viernes, 6 de septiembre de 2013

Salvemos a 'Langosto', la nueva víctima de Tordesillas

 

Por CÉSAR-JAVIER PALACIOS

La víctima ya tiene nombre. Se llama Langosto y morirá alanceado el próximo 17 de septiembre en Tordesillas (Valladolid). Langosto es un toro bravo de la ganadería salmantina de Puerto de San Lorenzo. Pesa 546 kilos y muestra un precioso color negro bragado. Le ha correspondido el triste privilegio de ser elegido por un supuesto grupo de expertos para convertirse en el Toro de la Vega 2013.

Sus compañeros de ganadería morirán en cualquier plaza de toros atravesados por la espada después de una tortura de un cuarto de hora. El sufrimiento de Langosto se alargará una hora y será aún más terrible. Morirá alanceado tras una larga persecución por el campo donde el estrés del animal se tornará en terror ante la sed de sangre de miles de vociferantes personas.

Año tras año no me cansaré de denunciar esta barbarie sin sentido. Amo las tradiciones, las estudio y rescato en varios libros que he publicado sobre este tema. Amo igualmente Tordesillas, localidad a la que me unen lazos afectivos y familiares. Pero me niego a justificar como «afamado torneo» o «antiquísima tradición medieval» lo que es, ni más ni menos, que una cruel estupidez sin sentido.

Otra vez habrá manifestaciones antitaurinas, algunas fuera de nuestras fronteras. Aumentará el número de firmas contrarias al sangriento evento (recogidas 200.000 en Avaaz). Y este año, como especial protesta, el joven asturiano Francisco Javier Martínez recorrerá a pie los 776 kilómetros que separan Mataró de Tordesillas para pedir la abolición de esta fiesta de salvajes.

Gracias a la clamorosa protesta de toda persona con buenos sentimientos hacia los animales, este año Tordesillas contará con una reglamentación más estricta, con multas que oscilarán entre los 1.000 y los 9.000 euros. También se reglamenta la tipología de la lanza y se estipula que el torneo no podrá superar los 60 minutos. Todo ello, dicen, para hacerlo más justo.

¿Es justicia torturar miles de personas a un pobre animal sólo por el placer de divertirse? ¿Qué más hace falta hacer o decir para que sus defensores se den cuentan de que lo único que promueven es el salvajismo más irracional?

Un año más, digamos NO al Toro de la Vega.

3-septiembre-2013

jueves, 5 de septiembre de 2013

Madrid 2020 «es un proyecto empresarial» que acabará como 'Los Juegos del Hambre'

 

La candidatura olímpica de Madrid son 'Los Juegos del Hambre', denuncian organizaciones sociales, por lo que convocaron a concentraciones en Buenos Aires, donde este sábado se llevará a cabo la elección de la sede para los Juegos Olímpicos de 2020.

«En un país [España] que está siendo laboratorio de políticas de austeridad y recorte sobre los derechos sociales (...), la capital española no está en capacidad de organizar tal evento. Sin embargo, toda la estructura empresarial del país ha difundido grandes mitos en torno a esto», informa el portal alternativo Kaosenlared.net.

Es falso que Madrid 2020 vaya a generar empleo. Solo se generaría empleo temporal, orientando a cubrir las necesidades del evento, de muy corto plazo y baja cualificación, señala el portal.

También es falso que este evento sea una salida frente a la crisis económica. Los Juegos son una reactivación económica para negocios que dependen de la financiación pública, que solo sirven para un periodo determinado. Es además una inversión pública que se hace con el recorte de fondos en sectores como educación, sanidad o investigación.

Además, Madrid 2020 implica un agujero financiero a las arcas municipales que obligaría al Ayuntamiento a pedir un 'rescate' financiero al Gobierno español para sufragar los costes de inversión, continúa Kaosenlared.net. La municipalidad tiene una deuda actual de 8.321 millones de euros derivados del coste de los preparativos de la candidatura, y durante 2012 llegó a pagar 1.000 millones de euros en concepto de intereses de la deuda.

El presupuesto total de la candidatura madrileña, que compite con Tokio y Estambul, asciende a 1.593 millones de euros de fondos públicos. «Una cifra irreal que sólo basta comparar con otras ciudades que anteriormente albergaron los Juegos: Atenas proyectó 1.600 millones de dólares y terminó pagando 16.000 millones, mientras que Pekín calculó 16.000 millones de dólares y terminó pagando 40.000 millones».

Madrid 2020 «es un megaproyecto empresarial que nos va a costar muy caro a los contribuyentes, es un ejemplo de las intenciones de la política de austeridad impulsada por los Gobiernos españoles y los organismos financieros internacionales: suprimir el gasto social y subvencionar con él los beneficios de las empresas participantes del proyecto», finaliza el portal de información alternativo.

Por su parte, el presidente del Comité Olímpico Español, Alejandro Blanco, anunció que la última encuesta realizada el pasado mes de agosto, más del 91% de la población española apoya la candidatura olímpica de Madrid 2020.

Sin embargo, los resultados de ese sondeo han causado incertidumbre en las redes sociales, donde los internautas desconfían de los mismos y subrayan que «no son fiables».

«¿El 91% de las personas prefieren unos JJ OO a solucionar el paro o arreglar la sanidad?», se pregunta uno de los miles de internautas a través de Twitter. «No hay espíritu olímpico en la candidatura [de Madrid], sino espíritu capitalista», dice otro tuit.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Como en Irak, EE UU busca falsas razones para atacar Siria

 
Columna semanal por Vicky Peláez


«Iniciar una guerra de agresión es un crimen
 y ninguna situación política o económica puede justificarla.»
 (Robert H. Jackson, jefe de los fiscales norteamericanos
 en el Tribunal de Nuremberg, 1945-1946)

El cinismo del Premio Nobel de la Paz, Barack Obama y de sus secuaces incondicionales: el primer ministro británico, David Cameron y su homólogo francés, Francois Hollande, al acusar al gobierno de Siria de «usar armas químicas contra la población civil» sin presentar ninguna prueba concreta, ya superó con creces la desfachatez del ex presidente George W. Bush cuando en 2003 desató una guerra contra Irak a base de pruebas falsas sobre la existencia de armas de destrucción masiva.

Al menos en aquel entonces el ex secretario de Estado Colin Powell presentó fotos, videos, grabaciones telefónicas, inclusive un frasco con contenido desconocido, pero todo había sido fraguado por los servicios especiales como se descubrió después.

Pero para el desesperado Barack Obama es suficiente un video de fuentes anónimas, presentado en YouTube el 20 de agosto pasado por el supuesto uso de armas químicas contra la población civil y utilizado por el régimen de Bashar al-Assad en el barrio de Ghuta localizado en el suburbio de la capital Damasco, para responsabilizar al gobierno sirio de este crimen.

Se calcula que en aquel ataque murieron entre 300 a 1.000 personas y más de 3.000 acudieron a los centros médicos. Pero lo curioso y para sorpresa del mundo el video de YouTube fue divulgado un día antes del uso de las armas químicas, incluyendo el gas sarín, que tuvo lugar el 21 de agosto pasado. ¡Qué falta de coordinación e imaginación en prefabricar y presentar una prueba teniendo a su disposición 17 servicios de inteligencia nacional, más el MI6 británico y la DGSE francesa!

Para estos tres líderes de los iluminados halcones de la guerra no vale nada la declaración de la presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de Armas Químicas y Biológicas en Siria de las Naciones Unidas, Carla del Ponte hecha el 28 de agosto pasado indicando el uso del gas sarín o GB por los «rebeldes de oposición» el fatídico 21 de agosto. El senador norteamericano Bob Corker, expresando la opinión de Washington ya lanzó su grito de guerra anunciando que «la respuesta de Estados Unidos por el uso de armas químicas en Siria por su gobierno es inminente, será una operación militar quirúrgica en Siria que no necesita ninguna autorización de nadie», dijo. Para acelerar un posible ataque contra Siria en apoyo de los mujahidines, el secretario de Estado, John Kerry llamó al secretario de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon para que pare la investigación en Ghuta del prestigioso especialista sueco, Ake Sellstom y su equipo de la Organización para la Prevención de Armas Químicas aduciendo que ya era demasiado tarde para obtener pruebas.

Sorpresivamente por primera vez desde su elección como Secretario General de las Naciones Unidas en 2007, Ban Ki-Moon se opuso y decidió concluir la investigación sobre el uso del gas sarín, además su portavoz, Farhan Haq desmintió los argumentos de John Kerry indicando que «el gas sarín puede ser detectado meses después de su uso». Esta desobediencia de Ban Ki Moon a Washington le podrá costar caro en el próximo futuro. Mientras tanto su equipo de investigación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) prometió presentar pruebas concretas el 31 de agosto. El apuro de EE.UU. y sus aliados de iniciar acciones bélicas contra Siria lo más pronto posible y sus presiones sobre la ONU son comprensibles. Washington tiene miedo de que los investigadores no obtengan pruebas del ataque usando el gas sarín por las fuerzas armadas de sirias.

Lo mismo pasó en el 2002 y 2003 cuando Norteamérica rechazó la conclusión de los inspectores de la ONU sobre la ausencia de las armas de destrucción masiva en Irak y les ordenó salir del país abruptamente. En aquel entonces el gobierno de George W. Bush había tomado la decisión con anterioridad de ir a la guerra y no les importó ni la opinión pública mundial ni las declaraciones de especialistas contrarias a su plan. Algo parecido está pasando ahora. Recientemente hubo una reunión de EE UU y sus aliados en Jordania, donde están estacionadas las tropas norteamericanas, para decidir próximos pasos a seguir en relación a Siria y presentar sus «propias evidencias» para justificar lo injustificable: una agresión contra Siria.

No es la primera vez que se habla del uso de armas químicas en Siria. Tales incidentes tuvieron lugar en marzo y mayo pasados y en ambos casos fueron presentados pruebas de que las usaron tanto Al-Qaeda como su brazo derecho en Siria, Al-Nusra (Frente Nusra) cuyos muyahidines han ido recibiendo entrenamiento en Turquía en los últimos dos años y se le considera uno de los más vociferantes enemigos del régimen de Assad. Hace poco la policía turca les decomisó a sus militantes contenedores de gas sarín. A la vez Qatar y Arabia Saudita están financiando estas organizaciones terroristas. Todo esto significa que Estados Unidos, Reino Unido, Francia e Israel están en una estrecha y abierta alianza tanto con Al-Qaeda como con Al-Nusra en Siria, a pesar de llamarlos oficialmente terroristas y enemigos del occidente.

Hace poco en una entrevista con el periódico ruso Izvestia, el presidente sirio Bashar al-Assad aclaró que «el principal motivo por el que continúan las acciones militares es la gran cantidad de terroristas que llegan continuamente a Siria desde el extranjero. Además, continua la financiación de estos, desde el extranjero, así como el suministro de armamento… El terrorismo no es como una carta de naipes en el bolsillo que puedes sacar y utilizar cuando lo deseas y después volverla a guardar. El terrorismo, como el escorpión, pica en cualquier momento. En consecuencia, no se puede estar a favor del terrorismo en Siria y en contra de él en Malí». Respecto a la acusación por el uso de armas químicas, contestó con una pregunta: «¿Acaso el Estado puede utilizar armas químicas o cualquier otro tipo de armas de destrucción masiva en un lugar donde están concentradas sus tropas? Por esto, este tipo de acusaciones son exclusivamente políticas», dijo.

En realidad la decisión de sacar del poder al presidente de Siria Assad fue tomada hace siete años por Washington. De acuerdo a WikiLeaks que divulgó un informe de la embajada norteamericana en Damasco dando consejos al gobierno sobre los puntos vulnerables del gobierno sirio y las acciones para tomar para terminar con su régimen. Sin embargo, un año antes, en 2005, la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice advirtió sobre los «próximos cambios en el Medio Oriente de acuerdo a los intereses de seguridad nacional de Norteamérica». Posteriormente apareció la declaración del ex comandante de la OTAN durante la guerra de 1999 en Yugoslavia, el general retirado Wesley Clark, anunciando que «vamos a invadir siete países en cinco años comenzando con Irak, después Libia, Somalia, Sudán, Líbano, Siria y finalmente Irán».

En relación a Siria, el ex líder de los Demócratas Liberales británicos, Lord Ashdown declaró que la CIA con el dinero de Arabia Saudita y Qatar (unos tres mil millones de dólares) transfirió a los grupos yihadistas en Siria 3.500 toneladas de armamento procedente de Bosnia. «Lo que quiere Estados Unidos es fomentar grupos de yihadistas sunníes para que hagan la guerra contra chiítas en Siria e Irán». Actualmente existen en el país 1.200 unidades de este tipo. En la guerra de Irak los norteamericanos hicieron al revés, fomentaron la guerra de los chiítas contra los sunníes para debilitar ambos lados y enfrascarlos en la enemistad que perdura hasta ahora. La organización Al-Qaeda, creación de los Estados Unidos y que fue admitido públicamente por Hilary Clinton, ha sido el instrumento principal de los norteamericanos para no permitir la unidad y la integración en el Medio Oriente.

Frente a la solidez y fortaleza del régimen de Bashar al-Assad que los mercenarios de Al-Qaeda y de Al-Nusra no pudieron derrocar o simplemente debilitar, Estados Unidos utilizará tarde o temprano sus «limitados ataques quirúrgicos» parecidos a los que realizó contra Yugoslavia en 1999. Para eso, como informa el diario Marine Corps mandó a la región cuatro destructores armados con misiles de crucero Tomahawk y dos unidades expedicionarias de marines: número 26 y número 13.

Apenas se anunció la posibilidad de un ataque contra Siria con misiles Tomahawk las acciones de la corporación Raytheon que los ensambla subieron drásticamente en el Wall Street, después que se divulgó la información que para destruir los 50 blancos vitales para la seguridad nacional de Siria se necesitarían no menos de 500 misiles Tomahawk, costando cada uno de ellos no menos de un millón de dólares. Si se confirma la tesis de que la guerra trae sufrimiento a unos y el enriquecimiento a otros.

Sin embargo, la bravura belicosa de Barack Obama y de sus aliados británicos y franceses después de propagarse el famoso video en YouTube el 20 de agosto pasado, empezó a sentir mella el jueves 29 de agosto cuando el parlamento británico votó contra la moción del primer ministro David Cameron pidiendo autorización de acción militar contra Siria. Por primera vez este halcón británico tuvo que reconocer que «no se puede afirmar con seguridad del 100 por ciento quién es el responsable del ataque químico». Después de la votación del Parlamento, el ministro de Defensa, Philip Hammond anunció que el Reino Unido no va a participar en las acciones militares contra Siria.

Unas horas antes, el gobierno de Italia indicó que no apoyará ataque contra Siria si no existe una resolución de la Organización de las Naciones Unidas y tampoco permitirá el uso de seis bases militares que Estados Unidos tiene en el país. La canciller de Alemania, Angela Merkel se puso de acuerdo con el presidente de Rusia Vladimir Putin de no apresurarse con ninguna decisión antes de tener el informe del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Aprovechando este momento de debilidad en la alianza FUKUS (Francia, Reino Unido y Estados Unidos) el gobierno de Siria anunció que estaba listo para la invasión teniendo a su disposición más de 8.000 militares dispuestos a convertirse en kamikazes en caso de intervención militar, apoyo de la mayoría del pueblo sirio, del Irán del Hezbolá libanés. El presidente Bashar al-Assad advirtió que «las amenazas de agresión contra Siria no harán sino fortalecer nuestra fidelidad a los principios de independencia de nuestro pueblo. Siria sabrá defenderse frente a cualquier agresor».

La palabra final pertenece ahora al Premio Nobel de la Paz, Barack Obama que inesperadamente perdió un fuerte aliado en su iniciativa bélica, Gran Bretaña quedándose con Francia, la Liga de los Países Árabes, Israel, Turquía y sus nuevos seguidores lituanos, estonianos y letones —pobres pero belicosos para el gusto de su amo—. El 60 por ciento del pueblo norteamericano está contra del plan de Obama de efectuar un «ataque militar limitado» contra Siria. ¿Escuchará esta vez Barack Obama la voluntad de su pueblo o se guiará como ha hecho el y todos sus predecesores, siempre por los intereses de las corporaciones como Raytheon y ofreciendo como de costumbre burdas mentiras a sus ciudadanos para justificar una nueva aventura bélica injustificable y rechazada por la mayoría de la población mundial?. Solamente el tiempo dará la respuesta.

Un proverbio árabe reza: «Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente y el presente es tuyo».

lunes, 2 de septiembre de 2013

Las preocupaciones económicas persistentes reducen las capacidades cognitivas


La pobreza, y todos los problemas relacionados con ella, requieren tanta energía mental que los más desfavorecidos ven mermadas sus capacidades para dedicar a otras áreas de la vida, según un estudio que publica la revista Science.

Un estudio publicado en la revista Science presenta una perspectiva única sobre las causas de la pobreza persistente. Este trabajo, en el que han participado las universidades estadounidenses de Princeton y Cambridge, además de otros dos centros inglés y canadiense, asegura que las personas de escasos recursos tienen más probabilidades de cometer errores y malas decisiones que pueden aumentar y perpetuar sus problemas financieros.

Este hecho se explica, según los investigadores, porque la función cognitiva de una persona se ve disminuida por el esfuerzo constante, y cuando un individuo debe afrontar problemas financieros acuciantes se queda con menos «recursos mentales» para centrarse en asuntos complicados, indirectamente relacionados, tales como la educación, la capacitación para el trabajo e incluso la gestión de su tiempo.

Los científicos llegaron a esta conclusión a partir de dos experimentos. Un primer estudio se realizó en un centro comercial de Nueva Jersey (EE UU) y el segundo en dos distritos agrícolas de la India.

«Cuando los escenarios financieros que presentábamos no eran demasiado exigentes, el rendimiento en las pruebas cognitivas fue idéntica para pobres y ricos. Solo cuando los escenarios financieros exigen más atención los pobres obtienen peores resultados que los acomodados en las mismas pruebas», declara a SINC Eldar Shafir, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Princeton.

En promedio, las personas preocupadas por problemas de dinero exhibieron una disminución de la función cognitiva similar a 13 puntos en el coeficiente intelectual, o la pérdida de toda una noche de un sueño reparador.

Reparar el coche o estar pendiente de la cosecha

Los científicos presentaron a 101 compradores en el centro comercial de Nueva Jersey cuatro escenarios hipotéticos que describían problemas financieros que podrían experimentar, tales como tener que pagar por la reparación de un coche. Mientras sopesaban cada escenario, los participantes llevaron a cabo tareas simples que fueron computarizadas para medir la función cognitiva.

«A las personas con ingresos bajos les fue bien en las tareas si el coste de reparación hipotético era bajo, pero no si ese coste era alto. Por otro lado, los participantes con ingresos mayores se desenvolvieron bastante bien en ambas condiciones», señalan los expertos.

El otro estudio de campo en India obtuvo la misma conclusión. Los investigadores descubrieron que los campesinos de cultivo de caña de azúcar sometidos a las pruebas, desempeñaron significativamente peor las tareas cognitivas antes de sus cosechas, que es cuando se encontraban bajo estrés financiero, en comparación a después, cuando ya se les había pagado por ellas.

«Ambos estudios tuvieron condiciones de control muy cuidadosas. Sabemos que estos resultados no pueden explicarse por motivos de estrés, nutrición, esfuerzo laboral o tiempo disponible», apunta Shafir.

La estrategia que proponen los científicos para que las personas pobres puedan mejorar esta situación de desigualdad es la elaboración de planes de ingresos regulares —en lugar de ingresos esporádicos—, creación de depósitos automáticos, ahorro por defecto, avisos adecuados, etc., que alivien parte de la carga intelectual.

«Los pobres están obligados a cometer más errores y pagar más caro por dichos errores. Además, habitan contextos que a menudo no están diseñados para ayudarles», concluye el investigador.


Referencia bibliográfica:

Anandi Mani, Sendhil Mullainathan, Eldar Shafir, Jiaying Zhao. «Poverty Impedes Cognitive Function», Science 341: 974 - 980, 30 de agosto.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Cómo neutralizar a un troll


Porque a todos nos desagradan y si no te desagradan entonces es porque eres uno, además porque abundan en Taringa.

Por eso y más aquí tienes unos consejos prácticos.

TARINGA!

INTELIGENCIA COLECTIVA

El mayor problema de tener ataques de un troll por Internet, es contenerse de responderle.

Todos lo hemos vivido. Y a muchos puede fastidiarles y desesperarles, pues un troll no sólo es el que corrige, muchas veces tiene la razón y necesitamos ser corregidos, sino el que empieza a insultar con dos objetivos: tener visibilidad y alterar de alguna forma a la persona a quien dirige sus ataques. Recuerde que uno de los principios del troll es que cree tener la verdad revelada y que eso le autoriza a comentar hasta a tratar mal a otros.


¿Qué hacer? ¿Cómo detenerlo? Sobre todo si el nivel de molestia generado por tal individuo comienza a trascender y hasta los amigos se dan cuenta que está siendo víctima del troll y quieren ayudar. Estas ideas surgieron de un caso en particular, pues si existe red social en la que hay muchos fanáticos de todo y por lo tanto el trolleo —verbo del troll— no es cualquier cosa, es Tumblr.

Presentamos cinco pautas para manejar a un troll. Puede que con estos consejos no desaparezca inmediatamente, pues existen algunos muy persistentes que están empeñados en hacerle la vida imposible a todos de manera pública, pero por lo menos estas simples acciones podrán servir para hacer su vida en las redes más agradable.


Primero: no alimentar al troll.

Esta es la máxima de todas. En el caso particular, el fuego fue avivado porque la persona afectada decidió responder a los ataques. Mala idea: está cayendo en el juego del troll. Precisamente lo que él quiere es obtener una respuesta para seguir atacando sin piedad, utilizando sus propias palabras. Al no responder, el asunto tenderá a olvidarse, aunque seguramente insistirá buscando una respuesta, pero se aburrirá después de solo tropezarse con una pared.


Segundo: es en serio, no alimentar al troll.

Se sentirá tentado, en especial porque al encontrar solo silencio, tenderá a atacar con cosas personales que encuentre que pueden ir desde su propia imagen —como el caso en particular, esta persona tomo una foto de quién deseaba trolear y la ridiculizó— hasta su familia. No lo haga. Y no permita que otros cercanos y conocidos alimenten al troll, porque es más peligroso: seguramente dirá que usted no es capaz de defenderse sin ayuda y quien lo haya defendido tendrá un enemigo nuevo en la Red.


Tercero: Pero el asunto no es quedarse quieto.

Esto no significa que no pueda hacer algo contra el troll. Casi todas las redes sociales tienen una forma de moderación de comentarios, reportar a la persona que no cumple las reglas, bloquear al personaje en cuestión y proteger su cuenta. Revise las reglas del sitio. En el caso de Tumblr, la persona puede bloquear al troll y reportarlo por acoso. Ese sí es momento de llamar a los amigos: entre más personas reporten a este personaje más rápido el sitio tomará acciones. Es posible que el personaje vuelva con otro nombre, pero tendrá un momento de tranquilidad.


Cuarto: todo en Internet puede llegar a ser público.

Cuando los cercanos supimos lo que pasó en este caso particular pensamos que esta persona tenía que tener mucho tiempo libre para ir, buscar una foto, bajarla, volverla a subir y hacer la burla. Pero también está el asunto de lo que uno mismo como usuario coloca en las redes sociales. Si el troll resulta hacker —fijo hay muchos— no importará la protección que tenga. Así que la foto con el disfraz de la fiesta o el video del karaoke puede ser un problema: el troll la mayoría de veces, no descansa.


Quinto: piense en lo que va a publicar.

Cada persona decide en qué quiere convertir ese espacio dentro de la red social. Muchos tienen como política jamás poner una foto de sí mismos, mucho menos hablar de su familia, amigos y vida personal. Otros jamás tocan temas que pueden atraer ataque. Pero muchos, como a la persona que atacaron, no hicieron absolutamente nada, sólo tener muchos seguidores. Piense que, por ejemplo, poner un ataque directo a un tema candente, o colocar una noticia de la que no está seguro y es solo un rumor, le traerá muchos trolls a su timeline.

No hay garantías de que un troll desaparezca, porque muchas veces son intermitentes y cuando el problema parece terminado reaparece. Pero lo más importante es que lo que pasé en la Red, se quedé ahí: la vida diaria es algo más.

¿Alguno ha tenido que lidiar con un troll? Esperemos otros consejos que puedan ser de utilidad para todos.



GRACIAS POR PASAR POR MI POST Y DEDICARLE UNOS MINUTOS DE TU TIEMPO, LOS COMENTARIOS HA SIDO BLOQUEADOS PARA EVITAR QUE LA FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE TROLLS SE PRONUNCIE AL RESPECTO.


sábado, 31 de agosto de 2013

¿Libertad contraria a la seguridad?

Por JESÚS GÓMEZ CALVO

Han pasado ya tres meses desde que nos dejó, y buscando en el 'baúl de los recuerdos' encuentro este texto suyo incompleto que estaba preparando... En su recuerdo y como homenaje a él, lo pongo.

Los conceptos «libertad» y «seguridad» no son antagónicos ni excluyentes, sino complementarios. Lo uno precisa de lo otro, la seguridad es la conditio sine qua non de la libertad. Si no hay seguridad no hay libertad. El concepto «libertad» se puede definir de dos formas: interpretaciones negativa y positiva.

La dimensión negativa de la libertad, o «libertad de», consiste en la eliminación de todo tipo de situaciones desagradables o restrictivas en las que se desenvuelve la existencia de un individuo, como por ejemplo agresiones físicas, torturas, malos tratos, hambre o la amenaza de lo mismo, todo tipo de dolores y sufrimientos,…

La otra dimensión es la que se podía denominar «libertad para», para hacer todo aquello que nos proporciona cualquier tipo de gratificación inmediata o a largo plazo.

El concepto de «seguridad» se refiere a la posibilidad de eliminar o mitigar una situación desagradable, como el hambre, una agresión,… a través de la protección (física, económica,…). Concepto cuya definición se asemeja totalmente al de la «libertad de».


domingo, 25 de agosto de 2013

El pensamiento libertario de Thoreau


JUAN CLAUDIO ACINAS

Entre las distintas definiciones que podemos dar del pensamiento libertario hay una que tiende a identificarlo con un aprecio tan grande hacia la igual libertad de las personas que sólo es comparable con el mismo recelo que le inspira cualquier forma de poder. Se trata de una definición que, por ello, concibe a esta ideología —que, según Emma Goldman, representa «la filosofía de la soberanía del individuo»— como una radicalización de lo mejor del liberalismo clásico. Una doctrina ésta (pensemos en Kant, Humboldt, Mill o Tocqueville) que prefirió anteponer la libertad con sus agitaciones y tormentas al despotismo en medio de la apatía y la indiferencia general, y que, frente a los peligros de cualquier poder ilimitado, se caracterizó por su defensa de los valores de la diversidad, la tolerancia y la autodeterminación de la voluntad moral. No es extraño, entonces, que un autor contemporáneo, Alan John Simmons[1], haya justificado su propuesta de un anarquismo filosófico en deuda con dicha tradición liberal, como una posición intermedia entre, en este caso, el voluntarismo político de John Locke y el escepticismo realista de David Hume. En la idea que tal anarquismo equivale a un punto de vista que, con Locke en contra de Hume, supone que, normativamente, el consentimiento político —al que conviene no confundir con mera aquiescencia o pasiva conformidad— es necesario para vincular a los ciudadanos a su respectiva comunidad y a sus gobiernos, pero que, con Hume en contra de Locke, entiende que, en un plano descriptivo, poca gente o nadie en los Estados que conocemos ha hecho algo que se pueda interpretar como que ha consentido realmente. En coherencia, al tirar de esa hebra, se concluye que, hasta ahora, no ha habido ni hay Estados moralmente legítimos. Es decir, que los gobiernos de nuestros días, al margen de su mayor o menor bondad, carecen de derecho legítimo para imponer sus leyes y políticas, carecen de auctoritas, y, por ello, los ciudadanos no tienen obligación moral de obedecerlos, ya que el vínculo entre ambos no se funda en una relación de genuina voluntariedad. Esto es, dicho vínculo no se basa en una respuesta consciente, inequívoca e intencional —tan importante de dar incluso cuando sólo se expresa tácitamente— a una situación política de clara y libre elección. Porque ¿quiénes han elegido los Estados donde viven?, ¿quiénes han elegido un Estado para vivir? A partir de un enfoque como éste quizá sea más sencillo apreciar la parte visible de la disidencia que, a mediados del siglo XIX, protagonizara Henry D. Thoreau. Una disidencia que apareció públicamente como una decidida negativa a pagar el impuesto con que se sufragaba a un Estado que protegía la institución de la esclavitud y que agredía a México para apropiarse de sus tierras. A raíz de lo cual, con el fin de dar cuenta y razón del porqué de su comportamiento, nos encontramos en su obra y, especialmente, en Civil Disobedience —un texto que, gracias a Gandhi y Martin Luther King, tanta influencia habría de tener en los movimientos de resistencia no violenta—, con algunas de las páginas más hermosas que en defensa del fuero moral del individuo se han escrito jamás. Así, frente a la costumbre servil de buscar siempre una ley a la que obedecer, Thoreau nos insta a no delegar nuestra conciencia ni por un momento ni en el menor grado en el legislador, a no cultivar el respeto por la ley sino por la justicia, a no asumir ninguna otra obligación que la de hacer en cada momento lo que creemos en conciencia que es nuestro deber. Porque, declara, «la ley nunca hizo a los hombres un punto más justos, y, gracias al respecto que se le tiene, hasta hombres bien dispuestos se convierten a diario en agentes de la injusticia».

De ahí que, en cualquier circunstancia, su principal preocupación era no dejar la justicia en manos del azar, ni prestarse a cometer el mismo mal que condenaba. Por el contrario, ante el peligro de complicidad, su consejo era: «Haz que tu vida sea una contrafricción para detener la máquina».Y de ahí que, frente a cualquier práctica coactiva, advirtiera también que el verdadero valor de la libertad política no es otro que el de hacer posible la libertad moral. Y, con ello, al plantear en toda su radicalidad ese principium individualis, lo que hizo fue negar tanto cualquier clase de pretensión ética a favor del deber de obediencia a las leyes del Estado, como cuestionar asimismo la creencia de que ese supuesto deber u obligación sea algo por completo imprescindible para la existencia del orden social, para el buen vivir en el seno de una comunidad[2]. En consecuencia, Thoreau, en sintonía con lo que ya vimos a propósito de Locke y Hume, consideraba que ninguna autoridad política puede forzar nuestra conciencia, ni tener más derechos sobre nuestras personas que los que nosotros mismos le concedamos. ¿Por qué debemos pagar al Estado por una protección que no deseamos? De modo que al único gobierno que estaba dispuesto aceptar es aquel que, de verdad, respete al individuo, que reconozca a éste como un poder independiente y superior del cual deriva toda su autoridad y legitimación, y que, por tanto, tenga como fundamento irrenunciable la sanción y el consentimiento de los gobernados. Y esto sin que tal creencia le impidiera reiterar que todos los gobiernos existentes son esencialmente conservadores, que el gobierno más libre es el que más deja en paz a quienes gobierna y que, en última instancia, el Estado tendría que parecerse a un árbol de la misma manera que los ciudadanos podrían compararse con sus frutos. Porque, cuando éstos maduran, caen del árbol, se separan y son capaces de vivir a distancia, sin que aquél, a pesar de no entenderlos, tenga necesidad de entrometerse ni obligación de sitiarlos. Algo que, en realidad, sólo podía significar que «el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto». Pues la situación ideal más que una donde todos gobiernen sería otra en la que no haya necesidad de lo que lo haga ninguno, en la que cada cuál solamente se gobierne a sí mismo.


Ahora bien, todo eso no era más que la punta de un iceberg discursivo, poco sistemático pero de talante libertario, que se manifiesta, por ejemplo, en la escasa estima que sentía hacia la prensa («No leáis el Times, leed el Eternities»), hacia las instituciones burocráticas (obstáculos externos, «voluntades de los muertos», que, como las nueces hueras, «sólo sirven para pincharse los dedos»), hacia los reformadores (quienes «te rozan continuamente con las mejillas grasientas de su amabilidad») o hacia las maneras normales de hacer y entender la política («son infrahumanas», «¡benditos los jóvenes porque nunca leen los mensajes del Presidente!»). De hecho, como se ha apuntado en ocasiones[3], su respuesta «política» fue fundamentalmente antipolítica, más interesada en abolir viejas instituciones que en establecer alguna nueva, más preocupada por el individuo que por los grupos, por los principios que por los compromisos, por la virtud que por los votos, consciente de que la libertad no consiste tanto en tener un gobernante justo como en no tener ninguno.

A ese respecto, es preciso advertir, de acuerdo con James Mackaye, que Thoreau no sólo enfatizó «la libertad del individuo respecto a la coerción originada en la voluntad de otros individuos», como ocurre con la esclavitud o la que procede del despotismo de Estado, o la encarnada en muchas instituciones y costumbres de la sociedad, sino que, como resultado de su convicción en las virtudes de un modo de vida más simple, que armonizara mejor con el gran pulso de la naturaleza, abogó también por «la libertad respecto a la coerción originada por nuestras propias necesidades»[4], por las servidumbres de nuestra inmediata comodidad material. Lo que, dada su opinión de que nada empobrece más que la riqueza, que somos ricos según el número de cosas de las que podamos prescindir, le llevó, un 4 de julio de 1845, a celebrar su propia independencia espiritual yéndose a vivir a una cabaña autoconstruida a orillas de la laguna de Walden, donde, sin desligarse de amigos ni vecinos, pasó dos años y dos meses con el objeto de «hacer frente sólo a los hechos esenciales de la vida». A la vez que, por aquella misma época, llegó a simpatizar más de lo que normalmente se suele admitir, con el Brook Farm Institute of Agriculture and Education, en Roxbury, un proyecto comunitario inspirado en principios del círculo transcendentalista y que adaptó algunas de las teorías del socialismo utópico de Charles Fourier[5]. En este sentido, para valorar el pensamiento de Thoreau, hemos de tener presente que sus demandas de simplificación y autosuficiencia se originan justamente en medio de una sociedad que dejó de basarse en una agricultura colonial para transformarse en un nuevo orden comercial e industrial acorde con las primeras etapas del capitalismo moderno. Esta fue una abrupta transformación ecosocial que, entre otras consecuencias, trajo consigo la tendencia a favorecer también una enorme libertad individual. Pero, eso sí, una libertad que, al mismo tiempo, quedaba restringida por la búsqueda egoísta de intereses exclusivamente privados, cercenada por un amor desmesurado a la propiedad, al bienestar material y al dinero. Lo cual hizo que Thoreau, en momentos en que las consecuencias de tales hábitos resultaban menos obvias que en la actualidad, rechazara, por un lado, «el sistema industrial porque significaba la explotación de los demás», incluida la naturaleza, y, por otro, negara «el culto al éxito y al credo puritano del trabajo incansable porque significaba la explotación de uno mismo»[6]. En este contexto, precisamente, es donde hay que situar las palabras de Thoreau cuando escribió: «Lo que la mayor parte de mis convecinos consideran bueno, en lo hondo de mi alma yo lo tengo por malo; y si de algo he de arrepentirme puede que sea de mi buen comportamiento».

Es en estas circunstancias, entonces, donde su postura disidente adquiere toda su dimensión. Una postura inconformista que, tras vincularla con la de Ralph Waldo Emerson y Walt Whitman, ha sido llamada individualidad democrática (aunque quizá habría que decir ética o libertaria), y a la que se caracteriza como una individualidad negativa, dispuesta a desafiar las convenciones absurdas y desobedecer las leyes arbitrarias («¿qué supone ser libres respecto al rey George y seguir siendo esclavos del rey Prejuicio?»), positiva, empeñada en un camino de crecimiento intelectual, de experimentación personal, de autodesarrollo interior («hazte experto en cosmografía propia»), y transpersonal, solidaria y preocupada por ir más allá de un mezquino egoísmo o una hueca filantropía («si he arrebatado injustamente una tabla a un náufrago, debo devolvérsela aunque yo mismo me ahogue»)[7]. Esto es, una postura que, evidentemente, desea un cambio social y cultural del mundo en que vivimos, pero que exige una reforma moral de nosotros mismos, de nuestro propio yo interior, antes que nada. «El destino de un país —escribió— no depende de cómo se vote en las elecciones, el peor hombre vale tanto como el mejor en este juego; no depende de la papeleta que introduzcas en las urnas de vez en cuando, sino del hombre que echas de tu cuarto a la calle cada mañana».

Al respecto conviene notar que lo peculiar de la reforma que él demanda no gira tanto sobre la tradición del antiguo comunitarismo republicano como sobre el contenido sustantivo de la idea de libertad negativa tan afín a sus contemporáneos. En suma, esa es su queja cuando afirma que «en nuestros días los hombres llevan una gorra de estúpido y la llaman una gorra de libertad», o su lamento tras observar que la mayoría de ellos posponen su vida a algunos negocios triviales mientras «piensan estúpidamente que pueden abusar de ella y malgastarla como les plazca y cuando consigan el paraíso dar la vuelta a una nueva página». Todo lo que tienen es tan sólo lo que han comprado. La disidencia de Thoreau, por ello, no se limita únicamente a no cooperar con un gobierno que perpetúa la esclavitud y declara la guerra a México. Más profundo y de mayor alcance es el rechazo radical a esa cuestionable libertad de vender, comprar y consumir que, bajo el espejismo de la adquisición de riquezas superfluas, corrompe y encadena a los seres humanos a su propia codicia, les transforma en «herramientas de sus herramientas», en esclavos de su ansia compulsiva de fortuna, como los buscadores de oro —«el gran desastre de la humanidad»—, o como quienes especulan mientras pierden en la transacción lo mejor de sus personas. «He aprendido —leemos en Walden— que el comercio maldice todas las cosas que toca; y aunque comerciéis con mensajes del cielo, la maldición de aquél acompañará el negocio». Y es que, añade más adelante, «no hace falta dinero para comprar lo que necesita el alma».

Es aquí, por tanto, en el mismo núcleo de esta sociedad capitalista de mercado, cuyos adelantos «no son sino medios mejores para llegar a un fin que no ha mejorado», aquí, en una sociedad que sólo amontona sucias instituciones y genera necesidades ficticias, empezando por la de consumir, donde se encierra el peligro más grave para una vida auténticamente libre y sencilla, creativa, valiosa e independiente. Es necesario romper el hechizo, «no montamos en tren, éste marcha a nuestra costa». De modo que el progreso técnico no sólo no conduce al progreso moral, sino que muchas veces lo que hace es frenarlo, obstaculizarlo, avanzar en una dirección contraria, hacia una barbarie de nuevo tipo, industrializada, tecnocrática, mecanizada. Por eso, para Thoreau, «los caminos por los que se consigue dinero, casi sin excepción, nos empequeñecen». Y por eso nos propone que, como Ulises atado al mástil, hagamos oídos sordos y miremos con desdén hacia cualquier otra parte. Porque, asegura, «no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía, a la filosofía, a la vida misma, que este incesante trabajar», nada más vacío que esta sed insaciable de lujos enervantes, que esta triste obsesión por hacer un buen negocio. Hasta tal punto, por tanto, como podemos comprobar, el individualismo posesivo, que no concibe fin más noble que la acumulación ilimitada de propiedad, se encuentra lejos, muy lejos, de los principios que inspiran al individualismo libertario, deseoso de «extraer su miel de la flor del mundo» y, sobre todo, preocupado por reafirmar la humana dignidad. En cuyo afán, Thoreau sintió la inmensa serenidad de una conciencia limpia entreverada con el feliz orgullo de quienes, como dijera W. B. Yeats, nunca se han dejado atar a ningún dogma ni aprisionar por los dulces reclamos del Estado.

Archipiélago
Cuadernos de crítica de la cultura

Nº 61 (JULIO 2004).



NOTAS:

[1] Cf. A. J. Simmons, On the Edge of Anarchy. Locke, Consent, and the Limits of Society, Princenton N.J., Princenton University Press, 1993.

[2] J. Muguerza —en «La obediencia al Derecho y el imperativo de la disidencia. (Una intrusión en un debate)», Sistema, nº 70, 1986, pp. 27-40— vinculó a Thoreau, tras cuya pista nos puso a muchos, con la desobediencia ética que entre nosotros justificara F. González Vicén. Para quien, como es sabido, «mientras que no hay un fundamento ético para la obediencia al Derecho, sí que hay un fundamento ético absoluto para su desobediencia». Una postura ésta a la que C. Gans —Philosophical Anarchism and Political Disobedience, Cambridge, University Cambridge Press, 1992— ha calificado también, aunque desde una posición contraria, como «anarquismo filosófico».

[3] Cf. W. Harding y M. Meyer, The New Thoreau Handbook, New York, New York University Press, 1980, pp. 134 y 137.

[4] Cf. J. Mackaye en la introducción a su selección Thoreau, Philosopher of Freedom: Writings on Liberty, New York, The Vanguard Press, 1930, p. vii-xvi.

[5] Según L. Newman —en «Thoreau’s Natural Community and Utopian Socialism», American Literature, vol. 75, nº 3, 2003, pp. 515-545— las diferencias de Thoreau con Brook Farm no estaban relacionadas con el proyecto en sí mismo, con el hecho de que fuera comunal, sino con que, poco a poco, parecía estar destinado a convertirse en una empresa como otra cualquiera, dependiente del tipo de esfuerzo que requería capitular, con su sórdido libro de cuentas, ante las demandas irracionales del mercado.

[6] M. Lerner, «Thoreau: No Hermit» (1939), en S. Paul (ed.), Thoreau. A Collection of Critical Essays, Englewood Cliff, N.J., Prentice-Hall, 1962, pp. 20-21.

[7] Cf. G. Kateb, «Democratic Individuality and the Claims of Politics», Political Theory, vol. 12, nº 3, 1984, pp. 331-360. En cuanto a poner nombre a la actitud de Thoreau, M. Steger —«Mahatma Gandhi and the Anarchist Legacy of Henry David Thoreau», Southern Humanities Review, vol. 27, nº 3, 1993, pp. 201-215— ha empleado la expresión «anarquismo estoico» para referirse a tres ideales de Thoreau que, en la estela de Zenón de Citio y Crisipo de Soli, influyeron en Gandhi, o reforzaron lo que ya pensaba. A saber, la creencia en que existe una ley superior a las leyes jurídicas, que esta ley superior se manifiesta por sí misma en la conciencia del individuo y eclipsa cualquier forma de organización estatal y, junto con eso, que es necesaria una simplificación de la vida guiada por una decidida resolución de alcanzar la autosuficiencia.