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domingo, 24 de diciembre de 2017

Convivencia inteligente en Gaia


Por JAMES E. LOVELOCK

Gaia, a través de la especie humana, está ahora alerta, es consciente de sí misma. Ha contemplado la imagen de su bello rostro a través de los ojos de los astronautas y las cámaras de televisión de los ingenios en órbita. Participa de nuestras sensaciones de placer y asombro, de nuestra capacidad de pensamiento consciente y especulación, de nuestra incansable curiosidad y de nuestro impulso. Esta nueva relación recíproca entre Gaia y el hombre no está, ni mucho menos, establecida del todo: todavía no somos una especie verdaderamente colectiva, verdaderamente parte integral de la biosfera, como lo somos en cuanto que criaturas individuales. Bien pudiera ser que el destino de la humanidad sea transformar la ferocidad, la destrucción y la avidez contenidas en las fuerzas del tribalismo y el nacionalismo, fundiéndolas en una urgencia compulsiva por unirnos a la comunidad de criaturas que constituye Gaia. Puede parecer una rendición, pero tengo la sospecha de que las recompensas (sensaciones de bienestar y plenitud, el sabernos parte dinámica de una entidad mucho más vasta) compensaría con creces la pérdida de la libertad tribal.

Quizá no seamos la primera especie destinada a cumplir tal función, y probablemente no seremos tampoco la última. Los grandes mamíferos marinos, cuyos cerebros son de un tamaño muchas veces superior al de los nuestros, son otros candidatos. Es un lugar común en biología que la masa de los tejidos no funcionales se reduce durante el transcurso de la evolución: los sistemas que se optimizan a sí mismos eliminan los órganos carentes de función. Parece probable, por consiguiente, que el cachalote haga uso inteligente del enorme cerebro que posee, quizá a niveles de pensamiento muy por encima de nuestra comprensión. Es posible, desee luego, que este cerebro apareciera por alguna razón relativamente trivial, para servir, por ejemplo, como mapa multidimensional viviente de los océanos, porque no hay forma más potente de consumir espacio de memorización que el almacenaje de datos ordenados multitudimensionalmente. ¿Será quizá el cerebro de la ballena comparable a la cola del pavo, un deslumbrante órgano de exhibición mental utilizado para atraer a la pareja e incrementar los goces del cortejo? ¿Es la ballena que ofrece juegos más estimulantes la que está en mejor posición para elegir pareja? Sea cual sea la auténtica explicación y la verdadera razón de su existencia, lo que conviene destacar sobre las ballenas y el tamaño de sus cerebros es que los de gran porte son, casi con toda seguridad, versátiles. La causa original de su desarrollo pudo ser todo lo específica que se quiera, pero una vez que aparecen se explotan inevitablemente otras posibilidades. El cerebro humano, por ejemplo, no se desarrolló como resultado de la ventaja selectiva natural de aprobar exámenes, ni tampoco para que pudiéramos realizar ninguna de las gestas memorísticas u otros ejercicios mentales, que la «educación» exige hoy explícitamente.

Como especie colectiva con capacidad para almacenar y procesar información, es probable que hayamos sobrepasado con mucho a las ballenas. Solemos mostrarnos proclives a olvidar, sin embargo, que muy pocos de nosotros seríamos capaces de fabricar una barra de hierro a partir del mineral en bruto y menos aún seriamos capaces de construir una bicicleta partiendo del hierro. La ballena quizá posea, como entidad individual, una capacidad de pensamiento cuya complejidad vaya mucho más allá de nuestra comprensión, y puede que entre sus invenciones mentales se cuenten hasta las especificaciones de una bicicleta; pero sin las herramientas, la técnica y el permanente archivo de cómos, la ballena no puede convertir esos pensamientos en objetos.

Aunque no conviene establecer entre los cerebros animales y los computadores siempre es tentador hacerlo. Sucumbamos a la tentación y permitámonos la reflexión de que los humanos diferimos de todas las demás especies animales en la superabundancia de accesorios a cuyo través podemos comunicar y expresar nuestra inteligencia, tanto individual como colectivamente, utilizándola para fabricar y modificar el entorno. Nuestros cerebros pueden compararse con computadores de tamaño mediano que están directamente conectados entre sí, disponiendo de bancos de memoria y de un surtido casi ilimitado de sensores, instrumentos periféricos y otros ingenios. Por el contrario, los cerebros de las ballenas podrían compararse con un grupo de grandes computadores laxamente conectados entre sí pero casi por completo desprovistos de todo medio de comunicación externo.

¿Qué habríamos pensado de una antigua raza de cazadores, aficionados sobre todo a la carne de caballo y que, simplemente para satisfacer tal gusto hubiera perseguido y dado muerte sistemáticamente a todos los caballos de la Tierra hasta la completa extinción de la especie? Salvajes, perezosos, estúpidos, egoístas y crueles son algunos de los epítetos que vienen a la mente. ¡Qué derroche cometido por no saber detectar la posibilidad del trabajo asociado entre hombre y caballo! Ya es bastante mala la cría, la explotación que de las ballenas hacen esas naciones cuya industria, atrasada y primitiva, reclama un constante suministro de determinados productos, pero si les damos caza despiadadamente hasta extinguirlas habremos cometido un genocidio del que serán culpables esas burocracias nacionales, indolentes y cerradas, capitalistas o marxistas, desprovistas de corazón o inteligencia para sentir o comprender la magnitud del crimen. Quizá estén todavía a tiempo de enmendar sus errores. Quizá, un día, los niños que compartiremos con Gaia cooperarán pacíficamente con los grandes mamíferos oceánicos utilizando la ballena para que los viajes de la mente adquieran mayor impulso, de igual modo que el caballo nos transportó una vez sobre la superficie de la Tierra.

Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra
(1979)

miércoles, 18 de mayo de 2016

Economía, política, moral

 

Por HELENO SAÑA

En la era preindustrial y hasta bien entrado el siglo XVIII, la teoría económica constituía menos una disciplina independiente que una simple rama de las ciencias políticas y morales. No era por ello considerada como un fin en sí mismo, sino como un medio destinado a fomentar la prosperidad y el bienestar común. Todavía en Adam Smith es fácilmente detectable la preocupación por lo que él llamaba «moral sentiments», tema al que dedicó una de sus obras más importantes.

A medida que fue extendiéndose el espíritu burgués, la economía fue independizándose cada vez más de la política y la ética. Sintomático en este contexto es que Carlyle tuviera que recordar en su ensayo Past and Present (Pasado y presente) que «el pago al contado no es la única relación entre los seres humanos». A partir de mediados del siglo XIX, una parte importante de la teoría económica se centró en la problemática social, una reacción a los estragos que el liberalismo de 'laissez-faire' causaba a las clases obreras. Fue en esta encrucijada histórica que surgieron las cosmovisiones socialistas, anarquistas o comunistas de Saint-Simon, Fourier, Proudhon, Marx y otros teóricos sociales. Desde entonces hasta hace pocas décadas, la historia de las ideas económicas ha sido un pugilato siempre renovado entre los partidarios de la propiedad privada y los que propugnaban la propiedad colectiva. Ya antes del derrumbamiento del bloque soviético, estaba claro quiénes eran los vencedores y quiénes los vencidos.

El liberalismo triunfante —especialmente en su actual vertiente neoliberal—, se ha ido desvinculando cada vez más de la dimensión política, social y moral de la economía; de ahí que se haya convertido en una Mega-Máquina dispuesta a aplastar todo lo que se oponga a su libre desenvolvimiento. La inmensa fuerza que entretanto ha logrado acumular explica que esté en condiciones de imponer sus intereses propios a toda la sociedad. No contenta con el dominio abrumador que ejerce sobre el planeta, no vacila en afirmar que lo que es bueno para ella es bueno para todo el mundo. Fue este estado de cosas lo que impulsó a la politóloga francesa Vivianne Forrester a escribir su libro El terror económico. Pero esta y otras críticas no menos radicales no han logrado frenar siquiera mínimamente la hegemonía absoluta que el capitalismo salvaje ejerce hoy sobre la humanidad.

No necesito subrayar que se trata de un fenómeno sin precedentes en la historia universal, en la que el 'homo economicus' jugó durante milenios un papel más bien marginal y secundario. Hoy, en cambio, todo gira en torno a la economía y todo está sometido en mayor o menor grado a su proceso invasor. Si el presente no es precisamente reconfortante, tampoco existen motivos de peso para suponer que el futuro será mejor. Todo indica, al contrario, que las aporías a que se enfrenta la humanidad no harán más que crecer y multiplicarse, como viene ocurriendo desde hace varias décadas. Personalmente me convenzo cada vez más de que estamos plenamente inmersos en un ciclo cosmohistórico de signo autodestructivo. Sólo así se explica que no se emprenda nada sustancial para salir del callejón sin salida en que nos encontramos y sigamos narcotizándonos y engañándonos a nosotros mismos con los eslóganes y consignas de brocha gorda que el sistema difunde para justificarse a sí mismo y dejar las cosas como están.

Un sistema que sólo habla de competencia, rentabilidad, conquista de mercados, expansión e innovaciones técnicas y se desentiende del contexto humano, moral y social inherente a todo modelo económico, está cavando su propia tumba, por mucho poder que haya acumulado. A diferencia de otras épocas, el sistema no tiene otro enemigo serio que sí mismo, y este enemigo se llama inmoralidad, falta de escrúpulos y brutalidad. ¿Cuántas catástrofes, dramas, atropellos e injusticias tienen todavía que ocurrir para que los mandamases de turno se den cuenta de que ha llegado la hora de su relevo? La humanidad ha sufrido ya lo bastante para que tenga que seguir aceptando el dictado de los amos del mundo. Hemos llegado en todo caso al cenit de su desgobierno, su prepotencia y su incompetencia. De ahí la necesidad de poner fin al estado actual de cosas y proceder a una radical revisión de todos los principios y paradigmas sobre los que se apoya el sistema. De otra manera seguiremos rodando cada vez más vertiginosamente hacia el abismo. Hoy más que nunca, no nos queda otra opción que la de renovarse o morir.

La Clave
Nº 334, 7-13 septiembre 2007.


martes, 16 de junio de 2015

Todo cambia


Por HELENO SAÑA

El mundo ha sido siempre fluidez y mutación, como sabía Heráclito, y no estático, como creían Parménides y los eleáticos. Ello no ha impedido que el hombre tienda a adjudicar un significado o valor perenne a las categorías de pensamiento elaboradas por la cultura universal a lo largo de los tiempos, sin pararse a pensar que las condiciones de vida creadas por cada respectiva civilización cambian indefectiblemente la contextualizad de los conceptos que él sigue utilizando en sentido originario e inmutable. El rasgo central de la vida moderna es el cambio acelerado y cada vez más rápido de las estructuras y formas de vida objetivas, un proceso mutacional que más tarde o más temprano penetra también en el recinto íntimo de nuestra subjetividad y afecta a nuestro mundo afectivo y mental. No deja de ser sorprendente que la filosofía moderna que pasa por haber introducido el concepto de futuro como sinónimo de progreso o ascenso histórico ha sido la primera en valerse de categorías de pensamiento destinadas a perder más tarde o más temprano su sentido original. Me refiero naturalmente a la dialéctica hegeliana de la historia, a los teóricos franceses del progreso indefinido y al evolucionismo de Lamarck, Darwin, Herbert Spencer o Henri Bergson. Pero también erraba Nietzsche al interpretar la vida y la historia como un «eterno retorno de lo mismo». Nada es como fue un día y nada es igual al ayer.

Todo cambia, a pesar de que no pocas veces desearíamos detener el tiempo e inmovilizarlo. La libertad que impera en la sociedad de masas del presente no es la misma que la que existía en la Atenas de Sócrates o en las pequeñas ciudades libres de la Edad Media. Y lo que decimos de la libertad es aplicable a otros conceptos básicos como sociedad, Estado, familia, naturaleza, trabajo, técnica o convivencia. Hoy existen ya pocas razones para tener de la técnica y la ciencia el concepto ingenuamente apologético que tenían de ellas Francis Bacon y sus innumerables adeptos, no porque seamos más perspicaces que ellos, sino porque sabemos que una de las funciones del progreso técnico y científico ha sido y sigue siendo la de la destrucción. Competencia ya no es el fair play imaginado por Adam Smith y demás teóricos del liberalismo económico, sino una guerra sin cuartel y hasta de exterminio entre los grandes consorcios transnacionales. Un Estado que se permite espiar y controlar legalmente la vida privada de sus ciudadanos se parece más al mundo orwelliano de 1984 que a la democracia concebida por los padres de esta doctrina. La convivencia interhumana y colectiva monstruos urbanos como México, Nueva York o El Cairo es muy distinta a la de una aldea idílica de los Alpes. El idealismo, la generosidad y la alteza de miras se convierten, en una sociedad dominada por el egoísmo, el materialismo y el hiperindividualismo insolidario, no en fuente de plenitud, sino de desengaño y frustración. Las ideologías y utopías sociales que luchaban por un mundo más humano han pasado al desván de la historia, y las arengas que antes enardecían y ponían en movimiento a las masas, suenan hoy a retórica vacía y no conmueven ya a nadie, por lo menos en el Primer Mundo. La terminología política sigue hablando de partidos de derecha y de izquierda, cuando la praxis socieconómica de ambos es esencialmente la misma, por mucho que por razones de estrategia electoral afirmen lo contrario. Para ceñirnos en España: desde su llegada al poder, el jefe del Gobierno [se refiere al socialista Zapatero] se ha apresurado a desenterrar y dar nuevo lustre a conceptos cuya sustancia real y sus posibilidades de realización son hoy inferiores a las que existían en fases históricas anteriores, como progreso, democracia o socialismo. Y lo mismo reza para nuevas panaceas como la de la alianza de civilizaciones, que por mucho que sea aplaudida por todo el mundo, no tiene la menor posibilidad de llevarse a la práctica, no por falta de buena voluntad por parte de sus patrocinadores, sino simplemente porque está ab ovo en crasa contradicción con los antagonismos de todo género que hoy prevalecen entre las diversas regiones del globo. ¿Cómo van a entenderse las civilizaciones si lo que más predomina en el seno de cada una de ellas es la discordia y el choque de intereses y de creencias?

El mundo camina desde hace tiempo hacia atrás, por mucho que se imagine avanzar hacia delante, un proceso regresivo que está conduciendo inevitablemente al retroceso, a la pérdida y a la desfiguración de valores y bienes humanos y éticos que considerábamos como eternos.

La Clave
(Nº 259, 31-6 abril 2006.)

jueves, 17 de abril de 2014

Conmovedor adiós de un mono a su pareja moribunda


16 abril 2014

Mostrar compasión hacia un compañero moribundo es algo que hasta ahora sólo había sido reportado en seres humanos y chimpancés. Pero lo que sucedió con este tití común y su pareja es algo que asombró a los investigadores que trabajaban en el noreste de Brasil.

El tití común (Callithrix jacchus) reaccionó de forma totalmente inesperada cuando su compañera de tres años y medio cayó de un árbol y se golpeó contra un objeto en el suelo. El macho dejó a las crías de la pareja en la copa del árbol y bajó hasta la hembra para estar con ella durante sus casi dos horas de agonía antes de morir.

El macho impidió a otros individuos que se acercaran y repetidas veces olió e incluso pareció abrazar a su compañera.

Pocos meses después de perder a su pareja, con la que había tenido ocho crías a lo largo de los años, el macho abandonó el grupo y jamás regresó. Los científicos creen que el estrés de haber perdido a su compañera podría explicar en parte la reacción del macho.

El comportamiento del tití fue observado por la Dra. Bruna Bezerra y sus colegas de la Universidad Federal de Pernambuco. Bezerra es también investigadora asociada de la Universidad de Bristol, en Inglaterra.

«Me sentí privilegiada de haber sido testigo del comportamiento del macho. Había observado a la pareja durante más de tres años, así que cuando vi a la hembra muriendo me sentí muy conmovida», dijo Bezerra desde Brasil a BBC Mundo.

«Inicialmente estaba preocupada por los dos bebés del grupo porque todavía mamaban. Pero luego me cautivó la atención que mostró el macho hacia la hembra moribunda».

El trabajo de Bezerra y sus colegas fue publicado en la revista Primates (Bezerra et al. Primates 2014)

Vea el comportamiento del tití macho con su pareja en este video de BBC Mundo.


miércoles, 17 de diciembre de 2008

La SGAE te vigila

Copio y pego este texto aparecido en Ecodiario.es:
Los autores están utilizando a detectives para elaborar informes sobre organizaciones críticas y vigilando a algunos de sus integrantes. Es el caso, por ejemplo, de Alasbarricadas, una página web próxima al sindicato anarquista CNT, desde la que se organizan de forma continua manifestaciones y conciertos en toda España contra la SGAE.

Uno de los detectives contratados por la entidad, que prefiere mantener el anonimato, ha explicado a este periódico que "acudimos a los actos contra los autores para grabar a todos los que aparecen y después investigarles. No se trata de conocer su patrimonio, sino saber en que páginas webs entran, sus relaciones personales y capacidad de convocatoria". Hasta ahora no ha habido ninguna denuncia en firme en los juzgados, pero las quejas son múltiples. El presidente de la Asociación de Internautas, Victor Domingo, una de las personas más críticas contra los representantes de los autores, asegura que "nos sentimos perseguidos y vigilados permanentemente".


Visto en esta entrada en el blog de Miriam Ruiz

miércoles, 19 de noviembre de 2008

No son juguetes...

Dentro de poco entraremos en unas fechas muy consumistas, más o menos con la crisis serán igual, en la que se compra innecesariamente de todo. Aquí os pongo unos carteles en donde se os dice que no compréis animalitos, como si fueran juguetes. Ser más responsables:




jueves, 17 de julio de 2008

Los invisibles


Por LUIS MUIÑO

Es más fácil amar a la humanidad en general que al vecino.
E. Hoffer

La espalda del mundo, película documental dirigida por Javier Corcuera, nos ofrece una visión de aquella gente que, habitualmente, no suele aparecer en las pantallas. Un niño peruano que pica piedras para ganarse la vida; un refugiado kurdo obligado a vivir en Suecia; un condenado a muerte cuya ejecución ha sido aplazada en numerosas ocasiones pero que sigue esperando en un pasillo de la muerte de EE.UU… Son la espalda del mundo, son los excluidos a los que nadie ve.

Todos sabemos que el sufrimiento humano engendrado por otros seres humanos tiene más que ver con la indiferencia de muchos que con la maldad de unos pocos. Y la psicología ha intentado estudiar a qué se debe este fenómeno de invisibilidad de la exclusión social. Por una parte, se ha comprobado la influencia del llamado efecto del espectador: cuando hay muchas personas que presencian una situación injusta, la responsabilidad de pasar a la acción se diluye entre todos y nadie actúa.

Por otra parte, se produce un fenómeno que tiene que ver con la capacidad de concentrarnos en ese momento en la situación de la víctima. Un irónico experimento realizado por los psicólogos Darley y Batson (1973), demostraba que, aunque creamos en la ayuda a un nivel teórico y estemos dispuestos a dar una conferencia sobre el tema, podemos no echar una mano a alguien si tenemos prisa… por dar esa conferencia. La investigación se realizó con estudiantes del Seminario Teológico de la Universidad de Princeton. A estos futuros sacerdotes se les pidió que dieran una charla sobre la parábola del buen samaritano. Ellos estuvieron un rato ordenando sus ideas y pensando sobre el tema en una sala, y luego se les dijo que se encaminasen al estudio de grabación situado en otro edificio. A algunos estudiantes se les advirtió que fueran rápidamente, porque la charla tenía que empezar pronto. A otros se les dijo que tenían mucho más tiempo. Por el camino, los estudiantes se encontraron con un hombre caído en el umbral de una puerta, gimiendo lastimeramente y tosiendo. Pues bien: cuando el estudiante era de los que tenían tiempo para ir a grabar, casi siempre se paraba a prestar ayuda. Pero cuando el estudiante era de los que tenían prisa, sólo un 10 por 100 se detenía a echar una mano. Irónicamente, el experimento demostraba que, a veces, no vemos a aquellos que necesitan ayuda… porque estamos demasiado concentrados en la charla que vamos a dar sobre la importancia de ayudar al prójimo. La espalda del mundo puede ser invisible incluso para aquellos que hablamos sobre ella.

miércoles, 19 de marzo de 2008

domingo, 3 de febrero de 2008

La causa de la eutanasia voluntaria activa

 

Manifiesto publicado en Free Inquiry, nº.1, Invierno 1988-1989.

Los abajo firmantes declaramos nuestro apoyo a la descriminalización de la eutanasia activa, inducida por un médico a petición de un enfermo terminal.

Considerando: Que las técnicas desarrolladas por la medicina moderna han sido beneficiosas, en el sentido de mejorar la calidad de la vida y aumentar la longevidad, pero que otras veces se presentan acompañadas de efectos perjudiciales y deshumanizadores. Que muchos enfermos terminales son mantenidos con vida contra su voluntad mediante las técnicas médicas más adelantadas, y que se les ha negado la ayuda para morir, por lo que al intentar ellos mismos poner fin a sus tormentos, o con ayuda de parientes legos en medicina, han fracasado en el intento y se han inflingido mayores sufrimientos a sí mismos y a quienes les rodeaban. Que ya va siendo hora de que la sociedad supere prohibiciones arcaicas del pasado y reconozca que los enfermos terminales tienen derecho a elegir la hora, el lugar y la manera de morir.

Declaramos tolerar las opiniones de quienes aseguran que sólo a la divinidad incumbe el determinar el instante del traspaso, o que encuentran ciertos valores espirituales en el sufrimiento, pero discrepamos de sus argumentos. Nos declaramos partidarios de la defensa de los derechos humanos, de la dignidad humana y de la autodeterminación, sin exceptuar el derecho a una muerte digna. Nos mueve también la compasión a los que preferirían poner término a sus padecimientos abreviando la agonía.

Algunos quieren establecer una distinción entre eutanasia «activa» y «pasiva» y propugnan el abandono de los esfuerzos «heroicos» de prolongación de la vida, pero oponiéndose a cualquier acción positiva que acelere la muerte mediante el aumento de la dosificación de los fármacos habituales, o la administración de una inyección letal. Por nuestra parte declaramos que tanto la eutanasia pasiva como la activa implican la intención de poner fin a la vida de una persona.

Nos afirmamos partidarios de la eutanasia voluntaria exclusivamente. Creemos que el adulto que haya firmado una última voluntad en la que declare sus deseos en relación con el tratamiento de una posible enfermedad terminal, o bien haya otorgado ante notario poder irrevocable y perpetuo autorizando a otra persona a actuar en ese sentido, tiene derecho a que sea respetada esa voluntad. Y dado que muchas personas carecen de los conocimientos profesionales necesarios en relación con los métodos para inducir la muerte, consideramos que sólo un cooperador médico puede administrar la inyección o la poción letal al paciente que la haya solicitado, y debe poder hacerlo sin temor a las represalias ni denuncias.

Respetamos el derecho del médico y del personal sanitario a negarse a participar en la administración de estas medicaciones terminales. Deseamos que la profesión médica informe a los pacientes de su derecho a cambiar de médico o de hospital, caso de ver denegada su petición de muerte asistida. Instamos a que no escatimen medios para que el enfermo terminal pueda ver satisfechas sus peticiones en orden al lugar y la hora de su muerte, y si por ejemplo solicita la presencia de sus familiares para que le consuelen en esa hora, que ese deseo sea respetado.

Admitimos que algunos podrían querer explotar ese derecho a la eutanasia voluntaria activa para lucrarse con los enfermos y dolientes, pero creemos en la posibilidad de promulgar disposiciones protectoras que eviten o en todo caso castiguen tales acciones.

Respetamos el derecho de los enfermos terminales que no deseen recurrir a la eutanasia ni precipitar el momento de su muerte. Pero afirmamos que la voluntad de quienes creen en el derecho a morir con dignidad debe ser respetada, y que al hacerlo damos testimonio y máxima expresión de compasión moral y beneficencia.

Firmantes:
Pieter Admiraal, Bonnie Bullough, Vern Bullough, Francis Crick, Albert Ellis, Roy Fairfield, Joseph Fletcher, Peter Hare, Sidney Hook, Derek Humphrey, Edna Ruth Johnson, Marvin Kohl, Helga Kuhse, Paul Kurtz, Gerald A. Larue, Henry Morgenthaler, Robert L. Risley, B. F. Skinner, Rob Tielman y Mitsuo Tomita.

(Extraído en: R. M. Baird y S. E. Rosenbaum.
Eutanasia: Los dilemas morales, 1992.)