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domingo, 20 de julio de 2008

75º aniversario del Concordato Imperial

Hoy 20 de julio se cumple el septuagésimo quinto aniversario de la firma del Concordato entre la Santa Sede y el Tercer Reich alemán, Hitler y Pio XI. Por parte de El Vaticano lo hacía el cardenal Pacelli (futuro Pio XII y reconocido anticomunista) y por la alemana era el vicecanciller Von Papen (quien apoyo el ascenso al poder de Hitler meses antes y declarado católico), como se ve en la foto.

Este acuerdo supuso el reconocimiento del régimen nazi por la Iglesia católica (con algunas excepciones minoritarias) e incluso su subordinación, como el del Artículo 16 en el que los obispos y arzobispos alemanes tenían que prestar juramento de fidelidad al Tercer Reich. También es conocida la pasividad que mantuvo ante el Holocausto el cardenal Pacelli cuando ya era Papa durante los años de la Segunda Guerra Mundial.

Más tarde el clero se justificó aduciendo que fueron engañados por los nazis... ¡Qué hipócritas! Sí llevan casi dos milenios abrazados al Poder y se las conocen todas, los muy pícaros.

sábado, 22 de marzo de 2008

Religión

En las sociedades primitivas, los cultos religiosos domésticos o públicos honran los objetos útiles al grupo y las circunstancias donde se marca su cohesión: encrucijada de pistas, animales domésticos, caza, estaciones agrícolas, matrimonios, muerte, construcción de la vivienda, etc. Muy a menudo, el carácter funcional del rito ha sido olvidado: pocos recordaban en la Roma antigua que los pontífices habían tenido primeramente como tarea conservar el puente sobre el río Tíber y, en particular, que las «religiones» eran una especie de anudados de paja que aguantaban las vigas. El carácter simbólico de las instituciones y de las prácticas religiosas han inducido a error a los primeros etnólogos.

A diferencia de la magia, a la que se recurre libremente, la religión representa un conjunto de prescripciones y de prohibiciones a las que nadie puede escapar. El respeto de los tabúes constituye la actitud religiosa por excelencia. En las sociedades más primitivas, las ceremonías las llevan a cabo individuos precisos pero no especializados. Cuando la división del trabajo ha adelantado, los cultos públicos son confiados a sacerdotes (o sacerdotisas) que se ocupan solamente de esta tarea.

Edward Tylor define la religión, en cuanto al fondo, como la creencia en los seres sobrenaturales. Para Claude Lévi-Strauss y los etnólogos contemporáneos, parece por el contrario que las creencias y relatos míticos que las acompañan constituyen una justificación a posteriori de los ritos. Los antropólogos han tratado de interpretar las religiones primitivas como sistemas de creencias, sin ver a menudo que la importancia del dogma caracteriza sobre todo a nuestras civilizaciones, dotadas de escritura. Luego se ha pasado de un principio de explicación psicológica (o psicoanalítica) a una investigación de los fundamentos sociales de la vida religiosa.

Mientras Lucien Lévy-Bruhl presenta las sociedades primitivas como empañadas de lo sobrenatural y de temor místico (La mentalidad primitiva, 1922). Émile Durkheim ve sobre todo en los ritos colectivos un medio de exaltar la solidaridad social. El primero explica la religión por el terror experimentado ante los fenómenos naturales.

La escuela naturalista alemana explica la religión por la personificación de los fenómenos naturales. Max Müller cree poder explicar que los dioses de la India y de la antigua Grecia procedían de una «enfermedad del lenguaje»: la metáfora de Apolo persiguiendo en vano a Dafne (el Sol persiguiendo a la aurora) habría sido interpretado progresivamente al pie de la letra. Esas especulaciones han sido actualmente abandonadas, del mismo modo que las hipótesis evolucionistas y difusionistas sobre las formas primarias de religión: culto de los ancestros según Spencer, temor de los sueños según Tylor, totemismo para Freud y Durkheim, monoteísmo en opinión de Wilhelm Schmidt. Evans-Pritchard critica esta investigación sistemática de los orígenes: «para la antropología, la religión se limita a los efectos que produce».

La escuela marxista (Engels, Bujarin) analiza la religión como el reflejo de las relaciones sociales, determinadas ellas mismas por las estructuras económicas del grupo. De este modo, la aparición de un poder político, representado por los jefes de clan, habría suscitado las primeras formas de culto de los ancestros. los antropólogos marxistas subrayan las semejanzas entre los dogmas religiosos y las estructuras políticas de la sociedad.

CHARLES-HENRI FAVROD,
La Antropología. Enciclopedia del Mundo Actual, 1977.

viernes, 21 de marzo de 2008

La mujer en el Islam

El Corán dedica toda la Azora (capítulo) 4 a la mujer. En la Aleya (párrafo o versículo) 38 dice que el hombre es superior a la mujer; y a continuación aclara que a las mujeres, si son desobedientes hay que «amonestarlas, regirlas del lecho y golpearlas» según el grado de su indisciplina. Al hablar de la adúltera, en la Aleya diecinueve de esa misma Azora 4, prescribe que hay que «emparedarla». Pero en una nota adicional, el traductor aclara que ésa fue la práctica inicial; posteriormente —dice— la Sunna (tradición) suavizó la pena conmutándola por la de cien azotes y destierro para las prometidas, o muerte por lapidación para las casadas. Otra rectificación «humanitaria» la encontramos en Azora 17, Aleya 33, que prohíbe enterrar vivas a las niñas recién nacidas según una vieja costumbre del desierto, que por lo visto se practicó desde tiempo inmemorial, cuando los padres carecían de medios económicos. Pero obsérvese que habla de niñas, no de niños. Como recuerdo de esa monstruosidad, en la Azora 81, Aleya 8, el cronista comenta esa práctica ya olvidada de los preislámicos.

Antes de Mahoma, las mujeres no podían actuar como testigos. También el Corán supone un pequeño «avance» en este sentido: «Una sola mujer ―dice— no podrá testificar jamás»; pero en el caso de que no haya ningún hombre para acudir como testigo, «dos mujeres juntas, si son espabiladas, pueden valer tanto como un hombre» (Az. 2, Al. 282).

Antes del Corán, el hombre podía repudiar a la mujer sin más. Con Mahoma se impone una moratoria de tres períodos menstruales; o, si la mujer está embarazada, hasta que haya dado a luz. La mujer, por su parte, no puede divorciarse por propia iniciativa, porque ella no tiene derecho a invocar su libertad.

Antes de Mahoma, a la mujer se le podía hacer cualquier cosa como «cosa» que era. Después de Mahoma la situación no cambió demasiado, pero es cierto que se ve un pequeño avance en estos últimos detalles que hemos comentado hasta aquí. Añadamos finalmente que después de Mahoma, entre los pecados graves como asesinato, robo, magia, usura, deserción en el campo de batalla, etc., está el de calumniar a las «mujeres creyentes y castas que carecen de protección».

Por otra parte, las mujeres están obligadas a cubrir su rostro y no pueden exhibir adornos. Durante la menstruación, la mujer no puede tomar parte ni en tertulias, ni en fiestas, ni en oraciones, ni siquiera puede cumplir con el ayuno del Ramadán durante esos días, porque es impura. Pero lo del ayuno no es ninguna concesión; lo han de recuperar después.


[…]

Aunque nos hemos esforzado en señalar alguna mejora en el trato de la mujer a partir del Corán, hay que reconocer que éstas son tan mínimas, que en algún caso es más ofensiva la regulación coránica que la tradición natural. Y, sin pretender justificarlo, pensemos que Mahoma estuvo sometido, primero a su madre como todos los hijos y luego a su esposa, que como era rica y quince años mayor que él, lo tuvo dominadísimo exigiéndole una monogamia anormal en aquel ambiente caravanero. Se ha dicho, pues, que ese es el motivo por el que su religión desprecia a la mujer y autoriza la poligamia.

En cualquier caso, todo aquello quedó muy lejos. Si es cierto que el Corán sigue rigiendo porque su ortodoxia no es ni siquiera cuestionable y de su texto no puede corregirse ni un acento, la verdad es que en la práctica apenas se aplica. Hoy casi nadie tiene cuatro esposas, por citar una de las normas más conocidas del Corán. No señora; nunca fue obligatorio tener cuatro esposas. Mahoma lo autorizó porque en su tiempo, y hasta hace muy pocos años, una mujer musulmana no podía valerse por sí misma. Llegó, pues, a ser un acto socialmente encomiable desposar a las viudas, huérfanas, contrahechas y demás señoras que por alguna razón se hubiesen quedado sin marido. Hoy [el libro se publicó en 1990], cuando en esos países islámicos la mujer ya ha conseguido el acceso a la escuela y al trabajo, ninguna de ellas tiene por qué aguantar a un hombre con otra esposa.

CHIMO FERNÁNDEZ DE CASTRO
La otra historia de la sexualidad, 1990.

jueves, 20 de marzo de 2008

Controversia sobre los cerdos gadarenos


DEBATE ACERCA DE LOS DEMONIOS

En uno de los enfrentamientos más vistosos mantenidos por Thomas Henry Huxley acerca de la autoridad bíblica, su oponente no fue un clérigo, sino el primer ministro William Gladstone, que había atacado públicamente a los evolucionistas. Las enseñanazas escriturarias, aseveraba, son verdad revelada y deberían creerse sin vacilación. Huxley, de forma un tanto extravagante, basó sus razonamientos en la historia de los cerdos de Gadara, uno de los episodios más curiosos del Nuevo Testamento.

El relato, descrito en Marcos 5, 1-19, y Lucas 8, 26-39, comienza cuando Jesús entra en las tierras de los gadarenos [en otras versiones se habla de los gesarenos]. Dos mil cerdos hozaban en una ladera sobre el mar de Galilea, cuando un loco se acercó a Jesús por el camino. El hombre le dijo estar poseído por tantos demonios que se llamaba a sí mismo «Legión». Apiadándose de él, Jesús lo curó en el acto y mandó a la horda de demonios que se introdujera en la piara de cerdos. a continuación, los cerdos endemoniados se precipitaron al mar por un acantilado y se ahogaron.

Huxley pensó que la historia era un ejemplo especialmente flagrante de demonología primitiva atribuida a la autoridad de Jesús. Si se aceptaba sin críticas, decía Huxley, «la creencia en demonios que poseen personas y pueden ser trasladados de ellas a cerdos, pasa a ser una parte del dogma cristiano tan importante como cualquier artículo del Credo». Si la tradición evangélica está «falsamente teñida y distorsionada por la imaginación supersticiosa» de sus narradores, «¿qué garantía tenemos de que» no se haya producido «una falsificación igualmente inconsciente» de los dichos de Jesús?

Además, preguntaba Huxley, ¿qué sucede con el dueño de los cerdos? ¿Destruiría Jesús arbitrariamente la propiedad de un granjero inocente? Gladstone respondió que el granjero era judío y no debería criar cerdos.

Esta calurosa discusión se prolongó durante meses en publicaciones populares llevando a algunos críticos a ridiculizar a Huxley por dedicar tanta energía a un asunto absurdo. En privado, Huxley dijo a algunos amigos que «estaba harto y cansado de los malditos cerdos». Pero aquellos «cochinos excesivamente famosos no son las únicas partes del litigio... La verdadera cuestión es si los hombres del siglo XIX deben creer en la demonología de los del siglo I».

Su última referencia a la piara endemoniada aparece en una carta a su amigo sir John Lubbock en 1894, en un momento en que Huxley se encontraba muy enfermo:

«Me arrastro en la medida en que me lo permite un agudo ataque de lumbago, pero la mayor parte del tiempo me hallo en postura horizontal. Querría que hubiese una piara de cerdos en la que pudiera introducirse este demonio [lumbago]; pero, en tal caso... no podrían lanzarse violentamente hacia ninguna parte ni hacer nada más que gruñir. Al menos esa es mi experiencia.»

Richard Milner, DICCIONARIO DE LA EVOLUCIÓN, 1993.

jueves, 7 de febrero de 2008

Dios no puede existir

«Dios no puede existir», son palabras que el filósofo Gustavo Bueno dijo en el programa de TVE Tribunal Popular, allá por los ochenta. Aquí os pongo su intervención televisiva dando su punto de vista racionalista sobre la religión: «Dios es un cuento filosófico abstracto...»

domingo, 3 de febrero de 2008

La herencia del viento (dramatización del juicio contra Scopes)

Una tensa obra dramática de argumento judicial sobre el famoso «Juicio del mono de Tennesse» de 1925, Inherit the Wind (Heredará el viento) fascinó al público de los teatros de la ciudad de Nueva York y adquirió fama internacional. Su tema general, basado en el choque entre un profesor de ciencias y las creencias religiosas locales, era la libertad de pensamiento.

En el juicio real, John T. Scopes fue procesado por exponer la teoría de Darwin en la clase de biología de un instituto de enseñanza media, desafiando así la ley antievolucionista del Estado. Fue defendido por Clarence Darrow, un brillante abogado apasionado por las ideas progresistas. William Jennings Bryan, personaje igualmente carismático, representaba a los fundamentalistas militantes en la acusación. La prensa nacional centró su atención en la pequeña ciudad de Dayton, y el Baltimore Evening Sun envió allí a un joven periodista llamado H. L. Mencken.

Inherit the Wind fue escrito en 1951 por Jerome Lawrence y Robert E. Lee. La obra se presentó en Nueva York el 21 de abril de 1955 con críticas entusiásticas, tras haber realizado con éxito un estreno de prueba en Dallas, y se mantuvo en cartel durante un prolongado período. El personaje de Bryan (llamado Brady) estaba interpretado por Ed Begley, el del periodista por Tony Randall y el de Darrow (Drummond) por Paul Muni.

Stanley Kramer realizó una versión clásica para cine (1960) con Spencer Tracy en el papel de Darrow/Drummond, Frederic March en el de Bryan/Brady y Gene Kelly en el del periodista cínico. En uno de sus parlamentos más memorables, Drummond/Darrow afirma que el precio de un nuevo conocimiento puede llegar a ser la pérdida de creencias muy apreciadas:

...el progreso nunca ha sido un trato. Hay que pagar por él. A veces pienso en un hombre detrás de un mostrador que nos dice: «Muy bien, puede usted tener el teléfono, pero deberá sacrificar la intimidad, el encanto de la distancia... Señor, puede usted conquistar el aire, ¡pero los pájaros perderán su magia y las nubes olerán a gasolina!...


El título de la obra está tomado de Proverbios 11, 29: «Quien arruina su casa heredará el viento». Aunque los personajes y el conflicto se basaban claramente en el caso Scopes, algunos fragmentos de diálogo se tomaron directamente de la transcripción del proceso. Los dramaturgos Lawrence y Lee afirmaron insistentemente en un prólogo que su obra «no pretendía ser periodismo». Las acotaciones escenográficas situaban el momento del proceso «hace no demasiado tiempo. Podría haber sido ayer. Podría ser mañana».

Richard Milner
Diccionario de la Evolución, 1993.

sábado, 7 de abril de 2007

Saulo de Tarso, o el origen del mal.


Por MICHEL ONFRAY

¿Quién fue Saulo de Tarso?

Más conocido como San Pablo; este hombre histérico e integrista pasó de perseguidor de los primeros cristianos, a perseguidor de paganos.

Su conversión en el camino de Damasco y todo lo que nos cuentan, (ceguera durante tres días, en los que no come, no habla, no bebe), también podemos encontrarlo en cualquier manual de psiquiatría básico en el capítulo de las neurosis, sección histerias, como síntomas de lo que realmente padeció este hombre:, una verdadera histeria… ¡De conversión!

Y puesto que Pablo de Tarso era un histérico, un neurótico, que mejor que hacer al mundo a su imagen y semejanza y así poder convivir con su propia enfermedad, al hacer de ésta el común denominador del resto de los mortales.

Y la imagen resultante no puede ser más trágica, más lamentable: fanática, enferma, misógina, masoquista… ¿Cómo no ver en el mundo el reflejo de la personalidad de este individuo? Porque, si echamos la vista atrás, y no tan atrás, veremos como el mundo cristiano exhibe de forma eficaz esa manera de ser y de actuar. Brutalidad ideológica, intolerancia intelectual, esto es, aversión por la inteligencia y todo conocimiento; el culto por la mala salud, el odio al cuerpo del goce, desprecio por las mujeres y el desprecio por la tierra en nombre de un más allá de pacotilla.

Otro de los rasgos o síntomas que constituyen su histeria, es el aborrecimiento por todo lo relacionado con la carne, por la sexualidad; su alabanza de la abstinencia sexual, su elogio de la viudez, del celibato y su invitación a comportarse como él, y a aceptar el matrimonio como último recurso, como un mal menor, ya que lo mejor es renunciar a la carne. Y con todos estos ingredientes, Pablo transforma la necesidad, el deseo, en virtud y así no perder cierto prestigio. Incapaz de poder tener una vida sexual normal, decreta nula y sin valor cualquier forma de sexualidad para él y para todos los demás. ¡Qué espabilado!

Y en todo esto Jesús, símbolo de la iglesia que estaba creando Pablo, nada tiene que ver; entre otras cosas, porque no «habla» de nada lo relacionado con celibatos, abstinencias y demás «memeces». Todo es por obra y gracia de nuestro personaje.

Este misógino, acepta la idea nefasta proveniente del primer libro de la Biblia, donde es condenada la mujer, la «primera pecadora», y causa del mal del mundo.
De esa aceptación provienen las prohibiciones que afectan a las mujeres, y de ahí también surgen los consejos y advertencias que da a cerca de ellas: definitivamente débiles, cuyo destino es el de obedecer y someterse a los hombres. Las mujeres, tentadoras y seductoras, sólo pueden acceder a la salvación en, con y para la maternidad. ¡Dos mil años de castigos por culpa de un neurótico!

A Saulo de Tarso también le debemos que, afortunadamente, se perdiese la costumbre de la circuncisión en esta nueva religión. En el primer Concilio, en Jerusalén año 50 de nuestra era, se opone e impone su tesis sobre esta cuestión, se establece la circuncisión «mental». Aquí hago un pequeño inciso sobre este tema. El sentido de la circuncisión, al igual que la ablación, no es otro, lejos de las excusas sobre higiene, que disminuir el placer sexual. Al dejar al descubierto el glande, y debido a la callosidad que se forma al cicatrizar el tejido cortado, lo que se produce es una insensibilización de una de las zonas con más terminaciones nerviosas del cuerpo en el hombre; en la mujer ésta sería el clítoris. Aclarado este punto, qué más podríamos decir de nuestro personaje…

Elogio de la esclavitud, del goce de la sumisión, la obediencia con el pretexto de fondo de que el poder proviene de Dios y que la situación en la que viven los pobres, los humildes, los modestos…, es voluntad divina. Contrario todo esto con lo que nos dijeron que dijo Jesús.

A todo lo dicho, que no es poco, he de añadir… EL ODIO A LA INTELIGENCIA.

Ya en el Génesis se muestra el desprecio por el conocimiento. Condenados generación tras generación (el pecado original), por querer saber y no contentarse con la obediencia y la fe que Dios exige para acceder a la felicidad.

Este hombre inculto, que es el hazmerreír de los estoicos y de los epicúreos, vuelve a hacer de la necesidad virtud y transforma su estupidez en odio a la inteligencia, invitando a todos a rechazar las búsquedas tontas y locas y los engaños fútiles de los filósofos. Sólo se dirige a un público compuesto por gente humilde e iletrada, y por lo tanto, no tiene necesidad de cultura alguna, sólo le basta con su demagogia y su eterno aliado: el odio a la inteligencia.

Este es el legado, para no extenderme más, de Saulo de Tarso. Después vendría San Agustín a marcar las bases del derecho canónigo, pero eso es otra historia. 

Tratado de ateología

viernes, 6 de abril de 2007

¡¡¡Vaya con Dios...!!!.

Documento inédito que demuestra que....DIOS EXISTE, y además.....ES VASCO.
He aquí la prueba....



Lo del himno español escuchado al revés, no tiene desperdicio.

jueves, 5 de abril de 2007

Y ya puestos.....

¿Y por qué no pudo ser así?....
Igual de increíble me parece lo que cuentan los tres libros "sagrados", Biblia, Corán y Torá.