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lunes, 4 de junio de 2018

La vida renació rápidamente en la 'tumba' de los dinosaurios


El cráter de Chicxulub (México) es un agujero de 180 kilómetros de diámetro creado por la gigantesca roca extraterrestre que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. Según un estudio en el que participa la Universidad de Granada, la vida se recuperó en la zona pocos años después de aquel choque, cuya violencia se ha comparado con la de mil millones de bombas atómicas.

30 mayo 2018

Una investigación que publica hoy la revista Nature y en la que participa la Universidad de Granada prueba la rápida recuperación de la vida en el cráter de Chicxulub (Yucatán, México), tras el impacto del asteroide hace unos 66 millones de años. Este fenómeno ocasionó una gran extinción en masa que provocó la desaparición de los dinosaurios de la faz de la Tierra.

Se trata de un agujero de 180 kilómetros de diámetro provocado por este asteroide, cuya violencia ha sido comparada con la de mil millones de bombas atómicas.

El impacto produjo grandes terremotos de magnitud superior a 11 en la escala de Richter, tsunamis de entre 100 y 300 metros de altura, aumentos de temperatura, fuegos a distancias de entre 1.500 y 4.000 kilómetros del cráter,y lluvias ácidas. Se extinguieron alrededor del 70% de las especies marinas y continentales que vivían en ese período, lo que supuso un gran cambio en la evolución de la vida sobre la Tierra.

Miembros de la Expedición 364 del International Ocean Discovery Program (IODP) «Chicxulub: drilling the K-Pg impact crater» de la que forma parte Francisco Javier Rodríguez-Tovar, catedrático de Estratigrafía y Paleontología de la UGR , han publicado nuevos resultados sobre los estudios en los testigos obtenidos tras la perforación del cráter de Chicxulub.

La vida cerca de aguas abiertas

El análisis integrado de datos ha permitido alcanzar una sorprendente conclusión: la vida reapareció en Chicxulub pocos años después del impacto del asteroide y el ecosistema de alta productividad marina se recuperó en los primeros 30.000 años, un tiempo geológico breve.

La importancia de los nuevos resultados radica en comprobar que esta recuperación es inmediata en la propia zona del impacto. «Esta recuperación es incluso más rápida que en otras zonas más alejadas, y es consecuencia de la importante conexión de la zona del impacto con aguas abiertas, lo que permite el rápido restablecimiento de las condiciones favorables para el desarrollo de la vida», explica el investigador de la UGR.

Rodríguez-Tovar destaca la importancia del estudio de las trazas fósiles para alcanzar las conclusiones obtenidas. Su descubrimiento en los primeros sedimentos depositados tras el impacto confirma la rápida recuperación de los organismos que viven en el fondo marino y que producen estas trazas.

Durante los primeros días de junio se volverán a reunir los miembros de la Expedición 364, incluido Rodríguez-Tovar, en Mérida (México) para visitar los afloramientos del límite K-Pg asociados al cráter y abordar las próximas líneas de investigación.


Referencia bibliográfica:
«Rapid recovery of life at ground zero of the end Cretaceous mass extinction» Nature https://doi.org/10.1038/s41586-018-0163-6

lunes, 13 de junio de 2016

Mi gato tiene genes de leopardo

(Izqda.) Felis silvestris lybica.
(Dcha.) Prionailurus bengalensis.

Todos los gatos domésticos descienden del gato salvaje africano (Felis silvestris lybica), el primero en ser domesticado en Oriente Próximo con el comienzo de la agricultura. Pero hubo un tiempo en que el gato leopardo asiático (Prionailurus bengalensis) también convivía con los humanos en China. Ahora, el felino vuelve a colarse en los hogares a través de su híbrido, el gato de Bengala.

Agencia SINC
9 abril 2016

El gato es la mascota más popular del mundo: cuenta con 500 millones de representantes y todos descienden de la forma africana y próximoriental del gato salvaje Felis silvestris lybica. El interés del hombre por este felino data de lejos. La historia de su domesticación se remonta a hace unos 10.000 años con el comienzo de la agricultura en Oriente Próximo.

Con la producción y almacenamiento de cereales y vegetales, se expandieron varias especies de ratones que pudieron justificar la aparición de gatos en los poblados humanos. «La historia de la domesticación es sin lugar a dudas una obra con tres actores que no ha dejado de interpretarse desde entonces», señalaba en la revista francesa La Recherche Jean-Denis Vigne, del Centro Nacional de Investigación Científica del país galo.

Existen más pruebas del acercamiento de este pequeño felino al ser humano hace unos 5.500 años. Los restos óseos de gato hallados en el año 2001 en la provincia de Shaanxi, al norte de China, generaron controversia: ¿Se trataba de un nuevo ejemplo de domesticación o de una importación de gatos de Oriente Medio a China?

En un estudio publicado recientemente en la revista PLoS ONE científicos de varias nacionalidades han tratado de determinar la especie a la que pertenecían los huesos. Lo han hecho analizando su morfometría geomética, en ausencia de ADN antiguo. Los resultados sorprendieron a todos: los huesos pertenecían al gato leopardo asiático (Prionailurus bengalensis) y no a Felis silvestris lybica.

Este felino salvaje está aún muy extendido en Asia oriental frecuenta las zonas con mucha presencia humana. Hace miles de años, este pariente lejano del gato salvaje occidental pudo sentirse atraído por la proliferación de ratones que se aprovechaban de los excedentes de cereales.

Ubicación de los asentamientos chinos
y cráneo de gato leopardo hallado en ellos.

El estatus doméstico del gato leopardo parece haber durado poco, ya que todos los gatos domésticos que viven hoy en China están genéticamente relacionados con Felis silvestris lybica y no con Prionailurus bengalensis, dicen los autores, liderados por Vigne. Pero el gato leopardo sigue muy vinculado al ser humano. Su reciente hibridación le ha vuelto a introducir en los hogares de todo el mundo.

El gato leopardo reconvertido a mascota

El híbrido entre este gato leopardo asiático y el gato doméstico (Felis silvestris catus) —tipo abisinio o birmano— dio lugar al gato de Bengala, «un animal de imponente apariencia con el temperamento de un gato doméstico. Muchos gatos de Bengala encajan en esta descripción», señala a SINC Leslie A. Lyons, científica que estudia esta raza desde hace 30 años en el departamento de Medicina y Cirugía Veterinarias en la Universidad de Missouri (EE UU).

Aunque existen algunas referencias de finales del siglo XIX y principios del XX sobre los primeros cruces de ambas especies, no es hasta los años 60 cuando Jean Mill, considerada la reina de los gatos de Bengala, cruzó deliberadamente ejemplares de gato doméstico y gato leopardo con un objetivo: detener el tráfico ilegal de gatos salvajes en Asia.

Estos felinos eran perseguidos por su piel y las crías enviadas a tiendas de mascotas de todo el mundo. Pero la mayoría terminaba en zoos o se escapaban. «Al poner un abrigo de leopardo a un gato doméstico, el mercado de mascotas quedaría satisfecho y disminuiría la caza furtiva de especies salvajes», decía Mill en una revista especializada en gatos en 1991.

Gato de Bengala.

Pero su atractivo pelaje pardo amarillento con manchas en forma de rosetones negros, tan característico del felino salvaje, no siempre fue la razón de su hibridación. En los años 70, Willard Centerwall, licenciado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Yale (EE UU) y apasionado de los felinos, utilizó este híbrido para ampliar sus estudios sobre humanos con un sistema inmune comprometido por enfermedades congénitas, VIH, leucemia y linfoma; ya que la leucemia felina actúa de la misma manera que la humana.

El investigador, especializado en el estudio de estas enfermedades y autor de numerosas publicaciones en la revista Journal of Heredity, crió gatos leopardo asiáticos que no tienen el virus de la leucemia felina integrado en su sistema con gatos domésticos que no presentan resistencia a este virus y trasmiten la enfermedad a sus crías para comprobar si los híbridos heredarían la resistencia genética a la leucemia felina. Al final no resultaron ser inmunes, pero a esta primera generación de gatos de Bengala se les tuvo que encontrar un hogar. Acabaron siendo acogidos por Mill.

De forma paralela, el zoólogo William Engle, que dedicó parte de su vida a la crianza del gato de Bengala, también contribuyó a la expansión del híbrido. Para él, la única forma de mantener los genes de gatos exóticos era cruzarlos con animales domésticos. Fue el propio Engle quien dio nombre a la raza, cuyo registro fue aceptado en primer lugar en la American Cat Fanciers Association.

En 1983, la raza fue reconocida por la International Cat Association gracias a Jean Mill. Sin embargo, el gato de Bengala sigue sin estar aceptado en uno de los mayores registros de animales domésticos, el Cat Fanciers' Association, por su antepasado salvaje. ¿Pueden estos animales híbridos considerarse realmente una mascota?

Vivir con un animal medio salvaje

«Esta cuestión inofensiva se puede complicar cuando algunos introducen en sus hogares animales salvajes o cruces entre especies salvajes y domésticas», explica a SINC Juan Vicente Delgado Bermejo, investigador en el departamento de Genética de la Universidad de Córdoba.

«Los animales salvajes y en menor medida, sus cruces, están predispuestos a la agresividad y a respuestas imprevisibles a estímulos», afirma Delgado Bermejo. Es lo que ocurre por ejemplo con el perro lobo, un cruce que lleva produciéndose de manera natural desde hace miles de años. Existen evidencias de que estos cruces siguen produciéndose en la actualidad en la península Ibérica, lo que podría poner en peligro a las poblaciones naturales, aunque tanto perros como lobos ibéricos forman dos entidades genéticas bien diferenciadas.

Perro lobo checoslovaco.

Según un estudio publicado en Molecular Biology las dinámicas de hibridación en las poblaciones se producen entre perros y lobas, pero más importante aún es que el equipo, liderado por la Universidad de Oporto (Portugal), observó una población que muestra un caso continuo de clases híbridas en paquetes mixtos.

«Esto indicaría que hemos subestimado la hibridación», sugieren los autores. De confirmarse este patrón, la introgresión (movimientos de genes de una especie a otra) estaría permitiendo que las poblaciones de lobos con genes de perros domésticos se adapten a hábitats altamente humanizados del sur de Europa.

El caso de los gatos híbridos no produce la misma inquietud que los perros lobos, porque «no son tan agresivos y no harían tanto daño al humano», subraya Leslie Lyons. Sin embargo, cuando se eligen los híbridos para criar, se escogen los gatos con la coloración de pelaje y las marcas más llamativas. Pero «no se dan cuenta de que pueden estar eligiendo los genes del gato de leopardo: se fijan en la imagen (el fenotipo) y no en su genética (el genotipo)», explica la genetista.

A pesar de todo, «hay muchos más genes de gato doméstico que de gato leopardo en el de Bengala, aunque algunas de las asombrosas manchas procedan del felino salvaje», añade la experta. Para ella, la verdadera preocupación llega cuando se manipula al gato leopardo en un entorno que no es el suyo y se cuestiona la posesión legal del animal.

Consecuencias genéticas de la hibridación

Al cruzar especies domésticas y salvajes pueden existir barreras anatómicas que los imposibiliten. «En otros casos son incompatibilidades fisiológicas y también genéticas. No obstante, algunas de estas se pueden vencer con la manipulación genética y reproductiva», aclara Juan Vicente Delgado Bermejo.

La mula, un híbrido entre burro y yegua, es estéril porque burros y caballos tienen distinto complemento cromosómico. «El híbrido tiene un complemento impar que dificulta la meiosis [proceso de división de las células reproductoras], aunque excepcionalmente hay casos de fertilidad mular», admite el experto.

Por la compatibilidad de los complementos cromosómicos entre perros domésticos y cánidos salvajes, los cruces han dado lugar a crías fértiles. En el caso de la hibridación artificial entre ambas especies, como el perro lobo checoslovaco, «la primera generación presenta unos caracteres intermedios entre perro y lobo, y si en el futuro los animales van apareándose solo con perros, los caracteres salvajes se van diluyendo generación a generación hasta desaparecer», recalca el científico de la UCO.

En otras especies puede darse la misma incompatibilidad. «Los primeros cruces entre gatos domésticos y gatos leopardo produjeron gatitos de los que los machos eran estériles y la hembras no. Y esto ocurre con la mayoría de los híbridos», confiesa Lyons.

Una vez que la raza se afianza generación tras generación, los animales mitad domésticos y mitad salvajes entran en los hogares, y pocos dueños se cuestionan las limitaciones éticas que su adquisición plantea.

«Yo entiendo que los cruces espontáneos como el perro lobo o el cerdo jabalí son éticos en sí mismos, ya que los permite la naturaleza. También los cruces con fines zootécnicos como el mulo», confiesa Delgado Bermejo. Pero los cruces indiscriminados que exigen manipulación genética y reproductiva siguen planteando dudas.

En el caso del gato de Bengala, la Cat Fanciers' Association ya ha empezado el proceso de reconocimiento de la raza y permitien el próximo espectáculo del 30 de abril de 2016 exhibir y examinar a los ejemplares, aunque aún no podrán ganar premios.

viernes, 24 de octubre de 2014

La incógnita humana en China

Fósiles dentales de Xujiayao.

Científicos españoles y chinos publican en la revista American Journal of Physical Anthropology un estudio sobre dientes fósiles hallados en el yacimiento de Xujiayao (China), que revela la existencia de una población humana «desconocida»

21 octubre 2014

María Martinón-Torres y José María Bermúdez de Castro del Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) acaban de publicar en la revista American Journal of Physical Anthropology, junto con científicos del Institute of Vertebrate Paleontology and Palaeoanthropology de Pekín (IVVP), el estudio de un maxilar infantil y varios dientes aislados encontrados en Xujiayao, un yacimiento del norte de China, que revela que durante el Pleistoceno Superior el gran continente asiático pudo estar habitado por una especie desconocida todavía sin catalogar.

El análisis detallado de la morfología dental de estos fósiles, datados entre 60.000 y 120.000 años, pone de manifiesto que la población de Xujiayao comparte rasgos tanto con neandertales como con los representantes más primitivos de Homo erectus asiático, y estaría fuera de la variabilidad de nuestra especie. Los autores de este análisis apuntan la posibilidad de que se trate de un homínido todavía no descrito y que habría coexistido en el tiempo con humanos modernos y neandertales.

Cabe recordar que estudios recientes sobre ADN antiguo han revelado la existencia en Siberia de una población acuñada como «denisovanos» de la que se conoce muy poco sobre su anatomía. Los «denisovanos» también habrían habitado Asia en el Pleistoceno Superior, serían diferentes de Homo sapiens y de Homo neanderthalensis y se habrían mezclado genéticamente con un linaje primitivo todavía por determinar. Los investigadores tampoco descartan la opción de que Xujiayao represente la persistencia en China de una población antigua, quizá un descendiente de Homo erectus clásico.

«Nuestro trabajo pone de relieve la gran variabilidad de las poblaciones humanas de Asia durante el Pleistoceno y advierte de la necesidad de reconsiderar la taxonomía de muchos de los fósiles hallados en este continente», afirma María Martinón-Torres.

jueves, 2 de octubre de 2014

¿Por qué ya casi no hay especies de grandes animales voladores?

Comparación para apreciar el tamaño del Quetzalcoatlus.
Tan alto como una jirafa, sus alas abiertas alcanzaban
la longitud de dos elefantes

27 agosto 2014

A finales del Cretácico Superior existió Quetzalcoatlus en Norteamérica, un pterosaurio con una envergadura de entre 10 y 15 metros. En el registro fósil se han encontrado muchas especies de grandes animales voladores pero hoy en día el ave de mayor envergadura es el cóndor de los Andes, con sólo 3,3 m. ¿Por qué?

Parte del problema se encuentra en la fisiología de los pájaros y los murciélagos. Las aves suelen ser pequeñas ya que requieren de masa muscular y densidad ósea en sus extremidades, tanto en las inferiores para lanzarse al vuelo como en sus alas para aletear. Entre más peso, requieren más músculo y hueso, que a su vez agregan peso. En teoría, los murciélagos podrían ser más grandes: sus alas tienen más libertad y no necesitan masa muscular en sus extremidades inferiores, pues comienzan su vuelo con sus extremidades superiores. Pero los murciélagos están limitados por una de las limitaciones comunes a los mamíferos, pulmones que no pueden suplir oxígeno con la eficiencia y volumen de los pulmones de las aves (y muy probablemente el mismo de los pterosaurios). Los pulmones de las aves, a diferencia de los nuestros, inhalan y exhalan aire en un solo movimiento, gracias a la presencia de sacos aéreos que permiten a los pulmones oxigenar la sangre en cada movimiento.

Al parecer, los pterosaurios no sufrían las limitaciones pulmonares de los murciélagos ni poseían patas traseras muy musculares. Su único requerimiento de masa muscular estaba en la operación de sus alas. Los pterosaurios fueron, entonces, animales extraordinarios que se beneficiaron de varias adaptaciones, con base en una anatomía reptil muy modificada: huesos huecos rellenos de aire, un volumen craneal alto con varias características asociadas con el vuelo, alas membranosas y andar cuadrúpedo que le permitía vivir en tierra. Los estudios más recientes del registro fósil indican que la fauna pterosáurida tuvo una diversidad inmensa durante el Cretácico Superior y hasta el Cretácico Inferior, cuando sus poblaciones se estancaron.

Aunque varias especies del clado de los pterosaurios todavía existían, en competencia con las primeras aves, cuando ocurrió el evento de extinción masiva del Cretácico-Terciario, se extinguieron hace unos 65 millones de años. En particular, se cree que el impacto de Chicxulub provocó los cambios ambientales que condujo a la extinción del clado entero. No volvieron a existir animales voladores de tales dimensiones porque no se combinaron las mismas, o similares adaptaciones en otra especie.

Traducción: IIEH

Fuente: r/askscience

jueves, 11 de septiembre de 2014

Tres nuevas especies de ardillas extintas dan claves sobre el origen de los mamíferos

 

10 septiembre 2014

Paleontólogos del Museo Estadounidense de Historia Natural y la Academia de Ciencias de China describen en la revista Nature tres nuevas especies extintas de animales similares a las ardillas.

El estudio apoya la idea de que los mamíferos —un grupo muy diverso que incluye a los monotremas que ponen huevos como el ornitorrinco, a los marsupiales como la zarigüeya, y a los placentarios, como los seres humanos y las ballenas— se originaron hace 208 millones de años en el Triásico tardío. Anteriormente se estimaba que este hecho habría ocurrido durante el Jurásico medio (hace entre 176 y 161 millones de años).

«Durante décadas los científicos han debatido si este grupo extinto denominado Haramiyida pertenecía o no a los mamíferos», explica el coautor del estudio Jin Meng, del Museo Estadounidense de Historia Natural.

«Antes —añade Meng— todo lo que sabíamos acerca de estos animales se basaba en mandíbulas fragmentadas y dientes aislados. Los nuevos ejemplares que hemos descubierto están muy bien conservados y podemos hacernos una idea de cómo eran estos animales realmente, lo que confirma que son mamíferos».

Las tres nuevas especies —Shenshou lui, Xianshou linglong y Xianshou songae— se describen a partir de seis fósiles casi completos de 160 millones de años de edad hallados en China.

«Eran buenos escaladores y, probablemente, pasaron más tiempo que las ardillas en los árboles», dijo Meng. «Sus garras y patas estaban adaptadas para sostenerse en las ramas, pero no era buenos para correr por el suelo».

martes, 5 de agosto de 2014

El color de los dinosaurios

 

¿Quién dijo que los dinosaurios tenían ese tono gris verdoso, fangoso, macilento y aburrido como una tarde de domingo?

Por JAVIER SAMPEDRO

El evolucionista neoyorquino Stephen Jay Gould apoyó en líneas generales Parque jurásico, la película de 1993 que inauguró la fiebre moderna de los dinosaurios, basada en la visionaria novela de Michael Crichton con el mismo título, pero desde su estreno le puso cuatro objeciones que tal vez sigan vigentes. La primera, que el personaje del matemático del caos, interpretado por Jeff Goldblum, le parecía un pelmazo, y que no entendía por qué no se lo había comido un dinosaurio en la primera media hora. La segunda, que los dinosaurios reconstruidos de manera tan brillante por el equipo de efectos especiales de Spielberg no pertenecían al Jurásico, sino a la era geológica inmediatamente posterior, el Cretácico, que acabó precisamente con la extinción de aquellos grandes reptiles entre una vorágine volcánica rematada por la caída de un gigantesco meteorito en el Yucatán mexicano.

La tercera pega de Gould tiene más enjundia. En la película, como en la novela, los dinosaurios son reconstruidos a partir del ADN de los mosquitos que les habían picado en la época, que luego se conservaron en ámbar; y, como ese ADN no estaba completo, los científicos del parque rellenaron los huecos con el genoma de una rana actual. Este fue seguramente el mayor error de Crichton, o al menos el más incomprensible. Porque, pese a lo que las apariencias puedan indicar, los dinosaurios tienen realmente muy poco que ver con las ranas; y en cambio hay un montón de seres vivos actuales que guardan una relación directa con aquellos temibles reptiles extintos: las aves, que evolucionaron justo a partir de los dinosaurios. Digo que el error es incomprensible porque Parque jurásico es precisamente la primera obra de ficción que recoge esas evidencias evolutivas, y la que más ha hecho por popularizarlas. Según Gould, los científicos del parque debieron usar genomas y huevos de avestruz para completar su trabajo. No ranas, por el amor de Dios.

Y la cuarta objeción es tal vez la más curiosa, porque pone el foco en un prejuicio en el que todos hemos incurrido de manera automática. ¿Quién dijo que los dinosaurios tenían ese color gris verdoso, fangoso, macilento y aburrido como una tarde de domingo con el que aparecen hasta en los juguetes de los niños? Vale que nadie sabía de qué maldito color eran aquellos monstruos carniceros, pero precisamente por ello Spielberg se podía haber inventado los tonos que le hubiera dado la gana, en lugar de caer de nuevo en ese topicazo lúgubre. Pues bien, este año hemos aprendido algo nuevo sobre el asunto, y aquí se lo resumo.

Un equipo encabezado por Julia Clarke, de la Universidad de Texas en Austin, publicó hace unos meses en Nature un ingenioso método que les ha permitido saber de qué color eran los dinosaurios. Resulta que hay una correlación muy precisa entre el color y la forma de los melanosomas, las estructuras internas de las células de la piel que fabrican los pigmentos. ¿Y saben qué? Que los dinosaurios manirraptores —los ancestros directos de las aves— eran de todos los colores del arco iris. De hecho, fueron ellos quienes inventaron todo ese espectáculo sensual que ahora nos sobrevuela, o al que encerramos en una jaula. Así es, amigos.

2 agosto 2014

viernes, 7 de febrero de 2014

Desvelado el menú de la antigua megafauna ártica

 

La revista Nature presenta esta semana la historia de los cambios que sufrió la vegetación del Ártico hace 50.000 años y que constituía la dieta de los grandes mamíferos de la época, como los mamuts lanudos, los rinocerontes lanudos y los caballos.


Investigadores de la Universidad de Copenhague han analizado el ADN de plantas y nematodos que indican que en el Ártico, hace más de 10.000 años, la vegetación estaba dominada por un tipo de plantas herbáceas ricas en proteínas, un conjunto de especies cuya peculiaridad es la de tener flores llamativas.

«Estas plantas habrían jugado un papel importante en la dieta de la megafauna, como los mamuts lanudos, los rinocerontes lanudos y los caballos, que solían deambular por la región», explican los investigadores.

Hasta ahora el estudio de los cambios en la vegetación durante los últimos 50.000 años se basaba principalmente en polen fósil.

«Sin embargo, este registro tiende a estar sesgado hacia plantas que producen gran cantidad de polen, como las gramíneas», apuntan los expertos.

Los investigadores secuenciaron ADN vegetal extraído de muestras de permafrost. Sus resultados muestran un panorama de ecosistema en el que tanto las gramíneas como las herbáceas con flores estuvieron presentes en la dieta de la megafauna.

«Parece que la desaparición progresiva de estas plantas herbáceas con flores se correlaciona con la disminución y extinción de muchas especies de megafauna», señala a Sinc Eske Willerslev, autor principal del trabajo.


Referencia bibliográfica:

Eske Willerslev et al. «Fifty thousand years of Arctic vegetation and megafaunal diet» Nature 506: 47 - 66. doi:10.1038/nature12921, 6 de febrero de 2014.

viernes, 25 de octubre de 2013

Un cráneo hallado en Georgia sugiere que hace 1,8 millones de años solo había una especie humana

El Cráneo 5
Paleoantropólogos de la Universidad de Zúrich (Suiza) han descubierto en Dmanisi (Georgia) un cráneo excepcionalmente conservado de 1,8 millones de años que, por sus características, obliga a un cambio de perspectiva sobre la diversidad de las especies humanas, que sería mucho menos variada de lo que se estimaba. «Si hubiésemos encontrado la cavidad craneal y el rostro como fósiles separados, habrían sido atribuidos a dos especies diferentes», dicen sus descubridores.

(17-octubre-2013)

Científicos de la Universidad de Zúrich (Suiza) han hallado en el yacimiento de Dmanisi, Georgia, un cráneo humano de hace 1.800.000 años al que han denominado Cráneo 5. Ya se habían encontrado en el mismo yacimiento cuatro cráneos de homínidos igualmente bien conservados, así como algunas partes del esqueleto. Ahora, el estudio de estos restos indica que el género Homo era mucho menos variado de lo que se creía hasta el momento.

«Realizamos análisis exhaustivos de la morfología de los cinco individuos encontrados en el yacimiento de Dmanisi. Las diferencias entre todos ellos no son más extensas que las diferencias entre cinco Homo sapiens, cinco chimpancés o cinco bonobos. Todos los individuos encontrados en este yacimiento pertenecen a una misma especie, y el Cráneo 5 es uno de ellos», declara a SINC la investigadora boliviana Marcia Ponce de León, coautora de la investigación y científica de la Universidad de Zúrich (Suiza).

Esto indica que los miembros más primitivos del género Homo, clasificados como Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus, podrían pertenecer a la misma especie. Sólo serían diferentes en su apariencia exterior.

«Por lo visto hay un malentendido en lo referente a la clasificación del género Homo. En nuestra publicación nos referimos al periodo alrededor de 1,8 millones de años, y postulamos que entonces solo existía una especie de este género. Homo floresiensis, que existió hace entre 38.000 y 18.000 años, y Homo neanderthalensis (150.000-30.000 años) son mucho más jóvenes. Australopithecus representa otro género. En el caso de Homo habilis no hay una buena definición de la especie ya que los restos fósiles que se clasifican en este grupo son muy fragmentarios y escasos. Esto ha originado una discusión controvertida que aún continua», añade la experta.

En su conjunto, los hallazgos muestran que los primeros representantes del género Homo comenzaron a expandirse desde África a través de Eurasia hace 1,85 millones de años.

El Cráneo 5 pertenece a la época del Pleistoceno Inferior. Es único porque, hasta la fecha, es el más completo de ese periodo de la evolución. No tiene deformaciones y todos los huesos todavía están asociados a través de las suturas.

«Adicionalmente, tiene una morfología inesperada. El cerebro es pequeño, con una capacidad craneal de 546 cm3. La cara es grande y prominente, y los dientes también son grandes», apunta la investigadora. Esta combinación de rasgos era desconocida hasta el momento.

El yacimiento solo ha sido excavado parcialmente, pero supone la primera oportunidad para que los investigadores comparen y contrasten rasgos físicos de múltiples ancestros humanos que al parecer coincidieron en el mismo espacio y tiempo geológico.

Según Christoph P.E. Zollikofer, antropólogo de la Universidad de Zúrich que también participa en el estudio, la razón por la que el Cráneo 5 es tan importante es que une las características que antes se habían utilizado como argumento para definir diferentes especies de Homo.

«Si hubiésemos encontrado la cavidad craneal y el rostro como fósiles separados, muy probablemente habrían sido atribuidos a dos especies diferentes», añade Zollikofer. Para Ponce de León «también es decisivo que tenemos cinco individuos bien conservados que sabemos que han vivido en el mismo lugar y al mismo tiempo».

Los cinco cráneos de Dmanisi
Seguimiento evolutivo del Homo erectus

La diversidad dentro de una especie es por lo tanto la regla y no la excepción. Estos resultados están apoyados por un estudio adicional publicado recientemente en la revista PNAS.

En ese estudio, Ponce de León, Zollikofer y otros investigadores muestran que las diferencias en la morfología de la mandíbula entre los individuos de Dmanisi se deben principalmente a las diferencias en el desgaste dental.

«Esto demuestra la necesidad de un cambio de perspectiva: los fósiles africanos de 1,8 millones de años probablemente son los representantes de una misma especie, mejor descrita como Homo erectus», explican los científicos.

Esto sugeriría que el Homo erectus evolucionó hace unos 2 millones de años en África, y pronto se expandiría a través de Eurasia, donde se documentó por primera vez hace unos 1,2 millones de años.

Comparar los patrones de diversidad en África, Eurasia y Asia Oriental proporciona pistas sobre la biología de la población de esta primera especie humana global. Esto convierte al Homo erectus en el primer «actor global» en la evolución humana. Su redefinición ofrece ahora la oportunidad de seguir esta especie humana fósil en un lapso de tiempo de 1 millón de años.


Referencias bibliográficas:

David Lordkipanidze, Marcia S. Ponce de León, Ann Margvelashvili, Yoel Rak, G. Philip Rightmire, Abesalom Vekua, and Christoph P.E. Zollikofer. «A complete skull from Dmanisi, Georgia, and the evolutionary biology of early Homo». Science. October 18, 2013. doi: 10.1126/science.1238484

Ann Margvelashvili, Christoph P. E. Zollikofer, David Lordkipanidze, Timo Peltomäki, Marcia S. Ponce de León. «Tooth wear and dentoalveolar remodeling are key factors of morphological variation in the Dmanisi mandibles». Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS). September 2, 2013. doi: 10.1073/pnas.1316052110

domingo, 29 de septiembre de 2013

Sudamericano, gigante y planeador


El ave voladora más grande de la que se tiene conocimiento planeaba en forma excepcional, según dicen los expertos.

(3 - julio - 2007)

Un equipo estadounidense estudió las habilidades de vuelo del Argentavis magnificens, una rapaz gigante que vivió hace 6 millones de años en los territorios que hoy conforman Argentina.

Con siete metros de envergadura, este animal probablemente era un experto planeando en las corrientes térmicas y brisas de todo tipo. Sin embargo, el grupo de estudio confió a la revista Anales de la Academia Nacional de Ciencias (PNAS, por sus siglas en inglés) que al Argentavis le debe haber costado mucho levantar vuelo agitando las alas. Y es que pesaría unos 70 kilos.

¿Cómo llegar al cielo?

Los científicos creen que este planeador probablemente utilizaba la misma técnica que usan hoy en día los deportistas que practican ala delta o parapente: se impulsaba colina abajo o trepaba hasta un punto alto para luego remontar con velocidad y altura.

«Su problema era cómo llegar al cielo», explicó Sankar Chatterjee, un profesor de geología del museo de la Universidad Politécnica de Texas en Lubbock, Estados Unidos. «Pero una vez que encontraba una corriente térmica, podía subir fácilmente un kilómetro y medio o dos sin batir las alas, un paseo libre, en el que simplemente describía círculos», aclaró. «Luego, una vez arriba, el pájaro se deslizaría hasta la próxima corriente, y así podría viajar ciertamente más de 320 kilómetros por día», dijo a la BBC.

Máximo aprovechamiento

El profesor Chatterjee y sus colegas calcularon los parámetros de vuelo a partir de los fósiles del Argentavis, e introdujeron esos datos a modelos de vuelo computarizados.Los resultados les mostraron que el pájaro de antaño —que hoy rivalizaría en los cielos con alguna avionetas— tenía todas las características de un planeador de alta performance. Sus alas gigantes aprovecharon al máximo la energía de las brisas elevadoras, gracias a las pendientes de los Andes, y las corrientes térmicas sobre las verdes pasturas de la pampa.

El ave voladora contemporánea más pesada: la avutarda de Kori, Ardeotis tardi, pesa aproximadamente 18 kilos. Y la de mayor envergadura: el albatros viajero, Diomedea exulans, mide tres metros de la punta de un ala a la otra.

Los animales más grandes que surcaron los cielos eran los pterosaurios, unos reptiles voladores que vivieron hasta hace 65 millones de años. Los más grandes medían cerca de 10 metros de punta a punta de las alas.

martes, 13 de agosto de 2013

El águila devoradora de hombres fue real


Científicos confirman la veracidad de una vieja leyenda maorí sobre la existencia, en Nueva Zelanda, del Te Hokioi, un ave gigantesca capaz de precipitarse sobre un niño y llevárselo

(4-6-2013)

Un equipo de investigadores de la universidad australiana de Nueva Gales del Sur acaba de publicar un estudio que confirma la veracidad de una vieja leyenda maorí sobre la existencia, en Nueva Zelanda, de un águila gigantesca y devoradora de hombres. La investigación aparece esta semana en The Journal of Vertebrate Paleontology.

La llamaban Te Hokioi, se extinguió hace cerca de 1.000 años y fue un depredador terrible. Era de color blanco y negro, con una cresta roja sobre su cabeza y las puntas de las alas teñidas de amarillo y verde. Esa es la descripción que Sir George Gray, uno de los primeros gobernadores de Nueva Zelanda, hizo del águila mayor que jamás haya existido. Los maoríes la respetaban y temían. Viejas leyendas transmitidas oralmente hablan de raptos de seres humanos y en el país abundan las pinturas del depredador en rocas y cuevas. Ahora, y tras una nueva y extensa investigación, los científicos creen que no se trata solo de una simple leyenda.

Su nombre científico es Harpagornis moorei y sus restos fueron descubiertos por primera vez en un pantano neozelandés por Juluis von Haast en 1870, motivo por el cual también se la conoce como «Águila de Haast». Sin embargo, por aquel entonces se pensó que se trataba de un carroñero, ya que su estructura ósea recordaba a la de un buitre, con capuchones sobre las fosas nasales para que la carne no obturase sus vías respiratorias mientras se alimentaba.

«Una máquina de matar»

Pero un nuevo examen de los restos con las técnicas más modernas ha arrojado resultados bien distintos. Y eso fue lo que hizo un grupo de investigadores del Museo de Canterbury y de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Las conclusiones fueron contundentes. El águila de Haast podía asestar golpes mortales a presas mucho mayores que ella, precipitándose desde el aire sobre sus víctimas a una velocidad superior a los 80 km. por hora.

La envergadura del depredador, con las alas abiertas, era superior a los tres metros, y su peso de unos 18 kg. Las hembras, mayores que los machos, doblaban en tamaño a las mayor de las águilas actuales. Y poseían unas garras mayores que las de un tigre. «Sin duda era capaz de precipitarse sobre un niño y llevárselo», afirma Paul Scofield, responsable de zoología de vertebrados del Museo de Canterbury. «Y no solo tenía la habilidad de atacar con sus garras, sino que podía juntarlas y atravesar con ellas objetos sólidos, como una pelvis. Su diseño era el de una máquina de matar».


Su presa preferida era el moa, un ave no voladora que habitaba en Nueva Zelanda y que podía llegar a los 250 kg. de peso y tener una altura de más de dos metros y medio. «En muchos yacimientos —asegura Scofield— los huesos de los moa muestran signos de haber sido atacados por estas águilas».

En cuanto a zoología se refiere, Nueva Zelanda es un lugar único en el mundo. De hecho, no existen mamíferos naturales de esas tierras, ya que quedaron aisladas del resto de los continentes durante el Cretácico, hace más de 65 millones de años. Por eso, las aves ocuparon los nichos que en otros lugares pertenecen a los grandes mamíferos como los ciervos y los bóvidos. «El águila de Haast —explica Scofield— no fue solo el equivalente a un ave depredadora gigante. Fue el equivalente a un león».

Se cree que estas rapaces gigantes se extinguieron hace cerca de mil años, tras la llegada de los humanos, que exterminaron a los moas. Los restos del águila de Haast son muy raros, porque nunca hubo muchas. Sólo existieron en la isla sur de Nueva Zelanda y se cree que en ningún momento llegó a haber más de mil parejas al mismo tiempo.

domingo, 26 de mayo de 2013

Hace nueve millones de años en Sudamérica vivían 14 especies de cocodrilos

Durante el Mioceno América del Sur estuvo poblada, por lo menos, de hasta 14 especies de cocodrilos y caimanes, 7 de las cuales compartían la misma zona geográfica, «un fenómeno nunca observado en especies actuales», según un estudio liderado por la Universidad de Zúrich que cuenta con participación española. Todas desaparecieron debido a la elevación de los Andes, que modificó el curso de los ríos.

21 mayo 2013

Actualmente, las zonas con mayor diversidad de cocodrilos del mundo son el norte de Sudamérica y el Sudeste asiático, donde viven hasta seis especies de caimán y cuatro especies de cocodrilo. A pesar de esta elevada diversidad, solo dos o tres especies se encuentran habitualmente en una misma área.

Un estudio publicado en el último número de la revista Nature Communications describe un panorama completamente distinto hace entre 9 y 5 millones de años, cuando en el delta del Amazonas y del Urumaco había hasta catorce especies de cocodrilos y por lo menos siete de ellas compartían el mismo espacio.

Crocodylus falconensis.
En este estudio, liderado por Marcelo Sánchez y Torsten Scheyer de la Universidad de Zúrich (Suiza) y en el que ha participado Massimo Delfino, investigador del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont y de la Universidad de Torino, los paleontólogos también han descrito dos nuevas especies para la ciencia: Globidentosuchus brachyrostris, un caimán que presentaba unos dientes esféricos y Crocodylus falconensis, un cocodrilo que podía llegar a los 4 metros de longitud.

Los investigadores han constatado la presencia de formas muy diferentes de las mandíbulas de estos animales del Mioceno, lo que se interpreta como especializaciones a una determinada dieta

Globidentosuchus brachyrostris.
Los dientes esféricos de Globidentosuchus brachyrostris se asocian a una alimentación basada en caracoles o cangrejos, mientras que los grandes cocodrilos, que podían llegar a los 12 metros de longitud, se alimentaban de tortugas, grandes roedores y otros cocodrilos pequeños. Esta elevada especialización en la alimentación les permitía ocupar las mismas zonas sin competir por los recursos.

Los gaviales fósiles se alimentaban de peces y ocuparon un nicho ecológico que, al extinguirse, fue ocupado por los delfines.

Diversidad crocodiliana del Mioceno
en el delta del desaparecido Urumaco.
Hace 5 millones de años todas se extinguieron

El estudio también describe la extinción de todas estas especies hace 5 millones de años. Toda esta diversidad de especies de cocodrilos en el Amazonas y en el Urumaco —un río que actualmente no existe y que desembocaba en el Golfo de Venezuela— desapareció seguramente debido a la elevación de los Andes que modificó el curso de los ríos, de modo que el Amazonas dejó de desembocar en el Caribe para hacerlo más al sur, en las aguas más frías del Atlántico.

Pese a que la destrucción del hábitat supuso la extinción de los cocodrilos, también permitió la emergencia de la biodiversidad actual de las zonas del Orinoco y el Amazonas.


Referencia bibliográfica:

Scheyer, T. M., Aguilera, O. A., Delfino, M., Fortier, D.C., Fortier, A. A., Sánchez, R., Carrillo-Briceño, J.D., Quiroz, L., Sánchez-Villagra, M.R. (2013). «Crocodylian diversity peak and extinction in the late Cenozoic of the northern Neotropics». Nature Communications.