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sábado, 12 de marzo de 2022

La tentación crística del niño-héroe

Guerra en Ucrania, ecología… Reducir los acontecimientos que sacuden al mundo a un enfrentamiento entre el Bien y el Mal —con sus ángeles y sus demonios— impide comprender la complejidad de la realidad.

Por CHARLES ROJZMAN

La guerra en Ucrania, acompañada de destrucción, muertes y heridos, mujeres y niños que huyen de los combates, solicita con razón nuestra compasión y nuestra ira contra el invasor Vladimir Putin, el primer responsable de una tragedia que puede convertirse en una tragedia para Europa. Nuestros medios de comunicación nos llaman incansablemente a acudir en ayuda de esta denegación de la justicia. La culpa de Putin es obvia. Pero como dicen algunos, las responsabilidades son múltiples y habrá que examinarlas algún día para evitar que se repitan tales hechos, antes de que la trágica mano del destino intervenga rápidamente para desencadenar un apocalipsis nuclear.

Pero junto a estas crueles realidades se desarrolla otro drama, o más bien una comedia en la que somos, a pesar de nosotros mismos, los protagonistas, pasivos o activos. Este asunto de Ucrania reproduce movimientos colectivos inconscientes de nuestro tiempo. Como escribió Freud: «Los filósofos y conocedores de hombres nos han dicho durante mucho tiempo que estamos equivocados al considerar nuestra inteligencia como una fuerza independiente, al ignorar su subordinación a la vida afectiva.»

Greta Thunberg y Volodimir Zelenski, por citar estos ejemplos que marcan nuestro tiempo, son ambos ese niño débil y desarmado que pide ayuda a los poderosos para defenderlo de otros poderosos que son ilegítimos a sus ojos y que los hacen sentir culpables por hacer nada: «¡Qué vergüenza!» nos dicen. «Serán responsables de los grandes desastres que se avecinan si se quedan de brazos cruzados y ven triunfar al Mal». Ambos se retratan en la pobreza crística, dispuestos a sacrificar todo su ser para salvar a la humanidad de los peligros que la amenazan.

A estos héroes se les perdona todo: la mentira, la enfermedad. De lo contrario, representan nuestra irrisoria y miserable humanidad transfigurada por esta lucha contra el Mal: una niña autista, un payaso representan la inocencia del niño frente a la perversidad y maldad del mundo adulto. Nos vengan de nuestra impotencia y llevan nuestra rabia, nuestra ira.

El niño que llevamos dentro puede a través de ellos reclamar reparación. Como en otras luchas míticas también objetos de idealización narcisista, Black Lives Matter, #MeToo, Palestina, y como en otros tiempos la revuelta adolescente de Mayo del 68, el proletariado santificado por el sufrimiento causado por el capitalismo, asistimos a la venganza de David contra Goliat, de los débiles contra los fuertes, de los pobres contra los ricos. El niño se convierte en el héroe de la historia y, como en los cuentos de hadas, Pulgarcito triunfa sobre el ogro, Caperucita Roja sobre el lobo. Barba Azul es asesinado a puñaladas por los hermanos llamados al rescate de la hermana de Anita.

Entonces la esperanza es que un día todo vuelva al orden de la justicia divina que castigará a los malvados. Es sobre estas fantasías que se basa la propaganda, que niega la complejidad de la realidad y todo el equilibrio de poder a favor de una obra en la que se reparten los papeles de malos y buenos. Las poblaciones bajo las bombas son víctimas de un terrible juego de ajedrez.

FRONT POPULAIRE
10 marzo 2022

domingo, 27 de febrero de 2022

Guerra en Ucrania

Por JACQUES SAPIR*

Son graves los hechos ocurridos la noche del 23 al 24 de febrero de 2022 entre Rusia y Ucrania. La decisión de Rusia de intervenir militarmente de forma masiva y de llevar a cabo operaciones militares en todo el territorio ucraniano es injustificada y, por tanto, inadmisible.

La defensa de las poblaciones de Donetsk y Lugansk de ninguna manera justifica tal escalada y tal operación. Por supuesto, la ONU había establecido que la gran mayoría de las víctimas de los enfrentamientos en la «línea del frente» eran personas bajo la autoridad de las «autoproclamadas» Repúblicas Independientes. Entre 2018 y 2021 habían muerto 381 civiles, incluidos 310 en el territorio de las dos repúblicas. Debe recordarse que las provocaciones provenientes de las unidades militares ucranianas estaban fuera de toda duda. Pero estas provocaciones estaban claramente en declive y, sobre todo, no tenían ninguna dimensión de «genocidio». La exageración de la declaración socava la credibilidad de la historia rusa.

La presencia de tropas rusas en la línea del frente, incluso los ataques dirigidos a los medios desplegados por las fuerzas ucranianas en esta zona de contacto, medios que, según los Acuerdos de Minsk-2, deberían haber sido retirados, tenían la naturaleza suficiente para restaurar la calma.

Del mismo modo, el gobierno ruso habla de la «desnazificación» de Ucrania. La presencia de movimientos nacionalistas neonazis en Ucrania es una realidad conocida y documentada. Pero estos movimientos siguen siendo minoritarios entre la población y el gobierno ucraniano. La realidad de Ucrania es más un régimen oligárquico, altamente corrupto, en gran parte penetrado por intereses privados extranjeros y en parte de Estados Unidos, que un régimen neonazi. Aquí, nuevamente, con este comunicado el gobierno ruso se desacredita al usar tal término.

El gobierno ruso está jugando plenamente la carta del precedente de la intervención de Kosovo. Cabe recordar que la actuación de Estados Unidos y la OTAN allí constituyó un verdadero quiebro para el gobierno ruso. Evgueny Primakov, de camino a Washington, desvió su avión para regresar a Moscú cuando comenzaron los bombardeos de la OTAN sobre Belgrado (1999). Los países de la OTAN se cobijaron, en su momento, bajo la ficción del concepto de «guerra humanitaria» e inundaron la prensa occidental con fake news. Pero la guerra de facto que libraron contra Serbia no tuvo nada que ver con el humanitarismo y constituyó una patente violación del Derecho Internacional, una violación en la que, por desgracia, Francia estaba en connivencia. El poder implantado en Kosovo en los furgones de la OTAN multiplicó las exacciones (tráfico de órganos y limpieza étnica), unas más horribles que otras.

Entonces, por mucho que este precedente pueda validar el reconocimiento unilateral de la independencia de las dos Repúblicas de Donetsk y Lugansk, que he dicho y escrito en varias ocasiones, no puede aplicarse a las operaciones que se han llevado a cabo desde la mañana del 24 de febrero. Decir que la OTAN y los Estados Unidos llevaron a cabo operaciones injustificadas y, por lo tanto, indescriptibles en Serbia no puede justificar de ninguna manera el derecho de Rusia a hacer lo mismo en Ucrania. Lo que es injustificado e incalificable en un caso lo es en el otro.

El Derecho Internacional ha sido grave y constantemente violado por Estados Unidos y sus aliados desde finales de la década de 1990. Desde Kosovo, por lo tanto, hasta la agresión contra Irak en 2003 y las operaciones en Libia, incluso en Siria, lo que erróneamente llamaron el «campo occidental» a menudo se ha liberado libremente de las reglas y prácticas del Derecho Internacional, con consecuencias desastrosas para las poblaciones, como sabemos en Irak en particular, y consecuencias igualmente desastrosas para la estabilidad regional e internacional. Por eso, las condenas de los países de la OTAN y de Estados Unidos a la actual acción rusa, incluidas las de Francia y los líderes franceses, tienen un fuerte sabor a hipocresía y se basan en una apuesta por la amnesia colectiva de las acciones pasadas.

Pero, cuando un país, como Rusia, se posiciona a favor de la restauración de un orden jurídico internacional, y que se relea sobre este tema el muy acertado discurso del presidente Putin en la Conferencia sobre Seguridad de Munich en 2007, no puede permitirse repetir punto por punto lo que con razón había denunciado. En lugar de ser una norma, ciertamente imperfecta, ciertamente adolecida de excepciones, el Derecho Internacional se convierte de hecho en un trozo de papel rasgado y al mismo tiempo esgrimido por unos y otros. Esto solo puede empeorar la seguridad de todos, incluida la de Rusia.

Rusia tenía preocupaciones de seguridad sobre la expansión oriental de la OTAN que eran y siguen siendo totalmente legítimas. Lo vuelvo a decir y mantengo. Son los líderes de los Estados Unidos y de ciertos países de la OTAN los que tienen la responsabilidad de este aumento del problema de la seguridad en Europa. La falta de respuesta sobre el fondo del gobierno estadounidense al proyecto de pacto presentado por Rusia a principios de año, el propio texto de la respuesta de Estados Unidos presentada el 26 de enero de 2021, fue un factor agravante, incluso decisivo, en la percepción de la situación por parte del gobierno ruso. Esto fue capaz de convencer a los tomadores de decisiones, porque, no se equivoquen, la decisión fue colectiva, que no tenían nada más que esperar de la otra parte.

Pero debe recordarse que estos problemas se resuelven mediante la diplomacia y el despliegue en suelo ruso de medios militares adecuados. No solo no justifican en modo alguno las operaciones llevadas a cabo contra Ucrania desde la mañana del 24 de febrero, sino que, además, estas operaciones pueden resultar contraproducentes para los intereses de seguridad a largo plazo de Rusia. Es por ello que estas operaciones deben ser fuertemente condenadas.

Dicho esto, los hilos de la diplomacia deben reconectarse lo antes posible. Las tropas rusas deben detener sus acciones de guerra lo más rápido posible y retirarse de Ucrania, excluyendo, por supuesto, las dos Repúblicas de Donetsk y Lugansk. Este es un punto fundamental, incluso un requisito previo, para la reanudación de las negociaciones. Pero, los Estados Unidos y los países de la OTAN deben acordar imperativamente tomar en cuenta seriamente los intereses de seguridad de Rusia. El 6 de marzo de 1991, los Secretarios de Estado del Departamento de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania se reunieron en Bonn para discutir la seguridad de Polonia y otros países de Europa del Este. Alemania, por su parte, habiéndose reunificado poco antes, no estaba preocupada. Los británicos, estadounidenses, alemanes y franceses coincidieron en este importante punto: la pertenencia a la OTAN de países de Europa del Este era «inaceptable». Los resultados de esta reunión fueron comunicados a Mijaíl Gorbachov.

Hasta que los países de la OTAN y Estados Unidos admitan que el incumplimiento de esta decisión es la raíz de la creciente desconfianza de Rusia hacia ellos, una profunda desconfianza mutua obstaculizará cualquier negociación. Les guste o no, corresponderá a los países de la OTAN ya Estados Unidos dar aquí el primer paso y demostrar que su deseo de lograr la estabilidad en el continente europeo es sincero.

FRONT POPULAIR
24 febrero 2022

* Miembro extranjero de la Academia Rusa de Ciencias, Jacques Sapir es uno de los observadores más relevantes del mundo ruso, su economía y su historia.

martes, 7 de noviembre de 2017

La caída del gobierno Kerenski, la victoria del partido bolchevique

'Asalto al Palacio de Invierno', de Yefim Dyshalyt.

Por VOLIN

A partir del 17 de octubre (30 de octubre, según el calendario actual), el desenlace se aproxima. Las masas están prestas para una nueva revolución, como lo prueban los levantamientos espontáneos desde julio, el ya citado de Petrogrado y los de Kaluga y Kazán y otros del pueblo y de tropas, en diversos puntos.

El partido bolchevique se ve, entonces, ante la posibilidad de apoyarse sobre dos fuerzas efectivas: la confianza de gran parte del pueblo y una fuerte mayoría del ejército. Así pasa a la acción y prepara febrilmente su batalla decisiva. Su agitación produce efervescencia. Ultima los detalles de la formación de cuadros obreros y militares. Organiza también, definitivamente, sus propios equipos, y redacta la lista eventual del nuevo gobierno bolchevique, con Lenin a la cabeza, quien vigila los acontecimientos de cerca y transmite sus últimas instrucciones. Trotski, el activo brazo derecho de Lenin, llegado hacía varios meses de Norteamérica, donde residió desde su evasión de Siberia, participará en puesto destacado.

Los socialistas revolucionarios de izquierda actúan de acuerdo con los bolcheviques. Los anarcosindicalistas y los anarquistas, poco numerosos y mal organizados, pero muy activos también, haciendo todo lo que pueden para sostener y alentar la lucha contra Kerenski, no por la conquista del poder, sino por la organización y la colaboración libres.

Conocidas la extrema debilidad del Gobierno Kerenski y la simpatía de una aplastante mayoría popular, con el apoyo activo de la flota de Kronstadt, siempre a la vanguardia de la revolución, y de gran parte de las tropas de Petrogrado, el Comité Central del partido bolchevique fijó la insurrección para el día 25 de octubre (7 de noviembre). El Congreso Panruso de los Soviets fue convocado para la misma fecha.

Los miembros del Comité Central estaban convencidos de que este congreso de mayoría bolchevique y obediente a las directivas del partido debía proclamar y apoyar la revolución y reunir todas las fuerzas para hacer frente a la resistencia de Kerenski. La insurrección se produjo el día señalado por la tarde. Y, simultáneamente, el congreso de soviets se reunió en Petrogrado. No hubo combates en las calles ni se levantaron barricadas.

Abandonado por todo el mundo, el gobierno Kerenski, asido a verdaderas quimeras, permanecía en el Palacio de Invierno, defendido por un batallón seleccionado, otro compuesto de mujeres y algunos jóvenes oficiales aspirantes.

Tropas bolcheviques, de acuerdo con un plan establecido en el Congreso de soviets y el Comité Central del partido, cercaron el palacio y atacaron sus defensas. La acción fue sostenida por naves de guerra de la flota del Báltico, de Kronstadt, alineadas sobre el río Neva, con el crucero Aurora. Después de una breve escaramuza y algunos disparos de cañón desde el crucero, las tropas bolcheviques se apoderaron del palacio. Kerenski había huido. Los demás miembros de su gobierno fueron arrestados.

Así, en Petrogrado la insurrección se limitó a una pequeña operación militar, conducida por el partido bolchevique. Habiendo quedado vacante el gobierno, el Comité Central del partido se instaló como vencedor en aquella revolución de palacio.

Kerenski intentó marchar sobre Petrogrado con algunas tropas sacadas del frente de guerra, cosacos y la división caucasiana, pero fracasó por la vigorosa intervención armada de los obreros de la capital y, sobre todo y una vez más, por los marinos de Kronstadt, llegados precipitadamente a prestar ayuda. En una batalla cerca de Gatchina, en los alrededores de Petrogrado, una parte de las tropas de Kerenski fue derrotada y la otra se pasó al campo revolucionario. Kerenski pudo salvarse en el extranjero.

En Moscú y otras partes la toma del poder por el partido bolchevique se efectuó con menos facilidad. Moscú vivió días de combates encarnizados entre las fuerzas revolucionarias y las de la reacción, que dejaron muchas víctimas. Numerosos barrios de la ciudad resultaron muy dañados por el fuego de la artillería. Finalmente, la revolución la ocupó. En otras ciudades, igualmente la victoria costó violentas luchas.

El campo, en general, permaneció casi indiferente. Los campesinos estaban muy absorbidos por sus preocupaciones locales: desde hacía mucho tiempo se preocupaban en resolver por sí mismos el problema agrario; no temían el poder de los bolcheviques. Puesto que tenían la tierra y no temían el retorno de los señores, estaban bastante satisfechos y eran indiferentes ante los defensores del trono. No esperaban nada malo de los bolcheviques, ya que se decía que éstos querían terminar la guerra, lo cual les parecía justo. No tenían, pues, ningún motivo para desconfiar de la nueva revolución.

La manera cómo ésta se cumplió ilustra sobre la inutilidad de una lucha por el poder político. Si éste es sostenido por una gran mayoría y, sobre todo, por el ejército, no es posible abatirlo. Y si es abandonado por la mayoría y por el ejército, que es lo que se produce en el momento de una verdadera revolución, entonces tampoco vale la pena dedicarse a él especialmente. Ante el pueblo armado se derrumba solo. Hay que abandonar el poder político para ocuparse del poder real de la revolución, de sus inagotables fuerzas potenciales, de su irresistible impulso, de los inmensos horizontes que abre, de todas las enormes posibilidades que contiene en su seno.

En muchas regiones, la victoria de los bolcheviques no fue completa, particularmente en el Este y en el Mediodía. Movimientos contrarrevolucionarios se perfilaron muy pronto y se extendieron hasta una verdadera guerra civil que duró hasta fines del año 1921.

Uno de esos movimientos, dirigido por el general Denikin, en 1919, fue sumamente peligroso para el poder bolchevique. Partiendo de los confines de Rusia meridional, región del Don, Kuban, Ucrania, Crimea, Cáucaso, el ejército de Denikin arribó, en el verano de 1919, casi hasta las puertas de Moscú. Explicaremos más adelante los elementos que le otorgaron tanta fuerza a ese movimiento, así como el modo como este peligro inminente pudo ser evitado, una vez más al margen del poder político bolchevique.

Muy peligroso fue asimismo el levantamiento desencadenado más tarde por el general Wrangel en los mismos parajes, después de haber sido ahogado el dirigido militarmente por el almirante Kolchak en el Este. Las otras rebeliones contrarrevolucionarias fueron de menor importancia.

La mayor parte de estos intentos fueron, en parte, sostenidos y alimentados por intervenciones extranjeras. Algunos han sido patrocinados y hasta políticamente dirigidos por los socialistas revolucionarios moderados y los mencheviques.

El poder bolchevique debió sostener una lucha larga y difícil: primero, contra sus ex colaboradores, los socialistas revolucionarios de izquierda, y segundo, contra las tendencias y el movimiento anarquistas. Ambos combatieron a los bolcheviques, en nombre de la «verdadera revolución social», traicionada, a su entender, por el partido bolchevique en el poder.

El nacimiento y, sobre todo, la amplitud y el vigor de los ataques contrarrevolucionarios fueron el resultado fatal de la deficiencia del poder bolchevique, de su impotencia para organizar la nueva vida económica y social. Ya veremos cuál ha sido la evolución real de la revolución de octubre, y cómo el nuevo poder supo, finalmente, mantenerse, imponerse, dominar la tempestad y resolver, a su manera, los problemas de la revolución.

El año 1922, el bolcheviquismo en el poder pudo sentirse definitivamente dueño de la situación y comenzar su momento histórico. La explosión produjo las ruinas del zarismo y del sistema feudal-burgués. Era necesario comenzar a edificar la nueva sociedad.

La revolución desconocida
(Libro I, Tercera Parte, Capítulo V.)

sábado, 17 de junio de 2017

Bakunin, la leyenda

Por PAUL AVRICH

Los jóvenes anarquistas encontraron que la personalidad de Mijail Bakunin era tan fascinante como su credo. Hijo de nobles terratenientes y educado para ser un oficial, Bakunin había abandonado su linaje y su mundo por la carrea revolucionaria; en 1840, a la edad de 26 años, abandonó Rusia y se dedicó a una lucha inagotable contra la tiranía en todos sus aspectos. Bakunin participó en los levantamientos de 1848 con un irreprimible entusiasmo, destacándose como una figura prometeica que se trasladaba con la marea revolucionaria que avanzó desde París hasta las barricadas de Austria y Alemania. Detenido en 1849, pasa los ocho años siguientes en la cárcel, seis de ellos en las más oscuras mazmorras de la Rusia zarista, las fortalezas de San Pedro y San Pablo y de Shlisselburg. Su sentencia fue conmutada por la de deportación perpetua en Siberia, pero Bakunin escapó de sus guardianes y se embarcó en una odisea impresionante por todo el mundo, una odisea que haría de su nombre una leyenda y habría de convertirle en objeto de veneración de todos los grupos radicales de Europa.

La gigantesca humanidad de Bakunin, su entusiasmo infantil, su ardiente pasión por la libertad y la igualdad, su lucha volcánica contra los privilegios y las injusticias, le otorgan un enorme atractivo humano sobre los círculos libertarios. «Lo que más me dolía», escribía Piort Kropotkin en sus memorias, «era que la influencia de Bakunin se dejaba sentir mucho menos desde su autoridad intelectual que como personalidad moral». Como fuerza activa en la historia, Bakunin ejerció una atracción personal con la que Marx nunca pudo competir, conquistando un puesto incomparable entre los aventureros y mártires de la tradición revolucionaria.

(...)

Bakunin intuía el autoritarismo inherente a la llamada «dictadura del proletariado». El Estado, decía, aun si adopta una forma popular, siempre servirá como instrumento de explotación y esclavitud. Predecía la inevitable constitución de una nueva «minoría privilegiada» de sabios y expertos, cuyo nivel superior de conocimiento la capacitaría para utilizar el Estado como instrumento de gobierno sobre los trabajadores manuales e ineducados de los campos y las fábricas. Los ciudadanos del nuevo Estado popular se despertarían bruscamente de sus ilusiones para descubrir que se habían hecho «los esclavos, los juguetes, las víctimas de un nuevo grupo de ambiciosos». La única posibilidad de que el pueblo escapase a este lamentable destino era la realización de la revolución por sí mismo, una revolución total, brutal, caótica, primitiva, y sin límites de ninguna clase. «Es necesario abolir completamente, en los principios y en la práctica, todo lo que pueda llamarse poder político», ya que, concluía Bakunin, «mientras exista el poder político habrá gobernantes y gobernados, amos y esclavos, explotadores y explotados» (…)

Por encima de todo, la filosofía anarquista de Bakunin era una protesta ferviente contra todas las formas de poder centralizado, tanto político como económico.

Los anarquistas rusos
(1967)


viernes, 31 de marzo de 2017

El anarquismo en la Revolución Rusa



El historiador Julián Vadillo analiza en el libro Por el pan, la tierra y la libertad: El anarquismo en la Revolución rusa el papel jugado por los anarquistas en el movimiento revolucionario de 1917.

28 marzo 2017

Numerosos libros se publican (o reeditan) este año, cuando se celebra el primer centenario de la Revolución rusa. Pero pocos tratan el papel que tuvo el anarquismo en la caída del zar y el ascenso de los bolcheviques al poder. Julián Vadillo Muñoz (Madrid, 1981) lo hace en el libro Por el pan, la tierra y la libertad: El anarquismo en la Revolución rusa que edita Volapük Ediciones. El autor, como explica en la introducción, intenta «analizar el anarquismo ruso en su justa medida» y «descifrar qué fue realmente» ya que la eterna «derrota ha conllevado el ostracismo» de los anarquistas. Julián Vadillo recibe a La Marea en la librería libertaria La Malatesta de Madrid.

¿Qué papel tuvieron los anarquistas en la Revolución rusa?

Su papel va creciendo con el paso de los meses. La Revolución de Febrero sorprende al anarquismo cuando la mayoría de sus integrantes está todavía en el exilio. La caída del zar y la proclamación de la república hace que muchos retornen, y los grupos diseminados del anarquismo que se habían mantenido entre 1906 y 1917 se vuelven a reestructurar. Durante ese período surgen medios de comunicación y grupos anarquistas, convirtiendo el anarquismo en un elemento a tener en cuenta aunque va a la zaga de otras organizaciones que sí se habían mantenido más estructuradas como los mencheviques, los bolcheviques y los socialistas revolucionarios. Lo que se pone en liza entre las organizaciones revolucionarias tras la Revolución de Octubre de 1917 es el modelo revolucionario del Partido Bolchevique frente a otro modelo que plantea el anarquismo.

¿Entonces, en la Revolución de Febrero no participaron los anarquistas?

Sí participaron de las movilizaciones aunque solo los pequeños grupos que habían quedado en San Petersburgo, Moscú… pero la Revolución de Febrero no responde a una ideología concreta. Es la propia Revolución y los meses posteriores lo que hace que personas como Volin, Gregori Petrovich Maximov, Piort Arshinov… vuelvan a Rusia, y que Néstor Majnó salga de prisión gracias a la amnistía por la proclamación de la república. De esta forma tienen la posibilidad de reestructurar las organizaciones anarquistas rusas.

Afirma que la muerte de Piotr Kropotkin en febrero de 1921, cuatro años después de la Revolución rusa, «fue la muerte del anarquismo ruso». ¿Acabó la revolución con el anarquismo?

La muerte de Kropotkin significa metafóricamente la muerte del anarquismo: la manifestación por su muerte fue la última gran movilización del anarquismo ruso en el interior. A partir de ese momento los anarquistas rusos se tienen que exiliar, están en las prisiones, en los campos de concentración o directamente han muerto por la guerra civil entre 1917 y 1921. El anarquismo participa y es protagonista de la revolución pero la revolución engulle a muchos de sus protagonistas. Para los anarquistas, en un determinado momento, el bolchevismo no era la revolución sino que se había convertido en la contrarrevolución. La contribución de sangre que tiene el anarquismo respecto a la revolución es muy grande.

Algunos historiadores conservadores como Richard Pipes opinan que la Revolución de Octubre fue un golpe de Estado. ¿Fue una revolución, un golpe de Estado, ambas cosas o ninguna?

No creo que fuese un golpe de Estado sino un proceso revolucionario con una base social muy amplia. Un golpe de Estado conlleva que una minoría tome el poder frente a la mayoría. Es cierto que hay un Gobierno Provisional que cae en detrimento de un grupo político concreto —que son los bolcheviques— pero para que hubiese sido un golpe de Estado, ese Gobierno Provisional debería haber tenido bases sociales que lo sustentasen. En octubre de 1917, está completamente desacreditado. Hay una dualidad de poder, y los sóviets no están con el Gobierno provisional sino frente a él. Son los sóviets, en los que no solo participan los bolcheviques sino también los anarquistas, los socialistas revolucionarios, los mencheviques… los que están dinamizando el poder. El problema viene porque algunos dirigentes bolcheviques utilizaron la palabra «golpe» para referirse a lo sucedido en octubre de 1917 y eso ha servido para sacar conclusiones, que a mi entender, no se corresponde con los sucesos. Lo que sí existe tras octubre de 1917 es un golpe de mano por parte de los bolcheviques que, de manera paulatina, van aplastando a sus rivales políticos hasta exterminarlos del mapa político ya sea físicamente o políticamente.

Al modelo económico denominado por los bolcheviques «comunismo de guerra», aplicado durante la guerra civil, los anarquistas lo llamaron «capitalismo de Estado» ¿En qué se diferenciaba la propuesta económica de los anarquistas y la que pusieron en marcha los bolcheviques?

Los bolcheviques, cuando llegan al poder, hacen un plan de nacionalización de la economía. Las fábricas y los campos pasan a ser controlados por el Estado, y éste cede la gestión directa a los trabajadores. Pero es el Estado quien controla el poder económico. Los anarquistas no están de acuerdo con ese modelo porque no creen que el Estado deba controlar nada sino que tiene que desaparecer, y han de ser directamente los productores los que se hagan con el control económico de las fábricas y de los campos. Para ellos, los sóviets son el eje central de la revolución, son los organismos de gestión directa de los trabajadores de la producción. Esa es la gran diferencia. Al acabar la guerra civil, los anarquistas y los socialistas revolucionarios denuncian la imposición de un modelo económico que se aleja del espíritu revolucionario de 1917 y plantean que o se retoma el modelo del poder de los soviets, o acabarán engullidos por la dictadura de un solo partido.

Tras el comunismo de guerra y la Nueva Política Económica, según el discurso oficial soviético, se alcanzó el «socialismo real». ¿Realmente la URSS fue un modelo socialista?

Se le podría llamar socialismo de Estado aunque es una estatalización de la economía. Incluso la Nueva Política Económica que surge en 1921, que es una mezcla entre el socialismo y el libre mercado, desaparece completamente y los planes quinquenales sirven para la industrialización de la Unión Soviética que, finalmente, se convertirá en una de las potencias industriales del mundo. En ese sentido Stalin sí que tiene éxito pero ¿a qué precio? A partir de 1927, cuando Trotski es defenestrado, ocurre una transición de una dictadura de partido único a una dictadura unipersonal de Stalin. En 1937, del Comité Central del Partido Bolchevique de 1917 absolutamente todos sus miembros han sido eliminados por Stalin excepto Lenin, que muere en 1924, y Trotski, que ha huido pero será ejecutado en 1940, con la acusación de ser contrarrevolucionario.

Cuenta en el libro que en 1905 la facción bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia intentó «controlar el sóviet» al considerarlo un elemento rival pero, al alcanzar el poder, se autodenominaron soviéticos. ¿Qué eran y en qué se convirtieron los soviets?

La historia de los sóviets es la parte más interesante de la Revolución rusa y una de las más desconocidas. Se conoce como la Revolución soviética pero el sentido que le dan a los sóviets las diversas opciones políticas es diferente. El sóviet nace en febrero de 1905, como cuenta Volin en La revolución desconocida. El Partido Social-Revolucionario es el que impulsa el sóviet, que surge como un organismo obrero que pretende controlar la producción e intentar un modelo económico distinto. No depende de ningún partido ni de ninguna organización. En los años que median entre 1905 y 1908 los bolcheviques no ven a los sóviets como unos aliados sino como unos rivales. Es a partir de esas fechas cuando Lenin, ya en el exilio, ve posible acercar el Partido Bolchevique a los sóviets para intentar medrar dentro. El concepto de sóviet va cambiando. Para los anarquistas y los socialistas revolucionarios de izquierda, los sóviets deben mantenerse como son desde el origen: organismos obreros que intentan controlar la política, la economía y la sociedad sin una correa de transmisión partidista, a disposición de los propios trabajadores. En cambio, los bolcheviques consideran a los sóviets, como a los sindicatos, partes integrantes de su propio partido.

Observo un cierto paralelismo entre los anarquistas ucranianos de Néstor Majnó y los anarquistas españoles en 1936-1937. ¿Qué similitudes y diferencias hubo entre la majnovchina y la Revolución española?

Lo que se produce en España es una lucha de poder por el control del movimiento obrero, entre el PCE y la CNT. Lo que sucede en Ucrania es similar a la situación en España de 1936 porque la influencia del majnovismo y del anarquismo en el movimiento obrero es muy importante. El Partido Bolchevique lo intenta laminar y finalmente Majnó es vencido por la fuerza de las armas del Ejército Rojo. Majnó intentó pactar con los bolcheviques desde el primer momento en varias ocasiones. Llegaron a tres acuerdos y todos acabaron de la misma manera: ruptura del pacto y represión contra las unidades majnovistas. En uno de esos acuerdos, Majnó intentó que el Gobierno de Moscú reconociese la zona libre de Ucrania donde tenía influencia. Majnó conformó un movimiento muy fuerte en Ucrania, y toda la zona este del país estuvo bajo su influencia. Se desarrolló un proceso muy similar al de las colectividades de Aragón y de Cataluña, donde son los sóviets de esa zona los que tienen un control sobre la producción.

Pero pese a ser Majnó anarquista nunca formó parte de la Confederación de Organizaciones Anarquistas Nabat.

Los majnovistas son en esencia anarquistas: Majnó es anarquista, Arshinov es anarquista… pero el majnovismo como tal es un movimiento de las masas laboriosas, como ellos mismos dicen. Anatol Gorelik, en El anarquismo en la Revolución rusa, dice que el majnovismo no es anarquista sino que tiene elementos que los une a los anarquistas, y los anarquistas ven en el majnovismo una opción importante para el desarrollo de sus ideas. Aparte está la Confederación Anarquista Nabat, la organización de los anarquistas ucranianos, en la que no está Majnó pero hay una confluencia. Aunque el majnovismo como tal no se defina como anarquista sí es antiautoritario, horizontal, autogestionario y tiene muchos puntos en común con el anarquismo.

La base naval de Kronstadt, «el orgullo y la gloria de la revolución», según Trotski, se levantó en marzo de 1921 y fue reprimida por el Ejército Rojo. ¿Se puede considerar un episodio anarquista la revuelta de Kronstadt?

En Kronstadt siempre existió un espíritu anarquista muy importante y fueron los anarquistas los que dinamizaron el soviet de Kronstadt. Efim Yarchuk, uno de los más importantes anarquistas de Kronstadt, es el máximo defensor de la independencia de los sóviets frente a los partidos, y ese fue el espíritu de Kronstadt hasta marzo de 1921. Pero no fue una revuelta anarquista como tal porque no son solo anarquistas los que están en Kronstadt. También hay socialistas revolucionarios y bolcheviques que no están de acuerdo con lo que hacen sus compañeros en el Gobierno. Es una revuelta de la izquierda.

¿Cuáles eran las demandas de los marinos de Kronstadt?

Entre las reivindicaciones de Kronstadt están la libertad de prensa, libertad de elección de los soviets, libertad para los anarquistas, libertad para los socialistas revolucionarios y que se vuelva otra vez al espíritu revolucionario de 1917. Hay quien dice que en Kronstadt estaban los contrarrevolucionarios y los mencheviques pero entre las reivindicaciones de Kronstadt no aparece en ningún momento la apertura de la Asamblea Constituyente, que era la gran petición de los mencheviques, ni mucho menos la vuelta al zarismo. Lo que plantea Kronstadt es debatir con los bolcheviques la dictadura de un partido o sóviets libres. Mientras los periódicos bolcheviques y Trotsky dicen que los contrarrevolucionarios están detrás, Lenin tiene claro que lo que está pasando en Kronstadt es una revuelta de la izquierda. Y Lenin ve que o se aplasta la sublevación de Kronstadt o puede vencer al Partido Bolchevique, porque es una opción para los trabajadores.

Resulta curioso que Trotski, quien reprimió la revolución majnovchina y la revuelta de Kronstadt, ha pasado a la historia como un ídolo para cierta izquierda revolucionaria antiestalinista.

Trotski es uno de los grandes ideólogos militares que tiene el Partido Bolchevique y es quien lidera la represión contra los majnovistas. Son las grandes glorias de la revolución como Zinoviev y Mijail Tujachevsky quienes también reprimen de forma virulenta la revuelta de Kronstadt. Incluso la Oposición Obrera dentro del Partido Bolchevique que representaba Aleksandra Kolontái se opone a la revuelta de Kronstadt y considera a los alzados desviacionistas pequeñoburgueses y anarquistas. Trotski es el represor de Kronstadt pero luego tiene la mala suerte de que pierde la carrera por el poder con Stalin y se tiene que exiliar, y ahí encuentra simpatías en la izquierda. Pero para el anarquismo la imagen de Trotski es muy negativa porque ha sido su represor. De la misma forma que Lenin no se atrevía a criticar demasiado a los marinos de Kronstadt porque eran «el orgullo y la gloria de la Revolución», Trotski en los periódicos sí atizaba a los anarquistas, al majnovismo y a los kronstadianos. En ese sentido, Trotski es más agresivo que el propio Lenin.

¿Cuál fue la postura de los anarquistas españoles respecto a a la Revolución rusa?

Tras estallar la revolución en 1917, los anarquistas españoles la apoyan. En el Congreso de la CNT de Sants (Barcelona) de 1918 y el Congreso de la Comedia de 1919 hay una disposición de apoyo a la Revolución rusa y la inclusión de forma provisional del sindicato en las estructuras de la III Internacional y en la Internacional Sindical Roja. La CNT decidió ingresar en el Profintern pero mandó delegados al congreso de 1921 en Rusia para ver cómo se estaba desarrollando la revolución. Ángel Pestaña y Gaston Leval, que acudieron a aquel congreso en representación de la CNT, emitieron un informe negativo de lo que sucedía en Rusia al ver que se estaba encarcelando a anarquistas. Al volver a España, Pestaña y Leval afirman que la Revolución rusa no tiene nada que ver con el comunismo que los anarquistas están intentando implantar y tras recibir los informes, la CNT abandona la Internacional Sindical Roja. En 1922 se unirá a la renacida Asociación Internacional de los Trabajadores.

¿Qué conclusiones se pueden sacar de la Revolución rusa?

Es el acontecimiento más importante del siglo XX, sin ninguna duda, porque marcará un antes y un después en la Historia de la humanidad de la Edad Contemporánea. No se entiende nada sin la Revolución rusa. En un momento histórico complicado como era 1917, en medio de una guerra mundial que estaba desangrando a Europa, hubo un país y una clase obrera que cambiaron el curso de la Historia. Todo se puede cambiar y nada es inamovible.

¿Qué queda del anarquismo hoy en día en Rusia?

Existen organizaciones anarquistas en Rusia, sobre todo en los grandes núcleos como Moscú y San Petersburgo, pero no son muy numerosas. A nivel histórico se recuerda parte del anarquismo aunque está eclipsado por el triunfo de los bolcheviques. En las librerías rusas existen libros sobre el anarquismo, aunque la deformación que se muestra es evidente. La historia del anarquismo ruso está todavía por investigar y por escribirse.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Febrero [Marzo] 1917: Las mujeres inician la revolución

Rusia, Revolución de Febrero de 1917.
 
MIGUEL SALAS *

Al avanzar juntas, bajo la bella luz del día,
Mil oscuras cocinas, mil lúgubres fábricas
Se alumbran con el esplendor de un rayo de luz,
Porque la gente nos oye cantar: «Pan y Rosas, Pan y Rosas»
(JAMES OPPENHEIMER.
Poesía inspirada en la huelga de obreras textiles
en 1912 en Lawrence, Massachusetts)

Entre las diversas complejidades de la Revolución rusa, una consiste en llamar Revolución de Febrero a lo que en realidad empezó el 8 de marzo. Bajo el zarismo, Rusia mantenía el calendario juliano, que difería en 13 días del calendario occidental. Así que, mientras en Rusia amanecía un 23 de febrero, en España 8 era de marzo, el Día Internacional de la Mujer. Parece que ese día amaneció frío y soleado. Uno de los temas de conversación en el Petrogrado burgués era el estreno en el teatro Alexandrinskii de la obra teatral Mascarada, dirigida por Meyerhold (autor y director teatral que se unirá a la revolución y que ejercerá una gran influencia en el teatro del siglo XX). En los barrios obreros las preocupaciones eran muy diferentes. A mediados de enero comenzó a faltar el pan; en febrero, Petrogrado recibió apenas la mitad de lo percibido en diciembre, y en el resto de Rusia la situación no era mejor. Desde el inicio de la guerra el precio del carbón se había quintuplicado y los alimentos multiplicado por siete. El pan se había convertido en la comida principal y casi única. La policía política, la Ojrana, tiene los ojos bien abiertos y advierte: «Los niños se mueren de hambre en el sentido más literal de la palabra». Otro informante escribe: «Si hay una revolución, será una revuelta del hambre». «Un abismo se abre entre las masas y el gobierno», advertía otro agente.

Para el 8 de marzo no estaban previstas grandes acciones, más allá del reparto de octavillas y alguna asamblea. El primer Día de la Mujer en Rusia fue conmemorado el 3 de marzo de 1913. En 1914, cuando se instituyó el 8 de marzo, las organizadoras cayeron presas y no hubo convocatoria. Los años siguientes, en plena guerra imperialista, la conmemoración no tuvo una especial importancia. Nadie había previsto que ese día las mujeres obreras iniciaran la revolución.

En febrero de 1917, el 47 por ciento de la clase obrera de Petrogrado eran mujeres. Muchos hombres estaban en el frente. Las obreras eran mayoría en la industria textil, del cuero y del caucho, y numerosas en oficios que antes habían tenido vedados: los tranvías, las imprentas o la industria metalúrgica, donde había unas 20.000. Las obreras eran también madres: debían garantizar el pan de sus hijos. Y, antes de ir a la fábrica, hacían interminables colas (unas 40 horas semanales) para conseguir algo de comida, acampando durante la noche, en pleno invierno ruso. Los informes policiales recogen que allí aprendieron «a insultar a Dios y al zar, pero más al zar»; y alertan de que: «son material inflamable que sólo necesita una chispa para estallar».

El hecho es que las mujeres de algunas empresas textiles del barrio de Viborg decidieron declararse en huelga. A las diez de la mañana se habían reunido unas veinte mil. Al llamamiento de las mujeres, los obreros de algunas fábricas se unieron a la manifestación. Un trabajador de la fábrica mecánica Nobel recuerda: «Podíamos oír las voces de las mujeres en las calles desde las ventanas de nuestro departamento: "¡Abajo la carestía! ¡Abajo el hambre! ¡Pan para los trabajadores!". Varios camaradas corrimos a las ventanas... Las puertas del molino número 1 Bolshaia Sampsonievskaia habían sido abiertas. Masas de mujeres trabajadoras llenaban las calles. Aquellas que nos habían visto comenzaron a mover sus brazos y gritaban "¡Vengan! ¡Dejen de trabajar!". Arrojaban bolas de nieve a las ventanas. Decidimos unirnos a la manifestación». Se calcula que alrededor de 90.000 obreras y obreros participaron en la huelga. En sus Memorias, el que era gobernador de la ciudad, Alexander P. Balk, escribe: «Al retirarse, el general Goblachev me informó, una vez más, de que la manifestación del día era un completo misterio para él y que era posible que nada ocurriera al día siguiente». Se equivocaba.

Al día siguiente, 24 de febrero, el movimiento se amplía aún mucho más. Casi la mitad de las obreras y obreros están en huelga. A la exigencia de «¡Pan!» se le unen las consignas de «¡Abajo el zar!» y «¡Abajo la guerra!». Grandes manifestaciones se dirigen hacia el centro de la ciudad. La policía ha levantado los puentes que separan los barrios obreros del centro, pero el río Neva todavía está helado y miles de huelguistas se atreven a cruzarlo. Se suceden los enfrentamientos con la policía y aparecen también los temidos cosacos. El obrero Ilya Mitrofanovich Gordienko recuerda la jornada: «Las obreras tomaron la iniciativa, rodearon a los cosacos con una compacta cadena humana. Gritaban: "¡Nuestros esposos, padres y hermanos están en el frente!". "Y aquí soportamos el hambre, la carga de trabajo, los insultos, las humillaciones y los abusos. Ustedes también tienen madres, esposas, hermanas e hijos, ¡exigimos pan y el fin de la guerra!". Los oficiales, temiendo la influencia de la agitación sobre los cosacos, dieron una orden. Los cosacos se prepararon. Todos corrieron a cubrirse, agarrando piedras o piezas de metal, listos para lanzarlos. Sin embargo, los cosacos cabalgaron, pasaron sin atacarnos; luego dieron media vuelta y regresaron. Las masas los saludaron con gritos de "¡Viva!", pese a que el corazón no podía creerlo y la mente dictaba precaución».

El movimiento ya es imparable. La huelga es ya una huelga general, sobre todo después de que el día 25 la fábrica Putilov, en la que trabajan 30.000 personas, decide unirse. También se suman los estudiantes. Al final del día algunos barrios están en manos de los rebeldes. Las comisarías han sido asaltadas o abandonadas. «Un alzamiento revolucionario que dure varios días sólo se puede imponer y triunfar con tal de elevarse progresivamente de peldaño en peldaño, registrando todos los días nuevos éxitos. Una tregua en el desarrollo de los éxitos es peligrosa. Si el movimiento se detiene y patina, puede ser el fracaso», escribe Trotski en La Historia de la Revolución Rusa.

El 26 es domingo, y están cerradas las fábricas, el lugar natural donde reunirse. Surgen algunas dudas. ¿Es posible seguir adelante? ¿Cuál será la actitud del ejército? En el recuerdo está presente la experiencia de 1905. El zar Nicolás II ha dado la orden de acabar con los disturbios «mañana mismo». Durante el día, miles de personas siguen manifestándose por la ciudad. Se suceden los enfrentamientos, pero también el contacto entre los obreros y obreras y los cosacos y los soldados. Crece la confianza de la masa obrera, a pesar de las cargas e incluso ametrallamientos, las manifestaciones no se disuelven, vuelven a reunirse, vuelven a encontrarse con los soldados, y les dicen: «No dispares contra tus hermanos y hermanas», y añaden: «Únete a nosotros». Las dudas comienzan a surgir. Los soldados ya no son los de 1905. Muchos han estado en el frente y han visto lo que supone la guerra. Saben del sufrimiento y hambre de la población, y también de sus madres y hermanos y hermanas. Las dudas empiezan a asaltar las conciencias. También las mujeres jugaron un papel decisivo. Escribe Trotski: «La mujer obrera representa un gran papel en el acercamiento entre los obreros y los soldados. Más audazmente que el hombre, penetra en las filas de los soldados, coge con sus manos los fusiles, implora, casi ordena: "¡Desviad las bayonetas y venid con nosotros!". Los soldados se conmueven, se avergüenzan, se miran inquietos, vacilan; uno de ellos se decide: las bayonetas desaparecen, las filas se abren, estremece el aire un hurra entusiasta y agradecido; los soldados se ven rodeados de gente que discute, increpa e incita: la revolución ha dado otro paso hacia adelante.»

El momento decisivo ha llegado. Se organizan mítines a las puertas de los cuarteles. En algunos los oficiales logran disolver a la masa obrera, en otros no se atreven. Al caer la noche, se rebela el regimiento Pavlovsky. En las primeras horas de la mañana del 27, los oficiales del regimiento Volynski intentan movilizar sus tropas contra los trabajadores. Los soldados se niegan a marchar. Frente a las amenazas de los oficiales, un sargento dispara contra un comandante; en el tiroteo mueren varios oficiales. Con esos disparos, los soldados del Volynski se unen a la revolución: sólo su victoria podrá salvarlos de la horca. Copiando la táctica de las obreras y obreros, se dirigen al resto de cuarteles para animarles a unirse a la lucha de todo el pueblo. Las condiciones estaban maduras, sólo encontraron oposición en algunos oficiales. La insurrección ha triunfado. Las obreras y obreros, toda la clase trabajadora, los soldados, en su mayoría campesinos con uniforme, han vencido. Es el fin de una monarquía, de supuesto origen divino, de más de 300 años de existencia que apenas logra encontrar fuerza social o armada que la defienda.

La emancipación de la mujer

En febrero (marzo) de 1917 las mujeres iniciaron la revolución y, sin embargo, en la memoria ha quedado poco reconocimiento de sus hazañas. Ni siquiera entre los dirigentes de la revolución se recuerdan los nombres de Alexandra Kolontai o de Nadiezna Krupskaia, mujeres que ocuparon un puesto dirigente durante el proceso revolucionario o en el gobierno soviético. Las obreras de Petrogrado simbolizaron con su acción también una ruptura con su opresión específica como mujeres, y la revolución reconoció de inmediato que las grandes transformaciones sociales y políticas serían incompletas sin lograr la plena emancipación de las mujeres.

Desde febrero a octubre de 1917, participaron en el movimiento revolucionario y se organizaron autónomamente en la defensa de sus propias reivindicaciones. Sirva como ejemplo que en los días previos a la insurrección de octubre (noviembre) se reunió una conferencia de mujeres representantes de 50.000 trabajadoras de toda Rusia. Para las mujeres la victoria de la revolución era también el primer paso para su emancipación. En esa época, las leyes zaristas declaraban que la mujer debía «obedecer a su marido como cabeza de familia, ser amante y respetuosa…»; no podía tener pasaporte o trabajar sin el consentimiento del marido; el divorcio estaba en manos de la Iglesia, o sea, prácticamente no existía; el marido se convertía incluso en dueño de cualquier herencia que recibiera la mujer; en las fábricas, las mujeres debían soportar jornadas agotadoras cobrando menos que los hombres y sin ninguna protección por la maternidad. En el campo, la situación aún era peor, la mujer campesina era casi una esclava, del trabajo y del hogar.

El gobierno surgido de la Revolución de Octubre estableció leyes que permitían o hacían posible la igualdad política y social de la mujer. Se estableció el derecho al voto y a ser elegidas para cargos públicos; se legalizó el derecho al divorcio y la igualdad absoluta ante la ley entre marido y mujer, se acabó con la dominación legal del marido y las mujeres podían elegir sus propios apellidos; se legalizó el aborto; se abolieron las leyes en contra de la homosexualidad; se legisló a favor de la igualdad del salario entre hombres y mujeres; se aprobó la licencia por maternidad de 4 meses antes y después del alumbramiento, la gratuidad del cuidado de los niños y medidas para la protección en el trabajo para las mujeres embarazadas. Puede que hoy algunas de estas medidas no parezcan extraordinarias, pero en los inicios del siglo XX, y más en la atrasada Rusia, cambiaron radicalmente las bases sociales de la opresión de la mujer.

No obstante, una cosa son las leyes y otra la dura realidad. No es este el lugar para profundizar en los déficits, errores y retrocesos que la emancipación de la mujer sufrió en la Rusia soviética. Digamos sólo que se quebró la esperanza de que el desarrollo económico facilitaría la igualdad real, que no fue capaz de imponerse a la realidad de un país atrasado y aislado por el fracaso de la revolución en el resto de Europa; y que posteriormente se encontró con la reacción social que a partir de los años 30 representó el estalinismo, especialmente en el ámbito de los derechos de la mujer (prohibición del aborto, enaltecimiento de la mujer como madre, limitaciones al divorcio, etc.). Estudiar y recuperar las experiencias de la emancipación de la mujer en el proceso revolucionario pueden ser útiles para el actual proceso de su liberación. Las tendencias de la sociedad, hacia adelante o hacia atrás, tienen siempre su línea más sensible en el reconocimiento de los derechos de la mujer, no sólo legales sino también en el establecimiento de las bases materiales para lograr la igualdad real.

Alexandra Kolontai, una de las revolucionarias rusas que más trabajó y luchó por la igualdad, se imaginó así el futuro: «1. Igualdad, con la desaparición de la poderosa autosuficiencia masculina y de la sumisión servil de la mujer. 2. Reconocimiento mutuo y recíproco de los derechos y desaparición de los sentimientos de propiedad. 3. Sensibilidad fraterna, junto con un arte que permitirá la asimilación y comprensión de las transformaciones psíquicas que se reproducen en el alma del amado».


La paradoja de febrero

Bastó el levantamiento de la población de Petrogrado para acabar con el zarismo. Moscú, la segunda ciudad de Rusia en ese momento, se unió cuando el triunfo ya estaba asegurado y así fue también en el resto del país. No hay ninguna duda del carácter de clase de la revolución. Un economista liberal de la época, Tugan Baranovski, lo explicó con precisión: «No fueron las tropas, sino los obreros quienes iniciaron la insurrección; no los generales, sino los soldados quienes se personaron ante la Duma (Parlamento ruso). Los soldados apoyaban a los obreros no porque obedecieran dócilmente las órdenes de sus oficiales, sino porque (…) sentían el lazo que les unía a los obreros como una clase compuesta de trabajadores, como parte de ellos mismos. Los campesinos y los obreros: he ahí las dos clases sociales a cuyo cargo ha corrido la revolución rusa». Otra de las complejidades del movimiento revolucionario consiste en entender por qué si las fuerzas que lucharon tenían un contenido de clase tan determinado, el poder acabó, en primera instancia, en manos de la burguesía, que nada había hecho para acabar con el zarismo. A menudo, las revoluciones no son capaces de expresar una relación directa entre las clases sociales y el poder. En todo movimiento revolucionario las clases trabajadoras y los campesinos, los estudiantes o los soldados han sido la base movilizada de los procesos revolucionarios, pero, en la mayoría de las ocasiones, al vencer, algún sector de la burguesía o la pequeña burguesía les ha arrebatado lo que habían conquistado en la calle.

En febrero de 1917, los burgueses temían más a las masas que al zarismo, con el que habían establecido estrechos lazos. En los primeros días de la revolución intentaron buscar un acuerdo con el zar, y cuando vieron que era imposible, intentaron mantener el zarismo eligiendo a su hijo o, como regente, a un hermano del zar. Era tanta su desesperación que a Miliukov, el dirigente del partido de la burguesía, no le importaba decir: «Uno de ellos es un niño enfermo y el otro un hombre completamente tonto», pero que lo importante era salvar a Rusia, o sea, sus negocios.

En los mismos días, incluso en el mismo edificio (el palacio de la Duma) donde los burgueses suspiraban por la continuidad del zarismo, se formaba el soviet, el organismo que representaba legítima y directamente a las masas trabajadores. Los soviets surgieron en la revolución de 1905, y desde entonces formaron parte del imaginario de la clase trabajadora. Su formación fue un hecho natural, impulsado y aceptado por todas las tendencias políticas del movimiento obrero como expresión de la huelga general y la insurrección. Al principio fue una coordinación de dirigentes políticos y representantes reconocidos de la clase trabajadora, pero inmediatamente se procedió a la elección de representantes directos en las fábricas, barrios y cuarteles. En la práctica, los soviets empezaron a ejercer el poder, eran los únicos organismos reconocidos por la población. Un diputado del bloque burgués recuerda: «El soviet se apoderó de todas las oficinas de Correos y Telégrafos y de la Radio, de todas las estaciones de ferrocarril, de todas las imprentas, de modo que, sin autorización, era imposible cursar un telegrama, salir de Petrogrado o escribir un manifiesto». Un representante del zarismo les dice a dirigentes de la izquierda: «El poder está en vuestras manos; nos podéis mandar detener a todos nosotros». Y, sin embargo, el Gobierno Provisional que surge de la Revolución de Febrero está encabezado por los burgueses.

La paradoja consiste en que los socialistas moderados, los mencheviques, que en ese momento tienen la confianza de la mayoría trabajadora, consideraban que la revolución que derrocara al zarismo debía ser «una revolución burguesa», limitarse al reconocimiento de las libertades y a algunas reformas. Esa visión escolástica de que el desarrollo de la sociedad está predeterminado y debe seguir unas etapas fijadas de antemano no encajaba con la evolución de la sociedad, y menos aún con el estallido de la guerra imperialista. Las masas trabajadoras habían realizado la revolución; no confiaban en los partidos burgueses y empezaban a construir sus organismos de gobierno (los soviets), y los socialistas moderados dejaban al margen la solución de los graves problemas de la guerra, la república, la tierra, la jornada de ocho horas, etc. para dar el poder a los burgueses. Paradojas de los procesos revolucionarios. Serán necesarios unos cuantos meses para que la experiencia convenza a las masas trabajadoras de que deben tomar el destino en sus propias manos, adueñarse del poder para lograr la paz, repartir la tierra, ejercer todos los derechos democráticos e iniciar el camino hacia el socialismo.

Lenin, que todavía no había podido viajar a Rusia, escribió en sus Cartas desde lejos: «La revolución fue obra del proletariado (…) exige pan, paz y libertad; exige una república y simpatiza con el socialismo (…) (los burgueses) quieren burlar la voluntad, o los anhelos de la inmensa mayoría de la población» Ante los supuestos disturbios y anarquía, Lenin insistía: «Los obreros quieren una república, y una república es un gobierno más "de orden" que la monarquía (…) Son precisamente los capitalistas quienes introducen la anarquía y la guerra en la sociedad humana».

Atraso en derechos

Las condiciones de las mujeres en la España de 1917 no eran mejores que las de Rusia bajo el zarismo. La mujer necesitaba la autorización del marido para cualquier iniciativa; firmar contratos, realizar compras, ni siquiera podía vender propiedades que fueran suyas por herencia de padres, etc. El Código Penal imponía duras sanciones para aquellas esposas que insultasen o desobedeciesen al marido. Las mujeres no tenían derecho al voto, ni existía el divorcio, ni mucho menos el derecho al aborto. La influencia de la Iglesia Católica en todos los ámbitos de la vida social y política impuso condiciones terribles a las mujeres. En esa época, el 70% de la población femenina es analfabeta, frente a un 55% de los hombres. En 1910, unas 729.628 mujeres reciben enseñanza, lo que supone el 23’6% de aquellas que se encontraban en edad de hacerlo Hasta 1910, no se les reconoce el derecho a la educación superior. La primera catedrática, la escritora Emilia Pardo Bazán, lo es en 1916. En 1919 sólo hay 300 universitarias en toda España.

En el ámbito laboral la situación no era mejor. La neutralidad española facilitó durante los primeros años de la guerra un desarrollo industrial y comercial muy importante. De 1910 a 1918, el número de mineros pasó de 90.000 a 133.000; el de metalúrgicos de 61.000 a 200.000; en el textil de 125.000 a 213.000 y en los transportes de 155.000 a 212.000. (Juan A. Lacomba. La crisis española de 1917) Eso representó también una importante incorporación de la mujer, difícil de cuantificar porque en muchos casos se trató de empleo irregular. Las mujeres eran mayoría en el sector del textil, cuero, o alimentación, y su presencia era notable en sectores muy masculinizados. Por ejemplo, a principios de siglo, el 10% de la plantilla del carbón en Asturias eran mujeres; también el 7% en la minería de hierro de Vizcaya y en las minas de plomo de Córdoba, por lo que es fácil deducir que en 1917 su presencia debía de ser mayor. Se ocupaban del acarreo y del machaqueo del mineral en superficie y de otras ocupaciones complementarias. Su sueldo, sin embargo, solía ser un 50% inferior al del hombre; se consideraba que formaba parte del complemento salarial del hombre y poquísimas, si había alguna, ocupaban puestos de responsabilidad. Para minusvalorar el peso de la mujer en el mundo del trabajo, las campesinas, como las empleadas del hogar, muy numerosas en las ciudades, apenas existen en las estadísticas.

Durante el primer decenio del siglo se fundan las primeras asociaciones de mujeres, socialmente muy diferenciadas, las que tienen un origen socialista o anarquista y las que son iniciativa de mujeres de clase media. Todas defienden la mejora de las condiciones de vida y de reconocimiento social de las mujeres, aunque con perspectivas sociales y políticas diferentes. Debido al atraso económico y social español y al peso de la Iglesia Católica existe un evidente retraso con respecto a otros países en la lucha por los derechos de las mujeres. Hasta mayo de 1921 no se celebra la primera manifestación a favor del sufragio femenino.

España, Huelga General de 1917.

El año 1917, representó también un cambio de tendencia en la lucha y en la incorporación de las mujeres. En febrero, Alemania decide un bloqueo general de los puertos europeos que afecta enormemente a la economía española. Las importaciones y exportaciones marítimas quedan seriamente dañadas y afectan a casi todos los sectores productivos. Empieza el final de la «alegría» económica. La guerra había ensanchado aún más la desigualdad entre las clases. Para mantener el trabajo, para comer, para criar a los hijos, para poder vivir habrá que luchar, y muchas mujeres ya han ocupado su lugar en la fábrica y en la sociedad. Para la mayoría de ellas, la participación en la huelga general de agosto de 1917 será su prueba de fuego social, pero también de exigencia de sus propios derechos. Ese año, confluyen diferentes crisis: las protestas de la oficialidad del Ejército (Juntas de Defensa); el conflicto que se agudiza con Cataluña (Asamblea de Parlamentarios opuesta al bipartidismo) y una huelga general revolucionaria convocada por UGT y CNT. A diferencia de lo que ese mismo año sucede en Rusia, en nuestro país cada una de esas crisis irá por separado y eso retrasará el hundimiento de la monarquía hasta 1931. Las obreras rusas iniciaron la revolución para acabar con el zarismo y conquistar sus derechos como mujeres, incluso los más mínimos. En España, también se tuvo que echar a la monarquía para que se reconocieran los derechos de las mujeres.

Años antes, Teresa Claramunt, una de las pioneras anarquistas organizadora de las mujeres trabajadoras lo expresó así: «Ya lo ves, mujer proletaria, nuestros hijos no inspiran a nadie ningún sentimiento noble. Nosotras, las mujeres obreras, no per-tenecemos al sexo débil, ya que esos sietemesinos consideran muy natural que recaiga sobre nosotras el trabajo pesado de las fábricas. No pertenecemos tampoco al sexo bello, porque nuestros cuerpos destrozados no les despiertan el sentimiento de justicia. (…) Nada de eso ven. Ya lo sabéis, obreras, en la sociedad actual existen dos castas, dos razas: la de nosotras y nuestros compañeros y las de esos zánganos con toda su corte. No tendremos pan, ni dicha, ni vida, ni segu¬ridad para nuestros seres queridos y para nosotras, hasta que desaparezca del todo esa maldita raza de parásitos. ¡A trabajar, pues, proletarias; nuestra dignidad y nuestro amor lo exige!».

26/02/2017


* Miguel Salas: sindicalista, miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.