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miércoles, 6 de mayo de 2020

Bellotada del Duero y compañía

La encina, tótem de Iberia.

Por EL AULLIDO

Debido a la actividad humana que, a lo largo del tiempo, ha conllevado una mayor degradación y erosión de los suelos, la deforestación y malas prácticas agrícolas, acompañadas de la roturación y pérdida de masa vegetal silvestre, explotación irresponsable de los acuíferos y el uso de pesticidas y fertilizantes químicos, incrementado por los constantes incendios forestales, sumado a un crecimiento urbano e infraestructuras y agravado por un cambio climático que reduce las lluvias. Como consecuencia la desertificación avanza por todas partes —y, en especial, nuestra península ibérica—. Ante este panorama surgió una iniciativa el año pasado llamada la GRAN BELLOTADA IBÉRICA. Iniciativa popular con la que se pretende ayudar a recuperar nuestro bosque mediterráneo perdido, empezando simplemente con sembrar bellotas de nuestros robles, alcornoques y encinas (teniendo en cuenta las especies autóctonas de cada lugar). De momento ha superado los dos millones de bellotas sembradas.

Siendo Valladolid una de las provincias españolas con menos masa forestal, varios vecinos del medio rural se sumaron a la iniciativa y formaron sus respectivas 'células belloteras' y se echaron al monte a recolectar bellotas para sembrar. En el mes de noviembre empezaron a recoger y plantar en los municipios de Quintanilla de Arriba y Olivares de Duero. Ya, a finales del mes, se invita a la primera convocatoria bajo el nombre de BELLOTADA DEL DUERO en Traspinedo, seguida en diciembre en Sardón de Duero y Quintanilla de Abajo (Onésimo); y otra más se sumó en Santibáñez de Valcorba en el mes de febrero del presente año. En estos eventos se unieron gentes del resto de los pueblos de la comarca, como los de Piñel de Abajo, el pueblo puntero en repoblación forestal de este país. Paralelo a esto, en los Montes Torozos también se movían en el mismo sentido, como la plataforma sin ánimo de lucro Ecoopera, quienes en enero convocaban a otra siembra en San Pelayo (previamente recolectadas en Villalba de los Alcores el mes anterior), y, ya unidos con la gente del valle duriense, hacen otra «bellotada» en Mucientes. Y pretenden seguir adelante cuando pase el confinamiento que estamos sufriendo. También habría que incluir los casos aislados de «belloteros» que se han movido por los cerros y laderas que rodean la capital.

Ante el avance de la desertificación, con esta iniciativa popular se pretende intentar la recuperación de nuestro bosque mixto mediterráneo de frondosas y coníferas por estos montes vallisoletanos, que está muy fragmentado. Y, por lo menos, para amortiguar las consecuencias de la crisis medioambiental que estamos padeciendo, que no sean tan duras como nos auguran.

No es necesario que ningún «experto» les dicte lo que tienen que sembrar o no, ya que los nombres vernáculos de muchos lugares de la zona hacen referencia a los robledales, encinares o dehesas, bien se sabe de su abundancia territorial en el pasado. En la provincia tenemos dos especies arbóreas del género Quercus, como la encina (Quercus ilex), «carrascas» o «matas» a los ejemplares en fase arbustiva, y el quejigo o roble carrasqueño (Quercus faginea), «rebollos» se denomina a los pequeños; así la presencia de la coscoja o acebillo (Quercus coccifera) que es un arbusto. Como, por ejemplo, el «Carrascal» un espigón en el páramo calcáreo del sudeste provincial, entre los valles del río Duero y el arroyo Valimón; el nombre hace referencia al arbusto o mata de nuestro tótem ibérico, la encina, consecuencia de la degradación del encinar. Monte que durante siglos fue comunal y compartido entre los concejos de Cuellar y Peñafiel, en el que abundaba este bosque. Nuestros robles carrasqueños o quejigos tenían una mayor presencia que hoy, compartían el terreno junto a las encinas, por otra parte también tenemos coníferas como las sabinas y pinos con las que no estaban reñidos. Aunque aún tengamos una importante masa forestal en la zona, todavía queda mucho por regenerar y madurar. Sin olvidarnos de otros ecosistemas como los humedales y, también, del bosque de galería de nuestras campiñas, vegas y fondos de valle, o de los matorrales nativos de nuestras laderas. La Tierra de Pinares no solo fue un «mar de pinos», hubo variedad botánica también.


Bosque adaptado al calor estival y la falta de agua, como a las puntuales heladas invernales. Bosque mixto con gran variedad de seres vivos. Recordemos que uno de los «puntos calientes» de biodiversidad de este planeta lo representa este bioma terrestre. Su regeneración es vital. Porque en el caso de un supuesto colapso de esta civilización urbana—como predicen los malos augurios— podremos volver a la naturaleza. Volver a la naturaleza no es nuevo, a lo largo de historia de la humanidad ya ha ocurrido varias veces, y para ello tenemos que no solo conservarla, sino también ayudar a expandirla y recuperarse, de lo contrario no nos quedaría nada. Debido a la degradación y fragmentación de este tipo de bosque hay que ayudarle a que se desplace más al norte del continente, como ya ocurrió en la Edad Media, entonces estaba mejor su situación. Recordemos que durante siglos la bellota fue también alimento humano.

Recuperar el bosque que sería nuestro recurso futuro, si lo conocemos y respetamos. Bosque que esta gente del entorno rural está intentando recuperar. Medio rural abandonado por los gobernantes, desacreditado por los «urbanitas» y manipulado por intereses partidistas de políticos. No solo en los pueblos hay vino, toros y caza (manoseado como señal de identidad rural por algunos impresentables), sino respeto por la Madre Tierra. En vez de salir a protestar a las calles a la espera de que cambien las autoridades, es mejor entrar en acción.

Lo repito, no es la primera vez que ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. Tampoco es cuestión de ser pesimistas, pero mejor estar prevenidos. ¿Por si acaso?

(AMOR Y RABIA)

viernes, 10 de agosto de 2018

La biodiversidad es fundamental para la estabilidad de los ecosistemas

Vegetación gipsófila de El Carrascal
en la provincia de Valladolid.

Un equipo internacional de investigadores, liderado por la Universidad Rey Juan Carlos, ha comprobado que la diversidad vegetal tiene un efecto positivo en la capacidad de los ecosistemas para proporcionar servicios a la humanidad de manera estable a lo largo del tiempo. El estudio identifica qué aspectos de la diversidad vegetal determinan la estabilidad de los ecosistemas bajo distintos escenarios climáticos.
30 julio 2018

Para nuestra supervivencia, los seres humanos dependemos de los servicios que nos proveen los ecosistemas como, por ejemplo, la producción de biomasa por parte de la vegetación. En países en vías de desarrollo, la dependencia de servicios relacionados con esta producción, como la de alimento para las personas y el ganado, el uso de madera como combustible o la fertilidad del suelo, es muy acusada. Para que un agricultor o un ganadero puedan planificar su actividad es necesario poder contar con una producción vegetal estable a lo largo de los años.

Sin embargo, se espera que el cambio climático aumente la variabilidad temporal de esta producción vegetal. Los modelos predicen un incremento de la aridez para la segunda mitad del siglo XXI en las zonas secas del planeta, que comprenden más del 45% de la superficie del mismo.

Un estudio, liderado por Pablo García-Palacios, investigador del Laboratorio de Zonas Áridas y Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos y publicado en la revista PNAS, ha estudiado la variación de la cobertura vegetal a lo largo de 14 años en 123 sitios de 13 países de varios continentes, salvo la Antártida, y ha identificado los aspectos de la diversidad vegetal que determinan la estabilidad de los ecosistemas.

«En este trabajo nos hemos centrado en las zonas áridas porque en ellas vive el 38% de la población humana, y porque su naturaleza dinámica los convierte en un sistema de estudio relevante a escala mundial para el estudio de la estabilidad de los ecosistemas», afirma García-Palacios.

Los resultados de esta investigación indican que los efectos positivos de la diversidad vegetal en la estabilidad de los ecosistemas son detectables a escala mundial, y tienen una influencia tan importante como las que ejercen el clima o el tipo de suelo.

«Mientras que los políticos y los medios de comunicación siempre ponen el énfasis en los impactos del cambio climático, nuestros resultados destacan que la actual pérdida de biodiversidad mundial también afecta negativamente al funcionamiento de los ecosistemas», mantiene Nicolas Gross, investigador del Institut National de la Recherche Agronomique (Francia) y coautor del estudio.

Por lo tanto, esta investigación destaca que conservar y restaurar la diversidad vegetal es fundamental para que la provisión de servicios por parte de los ecosistemas sea estable a lo largo del tiempo.

Indicador de la estabilidad

Además, el estudio indica que, en el actual contexto de cambio climático, la estabilidad de las zonas áridas se puede manipular a través de dos mecanismos diferentes. «En zonas subhúmedas, la diversidad de rasgos funcionales controla la estabilidad del ecosistema; sin embargo, en zonas áridas y semiáridas este papel lo desempeña principalmente el número de especies presentes en el sitio», afirma Gross.

La variación temporal en la cobertura vegetal se ha utilizado como indicador de la estabilidad del ecosistema y se ha relacionado con la diversidad vegetal medida en condiciones de campo.

«La combinación de datos proporcionados por satélites, junto con campañas de muestreo mundiales utilizando el mismo protocolo, es una herramienta muy poderosa para estudiar la naturaleza a escala global y a lo largo del tiempo», afirma Juan Gaitán, investigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina, que participa en el trabajo.

En los últimos 20 años, múltiples estudios han comprobado la importancia que tiene la diversidad vegetal (el número de especies presentes) en el mantenimiento de la estabilidad de los ecosistemas. Sin embargo, estos estudios han sido realizados utilizando experimentos en lugares concretos y bajo condiciones muy controladas.

«En este trabajo hemos abordado la relación entre la diversidad vegetal y la estabilidad de los ecosistemas utilizando una red mundial de 123 sitios distribuidos en todos los continentes menos la Antártida», informa García-Palacios. Esta red es el resultado del proyecto BIOCOM, liderado por Fernando T. Maestre, catedrático de Ecología de la URJC, y financiado por el programa Starting Grants del Consejo Europeo de Investigación (ERC).

Además del número de especies vegetales, los científicos han estudiado aquellos atributos de las plantas que, como su tamaño o el tipo de hoja, les permiten sobrevivir bajo determinadas condiciones ambientales.

Referencia bibliográfica:
Pablo García-Palacios, Nicolas Gross, Juan Gaitán y Fernando T. Maestre. «Climate mediates the biodiversity-ecosystem stability relationship globally». PNAS 30 de julio de 2018

domingo, 4 de marzo de 2018

Dos animales peligrosos


EVOLUCIÓN Y AMBIENTE
14 febrero 2018

El ser humano contra el tiburón, ¿quién mata a quién?

El número de tiburones que mueren por la actividad humana directa (principalmente por la pesca y el turismo), según un reporte estadístico de la Universidad de Halifax, promedia 100 millones de ejemplares cada año. Por supuesto, se cuentan en este grupo a docenas de especies de escualos y no sólo a las grandes y más peligrosas como el tiburón blanco (Carcharodon carcharias).

Por otro lado, el promedio anual de personas que mueren por causa de un ataque de tiburón es de seis. El mapa que se ve aquí abajo ilustra los casos fatales durante 2014. Siete puntos verdes para identificar a las víctimas humanas, la mayoría de las cuales fueron atacadas en las costas de Australia; los puntos rojos representan, de forma simbólica, los tiburones muertos. Los tiburones son pescados por sus aletas, ingrediente principal de la sopa de aleta de tiburón, considerada una delicia lujosa en las celebraciones de banquetes y bodas a lo largo de China, Tailandia y Vietnam.


En 2015 se registró una marca de ataques de tiburón: 98 incidentes, de los cuales 6 fueron fatales. Esto se debió, dicen, al fenómeno de El Niño, que produjo aguas más cálidas en el Pacífico y un repunte de la economía en varios países que llevó a más vacacionistas a las playas. Esto no debe alarmar a nadie: Hubo, por ejemplo, más accidentes fatales de tránsito en 2015 que en 1950, pero los automóviles no son más peligrosos hoy en día.

Que un tiburón mate a una persona es tan poco frecuente que hay centenares de animales estadísticamente más peligrosos: las hormigas matan a más de 50 personas al año sólo en África; las vacas matan a alrededor de 20 y los perros a 30 sólo en Estados Unidos; mientras tanto, los hipopótamos matan a casi 3.000 personas al año en África. Todos estos números se empequeñecen ante la cifra de personas que mueren por causa de picaduras de insecto: 820 mil al año, casi todos por casos de malaria.

La caza de varias especies de tiburón es ilegal en gran parte del mundo y la popularidad de la sopa de aleta de tiburón está disminuyendo en China. Se espera, entonces, que la pesca sistemática de tiburón se reduzca hasta el punto de la sostenibilidad. Por lo pronto, se han comenzado a usar productos de imitación que replican la textura y el sabor de la sopa.

IIEH

domingo, 24 de diciembre de 2017

Convivencia inteligente en Gaia


Por JAMES E. LOVELOCK

Gaia, a través de la especie humana, está ahora alerta, es consciente de sí misma. Ha contemplado la imagen de su bello rostro a través de los ojos de los astronautas y las cámaras de televisión de los ingenios en órbita. Participa de nuestras sensaciones de placer y asombro, de nuestra capacidad de pensamiento consciente y especulación, de nuestra incansable curiosidad y de nuestro impulso. Esta nueva relación recíproca entre Gaia y el hombre no está, ni mucho menos, establecida del todo: todavía no somos una especie verdaderamente colectiva, verdaderamente parte integral de la biosfera, como lo somos en cuanto que criaturas individuales. Bien pudiera ser que el destino de la humanidad sea transformar la ferocidad, la destrucción y la avidez contenidas en las fuerzas del tribalismo y el nacionalismo, fundiéndolas en una urgencia compulsiva por unirnos a la comunidad de criaturas que constituye Gaia. Puede parecer una rendición, pero tengo la sospecha de que las recompensas (sensaciones de bienestar y plenitud, el sabernos parte dinámica de una entidad mucho más vasta) compensaría con creces la pérdida de la libertad tribal.

Quizá no seamos la primera especie destinada a cumplir tal función, y probablemente no seremos tampoco la última. Los grandes mamíferos marinos, cuyos cerebros son de un tamaño muchas veces superior al de los nuestros, son otros candidatos. Es un lugar común en biología que la masa de los tejidos no funcionales se reduce durante el transcurso de la evolución: los sistemas que se optimizan a sí mismos eliminan los órganos carentes de función. Parece probable, por consiguiente, que el cachalote haga uso inteligente del enorme cerebro que posee, quizá a niveles de pensamiento muy por encima de nuestra comprensión. Es posible, desee luego, que este cerebro apareciera por alguna razón relativamente trivial, para servir, por ejemplo, como mapa multidimensional viviente de los océanos, porque no hay forma más potente de consumir espacio de memorización que el almacenaje de datos ordenados multitudimensionalmente. ¿Será quizá el cerebro de la ballena comparable a la cola del pavo, un deslumbrante órgano de exhibición mental utilizado para atraer a la pareja e incrementar los goces del cortejo? ¿Es la ballena que ofrece juegos más estimulantes la que está en mejor posición para elegir pareja? Sea cual sea la auténtica explicación y la verdadera razón de su existencia, lo que conviene destacar sobre las ballenas y el tamaño de sus cerebros es que los de gran porte son, casi con toda seguridad, versátiles. La causa original de su desarrollo pudo ser todo lo específica que se quiera, pero una vez que aparecen se explotan inevitablemente otras posibilidades. El cerebro humano, por ejemplo, no se desarrolló como resultado de la ventaja selectiva natural de aprobar exámenes, ni tampoco para que pudiéramos realizar ninguna de las gestas memorísticas u otros ejercicios mentales, que la «educación» exige hoy explícitamente.

Como especie colectiva con capacidad para almacenar y procesar información, es probable que hayamos sobrepasado con mucho a las ballenas. Solemos mostrarnos proclives a olvidar, sin embargo, que muy pocos de nosotros seríamos capaces de fabricar una barra de hierro a partir del mineral en bruto y menos aún seriamos capaces de construir una bicicleta partiendo del hierro. La ballena quizá posea, como entidad individual, una capacidad de pensamiento cuya complejidad vaya mucho más allá de nuestra comprensión, y puede que entre sus invenciones mentales se cuenten hasta las especificaciones de una bicicleta; pero sin las herramientas, la técnica y el permanente archivo de cómos, la ballena no puede convertir esos pensamientos en objetos.

Aunque no conviene establecer entre los cerebros animales y los computadores siempre es tentador hacerlo. Sucumbamos a la tentación y permitámonos la reflexión de que los humanos diferimos de todas las demás especies animales en la superabundancia de accesorios a cuyo través podemos comunicar y expresar nuestra inteligencia, tanto individual como colectivamente, utilizándola para fabricar y modificar el entorno. Nuestros cerebros pueden compararse con computadores de tamaño mediano que están directamente conectados entre sí, disponiendo de bancos de memoria y de un surtido casi ilimitado de sensores, instrumentos periféricos y otros ingenios. Por el contrario, los cerebros de las ballenas podrían compararse con un grupo de grandes computadores laxamente conectados entre sí pero casi por completo desprovistos de todo medio de comunicación externo.

¿Qué habríamos pensado de una antigua raza de cazadores, aficionados sobre todo a la carne de caballo y que, simplemente para satisfacer tal gusto hubiera perseguido y dado muerte sistemáticamente a todos los caballos de la Tierra hasta la completa extinción de la especie? Salvajes, perezosos, estúpidos, egoístas y crueles son algunos de los epítetos que vienen a la mente. ¡Qué derroche cometido por no saber detectar la posibilidad del trabajo asociado entre hombre y caballo! Ya es bastante mala la cría, la explotación que de las ballenas hacen esas naciones cuya industria, atrasada y primitiva, reclama un constante suministro de determinados productos, pero si les damos caza despiadadamente hasta extinguirlas habremos cometido un genocidio del que serán culpables esas burocracias nacionales, indolentes y cerradas, capitalistas o marxistas, desprovistas de corazón o inteligencia para sentir o comprender la magnitud del crimen. Quizá estén todavía a tiempo de enmendar sus errores. Quizá, un día, los niños que compartiremos con Gaia cooperarán pacíficamente con los grandes mamíferos oceánicos utilizando la ballena para que los viajes de la mente adquieran mayor impulso, de igual modo que el caballo nos transportó una vez sobre la superficie de la Tierra.

Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra
(1979)

viernes, 28 de abril de 2017

Advertencia a la Humanidad


    La ADVERTENCIA DE LOS CIENTÍFICOS DEL MUNDO A LA HUMANIDAD fue escrita y liderada por el difunto Henry Kendall en 1992, antiguo presidente de la junta directiva de la Unión de Científicos Preocupados. La UCP es una organización de acción compuesta de ciudadanos y científicos que están preocupados sobre temas ambientales y científicos.



Los seres humanos y el mundo natural se encuentran en rumbo a una colisión. Las actividades humanas infligen daños severos y a menudo irreparables al medio ambiente y a los recursos críticos. Muchas de nuestras prácticas actuales, si no son controladas, ponen en riesgo al futuro que todos deseamos tanto para la sociedad humana como para los reinos de las plantas y de los animales, posiblemente alterando al mundo viviente en forma tal que será imposible sostener a la vida en la manera como ahora conocemos. Es urgente llevar a cabo cambios fundamentales si queremos evitar la colisión que nuestro curso actual nos va a traer.

El medio ambiente está sufriendo estreses críticos en las siguientes áreas:

LA ATMÓSFERA

La reducción del ozono estratosférico nos amenaza con un aumento en la radiación ultravioleta al nivel de la superficie de la Tierra, lo cual puede ser dañino o hasta letal para muchas formas de vida. La contaminación del aire cerca de la superficie y la precipitación ácida ya están causando daños generalizados a los humanos, a los bosques y a los cultivos.

LOS RECURSOS ACUÁTICOS

La irresponsable explotación de los suministros agotables de agua subterránea pone en peligro a la producción de alimento y a otros sistemas humanos esenciales. La excesiva demanda sobre las aguas superficiales del mundo ha resultado ya en serias deficiencias en unos 80 países, los cuales contienen al 40% de la población del mundo. La contaminación de los ríos, lagos y aguas subterráneas limita más aún el suministro.

Para el final del Siglo XXI podríamos perder 1/3 de todas las especies si no limpiamos nuestro aire, agua y recursos terrestres.

LOS OCÉANOS

La presión destructiva sobre los océanos es severa, particularmente en las regiones costeras que producen la mayor parte de la pesca alimenticia del mundo. La captura marina mundial total se encuentra ahora por encima de la capacidad de suministro máximo sostenible. Algunas pesquerías ya han mostrado señales de colapso. Los ríos que llevan hacia los océanos severas cargas de sedimento proveniente de la erosión de los suelos, también llevan desechos industriales, municipales, agrícolas y pecuarios, algunos de ellos tóxicos.

EL SUELO

La pérdida de la productividad del suelo, la cual está causando un extenso abandono de la tierra agrícola, es un producto secundario muy extenso de las prácticas actuales en la agricultura y en la cría de animales. Desde el año 1945, el 11% de la superficie de la Tierra cubierta de plantas ha sido degradada. Esto representa a un área más grande que la India y China combinadas. La producción de alimento per cápita está disminuyendo en muchas partes del mundo.

LOS BOSQUES

Los bosques húmedos tropicales, así como los bosques secos tropicales y templados, están siendo destruidos rápidamente. Si continúa la tasa actual, varios tipos críticos de bosque desaparecerán en unos pocos años y mucho del bosque húmedo tropical desaparecerá antes del final del próximo siglo. Con ellos desaparecerá un gran número de especies de plantas y de animales.

LAS ESPECIES VIVIENTES

La pérdida irreversible de las especies, la cual para el año 2100 puede alcanzar a un tercio de las especies ahora existentes, es especialmente seria. Estamos perdiendo el potencial que estas especies poseen de proveernos de medicinas y de otros beneficios, así como la contribución que la diversidad genética de las formas de vida provee para el robustecimiento de los sistemas biológicos mundiales y la belleza extraordinaria de la Tierra en sí misma.

Una gran parte de estos daños es irreversible en una escala de siglos o hasta permanentemente. Otros procesos también parecen representar amenazas adicionales. El aumento de los niveles de gases en la atmósfera proveniente de las actividades humanas, incluyendo al dióxido de carbono emitido por la quema de combustibles fósiles y por la deforestación, puede alterar al clima en una escala global. Las predicciones del calentamiento global aún son inciertas, con una variación de los efectos proyectados desde tolerables hasta severos. Sin embargo, los riesgos son muy grandes.

Nuestra manipulación masiva de la interdependiente red de vida del mundo, conjuntamente con los daños ambientales infringidos por la deforestación, la pérdida de las especies y el cambio climático, pueden provocar amplios efectos adversos. Éstos incluyen colapsos impredecibles de sistemas biológicos críticos cuyas interacciones y dinámica solo comprendemos en forma imperfecta.

La incertidumbre sobre el alcance de estos efectos no puede excusar la complacencia o el retardo en la búsqueda de soluciones para enfrentar a la amenaza.

LA POBLACIÓN

El planeta no puede sostener a la sobrepoblación humana. La Tierra es finita. Su habilidad de absorber desperdicios y efluentes destructivos es finita. Su habilidad de proveer alimento y energía es finita. Su habilidad de proveer recursos para una población humana en aumento es finita. Estamos acercándonos rápidamente a muchos de los límites de la Tierra. Las prácticas económicas actuales que causan daño al medio ambiente, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo, no pueden continuar sin arriesgarnos a dañar irreversiblemente a los sistemas globales vitales.

Las presiones resultantes de un crecimiento incontrolado de la población ponen demandas sobre el mundo natural que pueden abrumar a todos los esfuerzos que pongamos para alcanzar un futuro sostenible. Si queremos detener a la destrucción del medio ambiente, debemos aceptar que hay límites a ese crecimiento de la población. Un estimado del Banco Mundial indica que la población humana no se estabilizará en un número menor a 12 mil 400 millones mientras que las Naciones Unidas concluyeron que el número total eventual puede alcanzar los 14 mil millones, casi el triple de los actuales 5 mil 400 millones. Sin embargo, en este momento, una de cada cinco personas vive a un nivel de pobreza absoluta sin tener suficiente que comer, y una de cada diez sufre de malnutrición severa.

Nos quedan de una a varias décadas antes de perder la oportunidad de evitar los riesgos que ahora enfrentamos, disminuyendo así inmensurablemente los prospectos para la humanidad.

UNA ADVERTENCIA

Los abajo firmantes, miembros de rango de la comunidad científica mundial, damos aquí una advertencia a toda la humanidad sobre lo que enfrentamos en el futuro. Se requiere un gran cambio en la forma en que manejamos a la tierra y a la vida en ella, con el fin de evitar una vasta miseria en la humanidad y la mutilación irreparable de nuestro hogar global en el planeta.


LO QUE DEBEMOS HACER

Debemos enfrentar simultáneamente a varias áreas que están inextricablemente enlazadas:

-Debemos poner bajo control a las actividades que causan daños al medio ambiente con el fin de restaurar y proteger la integridad de los sistemas de la tierra de los cuales dependemos.

-Debemos, por ejemplo, alejarnos de los combustibles fósiles y acercarnos a formas más benignas e inexhaustibles de energía con el fin de disminuir las emisiones de gases de invernadero y la contaminación de nuestro aire y nuestras aguas.

-Se debe dar prioridad al desarrollo de fuentes de energía que estén en armonía con las necesidades del tercer mundo, es decir, formas de pequeña escala y fáciles de implementar.

-Debemos detener a la deforestación, al daño y pérdida de tierras agrícolas y a la pérdida de las especies de plantas y animales terrestres y marinos.

-Debemos manejar más efectivamente a los recursos vitales para el bienestar humano.

-Debemos dar una alta prioridad al uso eficiente de la energía, del agua y de otros materiales, incluyendo la expansión de la conservación y del reciclaje.

-Debemos estabilizar a la población. Esto solo será posible si todas las naciones aceptan que esto requiere tanto la mejora de las condiciones socioeconómicas como la adopción de la planificación familiar efectiva y voluntaria.

-Debemos reducir y, eventualmente, eliminar a la pobreza.

-Debemos garantizar la igualdad de los sexos y garantizar el control de la mujer sobre sus propias decisiones reproductivas.

Hoy en día, las naciones desarrolladas son los mayores contaminadores en el mundo. Ellas deben reducir grandemente su propio consumo excesivo si de verdad queremos reducir las presiones sobre los recursos y sobre el medio ambiente global. Las naciones desarrolladas tienen la obligación de proveer ayuda y apoyo a las naciones en desarrollo, porque solo las naciones desarrolladas poseen los recursos financieros y las habilidades técnicas para estas tareas.

El actuar en base a este reconocimiento no es altruismo, sino interés propio inteligente: seamos o no industrializados, todos tenemos un solo bote salvavidas. Ninguna nación escapará al daño cuando maltratemos o destruyamos a los sistemas biológicos globales. Ninguna nación podrá escapar a los conflictos sobre el aumento en la escasez de los recursos. Además, las inestabilidades ambientales y económicas van a causar migraciones masivas con consecuencias incalculables tanto para los países en vías de desarrollo como en desarrollo.

Las naciones en vías de desarrollo deben comprender que el daño al medio ambiente es una de las mayores amenazas que ellas enfrentan y que cualquier intento de suavizar este impacto será abrumado si sus poblaciones siguen creciendo sin control. El mayor peligro es el verse atrapados en una espiral de deterioro ambiental, pobreza y disturbios, llevando al colapso social, económico y ambiental.

El éxito en esta tarea global requerirá una gran reducción de la violencia y de la guerra. Los recursos que ahora se dedican a la preparación y conducción de guerras, los cuales sobrepasan un millón de millones de dólares cada año, serán altamente necesarios para financiar a estas nuevas tareas y deberán ser redirigidos hacia estos nuevos retos.

Se requiere una nueva ética, una nueva actitud sobre la descarga de nuestra responsabilidad sobre el cuidado de la humanidad y de la tierra. Debemos reconocer la limitada capacidad de la tierra para proveernos de recursos. Debemos reconocer su fragilidad. No debemos permitir más que sea saqueada. Esta ética debe motivar a un gran movimiento; debe convencer a los líderes reacios, a los gobiernos reacios y a las personas reacias mismas de llevar a cabo los cambios necesarios.

Los científicos que emiten esta advertencia esperan que nuestro mensaje alcance y afecte a la gente en todo el mundo.

-Necesitamos la ayuda de muchos.
-Requerimos la ayuda de la comunidad mundial de científicos.
-Requerimos la ayuda de los líderes industriales y de negocios del mundo.
-Requerimos la ayuda de los líderes religiosos del mundo.
-Requerimos la ayuda de la gente del mundo.
-Hacemos un llamado a todos para que se unan a nosotros en esta tarea.

(Noviembre de 1992)

martes, 15 de noviembre de 2016

La confusión del veganismo

Por CLAUDIO BERTONATTI

Uno de los grandes problemas ambientales es que las verdades se mueven reptando lentamente por la selva mientras que las mentiras vuelan rápido por cielo despejado. Otro de los problemas es que desde las buenas intenciones se pueden tomar malas decisiones.

Por eso dedico este artículo a quienes dejaron de alimentarse con carne por compasión o solidaridad con los animales. No lo dirijo, entonces, a quienes evitan su consumo por motivos nutricionales, filosóficos o religiosos. Tampoco resultará apto para fanáticos, fundamentalistas o para quienes no dudan de sus creencias u opiniones. No pretendo herir a nadie.

Hay personas que suponen que al evitar el consumo de carne no matan animales. Tengo una pésima noticia para ellas: no es cierto. El más despojado plato de arroz o un simple pedazo de pan también implica un impacto mortal para muchos animales. Que no lo veamos ni sepamos es otro tema. Pero la muerte está presente de un modo inevitable. No existe el desarrollo humano con impacto ambiental cero: para que nosotros podamos vivir muchas formas de vida deben morir. Esta afirmación es chocante pero es una de las verdades más obvias de la ecología, que es la ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con su ambiente.

Vegetariano u omnívoro

Aclaro que fuí vegetariano. En mi adolescencia creía que era una forma de evitar el sufrimiento y la muerte de los animales. Después de un par de años volví a ser omnívoro. Les explicaré los motivos, advirtiendo que no pretendo convertir a nadie a ninguna filosofía o estilo de vida. Sólo busco arrimar información, impresiones y experiencias para ayudar a quienes quieran revisar sus decisiones alimenticias con implicancias ambientales.

¿Qué me hizo cambiar de opinión y de conducta? La constatación de la realidad ambiental en el terreno y, fundamentalmente, la comparación de los campos donde se producen nuestros alimentos. Por eso, les propongo repetir el ejercicio. Visiten un campo ganadero y otro agrícola en una misma región y anoten la diversidad de formas de vida que ven en cada uno de ellos. Este ejercicio se puede hacer registrando solo la presencia de aves, anfibios, reptiles, peces, mamíferos, mariposas, hongos o plantas, o de todos estos grupos.

El resultado será inequívoco: un cultivo (soja, trigo, maíz o arroz, para mencionar los más extendidos) no conviven con mucho más que sí mismos. Incluso, sucede esto con la huerta más orgánica del mundo. Las especies animales no sólo no son bienvenidas sino que en los cultivos no orgánicos (la mayoría) son combatidas con biocidas o agrotóxicos (venenos), cuando no, tiros u otras formas de lucha para evitar la presencia de predadores que ocasionan daños y pérdidas económicas.

Una de las impresiones más contundentes fue el contraste entre la abundante vida silvestre de los esteros y arroyos del nordeste argentino con las arroceras vecinas. En estas últimas no había lugar para carpinchos, ciervos de los pantanos, lobitos de río, boas curiyú, garzas, gallaretas ni patos. Para cultivar arroz se drenan esos esteros, arroyos y riachos para que les deriven su agua y muchas veces, terminan secos o muertos, sin vida. Como se empobrecen o destruyen esos ambientes naturales muchos animales silvestres desamparados buscan refugio o comida en los cultivos que los han reemplazado. Y ahí se desata un segundo golpe. Para evitar que las aves o mamíferos coman los granos o brotes se esparcen semillas envenenadas o se traen tours de cazadores salvajes a desterrarlos a tiros de plomo (también contaminante). Nadie que sepa esto puede decir que por no comer carne y alimentarse con arroz, por ejemplo, no se matan animales.

Claro, la muerte es distinta porque ocurre más lejos, de un modo difícil de ver y variada en su forma (alterando el ambiente, envenenando o disparando balas). Una característica fundamental es que no se matan puntualmente los animales domésticos a consumir (para los que hay una sensibilidad más desarrollada), sino una enorme cantidad de animales de una gran diversidad de especies silvestres: desde invertebrados hasta peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos. Estos impactos se tornan «invisibles» a la distancia de una gran ciudad y en consecuencia son poco emotivos. Y lo que no emociona no es evocado.

Por desconocimiento, entonces, se tiene mucha más sensibilidad por los animales domésticos que por los silvestres (como si estos últimos tuvieran menos derechos), cuando el nivel de preocupación debería ser inverso. A diferencia de lo que ocurre con las variedades domésticas, las especies silvestres que se extinguen no tienen reposición. Este disparate tiene un correlato coherente, aunque irracional. Entre muchos vegetarianos y veganos hay dolor o lamento constante por la muerte de animales domésticos (que vale la pena aclarar, están fuera de peligro de extinción porque se crían a gran escala) y un silencio sepulcral ante la muerte de la multitud de individuos de especies diferentes de la fauna salvaje. O lo que es peor, ante la desaparición del ambiente en el que conviven miles de formas de vida, muchas veces, de especies amenazadas.

Ganadería y agricultura

Por otro lado, con respecto a la ganadería, cuando se practica de un modo extensivo (o sea, a campo) se pueden ver garzas, ranas, culebras, peces, zorrinos, zorros, gatos monteses, hurones, perdices, hongos y muchas otras formas de vida entre los vacunos, los lanares o los caballares. Y si fuera realizada sobre pastizales nativos, es posible la convivencia hasta con especies amenazadas como los venados de las pampas y el yetapá de collar.

Pero la ganadería viene cediendo terreno a la agricultura. Y, de hecho, la expansión de la frontera agrícola (junto con la urbana) viene siendo desde hace décadas la principal amenaza para la naturaleza argentina, dado que va arrasando con nuestros bosques, selvas, montes, sabanas, esteros y pastizales para reemplazarlos por campos de cultivo. Si la humanidad se hiciera vegana para la naturaleza sería una tragedia.

Está claro que de una u otra forma la humanidad debe alimentarse y eso genera ineludiblemente un disturbio en la naturaleza, ya sea para reemplazarla o para intervenirla. Y cuando nuestra población crece como lo hace desde hace siglos, de un modo irresponsable o desentendido de la capacidad de carga del planeta, la agricultura se transforma en el mecanismo más fácil para proveer alimentos a gran escala y, en consecuencia, a gran impacto ambiental.

Desde luego existen formas más amigables de cultivar, pero no se practican a gran escala y menos en el contexto de crecimiento poblacional mundial.

También existen formas menos cruentas de matar a los animales, pero cuando uno es sensible, hasta la eutanasia programada duele. Lo cierto es que existen técnicas para aplicar una «muerte humanitaria», que es inmediata, evitando maltrato, crueldad y agonía. Si se aplicara en los mataderos o «criaderos» se evitaría el maltrato y agonía que caracteriza a muchos de ellos. Ojalá tuvieran esta oportunidad los miles de animales silvestres que mueren cotidianamente envenenados por el uso de agroquímicos, mal heridos o baleados por los cazadores asociados con la defensa de los cultivos o los que quedan hambrientos y sin refugio porque su ambiente fue arado.

Para evitar que se maten animales la única solución es dejar de comer. Ya hemos visto que cualquier dieta capaz de sostenernos acarrea más muertes de las que imaginamos. Uno de los grandes temas a resolver a escala mundial es cómo transformar la actual producción industrial de alimentos en un modelo compatible con la conservación de los espacios silvestres. No sólo practicando agricultura y ganadería sostenibles y sustentables, sino también siendo más humanitarias con las demás formas de vida.

Este caso ejemplifica lo difícil que es catalogar de «blanco» o «negro» un tema ambiental. La realidad tiene abundantes tonos de «grises» y es más compleja a medida que nos interiorizamos en ella. Al principio, suele ser ingrato hacerlo porque sin anestesia destroza ideas utópicas propias de un mundo ideal. Así, concluiremos en elegir la opción menos mala en lugar de la más buena.

Nuestro mundo real es imperfecto y no tenemos otro. Es difícil cambiarlo si nosotros no cambiamos. El historiador escocés Thomas Carlyle (1795-1881) dejó una reflexión oportuna para esta situación: «¿Qué esta es una mala época? Pues bien, estamos aquí para hacerla mejor». Si aceptamos el desafío se hace ineludible detenernos a contrastar ideas y realidades para tomar decisiones inteligentes y buenas.

2015

lunes, 1 de febrero de 2016

Incendios forestales en Cantabria: datos para la reflexión

 

Por VIRGINIA CARRACEDO

Durante los últimos días [mes de diciembre de 2015], sobre todo en Asturias y Cantabria, han ocurrido decenas de incendios que han quemado miles de hectáreas, según los primeros datos provisionales que han ofrecido las Administraciones. Leo la prensa de estos días y no puedo evitar sorprenderme e incluso, por qué no decirlo, indignarme, con algunas de las cosas que veo publicadas, algunas de ellas auténticas barbaridades: Responsables políticos hablando de pirómanos que queman el monte, ¡por favor!, hablemos con propiedad, un pirómano es una persona con una patología psíquica (les recomiendo leer el texto «¿Incendiario o pirómano? Claves para la determinación de la piromanía como causa de los incendios forestales» de José Joaquín Aniceto del Castillo). Asociaciones ecologistas afirmando que se trata de un ataque organizado, sospechando que detrás hay la intención de construir. Otros, asegurando que son efectos del cambio climático. Algunos, casi pidiendo que se cuelgue a los culpables… ¿Nos hemos vuelto locos o qué?

Los incendios de invierno-primavera del Noroeste peninsular suponen el 63% de los incendios y el 46% de la superficie que se quema cada año en toda España y Cantabria es, por detrás de Asturias, la provincia más afectada. El 80% de estos incendios son intencionados y sus motivaciones, aunque supuestas en su mayoría, están relacionadas con el mantenimiento de pastos (según la Estadística General de Incendios Forestales de España, que recopila información desde los años sesenta), razón por la que más del 80% de lo que se quema es superficie forestal no arbolada, principalmente matorral.

Este episodio que se ha vivido estos días en el Norte no es un caso aislado, lo excepcional sería que no se produjera. Sin embargo, aunque la frecuencia de incendios en la región comienza a incrementarse de forma tímida entre noviembre y enero, la mayor parte de estos sucesos se concentra durante los meses de febrero y marzo.

En Cantabria, también en Asturias, es habitual que cada año ocurran entre uno y tres episodios de este tipo que consisten en cortos periodos de tiempo, 17 días de media, en los que de manera prácticamente ininterrumpida confluye una combinación de circunstancias, tanto naturales como humanas, que propician la concentración de numerosos incendios y/o que se queme mucha superficie. En ellos se producen más de la mitad de los fuegos y en torno al 70% de la superficie quemada de todo el año, aunque algunos años son tan intensos que llegan a concentrar el 90%.

Su concentración en febrero y marzo está relacionada, por lo menos en su origen (en la actualidad hay que añadir algunos otros conflictos) con el calendario ganadero tradicional ya que estas quemas (empleadas para limpiar y regenerar las zonas de pastoreo por las que transita el ganado en régimen extensivo) deben realizarse antes de que las cabañas suban al monte a partir de la primavera y, como la estación es desfavorable a los fuegos, estos solo pueden producirse en ciertos días en los que coinciden condiciones meteorológicas favorables (viento sur, tiempo anticiclónico…) y una vegetación suficientemente seca.

Este año han ocurrido en diciembre y aunque, como hemos dicho, no es el mes que habitualmente presenta las condiciones más propicias para los fuegos, el 2015 sí que las ha tenido (combustibles secos, altas temperaturas, baja humedad, viento desecante). Aunque esta circunstancia tampoco es excepcional, ha ocurrido en 1985, 1989, en 2007 se quemaron en ese mes más de 1.200 ha y en el 2012, solo en dos días, entre el 23 y el 24, se produjeron 41 incendios que quemaron más de 1.200 ha.

En Cantabria, la situación ha empeorado con los años y tanto el número de sucesos como la superficie quemada continúan incrementándose, también los incendios más grandes o los que afectan a arbolado autóctono. Además, a los problemas derivados del propio fuego, hay que añadir que la simultaneidad, el difícil acceso o las inadecuadas condiciones para que actúen los medios aéreos, no solo dificultan la extinción sino que ponen en peligro la vida de las personas, principalmente de aquellas que trabajan en la extinción.

Así, y aunque nuestros gestores no dudan en afirmar desde hace años que los incendios forestales son el principal problema de los montes de la región, lo cierto es que no se ha hecho lo suficiente por afrontar una cuestión que no es tan sencilla como parece, en la que confluyen cada vez más intereses y causas (ganaderos, forestales, de conservación de la biodiversidad, caza, ocio, cambio climático…) y donde conviven conflictos muy antiguos con otros más recientes. En definitiva, una problemática muy difícil de solucionar a cuatro años vista pero que no se puede demorar por más tiempo. Hace falta un compromiso serio.

La situación ha llegado a tal punto que es necesario llevar a cabo acciones disuasorias como acotamientos, pérdidas de subvenciones, incremento de la vigilancia, etc. Sin embargo, dudo mucho de su eficacia si no van acompañadas de otras medidas de prevención activa enfocadas hacia la modificación de conductas y que incluyan diálogo, divulgación, información, formación, iniciativas complementarias de desarrollo rural, etc. y, por supuesto, quemas prescritas, formas de manejo del fuego que bien hechas y reguladas, están demostrado que no suponen ningún perjuicio para el monte y son perfectamente compatibles con la conservación de la biodiversidad, del arbolado y del paisaje.

No debemos olvidar que los usos del territorio sufren continuas transformaciones, y que en las zonas urbanas en las que hoy vivimos la mayor parte de la población (la misma que hoy reclama prácticamente linchar a los ganaderos, a quienes no se puede culpabilizar sistemáticamente, porque no todos incumplen la legalidad), también fueron espacios forestales que hemos transformado y modificado. En el medio rural de Cantabria, con graves problemas de despoblación, envejecimiento y abandono, aún pervive una población que sobrevive de actividades ligadas al aprovechamiento de los recursos locales, y por tanto, cualquier acción que se lleve a cabo en estos espacios no puede basarse unilateralmente en la conservación de la biodiversidad, del arbolado, del paisaje o de la caza, por poner algunos ejemplos, sino que debe integrar a las poblaciones locales y a sus actividades y sensibilidades.

28 diciembre 2015

domingo, 23 de noviembre de 2014

Día del Bosque Autóctono

El día de los Bosques Autóctonos surge como una iniciativa de diversas ONGs españolas y se viene celebrando desde hace más de 10 años.

Esta iniciativa persigue, entre otros muchos objetivos, informar y concienciar a la opinión pública sobre todo aquello relacionado con los bosques autóctonos de la Península Ibérica.

Este fin se concreta en hacer ver la importancia de las especies autóctonas en nuestros bosques, plantear la necesidad de recuperar espacios degradados de nuestra península, incrementar la educación ambiental de nuestros jóvenes, y desvelar la problemática de la propagación de especies alóctonas (no propias de la Penísula Ibérica).

Además, se busca potenciar la recuperación de nuestros bosques y evitar su desaparición. La pérdida de bosques autóctonos se ha visto favorecida, entre otros factores, por las plantaciones forestales de especies no autóctonas que se han producido desde los años 50 del siglo pasado, en perjuicio de la vegetación natural existente.

ARBA, como asociación de carácter nacional, lleva muchos años trabajando en ello y reivindicando que todos los tipos de repoblaciones forestales se hagan con especies autóctonas. Las actividades que ha desarrollado nuestra asociación desde su fundación y la experiencia adquirida nos obliga, en nuestro deseo de mantener y recuperar nuestros bosques autóctonos naturales, a ir más allá planteando las siguientes reivindicaciones:

1) Potenciar la regeneración natural como el mejor método de recuperación forestal. Para ello, es necesario disminuir las perturbaciones humanas sobre la vegetación leñosa y suprimir las subvenciones a toda actividad destructiva de los bosques y matorrales autóctonos.

2) Que las plantaciones sólo se contemplen en zonas con graves riesgos de erosión, muy secas o en aquellos lugares donde no exista banco de yemas o semillas, descartando la utilización de maquinaria pesada y la plantación en hilera.

3) Que las plantaciones forestales sean consideradas como cultivos.

4) Que se haga un uso responsable y sostenible de los bosques. Que todos los bosques naturales con un alto grado de conservación sean declarados santuarios naturales, espacios protegidos intocables.

5) Repoblar con especies autóctonas del lugar, tanto arbustivas como arbóreas. Desechamos por inapropiadas determinadas prácticas silvícolas.

Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono