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miércoles, 30 de agosto de 2017

Cómo fue que el terrorismo del Estado Islámico alcanzó a España


Por DECLAN WALSH, RAPHAEL MINDER, ERIC SCHMITT y RUCKMINI CALLIMACHI
21 agosto 2017

Durante más de una década, España parecía inmune a los casos de violencia islamista sucedidos en otros países europeos donde los jóvenes radicalizados —en su mayoría con antecedentes como inmigrantes pobres— perpetraron ataques devastadores con bombas, rifles o vehículos.

Las fuerzas de seguridad españolas tienen una buena reputación como operadores efectivos para el antiterrorismo, puesto que ese país es un atractivo punto de entrada para los yihadistas por su larga costa del Mediterráneo y la cercanía con Marruecos.

La ilusión de ser un lugar seguro ante el extremismo islamista fue destrozada el 17 de agosto pasado, cuando una camioneta aceleró sobre la Rambla de Barcelona y dejó a su paso un rastro de cuerpos: murieron 13 personas y más de 100 resultaron heridas. Otra persona falleció en un ataque posterior en Cambrils, al sur de la capital catalana, que terminó cuando la policía abatió a cinco presuntos atacantes que, a su vez, parece que formaban parte de una célula que usaba una residencia en Alcanar para fabricar bombas.

Ahora las autoridades buscan entender cómo fue que un grupo que incluía adolescentes sin antecedentes terroristas pudieron planear un ataque coordinado en un país que durante mucho tiempo había combatido los atentados de ese tipo de manera efectiva, pese a ser un blanco atractivo y simbólico para los islamistas.

«Para los yihadistas, España todavía está en la primera línea de ataque», dijo Bruce Hoffman, profesor de la Universidad de Georgetown y experto en terrorismo e insurgencias.

Desde el año 2004, cuando estallaron las bombas en la estación de trenes de Atocha en Madrid y murieron 191 personas, España ha frustrado una larga lista de tramas islamistas; incluso en la zona costera de Barcelona donde se perpetraron los ataques del jueves.


Han sido arrestados más de 700 sospechosos de extremismo, según el Ministerio del Interior de España. Esa lista incluye a paquistaníes que planeaban atentados suicidas en el metro de Barcelona en 2008; a una célula terrorista en el enclave de Melilla, al norte de África; y a nueve hombres en su mayoría marroquíes detenidos en abril por vínculos con los ataques de marzo de 2016 en el aeropuerto y metro de Bruselas.

El año pasado, las autoridades también frustraron un posible plan para atropellar a personas con una camioneta como había sucedido en Niza e interceptaron un embarque de 20.000 uniformes que iban dirigidos a yihadistas en Irak y Siria.

«Las autoridades españolas están en buena forma en toda Europa», dijo Matthew G. Olsen, exdirector del Centro Nacional Antiterrorismo estadounidense. «Me da la impresión de que han sido muy exitosos al identificar e interrumpir ataques».

Después del atentado de marzo de 2004 en Madrid, los españoles recurrieron a su experiencia de décadas de combate al movimiento separatista ETA y aprobaron una serie de leyes que ayudaron a desarticular las células radicales.

Sin embargo, a veces, la suerte influye en el antiterrorismo y, el 17 de agosto pasado, esa suerte se le terminó a España.

Algunos de los jóvenes involucrados en los ataques de Barcelona y Cambrils todavía eran adolescentes y los investigadores creen que llevaban una doble vida; a lo largo de un año planearon los atentados en la residencia de Alcanar.

Fue un recordatorio del reto que enfrenta Cataluña como región que se ha vuelto un foco cada vez mayor del extremismo islamista.

En esa ciudad residen un cuarto de los dos millones de musulmanes que viven en España lo que ha atraído cada vez más migrantes musulmanes desde Marruecos, Argelia y el sudeste asiático. Sin embargo, han tenido problemas para integrarse y a muchos les han atraído las mezquitas salafistas (rama ultraconservadora del sunismo) que surgieron en pueblos y ciudades pequeñas de la zona.

En un cable diplomático de 2007, por ejemplo, funcionarios del Departamento de Estado alertaron que el área se había vuelto un «imán para reclutadores terroristas» debido a la alta población de inmigrantes musulmanes masculinos, no casados y desafectos.

«Hay algo de historia ahí», dijo Lorenzo Vidino, director del Programa sobre Extremismo de la Universidad de Washington y autor de un estudio sobre el salafismo en Cataluña. «Si te fijas en un mapa, el poblado más cercano a Cambrils es Salou. La distancia puede recorrerse a pie. Y Salou es donde Mohamed Atta tuvo su última reunión en Europa antes del 11 de septiembre», dijo. Atta era el piloto del primer avión que se estrelló contra el World Trade Center de Nueva York y se cree que se reunió con alguien de Al-Qaeda en Salou antes del atentado de 2001.

Sin embargo, España no había sido un foco principal para los militantes islamistas. Aunque es parte de la OTAN, el país tuvo una participación menor en las guerras estadounidenses en Irak y Afganistán y, aunque interceptaron células terroristas de manera agresiva, los líderes españoles han enaltecido los esfuerzos por integrar a los musulmanes a la sociedad.

En España tampoco se ha visto un surgimiento tan marcado de movimientos políticos de línea dura y antimusulmanes que existen en otras partes de Europa.

Se cree que 200 residentes españoles han viajado a Siria e Irak para sumarse a las filas combatientes, pero eso es apenas una fracción de los cientos de británicos o franceses que han hecho lo mismo.

No obstante, España tiene un atractivo simbólico para los islamistas debido a su historia de un califato y la presencia musulmana entre los siglos VIII y XV en Al-Ándalus; en sitios web de extremistas hay referencias a los deseos de regresar a ese territorio musulmán medieval.

Pese a los esfuerzos de integración, España se enfrenta a corrientes extremistas en sus comunidades marroquíes, tal como los británicos lo hacen con las comunidades paquistaníes o los franceses con los residentes de ascendencia tunecina o argelina.

El problema está relacionado a la relación histórica combativa entre España y Marruecos, de donde proviene la mayoría de la migración musulmana.

Prácticamente, todos los sospechosos de los ataques en Barcelona y Cambrils han sido identificados como marroquíes o de ascendencia marroquí. Al igual que el autor intelectual y otros perpetradores de los atentados de París en noviembre de 2015 y de quienes metieron las bombas al aeropuerto de Bruselas el 22 de marzo del 2016.

Ayoub el Khazzani, un hombre nacido en Marruecos que vivía en el sur español, fue detenido por los demás pasajeros de un tren que iba de Ámsterdam a París en agosto de 2015 cuando abrió fuego con un rifle kaláshnikov. Se cree que Khazzani se radicalizó en una mezquita en Algeciras, en España.

Más de 1.600 marroquíes se han sumado a las filas del Estado Islámico en Siria y Libia, de acuerdo con las autoridades de Marruecos, y los expertos en seguridad creen que todavía hay cientos de simpatizantes del grupo extremista en territorio marroquí.

«Lo impresionante es que no haya sucedido un ataque así en Marruecos», dijo Issandr el Amrani, analista de International Crisis Group, que hace poco publicó un estudio sobre las actividades del Estado Islámico en el norte africano.

El antiterrorismo español depende mucho de la cooperación con las fuerzas de seguridad marroquíes. Amrani dijo que estas últimas se han infiltrado y tienen una fuerte presencia en comunidades migrantes de toda Europa por medio de informantes, pese a que algunos grupos de derechos humanos han expresado reservas sobre sus métodos.

Sin embargo, la asistencia también depende de la relación política entre ambos países, que tiene una considerable tensión por la situación en los enclaves de Ceuta y Melilla y la disputa sobre la región del occidente del Sahara.

El gobierno español ha reducido los gastos en otras áreas, pero ha aumentado tanto el personal como el presupuesto para sus servicios de inteligencia. La legislación antiterrorista también les ha permitido detener a sospechosos de terrorismo en fases tempranas de un posible ataque; antes que lo que se permite en, por ejemplo, el Reino Unido.

Hasta los atentados en Barcelona, habían sido arrestadas 54 personas este año por sospechas de actividad terrorista en España.

Sin embargo, como sucede en tantas otras partes, los españoles están sobrepasados por la cantidad de tramas potencialmente terroristas que tienen que monitorear, según Seth G. Jones, especialista de RAND Corporation.

«Están abrumados por la cantidad de pistas», dijo. «No pueden cubrir todos los casos abiertos».


domingo, 27 de agosto de 2017

Los islamófobos, grandes aliados de DAESH para eliminar la zona gris


DAESH hizo un llamamiento en Dabiq, su revista de propaganda, a borrar la zona de coexistencia para los musulmanes en Occidente y para ello promueve acciones que alientan la islamofobia.

15 julio 2016

Scott Atran, uno de los grandes expertos sobre el integrismo islámico, explicaba que el fenómeno de ISIS es «un movimiento contracultural». Un fenómeno revolucionario que no se puede extirpar sólo con ataques aéreos porque inculca una idea salvadora, de liberación y emancipadora a jóvenes sin futuro. El medio de DAESH para lograr la conquista de sus objetivos es polarizar el mundo entre salvadores —ellos— y represores —infieles— para que los musulmanes en Occidente se tengan que ver empujados a elegir entre unos u otros. Sin término medio, sin zona gris.

La extinción de la zona gris era un artículo que fue publicado en Dabiq, la revista de propaganda de DAESH, en el que relataba los pormenores de este plan estratégico. Uno de los objetivos principales de su soflama eran precisamente todos aquellos musulmanes que marcharon en París en repulsa por el atentado de Charlie Hebdó. Para DAESH cualquier musulmán que se integra en la vida de los países occidentales en los que vive es un colaboracionista y pasa a ser un kafir (infiel), igual que todos aquellos refugiados que abandonan voluntariamente el Estado Islámico huyendo de la guerra. El plan de DAESH para que estos infieles se radicalicen es provocar mediante el terror reacciones violentas por parte de los europeos, que la islamofobia se extienda y que se trate a los refugiados como terroristas. De este modo acercaron a los kafir residentes en Europa a sus postulados para que puedan convertirse en mártires por la causa.

Así lo expresa la revista de DAESH, Dabiq:

«Los musulmanes en Occidente se encontrarán rápidamente entre una de dos opciones, o apostatan y adoptan la religión —infiel— propagada por Bush, Obama, Blair, Cameron, Sarkozy y Hollande —o migrarán— al Estado Islámico y de ese modo escaparán de la persecución de los gobiernos y ciudadanos.»

Si DAESH consigue con sus atentados eliminar esa zona de coexistencia estará creando un mundo polarizado que se ajusta a sus intereses. La zona gris que los terroristas quieren eliminar es la sociedad multicultural, tolerante, y compartida entre musulmanes, católicos y ateos. Una zona amenazada no sólo por DAESH, sino por la extrema derecha islamófoba que trata a todos los musulmanes, también los que huyen del terror o sufren sus consecuencias, como terroristas.

Tras los atentados en Bruselas del pasado mes de marzo comenzó una campaña en redes sociales contra los musulmanes con un hashtag llamado Stop Islam. Pedro Baños, experto en geopolítica, afirma en conversaciones con La Marea que ese hashtag fue lanzado por DAESH para provocar que prendiera en las redes el sentimiento islamófobo como parte de su estrategia para provocar la ruptura de la zona de convivencia de los musulmanes en occidente.



Esta labor de propaganda no es novedosa y alcanza a otros colectivos. Marta Ter, investigadora del Observatorio Eurasia, alertaba de los mensajes de cuentas Pro-ISIS que llamaban a atacar a los refugiados al considerarlos kafir. Según Ter, Voenkorr es una de las principales cuentas de propaganda de la blogosfera rusa.

ANTONIO MAESTRE

viernes, 17 de marzo de 2017

El velo y la kipá: juntos por un racismo divino


 «Una imagen potente». Bajo este lema ha corrido por las redes una foto tomada en Chicago. Sus protagonistas se creen la oposición a Trump, pero constituyen su base ideológica

Por ILYA TOPPER*

«Una imagen potente» Bajo este lema ha corrido por las redes una fotografía tomada el 30 de enero en Chicago: una niña de siete años, con un pañuelo negro en la cabeza, y un niño de nueve, con una kipá, el gorrito judío. Ambos sostienen carteles a favor del amor y contra el odio. Participan con sus padres en una protesta contra el decreto del Gobierno de Donald Trump que prohíbe la entrada a los ciudadanos de siete países, ese decreto que se conoce como «veto contra los musulmanes».

Es potente la imagen, porque certifica el fracaso de una humanidad que alguna vez creía en ideales como la igualdad de todas las personas. La foto explica por qué Trump ganó en Estados Unidos, y por qué sus semejantes van ganando en Europa y en las dictaduras del mundo musulmán. Los manifestantes de la foto se creen la oposición a Trump, pero constituyen su base ideológica.

Tras la primera fascinación del «¡oh qué bonito, una niña musulmana y un niño judío juntos ¡qué exótico!», surgieron algunas críticas: ¿Es admisible disfrazar a una cría de siete años con el hiyab reglamentario islamista, aquel velo que los teólogos fundamentalistas, en el poder desde hace unas décadas, prescriben a todas las mujeres decentes para ocultar sus encantos al varón y no incitarlo a pensamientos impuros?

Porque esa es la base teológica del hiyab, como sabe cualquier musulmán (por mucho que nos intenten tomar el pelo las conversas españolas). Cualquiera que le coloque a su hija el hiyab está considerando que se trata de una mujer con atributos sexuales que podrían incitar a los varones. Este ideario tiene un nombre cuando la cria tiene siete años: pedofilia.

Retiro la acusación. La oleada del fundamentalismo wahabí ha llegado ya tan lejos que incluso en países conservadores, desde Marruecos a Iraq, donde hace 20 años era impensable ponerle hiyab a una niña antes de la pubertad, se están empezando a ver crías disfrazadas con esta prenda de adultas. Más o menos como las familias europeas le ponen a una niña de cuatro años un bikini en la playa: sin darse cuenta siquiera de que están sexualizando el cuerpo de una niña. «Para que se acostumbren», lo justifican algunas madres islamistas. En otras palabras: para que, cuando por fin tomen consciencia de su cuerpo, ni siquiera sean capaces de recordar una época en la que no eran un objeto sexual. Para que no puedan imaginar, nunca, la libertad de mostrar su pelo ante un hombre o las tetas en la playa.

¿Y el niño? Si el velo trajo polémica, con motivo, ¿no nos debería escandalizar también la kipá del crío?

Por supuesto debe escandalizarnos, aunque como pieza de tela no reúne la misma carga de dogma sexista. Por el simple hecho de que se trata de un varón, y tanto judaísmo como islam reservan los símbolos sexistas a las mujeres. La kipá solo se interpreta como una señal de reconocer que Dios está por arriba, vigilante siempre, dispuesto a enfurecerse, siempre.

Cabría imaginar la foto al revés: un niño con una taguía, esa prenda igual a la kipá que en las últimas décadas se ha popularizado entre hombres salafistas, y una niña con el pelo rapado al cero para no excitar a los hombresy cubierta con una peluca. Que es la versión que el judaismo fundamentalista reserva a sus mujeres. Un grado más chungo que el islam, si queremos comparar, como lo es el resto de los mandamientos que rigen, limitan y asfixian la vida de una mujer judía muy practicante (aunque quiero pensar que lo de raparlas no se hace antes de que cumplan 12 años, edad fijada para el 'bat mitzva').

El rabino padre del crío de la foto no parece demasiado practicante. Tal vez no haya puesto a su hijo la kipá para exhibir una fiel adherencia a los dogmas sexistas e inhumanos (no tienen otro nombre) de su fe. Tal vez no piense en acostumbrarlo a no quitársela nunca más una vez que cumpla los 13 años y deba empezar a observar las normas, como aquella que manda no tocar a la esposa durante dos semanas al mes, por impura. Tal vez, el rabino simplemente le haya colocado este trozo de tela para identificar a su hijo como miembro de una religión determinada, para decir al mundo: Miren, somos judíos.

Miren, somos musulmanas es también el significado que muchas musulmanas, sobre todo las conversas, en Europa y Estados Unidos atribuyen a su hiyab, aunque prácticamente nunca renuncian a la otra componente, la de «Miren, soy una mujer decente», porque siguen cumpliendo la norma de no quitárselo nunca ante varones (salvo marido y familia). Pero quedémonos con esta interpretación: los dos padres, musulmán y judío, han disfrazados a sus hijos con lo que creen los símbolos de sus respectivas religiones. Unas religiones que llamarán, tal vez, identidades.

Esta es la tendencia de estas primeras décadas del siglo XXI: ya no nos sentimos, como se soñó desde finales del XIX, personas humanas nacidas libres e iguales. Ya no nos manifestamos a favor de unos derechos universales, aplicables a toda persona. Ahora, incluso cuando nos manifestamos contra un decreto racista lo hacemos exhibiendo nuestra condición no de personas sino de representantes de un colectivo determinado, definido, bien colocado en un cajón con número de identificación fiscal y escriturado.

He dicho racista, empleando la palabra con ligereza, en referencia a aquel racismo que divide el mundo entre pobres y ricos. Porque eso de que el veto de Trump contra ciudadanos de Irán, Iraq, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen tenga algo ver con un rechazo de musulmanes, eso espero que ustedes no se lo hayan creído. Siete países, que juntos no representan ni el 20% de la población musulmana del planeta, con uno nombrado desde hace décadas enemigo oficial, y otros cinco con una población reducida a la pobreza por guerras civiles estratégicamente alimentadas. Los dueños del mundo islámico, los patrocinadores del radicalismo, de Qatar a Arabia Saudí y a los jeques de Al Azhar en Egipto, los financiadores de las mezquitas que educan a yihadistas por toda Europa, esos siguen siendo bienvenidos en el aeropuerto Kennedy. Son sus víctimas las que Trump echa a la calle.

Y contra ese racismo de Trump, el que castiga a las víctimas del islamismo, no a los verdugos, se manifiestan ahora los ciudadanos en Chicago, exhibiendo los símbolos del islamismo y de su mejor aliado, el judaismo practicante, que en todo el mundo, salvo minúsculos colectivos rebeldes, ha sido absorbido y usurpado por el sionismo israelí, la ideología política que necesita a ese islamismo y lo fomenta para mantener su visión de la división del mundo entre buenos y malos.

¿Esta división la pretenden superar los manifestantes exhibiendo los símbolos de ella? Claro, es muy fácil exhibir «tolerancia» en una América cuya legislación (no los fundamentos ideológicos de la sociedad) ha llegado a ser laica. ¿Amor entre judíos y musulmanes? ¿Amor, han dicho? El cartel es una tremenda estafa. Una mentira.

Es esa ideología, que pinta un mundo dividido entre bloques, la que está impulsando la ultraderecha en EEUU y Europa, donde proliferan los movimientos contra 'los musulmanes'. Es ese pensamiento de bloques que impulsa a la ultraderecha islamista a marcar a todas 'sus' mujeres con el hiyab.

Porque si estos críos crecen y a la edad de veinte, quizás recordando su primer encuentro en ese hermoso momento de protesta, les da por enamorarse, solo podrán casarse arrancándose velo y kipá. Ningún imán leerá la fatua ante una musulmana cogida de la mano de un hombre que no sea de su fe; ningún rabino declarará marido y mujer a este chico y su novia, si uno de ellos no es judío. Podrán dar gracias a Dios por vivir en Estados Unidos, si quieren casarse.

De tener la mala suerte de que sus padres en algún momento emigren a un país donde sea oficial esa religión cuyos símbolos colocan con tanto orgullo en la cabeza de sus hijos, ya podrán joderse: no se casarán. De Marruecos a Malasia, pasando por todos aquellos países destruidos que recoge el decreto de Trump, y por los otros que no recoge y que financian la destrucción, ella no puede firmar un acta de matrimonio con nadie que no sea musulmán: lo prohíbe la ley, esa ley decretada por los imanes. Y en Israel, él no podrá firmar un acta de matrimonio con ninguna chica que no sea judía: lo prohíbe la ley, esa ley decretada por los rabinos y de aplicación obligada.

La «tolerancia» expresada por los símbolos de esos imanes y esos rabinos, los que previenen, allá donde tienen el poder, que formen pareja una musulmana y un judío (o un cristiano, para el caso es lo mismo, también la Iglesia Cristiana aplica esta ley en todo ámbito en el que tenga poder de hacerlo) no es más que un eufemismo para un término mucho más exacto: segregación. En holandés lo llamaron apartheid. Vivir cerca unos de los otros, sí. Pero el amor, que sea divino. Nunca humano, nunca carnal.

Es esa ideología, que pinta un mundo dividido entre bloques dirigidos cada uno por una cabeza aureolada, imán, rabino o cura, la que está impulsando la ultraderecha tanto en Estados Unidos como en Europa, donde proliferan los movimientos contra «los musulmanes» y a favor de «nuestros valores cristianos». En esta ideología, la misma que tiene Trump, los seres humanos no nacen iguales: nacen cada uno en su embalaje con código de barras divino, y se les pone precio acorde.

Es ese pensamiento de bloques que impulsa a la ultraderecha islamista a marcar a todas «sus» mujeres con el hiyab, para que sean fáciles de categorizar, identificar, vigilar y, llegado el caso, amonestar. Esa ultraderecha islamista a la que invitan con tanta diligencia a sus convenciones los partidos de la izquierda europea, porque queda oh tan exótica una conferenciante con pañuelo. Tan tolerante. No es anecdótico: Linda Sarsour, defensora del hiyab, islamista, que pide a las musulmanas norteamericanas vivir acorde a la sharia, fue una de las impulsoras de la marcha de mujeres contra Trump en enero.

Esta es la tragedia de la humanidad en este recién estrenado siglo XXI: que Trump ya ni siquiera necesita decir que su decreto se dirige contra los musulmanes. Basta con nombrar siete países, para que todos sepamos que solo se trata de musulmanes. Porque hasta ahí ya le han preparado el camino a Trump los islamistas: han conseguido hacernos creer que todos estos países que juntos albergan a tres millones de cristianos son islámicos. Exclusivamente.

La fotografía de Chicago es una potente imagen: certifica nuestra capacidad de condenar a nuestros hijos, nuestras hijas, a no poder pensar siquiera la libertad, a aherrojarlos con los dogmas de la religión desde que nacen. Fingiendo que es racismo y crimen separar por ley a blancos y negros, pero que no lo es separar por ley a musulmanes y judíos. No fuera de América, al menos. ¿Y aún nos sorprende que gane Trump?

Sin Permiso
27/02/2017



  * Periodista (Almería, 1972). Vive en Estambul, donde trabaja para la Agencia Efe. Criado en Marruecos, Topper empieza a escribir en la prensa local de Cádiz en 1994. Entre 1996 y 2003 dirige los gabinetes de comunicación de varias ONGs españolas en Granada y Madrid. En 2004 coordina en Iraq la producción del largometraje documental Invierno en Bagdad, dirigido por Javier Corcuera y producido por Elías Querejeta. Tras cubrir como periodista freelance noticias en Turquía, Iraq, Siria, Líbano y Marruecos, Topper trabaja de 2005 a 2008 como jefe de Internacional en la revista española La Clave. En 2009, Topper lanza, junto con Alejandro Luque, la revista digital MediterráneoSur, hoy M'Sur, que dirige desde entonces como editor jefe. En 2010 se traslada como colaborador del diario El Mundo a Estambul y en 2011 asume el puesto de corresponsal de la Agencia Efe en la misma ciudad.

sábado, 4 de marzo de 2017

Opus Dei, ¿Obra del diablo?


Jaime Galarza Zavala

Dentro de la Iglesia Católica hay una secta denominada Opus Dei, nombre que se traduce por 'Obra de Dios', a la cual sus adictos la llaman simplemente 'La Obra'. Pues bien, esta secta fue fundada en 1928 por el sacerdote español José María Escrivá de Balaguer, con el celestial objetivo de producir santos en masa, los mismos que los reclutaba entre jóvenes de las clases ricas, aristocráticas, dominantes, con el propósito de encumbrarlos al poder político.

Desde su fundación las características de esta organización fueron el fanatismo, el secretismo y el sectarismo, orientados hacia el servicio a la ultraderecha para sojuzgar material y espiritualmente a los pueblos. Varios ejemplos lo demuestran, siendo el más notable el maridaje del Opus Dei con el régimen fascista de Francisco Franco, tenebrosa dictadura que tiranizó a España por cuarenta años, asesinó, encarceló y lanzó al exilio a miles de hombres y mujeres. El gran poeta Federico García Lorca fue fusilado por una milicia fascista, mientras al sabio Miguel de Unamuno le gritó el general Millan Astray «¡Abajo la inteligencia, viva la muerte!».

En nuestra América figuras del Opus Dei estuvieron siempre de lado de las más sanguinarias y corruptas dictaduras, lo mismo con Pinochet en Chile que con Videla en Argentina.

¿Y en el Ecuador? El personaje del Opus Dei más conocido es el exarzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui, sostén apasionado de León Febres-Cordero, para cuyo monumento presidió el comité montado en Guayaquil por la oligarquía y fungió de tesorero del mismo. Los crímenes de lesa humanidad y el latrocinio cometidos en montón por el febrescorderato fueron bendecidos por este altísimo dignatario del Opus Dei.

¿Y ahora, cuál es la estrella más brillante del momento? Pues nada menos que Guillermo Lasso Mendoza, quien años atrás se vanagloriaba públicamente de ser parte de esta secta, aunque ahora, de candidato presidencial, ha optado por silenciar esta oscura faceta de su historia, para evitar que los electores particularmente la juventud le interroguen acerca de esta turbia y oscura militancia, que se une a su faz de banquero causante, entre otros, del feriado bancario que decretó Jamil Mahuad y que lanzó al hambre y al exilio a incontables millones de ecuatorianos.

¿Obra de Dios u obra del diablo? Júzguelo usted, indulgente lector. Y no olvide, de paso, que este banquero, aparte de ser superministro de Economía con Mahuad, fue embajador viajero (itinerante) de Lucio Gutiérrez, y antes se desempeñó como Presidente de la Comisión de Tránsito del Guayas, durante el gobierno de Fabián Alarcón, símbolo de la más desvergonzada corrupción que se instauró en 1997 bajo el golpe de Estado capitaneado por Paco Moncayo y los socialcristianos, con la desembozada anuencia del embajador norteamericano Leslie Alexander.

EL TELÉGRAFO
02 marzo 2017

domingo, 20 de noviembre de 2016

La UE detecta bases yihadistas en Ucrania

 Retornados del EI se preparan allí para nuevas misiones

Por EDUARDO MARTÍN DE POZUELO

Ucrania concentra la preocupación de las policías antiterroristas de la Unión Europea (UE) debido a reiteradas informaciones de los servicios de inteligencia que confirman la presencia de una agrupación de yihadistas del Estado Islámico (EI) en ese país, principalmente en la provincia de Jerson, informaron a La Vanguardia fuentes de la lucha antiterrorista de la Unión Europea.

Las mismas fuentes añaden que estos soldados del califato «cuentan con apoyo logístico y están considerados como una reserva militar terrorista entrenada para combatir tras las derrotas que el EI sufre en Siria e Irak».

Los primeros datos acerca de que una región ucraniana pudiera estar convirtiéndose en una zona de entrenamiento y reserva de yihadistas del EI llegaron a las unidades antiterroristas de la UE a comienzos del verano, pero el dato fue puesto en cuarentena porque procedía de una única fuente antirrusa sin credibilidad total. Sin embargo, en septiembre y octubre, agentes policiales y de los servicios de inteligencia han obtenido nuevas confirmaciones de estos datos, de tal suerte que ahora antiterrorismo trabaja con la premisa de que el sur de Ucrania es una zona crítica de amenaza yihadista para la UE. Los especialistas observan con singular atención la entrada en la UE de personas de determinado perfil de las que sospechen o saben que proceden de la zona ucraniana donde dan por hecho que hay campos de entrenamiento de muyahidines.

Este asunto tiene una delicadísima vertiente diplomática. Mientras se presenta sin tapujos en las sedes policiales, se lleva con la máxima prudencia en el ámbito político por suponer una cuestión geopolítica y diplomática vidriosa para la política exterior de la Unión Europea. Planean sobre este asunto desde la posibilidad de desinformación interesada de servicios secretos del este europeo hasta la supuesta tolerancia ucraniana hacia el EI sólo con la intención de incordiar a Rusia entorpeciendo su posición anti-Estado Islámico y pro-Asad.

No obstante, fuentes antiterroristas de la UE prefieren no dudar de la información y actuar bajo la premisa de que terroristas entrenados en aquella zona del mundo pueden infiltrarse en la UE por una vía clásica del contrabando del crimen organizado. Se trata de la histórica ruta de los Balcanes que, olvidada desde que en los años ochenta fue el gran camino de la heroína, está recuperando protagonismo policial al descubrirse que la usan retornados del EI. «También hemos detectado el paso e incluso la permanencia de los llamados soldados del califato y de los 'foreign fighters' (combatientes extranjeros) en Kosovo, además de en otros puntos de la ex-Yugoslavia», comentó a este diario uno de los principales responsables del operativo europeo contra el terrorismo yihadista.

En la UE no ha caído en saco roto esta información al sumarse a una sospecha latente entre la policía que perduraba desde comienzos del 2015, cuando los analistas de seguridad pusieron sobre el tapete de la UE la probabilidad de que fanáticos europeos aprovecharan el conflicto del este de Ucrania para armarse y entrenarse.

Entonces, los servicios secretos ucranianos negaron esa posibilidad alegando que controlaban totalmente el asunto y como demostración presentaron la detención en la frontera polaca de un francés que, según afirmaron, intentaba pasar armas a Europa, aunque tal vez para la extrema derecha. Los servicios secretos ucranianos (SBU) filtraron por las mismas fechas en Kíev que habían neutralizado el paso por su territorio de otros 25 extranjeros, presuntos miembros del EI o de organizaciones afines. En definitiva, una forma directa de negar la existencia de las bases yihadistas. Negación en la que Kíev ha insistido más de una vez. Pero, por su parte, fuentes rusas repiten que la guerra en Ucrania ha sido utilizada por los soldados del califato, apunte que coincide con la exploración que maneja la UE.

No obstante, pese a las cuestiones de fiabilidad informativa y de las relaciones internacionales expuestas, una zona de Ucrania y la vieja ruta de los Balcanes se llevan ahora mismo la atención de la defensa antiyihadista de la Unión Europea.

 LA VANGUARDIA

(20/11/2016)

sábado, 19 de noviembre de 2016

La fatua del Consejo Militar Supremo del Ejército de la Conquista sirio

 

El Consejo Militar Supremo del Ejército de la Conquista que controla los barrios del este de Alepo, emitió la siguiente fatua:

DECLARACIÓN AL PACIENTE PUEBLO DE ALEPO
Alabado sea Alá que, con su apoyo, glorificó a sus adoradores y, con su poderío, ha humillado a los enemigos del Islam. Paz para nuestro Maestro y nuestro Profeta Mahoma, para su familia y sus compañeros hasta el Día del Juicio Final.

El Alto Mando del Ejército de la Conquista está plenamente consciente de la dimensión de los sufrimientos que ha sufrido pacientemente el pueblo de Alepo, bombardeado y sitiado por el régimen. Luego de haber consultado a los muyahidines de otras facciones, hoy anuncia por medio de la presente declaración que autorizará a los civiles de menos de 14 años y de más de 55 años a abandonar los sectores bajo su control, a condición de que los que quieran partir entreguen, en nombre de la yihad, una suma de 150.000 libras sirias para respaldar a los hermanos que combaten en el frente.

Con el permiso y ayuda de Alá, prometemos a ustedes una gran victoria. Apresuren ustedes el paso hacia un paraíso más grande que el Cielo y la Tierra. Si no pueden ustedes participar personalmente en la yihad, háganlo contribuyendo con dinero. Obedezcan a Alá y gánense así la entrada a su Paraíso. Lleven ustedes la buena noticia a quienes son pacientes.

Los civiles que han tratado de escapar hacia los barrios bajo control de la República Árabe Siria [el gobierno de al-Assad] han sido abatidos por los yihadistas.

La realidad es que, al cabo de un largo periodo bajo la ocupación de los yihadista, quienes venden los alimentos a precio de oro, ninguna familia puede hallarse aún en condiciones de reunir la suma exigida para pagar por la salida de los niños y personas de edad avanzada.

El Consejo Militar Supremo del Ejército de la Conquista está encabezado por el Juez Supremo del Tribunal de la Sharia, el jeque saudita Abdullah al-Muhaysini, quien ha expresado repetidamente su fidelidad a Al-Qaeda. En una entrevista transmitida el 28 de octubre de 2016, el jeque al-Muhaysini precisó que los yihadistas presentes en Siria son extranjeros acompañados de algunos colaboradores sirios, e incluso criticó a los sirios porque no participan en la yihad.

El Ejército de la Conquista es una coalición de varios grupos armados reunidos alrededor del Frente al-Nusra o sea Al-Qaeda en Siria–, recientemente rebautizado como Frente de Liberación de Siria (Fatah al-Sham).

viernes, 27 de marzo de 2015

Los que sacan la cabeza fuera de la trinchera

 

Por LUIS MUIÑO

Mikel es un joven farmacéutico de un pueblo de Bilbao. Su vida se basa en tres pilares: su familia, representante del nacionalismo católico y conservador; su matrimonio, que hace tiempo que no funciona y su militancia política en la izquierda abertzale. Una noche acude a un local dónde actúa un travesti llamado Fama. Mikel se decide a dejar salir aquello que lleva dentro y acaban iniciando una relación sentimental…

Este es el impactante planteamiento de La muerte de Mikel, la película que dirigió Imanol Uribe en el año 1984. A partir de ahí, la historia se convierte en una lúcida reflexión sobre el fanatismo ideológico y religioso. Porque, después de esta experiencia, Mikel asume su condición de homosexual e intenta vivir con honestidad a pesar de la presión que ejerce el ambiente que le rodea. Por supuesto, ni su partido político, ni su tradicional e intransigente madre están dispuestos a asumirlo.

La muerte de Mikel es una película que transcurre con un asfixiante clima de fondo: la psicología de trincheras. Cuando un grupo de personas siente que está en guerra con aquellos que le rodean, tiende a intensificar la presión sobre los que están dentro. A ningún miembro del grupo se le permite salirse de la norma. Se le repite continuamente que solo hay dos lados en las trincheras: o se está dentro o se está fuera.

La película nos va mostrando los mecanismos que usan los grupos para conservar esa homogeneidad interna. Tanto los católicos conservadores como los militantes abertzales usan el cinismo y el desprecio de aquello que no encaja en sus esquemas. Utilizan para ello, en primer lugar, una forma de hablar y pensar grupal en la que se da por supuesto que no existen esas disensiones. Y cuando no hay más remedio que asumir la realidad, entonces ponen en práctica otra estrategia: el ataque personal contra aquellos que mantienen una postura distinta. Se busca en ellos defectos, problemas vitales o circunstancias que expliquen su rebeldía. Mikel, como cualquier disidente, sufre ese acoso: cuando empieza a hablar de su homosexualidad, tanto su familia como los militantes de su partido le aconsejan que visite al psiquiatra…

Cuando falla esta táctica, ambos grupos le envían a visitar a sus «guardianes del pensamiento», es decir, a personas que se dedican a proteger al grupo contra desviaciones de la ortodoxia. En todos los grupos existen esos personajes de los que se suele renegar en tiempos de paz pero que asumen un gran poder cuando el grupo entra en esta psicología de trincheras.

El último mecanismo que utiliza el grupo para mantener la uniformidad es la utilización de los muertos. El director contaba que esa fue la idea a partir de la cual nació la película. Para él, era inquietante ver como un grupo que había excluido a uno de sus miembros por considerarlo disidente, se apropia de su memoria cuando éste muere y busco una historia que pudiera reflejar este fenómeno con toda su crudeza.

La muerte de Mikel ocurre porque todos los que le rodean han presionado para hacerle desaparecer. Pero cuando Mikel está muerto, todos recuerdan que era «uno de los suyos» y procuran culpar a los demás de la tragedia. Lo dicho: lo más difícil, siempre, es no resguardarse en ninguno de los dos lados de las trincheras.

5 diciembre 2006

lunes, 23 de febrero de 2015

El Estado Islámico lleva su terror a Libia


La caravana de camionetas Toyota Hilux, entregadas gentilmente por Arabia Saudita, ingresó a Sirte en una secuencia casi calcada a la ocurrida meses atrás, cuando el Estado Islámico (EI) penetró en Mosul, una de las ciudades más importante de Irak y comenzó una cacería humana acompañada con robos y saqueos, además del control de importantes pozos petroleros.

Por LEANDRO ALBANI

Ahora la imagen se repite: la fila de camionetas cargadas de mercenarios armados y rodando por una ruta lindera al mar Mediterráneo que desemboca en Sirte, la ciudad libia que supo ser el último bastión de resistencia del líder Muammar Al-Gadafi, asesinado por un grupo de mercenarios apoyados por los bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

La toma de Sirte por parte del EI confirma algo que el propio Gadafi denunció a principios de 2011, cuando su país se convirtió en el blanco de la desestabilización: la nación del norte de África estaba infectada de milicianos de Al-Qaeda y ellos mismos eran los encargados de orquestar atentados y asesinar civiles. En ese momento, las palabras del coronel que en 1969 había encabezado la Revolución Verde fueron desoídas. Estados Unidos y sus aliados sabían que Libia —potencia petrolera a nivel mundial— era la nueva presa, aunque su gobierno había dejado de lado muchas de las banderas revolucionarias que décadas atrás marcaron a África y Medio Oriente.

En los últimos meses, las denuncias sobre la presencia del EI en Libia se fueron multiplicando. La Organización de Naciones Unidas (ONU) y los países de la región alertaron una y otra vez que el grupo liderado por Abu Bakr Al-Bagdadi se desplegaba en territorio libio. Por supuesto que Estados Unidos, que participó en el plan para derrocar a Gaddafi bajo la excusa de llevar «libertad» y «democracia», hizo oídos sordos a las denuncias.

Desde hace varios días, las banderas negras con inscripciones blancas ondean en los edificios públicos y en la universidad de Sirte, ciudad ubicada a 300 kilómetros del sur de Italia (Mediterráneo de por medio), fronteriza con Egipto y que concentra el 66% de la producción petrolera de la nación africana. Sin dudas, el EI sabe muy bien cuáles son sus objetivos. Mosul y Kirkuk en Irak, Alepo y Raqqa en Siria, y la región kurda de Rojavá son las zonas en que los mercenarios de Al-Bagdadi intentan hacer pie, dejando a su paso una estela de masacres y destrucción. Mosul, Kirkuk, Alepo, Raqqa y Rojavá, en las cuales sus tierras poseen las principales reservas petroleras de Medio Oriente.

La llegada del Estado Islámico a Sirte se produce mientras crecen los bombardeos de Egipto en territorio libio y las crecientes tensiones después de la decapitación de 21 cristianos coptos egipcios por parte del EI.

El crecimiento de los mercenarios de Al-Bagdadi en Libia es consecuencia directa de la invasión de la OTAN en 2011. Caído el gobierno de Gadafi, un sinfín de grupos terroristas empezaron a aflorar y controlar ciudades. A su vez, los enfrentamientos tribales aumentaron al mismo tiempo que la crisis humanitaria sigue profundizándose. Saqueados los cuarteles militares, los mercenarios y yihadistas en Libia no sólo utilizan esa fuerza de fuego al interior del país, sino que la presencia de terroristas libios, o entrenados en ese país, es una constante en Siria e Irak. Libia, que hasta hace unos años ostentaba el mejor nivel de vida en África, ahora es señalada como la principal nación «exportadora» de terroristas hacia el mundo.


La crisis que atraviesa Libia llegó al punto de que en la actualidad existen dos gobiernos. Uno asentado en Trípoli, la capital del país, y otra administración en la ciudad de Tobruk, respaldada por el ex general Jalifa Haftar, con estrechos vínculos con la CIA. El propio Haftar, un ex militar que intentó un golpe de Estado el año pasado, denunció a Qatar y a Turquía como los responsables del avance del EI en Libia. El ex general declaró que esos dos países «secundan el terrorismo» y que «el pueblo libio nunca olvidará sus acciones destructivas”. Con anterioridad, el primer ministro de Libia, Abdulá Al-Thani, manifestó que las posturas del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, han desestabilizado la seguridad en el país. Pese a los enfrentamientos internos en Libia, los diferentes sectores coincidieron en demandar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que levante el embargo de armas para que las fuerzas armadas puedan combatir al EI.

Por su parte, Abu Mohamad Al-Faryani, uno de los líderes del Estado Islámico en Libia, llamó a los grupos irregulares de la norteña Misrata a unirse a las filas de Al-Bagdadi. Al-Faryani ordenó a su vez efectuar atentados contra los soldados y los cristianos libios. También se conoció que los ataques del EI en la oriental Al-Qoba dejaron como saldo 44 personas muertas, 37 heridos y siete desaparecidos.

A mediados de febrero, el presidente de Sudán, Omar Al Bashir, concedió una entrevista a Euronews en la que afirmó que los principales responsables de la existencia del Estado Islámico son Israel y Estados Unidos. Sus declaraciones, poco difundidas en América Latina, fueron contundentes. «He dicho que la CIA y el Mossad están detrás de estas organizaciones. Lo que está claro es que ningún musulmán está preparado para hacer este tipo de acciones», sostuvo el mandatario al respecto de grupos similares al EI. Al-Bashir agregó que «la injerencia de Estados Unidos en la región y el apoyo a Israel explican por qué muchos jóvenes se unen a este tipo de organizaciones, grupos que sin duda cuentan con el apoyo de los organismos internacionales que quieren dañar la imagen del Islam».

Las palabras de Al-Bashir son una nueva alerta sobre las consecuencias de permitir que el Estados Islámico se mueva con plena libertad en la región del Magreb. Sudán, ubicado también en el norte de África, podría ser el próximo blanco de los seguidores de Al-Bagdadi.

Fuente:

lunes, 19 de enero de 2015

Charlie Hebdo: la infamia

 
Michael Löwy*

Infamia. Es la única palabra que puede resumir lo que sentimos ante el asesinato de los compañeros de Charlie Hebdo. Un crimen tanto más odioso, cuanto que estos camaradas artistas eran gentes de izquierda, antirracistas, antifascistas, anticolonialistas, simpatizantes del comunismo o del anarquismo. Hace poco, habían participado en un álbum de homenaje a la memoria de los centenares de argelinos asesinados por la policía francesa en París el 17 de octubre de 1961. Su única arma era la pluma, el humor, la irreverencia, la insolencia. También contra las religiones, según la inveterada tradición anticlerical de la izquierda francesa. Pero en el último número de la revista, la portada ofrecía una caricatura contra la islamofobia de Houllebeck, y dentro, una página de caricaturas contra la religión… católica. Vale la pena recordar que Chab, el redactor jefe, era un dibujante de sensibilidad revolucionaria que llegó a ilustrar el libro de Daniel Bensaïd Marx, mode d’emploi. Y que estaba presente en el acto de homenaje a Bensaïd, en donde esbozó unos dibujos tiernos e irónicos que se iban proyectando en pantalla.

La acción de estos fanáticos e intolerantes yihadistas es un crimen contra la libertad de prensa, contra la libertad de pensamiento, contra la libertad artística. Pero es también un crimen contra el Islam, y contra los musulmanes de Francia, que ahora corren el riesgo de pagar la factura de una infamia de la que no son en absoluto responsables.

La ola de islamofobia que ha venido creciendo en la Francia de estos últimos años con el apoyo de periodistas racistas como Eric Zemour o de escritores «consagrados» como Houellebeck, confunde musulmanes con integristas e integristas con yihadistas, en una amalgama tan pérfida como manipuladora. Ese clima deletéreo favorece a las corrientes racistas, «identitarias» y fascistas, sobre todo a la empresa de la familia Le Pen, que ha hecho del racismo y de la islamofobia su fondo de comercio. Huelga decir que procurarán servirse del crimen de los yihadistas para esparcir su veneno.

Unos y otros buscan instaurar un clima de «guerra de civilizaciones», según la siniestra fórmula acuñada por Samuel Huntington (uno de los arquitectos de la Guerra del Vietnam). Urge recordar que el verdadero conflicto de nuestro tiempo no se da entre «el Islam» y «Occidente», sino entre explotadores y explotados, entre opresores y oprimidos. Y a fin de cuentas, entre los intereses del capitalismo y los de la Humanidad.

11/01/15


   * Michael Löwy es un reconocido filósofo e historiador marxista del pensamiento contemporáneo.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Irak: balcanizar Oriente Medio

 

Por PABLO JOFRÉ LEAL

02/09/2014

Las acciones del grupo extremista takfirí EIIL o Daesh (en árabe), no sólo genera dolor y muerte en la población siria e iraquí, donde opera militarmente, sino que da cuenta también de la errática conducta política y militar de Estados Unidos y sus aliados, que avalaron el surgimiento y desarrollo de estas bandas terroristas y que hoy tratan de aplacar.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través de la alta comisionada para los Derechos Humanos de esta organización internacional, Navi Pillay, condenó al movimiento takfirí Daesh señalando que «graves y espantosas violaciones de los derechos humanos están siendo cometidas diariamente por este grupo terrorista y grupos armados asociados... tales matanzas de civiles a sangre fría, sistemáticas e intencionadas después de señalarlos por su filiación religiosa, étnica o sectaria puede resultar en crímenes de guerra y contra la humanidad» sostuvo Pillay en un comunicado emitido en Ginebra.

CRIA CUERVOS Y...

Las declaraciones de Pillay, signa el peligro que entraña la acción de un movimiento surgido al amparo de la ocupación militar estadounidense en Irak en el año 2003 y vinculado en su origen a Al-Qaeda. Tras la decisión de Estados Unidos y sus socios israelíes y saudíes, principalmente, de derribar al gobierno sirio de Bashar al-Asad, no dudaron en utilizar a Daesh como un grupo más, dentro de la coalición opositora siria, para precipitar la caída del Gobierno de Damasco. Para ello, los armaron, entrenaron, dieron sustento logístico, político y diplomático. Incluso, el ex candidato presidencial estadounidense, el senador John McCain, en visita a las regiones dominadas por los rebeldes sirios se reunió con el actual jefe y autodenominado califa de Daesh Ibrahim al-Samarrai.


Esta información, dada a conocer por el periodista francés Thierry Meyssan —que califica a McCain como el Primer Califa— no ha sido desmentida por Washington y consigna además que «el 4 de febrero de 2011, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) organizó en El Cairo, la capital egipcia, una reunión presidida por McCain para iniciar la inestabilidad en Libia y Siria... posteriormente, en mayo del 2011 el senador republicano, en encuentros ilegales en territorio sirio se reunió con uno de los terroristas más buscados por Occidente: Ibrahim al-Samarrai como también con Salim Idriss, miembro del Ejército Libre de Siria (ELS) con quien McCain aparece fotografiado en el país levantino». Esta gravísima acusación es indicativa del papel jugado por Estados Unidos en la consolidación de grupos extremistas como EIIL, el Frente Al-Nusra y el Ejército Libre Sirio.

Por su parte, la exprimera dama estadounidense y ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, en sus memorias políticas —Hard Choices— da cuenta de la instrumentalización ejercida por Washington de los grupos insurgentes contra el Gobierno Sirio. Como también su crítica a la política exterior de Obama, la que califica de errada pues condujo al fortalecimiento del conocido en ese entonces como Daesh, que bien sabía Estados Unidos que provenía del tronco de Al-Qaeda «Si Washington hubiera financiado y armado antes y mejor a los insurgentes sirios (no radicales como Daesh) cuando empezaron las protestas contra al Assad, EIIL no estaría avanzando en Oriente Medio, señaló Hillary Clinton a la revista The Atlantic» concluyendo que Washington permitió que Daesh llenara un espacio vacío, que Washington fue incapaz de llenar.

Misma ceguera que permite la intensificación del secuestro de periodistas, funcionarios de organismos de defensa de derechos humanos o miembros de misiones de las Naciones Unidas como ha sucedido con los cascos azules retenidos en los altos del Golán. En el caso de la situación vivida con el estadounidense James Foley, veterano periodista en primera línea de combate en conflictos armados, ya había sido secuestrado en Libia el año 2011. Tras dos meses de cautiverio a manos de fuerzas ligadas al exdictador Muamar al-Gadafi, fue liberado y encaminó sus pasos a Siria donde en noviembre del año 2012 fue nuevamente secuestrado, en esta ocasión a manos del grupo Daesh, quien finalmente ejecutó al profesional.

Hasta el momento, las especulaciones con relación a la identidad del asesino de Foley señalan que probablemente sea de origen británico. La prensa inglesa, a través del dominical The Sunday Times ha ido más allá y sindica como verdugo de Foley a al otrora rapero John (Abdel Majed Badel Bary, residente en el barrio londinense de Maida Vale.

Los hijos putativos de las potencias occidentales suelen resultar peor remedio que la enfermedad. La muerte de James Foley a manos de un miliciano de Daesh prendió las alarmas de Inglaterra, que reconoce en esa ejecución la posible mano de un ciudadano inglés. Situación advertida no sólo a Londres, sino también a París, Madrid, Alemania y los propios Estados Unidos, que han engrosado con ciudadanos de esos países las filas de este engendro fundamentalista.

El medio Daily Mail, citando a Bouthaina Shabaan, asesora del presidente Sirio, señaló que la ejecución de Foley se llevó a cabo hace un año atrás y que el video de la muerte del periodista podría haber sido una puesta en escena. Familiares y colegas de Foley negaron esta posibilidad e incluso el presidente de Global Post, Phillip Balboni, medio para el cual trabajaba Foley sostuvo que «es una desgracia que estas informaciones hayan sido publicadas».

Esos secuestros concitan la atención de los medios de comunicación pero no muestran en toda su dimensión el drama humano de millones de sirios que han tenido que abandonar sus hogares para huir de la barbarie de los grupos fundamentalistas como Daesh o el Frente Al-Nusra. A los cuales no les va en saga el autodenominado Ejército Libre Sirio. Todos ellos armados, entrenados, financiados con dinero salafista, cuyo origen se encuentra, principalmente, en la Casa Al-Saud.


OBJETIVO: FRAGMENTAR IRAK

La supuesta ceguera al intentar derrocar a toda costa al Gobierno de Damasco, teniendo como fondo la desestabilización de Irán, hizo correr a raudales los dólares de las monarquías árabes del Golfo Pérsico, el apoyo logístico de Jordania y Turquía y el trabajo de inteligencia israelí, el Mossad. Pudo más el deseo, las ansias, los intereses económicos y la voluntad de intensificar el ataque contra Siria, que los peligros que entraña el fortalecer y extender el teatro de operaciones de grupos, que finalmente terminan desestabilizando toda la región.

Ello hace sospechar, igualmente, que detrás de ese aparente error se encuentra el objetivo mayor de crear bantustanes a lo largo de Medio Oriente. Generar el caos, desatar los monstruos del terror para luego cosechar lo que quede de la hecatombe y ejercer un dominio geopolítico en la región, que es el objetivo de la política del Leading From Behind estadounidense. Prueba de este trabajo de fragmentar Oriente Medio, no sólo con Siria y Palestina —devenida esta última ya en dos bantustanes conocidos como Franja de Gaza y Cisjordania— es la incorporación de Irak y sus crónicas crisis políticas que han sentado las bases para la clara fragmentación del país.

Ello aclara el porqué de la apatía y desinterés estadounidense de detener el avance de Daesh, a pesar de los crímenes cometidos en territorio sirio y permitirles apoderarse de vastas zonas del norte iraquí, incluyendo ricas zonas petrolíferas, para ir concretando esta idea peregrina de un califato que vaya desde Irak a Siria.

Daesh, una agrupación fundamentalista radical, que practica la violencia en Siria e Irak, no ha emitido declaración alguna de guerra contra el régimen de Israel, que se supone es el gran enemigo a combatir, más aún cuando atacaba a sus hermanos en la fe en Gaza. Influye en ello, tal vez las informaciones que señalan el hecho que su líder se formó al amparo del Mossad israelí, con apoyo de Jordania para circular libremente por terrenos controlados tanto por Amán como el régimen de Tel Aviv elementos que explicarían porque atacar principalmente a musulmanes y no a enemigos seculares.

¿Por qué hoy Washington ataca a Daesh y no lo hizo antes que se fortaleciera? Para analistas como Nazanin Armanian se trata de una macabra estrategia de la Administración de Obama «la apuesta personal de Obama para mantener la unidad de Irak y evitar su desintegración nunca le gustó ni al régimen de Israel ni a los republicanos que optan por desmembrar los Estados fuertes y/o grandes y crear pequeñas colonias controlables: la ex Yugoslavia, Sudán son el resultado y Siria e Irak van en camino... para cumplir ese plan los Halcones de Washington elaboraron otra estrategia: «Dejar que Daesh arrasara el norte del país, matara a cientos de inocentes, llegara a pocos kilómetros de Bagdad para, entre otros objetivos, seguir manejando la política en la aún capital iraquí».

En ese plano, Obama ordenó ataques, bajo el supuesto de proteger la vida de cristianos e yizadíes perseguidos por EIIL, pero que iban dirigidos más bien a proteger algunas decenas de soldados estadounidenses y a sus socios kurdos, en la zona de Erbil, la capital de la región semiautónoma kurda donde, sintomáticamente, se encuentra el 0,6% de las reservas de crudo del planeta y el 90% de las reservas de gas de Irak y donde operan compañías como Exxon Mobil y Chevron. Ríos de oro negro más importantes que detener los ríos de sangre que han corrido por Irak. Eso no se dice, aunque es vox populi.

Para el periodista del diario The Independent, Robert Fisk, el mandatario estadounidense tampoco dijo nada acerca de su aliado, Arabia Saudí «cuyos salafistas son la inspiración y la recaudación de fondos para las milicias suníes de Irak y Siria, al igual que lo fueron para los talibanes en Afganistán. El muro entre los saudíes y los monstruos que crean —y que Estados Unidos ahora bombardea— se debe mantener tan alto como invisible. Esa es la medida de disimulo estadounidense en este último acto de duplicidad. Obama está bombardeando a los amigos de sus aliados saudíes —y enemigos del Gobierno de Al-Asad en Siria, por cierto—, pero no lo dirá. Y sólo por si acaso, él cree que Estados Unidos debe actuar en defensa de su consulado en Erbil y la embajada en Bagdad».


Esta conducta muestra, que no importan los pobres adoradores del «ángel demonio» los cristianos o la persecución de minorías étnicas y religiosas cuando está en juego el petróleo. La suprema hipocresía de la conducta del Gobierno estadounidense —definida así por Robert Fisk— incapaz de detener la masacre en Gaza o en Siria, llama al mundo a compadecerse de yizadíes y cristianos. El doble rasero de las potencias occidentales lanza unas cuantas bombas en un monte donde se guarecen unos centenares de yizadíes pero no detienen el lanzamiento de miles de bombas sobre territorio palestino.

Obama, tras llamar a consultas a su Consejo de Seguridad Nacional y constatar que día a día da palos de ciego con su política en Irak, pide hoy formar una alianza regional, que permita enfrentar el peligro que presenta Daesh. Es decir, quien ayudó a la consolidación de los grupos terroristas teniendo como objetivo derrocar al Gobierno de Bashar al-Asad en Siria, requiere que Arabia Saudí, Turquía, Jordania, el régimen de Israel y las Petromonarquías del Golfo Pérsico, vuelvan a ayudar al pago de las facturas de su intervención en Oriente Medio. Que sigan entregando apoyo, ahora a grupos menos radicales, financiamiento, bases terrestres de entrenamiento, apoyo diplomático que permita combatir al hijo putativo llamado Daesh.

Estados Unidos y sus aliados han mostrado su cara más errática en materia de política exterior pero, sin perder el norte, el objetivo final de este zig-zag intervencionista: fragmentar a los países de Oriente Medio, cercar a Irán, crear un entorno de regímenes que no amenacen la política expansionista israelí e impidan la presencia rusa y china en la zona de tal forma de procurarse los recurso naturales, petróleo y gas, además de un mercado seguro para el complejo militar industrial estadounidense y sus aliados occidentales.

La campaña en Irak contra Daesh se muestra día a día como lo que advertimos en trabajos anteriores: una cortina de humo, para sacar al régimen de Israel del centro de las condenas internacionales por sus acciones en Gaza, tratar de apaciguar las críticas internacionales a la política exterior de Washington, mostrándose como un defensor de los «derechos humanos» y sobre todo salvaguardar las zonas de explotación hidrocarburifera que le proporciona dos objetivos: impedir el corte del suministro de petróleo a Occidente y al mismo tiempo buscar alternativas al suministro de gas ruso a Europa a través de los yacimientos de gas en la región kurda iraquí. Si en la consecución de ese objetivo hay que desmembrar, fragmentar y balcanizar a Irak, tanto mejor y en ello la opinión de yizadíes, cristianos, suníes, chiíes o kurdos, vale menos que un barril de petróleo.