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sábado, 22 de diciembre de 2012

La vida después del fin del mundo que no fue


Jon Kelly

BBC Magazine



Pese a la atención que han recibido las predicciones sobre el fin del mundo basadas en el calendario maya, la vida en la Tierra sigue su curso sin más. ¿Qué harán ahora los que creían que todo se iba a acabar este 21 de diciembre?

En el transcurso de la historia, el fin del mundo ha sido pronosticado en numerosas ocasiones y, en cada una de ellas, un grupo de fervientes creyentes ha quedado decepcionado ante la ausencia de muerte y destrucción.

En esta última ocasión, miles de personas habían tomado precauciones en todo el planeta.

En la provincia china de Sichuan se informó de la compra masiva de velas. En Rusia, se disparó la venta de fósforos y comida en lata, y el primer ministro Dimitri Medvedev urgió a sus conciudadanos a mantener la calma.

Por su parte, las autoridades francesas tuvieron que lidiar con decenas de personas que se acercaron a una montaña de la pequeña localidad de Bugarach, convencidos de que unas naves voladoras iban a rescatar a los seres humanos allí concentrados.

Lo cierto es que nada de esto es nuevo. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha estado fascinada con el fin del mundo. 

De Roma a nuestros días 

Los habitantes de Roma fueron presa del pánico ante las predicciones que aseguraban que su ciudad sería destruida en el año 634 a.C. y el temor al nuevo milenio se propagó por Europa ante la llegada del año 1000 d.C.

Ya en nuestros días, los seguidores de las profecías de Nostradamus se prepararon para el advenimiento del «Rey del Terror» en 1999.

Mientras, el telepredicador estadounidense Pat Robertson pronosticó que «algo similar a un ataque nuclear» ocurriría a fines de 2007.

Por su parte, el predicador radiofónico californiano Harold Camping ha establecido una fecha para el fin del mundo en por lo menos seis ocasiones, siendo la última el pasado 22 de octubre.

Para aquellos que creían en sus predicciones, darse cuenta de que la vida seguía su curso tras el supuesto día del apocalipsis debió ser una experiencia traumática.

Según explica Lorne Dawson, experto en sociología de la religión de la Universidad de Waterloo, en California, los grupos que han pronosticado el fin del mundo suelen seguir adelante sin problema una vez se incumplen las profecías.

De los 75 grupos identificados por Dawson que predicaban el fin del mundo, todos excepto seis continuaron existiendo después de que la catástrofe no se materializase.

De hecho, algunos incluso han ganado adeptos. Los Testigos de Jehová han esperado el apocalipsis en varias ocasiones y cuentan con siete millones de seguidores.

La Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene unos 17 millones de miembros en todo el mundo. Este grupo surgió del movimiento milenarista, cuya fallida predicción del fin en 1844 se conoció como «La gran decepción». 

‘Cuando la profecía falla’ 

Uno de los mejores estudios sobre estos casos es Cuando la profecía falla, en el que el psicólogo Leon Festinger explica como él y sus estudiantes se infiltraron en un grupo que pensaba que el mundo se iba a acabar y que iban a ser rescatados en un platillo volador.

Cuando las naves espaciales no llegaron, el líder del grupo aseguró que sus seguidores que habían «irradiado tanta luz» que Dios había perdonado al planeta. Entonces, los apocalípticos se dedicaron a dar a conocer la buena noticia entre los no creyentes, en lo que para Festinger fue un claro caso de disonancia cognitiva.

En un ejercicio similar, el psiquiatra Simon Dein pasó un tiempo con miembros de la comunidad judía Jabad-Lubavitch en Stanford Hill, en el norte de Londres. Durante años, los integrantes de esta organización creyeron que su líder espiritual, Menachem Mendel Schneerson, conocido como «El Rebe», era el mesías.

Según sus creencias, él anunciaría el fin de la civilización y los guiaría a una nueva era. Su fe sería puesta a prueba en 1994, cuando el «El Rebe» murió.

«Yo estaba allí cuando falleció», explica Dein. «Lloraban, se lamentaban, no podían aceptarlo, no podía morir; ¿iba a manifestarse?».

Pero pese a todo, los miembros de la comunidad no abandonaron su sistema de creencias y se dividieron entre los que creían que «El Rabi» seguía vivo pero no podía ser visto y los que pensaban que, de que algún modo, regresaría de la muerte.

«Hay mucha tensión entre los que creen que está muerto y los que creen que está vivo, pero su fallecimiento no parece haber disminuido el número de seguidores», explica Dein.

Según Lorne Dawson, las 200 familias de la comunidad Jabad-Lubavitch de Stanford Hill contaban con uno de los rasgos imprescindibles para mantener al grupo unido tras un fallido apocalipsis: un fuerte sentimiento de comunidad.

«Si el grupo ha estado cohesionado y libre de disidencia, puede seguir adelante», explica.

Dawson también cree que es importante la presencia de un liderazgo fuerte que pueda dar una explicación.

«Si la racionalización llega pronto, el grupo puede soportar que los ridiculicen desde afuera», asegura. 

Cambio de fecha 

Muchos líderes lo que hacen es dar una nueva fecha para el apocalipsis. Otros se disculpan ante sus seguidores por haberse equivocado de día.

Tristemente, algunos toman medidas más drásticas. En 1997, 39 miembros de la secta Heaven's Gate («Puerta del Cielo») se quitaron la vida, creyendo que así se subirían a una nave espacial que seguía la estela del cometa Hale-Bopp.

Pero pese a estos casos trágicos, la mayoría de los grupos que creen en el fin del mundo suelen adaptarse a la realidad sin más.

«Cuando se ha invertido tanto en una creencia, se tiene un interés en conservar algo de ella», asegura Philip Jenkins, historiador de las religiones de la Universidad Baylor, en Texas, EEUU.

Según Jenkins, la atracción que despiertan los líderes que predican un cataclismo va más allá del contenido de sus profecías.

«Es una especie de rechazo a la manera en la que el mundo está hecho. Tiene que ver con la necesidad de imaginar algo mejor. Cuando se hace evidente que el nuevo orden no va a llegar, siempre se encuentran maneras de ajustar el mensaje», afirma Jenkins.

Parece que los que pronosticaron el fin del mundo para este 21 de diciembre deberán hacer precisamente eso.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Ganar con el 'fin del mundo': Se toman apuestas sobre el apocalipsis

Diversas empresas y particulares intentan obtener beneficios de una predicción que no para de sumar adeptos y detractores



Pese a que algunos oráculos desmienten el 'fin del mundo', las casas de apuestas y otras entidades lo convierten en un negocio rentable que permite ganar.

Las casas de apuestas ofrecen varias cuotas con un coeficiente 666 y 2012, entre otros. Sin embargo, ninguna empresa acepta que apuesten que el fin del mundo no ocurrirá el 21 de diciembre de 2012, aunque muchos ya han dejado de creer en su llegada.

En general, es beneficioso tomar apuestas sobre el 'fin del mundo'. El dinero se recauda ahora y es altamente probable que el premio no deba ser pagado. La probabilidad de que ocurra tal evento es muy baja e incluso si el apocalipsis sucediera, no quedaría nadie en la Tierra. El 'fin del mundo' se convirtió en una especie de tendencia, donde muchos tratan de ganar de alguna manera. Hay varias opciones para convertirlo en un negocio lucrativo. Los más populares son escribir un libro sobre cómo todo va a suceder o crear una página web con materiales dedicados al fin del mundo o juegos y películas sobre que inquieten a la gente durante los últimos años.

Otros recurren a métodos más prácticos. Unos venden búnkeres y asientos en ellos para utilizar en caso de que el apocalipsis ocurra; otros contratan pólizas de seguros 'contra el fin del mundo' u organizan cursillos de supervivencia en condiciones posapocalípticas. Muy a menudo no es más que una campaña de relaciones públicas o una broma, pero toman dinero y dan garantías.

No solo las empresas y entidades tratan de obtener beneficios, sino también los individuos que, por ejemplo, se niegan a pagar multas y deudas refiriéndose a la proximidad del fin del mundo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Los mayas no pronosticaron el fin del mundo en 2012

Público, 26/11/2011

[¡Vaya chasco para los magufos!]

Los expertos creen que Occidente convirtió en apocalipsis un cambio de ciclo

El 23 de diciembre de 2012 no se acabará el mundo, aunque, según el calendario maya, será como una Nochevieja a lo grande. Unos 60 especialistas en esta cultura prehispánica debaten desde mañana las concepciones que tenía este pueblo sobre el tiempo. El fin del año que viene coincide con el cambio de era para los mayas. Los expertos sostienen que la influencia judeocristiana en la cultura occidental, con su milenarismo y querencia por el Juicio Final, explica que tantos vean el Apocalipsis donde sólo hay un cambio de ciclo.



De los aproximadamente 15.000 glifos (textos grabados) recogidos hasta ahora en distintos lugares del área donde floreció la cultura maya, únicamente en dos inscripciones existe la mención del año 2012. Una es el llamado Monumento 6, encontrado en Tortuguero (Tabasco, México). La piedra, grabada en el siglo VII de nuestra era, menciona la bajada a la Tierra del dios o conjunto de dioses Balun Yookte Kuh con el fin del decimotercer ciclo baktun. En el complejo calendario maya, cada uno de estos ciclos se correspondía con algo más de 394 años occidentales. Tras 13 baktunes (unos 5.120 años occidentales), el cosmos se regeneraba, completándose así un ciclo de creación y vuelta a empezar. Y eso es lo que ocurrirá el 23 de diciembre de 2012.

"La concepción actual sobre el fin del mundo parte de la cultura judeocristiana, de modo que, cuando comenzó a descifrarse la escritura maya y se vio que, entre otros aspectos, refería a fines de ciclos, se hizo una interpretación fácil desde la perspectiva del pensamiento occidental, ligando esto a una visión apocalíptica sobre el fin del mundo", explicaron en una nota los investigadores Mario Aliphat y Rafael Cobos, integrantes del comité académico de la Mesa Redonda de Palenque, el foro académico que reúne desde mañana en la ciudad de Chiapas a especialistas en la cultura maya de varios países, incluido España. El encuentro se abrirá con una sesión especial sobre las profecías mayas para 2012.

Ayer, un teletipo de la agencia AP confundió a periódicos de medio mundo y avivó los rescoldos sobre el fin del mundo. En él, se decía que había aparecido otra inscripción con referencias al 23 de diciembre de 2012. En un ladrillo de la pirámide de Comalcalco (también en Tabasco), aparece fragmentada una rueda calendárica, un mecanismo que superponía los tres calendarios mayas: el civil (360 días), el ritual (260 días) y la cuenta larga (5.120 años). En realidad, el ladrillo es conocido desde hace años y está en los almacenes del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Peor aún para los agoreros: no está claro que hable del 23 o del 21 de diciembre. Además, podría estar haciendo referencia al pasado y no al futuro. "No hay ninguna razón por la que no pueda ser una fecha pasada, que describa un acontecimiento histórico importante en el período clásico; de hecho, en el tercer glifo del ladrillo parece leerse el verbo huli, el o ella llega", explica a AP el arqueólogo especialista en epigrafía maya de la Universidad de Texas David Stuart. Este tiempo verbal diferencia esta referencia a 2012 de la que aparece en la frase del Monumento 6, donde está en futuro. Esto sirve a Stuart para pensar que "la fecha de Comalcalco es más histórica que profética".

En todo caso, el congreso de Palenque servirá para reconocer la importancia que daban los mayas a la ordenación del tiempo. Además de servirles para organizar su vida, era la base para realizar rituales para que cada nuevo ciclo les fuera propicio. Tan apocalíptico como brindar con cava en la noche de cada 31 de diciembre.