domingo, 10 de febrero de 2013

El islamismo mata en Túnez

Los acontecimientos de estos días confirman desgraciadamente las advertencias de Belaid

Sami Naïr

Manifestantes libaneses homenajean al asesinado
Hace tres días, se disparó y mató a Chokri Belaid, abogado y presidente del Partido de los Patriotas Demócratas Unificados (PPDU). Era un hombre afable, muy generoso, que había luchado durante años en contra de la dictadura policíaca del exdictador Ben Ali. Cuando los integristas llegaron al poder, rechazó tajantemente la alianza que hicieron dos partidos, supuestamente modernos, para gobernar con ellos, pues los integristas de Ennahda no podían gobernar solos. Era, en opinión de Belaid, una trampa muy peligrosa, cuyo motivo era sobre todo la ambición desmedida de los dirigentes de estos partidos (Ettakatol y Congreso por la República), que vendieron su alma para volverse, uno, presidente de la República y, el otro, presidente de la Asamblea Nacional. Ambos fantoches, pues el poder está en manos del primer ministro islamista: Hamadi Jebali.

Desde las elecciones a la Asamblea Constituyente, el 23 de octubre de 2011, Chokri Belaid denunciaba este acuerdo y el peligro que representaban los islamistas para los derechos humanos. Atacaba duramente a la coalición gubernamental y, en especial, al ideólogo de Ennahda, Rachid Ghannuchi, tachándolo de «facha» por haber justificado la violación de una joven por dos policías (Ghannuchi se burló de la victima preguntando «¿Qué hacía esta chica de noche en la calle?»).

Los acontecimientos de estos últimos meses confirman desgraciadamente las advertencias de Belaid. El partido Ennahda justificaba sistemáticamente las agresiones contra los laicos: artistas, intelectuales, miembros de asociaciones civiles, mujeres... Los salafistas provocan disturbios, atacan los símbolos de la nación, destrozan, tal y como hicieran los talibanes en Afganistán o los terroristas islamistas de Al-Qaeda en el norte de Malí, los santuarios religiosos populares de los tunecinos: ya han borrado del mapa cultural del país 40 santuarios sagrados en nombre de la «limpieza» religiosa. Es más, disponen de grupos armados, listos para el ataque. En cuanto a Ennahda, ha creado una milicia civil que está sustituyendo poco a poco a la policía en los barrios. Se habla ahora abiertamente, en este país pacífico y muy civilizado, de «guerra civil».

El Gobierno condena formalmente estos actos, pero Rachid Ghannuchi siempre los excusa. El sur del país se encuentra, desde hace meses, en situación de rebeldía abierta contra el Gobierno. En octubre de 2012, en la ciudad sureña de Tataouine, militantes de Ennahda apalearon a Lotfi Naguedh, representante del partido laico Nidá Tunis, hasta matarlo.

El país parece paralizado por la incompetencia de los islamistas, cuyo trabajo esencial ha consistido estos últimos meses en repartirse los despojos del antiguo poder (casas, terrenos, coches…) mientras la crisis económica destroza cada día centenares de empleos, la inflación se dispara, la corrupción se generaliza en todas partes. El Gobierno, como tal, no existe, salvo en un campo: ha desatado la guerra contra los periodistas independientes. Frente a la crisis insurreccional provocada por el asesinato de Belaid, el primer ministro Hamadi Jebali ha decidido disolver este Gobierno. Pretende reemplazarlo por un nuevo equipo de personalidades cualificadas, sin filiación partidista.

No va a lograr nada. Es demasiado tarde. Todo apunta, por ahora, a que los islamistas han perdido el apoyo de la mayoría del pueblo. El mismo partido Ennahda sufre una crisis interna muy grave entre los partidarios de Jebali, considerados como «moderados», y los de Rachid Ghannuchi, integristas disfrazados de islamistas conservadores. Esta ala quiere un enfrentamiento directo con las fuerzas democráticas y, sobre todo, la alianza con los salafistas partidarios de un Estado teocrático. Este debate, que comenzó en el último Congreso del partido islamista, dejó rastros de rencor y resentimiento en el bando de Ghannuchi. Desde junio de 2012, este no ha dejado pasar una sola oportunidad para criticar implícitamente a Jebali.

Chokri Belaid pertenecía al Frente Popular, un conjunto de partidos de la izquierda laica. Estos últimos meses, frente al auge de Nidá Tunis —del ex primer ministro Beji Caid Esebsi, liberal laico— que quita margen a la izquierda, la estrategia del Frente Nacional consistía en poner en el mismo plano a este partido y a los islamistas. Era obviamente un error. En un país sin tradición democrática la tensión finalmente desembocó en el asesinato político de Belaid. Los tunecinos, que habían iniciado la primera revolución pacífica del mundo árabe, sufren ahora el nacimiento de un movimiento islamista de tipo fascista. Y muchos ya miran hacia el Ejército...

sábado, 9 de febrero de 2013

DIOS SALVE A NUESTRO COMANDANTE.


¡Vamos a unirnos todos a una fuerte cadena de oración por la pronta y absoluta recuperación física de Hugo Chavez!



ORACIÓN DE SANACIÓN PARA EL PRESIDENTE CHAVEZ :


Padre Santo, en el nombre de Jesucristo y con la intercesión de la Santísima Virgen María, de los santos ángeles, de los santos, de la Madre María de San Jose, te presentamos a los enfermos en el alma, en la mente, en el cuerpo y en el espíritu y te pedimos para todos ellos y también para nosotros que nos sanes. Todo lo pedimos de acuerdo a tu Santa Voluntad Padre Santo, en el nombre de Jesus, por los méritos de su Divina Infancia, por su Sangre preciosa, por sus llagas, por su resurrección que todo sea para tu gloria. Creemos en tu poder y te pedimos, oh buen Jesús que la fuerza del Espiritu Santo sea liberada ahora y que el presidente de la república sea curado.


En el nombre de Jesús y con la intercesión de María, Rosa Mística, de los Santos Angeles, de los Santos y benditas ánimas del purgatorio, te pedimos Padre Santo que sanes de toda enfermedad al presidente Chavez.
Llenale Señor cualquier vacío que pudiera existir con tu presencia Santa y dale tu llenura.
Dale tu libertad y Amor,
Danos tu paz.

                                                                     El pueblo orando, casi en extasis.

En el nombre de Jesús y con la intercesión de la Santisima Virgen María, de los Santos ángeles, de los santos y benditas ánimas del purgatorio, te pedimos Padre Santo que sanes ésta grave enfermedad al presidente Chavez. Gracias Padre Santo por escuchar nuestras plegarias, sabemos que tu estas actuando con tu poder y que todo lo puedes. Señor en ti confiamos y en ti esperamos. Te damos gracias por todo lo que has hecho, por lo que estás haciendo con y por nuestras vidas.
Amén.


                                                Camaradas milicos cubanos unidos a la oración.


                                                     ¿Teología de la liberación?
        






 

viernes, 8 de febrero de 2013

Tunecinos dan último adiós a líder opositor asesinado


Enmarcados en una huelga general en la capital tunecina, miles de ciudadanos de ese país realizaron los funerales del líder opositor Chokri Belaid, quien murió esta semana tras ser baleado en la puerta de su casa y cuyo asesinato ha generado multitudinarias manifestaciones en la nación árabe.

Miles de tunecinos se concentraron este viernes en la capital de ese país para dar el último adiós al líder de la oposición, Chokri Belaid, quien fue asesinado a tiros el pasado miércoles en la puerta de su casa.

Medios locales indican que más de tres mil personas participaron en el entierro de este político anti-islamista que desde las revueltas de 2011, en las que se derrocó al régimen de Zine El Abidine Ben Ali, había generado gran aceptación.

Enmarcado en el funeral, la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT), y los partidos políticos organizaron una huelga general este viernes que también logró captar gran cantidad de adeptos.

«Es una huelga pacífica contra la violencia», dijo la central mediante un comunicado.

El llamado a paro fue atendido por bancos, comercios, supermercados, bares y restaurantes. Mientras tanto, el Gobierno ha declarado la jornada día de luto nacional.

El cuerpo del líder fue trasladado a la Casa de la Cultura del barrio en el que nació (Yebel Yulud) y será inhumado por la tarde en Djebel Jelloud, en la periferia sur de Túnez, después de una procesión.

La familia ha pedido al Ejército que proteja al cortejo. Según los medios locales, su viuda Besma ha guardado silencio durante las últimas horas después de repetir los tres últimos días que el asesinato de su marido fue encargado por los islamistas en el poder del partido Ennahda.

Todos los diarios rindieron homenaje al difunto líder del Partido de los Patriotas Demócratas Unificado y coordinador de la plataforma de izquierda Frente Popular.

El asesinato agravó además la crisis política en el país, que desde el 2011 está sumergido en protestas y manifestaciones.

El primer ministro islamista, Hamadi Jebali, pidió el miércoles la creación de un gobierno de tecnócratas, lo que su propio partido, Ennahda, rechazó.

La presidencia indicó el jueves que no ha «recibido la dimisión del primer ministro, ni los detalles de un gabinete limitado de tecnócratas», y Jebali no ha aparecido en público desde hace 36 horas.

La república en España (1873)

Der Volksstaat, 1 de marzo de 1873 



Es difícil decir cuál de las dos ha caído más bajo, desde hace tres años, la monarquía o la república. La monarquía —al menos en el continente europeo— marcha en todas partes, a un ritmo cada vez más rápido, hacia su última forma, el cesarismo. Pseudoconstitucionalismo con sufragio universal, un ejército en aumento desbordante para apoyar al gobierno, compra y soborno como medios principales de gobierno, así como enriquecimiento mediante corrupción y embuste como único objetivo del mismo, suplantan por doquier, de forma irresistible, todas aquellas hermosas garantías constitucionales, aquel equilibrio artificial de poderes, con el que soñaban nuestros burgueses en la idílica época de Luis Felipe, en la que hasta los más corruptos eran ángeles inocentes, comparados con los grandes hombres de hoy. A medida que la burguesía va perdiendo cada día más el carácter de clase momentáneamente indispensable dentro del organismo social, que se desprende de sus peculiares funciones sociales, que se transforma en una pura pandilla de embusteros, en esa misma medida se convierte su Estado en una institución protectora, no de la producción, sino del robo abierto de productos. Tal Estado no sólo lleva en sí su propia condena, sino que la historia lo ha condenado ya en Luis Napoleón. Pero es, a la vez, la última forma de la monarquía. Todas las otras formas de ésta quedan bloqueadas y anticuadas. Tras él, ya sólo es posible la república como forma de Estado.

Pero la república no corre mejor suerte. Desde 1789 hasta 1869 fue el ideal de entusiastas luchadores por la libertad, ideal constantemente perseguido, alcanzado tras dura y sangrienta lucha, pero apenas alcanzado, de nuevo se escapaba. Desde que un rey ha con-seguido hacer de Prusia una república francesa, todo esto ha cambiado. A partir de 1870 —y aquí está el avance— no serán ya los republicanos quienes harán las repúblicas —sencillamente porque ya no hay republicanos puros—, sino monárquicos desconfiados de la monarquía. En Francia los burgueses que simpatizan con la monarquía refuerzan la república, mientras que en España la proclaman con el fin de evitar la guerra civil, en el primer país debido a que hay demasiados pretendientes, en el segundo debido a que el último rey posible hace huelga (1).

Hay en ello un doble paso adelante.

En primer lugar, ha quedado destruido el embrujo que hasta hoy envolvía el concepto de república. Tras los precedentes de Francia y España, sólo un Karl Blind (2) puede permanecer atado a la superstición de los maravillosos efectos de la república. Esta se manifiesta, por fin también en Europa, como lo que, conforme a su esencia, es efectivamente en América, como la forma más acabada de dominación de la burguesía. Digo «por fin también en Europa» porque no podemos hablar aquí de repúblicas como Suiza, Hamburgo, Bremen, Lübeck y la ex-ciudad libre de Frankfurt —que en gloria esté—. La moderna república a la que aquí nos referimos es la organización política de un gran pueblo, no el minúsculo centro político de una ciudad, cantón o club de cantones que, como herencia de la edad media, han adoptado formas más o menos democráticas, y, en el mejor de los casos, han sustituido el dominio de los patricios por el dominio —no mucho mejor— de los campesinos. Suiza vive medio de la indulgencia, medio del celo de sus grandes vecinos. En cuanto éstos se ponen de acuerdo, tiene que guardarse sus solemnes frases republicanas y bajar la cabeza. Tales países sólo subsisten mientras no intenten entrar en el curso de la historia, por lo que también se les impide tal entrada neutralizándolos. La era de las repúblicas europeas efectivas partirá del 4 de septiembre o mejor, del día de Sedan, incluso si eventualmente se produjera un breve retroceso cesarista, fuera cual fuera el pretendiente. En este sentido, puede decirse que la república de Thiers constituye la final realización de la república de 1792, la república de los jacobinos sin el autoengaño de éstos. A partir de ahora, la clase obrera no puede sufrir más engaños acerca de lo que es la república moderna: la forma de Estado en la que el dominio de la burguesía recibe su última y más acabada expresión. En la república moderna se realiza, por fin, claramente la igualdad política, que en todas las monarquías se hallaba todavía sometida a ciertas excepciones. Y esta igualdad política ¿qué otra cosa es sino la explicación de que las oposiciones de clase no atañen al Estado, de que los burgueses tienen tanto derecho a ser burgueses como los proletarios a ser proletarios?

Pero los burgueses mismos sólo introducen esta última y más acabada forma del dominio burgués, la república, con la mayor aversión, se les impone por la fuerza. ¿De dónde proviene tal contradicción? Del hecho de que la introducción de la república significa romper con toda la tradición política, de que a toda organización política se le exige justificar su existencia, de que, en consecuencia, desaparecen todos los influjos tradicionales que, bajo la monarquía, sostienen el poder existente. En otras palabras: si la república moderna es la más acabada forma de la dominación burguesa, es, a la vez, la forma de Estado en la que la lucha de clases se libra de sus últimas cadenas y que prepara el campo de batalla para esa, lucha. La moderna república no es otra cosa que este campo de batalla. Y tal es el segundo paso adelante. Por un lado, la burguesía siente que llega su fin en cuanto desaparece bajo sus pies el suelo de la monarquía y, con él, todo el poder conservador que residía en la supersticiosa fe de las masas ignorantes, especialmente del pueblo llano, en la nobleza de los príncipes. Lo mismo da que esta fe supersticiosa adore la realeza por la gracia de Dios, como en Prusia, o al fabuloso César de los campesinos, Napoleón, como en Francia. Por otro lado, el proletariado percibe que el canto fúnebre de la monarquía es, simultáneamente, la llamada a la batalla decisiva con la burguesía. En eso consiste la enorme importancia de la república, en no ser más que el limpio escenario del grande y último combate de la historia mundial. Ahora bien, para que este combate entre burguesía y proletariado llegue a una decisión tienen que hallarse también suficientemente desarrolladas ambas clases en sus respectivos países, al menos en las grandes ciudades. En España sólo ocurre esto en algunas zonas del país. En Cataluña, la gran industria posee, en términos relativos, un alto desarrollo; en Andalucía y en otras zonas predomina la gran propiedad territorial y el gran cultivo —propietarios y jornaleros—; en la mayor parte del territorio encontramos pequeños propietarios de tierra en el campo y pequeña empresa en las ciudades. Las condiciones de una revolución proletaria se hallan ahí, por tanto, relativamente poco desarrolladas, y precisamente por ello sigue habiendo todavía mucho que hacer en España en favor de una república burguesa; ésta tiene ahí, sobre todo, la misión de dejar limpio el escenario para la lucha de clases que se avecina.



Para ello, lo primero que hay que hacer es suprimir el ejército e introducir una milicia del pueblo. España se halla tan afortunadamente situada, desde el punto de vista geográfico, que sólo puede ser atacada por un vecino, y esto sólo en el corto frente de los Pirineos, un frente que no constituye ni una octava parte de su perímetro total. Además, las condiciones del terreno de España son de tal naturaleza, que dificultan la guerra de movimientos de grandes ejércitos, en la misma medida en que facilitan la irregular guerra popular. Lo hemos visto con Napoleón, que llegó a enviar 300.000 hombres a España, los cuales fracasaron una y otra vez ante la tenaz resistencia popular; hemos visto esto innumerables veces desde entonces, y lo vemos hoy todavía en la impotencia del ejército español frente a las escasas partidas de carlistas en la montaña. Un país así carece de pretexto para tener ejército. Pero resulta que, desde 1830, éste no ha sido más que la palanca de todas aquellas conjuras de generales que cada pocos años derrocaban al gobierno mediante una rebelión militar para poner nuevos ladrones en lugar de los antiguos. Suprimir el ejército significa librar a España de la guerra civil. Esta sería, pues, la primera exigencia que los obreros españoles debieran plantear al nuevo gobierno.

Eliminado el ejército, desaparece también el motivo principal por el que los catalanes, de modo especial, exigen una organización estatal federativa. La Cataluña revolucionaria, el suburbio obrero de España, por así decirlo, ha sido reprimida a base de grandes concentraciones de tropas, igual que Bonaparte y Thiers reprimieron París y Lyon. Por eso exigían los catalanes la división de España en estados federales con administración independiente. Si desaparece el ejército, desaparece el motivo principal de tal exigencia; la independencia se podrá alcanzar también, en principio, sin la reaccionaria destrucción de la unidad nacional y sin la reproducción de una Suiza mayor.

La legislación financiera de España, tanto en lo que se refiere a impuestos internos como a los aranceles, es absurda de punta a cabo. En este aspecto puede hacer muchísimo una república burguesa. Igualmente, en la confiscación de la propiedad territorial de la Iglesia, a menudo confiscada, pero siempre vuelta a reunir, y, por último, de modo primordial, en la construcción de vías de circulación, que en ninguna parte se hallan en mayor descuido que ahí precisamente.

Unos cuantos años de tranquila república burguesa prepararían en España el terreno para una revolución proletaria en unas condiciones que sorprenderían incluso a los obreros españoles más avanzados. En lugar de repetir la farsa sangrienta de la revolución anterior, en lugar de realizar insurrecciones aisladas, siempre reprimidas con facilidad, es de esperar que los obreros españoles aprovechen la república para unirse "entre sí más firmemente y organizarse con vistas a una próxima revolución, una revolución que ellos dominarán. El gobierno burgués de la nueva república busca sólo un pretexto para reprimir él movimiento revolucionario y matar a balazos a los obreros, como lo hicieron en París los republicanos Favre y consortes. Ojalá los obreros españoles no les den ese pretexto. (3)



Notas:

(1) Alude Engels a la renuncia de Amedeo al trono de España en febrero de 1873.

(2) Revolucionario escritor y periodista alemán que participó el la revolución de 1848 del Gran Ducado de Baden, inventando el eslogan: “Republica alemana, Libertad, Instrucción y Bienestar para todos”.

(3) La MEGA (Marx-Engels– Gesamtausgabe) atribuye a Marx y Engels este artículo, aparecido anónimo en el Volksstaat, pero hay muchas razones para pensar que es obra de Engels, sin excluir que pudiera comentarlo con Marx, o incluso usar alguna información suya. El estilo es el de Engels, y lo que más me inclina a atribuirse fundamentalmente a él es la carta que le escribe Mesa el 11 marzo de 1873 (véase el texto en la edición de Santiago Castillo (ed.), Construyendo el futuro. Correspondencia, Trotta, Madrid, 1998). En cualquier caso, Mesa, que traduce el artículo en La Emancipación (véase el núm. 88, del 7 de marzo de 1873, p. 3, cols. 1-2), introduce algunas modificación: donde Engels habla de Karl Blind, Mesa escribe «Castelar»; además suprime una parte del último párrafo, desde «En lugar de repetir la farsa...» hasta el final. Probablemente, Mesa no se proponía en su traducción ser fiel al texto de Engels, sino servirse de la autoridad de éste para resaltar el carácter burgués de la república. Que Mesa no aceptara llamar «farsa» a la revolución anterior (supongo que se refiere a la de 1868), él que la había vivido de cerca, es perfectamente comprensible.

Oportuno lavado de cara de la Monarquía y la Iglesia gracias a un misterioso grupo anarquista


La prensa  «burguesa» de la época refleja
el montaje paraestatal conocido como Caso Scala.

Por Tomasso della Macchina

Qué casualidad. Ahora que la Iglesia (por el caso de la monja roba-niños) y la Monarquía (por las corruptelas de tan ínclita familia) están en sus horas más bajas de popularidad aparece un misterioso grupo anarquista insurreccionalista y pone una bomba (que, también casualmente, no explota) en la Catedral de la Almudena de Madrid, bomba, que según el Comando Insurreccionalista Mateo Morral (¡qué original nombre!), estaba destinada a combatir a estas dos sacrosantas instituciones.

Pero el asunto del insurreccionalismo es tan viejo como oscuro: ya en los 90 ciertas acciones armadas descerebradas convenientemente difundidas por los medios contribuyeron a dar mala imagen al grueso del anarquismo organizado (especialmente de la CNT). Por suerte, la mayor parte del Movimiento Libertario se desmarcó de dichas acciones y expresó su sospecha de que pudieran ser obra de la infiltración y la manipulación de gente poco formada o sencillamente desquiciada. Si no nos falla la memoria, la USI, la sección italiana de la AIT, ya en aquel tiempo expresó sus dudas sobre la verdadera naturaleza de estos grupos, muy abundantes en Italia. De hecho, los observadores más avispados y de mayor edad recordarán cómo en los 70 había grupos «comunistas» que, como las Brigadas Rojas, actuaban con inusitada violencia porque dentro había agentes del servicio secreto y de las fuerzas del orden de la República Italiana (curiosamente según los informes de la USI, los integrantes de estos grupos insurreccionalistas de los 90 ya habían militado en bandas armadas «marxistas-leninistas» en los 80). Era parte de lo que se llamó la Operación Gladio y su cometido era fabricar una excusa para que el orden imperante pudiera aplastar toda forma de disidencia tildándola de «terrorista». Quien sea tan ingenuo para creer que estas cosas no las hace un estado que se autocalifica de «democrático» puede leer el texto Sobre el terrorismo y el Estado del situacionista Gianfranco Sanguinetti aquí:


Ahora que ya no hay ETA y que Al-Qaeda está muy entretenida en hacer el salvaje en zonas estratégicas (petróleo, gas, uranio...) del planeta (Siria, Mali, Nigeria, el Cáucaso, etc.) hay que tener un enemigo a mano para lavar la cara a la injusticia social y seguir con el expolio capitalista. Y todo ello con el conveniente apoyo de la prensa que sin duda sabe de estos montajes y publica sin cambiar una sola coma de la versión policial (¿es éste el cuarto poder crítico con los abusos de los estados?). En fin, nada nuevo bajo el sol.

miércoles, 6 de febrero de 2013

El programa 'Al Rojo Vivo' (La Sexta) y su presentador hacen de rompehuelgas


VÓRTICE INMEDIAÍSTA

Al presentador del programa Al Rojo Vivo (ARV) de la cadena de TV La Sexta le gusta dárselas de izquierdista, se cree el azote de la corrupción y el autoritarismo y fantasea con ser la voz de los oprimidos. Pero mucho nos tememos que el izquierdismo de Antonio G. Ferreras se limita a dar cancha solamente a las luchas sociales que pueden contribuir a que caiga el gobierno de Rajoy. A Ferreras solo le interesa que vuelva al poder el PSOE (y si es con su amiga Carme Chacón a la cabeza mejor) pero poco le interesa el bien común y menos aún el bienestar de la clase trabajadora.

La verdad es que ejemplos del izquierdismo de postín de este programa de La Sexta hay muchos, pero vamos a seleccionar uno tomado del programa de hoy, por aquello de la proximidad en el tiempo. Resulta que en medio del generoso minutaje que se dedicó hoy a los chanchullos de Bárcenas y sus caciquiles correligionarios en el Gobierno había que hacer mención a la huelga de trabajadores de la limpieza de Sevilla que ha provocado, como suele pasar en estos casos, que se acumule la basura en las calles. Pues bien, entre la cobertura que hizo de la noticia Antonio G. Ferreras y su subalterno desplazado a Sevilla y la que habría hecho un equipo de periodistas «opuseros» de Intereconomía no habría habido diferencias sustanciales.


Empezó el bueno de Ferreras por un clásico periodístico en jornadas de huelga de la limpieza: echar la culpa de la acumulación de basura y del fracaso de las negociaciones a una sola parte ¿Adivinan a cuál? En efecto, a la parte más débil: a los trabajadores. Éstos, como ya se sabe, andan pidiendo en estos tiempos tan rojos que nos ha tocado vivir cosas desorbitadas, como no trabajar más horas por menos salario. Porque ésa es la ultrasubversiva reivindicación de los trabajadores de la limpieza sevillanos. ¿Por qué no pide el Sr. Ferreras que se bajen los sueldos los que dirigen la empresa, los que al fin y al cabo si se embadurnan las manos es de billetes de 500, nunca de mierda?

Nos habla además el corresponsal desplazado al foco del conflicto (y subalterno del Sr. Ferreras) de «la mala imagen y el mal olor que produce la basura acumulada en todas las barriadas sevillanas... Pero SOBRE TODO EN EL CENTRO». ¡Acabáramos! ¡Con que era esto lo que preocupaba al periodismo «progresista» de La Sexta! ¡Que la huelga espante a los guiris y que los empresarios del sector del turismo y la hostelería no hagan suficiente caja! Pues debe ser que el jefe de Antonio G. Ferreras invierte parte de sus capitales en este sector, de ahí la fijación de los presentadores de La Sexta por hacer públicas las deficiencias (harto evidentes, por otro lado) de compañías aéreas de low cost como Ryan Air, así como el apoyo a las primaveras árabes que, como es sabido, han ahuyentado el turismo hacia zonas como la Costa Brava, Levante y nuestros dos soleados archipiélagos. Por eso Mediapro (grupo mediático al que pertenece La Sexta) hizo una campaña tan sucia contra los controladores aéreos en aquel plantón de diciembre del 2010, que fue aplastado por el Gobierno de ZP «manu militari». Por eso, y por las conexiones de Jaume Roures (dueño de La Sexta) con las corruptas monarquías feudales del Golfo Pérsico, el Sr. Ferreras nos intentó convencer que la guerra de Libia era muy justa (en Libia «sí a la guerra», pero en Irak no, que allí no había intereses comerciales del Sr. Roures en juego).


También nos dice La Sexta que «la continuación de la huelga es una mala noticia para los sevillanos que son los que están sufriendo en primera persona [sic... ¿de qué verbo?] y padeciendo el tremendo olor...» Pero ¿acaso los trabajadores de la limpieza de Sevilla no son sevillanos? ¿De dónde han venido entonces? ¿De Marte? Los barrenderos de Sevilla también son sevillanos y tienen que padecer condiciones laborales deplorables, pero eso no le interesa al Sr. Roures, ni a Ferreras, ni a los subalternos de éstos.

Igualmente, es bastante hipócrita la insistencia en hablar de la IMAGEN de la ciudad. Esto lo dice una cadena que está constantemente insultando a Andalucía, una de las comunidades con más paro y peores salarios, a través de ese gran farsante que se hace llamar Gran Wyoming, un individuo que ha sido denunciado por el Centro de Estudios Históricos de Andalucía en el Parlamento andaluz por la «imagen» de los andaluces de parásitos y vagos que da en su programa El Intermedio. Y lo dice un personaje que no tiene ningún reparo en defender públicamente a la SGAE, una de las entidades más parasitarias y corruptas del suelo patrio.


Sigue La Sexta con su vil propaganda a favor de la patronal diciendo que por ahora «PARECE que no hay riesgo sanitario»... Y es que ponen en duda el dictamen de las autoridades competentes, que no suelen precisamente abogar por la revolución proletaria... Qué bien le habría venido a Ferreras y a La Sexta que la huelga hubiera tenido lugar en el tórrido agosto sevillano y no en pleno invierno; así habría habido más agentes patógenos achacables a los huelguistas. Pero, miren por dónde, no ha caído esa breva. Más suerte la próxima vez.

Acabaremos esta entrada de blog citando las palabras de Ferreras al despedir la intervención de su subalterno: «Ten cuidado, no pises, que hoy hay demasiada mierda en las calles de nuestra Sevilla...» ¿Mierda? Si quieren mierda y a montones búsquenla en los mass media de nuestra piel de toro. Esa sí que es mugre de la buena.

Tommaso della Macchina

(5 de febrero de 2012)


Nota:
Para ver el programa hacer clic en el siguiente vínculo (es el fragmento número 3 del vídeo):

martes, 5 de febrero de 2013

A Abraham Lincoln, Presidente de los Estados Unidos de América[1]


Muy señor mío:

Saludamos al pueblo americano con motivo de la reelección de Ud. por una gran mayoría.

Si bien la consigna moderada de su primera elección era la resistencia frente al poderío de los esclavistas, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muera el esclavismo!

Desde el comienzo de la titánica batalla en América, los obreros de Europa han sentido instintivamente que los destinos de su clase estaban ligados a la bandera estrellada. ¿Acaso la lucha por los territorios que dio comienzo a esta dura epopeya no debía decidir si el suelo virgen de los infinitos espacios sería ofrecido al trabajo del colono o deshonrado por el paso del capataz de esclavos?

Cuando la oligarquía de 300.000 esclavistas se abrevió por vez primera en los anales del mundo a escribir la palabra «esclavitud» en la bandera de una rebelión armada, cuando en los mismos lugares en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años, la idea de una gran República Democrática, en que había sido proclamada la primera Declaración de los Derechos del Hombre [2] y se había dado el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII, cuando, en esos mismos lugares, la contrarrevolución se vanagloriaba con invariable perseverancia de haber acabado con las «ideas reinantes en los tiempos de la creación de la constitución precedente», declarando que «la esclavitud era una institución caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema de las relaciones entre el capital y el trabajo», y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre «piedra angular del nuevo edificio», la clase trabajadora de Europa comprendió de golpe, ya antes de que la intercesión fanática de las clases superiores en favor de los aristócratas confederados le sirviese de siniestra advertencia, que la rebelión de los esclavistas sonaría como rebato para la cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores, sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían en tela de juicio en esa grandiosa guerra del otro lado del Atlántico. Por eso la clase obrera soportó por doquier pacientemente las privaciones a que le había condenado la crisis del algodón [3], se opuso con entusiasmo a la intervención en favor del esclavismo que reclamaban enérgicamente los potentados, y en la mayoría de los países de Europa derramó su parte de sangre por la causa justa.

Mientras los trabajadores, la auténtica fuerza política del Norte, permitían a la esclavitud denigrar su propia república, mientras ante el negro, al que compraban y vendían, sin preguntar su asenso, se pavoneaban del alto privilegio que tenía el obrero blanco de poder venderse a sí mismo y de elegirse el amo, no estaban en condiciones de lograr la verdadera libertad del trabajo ni de prestar apoyo a sus hermanos europeos en la lucha por la emancipación; pero ese obstáculo en el camino del progreso ha sido barrido por la marea sangrienta de la guerra civil [4].

Los obreros de Europa tienen la firme convicción de que, del mismo modo que la guerra de la Independencia [5] en América ha dado comienzo a una nueva era de la dominación de la burguesía, la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de la dominación de la clase obrera. Ellos ven el presagio de esa época venidera en que a Abraham Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la transformación del régimen social.

NOTAS

[1] El "Mensaje" de la Asociación Internacional de Trabajadores a A. Lincoln, Presidente de los EE.UU., con motivo de su segunda elección al cargo de Presidente, fue escrito por Marx -entre el 22 y el 29 de noviembre de 1864- de acuerdo con la decisión del Consejo General. En el momento más álgido de la guerra civil de los EE.UU., este "Mensaje" tuvo mucha significación.

[2] Trátase de la "Declaración de la independencia" adoptada el 4 de julio de 1776, en el Congreso de Filadelfia, por los delegados de 13 colonias inglesas en América del Norte. Se proclama en ella que las colonias norteamericanas se separan de Inglaterra para constituir una república independiente: los Estados Unidos de América. En dicho documento se formulan principios democrático-burgueses, como la libertad del individuo, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la soberanía del pueblo, etc. Sin embargo, la burguesía y los grandes propietarios de tierras norteamericanos vulneraban desde el comienzo los derechos democráticos proclamados en la Declaración, apartaban a las masas populares de la participación en la vida política y conservaron la esclavitud. Los negros, que formaban una parte considerable de la población de la república, quedaron privados de los derechos humanos elementales.

[3] La crisis del algodón fue provocada por el cese de los envíos de algodón desde América por causa del bloqueo de los Estados esclavistas meridionales por la flota del Norte durante la guerra civil. Una gran parte de la industria de tejidos de algodón de Europa estuvo paralizada, lo cual repercutió gravemente en la situación de los obreros. Pese a todas las privaciones, el proletariado europeo apoyaba resueltamente a los Estados del Norte.

[4] La guerra civil de Norteamérica (1861-1865) se libró entre los Estados industriales del Norte y los sublevados Estados esclavistas del Sur. La clase obrera se Inglaterra se opuso a la política de la burguesía nacional, que apoyaba a los plantadores esclavistas, e impidió con su acción la intervención de Inglaterra en esa contienda.

[5] La guerra de la Independencia de las colonias norteamericanas de Inglaterra (1775-1783) contra la dominación inglesa debió su origen a la aspiración de la joven nación burguesa norteamericana a la independencia y a la supresión de los obstáculos que impedían el desarrollo del capitalismo. Como resultado de la victoria de los norteamericanos se formó un Estado burgués independiente: los Estados Unidos de América.