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domingo, 14 de enero de 2018

Los sucesos en las centrales nucleares españolas se duplicaron en 2017


El pasado año el Consejo de Seguridad Nuclear informó de 39 incidentes en las plantas frente a los 22 de 2016.

EL SALTO
11 enero 2018

Los sucesos en las centrales nucleares españolas notificados por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) relativos a la seguridad se duplicaron en 2017 en comparación con el año anterior. Mientras que en 2016 las diferentes plantas sufrieron un total de 22, en 2017 esta cifra aumentó a 39, según los datos que se desprenden del informe Sucesos en centrales nucleares españolas enero-septiembre 2017 y de los anuncios que el propio CSN realizó en los meses de octubre a diciembre.

Todos los sucesos notificados en 2017 fueron de nivel 0 —«sin significación para la seguridad»— según la Escala Internacional de Sucesos Nucleares y Radiológicos (INES, por sus siglas en inglés), salvo uno de nivel 1 —anomalía— acaecido en la central nuclear valenciana de Cofrentes el 31 de octubre.

La planta valenciana sufrió una parada no programada para inspeccionar las líneas y las válvulas del lazo A del sistema de agua de alimentación. Esto se produjo al observar, en el arranque tras la parada de recarga que realizó el mes anterior, «un desequilibrio de caudales de agua entre el lazo A y el lazo B del sistema de agua de alimentación que aporta agua a la vasija del reactor para producir el vapor necesario para mover la turbina», según señalaron desde el organismo, un hecho provocado por «la rotura de una de las válvulas del sistema de refrigeración», según apuntan desde Ecologistas en Acción. El fallo, que inicialmente fue calificado de nivel 0, fue reclasificado a nivel 1 mes y medio después de producirse.

La nota positiva del balance anual es que el año pasado se cerró con un incidente menos de nivel 1 que en el 2016, cuando se registraron dos fallos de este calibre. Las plantas que más sucesos totales han presentado han sido Cofrentes y Ascó I, con nueve eventos cada una.

Problemas en Cofrentes

El del pasado 31 de octubre no ha sido el último suceso de la central nuclear valenciana, ya que Cofrentes ha vuelto a dar quebraderos de cabeza a Iberdrola y al CSN, y ha puesto en pie de guerra a los ecologistas con una nueva avería acaecida este 5 de enero. El fallo, calificado de «parada programada para realizar actividades de mantenimiento en el sistema hidráulico de accionamiento de barras de control» por Iberdrola, propietaria de la planta, fue causado por «una fuga de los accionadores hidráulicos de las barras de control, fundamentales para el control de la reacción nuclear», según Ecologistas en Acción.

Desde el colectivo remarcan la gravedad de la nueva parada, realizada solo 25 después de que se volviera a poner en marcha la central tras dos meses de reparaciones por el suceso anterior. Asimismo, Ecologistas remarca que «los operadores de la central calificaron de 'programada' esta nueva parada para disimular la gravedad del problema» y apuntan a «malas prácticas» durante la recarga.

En concreto, señalan que las fugas en el sistema hidráulico de los accionadores de las barras de control, un sistema cuya función es «introducir dentro del núcleo del reactor los componentes necesarios para frenar, o parar si fuese necesario, la reacción nuclear», se produjeron por «no apretar correctamente los tornillos de cierre de los accionadores durante la anterior parada para recarga». Estos hechos muestran para el colectivo «un erróneo control de calidad en las operaciones que se realizan en Cofrentes».

Tanto la organización ecologista como el Movimiento Ibérico Antinuclear y la plataforma Tanquem Cofrents exigen la publicación de los detalles de la avería, un suceso que para las organizaciones medioambientales demuestra el deterioro y envejecimiento de las instalaciones, así como su cierre definitivo en 2021, año en que finaliza la concesión de explotación.

Pablo Rivas

viernes, 11 de marzo de 2016

Accidente nuclear en Francia fue minimizado


Un accidente nuclear ocurrido en 2014 en la central de Fessenheim, en Francia, fue más serio de lo que se dio a conocer. Medios alemanes denuncian que las autoridades ocultaron la gravedad de los hechos.

04/03/2016

Tanto la autoridad de energía atómica francesa, la ASN, como la compañía operadora de los dos reactores nucleares de Fessenheim, el gigante energético francés EDF, ocultaron de manera deliberada informaciones sobre la gravedad del accidente sucedido el 9 de abril de 2014, cuando uno de los reactores tuvo que ser desactivado porque se encontró una pérdida de agua en diferentes sectores de los mismos.

Según investigaciones publicadas este viernes (04/03/2016) el diario alemán Süddeutsche Zeitung y la cadena pública WDR, el incidente de Fessenheim —en la región de Alsacia, cercana a la frontera con Alemania— podría ser «uno de los accidentes nucleares más dramáticos jamás ocurridos en Europa Occidental».

La denuncia de estos medios se basa en un documento al que dijeron haber tenido acceso y que fue enviado por miembros de la ASN a su junta directiva el 24 de abril de 2014.

Indicios de accidente grave

La carta y la consiguiente respuesta revelan que no fue posible desactivar el reactor en la forma acostumbrada, ya que las barras de control de combustible estaban atascadas. De acuerdo con un experto, el reactor tuvo que ser desactivado agregando boro a la cubas de presión, un procedimiento inusual en Europa Occidental.

«No tengo conocimiento ningún caso en el que un reactor en Europa Occidental haya tenido que desactivarse luego de un incidente añadiendo boro», explicó Manfred Mertins, experto y asesor gubernamental en seguridad nuclear, a la cadena WDR y al Süddeutsche Zeitung.

Según las investigaciones, los informes oficiales de la ASN no contenían información sobre el añadido de boro ni sobre el atascamiento de las barras de control, y tampoco se reportó acerca de eso al Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA).

Alemania también entró en una disputa con Bélgica por la central nuclear de Tihange, cerca de la frontera entre ambos países. Dicha central fue cerrada en marzo de 2014, pero volvió a entrar en funcionamiento en diciembre de 2015 a pesar de que se dieron a conocer rupturas en las cubas.

El primero de los dos reactores del complejo de Fessenheim, ubicado a orillas del Rin, junto a la frontera alemana, empezó a producir electricidad en marzo de 1977, y el segundo en 1978. El presidente francés, François Hollande, aplazó el cierre de esa central nuclear, la más antigua del país, al menos a 2018, cuando su promesa electoral era hacerlo en 2016.

Francia tiene en total 58 reactores en funcionamiento, que proporcionan el 80% de la electricidad generada. Hollande pretende disminuir el peso relativo del sector nuclear en la producción de electricidad al 50% en el horizonte de 2025.

sábado, 9 de agosto de 2014

Hiroshima y Nagasaki 69 años después


Amy Goodman, con la colaboración de Denis Moynihan

8 de agosto de 2014

«Odio la guerra», afirmó Koji Hosokawa cuando nos encontrábamos junto a la llamada Cúpula de la Bomba Atómica en Hiroshima, Japón. En un extremo del Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima se erige el esqueleto de un edificio de cuatro pisos. El edificio fue uno de los pocos que quedaron en pie después de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica en Hiroshima el 6 de agosto de 1945 a las 8.15 de la mañana. Tres días más tarde, Estados Unidos lanzó una segunda bomba en Nagasaki. Cientos de miles de civiles murieron, muchos al instante y otros tantos lentamente como consecuencia de quemaduras graves y de lo que más tarde pasó a conocerse como enfermedades provocadas por la radiación.

El mundo observa horrorizado los diversos conflictos militares de la actualidad, que dejan tras de sí solo más destrucción. En Libia y en Gaza, en Siria, en Irak, Afganistán y Ucrania. No muy lejos de los muertos y los heridos de esos conflictos, los misiles nucleares aguardan alertas, en espera del terrible momento en que la arrogancia, un accidente o la falta de humanidad provoquen el próximo ataque nuclear. «Odio la guerra», reiteró Hosokawa. «Odio la guerra, no a los estadounidenses. La guerra vuelve locas a las personas».

En 1945, Koji Hosokawa tenía 17 años. Trabajaba en el edificio de la compañía telefónica, a menos de 3 kilómetros de distancia de la zona cero, donde cayó la bomba: «Estaba a tres kilómetros hacia el noreste de esta zona. Allí fui expuesto a la bomba. Había un edificio muy robusto, de modo que sobreviví de milagro». Su hermana de 13 años no corrió con la misma suerte: «Mi hermana menor también había ido a trabajar y se encontraba a 700 u 800 metros de distancia del hipocentro y allí fue expuesta a la bomba. Estaba con una maestra y los alumnos. En total, las 228 personas que estaban allí junto a ella murieron».

Caminamos por el parque hacia el Museo de la Paz de Hiroshima. Allí se exhiben las imágenes de la muerte: las sombras de las víctimas quemadas proyectadas en los muros de los edificios, las fotografías del caos que sobrevino a la bomba y de las víctimas de la radiación. Casi siete décadas más tarde, a Hosokawa aún se le llenan los ojos de lágrimas al relatar lo sucedido. «El mayor dolor de mi vida es que mi hermana menor haya muerto por la bomba atómica», sostuvo.

Un día antes de reunirme con Koji Hosokawa estuve en Tokio, donde entrevisté a Kenzaburo Oe, ganador del Premio Nobel de Literatura. «Cuando era niño, a los 12 años de edad, Japón ingresó en la guerra y fue al final de la guerra que Japón sufrió los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. En aquel entonces sufrí una gran conmoción, pero también mi madre, nuestras familias, todas las personas en aquel entonces estaban azoradas por la bomba atómica. Se trataba de la mayor catástrofe que jamás habíamos experimentado, por eso el sentimiento de tener que sobrevivir a esto, de superarlo y empezar de nuevo fue muy poderoso.»

Ahora, con casi 80 años, Kenzaburo Oe ha reflexionado mucho acerca de la conexión que existe entre la bomba atómica y el desastre de Fukushima, la planta nuclear que colapsó cuando un terremoto y un tsunami devastadores azotaron Japón el 11 de marzo de 2011. El Premio Nobel le dijo al periódico francés Le Monde: «Hiroshima debe quedar grabado en nuestra memoria: es una catástrofe más terrible que los desastres naturales porque fue provocada por el hombre. Repetirla, al mostrar la misma falta de respeto por la vida humana con la construcción de plantas de energía nuclear, es la peor traición a la memoria de las víctimas de Hiroshima», afirmó.

Tras el desastre de Fukushima, Oe afirmó: «Todos los japoneses sintieron un profundo arrepentimiento... El aire que se respiraba en Japón era casi el mismo que tras la bomba de Hiroshima al finalizar la guerra. Debido a este clima, el Gobierno [en 2011], con el consentimiento de la población japonesa, prometió deshacerse o desactivar las más de 50 plantas nucleares de Japón», sostuvo el Premio Nobel.

Sobrevivientes de la bomba atómica como Koji Hosokawa, escritores como Kenzaburo Oe, al igual que cientos de miles de personas que ahora son ancianas, han sido testigos del surgimiento de la era nuclear en 1945 y han vuelto a experimentar sus devastadoras posibilidades recientemente en Fukushima. A pesar de plantear riesgos diferentes para la humanidad, hay un vínculo entre los arsenales de armas nucleares y las plantas nucleares, ya que los productos derivados de algunas plantas nucleares pueden utilizarse como material para fabricar ojivas nucleares. Ya sea que se trate de un acto de guerra, de un acto de terrorismo proveniente de un arma nuclear que cayó en manos de un actor no estatal o de un accidente en una planta nuclear, los desastres nucleares son terriblemente destructivos, pero son totalmente evitables. Necesitamos una nueva forma de pensar, un nuevo esfuerzo para eliminar las armas nucleares y pasar a utilizar energía segura y renovable en todo el mundo.

Cuando nos íbamos del Parque de la Paz de Hiroshima, Koji Hosokawa me pidió que me detuviera. Me miró a los ojos y me dijo que no me olvidara de las víctimas: «Todas esas personas vivían aquí», afirmó. «Vivían aquí.»

© 2014 Amy Goodman



   Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, spanish@democracynow.org

   Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es coautora del libro Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Las algas del mar Báltico conservan elementos radiactivos de Chernóbil


Investigadores del Centro Nacional de Aceleradores en Sevilla y otros 30 centros internacionales han confirmado que los niveles elevados de plutonio y yodo radiactivo que presentan las algas del mar Báltico se deben al impacto del accidente de Chernóbil en 1986, así como a las descargas de radionucleidos procedentes de la planta de reprocesamiento de Sellafield, en Reino Unido. El estudio forma parte de procesos de certificación para la Organización Internacional de la Energía Atómica.

20 mayo 2014

El Centro Nacional de Aceleradores (CNA, Universidad de Sevilla-Junta de Andalucía-CSIC), en Sevilla, colabora con el laboratorio de medio ambiente marino de la Organización Internacional de la Energía Atómica (IAEA), en Mónaco. Este laboratorio distribuye muestras afectadas por diversas fuentes de contaminación radiactiva entre diferentes centros para que estudien la presencia de radionucleidos mediante técnicas radiométricas o de espectrometría de masas.

En este contexto, un trabajo desarrollado por los miembros del grupo de Espectrometría de Masas con Aceleradores del CNA ha analizado los niveles de plutonio Pu-239 y Pu-240 y yodo I-129 en algas procedentes del mar Báltico. Los investigadores han confirmado los niveles elevados de radionucleidos antropogénicos debidos al impacto del accidente de Chernóbil en 1986 y las descargas de radionucleidos desde la planta de reprocesamiento de Sellafield (Reino Unido).

De este modo se ha obtenido un estudio estadístico de los resultados, estableciendo valores de referencia para las algas. Los resultados se han publicado en la revista Applied Radiation and Isotopes en un estudio en el que han participado otras 30 instituciones de España y otros países.

La determinación exacta y precisa de las concentraciones de radionucleidos en muestras marinas es importante para las evaluaciones de radiactividad marina y para el estudio de procesos oceanográficos.

En los próximos meses se abordará el estudio de sedimentos procedentes del atolón Bikini, en el océano Pacífico, donde Estados Unidos llevó a cabo entre 1950 y 1963 la mayoría de sus pruebas termonucleares. Se incluirá la determinación de U-236, isótopo de uranio de origen esencialmente antropogénico de gran interés en estudios oceanográficos.

Los resultados obtenidos permiten certificar los distintos materiales empleados para diversos radioisótopos y que posteriormente serán empleados para controles de calidad que validan los métodos empleados en su medida. Según indica la doctora Elena Chamizo Calvo, «en el CNA analizamos diferentes muestras proporcionadas por la IAEA que se encuentran en proceso de certificación».

La IAEA es la organización internacional de cooperación en el campo de la energía nuclear. Fue creada en 1957 dentro de la Organización de las Naciones Unidas. La agencia trabaja con sus estados miembros y socios en todo el mundo para promover tecnologías nucleares seguras y pacíficas.

Este organismo internacional se ha encargado del control de eventos tales como los accidentes nucleares de Chernobyl y Fukushima, siendo sus objetivos que la energía nuclear no se utilice con fines militares y establecer normas de seguridad nuclear y protección ambiental.


  Referencia bibliográfica:
  M.K. Pham, M. Benmansour, F.P. Carvalho, E. Chamizo, D. Degering, C. Engeler, C. Gascó, J.P. Gwynn, A.V. Harms, E. Hrnecek, F.L. Ibanez, C. Ilchmann, T. Ikaheimonen, G. Kanischm, M. Kloster, M. Llaurado, A. Mauring, B. MØller, T. Morimoto, S.P. Nielsen, H. Nies, L.D.R. Norrlid, H.B.L. Pettersson, P.P. Povinec, U. Rieth, C. Samuelsson, J. Schikowski, B.V. Šilobritiene, P.A. Smedley, M. Suplinska, V.P. Vartti, E. Vasileva, J. Wong, T. Zalewska, W. Zhou. «Certified Reference Material IAEA-446 for radionuclides in Baltic Sea seaweed». Applied Radiation and Isotopes (2013). http://dx.doi.org/10.1016/j.apradiso.2013.11.013

domingo, 20 de abril de 2014

La destrucción natural vista por los iroqueses


La cultura occidental ha sido horriblemente explotadora y destructora del mundo natural. Más de un centenar de especies de aves y animales han sido totalmente exterminadas desde la llegada europea a las Américas, en su mayor parte porque a los ojos de los invasores eran inutilizables. Los bosques fueron talados, las aguas contaminadas, los pueblos nativos sometidos al genocidio. Las vastas manadas de herbívoros quedaron reducidas a meros puñados, el bisonte casi quedó extinguido. La tecnología occidental y la gente que la ha empleado han constituido las fuerzas pasmosamente más destructivas de la historia de humanidad. Ningún desastre natural ha destruido en tamaña magnitud. Ni siquiera la Edad del Hielo tuvo tantas victimas. Pero así como los bosques de maderas duras, los combustibles fósiles también son recursos finitos.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX los occidentales han empezado a buscar otras formas de energía para dar un nuevo empuje a su industria. Sus ojos se detuvieron en la energía atómica, una forma de producir energía cuyos subproductos son las sustancias más nocivas que el hombre haya conocido jamás.

La humanidad se halla hoy confrontada con la supervivencia de la propia especie. El modo de vida europeo y norteamericano se encuentra en un camino muerto y ni siquiera su propia cultura posee respuestas viables que aportar. Enfrentados con la realidad de su propia destrucción no pueden sino avanzar hacia una destrucción todavía más eficaz. La aparición del plutonio sobre este planeta es el signo más claro de que nuestra especie está en peligro. Es una señal que muchos de los occidentales han decidido ignorar.


    (Hau de no sau nee o «Mensaje de las Seis Naciones Iroquesas al Mundo Occidental». Conferencia Internacional de los Pueblos Indígenas de la ONU, Ginebra, septiembre de 1977.)

lunes, 14 de abril de 2014

¿Estamos a salvo del agua radiactiva de Fukushima?


24/01/2014

El terremoto de Japón de 2011 creó un tsunami con olas de más de 40 metros de altura que arrasaron todo lo que encontraron en su camino, provocando una gran cantidad de pérdidas humanas y económicas, y supuso un gran golpe para el país. Entre los desastres ocasionados por esta catástrofe se produjo una rotura en los sistemas refrigeración de varios reactores de la central nuclear de Fukushima I, una de las de mayor capacidad del mundo. A lo largo de marzo y abril de 2011 se sucedieron varias explosiones en su interior y se confirmó la fuga de agua radiactiva al mar.

El océano tiene capacidad para diluir el agua radiactiva, pero el principal problema proviene de la incorporación de los isótopos radiactivos hacia la cadena alimenticia, incorporándose en los tejidos de los organismos. En accidentes de centrales nucleares que han ocurrido en Francia e Inglaterra se encontraron concentraciones elevadas de cesio y plutonio en focas y cetáceos que se habían alimentado de pescado contaminado. Todavía no se conocen con exactitud cómo afecta la contaminación radiactiva sobre la vida marina y el contacto de ésta con el hombre. Hoy en día se desconoce cómo pueden reaccionar los isótopos radiactivos con moléculas presentes en el agua marina, y si se quedan flotando en el agua o bien precipitan al fondo marino. Esta cuestión es de vital importancia para determinar la superficie de afección de agua radiactiva que puede ser desplazada grandes distancias por la dinámica marina.

Lamentablemente las consecuencias del accidente de la central de Fukushima no las conoceremos hasta dentro de varios años, tal y como sucedió con el accidente de Chernóbil en Ucrania. Sin embargo, los científicos han empezado a considerar la contaminación radiactiva procedente de Fukushima como la responsable de varios fenómenos que han ocurrido en el último año y de los que no existen precedentes. Por ejemplo, las poblaciones de salmón Chinook en la costa oeste de Canadá han experimentado una disminución muy acusada y que ha sorprendido a todos. En las últimas semanas se han encontrado águilas calvas [pigargos cabeciblancos], símbolo nacional de Estados Unidos, moribundas y con síntomas desconocidos en el estado de Utah; algunas voces señalan a la radiación procedente de Fukushima como causa probable. En Canadá han observado que es la contaminación radiactiva una de las responsables de la mortalidad masiva de estrellas de mar, conjuntamente con la cantidad de desechos procedentes del tsunami y que han llegado a la costa oeste americana y canadiense a través de las corrientes oceánicas.

Resulta inquietante pensar que los efectos del tsunami y la contaminación radiactiva se manifiesten más de dos años después en puntos localizados a 6.000 kilómetros de distancia.

Pero éstos son los primeros síntomas. ¿Qué sucesos ocurrirán en los próximos años en otros puntos afectados?

Rodrigo Riera
Biólogo marino

jueves, 2 de enero de 2014

Vagabundos contratados limpian las zonas contaminadas por Fukushima


(31/dic./2013)

Un sin número de subcontratistas que realizan las obras de descontaminación radiactiva en Japón a menudo llegan a contratar a los vagabundos, pagándoles el salario menor que el salario mínimo oficial o incluso convertiendolos en deudores.

Casi tres años después de la catástrofe, las obras de limpieza de la zona contaminada en Fukushima no cumplen con el cronograma oficial, debido tanto a la falta de la supervisión, como a la escasez de trabajadores.

Tras varios escándalos, causados por la revelación de que la mafia yakuza suministra indigentes para trabajar limpiando la planta nuclear de Fukushima, en Japón, la agencia Reuters llevó a cabo una investigación especial sobre la cuestión. Reveló los esquemas opacos de la manera en que se organiza el trabajo de limpieza de la contaminación radiactiva.

Un número elevado de empresas, desde grandes hasta a subcontratistas menores involucrados en el proceso de descontaminación, pagado con los impuestos de los ciudadanos nipones, es precisamente lo que impide monitorear el proceso de financiamiento. La abundancia de diferentes contratos y subcontratos para realizar cada obra llevan a que en muchos casos las empresas mayores se abstienen de participar en estas obras.

Se desconoce el número total de las empresas involucradas, pero en las 10 ciudades más contaminadas en el norte de Japón, Reuters halló 733 compañías que realizan trabajos para el Ministerio de Medio Ambiente. Entre estos, 56 subcontratistas, que realizan obras por un valor total de 2,5 mil millones de dólares, en realidad deberían de ser excluidas de las obras públicas, por no haber sido controladas por el Ministerio de la Construcción.

Otras cinco empresas ni siquiera habían sido identificadas, ya que no son registradas por el Ministerio, no tienen números de teléfono, ni páginas web propias. De la misma manera, se desconoce la información básica sobre sus propietarios. Cabe mencionar que las redes ilegales de intermediarios y los mafiosos también están presentes.

Contratar a vagabundos por el salario mínimo es la manera como estos subcontratistas a menudo encuentran a los trabajadores, para limpiar la zona contaminada radiactiva de Fukushima. Sin embargo, incluso esta cantidad de dinero no siempre se paga por completo.

En algunos casos destacados por Reuters, ni siquiera la tercera parte del dinero que el gobierno japonés manda para realizar las obras de descontaminación, llega a los propios obreros. Los subcontratistas se quedan con la mayor parte de este dinero, pagando a los obreros vagabundos la nómina de 6 dólares por hora, mientras el salario mínimo oficial garantizado por el Gobierno para trabajar en Fukushima es de 6,5 dólares.

Por si fuera poco, en muchos casos los trabajadores acaban debiendo el dinero a sus empleadores: de su salario se les quita automáticamente el pago por el alojamiento, la comida, lavandería, etc.

En el mismo tiempo el mayor problema sigue siendo la falta de los obreros. Según el operador de la planta atómica Daiichi en Fukushima, Electric Power Co. (Tepco), el desmantelamiento de esta planta requiere por lo menos 12.000 obreros, mientras por ahora son tan solo 8.000.

Es la predominancia de las ofertas de trabajo sobre las solicitudes que permite a las empresas contratar inpunemente a vagabundos y desempleados. Ante todo es la consecuencia de los dos mayores problemas laborales nipones: las regulaciones del mercado laboral muy estrictas y la escasez de la gente que se encuentra en la edad laboral, debido al envejecimiento de la población.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Muerte masiva de animales en Alaska, ¿huellas de Fukushima?


(14/diciembre/2013)

Cientos de pájaros muertos aparecieron en las costas de la isla de Saint Lawrence, Alaska, a finales de noviembre. Aunque la causa de la mortandad se desconoce, algunos culpan al cambio climático, pero otros apuntan a Fukushima.

Además, se ha informado de que un gran número de osos polares, focas y morsas en Alaska está siendo afectado por pérdidas de pelo y llagas supurantes.

Si bien las autoridades afirman que la causa de ello es una extraña «enfermedad» o las «duras condiciones meteorológicas», un informe de Alaska Public Media revela que la dimensión de los hechos puede estar relacionada con la catástrofe de Fukushima.

El informe detalla que, aparte de la gran cantidad de aves muertas, algo está provocando que un gran número de focas y morsas «pierdan el pelo y desarrollen llagas supurantes o úlceras de la piel», entre otros síntomas

Aunque ambas especies presentan síntomas similares, los científicos no saben aún si focas y morsas sufren la misma enfermedad. Asimismo, la población de salmón rojo de la zona está en un «mínimo histórico», habiendo experimentado una disminución de más del 80% desde el año pasado.

La bióloga Lanza Barrett-Lennard expresó su preocupación por que los cambios en el ambiente oceánico estén provocando un comportamiento extraño y una tasa inusualmente alta de mortalidad. «Es evidente que algo muy raro está sucediendo» y algunos expertos señalan que no sería descabellado pensar que, al menos en parte, el desastre de Fukushima esté siendo la causa de todo esto.

Por su parte, el aventurero australiano Ivan MacFadyen mencionó que durante un reciente viaje por mar de Japón a San Francisco el océano parecía estar muerto. «He recorrido muchos kilómetros por el océano en mi vida y lo habitual es ver tortugas, delfines, tiburones y grandes bandadas de aves. Pero esta vez, durante más de 5.500 kilómetros no vimos casi ningún ser vivo».

Recientemente la compañía operadora Tokyo Electric Power (Tepco) informó que los niveles de radiación en el agua subterránea bajo la planta japonesa de energía nuclear Fukushima-1 se elevaron a su nivel más alto desde el accidente en 2011 y que las fugas de agua contaminada continúan.

domingo, 22 de septiembre de 2013

El uranio olvidado (documental)

«El programa de TVE de preocupaciones medioambientales El escarabajo verde realizó poco antes de la catástrofe de Fukushima, en enero de 2011, un interesante documental sobre una de las mayores chapuzas de la industria nuclear española: la avería del reactor nuclear experimental de la Ciudad Universitaria de Madrid en 1970 y el posterior enterramiento de los restos en la zona adyacente al reactor (en la Dehesa de la Villa) y en una mina de la provincia de Badajoz. Todo ello se llevó a cabo con el secretismo característico de la dictadura franquista y poniendo en peligro a la población civil, que fue irradiada sin que sepamos el alcance que tuvo este atentado contra la salud pública ya que no se hizo ningún estudio. He aquí el documental...»

Tommaso della Macchina 
VÓRTICE INMEDIAÍSTA

viernes, 10 de mayo de 2013

El Chernóbil inglés desconocido

Ya han pasado más de dos años desde el accidente en la planta nuclear de Fukushima, cuyas consecuencias durarán durante varios años (mutaciones genéticas, leucemia y otros cánceres). También en ese año fue el 25º aniversario de otro desastre nuclear, considerado el mayor (aunque este último japonés pueda superarlo), Chernóbil, en Ucrania (entonces la Unión Soviética), en el mes de abril de 1986. Pero no han sido los únicos, y en los cuales la incompetencia de las autoridades quedó manifiesta.

Un equipo de periodistas (Nigel Hawkes, Geoffrey Lean, David Leigh, Robin McKie, Peter Pringle y Andrew Wilson) del periódico británico The Observer, poco después del accidente de Chernóbil, publicaron el libro The worst accident in the World. Chernobyl: The end of the nuclear dream (1986). Al año siguiente (1987) salió la edición española El más grave accidente mundial: Chernobil, Ed. Planeta. En un capítulo nos hablan sobre el accidente nuclear de Windscale-Sellafield de octubre de 1957, desastre poco conocido, o casi olvidado que ocurrió en la desarrollada Gran Bretaña (al noroeste de Inglaterra):



... En realidad, hasta que Chernóbil envío sus gases tóxicos a la atmósfera, la instalación británica más importante, Windscale (redenominada Sellafield con el propósito de que perdiera la conexión con el accidente, en mayo de 1981) se había hecho famosa por ser la peor del mundo respecto a la descarga de los materiales radiactivos. Una consecuencia de esto es que el Mar de Irlanda es ahora el más radiactivo del mundo y es probable que siga en ese estado durante mucho tiempo. La planta ha descargado más de un cuarto de tonelada de plutonio que ahora yace en el fondo del Mar de Irlanda y que seguirá siendo intensamente radiactivo durante un cuarto de millón de años. En 1985, el parlamento europeo estuvo en un tris de pasar una moción instando a que se clausurara de inmediato la planta de Windscale, algo que seguramente hubiera avergonzado muchísimo al gobierno británico.

Peor aún: algunas de las descargas radiactivas de Windscale han vuelto a tierra en restos llevados por el mar, en la espuma transportada por el aire y en los peces y mariscos que se pescan. Se han encontrado evidencias de que los vacunos y ovinos que pastan en los campos contaminados cerca del reactor han acumulado en sus hígados cientos de veces las cantidades normales de plutonio y cesio. Los pescadores que comen los productos de la pesca, reciben tres veces más de la dosis de radiación que se considera prudente según los reglamentos internacionales. Los ecologistas culpan a las descargas de la planta de los casos de leucemia de Seascale.

Es evidente que la historia de Windscale está llena de accidentes y de «casi accidentes». En octubre de 1976, se encontró una pérdida de estroncio y cesio radiactivos en un silo de desechos. La pérdida fue descubierta por casualidad durante unos trabajos de construcción. Y entonces se pensó que podía haber estado produciéndose desde cuatro años atrás. Mientras se investigaba ese problema, una pérdida muy grande se descubrió en un edificio adyacente y es probable que haya estado produciéndose durante siete años. En 1983 una gran cantidad de desechos radiactivos se vertió en el mar del Norte. No se informó de eso a los ministros durante una semana y el ministro de Medio Ambiente, William Waldegrave, dijo que se había enterado por mera casualidad. Durante la investigación que siguió se reveló una burda incompetencia directiva; la British Nuclear Fuels fue demandada, hallada culpable de cuatro cargos y condenada a pagar 10.000 libras con 60.000 libras de costos.

Se han producido más de trescientos accidentes, grandes y pequeños, en Windscale y la planta ha sido objeto de fuertes críticas dentro y fuera de la industria nuclear. Pero ninguno de los incidentes alcanzó la dimensión de los acontecimientos que se produjeron en la mañana del 8 de octubre de 1957, cuando un físico encargado del reactor número uno de producción de plutonio, en la planta de Windscale, cometió un error. Movió una llave demasiado pronto mientras realizaba una operación de rutina. No tenía un manual que lo ayudara y los instrumentos vitales estaban mal dispuestos para proporcionarle mediciones precisas. El resultado fue un incendio que rápidamente envolvió al reactor y ardió sin control durante cuarenta y dos horas si que nadie en la planta se diera cuenta del inminente desastre. Cuando cundió la alarma, ya ardían el uranio y el grafito. El señor Ronald Gausden, gerente de la planta, destapó una abertura en la pared y «miró al monstruo en los ojos». Gausden recuerda: «Aún no se había fundido, pero estaba a punto de hacerlo.»

Lo primero que hicieron fue agregar dióxido de carbono para apagar el fuego, pero no lo lograron. Entonces (como hicieron los grupos de emergencia en Chernóbil) pensaron usar agua, sabiendo que eso podría conducir a una explosión que destrozaría el reactor. Durante otro día más el fuego continuó sin control. Gran Bretaña estaba al borde de una catástrofe nuclear. A las 8.55 horas del viernes 11 de octubre, los jefes, presa del pánico, decidieron arriesgarse a emplear «una ola gigante» de agua. Tuvieron éxito. A las 15.10 horas del día siguiente, el fuego se había extinguido.

Más tarde se dieron cuenta de que se había evitado por los pelos una terrible catástrofe, que se había logrado gracias a la instalación de los filtros que absorbía los isótopos radiactivos letales, arrojados al aire por el fuego. Estos filtros habían sido instalados por la insistencia de sir John Cockcroft, uno de los padres del proyecto británico de la bomba atómica, como medida de precaución. En aquella época, la mayoría de sus colegas pensaba que la construcción de los filtros era ridícula. A los filtros se los llamaba «las locuras de Cockcroft», y en algún momento la administración de Windscale había pensado en quitarlos para ahorrar dinero. Si lo hubiesen hecho, la pérdida de radiactividad hubiera sido mayor y un desastre de peores proporciones hubiese afectado al país.

Hubo una descarga considerable de material radiactivo, aunque a los habitantes de Gran Bretaña se les informó de un peligro mucho menor. A los británicos no se les informó del incendio hasta que estuvo casi extinguido y mucho de lo que se les dijo era falso. Los ministros del Gobierno y los directivos nucleares que tan pronto criticaron a los soviéticos por no haber informado enseguida del accidente de Chernóbil, parecen haber olvidado el comportamiento de sus antecesores.

La reacción oficial fue como la de Chernóbil: muy lenta. No se evacuaron a los habitantes de las casas situadas cerca de la planta. Hasta el sábado al anochecer, cuando ya se había extinguido el fuego, no se prohibió la venta de leche local, y sólo en un área de treinta y seis kilómetros cuadrados alrededor de Windscale. El lunes siguiente la prohibición se extendió a casi 1.300 kilómetros cuadrados y se destruyeron en total dos millones de litros de leche. Como señalo una mujer que escribió una carta al diario local Whitehaven News:

No nos avisaron hasta que la situación estuvo bajo control. ¿Por qué no? Supongamos que la situación no hubiese podido controlarse. ¿Qué hubiera sucedido entonces? La gente tiene derecho a que se le avise a tiempo para evacuar a los niños del lugar o por lo menos mantenerlos dentro de las casas si se espera que pueda ocurrir un accidente grave. 

Después de limpiar los restos, el reactor incendiado fue enterrado en cemento. Sus restos, altamente radiactivos, hace dos décadas que yacen en Windscale sin ser perturbados, como quedarán los restos del reactor de Chernóbil, mucho mayor, que también será enterrado en cemento. Las dos tumbas son monumentos a la falibilidad de la industria nuclear mundial.

Se hizo una investigación sobre el incendio de Windscale, pero el informe resultante nunca se publicó completo. En la versión expurgada que se dio a conocer poco después se admitía que había habido una descarga fuertemente radiactiva pero que «la probabilidad de que alguien sufriera algún daño en su salud era casi insignificante». El transcurso del tiempo probó que ese aserto no era válido. En 1983, la Comisión Nacional de Protección Radiológica, acosada por los cálculos independientes de un grupo de investigación ambiental, dio un informe en el que admitía que era probable que unas doscientas sesenta personas contrajeran cáncer de tiroides debido a las descargas radiactivas de Windscale. Treinta y tres personas morirían de cáncer o sufrirían lesiones genéticas que producirían enfermedad y muerte en sus descendientes.

Cap. 3: «Haciendo un mundo nuclear» (pp. 56-59).

domingo, 3 de marzo de 2013

Fukushima: OMS alerta sobre riesgo de cáncer en la población más afectada

Planta destruida de Fukushima Daiichi

28 de febrero, 2013 — La población de las zonas más afectadas por el accidente nuclear de Fukushima tiene más de probabilidad de desarrollar ciertos tipos de cáncer. Es la conclusión de un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Así, las niñas de un año de las áreas más próximas a la central tienen un 70% más de posibilidades de padecer, en un futuro, un cáncer de tiroides y un 6% más en el caso del cáncer de pecho. Para los niños, en esas mismas condiciones de edad y emplazamiento, es el riesgo de leucemia el que sube en un 7% como explica la directora salud pública y medio ambiente de la OMS, María Neira.

«Hay el riesgo de desarrollar un cáncer que toda población normal tiene. Esa probabilidad va a estar aumentada de un 7% en el caso de la leucemia en niños de un año de edad, los que fueron expuestos a un año de edad porque son los más sensibles. Va a estar aumentada de más o menos un 6% para niñas de un año en el caso de cáncer de mama y va estar aumentada también en el caso del cáncer de tiroides», afirmó la experta.

La OMS recomienda continuar con el seguimiento de la población, a nivel tanto físico como psicológico, y mantener la vigilancia sobre la comida y el agua que se consume.

domingo, 17 de febrero de 2013

Fuga en el depósito nuclear más antiguo de EEUU, cuna de la bomba de Nagasaki


RT

La Reserva Nuclear de Hanford, sitio del primer reactor de plutonio a gran escala en el mundo y uno de los depósitos más contaminados en EEUU, presenta una fuga de residuos nucleares, según funcionarios estadounidenses.

La Reserva Nuclear de Hanford almacena residuos derivados de la producción de armas atómicas en tanques que ya han superado sus 20 años de vida útil. El viernes el Departamento de Energía de EEUU anunció que en uno de los 77 depósitos se detectó una fuga con un ritmo de pérdida de 1.100 litros anuales en el tanque T-111, construido entre 1943 y 1944, que ahora contiene unos 1.700 litros de estiércol líquido altamente radiactivo resultante de la producción de plutonio de las armas nucleares.

«Estoy alarmado por esto en muchos sentidos», reconoció el gobernador de Washington Jay Inslee. «Esto plantea preocupaciones, no sólo acerca de la fuga existente [...], sino también acerca de la integridad de otros tanques de esta antigüedad», añadió.

El gobernador aclaró que otros tanques del sitio han sido examinado ahora y que en la actualidad «no hay riesgo inmediato para la salud pública».

Establecida en 1943 como parte del proyecto Manhattan para construir la bomba nuclear, Hanford se convirtió en el sitio del primer reactor de plutonio a gran escala en el mundo. El material atómico producido allí se utilizó en la bomba lanzada contra Nagasaki en 1945.

Se estima que los 3,7 millones de litros de residuos filtrados en más de 70 años ponen en peligro el medio ambiente local del río Columbia.

viernes, 26 de octubre de 2012

El 40% de los peces de la costa de Fukushima no son comestibles

Un estudio asegura que sigue habiendo una fuente de radiación continua en la central japonesa


Pescadores desembarcan en un puerto al sur de Fukushima.
Los niveles de radiactividad de los peces en la costa este de Japón siguen siendo elevados, sobre todo frente a la central nuclear de Fukushima, pese a que han pasado ya 17 meses del accidente que sufrió esta planta tras el terremoto y posterior tsunami de marzo de 2011. Según un estudio de un experto estadounidense publicado en la revista Science, un 40% del pescado de la zona no es comestible al rebasar los límites de contaminación establecidos por la autoridades niponas.

El autor del estudio, Ken Buesseler, químico del Instituto Oceanográfico de Woods Hole de Massachusetts, asegura que hay una fuente persistente de radiactividad que puede proceder de una fuga aún no controlada en la central o de sedimentos marinos contaminados, o bien por ambas causas. El científico subraya que los niveles de contaminación varían según la especie, lo que complica la reglamentación por parte de los organismos públicos.

Buesseler advierte de que «no es suficiente estudiar los peces para predecir cómo evolucionarán los diferentes niveles de contaminación».«Necesitamos sobre todo entender mejor las fuentes que siguen manteniendo estos niveles de radiactividad en el océano frente a Fukushima», insiste.

Para ayudar a alcanzar este objetivo, el científico y su colega Mitsuo Uematsu, de la Universidad de Tokio, organizan un simposio en la capital japonesa el 12 y 13 de noviembre. El objetivo es presentar las últimas estimaciones disponibles sobre emisiones de radiactividad en la central de Fukushima, así como su impacto en el océano, la vida marítima, los peces y los crustáceos.

Los peces de aguas profundas contienen en su piel y músculos concentraciones de material radiactivo (Cesio-134 y Cesio-137) en la misma proporción que al comienzo de la crisis. Lo extraño es que el cesio desaparece con relativa rapidez del tejido, por lo que, según el estudio de Buesseler, hay todavía una fuente directa de radiación en la zona. «Dado que el cesio desaparece de los músculos rápidamente después en cuanto frena la exposición, los peces que migran a aguas menos afectadas deberían perder gradualmente el cesio recibido de Fukushima. Sin embargo, el hecho de que muchos peces estén tan contaminados hoy con cesio como lo estaban hace más de un año implica que se sigue liberando cesio en la cadena alimentaria del ecosistema marino», explica Buesseler en Science.

viernes, 13 de julio de 2012

«La radiación de Fukushima en el Pacífico sigue siendo 10 veces mayor que en el resto del océano»

Sergey Prants*, investigador en la Academia rusa de Ciencias

La contaminación radiactiva de la central nuclear de Fukushima (Japón) se sigue propagando por el océano hasta alcanzar el continente americano. Y lo seguirá haciendo hasta 2013, aunque no sea peligrosa. Así lo predice Sergey Prants, jefe del departamento de Física de la Atmósfera y el Océano en el Instituto Oceanográfico del Pacífico (Rusia), gracias a un modelo matemático que aúna imágenes de satélite y datos oceanográficos.

Adeline Marcos - Agencia SINC

La semana pasada la comisión de investigación sobre el accidente nuclear de Fukushima tras el terremoto y el posterior tsunami que devastó la costa japonesa en marzo de 2011 confirmó que el desastre se debió a errores humanos. Pero a pesar del informe, la propagación de la radiación no cesa.

Según la estructura matemática que ha elaborado, ¿cómo cree que se va a seguir propagando la contaminación?

La propagación de la radiación de Fukushima se debe sobre todo a la fuerza de la corriente de Kuroshio, una de las más fuertes del mundo y que fluye desde Taiwán hasta Japón. Las simulaciones indican que habrá un ligero aumento de la contaminación radiactiva hacia el norte de Fukushima, pero será relativamente pequeña y poco peligrosa.

¿Qué zonas ha alcanzado o alcanzará la contaminación?

Lo que podemos decir por ejemplo es que no habrá absolutamente nada de contaminación en el Mar de Japón (situado al oeste de Japón) porque toda la radiación irá hacia el este y una pequeña parte hacia el noreste, pero no hacia la Península de Kamchatka (noreste de Rusia). No hay peligro que alcance esta zona de gran belleza natural y repleta de volcanes.

El investigador ruso Sergey Prants en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT).

Aunque la concentración de la radiación sea muy baja, ¿existe algún peligro?

Existe un riesgo y es que al centrarnos en los remolinos marinos donde la radiación queda atrapada, hemos observado que los peces prefieren estar en lo que matemáticamente se denomina frente Lagrangiano, una ruta muy larga de cientos de kilómetros y estrecha que está conectada con los remolinos. Si la radiación es atraída y entra en este frente llega hasta los remolinos, donde aumenta la contaminación y la presencia de los peces. Los científicos han capturado pequeños peces y organismos como el fitoplancton y zooplancton para medir el nivel de radiactividad.

¿Podrían llegar a los consumidores peces contaminados?

Hay una probabilidad muy pequeña de que se capturen los mismos peces que han sufrido la radiación y que hemos podido seguir a través de estas estructuras matemáticas. Podría darse la casualidad, pero repito, no es peligroso. En ciudades como Vladivostok, en Rusia, frente al Mar de Japón, hemos recibido contaminación más peligrosa a través de los coches exportados de Japón, ya que algunos de ellos eran radiactivos al haber estado expuestos a la fuga en la zona afectada por el tsunami.

Según los datos que está recogiendo el buque de investigación de su instituto, ¿cree que la radiación permanecerá durante mucho tiempo?

Es posible. Si consideramos que los remolinos marinos donde queda atrapa la radiación duran un máximo de unos dos años, la contaminación permanecerá dos años desde que se produjo el accidente en esta región. Pero como decía no será en grandes concentraciones. Los remolinos atrapan el agua pero no lo hacen de forma infinita. En un momento dado se colapsan. Durante esos dos años que suele durar el remolino, incluso es posible que algo de agua radiactiva sea liberada hacia las aguas de alrededor, pero tampoco es preocupante.

¿Cómo han logrado comprobar que esta radiación provenía de Fukushima?

En todas partes, incluso en España, hay radiación pero es muy baja. En Japón, tras el desastre de la central nuclear esta contaminación aumentó sobre todo en el Pacífico. Ahora, aunque siga siendo baja, la radiación es diez veces mayor que la del resto del océano por lo que hemos podido medirla. Y como hemos encontrado que este dato se repetía en diferentes zonas, estamos seguros de que se trata de la radiación de la central, y no de otras fuentes.

La propagación radiactiva en el Pacífico a finales de junio de 2012, según el modelo numérico.

Su modelo matemático se aplica también a los peces llamados saury, uno de los más comerciales del Pacífico occidental. ¿En este caso qué permiten saber las matemáticas?

Podemos predecir los lugares donde se dan las condiciones favorables para que se desarrollen los peces saury y así poder capturarlos después. El modelo lo podemos aplicar en cualquier lugar. En el Mediterráneo por ejemplo serviría también para las posibles pesquerías ya que este mar está bien cubierto por mediciones vía satélite y podemos obtener el campo de velocidad de las corrientes. Esto ya se hace en España para simular estructuras matemáticas, pero nuestro modelo permite conectarlo a las pesquerías. En los próximos años se aplicará en el Mediterráneo.

Pero al igual que se predice la presencia de los peces, ¿es posible prever cuántos puede haber?

No, porque la simulación aporta otros resultados. Podemos encontrar la localización donde potencialmente hay peces, pero los pescadores utilizan las propias olas de migración, como pasa con los millones de antílopes que cada año toman las mismas rutas en África. Los peces hacen prácticamente lo mismo, toman más o menos las mismas rutas y eligen las más favorables para ellos. Lo que hemos observado es que hay muchos más lugares en los océanos con condiciones favorables para los peces que lugares donde en realidad se capturan.

¿No se pesca donde se debería entonces?

En general a los buques de pesca no les gusta alejarse mucho de la costa porque es caro, salvo los atuneros. Prefieren pescarlos cerca y pescan pequeñas piezas. Pero podemos prever los lugares con buenas condiciones pesqueras, e indicar el camino, pero haya peces o no, esa es otra cuestión…

* Sergey Prants participó en el congreso Segundo Encuentro Internacional de Procesos no Lineales en Flujos Oceánicos y Atmosféricos, organizado por el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) en Madrid del 3 al 6 de julio de 2012.

martes, 29 de mayo de 2012

El atún rojo del Pacífico transporta isótopos radiactivos de Fukushima a California

Científicos estadounidenses han detectado presencia de isótopos radiactivos en ejemplares de túnidos [escómbridos] que habrían migrado desde Japón a California después del accidente de Fukushima. Aunque los niveles no son perjudiciales para la salud humana, los expertos opinan que se deberían estudiar más especies migratorias.

Agencia SINC

Los atunes rojos [o de aleta azul del Pacífico] podrían haber transportado isótopos radiactivos originados en el accidente nuclear de Fukushima desde Japón a la costa de San Diego en California (EE UU). Esta es la conclusión de un estudio publicado en la revista PNAS y llevada a cabo por científicos de la Universidad de Stanford (EE UU).

«El atún rojo es un pez migratorio que a lo largo de su vida habita en distintas zonas del Pacífico Norte —explican los expertos—. Los ejemplares maduran en las aguas niponas del oeste del Pacífico y la mayoría migran hacia el este por la corriente oceánica de California al año o dos de vida.»

Thunnus orientalis

«Los niveles encontrados no son preocupantes», enfatizan los científicos. Las cantidades detectadas en los atunes son un orden de magnitud inferior al límite de seguridad por el que se rige Japón. «Además, las concentraciones son más pequeñas que las de otros isótopos que se encuentran de manera natural en el pescado, como Potasio-40».

Los investigadores obtuvieron muestras de 15 ejemplares de atún rojo [del Pacífico] (Thunnus orientalis) en agosto de 2011 y detectaron la presencia de iones de cesio (137Cs y 134Cs). «En las mediciones que habíamos hecho previas al accidente nuclear detectamos cantidades insignificantes de 134Cs y ni rastro de 137Cs», afirman los autores. Como los científicos conocen el patrón de migración de este pez, afirman que los ejemplares de un año o dos pescados en California en agosto de 2011 debían provenir de las aguas japonesas.

«Otras especies migratorias como tortugas, tiburones y aves marinas también podrían haber asimilado iones radioactivos y transportarlos en sus tejidos a otras zonas del Pacífico Norte y Sur», especulan los científicos. Aunque el contenido de iones depende de factores como la estrategia de alimentación y el momento de migración, los autores creen que deberían ser objeto de estudio.

Referencia bibliográfica:

Madigan D.J.; Baumann Z.; Fisher N.S. «Pacific bluefin tuna transport Fukushima-derived radionuclides from Japan to California», PNAS (mayo de 2012).

lunes, 28 de mayo de 2012

Humareda de cifras en Fukushima

El anuncio de que la tragedia equivale a cuatro Chernóbyl levanta suspicacias

RT | 24-mayo-2012

Nuevas estimaciones de TEPCO, la operadora de la central de Fukushima, sugieren que el reactor ha liberado a la atmósfera más de cuatro veces la cantidad Cesio-137 que la planta siniestrada de Chernóbyl en 1986. Sin embargo, el método utilizado para medir el daño podría ser una cortina de humo para encubrir cifras más sobrecogedoras, estiman los expertos.

La compañía operadora de Fukushima, la planta japonesa de energía nuclear siniestrada en medio del terremoto y el tsunami que sacudieron el país el 11 de marzo de 2011, afirma que alrededor de 760.000 terabecquerels (TBq) han sido liberados a la atmósfera en total desde aquel día.

Sin embargo, estas cifras podrían ser parte de un esfuerzo por minimizar el alcance real de la tragedia, estiman los especialistas. El problema reside en el hecho de que TEPCO sólo contabiliza la cantidad de Yodo-131 y de Cesio-137 que se filtró del reactor de Fukushima, y las compara con toda la gama de isótopos que fueron despedidos en Chernóbyl.

Y si se examinan con más detenimiento, los números parecen contar una historia bien distinta.

La estimación final sugiere que la fuga de 400.000 TBq de Yodo-131 de Fukushima es, de hecho, más baja —en 4,5 veces— que la que se registró durante el incidente de Chernóbyl.

En cuanto a la emisión de Cesio-137, Fukushima está muy por encima que la planta ucraniana. Las estimaciones sugieren que en Chernóbyl fueron liberados un total de 85.000 TBq de Cesio-137, mientras que el reactor de Fukushima ha emitido hasta ahora 360.000 TBq de Cesio-137, de acuerdo con TEPCO.

En lugar de publicar los resultados totales de las emisiones de otros isótopos en Fukushima, tales como el Estroncio-90, TEPCO dedica el resto del informe a explicar los métodos de cálculo utilizados. Según la operadora, se han combinado cálculos basados en «el nivel de daño sufrido por el núcleo del reactor» y los cálculos temporales de «la densidad de las sustancias radiactivas que se encuentran en la atmósfera y el agua de mar».

Las explosiones en el reactor de Fukushima, provocadas por el terremoto y el posterior tsunami del año pasado, causaron una fuga de radiación masiva. Decenas de miles de personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares en los alrededores de la región de Fukushima, mientras el reactor era cerrado y rodeado por una zona de exclusión de veinte kilómetros. Desde entonces las autoridades y funcionarios de TEPCO han afrontado numerosas acusaciones por supuesta ocultación de información vital sobre los niveles de radiación en la zona.