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domingo, 18 de noviembre de 2012

Separatismo en EE.UU.: Fruto de la frustración racista

Cientos de miles quieren romper los lazos de la Unión por mero racismo, aseguran expertos

RT | 15-noviembre-2012


Los 50 estados que componen EE.UU. piden la independencia de la Casa Blanca, iniciativas apoyadas por cientos de miles de personas, que han firmado las peticiones para que sus respectivas administraciones regionales se separen pacíficamente de la nación.

La solicitud de independencia, según los firmantes, surge debido a que sufren abusos a sus derechos. Pero Juan José Gutiérrez, presidente de la organización Vamos Unidos USA, considera que son los ultraderechistas quienes buscan la independencia.

"Dejar de ser parte de la Unión americana tiene que ver con el hecho de la contundente victoria que obtuvo el presidente Barack Obama [en las elecciones de la semana pasada]", dijo el experto.

Según él, son "personas frustradas porque han visto caer su poder político en EE.UU., un poder que estaba basado en el racismo y la discriminación ante el crecimiento de grupos minoritarios en este país".

La lista es liderada por Texas, donde se han recolectado más de 100.000 firmas. Precisamente en las votaciones en Texas venció el candidato republicano Mitt Romney.

Los habitantes opinan que su estado es la decimoquinta economía más grande del mundo y manifiestan que "sus ideales políticos ya no se llevan a cabo por el Gobierno Federal".

"Son personas que quisieran seguir viviendo en la ilusión de que EE.UU. debería de mantenerse como un país mayormente blanco anglo-sajón sin tener que conceder nada a los grupos que no son anglos ni sajones, como serían afroamericanos, latinos, asiáticos, nativos, naturales y grupos étnicos diversos de todas partes del mundo que han venido a hacer de EE.UU. su país", resaltó Gutiérrez.

Aun así, el Gobierno estadounidense se verá obligado a responder a la petición presentada ante la Casa Blanca, ya que la propuesta ha alcanzado la cantidad de firmas necesarias para ser atendida por el Ejecutivo.

domingo, 3 de agosto de 2008

Musulmanes negros y nazis americanos

Una de las fotografías que siempre me impactó, fue ésta que se efectuó el 25 de junio de 1961 en Washington, donde se ve al que fuera líder y fundador del Partido Nazi Americano, George Lincoln Rockwell (asesinado en 1967 por uno de los suyos) con otros dos secuaces en un mitin de la secta religiosa afroamericana, Nación del Islam, de Elijah Muhammad. Entre los años 1961 y 1962 los nazis estadounidenses mantuvieron relaciones con los musulmanes negros (años en los todavía formaba parte como ministro Malcolm X) porque ambas organizaciones aspiraban a la separación de las "razas", una América para los blancos y otra para los negros.

viernes, 11 de julio de 2008

Ni patrias, ni razas, ni desigualdad social

 

  Buscando en el baúl de los recuerdos, encontré un número del Boletín Informativo y de Opinión de las Juventudes Libertarias de Valladolid (grupo de afinidad Despertar Libertario), EN LA LÍNEA DEL FRENTE, de mayo de 1993. Aquí os lo pongo:

 La especie humana Homo sapiens, que ha ocupado todos los continentes del planeta, ha adquirido una tal diversidad, desde el punto de vista morfológico —de tonalidades en el color de piel, pelo y ojos—, que ha conducido a una mala discriminación de los diversos grupos humanos en «razas puras», las cuales, desde un punto de vista biológico no tienen fundamento y carecen de sentido. Esta idea errónea es utilizada por diferentes grupos de tendencias racistas y chovinistas.

A lo largo de los milenios, la humanidad se ha entremezclado genética y culturalmente, produciendo un mestizaje genético y cultural (étnico). Al adaptarse los diferentes pueblos humanos a diversos ecosistemas, es claro comprender la multiplicidad de colores y hábitos. Pero, contrario a los postulados fascistas que intentan separar a las gentes en «patrias» y «razas», los diferentes pueblos y etnias siempre han estado en contacto unos con otros, impidiendo el aislamiento y la creación de supuestas 'razas', concepto que más que taxonómico es de conveniencia e ideológico adaptado a unos prejuicios. Qué absurdos e ignorantes son esos serbios que practican la limpieza étnica, ¿cuántos de ellos deberán tener en sus venas sangre turca, croata o de otra más? O que decir de los descerebrados nazis alemanes que defienden una superioridad de lo germánico sobre los demás pueblos, ¿qué sería de ellos sin las influencias de sus vecinos europeos y otros? Pues sólo son unos bárbaros «bebedores de cerveza». Y qué decir de los blancos afrikaners de Sudáfrica que han explotado y marginado a la población negra.

¡Qué no! Que defender la pureza racial no tiene fundamento en individuos con cerebro. La variedad genética que hay entre un europeo blanco con un africano negro, no es mayor que la que podemos tener cada uno de nosotros con nuestro vecino de piso.

Todos los seres humanos pertenecemos a una misma especie biológica (Homo sapiens). Pero no, el nacionalismo como el racismo intentan legitimar las desigualdades entre los seres humanos, a un nivel intra e intergrupal. Es obvio que estas ideas justifican la existencia de fronteras, las cuales separan a la humanidad en estados con sus dirigentes y clases sociales. Ricos y pobres, los ricos en minoría y viviendo con privilegios de los que carecen los pobres. Dentro de las fronteras del mismo Estado hay una masa de gente que está sometida a los dictámenes de los privilegiados que detentan el poder, sea dictatorial o democrático. Y entre los mismos estados hay desigualdades, en unos la riqueza se concentra y en los otros imperan las carencias, véase a lo que se llama el «Norte» rico y el «Sur» pobre. Un «Norte» que obtiene su riqueza despojando al «Sur». ¿Acaso —y ese es el problema— no reconocen los ricos que su nivel de vida es debido a la pobreza de muchos? ¿Dónde está la supuesta solidaridad y fraternidad que tanto se predica entre los países ricos? Éstos, los cuales están reforzando sus fronteras para impedir el avance de una masa hambrienta de gentes del «Sur», son los primeros en crear unas Leyes de Mercado a través del Fondo Monetario Internacional que supuestamente intentan ayudar a esos países, arruinándolos más poco a poco y así enriquecerse. Los ricos más ricos y los pobres más pobres, esto no hace falta más que mirar a nuestro alrededor y verlo: coches, motos, televisiones y otras cosas superfluas en el «Norte», y hambrunas y epidemias en el «Sur».

También entre los habitantes del «Norte» hay desigualdades sociales, sólo que las intentan disimular con mayores «tajadas de pastel», por estar más próximos a los ricos. Ricos que engatusan a sus conciudadanos más pobres a través de ideologías conservadoras y patrióticas, para que les defiendan sus propiedades de los desalmados inmigrantes del «Sur» y darles unos trozos apetecidos de sus riquezas.

Los medios de formación de masas (prensa, radio, TV, ...) controlados por los poderosos y ricos, que hipócritamente aparentan dar una imagen de tolerancia hacia los inmigrantes y demás minorías, y que a la vez no hacen más que incrementar el miedo a lo extranjero con series televisivas, noticias y alguna que otra película fascista (drogas, violaciones,...) con la imagen del «buen ciudadano» al lado de la Ley, ocultan las causas de la crisis económica y el paro, para entretener a la gente, y desviarles la atención hacía la «problemática» de los inmigrantes.

El sistema capitalista está preparado y planificado de esta manera, es el principal responsable de la situación del paro, para así obtener mano de obra en la reserva y frenar las exigencias de mejorías sociales de los trabajadores, creando así la competencia económica entre las clases bajas y salvaguardar el Orden establecido: los privilegios de los ricos. ¿Acaso no es lógico pensar que la única salida es eliminar el sistema de clases sociales? Y no hagáis caso a las estupideces de nacionalistas y racistas.

¡NI PAZ ENTRE CLASES! ¡NI GUERRA ENTRE PUEBLOS! 


jueves, 24 de enero de 2008

El mito de la «raza» aria. Teoría de la supremacía racial


Por Richard Milner

Uno de los intentos más infames y desastrosos de rastrear los orígenes raciales de Europa nació como una cuestión menor de lingüística comparativa, se desarrolló hasta formar una teoría pseudodarwiniana de la historia y acabó casi con la destrucción de la civilización.

En origen, el término ario se aplicó a un grupo de lenguas conocido como indoeuropeo. En la década de 1780, sir William Jones, orientalista inglés, llegó a la conclusión de que el sánscrito antiguo de la India estaba relacionado con el persa, el griego, el latín, el celta y las lenguas germánicas. Una serie de comparaciones detalladas entre vocabularios y gramáticas le permitieron demostrar que todas ellas debieron de haberse ramificado a partir de una lengua madre perdida. Jones llamó a esta lengua ario en recuerdo de los «arios», un pueblo antiguo que había invadido la India y Persia. A mediados del siglo XIX, algunos lingüistas, entre ellos los hermanos Grimm y Franz Bopp, en Alemania, desarrollaron los estudios «arios» hasta hacer de ellos una rama importante de investigación, recogiendo pruebas de la lingüística, e folclore, las tradiciones religiosas y la arqueología.

De la idea de una lengua madre única a la de una única raza originaria que habría civilizado Europa había sólo un paso corto, aunque ilógico. El romanticismo de la época alimentó la conjetura de que, mucho tiempo atrás, se había producido una migración aria, pero nadie estaba de acuerdo en cuánto ni dónde. En vez de preguntarse por la realidad de la raza aria, los estudiosos se centraron en la determinación de las características raciales de los arios y su tierra de origen.

El conde Arthur de Gobineau, periodista francés, orientalista, diplomático e historiador, se identificó con la nobleza francesa, aunque en realidad provenía de una familia burguesa próspera. Horrorizado por la revolución de 1848 y la «democratización» de la política francesa, desarrolló una teoría elitista según la cual la humanidad estaba dividida en tres razas, distintas por grados de superioridad: los negros en el nivel inferior, los amarillos en medio y los blancos en lo alto. En sus Ensayos sobre la desigualdad de las razas, publicados en la década de 1850, expuso su idea de que dentro de la raza blanca, la rama aria era la crème de la crème. Los arios, según él, tenían sus orígenes en Asia central y eran altos, rubios, despiertos, honorables y poderosos.

Gobineau estaba seguro de que «todo lo grande, noble y fructífero creado por el hombre sobre la Tierra… proviene de una sola raíz, brota de una sola idea y pertenece a una sola familia: la raza aria». En Inglaterra, Max Muller, profesor de filología comparada en Oxford, fue el adalid más elocuente del origen ario de la civilización europea.

Pero, a medida que recogía pruebas, se esfumó su creencia en que la cultura europea había sido fundada por una raza aria pura. En 1888, Muller volvió sobre sus pasos y defendió que el lenguaje no tiene nada que ver con la raza y que un individuo de cualquier raza puede aprender a hablar cualquier lengua. «El etnólogo que hable de raza aria, sangre aria, ojos y pelo arios ―escribía—, comete un pecado tan grande como el lingüista que hable de un diccionario dolicocéfalo (de cabeza alargada) o de una gramática braquicéfala (de cabeza corta).» Pero las anteriores enseñanzas de Muller habían ejercido una enorme influencia.

Con la difusión de los imperios coloniales europeos y las injusticias de la dominación económica, el darwinismo social se presentó como justificación adecuada de la conquista. Si los evolucionistas habían enseñado que la supervivencia de los «más aptos» es asunto de la «selección natural», sería correcto pensar que la raza blanca «superior» debía dominar y subyugar a los pueblos de piel amarilla o marrón. Y la gente rubia de ojos azules tenía que gobernar sobre la gente de ojos castaños, los alemanes sobre los judíos, y así sucesivamente. Darwin se habría sentido horrorizado. En muchas ocasiones había recalcado que no era un darwinista social, detestaba la esclavitud y se había quejado de que sus teorías sobre el mundo natural fueran aplicadas de manera abusiva al comercio y la política.

En Norteamérica, los abogados más famosos de la supremacía «aria» fueron Madison Grant, que escribió en 1916 The Passing of the Great Race (La muerte de la gran raza), y Lothrop Stoddard, cuya obra Rising Tide of Color Against White World Supremacy (Pleamar de color contra la supremacía mundial blanca) apareció en 1920. Los defensores norteamericanos del mito de la supremacía aria hicieron propaganda principalmente contra la «mezcla» con las gentes de color, aunque también intentaron impedir la inmigración de tipos europeos «inferiores», como gitanos y judíos. Escritores europeos como el inglés Houston Stewart Chamberlain (The Foundations of the Nineteenth Century [Los cimientos del siglo XIX] 1899) o el compositor alemán Richard Wagner (que publicó en 1850 la diatriba antisemita Das Judentum in der Musik [El judaísmo en la música]) lanzaron su veneno contra los judíos europeos. En sus populares obras, todo lo bueno, verdadero y puro era ario; todo lo bajo y degradado, judío.

A medida que iba en ascenso la histeria aria, cualquier examen serio de los datos lingüísticos o las historias étnicas quedaba aplastado bajo abrumadoras polémicas, odio y politiquerías. Chamberlain escribió en sus Foundations la siguiente declaración profética: «Aunque se demuestre la inexistencia de una raza aria en el pasado, deseamos que en el futuro pueda haberla. Esta es la postura decisiva para los hombres de acción». Cuando se le pidió que definiera a un ario en el momento cumbre de la locura nazi, Joseph Goebbels proclamó: «¡Yo decido quién es judío y quién ario!».

Durante el Tercer Reich alemán (1933-1945), el ideal de pureza y supremacía aria se convirtió en la política oficial de la nación. El programa de Adolf Hitler para trasladar como ganado a las razas «inferiores» a campos de concentración y cámaras de gas se racionalizó para dar paso al nuevo orden de una humanidad superior. Entretanto, se estimuló a los oficiales de las SS para que fecundaran a mujeres escogidas bajo el patrocinio del Gobierno a fin de crear una «raza de señores»…, experimento que produjo una generación de huérfanos normales y desconcertados.

Hitler se enfureció cuando el negro norteamericano Jesse Owens dejó atrás a los atletas «arios» en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, contradiciendo sus teorías sobre supremacía racial. Y cuando Joe Louis, el «bombardero marrón», venció por KO al boxeador Max Schmeling, la propaganda alemana fue aún más vehemente en sus demandas de reivindicación de la raza blanca. No obstante, en cuanto Hitler necesitó a los japoneses como aliados en la Segunda Guerra Mundial, no dudó ni un momento en redefinir a los asiáticos como arios.

El historiador Michael Biddis ha comentado que «la historia del mito ario demuestra el poder de la fe sobre el conocimiento… Es posible que en la actualidad oigamos hablar más de caucásicos que de arios, pero la esencia y los errores de la fe en la supremacía blanca perdura».

Diccionario de la Evolución.
La humanidad a la búsqueda de sus orígenes, 1993.

miércoles, 28 de febrero de 2007

Neonazis contradiciendo a Darwin, "teoría de la involución"

Collage hecho por antifascistas eslovacos, lo encontré en el número de Invierno de 2005 de "No One Step Back" ("Ni Un Paso Atrás"), en Antifa.org.uk