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jueves, 10 de mayo de 2018

Vivir en el aire

Casi la totalidad de sus vidas la pasan volando.

Tanto las aves marinas pelágicas como los vencejos comunes prescinden de la tierra firme durante la mayor parte de sus vidas, y sólo recurren a ella en la época de cría, mientras están ocupadas con la incubación de la puesta y la ceba de los pollos. Pero si las primeras se posan con frecuencia sobre la superficie del mar cuando las circunstancias se presentan adversas, los vencejos vuelan incasablemente sin otro soporte que su propio esfuerzo a lo largo de una ruta que une dos continentes y hasta dos hemisferios.

El cuerpo del vencejo está diseñado según los planos de la más completa máquina voladora. La forma de sus alas, largas y estrechas, muy rígidas y sin digitaciones, responde a la necesidad de desarrollar altas velocidades con un consumo mínimo de energía. El húmero ha quedado reducido a una mera prolongación de la articulación del hombro, mientras que los huesos del antebrazo y de la mano son comparativamente más largos que los de otras aves de su tamaño. Esta estructura interna les permite ejecutar un aleteo ágil y sin fisuras, de trayectoria cambiante a uno y otro lado, que transmite la falsa sensación de que las dos alas no se mueven de forma sincronizada. Su dominio del espacio aéreo es tan perfecto que pueden poner en práctica un repertorio de vuelo muy variado en el que la cola desempeña una función transcendental. Alternan el vuelo batido con planeos lanzados, súbitas remontadas, y virajes y picados profundos, que constituyen todo un recital y un alarde de precisión.

La desproporción que existe entre la longitud de las alas, que alcanzan una envergadura de hasta 48 centímetros, con una superficie de sustentación de 165 centímetros cuadrados y una capacidad de carga de 4,5 centímetros cuadrados por gramo, y la debilidad de unas patas diminutas, útiles sólo durante apenas un mes y medio para agarrarse a las paredes que rodean el nido, queda de manifiesto cada verano cuando un buen número de pollos volantones van a parar al suelo tras una primera intentona fallida y no son capaces de remontar el vuelo. Los adultos caídos o los jóvenes completamente emplumados lo consiguen después de grandes esfuerzos o cuando han tenido la suerte de arrastrarse hasta una elevación suficiente. Las raquíticas patitas no tienen bastante fuerza para impulsar en el aire los treinta y tantos gramos que pesa un vencejo, y las alas chocan contra el suelo antes de completar el recorrido de descenso. Es una situación desesperante. A veces basta con auparlos un palmo para que se puedan alejar chirriando.
 
Incluso copulan los vencejos en el aire.
Hasta el amor, volando

Los vencejos tienen la quilla muy desarrollada como consecuencia de la inserción de sus potentes músculos pectorales. El cuerpo es completamente aerodinámico y la cabeza presenta un perfil plano y huidizo, de aspecto inconfundible, con los ojos sepultados y unas «cejas» más claras que, aunque les prestan un semblante «huraño», favorecen la penetración e impiden el impacto de los detritus flotantes. Con semejante equipo, los vencejos cazan y comen en vuelo, beben sobre la marcha con una pasada rasante sobre las aguas quietas de las charcas, recogen en el aire los vilanos, las plumas y las hebrillas vegetales con las que tapizan el nido, duermen describiendo amplios círculos a 1.500 o 2.000 metros de altura y hasta copulan volando en el no va más de la acrobacia aérea.

Se ha comprobado que también copulan en el interior del nido, pero las cópulas aéreas, pese a ser fáciles de confundir con los vuelos intimidatorios y de expulsión de los jóvenes sin pareja, son más frecuentes de lo que se creía en un principio. Como si de un juego de persecución se tratara, la hembra alcanza al macho y se sitúa bajo él con un vuelo acompasado; en un instante se produce el acoplamiento y macho y hembra aletean juntos a lo largo de nos metros antes de separarse.

El reto de la vida.
Enciclopedia Salvat del comportamiento animal
Tomo 7: «El vuelo»

lunes, 8 de enero de 2018

El año de la lechuza


Este podría ser un artículo de celebración. Uno de esos textos en los que una se puede explayar sobre un ave maravillosa, una rapaz nocturna blanca con cara en forma de corazón: la lechuza común, ave del año 2018.

Podría pasarme las próximas seis líneas hablando sobre su prodigioso sentido del oído (que incluye hasta antena parabólica). Las siguientes ocho líneas podrían estar dedicadas a su sentido de la vista, igualmente increíble; a su capacidad para girar el cuello hasta 270 grados; o a su silencioso vuelo, obra y gracia de otro prodigio de la naturaleza: sus plumas. Podría citar leyendas, mitos, o hablar de su beneficiosa labor en el campo (no en vano, los ingleses la llaman búho de granero). Sin embargo, y por desgracia, este artículo tiene que hablar sobre el alarmante declive de las poblaciones de esta cosmopolita y, hasta ahora, habitual especie de nuestro medio rural.

En la última década, la lechuza común en España ha perdido un 13% de sus efectivos, aunque la caída alcanza hasta el 50% en gran parte del país, tal y como ocurría con el sisón común, nombrada Ave del Año de 2017 por SEO/BirdLife.

Lechuza, aves y gente

La situación de la lechuza resume el precario estado de nuestros campos. Sin paisaje, sin paisanaje, sin grillos, sin roedores, con cada vez menos aves y sin gente. Sin vida. Algo que debería preocuparnos como país, como ciudadanos y, atención, como consumidores.

Salvar a la lechuza es salvar el campo de convertirse en una fábrica que expulsa a su población rural, con alas y sin ellas. La despoblación rural en España es un hecho. Salvar a la lechuza es apostar por un modelo de agricultura justo con los agricultores y ganaderos que llevan muchos años haciendo muy bien las cosas, sostenible con el medio ambiente y saludable para los consumidores.


Más lechuzas y menos rodentizidas

No hay duda. El campo necesita más lechuzas y menos rodenticidas.

La sigilosa vigilante nocturna de nuestros campos necesita ayuda y ella nos ayudará a devolverle vida al campo. Pero la clave de su recuperación está en los despachos del Gobierno, en el Salón de Plenos del Congreso y en Bruselas, en las sedes de las instituciones de la Unión Europea. Y hay faena por delante. Para empezar, las administraciones y fuerzas políticas han de reflexionar seriamente sobre qué Política Agraria Común necesitamos en el futuro (la famosa y desconocida PAC, que supone un 40% del presupuesto de la Unión Europea). Los pasos que se han dado hasta el momento no son en absoluto satisfactorios. No asegurarán una transición hacia una agricultura justa, saludable y sostenible. 2018 será un año crucial para configurar esa nueva PAC y, por la lechuza y por todos nosotros, las administraciones y fuerzas políticas deben rotar su postura, al menos los 270 grados que la lechuza es capaz de girar su cuello, escuchar a la sociedad civil con la capacidad auditiva de esta rapaz y, al menos, agudizar su visión hasta garantizar el progreso rural que España necesita.

La lechuza también necesita una Ley de Cambio Climático ambiciosa, que diga adiós a la antigua e insensata burbuja fósil en la que todavía estamos. Ella huye de los desiertos. Y España ya va camino de serlo.

Ojalá las cosas le salgan bien en 2018 a la lechuza. Ojalá dentro de un año pueda escribir ese artículo de celebración de la vida, de la naturaleza, de las aves. Ese que nuestra gran dama de la noche merece. Será una buena noticia para todos.

En 2018, luchemos como Atenea para que en nuestras noches su estridente canto suene mucho más. Eso significará que nuestra sociedad y quienes nos representan ganan un poco en sabiduría, justo el valor mitológico que la lechuza representa. El campo pierde vida.

3 enero 2018

  (*) Asunción Ruiz es Directora ejecutiva de SEO/Birdlife.

sábado, 27 de febrero de 2016

El vuelo triste del milano real


Nº 7 - INVIERNO 2013

El milano real, de la mano del frío otoñal, regresa a nuestras tierras para regalar al cielo la belleza del volar. Atrás quedan gélidos paisajes de diezmados bosques, arrancados y quemados, obra de la mano del hombre, de su estupidez y ambición. Aguda vista y horquillado timón del fiel viajero sirven para escudriñar cada rincón que su eficiente vuelo le permite transitar. Su retina, al igual que la de un milano ancestral hace siglos, busca una morada de robusto roble o encinar. Triste… contempla que el hogar de años pasados, el hogar de sus ancestros no puede encontrar. Los densos bosques de encina, roble, enebro y sabinar, su tupido sotobosque de aromas sin igual, fueron roturados para transformarse en pobre pasto de ganado y cultivo de gramíneas sin diversidad. Tierras nacidas para dar morada a cientos de especies que pagan a ésta con generosa ofrenda de fertilidad, se convierten en áridas y monótonas tierras que la erosión puede devorar.

Estéril suelo que la mano torpe del hombre quiere maquillar, saturando de nitratos, químicos y orgánicos, que desequilibran por igual. Nitrato y fósforo que el suelo no puede digerir y tiene que vomitar. Reptando por las escorrentías, disuelto en agua de lluvia estos minerales alcanzan nuestros ríos, contaminando su caudal.

El milano busca ahora su compañera de vuelo nupcial, compañera de muchos años que yace sobre el suelo inmóvil, sin apenas respirar. El veneno asesinó su vuelo, veneno que ya mató a su presa y volverá a matar.

Detiene su vuelo, pericia que pocas aves pueden realizar, y llora sin llanto por los que ya no podrán volar.

Sobre la faz de su tierra un dolor más, arrancará las fuerzas que las distancias surcadas en su vuelo rapaz, nunca le pudieron quitar. Donde años atrás oteaba en vuelo circular fuentes, manantiales y charcas llenas de vida a rebosar; … vida que alimenta vida. Ahora el ojo del milano no contempla más que un triste erial. Acarician sus largas alas, al viento soñador… viento que con mano firme soporta su pesado dolor.

Navegan ave y viento aunando su tesón. Tal vez si vuela tierras arriba descubra quien robó, urdiendo gran herida, la sangre sin color de la madre tierra.

Sueño en su vuelo el anhelo de libertad que tiempo ha el hombre perdió. ¡Libre te quiero!, gritó el poeta. El milano derrama su eco de peña en peña. Sabio sería escuchar el canto del arroyo, el silencio de la tierra, el milagro de la flor. Poseer es verbo, ni realidad ni certeza, tan solo una ilusión. Hombre, bípedo implume que su vuelo perdió, suelta amarras; … aire, agua y tierra… son vida, no especulación.

FERNANDO BENITO

lunes, 22 de febrero de 2016

Páridos versus cárabo

La cooperación entre diferentes especies animales no es, ni mucho menos, un fenómeno aislado en la naturaleza. Los múltiples tipos de simbiosis son una prueba de ello. Entre las aves son un ejemplo las agrupaciones con fines alimentarios de grandes bandadas mixtas de páridos y fringílidos, que recorren los campos invernales en busca de alimento, escaso y muy concentrado en esa época. Las ventajas de esta asociación son varias e inmediatas. En primer lugar, muchos ojos ven más que unos pocos y las posibilidades de hallar las reservas de comida aumentan en buena medida. También la resistencia frente a predadores crece. Una bandada de pajarillos, sea cual fuere su tamaño, sólo puede proporcionar una cantidad limitada de caza al cazador, que una vez satisfecho abandonará la partida. Las probabilidades de que éste vuelva a encontrarse con el grupo de errabundos son muy pequeñas; sería bastante más fácil localizar poco a poco a los individuos que integran el grupo si volaran en solitario. En ese caso sería muy fácil para él capturarlos y dar buena cuenta de todos, con lo que la incidencia sobre la población sería mucho mayor. Ahora bien, de este tipo de cooperación, que se podría llamar pasiva, a otra de carácter más activo media tan sólo un paso, que sin embargo tiene una gran significación desde el punto de vista evolutivo. Así, en los ambientes forestales, donde el peligro para las aves es múltiple, aunque representado esencialmente por las aves de presa, se produce un tipo de actividad conjunta que está destinada a favorecer la defensa de diversas especies.

Todos a una

Detectada la presencia de una rapaz, un cárabo o un gavilán, entre otros, y aun sin que su actitud sea hostil, las comunidad circundante de paseriformes* puede reaccionar de dos maneras muy diferentes.

En un primer momento, lo prudente es pasar inadvertidos. En consecuencia, la señal de alerta debe ser lo más específica, breve e ilocalizable posible. Se deja oír entonces un corto y agudo reclamo de alerta, común a varias especies vinculadas únicamente por el hábitat que ocupan y los peligros que las acechan. Los más avisados suelen ser los pinzones y algunos páridos. La respuesta de la comunidad ornítica es inmediata y en pocos segundos todos se vuelven invisibles entre la espesura, fuera del alcance de cualquier mirada. El reclamo no contiene ningún otro mensaje, ni sobre la naturaleza del peligro ni sobre su origen o procedencia. Pero la parquedad de la información emitida es compensada con creces por su eficacia, ya que se trata de una señal que, dadas su características acústicas, impide la localización de la fuente emisora. El efecto se basa en la confusión que las señales de alta frecuencia producen en algunos oídos incapaces de diferenciar el desfase de las ondas que van llegando a los dos pabellones auditivos. El cerebro del predador no puede medir la diferencia de tiempo que media entre ambas recepciones, por lo que la localización del origen se hace extremadamente difícil.

Por el contrario, cuando la rapaz es sorprendida en actitud descuidada o la amenaza no se puede eludir, la comunidad de paseriformes opta por pasar al ataque y tratar de confundir a su oponente. Para ello cuentan con otro reclamo más grave, largo y fácilmente localizable, que atrae a un gran número de enfurecidas aves, seguras de su número para acometer el peligro. Pinzones, carboneros, herrerillos, escribanos y, en general, todas las especies forestales, responden a la llamada de guerra y hacen frente al agresor.

El reto de la vida.
Enciclopedia Salvat del comportamiento animal
Tomo 9: «Sobrevivir»


Carboneros, herrerillos, alcaudones, arrendajos y, en general,
todas las aves menudas del bosque cooperan enfurecidas para expulsar
de su territorio a los cárabos y demás rapaces nocturnas.


 * Paseriformes: Orden de aves que reúne a los auténticos pájaros, desde los alaúdidos hasta los córvidos, pasando por sílvidos, motacílidos, fringílidos, mucicápidos y páridos, entre otros.

martes, 16 de diciembre de 2014

Nuevos datos sobre la evolución de las aves


El estudio del genoma de especies representativas de distintas familias de aves ofrece una nueva visión sobre su origen evolutivo y diversificación.

12/12/2014

Un consorcio internacional ha presentado el árbol filogenético de las aves modernas basándose en datos de secuenciación del genoma de 48 especies. El proyecto, en el que han participado científicos del Centro de Regulación Genómica (CRG) en Barcelona y de la Universidad Pompeu Fabra, resuelve algunas de las incógnitas que rodean la evolución de las aves. Entre otros avances, define el árbol familiar de las aves y explica la evolución de su genoma; determina la función del canto y el momento en que apareció en las diferentes familias, identifica cuándo perdieron los dientes, estudia la relación entre los genomas de las aves y otros reptiles como los cocodrilos y presenta el origen de los cromosomas sexuales en este grupo; además, propone un nuevo método para el estudio filogenético basado en datos secuenciación genómica masiva.

En el proyecto han participado más de 200 científicos de 80 instituciones repartidas en 20 países. Las especies estudiadas, entre las que se hallan cuervos, patos, halcones, periquitos, grúas, ibis, pájaros carpinteros y águilas, representan las principales familias de aves modernas. Los resultados se han publicado hoy en 8 artículos en un número especial de la revista Science y en 15 artículos más en otras revistas científicas de prestigio.

La genómica, una herramienta clave

Los estudios filogenéticos sobre la evolución de las aves modernas se habían basado hasta ahora en el examen de conjuntos de genes concretos que se relacionaban con características anatómicas o del comportamiento de estos animales. En este proyecto, en cambio, se ha comparado el genoma entero de las especies más representativas, lo que ha permitido reconstruir el árbol filogenético de las aves con mucho más detalle. Se han establecido así las relaciones de parentesco entre grupos y el momento en que estos divergieron durante la evolución.

Los resultados indican que las aves presentan escasas repeticiones en el ADN y que ya desde el inicio de su aparición perdieron cientos de genes que habrían compartido en el pasado con los humanos. En concreto, se trata de genes implicados en funciones importantes como la reproducción, la formación del esqueleto o los pulmones. Las aves controlan ahora estos aspectos desde otra aproximación, lo cual explicaría por qué presentan un esqueleto más ligero, un sistema respiratorio tan particular, una gran variedad de especialidades en la dieta y muchos otros rasgos característicos diferentes a los mamíferos.

Principales resultados

El proyecto ha revelado diversos aspectos de la biología de las aves, desde la neurofisiología hasta la genética de poblaciones. De este modo, se han descubierto paralelismos entre los patrones de actividad genética en las áreas del cerebro involucradas en el canto de las aves y en el habla humana. El aprendizaje vocal, esto es, la capacidad para emitir sonidos, modificar el tono y reproducir un sonido por imitación, evolucionó de forma independiente como mínimo, en dos ocasiones. Se ha descubierto que los circuitos cerebrales para el aprendizaje musical y vocal en aves y en humanos son similares, pero se ha llegado a ellos por vías diferentes en la evolución.

También se ha establecido el momento en que las aves perdieron los dientes. Al comparar el genoma de las aves actuales con el de especies de vertebrados se ha constatado que las primeras presentaban mutaciones en grupos de genes que codifican el esmalte y la dentina. Cinco de estos genes relacionados con la formación de dientes se habrían inhabilitado hace más de 100 millones de años, en algún antepasado de las aves modernas.

Las secuencias también apuntan a una explosión en la diversidad del grupo hace entre 67 millones y 50 millones de años, un periodo en el que se cree que los dinosaurios no avianos se extinguieron a causa del impacto de un asteroide. Los mamíferos también habrían proliferando por entonces, y ambos grupos habrían aprovechado los nichos desocupados por los dinosaurios.

Aves y demás parientes

El proyecto, además de secuenciar los genomas de las aves, también ha secuenciado los genomas de los reptiles actuales más cercanos a estas, los cocodrilos, una tarea en la que ha participado el CRG. Al compararlos con los genomas de las aves se podido reconstruir parcialmente el que sería el genoma del ancestro común de los arcosaurios, lo que constituye una herramienta muy valiosa para el estudio del origen los cocodrilos, las aves y los dinosaurios. Los datos demuestran que los cocodrilos han evolucionado relativamente poco y que, por tanto, son un reflejo bastante fiable de sus antepasados. La diversificación rápida de las aves en muchos grupos visiblemente diferentes contrasta con la estabilidad e inmovilidad de los cocodrilos, que se han mantenido prácticamente iguales después de muchos años de evolución. Ello demuestra cuán relativa es la velocidad evolutiva en grupos diferentes y de cómo la oportunidad de diversificación para ocupar nuevos nichos ecológicos genera diversidad morfológica y especiación en poco tiempo.


   Más información en Science y en la página del proyecto Avian Phylogenomics Project

viernes, 12 de diciembre de 2014

La tórtola, ave del 2015

   El próximo año 2015, según la SEO/BirdLife, nuestra tórtola común o europea (Streptopelia turtur) ha sido declarada Ave del Año. Desde los años ochenta, del siglo pasado, su población mundial ha descendido en un 70%.
   Como homenaje, a este animalito emplumado, recordaremos unas palabras del inolvidable Félix Rodríguez de la Fuente en su mundialmente conocida enciclopedia FAUNA (traducida en muchos idomas).


 Como un relámpago azul

Los cazadores, sobre todo, han comparado a la tórtola con una chispa azulada, con un relámpago. Y es que esta pequeña paloma —que no es en realidad azul, sino más bien rosada o malva con tintes vinosos— parece dueña del aire, se mueve en el espacio con una ligereza, una velocidad y una facilidad de maniobra realmente pasmosas. Cuando una tórtola abandona ruidosamente una encina, mostrando el contrastado dibujo blanco y negro de la cola en una caída vertical, en quiebro, un rápido ascenso, un vuelo lineal del que nadie podría prever lo que va a suceder en el próximo aletazo y, finalmente, en décimas de segundo, desaparece tras la copa de otro árbol, deja la impresión, indudablemente, de un relámpago vivo que pasó a nuestro lado.

La tórtola pone de manifiesto su dominio del aire cuando un intruso se aproxima al nido donde está incubando o protegiendo a los pollitos. Entonces, con gran estrépito, la madre o el padre, pues se turnan para incubar, abandona el nido por el lado contrario al del peligro, pero vuela con torpeza, llega a caer al suelo e, incluso, a las aguas de un río. Simulando a la perfección que se trata de un animal herido al que es fácil dar alcance. El predador, incluido con frecuencia el «predador humano», tenderá a perseguir al ave que vuela torpemente, y se alejará entonces del nido. No hace falta decir que, a cierta distancia de los huevos, y antes de ser alcanzada, la tórtola recupera su vuelo normal y se aleja prestamente ante la mirada atónita del confiado perseguidor.

Los poetas, a su vez, han hecho de la tórtola un símbolo del amor, y el monótono arrullo del macho en su posadero nupcial se ha considerado la más firme declaración de entrega, dulzura y fidelidad. En el suelo o sobre un árbol, macho y hembra se aproximan y saludan ceremoniosamente, se dan el pico y, después, uno, otro o los dos juntos ascienden en vertical y se dejan caer planeando en círculos para volver a posarse en la rama de donde partieron. Es la parada nupcial de las tórtolas. En tanto, habrán construido una rústica plataforma de palos y raicillas, muchas veces tan endeble que desde abajo se transparenta el contenido, por lo regular en un arbusto o un frondoso seto a la orilla de un arrollo, a escasa altura sobre el suelo. Allí pondrá la hembra dos huevos blancos que ambos progenitores incubarán durante dos semanas.

Como en todas las palomas, los pollos nacen muy retrasados, con algunos mechones de plumón amarillento pero dejando ver amplias zonas desnudas. Sus padres los alimentan durante dieciocho días regurgitando la «leche de paloma». A las tres semanas, o poco menos, ya abandonan el nido y buscan por su cuenta el alimento, consistente entonces, en gran medida, en granos de cereal, aunque se las acuse de comer también aceitunas y bellotas, que al parecer tragarían enteras. La porción de alimento animal en su dieta no llegaría, según estudios realizados en Inglaterra, al treinta por ciento.

Hay una gran mortalidad, si cabe la palabra, no ya entre los jóvenes, sino también entre los huevos de las tórtolas, que sufren la prelación ocasional de ratas, urracas y arrendajos. Los adultos, y sobre todo los inmaduros, son presas habituales de halcones, azores y gavilanes, y de esta forma apenas el cincuenta por ciento de los individuos nacidos llegan a adultos. Las tórtolas consiguen superar tan alta tasa de mortalidad haciendo varias crianzas al año, normalmente dos pero a veces incluso tres. Los huevos y pollos de las primeras nidadas sufren más peligros que los posteriores, pues antes de que los cereales granen el alimento es menos abundante y los padres deben ausentarse del nido más a menudo.

Todas las tórtolas comunes dejan la región paleártica en otoño y marchan a sus cuarteles de invernada, en África Tropical.

Félix Rodríguez de la Fuente
ENCICLOPEDIA SALVAT DE LA FAUNA
(1970)

jueves, 11 de diciembre de 2014

El vuelo de los pájaros te sienta bien

Un paseíto por el campo no nos perjudica.

En España, mucha gente no se ha parado nunca a observar el paso de las aves y rara vez disfruta de un paseo por el campo. La biofilia, la pasión por todo lo que tiene vida y el contacto directo con la naturaleza, se está abandonando poco a poco. Lo que muchos desconocen son los beneficios que aporta a la salud.


Dicen quienes saben de historia del cine que la actriz Tippi Hedren casi pierde los nervios durante el rodaje de la película Los pájaros. Alfred Hitchcock consiguió que su rostro expresara el máximo terror al exponerla a escenas sin previo aviso con aves exaltadas.

El genio del celuloide retrató como nadie la relación del hombre y las aves en este filme. La suya era una visión terrorífica. Desde los créditos —que desaparecen de la pantalla como si una bandada de cuervos se los llevase por delante— esta obra de culto ahonda en varias de sus tantas obsesiones.

En este caso concreto, parten de un ataque real ocurrido en la Bahía de Monterrey (California, EEUU), en 1951, debido a la intoxicación de las aves con ácido domoico.

Verídico también es que, sin pánico pero sin pausa, la sociedad actual está abandonando el contacto directo con las aves y la naturaleza, una conexión que lejos de ser dañina, es necesaria, y ayuda, entre otras cosas, a no 'perder la cabeza'.

«Hay médicos en Suecia y Noruega que están recomendando a personas mayores con riesgo de enfermedades de deterioro neurológico, como párkinson o alzhéimer, estancias de quince días en entornos naturales. Sobre todo, porque se retrasan los síntomas», explica a SINC José Antonio Corraliza, catedrático de psicología ambiental en la Universidad Autónoma de Madrid, que ha participado en el encuentro bienal más importante para los estudiosos de las aves en España, el Congreso Español de Ornitología de SeoBird/Life.

En realidad, no es que los pacientes mejoren, pero los neurogeriatras han identificado que en los estadios previos de este tipo de enfermedades hay síntomas depresivos y de irritabilidad que se amortiguan al estar en contacto con la naturaleza.

El sistema nervioso echa de menos el aire libre

La hipótesis de la biofilia del entomólogo y biólogo estadounidense Edward O. Wilson señala que, aunque vivamos en las ciudades, nuestro sistema nervioso aún echa de menos el tipo de estimulación psicofísica de los entornos naturales.

«Se ha demostrado que tenemos una predilección por los paisajes con vegetación y con agua, prácticamente en todas las culturas. Esto quiere decir que al haber sido cruciales para la supervivencia de la especie, nos queda el regusto estético por este tipo de elementos», asegura Corraliza.

Este rasgo filogenético, propio de la especie, se traduce en el hecho de que nuestro sistema nervioso mantiene una conexión emocional normalmente intensa con la naturaleza que facilita el desempeño y funcionamiento psicológico.

Esto explicaría las estampidas de los fines de semana, «aunque la gente culturalmente no sepa qué hacer —añade Corraliza— y cuando sale al campo replica su cuarto de estar a diez metros del coche».

Niños enjaulados en casa

Aislarse en casa, cobijarse en la ciudad y conocer animales salvajes sólo por los documentales de La2 es más habitual de lo que debería. Los científicos se refieren a esta carencia de contacto con la naturaleza como 'trastorno por déficit natural'. No se trata de un síndrome, pero sí lleva patologías asociadas como la hiperactividad, el sobrepeso, las enfermedades neumónicas y respiratorias, y el déficit de vitamina D.

Los investigadores han empezado a acuñar este término sobre todo en poblaciones infantiles, puesto que las generaciones de niños actuales —sobre todo en países desarrollados— viven muy al margen de la naturaleza, en entornos muy cerrados.

Desde la Fundación Roger Torné se están organizando visitas de contacto con la naturaleza en familias desfavorecidas precisamente para que los niños y niñas se beneficien del aire libre, como el programa Respiro, y que, a partir de este descubrimiento, forme parte de sus vidas.

«En nuestros programas el 90% de los niños aumenta su capacidad respiratoria. Se resfrían menos y los que padecen asma sufren menos crisis. En bastantes casos, además, hemos visto mejoras en su concentración», apunta a SINC Soledad Román, directora de esta Fundación.

Asimismo, un estudio publicado este año en el Journal of Environmental Psychology —del que Corraliza es coautor— también ha evaluado cómo los campamentos de verano que se desarrollan en entornos naturales o naturalizados mejoran las actitudes ambientales de los niños.

«De los tipos de campamentos que analizamos, en aquellos que se realizaban en lugares con contacto de la naturaleza, los jóvenes asumían más compromisos proambientales y cambiaban más sus actitudes hacia estos temas. Esto demuestra que no solo la naturaleza tiene efectos en el bienestar, sino que también hace que seamos mejores», subraya el científico.

Heike Freire, pedagoga, escritora y especialista en innovación educativa lo resalta: «Dependemos de la tierra para vivir. La educación ambiental debe basarse, antes que en conocimientos intelectuales, en el contacto directo con la naturaleza. Se cuida de aquello que se quiere y se ama aquello que se conoce, no de oídas o por relatos o imágenes».

La atención difusa, nuestro estado natural

Hace años que la psicología ambiental ha demostrado el efecto restaurador de la naturaleza sobre la fatiga causada por un exceso de atención concentrada.

«Basta dar un paseo durante unos 20 minutos por un espacio verde, o incluso contemplar vegetación desde una ventana para mejorar nuestra capacidad de realizar tareas intelectuales», dice Freire.

Esto sucede porque la naturaleza nos permite descansar el foco volviendo a una atención más abierta: la atención difusa, que no está focalizada en un punto y que es el estado natural del ser humano.

«También permite —asevera la pedagoga— una regulación energética y emocional, nos ayuda a enfrentar con más recursos conflictos y situaciones traumáticas, y libera el movimiento, afina la sensibilidad y favorece la expresión de los sentimientos. La naturaleza es una medicina barata, fácil de administrar y sin efectos secundarios».

Por contra, el sedentarismo es la lacra de nuestra cultura. Nunca antes en su historia el ser humano había pasado tanto tiempo sentado y quieto. Este estilo de vida es responsable de muchas de las enfermedades de adultos y niños. La falta de movimiento resulta catastrófica para su desarrollo sensorial, motor, emocional, social e intelectual.

«El cambio a la vida sedentaria con disminución del ejercicio y el menor contacto con la naturaleza está incrementando los trastornos respiratorios, la obesidad y los trastornos metabólicos asociados a ella», enfatiza Manuel Praena, profesor asociado de pediatría del Departamento de Farmacología, Pediatría y Radiología en la Universidad de Sevilla.

Si se analizan los relatos de los paseos que hacían los escritores de la generación del 98, como Machado, Delibes o Azorín, uno se da cuenta de que su descripción era inspiradora.

«Ellos lo contaban en plan poético, pero en realidad, lo que hay es un óptimo nivel de funcionamiento psicológico. Una experiencia que los psicólogos llamamos de atención involuntaria», concluye Corraliza. Es decir, cuando vas dando un paseo, te fijas en el vuelo de un pájaro o en el correr del agua, no te conviertes en poeta, pero liberas el funcionamiento cognitivo.

Eva Rodríguez
8 diciembre 2014

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El 40% de las golondrinas y el 10% de los gorriones han desaparecido en España

 

Un estudio reciente demuestra que en la Unión Europea el 20% de las aves se ha perdido en los últimos 30 años. Según la organización SEO/BirdLife, la situación en España es similar, llegando a un declive notable en el caso de golondrinas y gorriones en los paisajes españoles. El XXII Congreso Español de Ornitología que se celebra en Madrid del 6 al 9 de diciembre permitirá que científicos y expertos aborden esta y otras cuestiones sobre las aves.

1 diciembre 2014

Los censos de aves realizados durante décadas indican que están desapareciendo las aves más comunes. Los cambios ocurridos en el paisaje, el abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales, la 'industrialización' de la agricultura y el uso de productos químicos en el campo son factores que pueden estar alimentando esa tendencia.

Las aves son un termómetro fiable para diagnosticar el estado de la naturaleza. «Si se mueren estos ejemplares a nuestro alrededor, deberíamos pensar que el medio ambiente, las ciudades y los pueblos, no pueden ser saludables para el ser humano si no son para gorriones y golondrinas», asegura Asunción Ruiz, directora ejecutiva de SEO/BirdLife.

Para debatir el declive de las aves y otras cuestiones, del 6 al 9 de diciembre de 2014 se celebra en Madrid el XXII Congreso Español de Ornitología, la cita científica más importante en España para quienes se dedican al estudio de las aves. Durante el encuentro, los mayores expertos en el estudio de las aves avanzarán las últimas novedades.

Aves y seres humanos, frente a frente

El congreso, organizado por SEO/BirdLife bajo el lema «Aves y ser humano: una relación variable», abordará la conservación de las aves y su relación con la biodiversidad y la calidad de vida.

«El mayor compromiso de futuro que tenemos hoy los seres humanos es la conservación de la naturaleza. En la Sociedad Española de Ornitología queremos naturalizar a la sociedad y lo hacemos contagiando naturaleza, con las aves como bandera, conscientes de que estamos velando por la salud de la Tierra y la calidad de vida de las personas», señala Ruiz.

En el continente europeo se han perdido hasta 125 millones de aves en tan sólo dos décadas. «Nos estamos quedando solos», alerta el naturalista Joaquín Araujo quien añade que el clima es el árbitro de la vida. «Ninguno de los jugadores en este espléndido partido que jugamos todos puede convertirse a sí mismo en clima. Y eso es lo que ha hecho el ser humano. Se ha convertido en un clima que destruye», subraya.

Según Mario Díaz, presidente del comité científico de SEO/BirdLife, que este año cumple 60 años conservando la naturaleza, «no se trata de proteger más sitios sino de proteger la naturaleza». «Tenemos que 'usarla' bien, con cuidado», asevera.

Un congreso abierto a la sociedad

El XXII Congreso Español de Ornitología se celebrará en el CaixaForum, situado en el Paseo del Prado en Madrid. Se organizarán además actividades abiertas al público que se realizarán en el Museo del Prado, el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), el Parque de El Retiro y el Real Jardín Botánico (CSIC). El objetivo es acercar la ornitología y la conservación de la biodiversidad a toda la sociedad.

SEO/BirdLife organiza cada dos años esta reunión científica que reúne a investigadores de máximo nivel para exponer y debatir los estudios más recientes y relevantes sobre las aves y su conservación. El congreso se celebra coincidiendo con el 60 aniversario de SEO/BirdLife, una sociedad científica que se fundó en 1954.

sábado, 4 de octubre de 2014

Día de las Aves 2014


¿Qué festejamos el Día de las Aves?

Convivimos con las aves y, sin embargo, son desconocidas para muchas personas. Es por eso que en cada edición del Día de las Aves, durante el primer fin de semana de octubre, acercamos el fascinante mundo de las aves a los ciudadanos. Se trata del principal evento participativo organizado por BirdLife International a escala mundial y que en España coordina SEO/BirdLife.

En esta edición de 2014 queremos dar a conocer que las aves son también un magnífico indicador de la calidad de los ecosistemas y sirven, por tanto, de señal de aviso sobre el estado de nuestro entorno. No en vano, la oficina estadística europea, Eurostat, incluye el seguimiento de las poblaciones de aves entre los índices más importantes para medir la sostenibilidad y el bienestar social.

Por ello en durante la celebración de este año queremos que la gran mayoría de los ciudadanos se adhieran al Manifiesto por las Aves y la Calidad de Vida


jueves, 2 de octubre de 2014

¿Por qué ya casi no hay especies de grandes animales voladores?

Comparación para apreciar el tamaño del Quetzalcoatlus.
Tan alto como una jirafa, sus alas abiertas alcanzaban
la longitud de dos elefantes

27 agosto 2014

A finales del Cretácico Superior existió Quetzalcoatlus en Norteamérica, un pterosaurio con una envergadura de entre 10 y 15 metros. En el registro fósil se han encontrado muchas especies de grandes animales voladores pero hoy en día el ave de mayor envergadura es el cóndor de los Andes, con sólo 3,3 m. ¿Por qué?

Parte del problema se encuentra en la fisiología de los pájaros y los murciélagos. Las aves suelen ser pequeñas ya que requieren de masa muscular y densidad ósea en sus extremidades, tanto en las inferiores para lanzarse al vuelo como en sus alas para aletear. Entre más peso, requieren más músculo y hueso, que a su vez agregan peso. En teoría, los murciélagos podrían ser más grandes: sus alas tienen más libertad y no necesitan masa muscular en sus extremidades inferiores, pues comienzan su vuelo con sus extremidades superiores. Pero los murciélagos están limitados por una de las limitaciones comunes a los mamíferos, pulmones que no pueden suplir oxígeno con la eficiencia y volumen de los pulmones de las aves (y muy probablemente el mismo de los pterosaurios). Los pulmones de las aves, a diferencia de los nuestros, inhalan y exhalan aire en un solo movimiento, gracias a la presencia de sacos aéreos que permiten a los pulmones oxigenar la sangre en cada movimiento.

Al parecer, los pterosaurios no sufrían las limitaciones pulmonares de los murciélagos ni poseían patas traseras muy musculares. Su único requerimiento de masa muscular estaba en la operación de sus alas. Los pterosaurios fueron, entonces, animales extraordinarios que se beneficiaron de varias adaptaciones, con base en una anatomía reptil muy modificada: huesos huecos rellenos de aire, un volumen craneal alto con varias características asociadas con el vuelo, alas membranosas y andar cuadrúpedo que le permitía vivir en tierra. Los estudios más recientes del registro fósil indican que la fauna pterosáurida tuvo una diversidad inmensa durante el Cretácico Superior y hasta el Cretácico Inferior, cuando sus poblaciones se estancaron.

Aunque varias especies del clado de los pterosaurios todavía existían, en competencia con las primeras aves, cuando ocurrió el evento de extinción masiva del Cretácico-Terciario, se extinguieron hace unos 65 millones de años. En particular, se cree que el impacto de Chicxulub provocó los cambios ambientales que condujo a la extinción del clado entero. No volvieron a existir animales voladores de tales dimensiones porque no se combinaron las mismas, o similares adaptaciones en otra especie.

Traducción: IIEH

Fuente: r/askscience