Mostrando entradas con la etiqueta cenit petrolero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cenit petrolero. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de enero de 2013

Explotación de las reservas de petróleo

Técnicas avanzadas extraerían hasta la última gota


Las predicciones sobre un cercano declive de la producción mundial de petróleo y su casi total agotamiento al cabo de pocos decenios quizás adolezcan de un pesimismo excesivo. 

El autor pronostica que, hacia 2030, los avances técnicos permitirán extraer de los pozos la mitad del crudo que se haya detectado en el subsuelo, elevando así el actual promedio del 35 por ciento. 

Junto con nuevos descubrimientos, el incremento de la productividad podría hacer que el petróleo perdure al menos otros cien años.


Investigación y Ciencia
Nº 399 (DICIEMBRE - 2009)

Cuando se descubrió el yacimiento petrolífero californiano del río Kern en 1899, se estimó que la gran viscosidad del crudo permitiría extraer sólo un 10 por ciento del depósito. En 1942, tras más de cuarenta años de extracción moderada, la reserva todavía recuperable se valoró en 54 millones de barriles de crudo, una pequeña parte de los 278 millones de barriles ya obtenidos. En 1995, el experto Morris Adelman señaló que en los 44 años siguientes el campo produjo no ya 54, sino 736 millones de barriles, y aún le quedaban otros 970 por extraer. Pero hasta esa última estimación resultó errónea. En noviembre de 2007, la petrolera Chevron, a la sazón explotadora del yacimiento, anunció que la producción acumulada había alcanzado los dos mil millones de barriles. Al día de hoy, el yacimiento del río Kern produce cerca de 80.000 barriles diarios; el estado de California estima en unos 627 millones de barriles el resto de sus reservas.

En los años sesenta del siglo pasado, Chevron comenzó a aumentar sensiblemente su producción mediante la inyección de vapor en el subsuelo, técnica novedosa en aquellos tiempos. Aparecieron luego nuevos instrumentos de prospección y perforación que, unidos a la persistente inyección de vapor, convirtieron el yacimiento en una rica cornucopia petrolera.


Pero el río Kern no es un caso aislado. Se cree que la producción de un campo petrolífero describe una curva acampanada, la curva de Hubbert (por el difunto King Hubbert, geólogo de la Shell O¡l); su máximo se alcanzaría al haberse extraído la mitad del crudo detectado. Sin embargo, la mayoría de los campos petrolíferos reviven al cabo del tiempo: podría decirse que lo que verdaderamente prolifera son las técnicas de extracción.

Numerosos analistas auguran hoy que la producción global de crudo culminará dentro de unos pocos años y luego descenderá, siguiendo la curva de Hubbert. Mi opinión es que estas predicciones no acertarán, como ha sucedido con otras similares sobre el cénit del petróleo [véase «Fin de la era del petróleo barato», por Colin J. Campbell y Jean H. Laherrére; INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, mayo de 1998 y «Los límites del crecimiento tras el cénit del petróleo», por Charles A. S. Hall y John W. Day, Jr.; INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, octubre de 2009J. Los nuevos métodos de prospección han descubierto más secretos de la Tierra. Se puede ahora obtener crudo de zonas antaño inaccesibles y de lugares donde la perforación no resultaba rentable. Los métodos avanzados de exploración y extracción pueden mantener al alza la producción de crudo en los próximos decenios y conseguir que los suministros de petróleo perduren un siglo más, como mínimo.

Aunque el petróleo y otros combustibles fósiles encierren riesgos para el clima y el medio, las fuentes de energía alternativas no pueden por ahora competir en versatilidad, coste, facilidad de transporte y almacenamiento. Al tiempo que se investigan otras fuentes, tendremos que asegurar un consumo responsable del petróleo.

LO QUE NO PODEMOS DESAPROVECHAR

En una época amenazada por un próximo cénit de la producción de crudo y la caída subsiguiente, quizá nos sorprenda saber que la mayor parte de los recursos detectados del planeta yace sin explotar en el subsuelo y que todavía quedan más por descubrir.

En apariencia, el crudo de petróleo debería durar sólo unos pocos decenios. En 2008, a punto de sobrevenir la crisis económica que aplastó el consumo, el mundo gastaba unos 30.000 millones de barriles de crudo al año. Suponiendo que en el próximo futuro el consumo recuperara los niveles de 2008 y que después se mantuviera constante, las reservas confirmadas del planeta (estimadas hoy entre 1,1 y 1,3 billones de barriles) nos abastecerían apenas 40 años.

Pero de tales reservas conocemos sólo valores estimados, no fijos. Se definen como la cantidad de crudo detectado cuya extracción mediante las técnicas actuales resulta rentable; la definición cambia, pues, conforme las técnicas avanzan y el precio del crudo varía. Si la producción se limita o la demanda aumenta, los precios de reventa se disparan y el crudo cuya extracción era demasiado costosa pasa a formar parte de las reservas confirmadas. Por esa razón, la mayoría de los campos petrolíferos han producido mucho más de lo que prometían las estimaciones iniciales de sus reservas, superando incluso las de su contenido total. En la actualidad, en un yacimiento medio se ha extraído sólo un 35 por ciento del crudo: cerca de dos tercios quedan bajo tierra. En los debates sobre el futuro del petróleo rara vez se menciona esta cuestión.

Hasta un país tan petrolero como EE.UU., cuya producción de crudo desciende desde el decenio de los setenta (si bien más despacio que en las predicciones de Hubbert), todavía encierra en el subsuelo enormes bolsas de petróleo sin explotar. Aunque las reservas nacionales confirmadas asciendan actualmente a sólo 29.000 millones de barriles, el Consejo Nacional del Petróleo (NPC) estima que quedan todavía 1,124 billones de barriles bajo tierra, de los que 374.000 millones podrían recuperarse con las técnicas disponibles.

A una escala global, el Servicio de Inspección Geológica estadounidense estima que el volumen total de los depósitos de crudo ordinario de petróleo se sitúa entre siete y ocho billones de barriles. Pero con la técnica, la experiencia y los precios actuales sólo es posible extraer de forma rentable una parte de ese crudo, que se clasificará, por tanto, como reserva confirmada.

Y AQUÍ NO ACABA TODO

Sólo se han explorado a fondo, con técnicas modernas, un tercio de las cuencas sedimentarias (formaciones geológicas que podrían contener petróleo) del planeta. Por si fuera poco, los datos del Servicio de Inspección Geológica no incluyen otras formas de petróleo, como los aceites ultrapesados, las arenas, los esquistos y las pizarras bituminosas, que en conjunto abundan tanto o más que el crudo estándar.

Así pues, un país o una compañía petrolera podría aumentar sus reservas del preciado oro negro sin tener que explotar nuevas regiones o fronteras, siempre que pudiera extraer más crudo de los yacimientos confirmados. Sin embargo, no siempre resulta fácil conseguirlo.


SE EMPIEZA POR LAS ROCAS

En contra de la creencia general, el crudo no yace en extensos lagos o cuevas subterráneas. Si pudiéramos «ver» un depósito de crudo, contemplaríamos sólo una estructura rocosa que, en apariencia, no deja lugar al petróleo. Sin embargo, fuera del alcance del ojo humano, todo un mundo de poros y microfracturas en la roca atrapa minúsculas gotas de crudo, junto con agua y gas natural.

La naturaleza ha creado tales formaciones a lo largo de millones de años. Al principio se acumularon en el fondo de los antiguos mares enormes depósitos de vegetación y microorganismos muertos, que luego se descompusieron y quedaron enterrados bajo sucesivas capas de roca. Las altas presiones y temperaturas fueron transformando poco a poco los sedimentos orgánicos en los actuales depósitos de crudo y de gas natural. Esos combustibles fósiles empapan la roca porosa del subsuelo a la manera del agua infiltrada en la piedra pómez.

Cuando se perfora un depósito, éste se comporta como una botella de cava descorchada: el crudo se libera de su antigua prisión rocosa; la presión interna del depósito lo expulsa a la superficie en compañía de piedras, lodos y otros residuos. El proceso continúa hasta que se agota la presión, lo que suele ocurrir al cabo de algunos años. Esta primera etapa de la extracción acostumbra a proporcionar del 10 al 15 por ciento del crudo almacenado. A partir de ahí, la extracción debe ser asistida.

Cerca de un tercio del crudo remanente en el depósito después del «descorche» inicial se considera crudo inmóvil: gotas atrapadas por intensas fuerzas capilares en el interior de poros aislados en la roca. Hasta ahora no hay técnicas que permitan extraer esa porción del crudo. Los dos tercios restantes, aunque puedan desplazarse, no afluirán necesariamente a los pozos por sí mismos. De hecho, casi la mitad de ese crudo móvil quedará atascada en el interior del depósito debido a obstáculos geológicos o a la escasa permeabilidad, como sucede cuando los poros son demasiado angostos. La situación todavía empeora si el crudo no es un líquido ligero, sino una sustancia pesada y viscosa como una melaza.

Para que el resto del crudo pueda filtrarse a través de los poros y afluir a los pozos, suele inyectarse en el depósito gas natural y agua. Ello corresponde a la extracción secundaria. La inyección de gas restablece la presión perdida e impulsa el crudo con fluidez suficiente para filtrarse por los poros de la roca. Entre tanto, al ser el crudo menos denso que el agua, la inyección de agua lo hace subir hacia el pozo, del mismo modo que el agua vertida en un vaso lleno de aceite desplaza hacia arriba el aceite.

Más o menos en el decenio de lo noventa, la distinción entre extracción primaria y secundaria se borró cuando las compañías petroleras empezaron a aplicar técnicas avanzadas desde un principio. Uno de los avances más destacados ha sido el pozo horizontal: una estructura en forma de L que proporciona mucho más crudo que la tradicional perforación vertical utilizada desde los comienzos de la explotación petrolífera. La configuración en L permite que los pozos horizontales cambien su dirección y penetren en secciones del depósito de otro modo inalcanzables. El método se adoptó comercialmente hacia 1980; resulta especialmente adecuado para depósitos en los que el crudo y el gas natural se disponen en finas capas horizontales.


Los instrumentos de exploración también se han perfeccionado. Las avanzadas imágenes tridimensionales del subsuelo, obtenidas por las reflexiones de ondas sísmicas en las fronteras entre estratos rocosos de diferente composición, permiten hoy apreciar con mayor detalle la estructura de los yacimientos; ello facilita la elección del punto donde se ha de perforar para que la extracción sea óptima.

Las técnicas de obtención de imágenes permiten «ver» lo que subyace bajo las capas de sal que se distribuyen de forma irregular bajo el lecho oceánico, a veces con más de 5.000 metros de espesor. A semejanza de las aguas heladas, las formaciones salinas solían ser un formidable obstáculo porque enturbiaban las ondas sísmicas utilizadas para reconstruir la imagen del subsuelo.

Tales innovaciones en las imágenes, combinadas con técnicas más avanzadas en el medio marino, han abierto nuevas regiones oceánicas a las prospecciones petrolíferas. En los años setenta, cuando se establecieron los campos del mar del Norte, parecían haberse alcanzado los logros más impresionantes de la explotación submarina: se obtenía crudo de yacimientos cubiertos por entre 100 y 200 metros de agua y a unos 1.000 metros bajo el lecho marino. Pero en los últimos años se han conseguido extracciones desde profundidades de 3.000 metros de agua más 6.000 metros de sal y roca. Ha habido al menos tres importantes descubrimientos submarinos a gran profundidad: Thunder Horse y Jack, en el golfo de México, y Tupi en aguas de Brasil.

REBAÑAR HASTA LA ÚLTIMA GOTA

Conforme los pozos se hallan cada vez más lejos y a mayor profundidad, las técnicas evolucionan para sacar más petróleo de la roca una vez completadas las primeras fases de la extracción. Las etapas primaria y secundaria recuperan en conjunto del 20 al 40 por ciento del depósito. Para superar esa proporción y entrar en la extracción «terciaria» suele ser preciso fluidificar el crudo restante por medio de calor, gases, tratamientos químicos o microbiológicos. La inyección de vapor, uno de los métodos térmicos más utilizados, resultó decisiva para resucitar el viejo campo del río Kern en los primeros años sesenta. El vapor inyectado calienta la formación rocosa superpuesta y permite el desplazamiento del crudo. Hasta la fecha, el proyecto de inyección de vapor en el yacimiento del río Kern se cuenta entre los mayores del mundo en su género. Una variante de ese tipo de extracción por vapor se ha aplicado a los depósitos de arena bituminosa en Alberta, demasiado profundos para la explotación superficial.

Otro de los procesos térmicos ensayados se basa en la ignición de una parte de los hidrocarburos del depósito, que se encienden con un calentador a la vez que se bombea aire en el pozo para sostener la combustión. El fuego genera calor y dióxido de carbono (CO2), factores ambos que disminuyen la viscosidad del crudo; gran parte del CO2 permanece enterrado y favorece la expulsión del crudo. Al propio tiempo, el fuego descompone las moléculas de mayor tamaño y peso del crudo, lo que también facilita su movilidad. Se controla el paso de aire para limitar el crudo incendiado y evitar la emisión de contaminantes al medio.


Un método más corriente consiste en la inyección de gases, como CO2 o nitrógeno, a presión elevada. Tales gases restauran o mantienen la presión interna del depósito; además, se mezclan con el crudo, lo que reduce su viscosidad y las fuerzas que bloquean la expulsión del mismo. Desde el decenio de los setenta, se aplica a este fin en EE.UU. el CO2 de origen volcánico o de los gases de escape de las centrales térmicas. El proceso se utiliza en unos 100 proyectos en curso, con redes de tuberías que totalizan más de 2.500 kilómetros.

La experiencia acumulada en la inyección de dióxido de carbono ha abierto el camino para la captura y el almacenamiento de ese indeseado subproducto de las centrales térmicas, lo que podría reducir radicalmente la emisión a la atmósfera de dicho gas y, en cambio, mantenerlo enterrado durante cientos de años. El primer proyecto comercial de captura y almacenamiento de carbono se ejecuta desde 1996 en el campo de Sleipner, frente a las costas de Noruega: almacena un millón de toneladas métricas de CO2 por año. Una cantidad reducida, si se tiene en cuenta que la actividad humana emite por sí sola cada año a la atmósfera gases de invernadero equivalentes a 50.000 millones de toneladas de dióxido de carbono. Con todo, el éxito de esta instalación sirve para demostrar la validez del concepto.

Es curioso, sin embargo, que uno de los mayores problemas en la utilización del CO2 para la extracción de petróleo sea su escasez. Capturar el gas emitido por las chimeneas de las centrales o los volcanes no es nada barato, y recurrir a fuentes de menor tamaño, como los coches y la mayoría de las plantas industriales, resulta prohibitivo. Otro obstáculo es el transporte, demasiado costoso si los campos petrolíferos se hallan en zonas remotas.

Más recientes son los métodos de extracción basados en procesos químicos. Ciertas sustancias son miscibles con el crudo retenido v disminuyen su viscosidad, de tal manera que puede afluir al pozo. Todas ellas actúan según el mismo principio, a la manera de las moléculas de jabón, que atrapan sustancias grasas y eliminan la suciedad. El proceso químico de mayor éxito aumenta también la viscosidad del agua subterránea; ello permite que ésta impulse el crudo hacia los pozos sin tener que pasar primero por ellos. En el campo petrolífero de Daqing, en China, se atribuye a este proceso la extracción adicional de un 10 por ciento del crudo del depósito desde mitad de los años noventa. En otra versión del proceso, una solución cáustica genera los materiales «jabonosos» a partir de componentes presentes en el crudo, lo cual limita el coste global.

La extracción potenciada por bacterias se halla todavía en mantillas: se han acometido experimentos en EE.UU., China y otros países. Los técnicos bombean al depósito enormes cantidades de microorganismos especializados, junto con nutrientes y, en ciertos casos, oxígeno. Los microorganismos proliferan en la interfaz entre el crudo y la roca, favoreciendo la liberación del crudo. La ingeniería genética abre la posibilidad de modificar las bacterias y otros microorganismos para aumentar su eficacia en cuanto a favorecer la extracción del crudo.

Ninguna de esas avanzadas técnicas de extracción se distingue por su coste bajo. Pero hay algunas (sobre todo la asistida por CO2 si en las cercanías se dispone de una fuente de gas accesible) que ya resultan económicas Citando el precio del crudo se mantiene por encima de 30 dólares el barril; la mayoría de ellas, incluidas las de extracción química, se tornan económicas en torno a los 50 dólares el barril.


HALLAZGOS FUTUROS

«El petróleo fácil» toca a su fin, probablemente porque fue el primero en descubrirse v utilizarse como combustible. Muchas de las cuencas petrolíferas más extensas y productivas se están aproximando a su fecha de «vencimiento técnico»: el momento en que las técnicas tradicionales dejan de ser eficaces. Entre estas cuencas destacan los yacimientos del golfo Pérsico, México, Venezuela y Rusia, que comenzaron a producir crudo de petróleo por las décadas de los treinta, cuarenta y cincuenta. Para que estos campos sigan produciendo en el futuro, habrá que recurrir a nuevas técnicas.

Pero el petróleo «fácil» no lo era tanto cuando se descubrió. Del mismo modo, el petróleo hoy difícil de extraer se tornará fácil mañana, gracias al refinamiento de la técnica. En la industria petrolera, las innovaciones técnicas siempre han sido fruto de procesos largos y elaborados. La perforación horizontal se ensayó por primera vez en los años treinta y varios de los métodos de extracción más avanzados se conocen ya al menos desde los años cincuenta. Sin embargo, el crudo ha sido casi siempre tan abundante que su precio no ha justificado innovaciones espectaculares y costosas. Se acerca, no obstante, una época en la que se adoptarán nuevas técnicas con mayor diligencia.

La tendencia a aumentar los índices de extracción puede verse frenada por la presente oleada de nacionalización de los recursos. En los primeros años setenta, las grandes compañías petroleras controlaban el 80 por ciento de las reservas mundiales de crudo; hoy, en cambio, más del 90 por ciento del petróleo (estándar) está bajo el control directo de los países productores, a través de sus petroleras nacionales. El dudoso futuro de la demanda de petróleo hace que algunos de esos países se resistan a invertir en técnicas modernas y en prospección, sobre todo porque las inversiones dedicadas a estos fines distraen recursos de los programas de desarrollo económico y social.

Con todo, me atrevo a predecir que hacia 2030 será extraíble más del 50 por ciento del petróleo detectado hasta entonces. Además, habrá crecido notablemente el volumen de crudo detectado y aumentará la producción de otros combustibles, como las pizarras bituminosas. De ese modo, el total de las reservas recuperables variará entre 4,5 y 5 billones de barriles. Una fracción notable de las «nuevas reservas» no procederá del hallazgo de nuevos yacimientos, sino de una renovada capacidad para explotar mejor los medios ya disponibles.

Con toda seguridad, para el 2030 habremos consumido entre otros 650.000 y 700.000 millones de barriles de nuestras reservas, en total 1,6 billones de barriles gastados del volumen de reservas (de 4,5 a 5 billones) antes señalado. Pese a todo, si mis estimaciones son correctas, habrá petróleo para el resto del siglo XXI. El verdadero problema reside en cómo utilizar esa reserva sin derrocharla con hábitos de consumo inaceptables y, por encima de todo, sin poner en peligro el entorno y el clima de nuestro planeta.



El autor:
Leonardo Maugeri es economista y vicepresidente ejecutivo de la petrolera italiana ENI, así como profesor invitado del Instituto de Tecnología de Massa-chusetts (MIT) y miembro del Consejo Externo Asesor de Energía de tal institución. Su libro The Age of Oil obtuvo en 2007 el premio Choice Award de Estados Unidos.


PARA SABER MÁS

THE ECONOMICS OF PETROLEUM SUPPLY. Morris A. Adelman. MIT Press, 1993.
PETROLEUM PROVINCES OF THE TWENTY-FIRST CENTURY. Marlan W. Downey, Jack C. Threet y Wilüam A. Morgan. American Association of Petroleum Geologists, 2002.
THE AGE OF OIL: THE MYTHOLOGY, HISTORY. AND FUTURE OF THE M0ST CONTROVERSIAI. RESOURCE. Leonardo Maugeri. Praeger Publishers, 2006.
OIL IU THE TWENTY-FIRST CENTURY: ISSUES, CHALLENGES, AND OPPORTUNITIES. Preparado por Robert Mabro. Oxford Universi-ty Press, 2006.
BIOCARBURANTES CELULÓSICOS. George W. Huber y Bruce E. Dale en Investigación y Ciencia, n.° 396, págs. 44-51; septiembre 2009.

domingo, 27 de enero de 2013

Los nuevos pozos de la ambición

Por FERNANDO GOITIA

Año 2030, EEUU es el nuevo Oriente Medio. Incalculables reservas de gas y petróleo lo han convertido en el mayor productor mundial. Los precios se derrumban. Este es el futuro al que apunta la revolución del 'fracking'. Pero los ecologistas lo critican...


«Hay que poner fin a la era de los combustibles fósiles». Corría junio de 2010 y Barack Obama, presidente de EEUU, lanzaba este mensaje al mundo.

Año y medio después, en su discurso del estado de la nación, el actual inquilino de la Casa Blanca veía las cosas de otro modo y anunciaba que su país posee reservas de gas y petróleo para, al menos, otros cien años. Es más, durante su mandato, pese a su apuesta declarada por las energías renovables, la producción doméstica de hidrocarburos ha crecido como no lo hacía desde los setenta, cuando Richard Nixon lanzó al país a conquistar una autosuficiencia energética que nunca ha podido alcanzar. El viejo sueño de Nixon parece ahora al alcance de la mano gracias a una roca llamada 'esquisto', bajo la cual se almacenan ingentes volúmenes de gas —el denominado 'gas pizarra'— y de petróleo.

Hace décadas que se conoce el potencial de hidrocarburos escondidos bajo el esquisto, con campos de gas como Marcellus, en Pensilvania, el segundo mayor del planeta, pero su explotación nunca acababa de prosperar por ser cara, compleja y arriesgada. El panorama cambió hace apenas una década gracias al desarrollo de la tecnología de perforación vertical a profundidades entre 3.000 y 5.000 metros, combinada con la técnica conocida como fracking o fractura hidráulica. Desde entonces se ha desatado lo que Tom Wilber, autor de Under the surface ['Bajo la superficie'], un libro que narra la búsqueda del gas pizarra, define como «una de las mayores carreras de prospección de la historia».

Los datos son elocuentes. En el año 2000, del esquisto procedía apenas el 1% del gas natural del mercado norteamericano. Hoy ya cubre el 30% y es probable que en dos años la superpotencia comience a exportarlo al resto del mundo a precios más baratos y con menos restricciones y más estabilidad de las que ofrecen países como Argelia o Rusia, grandes proveedores de Europa. Las nuevas técnicas también se han aplicado a la extracción de petróleo del esquisto con resultados apabullantes. Hoy en día, la producción en la región de Bakken, en el estado de Dakota del Norte, ya supera a la de Alaska en el ranking de la industria petrolífera de EEUU.

La explotación de estos recursos anuncia un cambio drástico de la geopolítica planetaria. Así lo anticipa un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que sitúa a EE.UU. como el primer productor de crudo en 2017, superando a Arabia Saudí y Rusia, y calcula que en 2035, gracias a sus reservas fósiles y a las renovables, la superpotencia será autosuficiente en materia energética. La multinacional BP estima incluso que lo conseguirá en 2030.

Un estudio de la prestigiosa universidad de Harvard firmado por el investigador Leonardo Maugeri anticipa ya un escenario mundial en el que EE.UU. se convertirá pronto en el nuevo Oriente Medio en términos de producción y exportación de hidrocarburos. «El país posee más de 20 grandes formaciones de esquisto con un potencial gigantesco —afirma Maugeri—. La mayor parte del gas y el crudo extraído de estos pozos será rentable por encima de los 50 o 60 dólares por barril». Esto es, a la mitad de los precios actuales. Con semejante ventaja, el impulso a la economía norteamericana, especialmente a la industria, será colosal. Solo en 2013 se prevén invertir unos 45.000 millones de dólares en una industria que, según dijo el propio Obama, ayudará a crear 600.000 empleos en siete años. Cifras que permiten entender su abrazo a los combustibles fósiles.

Las consecuencias de este futuro poderío son imprevisibles. Podría desmontar la alianza, hoy inquebrantable, entre Washington y Arabia Saudí; convertir China, la gran consumidora mundial, en agente de estabilidad en Oriente Medio y aliada de países como Venezuela o Argentina, dueña ésta de las mayores reservas de gas de esquisto de América Latina; o liberar a Europa del yugo del gas ruso. Precisamente sería Rusia, creen los expertos, la gran perjudicada en este nuevo panorama, ya que EEUU. dejará de comprar gas y crudo rusos y Europa reducirá de forma considerable su dependencia del volátil grifo de Moscú. La fiebre del gas pizarra, de hecho, se está extendiendo por toda la UE. Polonia, Holanda, Austria, Alemania, Suecia y el Reino Unido ya realizan prospecciones y se preparan para extraer en cuanto sea posible. Y en España hay proyectos en País Vasco, Cádiz, Cantabria, Castilla y León y La Rioja, todos ellos, por cierto, con fuerte contestación social. Las amenazas al medioambiente son el principal freno a esta expansión. Organizaciones como Greenpeace subrayan que los químicos que el fracking inyecta en la roca para romperla y liberar el gas y el crudo almacenados en su interior pueden contaminar las zonas adyacentes y que la quiebra del esquisto aumenta el riesgo de terremotos, y denuncian el desorbitado consumo de agua que se requiere: entre 7 y 15 millones de litros por pozo, según el Departamento de Energía de EEUU.

El Parlamento Europeo, en un informe sobre las repercusiones ambientales del fracking, alude a «emisiones fugitivas» de metano y a sustancias radiactivas naturales existentes en el subsuelo que podrían aflorar a la superficie. En cuanto a los químicos empleados para fracturar la roca, se advierte de que podrían llegar hasta los acuíferos si las roturas en la roca sobrepasan el ámbito previsto o en caso de fisuras en las tuberías. La batalla, mientras tanto, ha llegado a las pantallas. En 2011, Gasland ['Tierra de gas'], un documental demoledor contra el fracking, fue premiado en el Festival de Sundance y nominado al Óscar, y en abril se estrena en España Promised land ['Tierra prometida'), en la que Matt Damon interpreta a un ejecutivo enfrentado a ecologistas en una zona rural de Pensilvania. Los empresarios han contraatacado con Truthland ['Tierra de la verdad'], un documental que pretende rebatir la demonización del sector, y en España han creado la Plataforma Shale Gas España para enfrentar la contestación que genera su actividad.

Las preocupaciones ambientales han reducido el ritmo de expansión de esta nueva industria, sobre todo en la UE, pero ante el éxito en EEUU será difícil evitar que el gas natural protagonice el futuro inmediato. El descenso de los precios en ese país, de hecho, ha hundido gran número de proyectos de energía eólica y solar, pese a las políticas de apoyo promovidas por Obama. La transición de una fuente de energía a otra suele ser lenta -al petróleo le llevó casi un siglo destronar al carbón-, pero el gas tiene un futuro prometedor gracias a las centrales térmicas —las de gas emiten un 30 por ciento menos de CO2 que el carbón, y un 50 menos que el petróleo— y a su creciente empleo como combustible para vehículos. No en vano la flota de coches de gas se ha duplicado en EEUU en los últimos cinco años y en países como Brasil ya lo utilizan casi dos millones de automóviles. 


viernes, 25 de mayo de 2012

¿Es la Tierra una gasolinera gigante?

Luis Miguel Ariza
elEconomista.es, 27/07/2009

[Más sobre el supuesto "fin del petróleo"...]





Quizá el mundo no se está quedando sin petróleo, sino que literalmente es una fábrica de hidrocarburos. Esta quimera empieza a tener visos de realidad según un estudio que publica la revista 'Nature Geoscience'.

Por vez primera, los científicos han comprobado que el etano e hidrocarburos más pesados pueden ser sintetizados a las altas presiones y temperaturas de la capa superior del manto, sin que por ello intervenga la materia orgánica procedente de plantas y animales muertos.

Si están en lo cierto, el planeta podría ser una fábrica de hidrocarburos, una especie de gasolinera gigante. Es decir, los componentes del crudo no sólo se forman gracias a la descomposición de las plantas y animales, sino también en condiciones abióticas, sin que la vida intervenga. En cierta manera, eso vendría a demostrar que las reservas de combustibles fósiles son esencialmente inagotables.Y dado que la humanidad depende hoy en día de los combustibles fósiles, la provisión de hidrocarburos sería prácticamente ilimitada (otra cuestión es el problema del cambio climático).

Simulación del manto terrestre

El equipo de Alexander Goncharov, del Laboratorio de Geofísica de la Institución Carnegie en EE UU, simuló las condiciones del manto con una sonda de diamante y un láser. Sometió al metano a presiones que eran 20.000 veces superiores a la atmosférica, y a temperaturas entre 700 y 1.226 grados centígrados, las condiciones que se encontrarían a entre 72 y 154 kilómetros de profundidad. El metano formó etano, propano, butano, hidrógeno molecular y grafito.

El etano, sujeto a estas condiciones, derivó en metano. Los hidrocarburos pesados pueden existir teóricamente a esas profundidades. Y en completa ausencia de materia orgánica. Una teoría defendida por el fallecido astrofísico Thomas Gold y que generó a finales del siglo pasado no poca controversia.

El profesor Kutcherov, que participó también en el estudio, cree que estos experimentos vienen a dar la razón a una teoría muy controvertida, que mantenía que los depósitos de crudo y gas recibían aportaciones procedentes del manto, desde las profundidades de la Tierra, propuesta por científicos rusos y ucranios. Y ha saludado la noticia. "Necesitamos saber más sobre la síntesis y la estabilidad de los compuestos e hidrocarburos más pesados que hemos estudiado bajo estas condiciones". El experimento confirma que la teoría puede llevarse a la práctica.

martes, 17 de abril de 2012

¿A qué se debe el gran aumento en los precios del petróleo? ¿“Pico del petróleo” o especulación en Wall Street?

F. William Engdahl, Global Research, 16/03/2012
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens



Desde más o menos octubre del año pasado, el precio del petróleo crudo ha aumentado violentamente en los mercados de futuros del mundo. Diferentes personas tienen explicaciones diferentes. La más común es la creencia en los mercados financieros en que una guerra entre Israel e Irán o EE.UU. e Irán, o de los tres países, es inminente.

Otro campo argumenta que el precio aumenta inevitablemente porque el mundo ha pasado lo que llaman “el pico del petróleo” – el mundo en una imaginaria campana de Gauss (vea el gráfico anterior) en el cual la mitad de todas las reservas de petróleo conocidas del mundo han sido agotadas y el petróleo restante disminuirá en cantidad a un ritmo acelerado con el aumento del precio.

Las explicaciones relacionadas con el peligro de guerra y con el pico del petróleo están equivocadas. Como en el astronómico aumento de precios en el verano de 2008 cuando el petróleo en mercados de futuros alcanzó brevemente 147 dólares por barril, el petróleo aumenta actualmente debido a la presión especulativa en los mercados de futuros de petróleo de los fondos de alto riesgo y de grandes bancos como Citigroup, JP Morgan Chase y sobre todo, Goldman Sachs, el banco que siempre está presente cuando se puede ganar mucho dinero con poco esfuerzo apostando a algo seguro. Reciben una generosa 1 ayuda de la agencia del gobierno de EE.UU. encargada de regular los derivados financieros, la Comisión del Comercio en Futuros sobre Mercancía de los Estados Unidos (CFTC).

Desde principios de octubre de 2011, hace unos seis meses, el precio de Futuros de Petróleo Crudo Brent en la bolsa ICE Futures ha aumentado de un poco menos de 100 dólares el barril a más de 126 dólares por barril, un aumento de más de un 25%. En 2009, el petróleo costaba 30 dólares el barril.

Sin embargo la demanda de petróleo crudo en todo el mundo no aumenta, sino más bien ha disminuido en el mismo período. La Agencia Internacional de Energía (IEA) informa que el suministro de petróleo del mundo aumentó en 1,3 millones de barriles por día en los últimos tres meses de 2011 mientras la demanda mundial aumentó en un poco más de la mitad de esa cifra durante el mismo período. El uso de gasolina en EE.UU. ha bajado en EE.UU. en un 8%, en Europa en 22% e incluso en China. La recesión en gran parte de la Unión Europea, una recesión/depresión que se profundiza en EE.UU. y una ralentización en Japón han reducido la demanda global de petróleo mientras cada día se anuncian nuevos descubrimientos y países como Iraq aumentan su suministro después de años de guerra. Un breve aumento en las compras de petróleo de China en enero y febrero tuvo que ver con una decisión en diciembre pasado de crear su Reserva Estratégica de Petróleo y se espera que vuelva a niveles más normales de importación a fines de este mes.

¿A qué se debe entonces el inmenso aumento en los precios del petróleo?

Jugando con ‘petróleo de papel’

Es útil lanzar una breve mirada al funcionamiento actual de los mercados de “petróleo de papel”. Desde que Goldman Sachs compró en los años ochenta J. Aron & Co., un experto negociante en materias primas, el comercio en petróleo crudo ha pasado de un campo de compradores y vendedores de petróleo disponible para entrega inmediata o físico a un mercado en el cual la especulación no regulada en futuros de petróleo apuesta a un precio de un cierto crudo en una fecha futura específica, usualmente en 30 o 60 o 90 días, y los precios diarios de petróleo no son determinados por la verdadera oferta y demanda.

En los últimos años, el Congreso de EE.UU. amigo de (y financiado por) Wall Street ha aprobado varias leyes para ayudar a los bancos interesados en los negocios de futuros de petróleo, entre ellas una que permitió que Enron en bancarrota se saliera con la suya con un esquema Ponzi por un valor de miles de millones de dólares antes de quebrar.

La Ley de Modernización del Marco General de los Futuros sobre Commodities (CFMA) fue redactada por el hombre que actualmente es el secretario del Tesoro del presidente Obama, Tim Geithner. La CFMA dio en efecto carta blanca al comercio libre (entre instituciones financieras) de derivados en futuros energéticos, sin ninguna supervisión del gobierno de EE.UU., como resultado del cabildeo con influencia financiera de los bancos de Wall Street. El petróleo y otros productos energéticos fueron eximidos bajo lo que llegó a ser llamado “la brecha jurídica Enron”.

En 2008 durante una indignación popular contra bancos de Wall Street por causar la crisis financiera, el Congreso finalmente aprobó una ley por sobre el veto del presidente George Bush para “cerrar la brecha jurídica Enron”. Y desde enero de 2011, según la ley de Reforma Dodd-Frank Wall Street, la CFTC obtuvo autoridad para imponer límites a negociantes en petróleo desde enero de 2011.

Curiosamente, esos límites todavía no han sido implementados por la CFTC. En una reciente entrevista el senador Bernie Sanders de Vermont declaró que la CFTC “no tiene la voluntad” de imponer esos límites y “tiene que obedecer la ley”. Agregó que: “Lo que tenemos que hacer… es limitar la cantidad de petróleo que cualquier compañía puede controlar en el mercado de futuros de petróleo. La función de esos especuladores no es utilizar petróleo sino lograr beneficios mediante la especulación, hacer subir los precios y vender.” [1] Mientras ha hecho ruidos respecto al intento de cerrar las brechas jurídicas, el presidente de la CFTC, Gary Gensler, no lo ha hecho hasta ahora. Notablemente, Gensler es un ex ejecutivo de, ya lo adivinasteis, Goldman Sachs. La puesta en práctica por la CFTC todavía no existe.

Numerosas fuentes subrayan el papel de bancos clave junto con los principales petroleros como BP en la manipulación de una nueva burbuja del precio del petróleo desde otoño pasado, distante de la realidad física de los cálculos de oferta y demanda de verdaderos barriles de petróleo.

Un ‘casino de apuestas…’

Se estima actualmente que especuladores, o sea negociantes en futuros como bancos y fondos de alto riesgo que no tienen ninguna intención de llegar a recibir físicamente sino solo de lograr un beneficio en el papel, controlan actualmente cerca de un 80% del mercado de futuros energéticos, un aumento de 30% en una década. El presidente de la CFTC, Gary Gensler, tal vez para mantener una pátina de credibilidad mientras su agencia ignora el mandato legal del Congreso, declaró el año pasado refiriéndose a los mercados del petróleo que “inmensos flujos de dinero especulativo crean una profecía que se auto realiza y aumenta los precios de materias primas”.[2] A principios de marzo, el ministro del Petróleo kuwaití Hani Hussein dijo en una entrevista transmitida por la televisión estatal: “Según la teoría de la oferta y la demanda, los precios actuales del petróleo no se justifican”.[3]

Michael Greenberger, profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Maryland y ex regulador de la CFTC, quien ha tratado de atraer la atención pública a las consecuencias de las decisiones del gobierno de permitir la especulación y manipulación ilimitada de precios energéticos por grandes bancos y fondos, señaló reciente: “Existen 50 estudios que muestran que la especulación agrega un suplemento increíble al precio del petróleo, pero por algún motivo esto no ha llegado a la sabiduría convencional”. Greenberger dijo: “Una vez que el mercado es dominado por especuladores, lo que se tiene en realidad es un casino de apuestas”.[4]

El resultado de la regulación permisiva de los mercados del petróleo por el gobierno de EE.UU. ha creado las condiciones ideales mediante las cuales un puñado de bancos e instituciones financieras estratégicas, de modo interesante las mismas que dominan el 3 comercio mundial en derivados del petróleo y las mismas que poseen las acciones de la mayor bolsa de comercio de petróleo en Londres, ICE Futures, logran manipular inmensos cambios a corto plazo en el precio que pagamos por petróleo o gasolina o innumerables otros productos basados en el petróleo.

Nos encontramos en medio de uno de esos cambios, empeorado por la retórica belicista israelí respecto al programa nuclear de Irán. Quisiera declarar categóricamente mi firme convicción de que Israel no se lanzará a una guerra directa contra Irán, ni lo hará Washington. Pero el efecto de la retórica belicista es crear el trasfondo ideal para un masivo aumento especulativo en el petróleo. Algunos analistas hablan de petróleo a 150 dólares en el verano.

Hillary Clinton acaba de asegurar que el precio del petróleo siga aumentando durante meses por temor a una guerra con Irán al presentar un nuevo ultimátum a Irán por el tema nuclear en conversaciones con el ministro de Exteriores ruso, Lavrov: “a fines de este año o…” [5]

De manera curiosa, uno de los verdaderos impulsos de la actual burbuja de los precios del petróleo son las sanciones económicas del gobierno de Obama impuestas recientemente a las transacciones de petróleo del Banco Central de Irán. Al presionar a Japón, Corea del Sur y a la UE para que no importen petróleo iraní, o enfrenten acciones punitivas, Washington ha impuesto una inmensa caída en el suministro de petróleo de Irán al mercado mundial en las últimas semanas, generando un fuerte impulso al juego con derivados del petróleo de Wall Street. En un artículo de opinión reciente en el Financial Times de Londres, Ian Bremmer y David Gordon de Eurasia Group escribieron: “… eliminar demasiado petróleo iraní del suministro de energía del mundo podría causar un aumento del precio del petróleo, que paralizaría la recuperación, incluso si causa un cierto daño financiero a Irán. Tal vez por primera vez, las sanciones tienen el potencial de ser “demasiado exitosas” afectando a los sancionadores tanto como a los sancionados.”

Irán envía entre 300.000 y 400.000 barriles menos por día que sus acostumbrados 2,5 millones de barriles, según Bloomberg. La semana pasada, la Administración de Información de la Energía de EE.UU. dijo en un informe que gran parte de ese petróleo iraní no está siendo exportado porque los aseguradores no emiten pólizas para esos embarques. [6]

El tema de especulación ilimitada y no regulada con derivados del petróleo por un puñado de grandes bancos no es algo nuevo. Un informe de junio de 2006 del Subcomité Permanente del Senado de EE.UU. de Investigaciones sobre “El Papel de la Especulación en el Mercado en el aumento de los precios de petróleo y gas”, señaló que: “…existe evidencia sustancial que apoya la conclusión de que la gran cantidad de especulación en el mercado actual ha aumentado significativamente los precios.”

El informe señaló que la CFTC había sido mandatada por el Congreso para que asegurara que los precios en el mercado de futuros reflejaran las leyes de la oferta y demanda en lugar de prácticas manipulativas o excesiva especulación. La Commodity Exchange Act (CEA) [ley federal que regula los futuros y las actividades de comercio de productos básicos en EE.UU.] estipula: “La especulación excesiva en cualquier producto básico bajo contratos de venta de ese producto básico para entrega futura… que cause fluctuaciones repentinas o irracionales o cambios injustificados en el precio de esos productos, constituye un lastre indebido e innecesario sobre el comercio interestatal de ese producto”. Además la CEA instruye a la CFTC para que establezca los límites comerciales “que la Comisión considera necesarios para disminuir, eliminar o impedir un lastre semejante”. [7]

¿Dónde está la CFTC ahora, cuando necesitamos esos límites? Como señaló correctamente el senador Sanders, la CFTC parece ignorar la ley en beneficio de Goldman Sachs y amigos de Wall Street que dominan el negocio de los futuros de petróleo.

En cuanto quede claro que el gobierno de Obama ha actuado para impedir cualquier guerra con Irán abriendo diversos canales diplomáticos secretos y que Netanyahu solo trata de utilizar las amenazas de guerra a fin de reforzar su posición táctica para negociar con un gobierno de Obama que desprecia, el precio del petróleo se derrumbará en días. Hasta entonces, los conocedores de los derivados clave del petróleo se morirán de risa. El efecto del aumento de los precios del petróleo sobre el frágil crecimiento económico del mundo, especialmente en países como China, también es muy negativo.


Notas:

[1] Morgan Korn, Oil Speculators Must Be Stopped and the CFTC “Needs to Obey the Law”: Sen. Bernie Sanders, Daily Ticker, March 7, 2012, en http://finance.yahoo.com/blogs/daily-ticker/oil-speculators-must-stopped-ctfc-needs-obeylaw-
[2] Ibíd.
[3] UpstreamOnline, Kuwait's oil minister believes current world oil prices are not justified, adding that the Gulf state's current production rate will not affect its level of strategic
[4] Peter S. Goodman, Behind Gas Price Increases, Obama's Failure To Crack Down On Speculators, The Huffington Post, March 15, 2012, en http://www.huffingtonpost.com/peter-s-goodman/gas-price-increase_b_1346035.html
[5] Tom Parfitt, US 'tells Russia to warn Iran of last chance' , The Telegraph, 14 March 2012,
[6] Steve Levine, Obama administration brushes off oil price impact of Iran sanctions,
Foreign Policy, March 8, 2012, en
[7] F. William Engdahl, ‘Perhaps 60% of today’s oil price is pure speculation’, Global Research, May 2, 2008, en

F. William Engdahl es un frecuente colaborador de Global Research.

lunes, 2 de abril de 2012

¿Habrá cénit del petróleo o no?

En el programa Al Rojo Vivo, del pasado viernes 30 de marzo en La Sexta, en el minuto 23:51 del vídeo de la segunda parte (transmitido entonces sobre las 14.01 horas); sale el periodista, vinculado a lo peor de nuestro «facherío» hispano, Luís Alfonso Rojo y nos suelta:

«El mundo que tendremos en el 2020 va a ser muy distinto al actual, por falta de petróleo, de materias primas. La riqueza que hemos tenido, y el Estado de Bienestar que hemos tenido, no lo tendremos para el 2020...»

¡Parece que algunos ya saben lo que va a pasar dentro de ocho años! Pues, otros ni siquiera estamos seguros de nada. ¡Mira que decir que el petróleo se acabará para el año 2020!, ni los expertos lo saben, y lo van saber nuestros fachas-liberales como Esperanza Aguirre y el plumífero del Luís Alfonso Rojo.

En el número 399, editado en diciembre del 2009, de la revista de divulgación científica Investigación y Ciencia, hay un artículo titulado «Explotación de las reservas de petróleo» firmado por Leonardo Maugeri. Además, también hay una entrevista que os voy a reproducir, en la cuál se reconoce que todavía no se sabe nada sobre la cantidad total de petróleo que hay en el mundo entero. Y los otros dos lumbreras que anteriormente he citado, ¿sí que lo saben? ¡Sorprendente!

¿Habrá cenit o no?

Numerosos observadores se inquietan por las futuras existencias de petróleo y la posibilidad de que el incesante crecimiento de la producción global esté llegando a su fin. El autor* se confiesa escéptico. Aquí expone sus argumentos.

Usted ha afirmado en varias ocasiones que la alarma actual sobre un inminente «cenit del petróleo» es excesiva. ¿No vale más prevenir que curar?

LEONARDO MAUGERI: Es absurdo predecir un cenit de la producción mundial porque ello exigiría conocer el volumen total de petróleo que yace bajo tierra. Nadie lo sabe realmente; ni siquiera en orden de magnitud. Mientras tanto, lo peor de este pánico recurrente es que induce a los políticos occidentales a intentar controlar las regiones productoras de crudo.

Sin embargo, quienes advierten del cenit apuntan a la reciente inestabilidad del precio del crudo como señal de que nos estamos aproximando al «pico».

L.M.: En mi opinión, la capacidad de reserva prevista —o su ausencia— es la que gobierna los ciclos de precios del petróleo. El problema es que no podemos cambiar de la noche a la mañana las dimensiones de la capacidad de reserva.

¿Qué se podría hacer para estabilizar los precios?

L.M.: En la reunión de ministros de energía del G8 del pasado mayo, mi compañía, ENI, propuso establecer una Agencia Mundial de la Energía con el mandato de reducir la volatilidad de los precios del crudo. Su cometido principal sería proporcionar datos completos y transparentes sobre el mercado petrolero y gestionar, por un lado, un fondo de estabilización global para evitar el derrumbe de los precios y, por otro, un mercado de la capacidad no aprovechada para impedir subidas estratosféricas.

Desde una perspectiva ambiental, ¿son buenos o malos los altos precios del petróleo?

L.M.: El mundo necesita un petróleo que no sea demasiado caro ni demasiado barato. En las condiciones actuales, un precio ideal estaría entre 60 y 70 dólares el barril. Por encima de 70, se tornarían rentables los métodos poco eficientes de producción de biocombustibles (conversión de maíz en etanol, por ejemplo); la producción de biocombustibles tendería entonces a desplazar la agricultura global, con efectos devastadores sobre los más necesitados del planeta. Por debajo de 50 o 60 dólares, los aspectos ecológicos se dejarían a un lado y se esfumarían los proyectos de energías renovables.

* Leonardo Maugeri es economista y vicepresidente de la petrolera italiana ENI, así como profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT).


jueves, 8 de marzo de 2012

Confesiones de un "ex creyente" en la teoría del cenit del petróleo

por William Engdahl

La buena noticia es que las visiones catastróficas de la humanidad a punto de quedarse sin petróleo son erróneas. La mala es que el precio del petróleo va a seguir aumentando. El cenit del petróleo no es el problema. El problema es la política. Las grandes petroleras quieren mantener el precio del petróleo elevado. Dick Cheney [1] y sus amigos están dispuestos a ayudarles.

Personalmente, he hecho investigaciones sobre las cuestiones petroleras desde los primeros choques petroleros de los años 70. En 2003, estaba intrigado por algo que llamaban “Teoría del Cenit del Petróleo”. Esta teoría, parecía explicar la decisión de Washington, de otra forma inexplicable, de arriesgar todo en una agresión militar contra Irak.

Los defensores de la teoría del cenit petrolero, dirigidos por el antiguo geólogo Colin Campbell de British Petroleum, y el banquero tejano Matt Simmons, sostienen que el mundo hace frente a una nueva crisis. O bien al fin de la era del petróleo barato, o bien al cenit mundial del petróleo, puede ser de aquí al 2012, puede ser inclusive en 2007. Las reservas de petróleo estarían, parecería ser, en sus últimas gotas. Para probar esto, utilizan el argumento de la fuerte alza de los precios del combustible y el declive de la producción en el Mar del Norte, en Alaska y en otros yacimientos.

Según Campbell, el hecho de que ningún nuevo yacimiento de petróleo de tamaño comparable a los del Mar del Norte haya sido descubierto desde la época en que estos fueron hallados, hacia fines de los 60, es una prueba. Según ciertas informaciones, habría inclusive logrado convencer a la Agencia Internacional de Energía y al gobierno sueco. Sin embargo, esto no prueba que tenga razón.

¿Fósiles intelectuales?

La escuela del cenit petrolero se apoya sobre los manuales convencionales de geología, la mayoría escritos por geólogos estadounidenses o británicos, que afirman que el petróleo es un “combustible fósil”, un residuo o un deshecho biológico de restos fosilizados de dinosaurios o quizás de algas, lo que significa que el aprovisionamiento tendrá fin. El origen biológico es central para la teoría del cenit, que es utilizada para explicar por qué el petróleo es descubierto solamente en ciertas regiones del mundo, donde esta geológicamente aprisionado, desde hace millones de años. Esto significaría, por ejemplo, que los restos de dinosaurios muertos han comenzado a ser comprimidos, y que en el curso de unas decenas de millones de años, se habrían fosilizado y habrían quedado en depósitos subterráneos a, quizás, unos 4.000 a 6.000 pies [1 a 2 Km.], bajo la superficie de la tierra. En algunos casos raros, así establece la teoría, cantidades enormes de materia biológica deberían haber sido hechas prisioneras en formaciones de rocas situadas en los yacimientos marinos más superficiales, como los del Golfo de México, el Mar del Norte, o el Golfo de Guinea. La geología debería únicamente tratar de comprender o conocer los lugares donde estos bolsones, entre las capas geológicas, llamados depósitos, se encuentran en el interior de ciertas cuencas sedimentarias.

Una teoría completamente diferente sobre la formación del petróleo apareció en Rusia a principios de los años 50, y sigue siendo prácticamente desconocida en occidente. Esta afirma que la teoría convencional estadounidense sobre orígenes biológicos es un absurdo no científico y que no está demostrada. Estos geólogos rusos señalan que los occidentales previeron varias veces el fin del petróleo durante el pasado siglo, para al final acabar encontrando más, mucho más.

Esta explicación alternativa sobre el origen del petróleo y del gas, no existe solo en la teoría. La emergencia de Rusia, y anteriormente de la URSS, como uno de los más grandes productores de petróleo y gas natural, está basado en la aplicación de la teoría en la práctica. Esto tiene consecuencias geopolíticas de gran envergadura.

La necesidad: la madre de la invención

En los años 50, la Unión Soviética hacia frente al aislamiento del “telón de acero” occidental. La guerra fría estaba en su plenitud. Rusia tenía poco petróleo para hacer funcionar su economía. Encontrar suficiente petróleo en su territorio era una prioridad de seguridad nacional.

Los científicos del Instituto de Física de la Tierra de la Academia Ucraniana de Ciencias, comenzaron una investigación fundamental, hacia el fin de los 40: ¿de dónde viene el petróleo?

En 1956, el profesor Vladimir Porfiriev, presentó sus conclusiones: “el petróleo crudo y el gas natural no tienen ninguna relación intrínseca con la materia biológica cerca de la superficie de la tierra. Son materiales primitivos que surgieron de las profundidades abismales”. Los geólogos soviéticos acababan de poner la geología ortodoxa occidental patas arriba. Llamaron a su teoría sobre el origen del petróleo, teoría “abiótica” —no biológica— para diferenciarla de la occidental, sobre el origen biológico del petróleo.

Vladimir Porfiriev


Si ellos tenían razón, las reservas de petróleo de la Tierra serian limitadas solo por la cantidad de constituyentes de hidrocarburo presentes en las entrañas de la Tierra en el momento de su formación. La disponibilidad del petróleo dependería únicamente de la tecnología para perforar pozos ultra-profundos, y para explorar las regiones interiores de la Tierra. Se dieron cuenta, también, que antiguos yacimientos podrían ser restaurados y podrían seguir produciendo, como yacimientos que se rellenan de nuevo por sí solos. Afirman que el petróleo se forma en las profundidades de la tierra, en condiciones de muy alta temperatura y presión, comparables a las que son necesarias para la formación de los diamantes. “El petróleo es un material primitivo de origen abismal, que es transportado bajo presión por medio de procesos eruptivos 'fríos', hasta la corteza terrestre”, declaro Porfiriev. Su equipo descartó la idea de que el petróleo es un residuo biológico de restos fósiles vegetales y animales, y consideran esta idea como un engaño concebido para perpetuar el mito del aprovisionamiento limitado.

La profunda y caliente biosfera de Thomas
Gold, uno de los textos fundamentales de
la teoría del origen abiótico del petróleo

Desafiar la geología convencional

Esa visión radicalmente distinta sobre los orígenes del petróleo que tienen los científicos rusos y ucranianos permitió a la URSS hacer inmensos descubrimientos de gas y petróleo en regiones en las que anteriormente se pensaba poco propicias para su presencia, según las teorías de explotación geológica occidental. La nueva teoría sobre el petróleo fue utilizada a principios de los años 90, después de la disolución de la URSS, para buscar gas y petróleo en una región que era considerada desde hacía más de 40 años como geológicamente estéril, la cuenca del Dnieper-Donets, situada entre Rusia y Ucrania.

Siguiendo la teoría abiótica, de los orígenes abismales del petróleo, los geofísicos y químicos del petróleo ruso y ucraniano comenzaron por un análisis detallado del pasado tectónico y de la estructura geológica del subsuelo cristalino de la cuenca del Dnieper-Donets. Después de análisis tectónicos y de la estructura profunda de la zona, hicieron investigaciones geofísicas y geoquímicas.

Fueron perforados un total de 61 pozos, de los cuales 37 eran comercialmente productivos, una tasa extremadamente impresionante de éxito en la exploración, cerca del 60%. El tamaño del campo descubierto es comparable al North Slope en Alaska. Contrariamente, la perforación salvaje de los EE UU fue considerada un éxito, con una tasa de logros del 10%. Nueve de cada diez pozos son, por decirlo así, “agujeros secos”.

Pozo petrolero en la cuenca del Dnieper-Donets


La investigación geofísica rusa que permitió encontrar petróleo y gas fue herméticamente envuelta en el tradicional velo soviético de la seguridad del estado durante la era de la Guerra Fría, y permaneció en gran parte desconocida para los geofísicos occidentales que siguieron difundiendo el origen fósil y, como consecuencia, los severos límites físicos del petróleo. Lentamente fue naciendo entre ciertos estrategas del interior y “alrededores” del Pentágono, bastante más tarde del comienzo de la guerra de Irak, en 2003, la idea de que los geofísicos rusos podrían tener entre manos algo de una profunda importancia estratégica.

Si Rusia tenía conocimiento científico y la geología occidental no, esta poseería un as bajo la manga de gran importancia geopolítica. No sería sorprendente que Washington quisiera erigir un “muro de acero”, constituido por una red de bases militares y escudos antimisiles alrededor de Rusia, con el fin de cortar sus lazos portuarios y sus oleoductos destinados a alimentar Europa occidental, China y el resto de Eurasia. La pero pesadilla de Hallfor Mackinder —una convergencia cooperativa de mutuos intereses de los principales estados de Eurasia, nacida de la necesidad y de la falta de petróleo para alimentar el crecimiento económico— estaba emergiendo. Irónicamente, era la descarada apropiación por parte de EE UU de las vastas riquezas petroleras de Irak y eventualmente de Irán, lo que catalizaba esta cooperación, cada vez más estrecha, entre tradicionales enemigos eurasiáticos, China y Rusia, y también una creciente conciencia en Europa occidental de que sus opciones se hacían cada vez más pequeñas.

El Rey de Cenit

La teoría del cenit petrolero se basa en un documento publicado por el fallecido Marion King Hubert en 1956, un geólogo tejano que trabajaba para la Shell Oil. Este afirmaba que la producción de los pozos de petróleo es parecida a una curva en forma de campana, y una vez que el “cenit” es alcanzado, el declive es inevitable. Vaticinó que la producción de EE UU llegaría a su pico en 1970. Un hombre modesto, llamó a la curva de producción que inventó, curva de Hubert, y al cenit, cenit de Hubert. Cuando el rendimiento de la extracción de petróleo en EE UU comenzó a disminuir, alrededor de 1970, Hubert ganó un cierto renombre.


El único problema era que el cenit del petróleo no dependía del agotamiento de las fuentes en los yacimientos norteamericanos. Hubo un “cenit” porque Shell, Mobil, Texaco, y otros socios de la saudi ARAMCO inundaron el mercado norteamericano con sus importaciones desde Medio Oriente a muy bajo precio, exonerados de tarifas aduaneras, a precios tan bajos que muchos productores de California y muchos de Texas no podían competir y fueron forzados a cerrar sus pozos.

Los logros de Vietnam

Mientras que las multinacionales petroleras norteamericanas estaban ocupadas controlando los grandes campos de fácil acceso en Arabia Saudí, Kuwait, Irán, y otras áreas de petróleo barato y abundante durante los años 60, los rusos estaban ocupados en probar su teoría abiótica. Comenzaron por perforar en una región de Siberia considerada estéril. En este lugar, desarrollaron 11 importantes yacimientos petroleros y un yacimiento gigante basado en sus estimaciones geológicas abismales y “abióticas”. Perforaron en rocas cristalinas del subsuelo y descubrieron oro negro en una escala comparable a la North Slope de Alaska.

Seguidamente, estuvieron en Vietnam en los años 80 y ofrecieron financiar los costos de perforación para demostrar que su nueva teoría geológica funcionaba. Los yacimientos del Tigre Blanco, en Vietnam, perforados en el mar por la compañia Petrosov en roca de basalto a aproximadamente 17.000 pies (5Km.) de profundidad permiten la extracción de 6.000 barriles diarios, para alimentar su economía hambrienta de energía. En la URSS los expertos geólogos rusos abióticos perfeccionaron sus conocimientos, y el país se transformó en el más grande productor del mundo, a mediados de los 80. Pocos en occidente entendieron por qué, o no se molestaron en preguntárselo.


Plataformas petrolíferas en el yacimiento
vietnamita del Tigre Blanco

El Dr. J. F. Kenney es uno de los pocos geofísicos occidentales que dieron clases y trabajaron en Rusia, estudiando con Vladilen Krayushkin, quien desarrolló el enorme yacimiento de Dnieper-Donets. Kenney me dijo en una reciente entrevista que “para haber extraído solamente la cantidad de petróleo producida hasta la fecha por el yacimiento de Ghawar (Arabia Saudí) se habría necesitado un cubo de restos fósiles de dinosaurios, y ello suponiendo una eficiencia de transformación del 100%, que debería medir 19 millas de profundidad, 19 de largo, y 19 de alto, [aprox. 30Km. de alto, largo y profundo]. En resumen, un absurdo.

Los geólogos occidentales no se molestan en presentar pruebas científicas de los orígenes fósiles. Simplemente lo afirman, como si se tratara de verdades religiosas. Los rusos, en cambio, produjeron volúmenes de documentación científica, la mayoría en ruso. Los periódicos occidentales dominantes no tienen ningún interés en publicar una revisión tan revolucionaria. Cargos y trayectorias académicas enteras están, después de todo, en juego.

Cerrar la puerta

El arresto en 2003 del Mijail Jodorkovsky, de la compañía Yukos Oil tuvo lugar justo antes de que pudiera vender una parte importante de Yukos Oil a Exxon Mobil, después de una entrevista privada de Jodorkovsky con Dick Cheney. De haber obtenido esta participación en Yukos Oil, Exxon habría tenido el control de la más grande fuente del mundo de geólogos e ingenieros formados en técnicas abióticas de perforación en profundidad.

Desde 2003, el número de científicos rusos que comparten sus conocimientos ha disminuido considerablemente. Las ofertas de principios de los 90 para compartir sus conocimientos con EE UU y otros geofísicos del petróleo fueron fríamente rechazadas, según geofísicos norteamericanos implicados.

Entonces, ¿por qué una guerra de alto riesgo para controlar Irak? Desde hace un siglo, las grandes sociedades petroleras USA y sus aliados en países occidentales controlan el petróleo mundial a través del control de Arabia Saudí, Kuwait, y Nigeria. Hoy, viendo los yacimientos gigantes de petróleo que se agotan, las compañías perciben los yacimientos estatales de Irak e Irán como las mayores reservas de petróleo barato y accesible que subsisten todavía. Con la demanda enorme en petróleo de China y también de India, tomar directamente el control militar de esas reservas en Medio Oriente se convierte en un imperativo geopolítico para EE UU. Y lo más rápidamente posible. El vicepresidente Cheney llegó a su puesto actual vía Halliburton Corporation, la sociedad de servicios geofísicos más grande del mundo, en el terreno petrolero. La única amenaza potencial para este control del petróleo por parte de EE UU, resulta estar justamente en el interior de Rusia, y con las compañías gigantes rusas, ahora controladas por el Estado. Hmmmm.

Según Kenney, los geofísicos rusos utilizaron las teorías del brillante científico alemán Alfred Wegener, al menos 30 años antes que los geólogos occidentales “descubrieran” a Wegener en los 60. En 1915, Wegener publicó la innovadora teoría “la génesis de los continentes y los océanos”, que sugiere que hace 200 millones de años existía un súper continente único, la “Pangea”, que se separó formando los actuales continentes por medio de lo que él llamó la ”Deriva Continental”.

Hasta los años 60, los supuestos científicos de EE UU, como el Dr. Frank Press, entonces consejero en ciencia de la Casa Blanca, se refirieron a Wegener como a un “lunático”. A finales de los 60, los geólogos se vieron forzados a tragarse sus palabras, dado que Wegener ofrecía la única explicación que les permitió descubrir vastos recursos petroleros del Mar del Norte. Puede ser que dentro de algunas décadas, los geólogos occidentales reconsideren su mitología sobre los orígenes fósiles y se den cuenta de lo que los rusos conocen, desde los años 50. Mientras tanto, Moscú posee un as energético bajo la manga.



A Century of War de William Engdahl


NOTA:

[1] Hay que tener en cuenta que el artículo fue escrito en 2007 con George W. Bush en la Casa Blanca [N. del traductor].


(Traducción del inglés por Tommaso della Macchina en Vórtice Inmediaísta)