martes, 5 de febrero de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
POLI BUENO.
Rubén, el heroe.
La verdád es que éste tipo, Rubén, tiene una profesión bastante discutible. Pero no se puede negar que tiene un par de cojones unidos a una nobleza y una generosidad muy poco habituales en nuestras podridas sociedades actuales, donde reinan con aplaudida insolencia la bajeza, la cobardía y la mezquindad.
No solo ha sido el único individuo en un anden de metro atestado de gente capaz de tirarse a las vías para salvar la vida de una mujer que acababa de caer desvanecida a los raíles, sin pensárselo, y con el tren a punto de llegar, sino que hace algún tiempo en unas vacaciones en Croacia, éste mismo individuo sacó de las aguas de un lago y salvó la vida de una niña que se había caido y se estaba ahogando.
¡¡¡ Salúd para el poli bueno !!!
domingo, 3 de febrero de 2013
Los rasgos faciales no tienen relación con el comportamiento violento
Los rasgos faciales no tienen relación con el comportamiento violento de los hombres, según se desprende de un estudio del Centro Nacional Patagónico (Cenpat-Conicet de Argentina) y de la Universidad Nacional Autónoma de México, según ha informado este lunes la Universitat de Barcelona (UB), que también ha participado.
La investigación, que publica Plos One, se ha realizado a partir de una muestra de 5.000 individuos de 94 poblaciones de todo el mundo, y aporta nuevos datos científicos para rechazar las hipótesis que asocian la forma de la cara con conductas antisociales y criminales, conjeturas de mediados del siglo XIX que actualmente han vuelto a coger revuelo.
Para los coordinadores del trabajo, las «hipótesis adaptativas» sin contratar pueden generar un aumento de los prejuicios raciales, discriminación e intolerancia, con lo que el presente estudio —basado en coordenadas craneales de dos y tres dimensiones más fiables— desmiente esta tesis y también concluye que tener un rostro más o menos ancho no tiene relación con el éxito reproductivo, cuestión que también han analizado.
La parte de 'culpa' de cada especie en su riesgo de extinción
01/02/2013
La mayor variabilidad en rasgos de la historia vital, ecología y comportamiento reduce la vulnerabilidad de los mamíferos frente a la extinción. Estas son las conclusiones de una investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha sido portada del número de febrero de la revista Ecology Letters.
Los resultados han sido obtenidos gracias al análisis estadístico de información relacionada con 2.761 especies de mamíferos de todo el mundo. Esos datos, referentes a 14 rasgos de estos animales, han sido relacionados con su riesgo de extinción según su clasificación en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.
Frente a las alteraciones antropogénicas, el artículo explica que «algunas especies muestran un rápido decrecimiento mientras que otras persisten e incluso se expanden más». Previos estudios han demostrado que algunas características como la densidad de población y la duración de la gestación de una especie tienen una fuerte correlación con el riesgo de extinción.
La investigación se ha centrado en analizar cómo la variabilidad dentro de estos rasgos en una misma especie influye en su capacidad de supervivencia. La investigadora de la Estación Biológica de Doñana del CSIC Manuela González, autora del artículo, detalla: «Se sabe que las especies más vulnerables son aquellas con pocos individuos y poca capacidad de respuesta a las amenazas. Estas características dependen, en parte, de cómo son las propias especies».
Por lo tanto, si una especie tiene una mayor variabilidad de estos factores entre sus individuos y/o sus poblaciones, tendrá también una mayor capacidad para responder de distintas maneras a las amenazas existentes, lo que reducirá su riesgo de extinción. Los factores cuya mayor variabilidad más estimulan la supervivencia son el tamaño corporal, el tamaño de la camada, la edad de maduración sexual y la densidad de las poblaciones.
Según el investigador del CSIC Eloy Revilla, responsable de la investigación, «estas conclusiones enfatizan la importancia de considerar la variabilidad de las características animales en los programas de conservación». Este factor sería, por tanto, el tercer atributo común entre los mamíferos amenazados junto al reducido número de individuos y la baja capacidad de recuperación.
sábado, 2 de febrero de 2013
'Huellas de chapapote'
Documental sobre el petrolero hundido frente a las costas gallegas se prohibió su emisión la pasada semana, y se cambió por otro, en TVE. El programa, que iba a emitirse en «Documentos TV» de La 2, el pasado domingo 27 de enero de 2013, pero fue frenado in extremis por la cúpula de la televisión pública.
El 13 de noviembre del 2002 el petrolero Prestige se hunde frente a las costas gallegas, produciendo uno de los mayores desastres ecológicos conocidos, ante la pasividad e inoperancia de las autoridades autonómicas y del Gobierno central del PP (si no fue por la inmediata respuesta de los pescadores y habitantes de la zona y, como más tarde ocurrió, de los centenares, miles de voluntarios de todo el país, podría haber sido mucho peor). Unos años después se hace este documental que indaga en las consecuencias que acarreó tal contaminación... Documental que ha sido censurado en esta «democrática» España.
Aquí os pongo parte del comienzo...
viernes, 1 de febrero de 2013
El cebro, un enigma zoológico
La toponimia ha conservado en Ibias, Salas, Gijón y Piloña la memoria de un équido salvaje ibérico que se extinguió en el siglo XVI y cuya identidad ha estado rodeada de misterio
LUIS MARIO ARCE
7 de noviembre de 2012
Las praderas de la Asturias medieval albergaron a un gran herbívoro que desapareció sin dejar apenas rastro. Su huella fue más consistente en otros puntos de la península Ibérica, pero, aún así, este animal se extinguió en el siglo XVI sin que la Ciencia tuviese conocimiento de su existencia. Fray Martín Sarmiento intuyó de qué se trataba en un trabajo escrito en 1571 pero que permaneció inédito —y, por tanto, ignorado— hasta el año pasado. Así, el primero en reivindicarlo públicamente, en los años cincuenta del siglo pasado, fue el destacado naturalista y microbiólogo barcelonés Dimas Fernández-Galiano, cuya propuesta fue recibida con incredulidad y fue desechada. Ahora, el zoólogo Carlos Nores, profesor titular del departamento de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo, recoge el testigo y desentraña, en un libro ya muy avanzado, este interesante caso de criptozoología: el cebro [también zebro o encebro].
«Lo más importante de este animal es que existió y nadie se enteró», subraya Nores. Durante mucho tiempo, el cebro se identificó como «Equus hydruntinus», una especie de équido descrita en 1904 en Otranto (Italia) que parecía un pequeño asno, de edad pleistocena, diferente del que introdujeron los fenicios. «La mayor parte de lo que aparece de este animal son restos de extremidades y dientes, no se conoce ningún esqueleto completo hasta el siglo XXI. Todo lo que, por tamaño, no podía ser de caballo se asignaba a Equus hydruntinus, explica Nores. Esa asimilación del cebro con los asnos no es exclusiva de los paleontólogos del siglo XX. Así, Alfonso X el Sabio identifica al cebro con el onagro, el asno salvaje asiático (que nunca habitó aquí), denominándolo «asno montés», y el mismo Nikolai Przewalski, coronel de Caballería, explorador y descubridor, en el último tercio del siglo XIX, del caballo mongol que lleva su apellido, pensó que debía tratarse de un onagro. La investigadora Eva-Maria Geigl, del Instituto Jacques Monod de París, deshizo el equívoco el año pasado a partir del estudio de ADN mitocondrial de restos de équidos de hasta 100.000 años de antigüedad: dictaminó que el Equus hydruntinus nunca existió y que el cebro era un caballo, no un asno.
«Ahora pensamos que el cebro era un caballo salvaje similar al tarpán de estepa, descrito a finales del siglo XVIII en el sur de Rusia y en Ucrania, que se extinguió a finales del XIX, y al que llamaban tarpán de bosque, que vivió en Bialowieza, en Polonia, y desapareció hacia 1810». Nores opina que los dos tarpanes y el cebro eran un mismo tipo de caballo adaptado a ambientes diferentes, «y suponemos que también está relacionado con el sorraia portugués, descrito cerca de Lisboa, en el meollo de la distribución del cebro, pero no lo sabemos». Su aspecto sería similar al del caballo de Przewalski, que ha sobrevivido en algunos núcleos zoológicos; un caballo menudo, de patas finas, con crines enhiestas, de capa gris o isabelina, uniforme, salvo por la «raya de mulo» que recorría su espina dorsal, con el extremo distal de las patas negruzco y, en ocasiones, con cebraduras en la parte alta de las patas.
«Hemos hecho la reconstrucción a partir de información suelta. No hemos podido demostrar inequívocamente lo que es, pero sí dar forma a una hipótesis que encaja con lo que sabemos», señala Nores. «Pasamos de la hipótesis del Equus hydruntinus a la de que es un caballo, pero no como los domésticos. Es posible que hubiese híbridos, pero no debió quedar domesticado», añade. Nores ha recopilado más de un centenar de topónimos que hacen referencia al cebro y que se remontan, al menos, hasta el siglo IX. Cuatro están en Asturias: el monte Cebreiro, en el límite de Ibias con León; la vega Cebrón, en Salas; el arroyo de Cebreros, en Gijón, y el alto de Cebrandi, entre Piloña y Caso. A esta fuente se suman las menciones en la literatura de los siglos XII y XIII al «onagri» o al «zebro», en 65 foros portugueses y 15 fueros españoles, así como las traducciones de textos latinos que identifican la palabra onagro con cebro. Una asimilación que consagra, en 1275, la Historia General de Alfonso X: «onager dezimos nós que es en la nuestra lengua por asno montés o enzebro».
Esta información, puesta sobre un mapa, permite representar el área de distribución del cebro, que en el siglo XII ocupaba Portugal, parte de Galicia, Asturias y la Meseta Norte y todo el centro peninsular, llegando por el Este hasta Murcia, y ver cómo se contrajo casi a la mitad en el siglo XIII, perdiendo los territorios más septentrionales, y quedó reducida a tres «islas» en el siglo XIV y a un último refugio en el XVI, en el área de Chinchilla, en Albacete. A esa última población se refiere un texto de 1576, que habla del cebro ya en pasado: «En esta tierra había muchas cebras, las cuales eran a la manera de yeguas cenizosas, de color de pelo de las ratas, (...) y corrían tanto que no había caballo que las alcanzara». Tres años más tarde, otro dato, procedente del pueblo de La Roda, también en Albacete, aproxima la fecha de extinción de este caballo salvaje al decir que «acabose hace unos 40 años» la caza de «las cebras». No obstante, parece que algún ejemplar aislado pervivió, pues más de un siglo después, en 1682, se cita en Badajoz la existencia de lo que llaman «jumento cebro»
«Veloz como una cebra»
La historia del cebro ibérico tiene muchas ramificaciones interesantes. Por ejemplo, este caballo fue el que dio nombre a las cebras africanas, aunque ya se había extinguido cuando fueron descubiertas. Carlos Nores lo cuenta así: «El primer dato sobre las cebras africanas aparece en un libro de 1591 del geógrafo y matemático Filippo Pigafetta. La información procede de Duarte Lopes, un mercader portugués que estuvo en el norte del Congo (actual Angola) y viajó desde allí a España y a Roma como embajador del rey Álvaro I del Congo, convertido al cristianismo, para entrevistarse con Felipe II y establecer relaciones estatales, y con el Papa Sixto V, para que enviase misioneros. Ninguno le hizo caso, pero en Roma conoció a Pigafetta y le contó cosas, y luego aquél publicó un libro, que fue el único que existió durante mucho tiempo sobre el África transahariana. Ahí describe a la cebra africana».
Lopes llama cebra al équido africano, un nombre que también utilizan los misioneros portugueses que van a Mozambique, mientras todas las demás referencias a estos animales los designan como asnos o caballos rayados. «Acababa de extinguirse el cebro, pero persistía la tradición», aclara Nores. Así, cuando Pigafetta, por boca de Lopes, describe la velocidad y ligereza de las cebras, hace referencia al dicho «veloz como una cebra» que se utilizaba en Portugal y en Castilla, obviamente en referencia al cebro.
El «bautismo» científico de las cebras le corresponde a Ulisse Aldrovandi, autor de una enciclopedia de fauna, cuyo tomo relativo a los mamíferos solípedos (équidos), publicado en 1616, recoge su descripción de un libro del holandés Jan Huyghen van Linschoten, secretario del Obispo de Goa (India), quien, a su vez, la había tomado de Pigafetta. La referencia de Aldrovandi será utilizada por Carl von Linné en su Systema naturae. Llegados a este punto, Nores hace notar un equívoco en el tipo de cebra al que se refiere la primera descripción de la especie. «Se pensó que era la Equus zebra, la cebra de montaña, la que hay en El Cabo, porque de ahí venían los datos que se tenían —era parada obligada en la ruta de las Indias—, pero la referencia corresponde a otra cebra al sur de Angola [el cuaga] Equus quagga quagga, ya extinguida, cuyo aspecto se asemeja más al que se le supone al cebro ibérico.
Los científicos son personas objetivas
Daniel Closa i Autet
100 mitos de la ciencia
Lectio Ediciones, 2012
Lectio Ediciones, 2012
De nuevo los tópicos. Se supone que la ciencia es una actividad basada en datos objetivos, en interpretaciones objetivas y en valoraciones objetivas. En consecuencia, las personas que se dedican a esto no pueden ser menos que el paradigma de la objetividad. Por otro sorprende mucho cuando ocasionalmente aparecen en la prensa noticias sobre investigaciones fraudulentas, resultados falsos, valoraciones interesadas y ocultación de datos. Como si los científicos no fueran personas normales que pueden estar bajo presión para conseguir resultados, o pendientes de una subvención, o del progreso de su carrera más que de la ciencia.
Que un político mienta ya se da por hecho, como si fuera parte de su trabajo. No tendría que ser así, pero es lo que hay. Si el mentiroso es un banquero, tampoco sorprende mucho. La indignación, más que con el banquero, es con los mecanismos de control de la banca. Como si ya se diera por hecho que el dinero y el poder corrompen. Pero, ¿los científicos? ¿Por qué motivo tendrían que mentir, tergiversar o manipular?
Pues por los mismos motivos que todo el mundo, ambición, poder, dinero…
Hay que tener presente que es bastante complicado valorar el trabajo de los científicos. Es poco realista esperar que cada año hagan un descubrimiento genial. Muchas veces se hacen búsquedas prometedoras que al final no llevan a ninguna parte. Otras veces, son investigaciones poco prometedoras las que esconden la gran sorpresa. Y la manera como un científico presenta su trabajo es a través de las publicaciones especializadas. Para los no expertos son artículos en revistas terriblemente aburridas donde se describen los experimentos que se han hecho, el motivo para hacerlos, los resultados que han salido y la interpretación que se da a todo ello.
Pasados unos años, se valorará la calidad de la carrera de un científico según el número y la calidad de los trabajos que hay publicado. Y aquí el científico en cuestión se encuentra en un dilema: ¿vale la pena investigar temas de primera línea, punteros, difíciles y arriesgados? Si al final tiene éxito, la jugada es perfecta. Conseguirá buenas publicaciones y obtendrá el reconocimiento general. A partir de aquí le será más sencillo conseguir financiación para seguir investigando y para mantener un grupo de investigación, de manera que las cosas pintarán muy bien en el futuro.
Pero hablamos de investigaciones difíciles y arriesgadas. Puede ser que al final no salga nada. Que los experimentos no den resultados claros y que las publicaciones no salgan. Por definición, cuando investigas lo desconocido no se sabe lo que se encontrará. Por lo tanto, tal vez sea preferible investigar líneas más sencillas, menos arriesgadas, más conservadoras. Los resultados que se obtengan no serán nada del otro mundo, pero permitirán ir generando publicaciones. Quizás no de primerísima línea, pero si se maquillan un poco y se venden con gracia puede quedar un historial suficientemente arregladito. Lo que sucede es que esto se nota. Esta manera de hacer las cosas permite ir tirando durante un tiempo, pero alguien que sea realmente ambicioso, sabe que con esta estrategia nunca obtendrá el reconocimiento y el éxito al que aspira.
Por lo tanto, algunos deciden apostar fuerte. Y, claro está, no todos logran sus objetivos.
Es entonces cuando la tentación de arreglar unos datos, de eliminar los experimentos que no salen como se esperaba y de maquillar un poco las cosas es muy fuerte. Algunos ceden, por supuesto. Es un poco absurdo ya que pronto otros intentarán reproducir tu trabajo y verán que las cosas no salen. Pero la presión del momento puede empujar a la gente a hacer tonterías. Esto sucede en la ciencia igual que en todos los ámbitos de la vida.
Quienes se dedican a la gestión de la ciencia ya saben que las cosas no son fáciles y que vale la pena arriesgas en investigaciones que tal vez no llevarán a ninguna parte. Incluso existen programas de financiación para ideas extremadamente novedosas, arriesgadas o ingeniosas basadas en pocos datos previos. En resumen, para jugársela. Lo que se intenta es evitar que todo el mundo investigue aquello que ya se conoce, únicamente para asegurarse el pan. Como en todo, hay que encontrar un equilibrio, y no es nada fácil.
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