Ya que es Viernes Santo...
viernes, 21 de marzo de 2008
La familia de Leo Bassi
Señoras y señores, antes que nada quiero presentarme: soy ateo, y mis padres también lo eran… Y mis abuelos, y los padres de mis abuelos. Resulta que en mi familia todos hemos sido ateos desde hace más de ciento cincuenta años. La buena noticia es que no nos ha pasado nada y hemos vivido de puta madre.
Este regalo que me dieron mis padres me ha permitido vivir sin miedo a un dios, buscar en mi corazón las razones para amar a los demás y en mi conciencia lo que es el bien y el mal… Ese don tan maravilloso es lo que deseo regalarte, querido público.
[…]
Cuando yo era pequeño, en Italia, mi padre me decía siempre:
─Nunca te acerques a un cura; es mala gente… Si te pilla, te puede violar… Para protegerte, cuando veas pasar uno, tienes que tocarte los cojones con una mano y hacer así con los dedos…
Leo hace el clásico gesto italiano de los cuernos.
… para protegerte del mal de ojo.
Pensándolo bien, ésa fue la única clase de religión que he tenido en mi vida.
[…]
Hay un tema del que hablan mucho los creyentes: que tarde o temprano, cuando se acerca la muerte, los ateos se asustan y en los últimos instantes se arrepienten y buscan el consuelo en Dios.
Bueno, ya veremos.
Lo único que puedo decir es que vi morir a mi abuelo. A los ochenta y cuatro años, en su cama. El doctor estaba allí, con él, en su dormitorio, y nosotros, la familia, fuera. Sabíamos que estaba muy enfermo.
El doctor salió y nos dijo que era mejor que nos quedáramos dentro porque podía morir en cualquier momento. Entramos todos y yo me puse a un lado de la cama y le cogí una mano entre las mías… Ya respiraba con dificultad, sus ojos estaban cerrados. Y yo me quedé mirándolo, y pensé en su vida. Había sido un gran payaso y un gran equilibrista, y su especialidad era subir escaleras libres, es decir, sin apoyos. Era un gran señor del circo. Un hombre trabajador, decidido, imaginativo y valiente. También era humilde, sorprendentemente humilde. Con su muerte desaparecía un capítulo de la historia de la Pista. Y pensando en esto pasó un buen rato. De repente, ¡mi abuelo abre los ojos! Me asusto… El abuelo me mira y, muy despacio, me atrae hacía él con una mano. Quiere decirme algo. Me acerco a sus labios pero no consigo entender sus palabras; le faltaba el aliento. Me mira otra vez y, despacio, se mira la mano que le queda libre… El puño está cerrado con el dedo medio extendido… Y así murió, con una dulce sonrisa en los labios.
Leo levanta el dedo en ademán de a tomar por culo.
Y yo pensé: «Con dos cojones, abuelo, has muerto ateo…». Yo también me quiero morir así.
LEO BASSI, La Revelación, 2007.
jueves, 20 de marzo de 2008
Sobre la religión cristiana
Extracto del discurso de Mijail Bakunin para la Liga de la Paz y la Libertad, 1868 (publicado en su libro Federalismo, socialismo y ateísmo):
La religión cristiana, más que ninguna otra, fue fundada en sangre e históricamente bautizada en sangre. Que se cuenten los millones de víctimas que esta religión del amor y del perdón a inmolado a la venganza cruel de su dios. Que se recuerden las torturas que ha inventado y que ha inflingido. ¿Es hoy más suave y más humana? No, quebrantada por la indiferencia y por el escepticismo, sólo se ha vuelto hoy impotente, o más bien mucho menos poderosa, porque desgraciadamente la potencia del mal no le falta aun hoy mismo. Y ved en el país en que, galvanizada por las pasiones reaccionarias, parece revivir: su primera palabra, ¿no es siempre la venganza y la sangre, su segunda palabra no es la abdicación de la razón humana y su conclusión no es la esclavitud? En tanto que el cristianismo y los sacerdotes cristianos, en tanto que una religión divina continúen ejerciendo la menor influencia sobre las masas populares, la razón, la libertad, la humanidad, la justicia no triunfarán sobre la tierra; porque en tanto que las masas populares queden sumergidas en la superstición religiosa servirán siempre de instrumento a todos los despotismos coligados contra la emancipación de la humanidad.
Nos importa mucho, pues, libertar a las masas de la superstición religiosa, no sólo por amor a ellas, sino por amor a nosotros mismos, para salvar nuestra libertad y nuestra seguridad. Pero no podemos llegar a este fin más que por dos caminos: el de la ciencia racional y el de la propaganda del socialismo.
Método de la «toca», la tortura del agua practicada
por la Inquisición en sus interrogatorios
por la Inquisición en sus interrogatorios
La Verdad (1787)
Por: Donatien Alphonse François de Sade.
¿Cuál es esa quimera impotente y estéril,
esa divinidad que predica al imbécil
un odioso tropel de curas embusteros?
¿Ellos quieren que sea uno de sus sectarios?
¡Ah! Nunca, yo lo juro. Sostendré mi palabra:
jamás a ese ídolo ofreceré latría.
Este hijo del delirio y la irrisión
nunca podrá causarme la menor impresión.
Contento y glorioso en mi epicureismo
pretenderé expirar en el dulce ateísmo
y que al infame Dios que pretenden crear
tan sólo lo conozca para blasfemar.
Sí, vana ilusión, mi alma te detesta
y para bien sellar mi constante protesta
quisiera en un momento poderte ubicar
y saborear la gloria de hacerte insultar.
Pero, ¿qué es, en efecto, este fantasma vano,
trivialidad de Dios, invento ingrato
que no se puede ver y nadie lo analiza,
miedo del insensato y del sensato, risa?
¿Quien se escapa al sentido, quien a la inteligencia
sino este hijo del hombre salvaje sin conciencia
que ha regado la sangre desde hace mil años
y aun se nos presenta como un amo?
Yo quise analizar al vano miserable
y mi ojo filosófico no lo encontró entrañable.
Sólo vio en el motivo de nuestra religiones
un enjambre soez de contradicciones
que se rompe y acaba ante un mínimo examen.
Tal se puede afirmar que la creencia
nace gracias a nuestro miedo e hija de la esperanza.
Mas, ¿cuál es la razón del mentiroso abyecto
que pretende ceñirme a su vano trayecto?
¿Necesito yo al Dios que a mi lógica pesa
para justificar a la naturaleza?
En ella todo existe y su seno creador
se agita a cada instante sin principio motor.
¿Ganaría yo algo de esta bifurcación?
Y Dios: ¿nos muestra leyes que rigen la creación?
Si él crea, ha sido creado, y seguiré en lo mismo:
inseguro, como antes, de unirme a su destino.
Fuera, fuera de mí, infernal impostura;
el universo aguarda tu fatal sepultura.
Todo lo que tenemos son cosas naturales,
tú eres sólo la nada y la naturaleza nos ha creado.
Evádete, execrable quimera!
Vete lejos del orbe, abandona la tierra
donde sólo verás pecho empedernidos,
cubiertos de oropel: joyas de tus amigos.
Y, en cuanto a mí, ya es tanto el odio que me inspiras
que con placer, Dios vil, y voluptuosamente
sería tu verdugo si existieras realmente:
ofrecerías, así, a mi sombría venganza
el placer de mi brazo que iría a tu corazón
para que conocieras de mi odio el rigor.
Pero es vano, no existes, nadie puede abrazarte
y tu esencia se escapa al que quiera alcanzarte.
No te puedo aplastar, pero entre los mortales
quisiera derribar tus infames altares
y demostrar al mundo que Dios, aún cautivo,
el irrisorio aborto bebedor de oraciones
no logrará poner término a las pasiones.
Movimientos sagrados, pasiones sin ambages,
sed para siempre objeto de nuestros homenajes.
Lo único que se puede dar al hombre sensato,
lo único que llega a nuestro corazón,
y la naturaleza dona a nuestra razón:
cedamos a su impulso, su fuerza y violencia
subyugue nuestras almas sin hallar resistencia.
Ondule plenamente la ley de los placeres
y la voz del deseo inunde nuestros seres
Sea cualquiera el desorden y sople cualquier viento
debemos proseguir y sin remordimiento,
sin escrutar las leyes, sin seguir las costumbres:
abandonarnos, lánguidos,
llenos del sentimiento de adorar los dictados de la naturaleza.
Respetaremos sólo su divino murmullo,
ese que en todas partes las vanas leyes matan.
Lo que parece al hombre una horrible injusticia
es efecto total de sus ojos enfermos:
si algo fuese monstruoso para nuestras costumbres
vamos a la naturaleza, quien nos recibe enteros.
Esas dulces acciones que creéis letales,
los intensos deseos que llaman criminales
son destellos normales de la naturaleza.
Cuando ella nos permite, simplemente, es sublime
e incluso nos da víctimas para lograr el crimen:
torturémoslas siempre y que nunca pensemos
hacer nada terrible: seguimos sus deseos.
Ella anula el azar y los padres, los hijos,
templos, burdeles, devotos y bandidos,
todo le pertenece y en ella no hay delitos.
Cumpliríamos con ella al cometer el crimen:
mientras más el exceso ella más nos recibe.
Usemos las potencias que ella ejerce en nosotros
abandonándonos a gustos monstruosos:
nadie resulta ingrato por gustos homicidas,
incestos, violaciones, robos, parricidios,
placeres de Sodoma o jugueteos de Safo:
ella todo recibe en placentero abrazo.
Derribando a los dioses, robémosles su trueno
y con este fulgor azotemos la vida
que no nos acomode o nos llene de miedo.
Nunca la inhibición, no porque las maldades
sirven de ejemplo vivo a las negras proezas...
Nada sagrado existe; todo en el universo
se repliega al fogoso yugo de nuestro cuerpo.
Más nos multiplicamos: más infamias tenemos
y más las sentiremos en nuestra alma de hierro.
Enardeciendo al máximo nuestros negros ensayos
los días y las noches nos llevan al pecado.
La naturaleza, tras de los años dulces
de las mofas divinas, nos depara esta suerte:
una fosa que espera para recompensarnos
y al fin de toda vida quedarnos en sus brazos
pues todo es vida en ella, todo se reconstruye:
grandes, pequeños, madres, mujeres pervertidas...
Y nosotros le somos tan dulces a sus ojos:
monstruos o libertinos, mediocres o virtuosos.
¿Cuál es esa quimera impotente y estéril,
esa divinidad que predica al imbécil
un odioso tropel de curas embusteros?
¿Ellos quieren que sea uno de sus sectarios?
¡Ah! Nunca, yo lo juro. Sostendré mi palabra:
jamás a ese ídolo ofreceré latría.
Este hijo del delirio y la irrisión
nunca podrá causarme la menor impresión.
Contento y glorioso en mi epicureismo
pretenderé expirar en el dulce ateísmo
y que al infame Dios que pretenden crear
tan sólo lo conozca para blasfemar.
Sí, vana ilusión, mi alma te detesta
y para bien sellar mi constante protesta
quisiera en un momento poderte ubicar
y saborear la gloria de hacerte insultar.
Pero, ¿qué es, en efecto, este fantasma vano,
trivialidad de Dios, invento ingrato
que no se puede ver y nadie lo analiza,
miedo del insensato y del sensato, risa?
¿Quien se escapa al sentido, quien a la inteligencia
sino este hijo del hombre salvaje sin conciencia
que ha regado la sangre desde hace mil años
y aun se nos presenta como un amo?
Yo quise analizar al vano miserable
y mi ojo filosófico no lo encontró entrañable.
Sólo vio en el motivo de nuestra religiones
un enjambre soez de contradicciones
que se rompe y acaba ante un mínimo examen.
Tal se puede afirmar que la creencia
nace gracias a nuestro miedo e hija de la esperanza.
Mas, ¿cuál es la razón del mentiroso abyecto
que pretende ceñirme a su vano trayecto?
¿Necesito yo al Dios que a mi lógica pesa
para justificar a la naturaleza?
En ella todo existe y su seno creador
se agita a cada instante sin principio motor.
¿Ganaría yo algo de esta bifurcación?
Y Dios: ¿nos muestra leyes que rigen la creación?
Si él crea, ha sido creado, y seguiré en lo mismo:
inseguro, como antes, de unirme a su destino.
Fuera, fuera de mí, infernal impostura;
el universo aguarda tu fatal sepultura.
Todo lo que tenemos son cosas naturales,
tú eres sólo la nada y la naturaleza nos ha creado.
Evádete, execrable quimera!
Vete lejos del orbe, abandona la tierra
donde sólo verás pecho empedernidos,
cubiertos de oropel: joyas de tus amigos.
Y, en cuanto a mí, ya es tanto el odio que me inspiras
que con placer, Dios vil, y voluptuosamente
sería tu verdugo si existieras realmente:
ofrecerías, así, a mi sombría venganza
el placer de mi brazo que iría a tu corazón
para que conocieras de mi odio el rigor.
Pero es vano, no existes, nadie puede abrazarte
y tu esencia se escapa al que quiera alcanzarte.
No te puedo aplastar, pero entre los mortales
quisiera derribar tus infames altares
y demostrar al mundo que Dios, aún cautivo,
el irrisorio aborto bebedor de oraciones
no logrará poner término a las pasiones.
Movimientos sagrados, pasiones sin ambages,
sed para siempre objeto de nuestros homenajes.
Lo único que se puede dar al hombre sensato,
lo único que llega a nuestro corazón,
y la naturaleza dona a nuestra razón:
cedamos a su impulso, su fuerza y violencia
subyugue nuestras almas sin hallar resistencia.
Ondule plenamente la ley de los placeres
y la voz del deseo inunde nuestros seres
Sea cualquiera el desorden y sople cualquier viento
debemos proseguir y sin remordimiento,
sin escrutar las leyes, sin seguir las costumbres:
abandonarnos, lánguidos,
llenos del sentimiento de adorar los dictados de la naturaleza.
Respetaremos sólo su divino murmullo,
ese que en todas partes las vanas leyes matan.
Lo que parece al hombre una horrible injusticia
es efecto total de sus ojos enfermos:
si algo fuese monstruoso para nuestras costumbres
vamos a la naturaleza, quien nos recibe enteros.
Esas dulces acciones que creéis letales,
los intensos deseos que llaman criminales
son destellos normales de la naturaleza.
Cuando ella nos permite, simplemente, es sublime
e incluso nos da víctimas para lograr el crimen:
torturémoslas siempre y que nunca pensemos
hacer nada terrible: seguimos sus deseos.
Ella anula el azar y los padres, los hijos,
templos, burdeles, devotos y bandidos,
todo le pertenece y en ella no hay delitos.
Cumpliríamos con ella al cometer el crimen:
mientras más el exceso ella más nos recibe.
Usemos las potencias que ella ejerce en nosotros
abandonándonos a gustos monstruosos:
nadie resulta ingrato por gustos homicidas,
incestos, violaciones, robos, parricidios,
placeres de Sodoma o jugueteos de Safo:
ella todo recibe en placentero abrazo.
Derribando a los dioses, robémosles su trueno
y con este fulgor azotemos la vida
que no nos acomode o nos llene de miedo.
Nunca la inhibición, no porque las maldades
sirven de ejemplo vivo a las negras proezas...
Nada sagrado existe; todo en el universo
se repliega al fogoso yugo de nuestro cuerpo.
Más nos multiplicamos: más infamias tenemos
y más las sentiremos en nuestra alma de hierro.
Enardeciendo al máximo nuestros negros ensayos
los días y las noches nos llevan al pecado.
La naturaleza, tras de los años dulces
de las mofas divinas, nos depara esta suerte:
una fosa que espera para recompensarnos
y al fin de toda vida quedarnos en sus brazos
pues todo es vida en ella, todo se reconstruye:
grandes, pequeños, madres, mujeres pervertidas...
Y nosotros le somos tan dulces a sus ojos:
monstruos o libertinos, mediocres o virtuosos.
Controversia sobre los cerdos gadarenos

DEBATE ACERCA DE LOS DEMONIOS
En uno de los enfrentamientos más vistosos mantenidos por Thomas Henry Huxley acerca de la autoridad bíblica, su oponente no fue un clérigo, sino el primer ministro William Gladstone, que había atacado públicamente a los evolucionistas. Las enseñanazas escriturarias, aseveraba, son verdad revelada y deberían creerse sin vacilación. Huxley, de forma un tanto extravagante, basó sus razonamientos en la historia de los cerdos de Gadara, uno de los episodios más curiosos del Nuevo Testamento.
El relato, descrito en Marcos 5, 1-19, y Lucas 8, 26-39, comienza cuando Jesús entra en las tierras de los gadarenos [en otras versiones se habla de los gesarenos]. Dos mil cerdos hozaban en una ladera sobre el mar de Galilea, cuando un loco se acercó a Jesús por el camino. El hombre le dijo estar poseído por tantos demonios que se llamaba a sí mismo «Legión». Apiadándose de él, Jesús lo curó en el acto y mandó a la horda de demonios que se introdujera en la piara de cerdos. a continuación, los cerdos endemoniados se precipitaron al mar por un acantilado y se ahogaron.
Huxley pensó que la historia era un ejemplo especialmente flagrante de demonología primitiva atribuida a la autoridad de Jesús. Si se aceptaba sin críticas, decía Huxley, «la creencia en demonios que poseen personas y pueden ser trasladados de ellas a cerdos, pasa a ser una parte del dogma cristiano tan importante como cualquier artículo del Credo». Si la tradición evangélica está «falsamente teñida y distorsionada por la imaginación supersticiosa» de sus narradores, «¿qué garantía tenemos de que» no se haya producido «una falsificación igualmente inconsciente» de los dichos de Jesús?
Además, preguntaba Huxley, ¿qué sucede con el dueño de los cerdos? ¿Destruiría Jesús arbitrariamente la propiedad de un granjero inocente? Gladstone respondió que el granjero era judío y no debería criar cerdos.
Esta calurosa discusión se prolongó durante meses en publicaciones populares llevando a algunos críticos a ridiculizar a Huxley por dedicar tanta energía a un asunto absurdo. En privado, Huxley dijo a algunos amigos que «estaba harto y cansado de los malditos cerdos». Pero aquellos «cochinos excesivamente famosos no son las únicas partes del litigio... La verdadera cuestión es si los hombres del siglo XIX deben creer en la demonología de los del siglo I».
Su última referencia a la piara endemoniada aparece en una carta a su amigo sir John Lubbock en 1894, en un momento en que Huxley se encontraba muy enfermo:
«Me arrastro en la medida en que me lo permite un agudo ataque de lumbago, pero la mayor parte del tiempo me hallo en postura horizontal. Querría que hubiese una piara de cerdos en la que pudiera introducirse este demonio [lumbago]; pero, en tal caso... no podrían lanzarse violentamente hacia ninguna parte ni hacer nada más que gruñir. Al menos esa es mi experiencia.»
Richard Milner, DICCIONARIO DE LA EVOLUCIÓN, 1993.
miércoles, 19 de marzo de 2008
II JORNADAS ATEAS Y BLASFEMAS
A partir de este momento inauguramos, nuestras...
II JORNADAS ATEAS Y BLASFEMAS.
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