda dice que en invierno, cuando es difícil vivir en las montañas y no hay comida, a menudo los montañistas se enfrentan a la mujer Yeti. Alguna vez esta señora sedujo con astucia a los hombres locales, pero esta amistad habría tenido un final trágico, que resultaría como una maldición sobre la raza de todas las mujeres. Para otros, la leyenda termina con una familia feliz.

El historiador y etnógrafo Svetlana Hajiyev quería atraer a la región a científicos para realizar una expedición de búsqueda, pero esta se suspendió agrega Izviestia. Quienes se han visto favorecidas han sido las agencias de viajes que promocionan los «senderos del Yeti», «la ruta de Bigfoot» o «Pie grande».

Durante el mes de octubre se desarrolló una expedición internacional en Kemerovo y, según comunicados del «Hominólogo» (se define el mismo como hominólogo por sus estudios del hombre de las nieves, Yeti o Pie Grande) Igor Burtsev, los participantes vieron de primera mano los hábitats y las pruebas en el sur de la región de Kemerovo, sus huellas en una cueva, una estructura de madera con formas de arcos, pirámides y chozas.

lunes, 9 de marzo de 2009

Bulo «criptozoológico»


A mediados del mes pasado (una semana después del descubrimiento de Titanoboa), salió por varios medios una noticia del avistamiento de una monstruosa serpiente en el estado malayo de Sarawak, al noroeste de la isla de Borneo, que medía unos treinta metros. El periódico New Straits Time de Kuala Lumpur, Malasia, publicaba dos fotografías (entre el 19-20 de febrero) de un gigantesco ofidio tomadas, por un miembro desconocido del equipo de control de desastres de Sibu, desde un helicóptero en la zona del distrito de Kapit, para analizar el alcance de las recientes inundaciones del río Rajang y su afluente, el Baleh.

Entre los habitantes de la zona, especialmente entre el pueblo Iban, existe una leyenda de una gran serpiente de mar, y no de agua dulce, de decenas de metros de longitud, llamada Nabau, a que algunos han querido identificar con la de las fotografías... La leyenda dice que en tiempos antiguos había una gran serpiente llamada Nabau, que podía transformarse en cualquier ser. Un día, la mítica serpiente se convirtió en forma humana, tratando de hacer el amor a la esposa de un guerrero. El guerrero enojado la capturó, hizo siete rodajas de la serpiente que arrojó al río. La carne más tarde se endureció para convertirse en rocas, donde están situados los siete rápidos del río Rajang, Pelagus Rapids, que hay entre Kapit y Belaga.

Pero una de las fotos, la aerea, presenta el curso de un río de aguas azules, del africano río Congo, cuando los ríos de Sarawak llevan aguas turbias, y más después de unas fuertes lluvias, además del anonimato del autor de éstas y su baja resolución, son características que le hacen a uno sospechar de su autenticidad. Y acertado estuve...


Ambas fotos han sido modificadas por Photoshop, son del año 2002, y forman parte de la galerias Cryptozoo («Giant Congo Snake» de Grafx 311) y Cryptozoo 2 («Snake!» de Silken Fairy) del Worth1000.com.

Otra broma que han metido por los medios, para atraer lo más seguro el turismo a la zona. El lago Ness y su mítico monstruo obtiene más divisas del turismo que en toda Escocia junta, es un negocio que no se puede desestimar; como el dinero que se mueve para las expediciones en la búsqueda de seres míticos o críptidos, y también lo es para algunos lugareños que reciban parte.

Como es el caso del Himalaya, donde todos los años se hacen expediciones para buscar al imaginario Yeti, sin ningún resultado favorable. Como la del equipo Proyecto Yeti-Japón. Que el año pasado (2008) obtuvieron, en los montes Dhaulagiri, la posible foto de la huella de una liebre lanuda. O estas fotos del 2003, a lo lejos, que el jefe de expedición, Yoshiteru Takahashi, aseguraba haber visto y declaraba: «lo vimos de perfil a unos doscientos metros, caminaba a dos patas como un humano y parecía de unos 150 centímetros de alto», aunque no sean nitidas pertenecen a un oso pardo de la zona.

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Huellas del Yeti?


El pasado lunes componentes de la expedición nipona Proyecto Yeti-Japón, formada en este año para localizar al Yeti en el Himalaya, aseguraban haber descubierto las huellas de un animal desconocido, en el Dhaulagiri IV, en Nepal: «Estamos convencidos de que son reales. las huellas y las historias contadas por la gente de este lugar nos da la certeza de que esto no es imaginario». Y como prueba presentan la foto de una huella de unos veinte centímetros de longitud (como ponen en todos los medios).

Yo cada vez que observo la foto de la huella, no veo nada extraño. Primero, que mide diecisiete centímetros, y no los veinte como dicen. Y segundo, creo que puede ser la huella de una especie de liebre de la zona (la liebre de orejas cortas o lanuda Lepus oiostolus, u otra especie sin catalogar).

viernes, 22 de agosto de 2008

El timo del 'Bigfoot' de Georgia

En estos últimos días ha salido a la luz la identidad del supuesto Bigfoot o Yeti americano recientemente capturado y conservado en una nevera. Era un disfraz de gorila, con pies de goma y algunas visceras de ciervo sobre su cuerpo. A los «magufos» les han colado otra...

Resulta que dos montañeros o cazadores del norte del estado de Georgia, aseguraban haber cazado un gran simio bípedo y de más de dos metros de alto, con pelaje rojizo y ojos oscuros. Decían que tenían muestras de ADN y que era macho. Lo tenían conservado entre hielo en el interior de una nevera. Los dos personajes son el policia Matthew Whitton y el ex funcionario de prisiones Rick Dyer, que tienen montado en la zona un negocio vinculado a la busqueda de este ser misterioso, entran en contacto con el «cazador de Bigfoots profesional» Tom Biscardi (el mismo que hace tres años organizaba excursiones en Nuevo Mexico para observar Bigfoots vivos, cobrando de antemano en torno a los 60 dolares por persona), y le entregan muestras de ADN para ser analizadas. El estudio de las muestras dicen que pertenecen a muestras de ADN humano y de zarigüella u opossum.

El animal en cuestión lo da a conocer el criptozoólogo Loren Coleman. En la rueda de prensa del pasado viernes 15 de agosto, los dos estafadores no se presentan y días después (17-18 de agosto) se descongela el cuerpo y se descubre la farsa.

A los «magufos» les han vuelto a engañar... Si el Yeti, Bigfoot, y demás nombres que tengan, son producto de la imaginación y la codicia (por el dinero que traen consigo) humanas. Lo más seguro es que sean un animal verdadero como el oso pardo, de cuyos encuentros fortuitos se han creado testimonios absurdos y exagerados.

sábado, 28 de junio de 2008

Me pareció haber visto un lindo monstruito

Criptozoología, término acuñado por el belga Bernard Heuvelmans en los años cincuenta, significa: "Ciencia que estudia los animales ocultos" (¿No sé cómo se van a estudiar animales ocultos, sin poderse ver?). Este personaje creó la Sociedad Internacional de Criptozoología, supuesta "Ciencia" multidisciplinar que se basa en los testimonios de particulares y las tradiciones populares.

Aquí os pongo la charla que dio Eduardo Angulo el 7 de noviembre de 2006 en la Quinta Semana de la Ciencia y la Tecnología en Bilbao, bajo el nombre "Me pareció haber visto un lindo monstruito".

viernes, 13 de junio de 2008

Reliquias del Yeti


En los monasterios budistas de Khumjung, Pangboche y Namché Bazam, en Nepal, se dice que conservan como reliquías los cueros cabelludos o escalpos de Yetis —además de una supuesta mano incorrupta (que me parece más bien humana) en el de Pangboche—. En 1961, tras un estudio efectuado de la cabellera de Khumjung, se dio a conocer que pertenecía a otra especie de animal, un pariente de nuestro rebeco, el serau del Himalaya (Capricornis thar) y no un primate desconocido. El objeto en cuestión, es un tipo de caperuza que suelen utilizar en las danzas rituales. La de los otros monasterios estabán igualmente confeccionadas. Y estos artilugios se veneran porque son antiguos, tienen más de trescientos años.


En la fiesta del Manu Rimdu, que se celebra al final de la cosecha, en otoño, que conmemora la llegada del budismo al Tibet y su triunfo sobre el anterior culto rival, la religión Bon. Durante la danza de las máscaras salen unos bailarines disfrazados que representan las fuerzas positivas y negativas de la existencia. Y como dijo Reinhold Messner en una entrevista:

«Ya mucho antes de que fuera conocido en Occidente, el yeti era parte integrante de la vida religiosa de los habitantes del Himalaya. Por ejemplo, en los rituales de la antigua religión Bon, de carácter chamanístico y muy extendida por el Tibet antes de que llegara el lamaísmo budista, la sangre y el escalpo de yeti jugaban un papel importante en determinadas ceremonias de sacrificio. Su sangre o la de un "hombre salvaje" se mezclaba con la de un caballo, un perro, una cabra, un cerdo, un cuervo, un hombre o un oso de collar. El ritual también exigía que la sangre de yeti proviniera de un ejemplar que hubiera sido matado con flechas.»

«... En el monasterio de Khumjung, a los pies del Everest, observé cómo en la fiesta de Mani Rimdu salía un hombre que llevaba una piel de oveja y la réplica cónica de un escalpo de yeti. Estaba armado de arco y flecha. ¡Ah, y otra cosa! Sobre el actor que asume el papel de cazador pesa al parecer una maldición.»


Los sherpas y otros pueblos tibetanos descienden de nómadas de origen mongol, provenientes del norte de China, que se asentaron en el altiplano tibetano en el último milenio antes de la Era Vulgar, o, como se dice, de Cristo. Tendrían unas creencias animistas y chamánicas similares a las de otros pueblos asiáticos. El sacrificio del animal que se efectua mediante flechazos, como hacen algunos pueblos siberianos o los ainos de Sajalin y Hokkaido con el oso pardo. Probable reminiscencia ritualizada (la muerte simbólica con una flecha, en el baile de las máscaras) que todavía conservan en el Himalaya.

Al Yeti los jampas del Tibet oriental lo llaman Jemo, y en el techo de la entrada del monasterio budista de Sosar-Gompa tienen colgados del techo a un jak y un Jemo, un oso pardo. Animal al que consideran casi humano y sagrado.

El oso pardo (Ursus arctos) fue considerado, durante siglos, el animal más parecido a nosotros los humanos. Y uno de los más adorados, antes de que surgiesen las religiones organizadas, como bien define en su libro Michel Pastoureau, Una historia simbólica de la Edad Media occidental:

«Desde la época paleolítica, el culto del oso ha sido uno de los cultos de animales más difundidos en el hemisferio Norte. Su mitología, excepcionalmente rica, se ha prolongado en innumerables cuentos y leyendas hasta pleno siglo XX: el oso ha sido el animal de las tradiciones orales por excelencia. También es el animal con el carácter antropomórfico más consolidado. Entabla con el ser humano, y en particular, con la mujer, relaciones estrechas, violentas, a veces carnales. Oponer o asociar la bestialidad del oso a la desnudez de la mujer es un tema narrativo y figurado corroborado en todas partes. El oso es el animal peludo, la masle beste y, por extensión, el hombre salvaje. Pero también es, sobre todo, el rey del bosque y de los animales que viven allí. En las tradiciones celtas, escandinavas y eslavas, aquella función real del oso —que en otros lugares parece desaparecer temprano— aún está presente en la época medieval. Los dos aspectos "bestialismo y realeza", por otra parte, pueden confundirse: muchos relatos ponen en escena a reyes o jefes que son "hijos de osos", es decir, hijos de una mujer arrebatada y violada por un oso

En Bután, en el monasterio Gangtey Gompa tienen los restos de un joven Migio (es como llaman allí al Yeti) colgado en un espacio tántrico y a sus pies hay restos de otros animales. A este ser lo consideran por encima del resto de los animales. Pero, es solamente un muñeco elaborado con una cabeza con el rostro moldeado como una máscara y con escasos pelos implantados sobre ella. Sus manos y pies que parecen humanos están hechos con hueso y madera a los que se han cosido la piel; éstos cuelgan del pellejo de un animal sin determinar, como atestiguó el alpinista Reinhold Messner ver. Y consideran al Migio estar por encima de los demás animales.

Sobre la mano de Pangboche, por lo poco que se pudo estudiar no han llegado todavía a ninguna conclusión determinada. En 1991, tras un programa de la NBC, la mano fue robada, y deberá estar en posesión de algún coleccionista particular desconocido. Por lo cual, no podemos saber más.

sábado, 7 de junio de 2008

Yeti. Leyenda y realidad

Reinhold Messner


«Y una y otra vez le dábamos vueltas a la pregunta de cómo los tibetanos llamaban al ser que en Nepal rondaba por la cabeza de nativos y turistas bajo el nombre de Yeti. Llegamos a la conclusión de que le decían Jemo, Jemong o Dremo

[...]

«El Jemo, Jemong o, más hacia al oeste del Himalaya, Dremo era, según lo definían los nativos, un oso de las nieves u hombre-oso, una especie sinántropa y un ser nocturno. Los hombres sólo lo veían por momentos, casi siempre en actitud defensiva o muy erguido, y no apreciaban más que su silueta. Este oso pardo, que no debe confundirse con el oso de collar, solía aparecer como bípedo ante individuos aislados, de modo sorpresivo y amenazante. ¿Era por eso por lo que se había convertido para los nativos en el “monstruo” que la leyenda llamaba Yeti y nosotros “el abominable hombre de las nieves”? Quien alguna vez se haya encontrado con esta fiera no tendrá la más mínima duda sobre su existencia real.»

[…]

«Este país tan desgarrado no sólo había originado una gran diversidad, sino que los hombres también veían las distintas especies con otros ojos según la región. La fauna y la flora del Tibet habían desarrollado una fuerte tendencia a formar variantes propias, y la difusión local de una especie determinaba la concepción que el hombre tenía de la misma, sobre todo en el caso de los animales raros. Muchos géneros primitivos desde el punto de vista de la evolución, como el panda gigante, el takín o el ciervo almizclero, eran para los nativos algo más que meros animales. Así sucedía también con el Jemo. Encerrados en sistemas montañosos de difícil acceso, estos tipos de animales sólo habían logrado conservarse gracias a su alto grado de especialización y seguían siendo para los hombres, vecinos inmediatos de sus reductos, realidad y leyenda al mismo tiempo. Y fue sobre todo el aislamiento casi absoluto en que vivían estos hombres de las inhóspitas regiones de la alta montaña lo que los había llevado a inventar y desarrollar estas leyendas de animales.»

[…]

«Había que entender el nombre “Yeti” como término genérico para todos esos monstruos del Himalaya. El hombre de las nieves, que nuestra fantasía situaba en aquella cadena montañosa, en Siberia y en los bosques de la China meridional, no existía en la realidad. Pero el Jemo o Dremo estaba presente en todas partes. Aunque las teorías más absurdas definían a esos seres como reliquias supervivientes, aunque desconocidas, de una especie humana prehistórica, toda manifestación viva del Yeti correspondía en todas partes al mismo género de animales. A pesar de que otros creyeran haber descubierto con el Yeti un eslabón decisivo en la evolución del hombre, yo sabía que no tenía nada que ver con esto. Una cosa era, el que el hombre, lo mismo que había creado a Dios, hubiera inventado con su fantasía y su pensamiento fruto del deseo, un hombre primitivo, un hombre salvaje, o un superhombre, y otra muy distinta, como había surgido la historia del Yeti.

»Para los europeos, que vivían a ocho mil kilómetros de distancia de las regiones originarias de este ser, mis conclusiones podían parecer descabelladas, pero el Yeti no había nacido sólo de la imaginación del hombre. Fue y seguía siendo extraído de la naturaleza, y sólo con el tiempo y con la transmisión oral se convirtió en figura legendaria. Los narradores ampliaban y envolvían de elementos fabulosos un núcleo de hechos reales.

»¿Y el “hombre de las nieves” de las montañas de Asia? De todas mis exploraciones se desprendía de forma inequívoca que éste correspondía al oso pardo (Ursus arctos). En un viejo dialecto tibetano, la palabra “yeti” quería decir “oso de las nieves”, pero para nosotros los occidentales, los osos eran como quien dice, animales de peluche desde que ya no existían en nuestros países. Sin embargo, nada hará cambiar el hecho de que el “hombre de las nieves” permanezca inmortal como un monstruo de nuestra fantasía.»

[…]

«La solución del enigma en torno al Yeti no consistía en adscribir a la figura legendaria una determinada especie animal, que, por cierto, ya era conocida, sino más bien en vincular dos enfoques completamente diferentes del fenómeno. Los viajeros del Occidente y los montañeses de las apartadas regiones del Himalaya no habían hablado el mismo lenguaje durante cien años, por tener en la cabeza dos imágenes totalmente diferentes del Yeti.

»Descubrí que desde hacía casi dos mil quinientos años, las distintas ideas del Yeti divergían cada vez más y que con la destrucción del medio salvaje a escala universal también perdíamos la posibilidad de penetrar en los mundos imaginarios de culturas cercanas a la naturaleza. La imagen siempre cambiante del Yeti lo presentaba unas veces como neandertalense, otras como hombre de las nieves; Ernst Schäfer había identificado un oso pardo, y muchos khampas [un pueblo tibetano], lo consideraban un monstruo. Para mí, el Yeti era la contrafigura salvaje del hombre en la dialéctica entre la civilización y el medio silvestre.»

Reinhold Messner, Yeti. Leyenda y realidad.
Ediciones Desnivel, 1999.

sábado, 16 de febrero de 2008

El 'Bigfoot' de Patterson

Una de las criaturas misteriosas más conocidas es el Bigfoot («Pies Grandes») de los bosques del oeste de Norteamérica, de este Yeti americano (conocido como Sasquatch por los indios de la zona) se conoce una filmación efectuada a una hembra, como se dijo entonces, el 20 de octubre de 1967 a las 13.15 horas por Roger Patterson y Bob Gimlin en Bluff Creek (California).

Como dice Richard Milner en su Diccionario de la Evolución:

   En diciembre de 1971, un fotógrafo aficionado llamado Roger Patterson afirmó haber rodado una película doméstica de un Sasquatch en Bluff Creek, en el norte de California. El filme fue estudiado y analizado minuciosamente por expertos, que revisaron fotograma por fotograma las zancadas del bípedo, el ritmo de sus pasos, su estatura y cualquier otra circunstancia posible para determinar si se trataba realmente de un Sasquatch o, simplemente, de una secuencia confusa de un hombre disfrazado de mono.

   El profesor D. W. Grieve, experto en biomecánica, escribió:

   «Mi impresión subjetiva ha oscilado entre la aceptación total del Sasquatch, basándome en que la película era de difícil falsificación, y un rechazo irracional fundado en una respuesta emocional a la posibilidad de la existencia real del Sasquatch. Creo importante decirlo, pues otras personas han reaccionado de manera similar ante la película.»

   En otras palabras: no supo a qué conclusión llegar sobre aquel asunto.


El profesor Grieve, como se dice en el texto, no se aclaró y al no poderse demostrar el artificio, es real. Menudo racionamiento es éste como lo defienden los expertos de la supuesta Ciencia de la criptozoología, y como expone Eduardo Ángulo en su reciente libro Monstruos. Una visión científica de la criptozoología, sobre uno de los varios estudios de la escena:

   El equipo de expertos de la Film Technical Division de Walt Disney declaró que la grabación seguramente es veraz porque consideran que es muy difícil de falsificar. Este es un ejemplo típico de la demostración por negación de la contraria posibilidad, tan habitual en criptozoología: como no se puede demostrar que la película es falsa, es auténtica. El doctor Dimitri Donskoy, del Instituto Central de Cultura Física de Moscú, y el doctor John Napier, del Programa de Biología de Primates de la Smithsonian Institution de Washington, están de acuerdo en que la película no es una falsificación y que no se detecta nada, en el terreno científico, que revele una superchería. El doctor Osmand Hill, del Centro Regional Yerkes de Investigaciones sobre Primates, de la Universidad Emory de Atlanta, Georgia, dice estar convencido, después de verla con sumo detalle, de que deberían hacerse estudios adicionales con toda objetividad para decidir si la película es un fraude o no.

Al respecto, sobre otros estudios realizados, Lothar Frenz, expone en su libro El libro de los animales misteriosos:

   Pero en 1998 un equipo cinematográfico de la BBC copió con convincente autenticidad la sensacional película de Patterson con un actor disfrazado, demostrando de ese modo que esas tomas eran muy probablemente una falsificación, una hábil escenificación de Roger Patterson que podría haber utilizado a su incauto acompañante Gimlin como testigo imparcial. Pero ¿por qué se comportaría de esa manera? Patterson llevaba ya mucho tiempo buscando al Bigfoot y en cualquier caso, más tarde vendió a buen precio las espectaculares tomas. Según esto, al menos la hembra Sasquath de Bluff Creek sería un espectáculo perfecto, el disfraz de piel hirsuta podría rivalizar plenamente con el modelo de «Giganto» [Gigantopithecus blacki] reconstruido en los talleres de Hollywood. A quien le desilusione esta visión desmitificadora del fenómeno le quedan todavía las innumerables huellas en los bosques carecientes de explicación para seguir aferrándose a lo increíble.

O como también dice Eduardo Ángulo, en su mencionado libro Monstruos:

   Finalmente, en 1998, los criptozoólogos Cliff Crook y Chris Murphy han estudiado con medios informáticos de análisis de imagen cuatro fotogramas de la película y han encontrado un extraño objeto colgante que consideran de fabricación humana. Proponen que es algún tipo de cierre del disfraz. En conclusión, es una cremallera. También se dice que el disfraz lo fabricó John Chambers, galardonado con el Oscar al mejor maquillaje por El planeta de los simios. Quizá no sea cierto, pero por lo menos es adecuado. Para terminar, hoy también sabemos que dentro del disfraz estaba Bob Heironimus, embotellador del Pepsi-Cola, al que habían prometido mil dólares por hacer el antropoide un rato.