jueves, 7 de marzo de 2019

Asesinar la esperanza

El guatemalteco Jacobo Árbenz y el chileno Salvador Allende
ambos fueron derrocados por golpes de Estado organizados
por la CIA en 1954 y en 1973, respectivamente.

Por JEAN BRICMONT

Sin embargo, el verdadero problema es mucho más profundo. Para utilizar un eufemismo, consiste en una pérdida de oportunidades para el Tercer Mundo. Hoy día el lema «otro mundo es posible» es reivindicado por los sectores críticos a la globalización económica. Pero si eso es cierto hoy ¿por qué no lo fue ayer? Intentemos imaginar un mundo así. Un mundo en el que el Congo, Cuba, Vietnam, Brasil, Chile, Iraq, Guatemala y muchos otros países hubiesen podido desarrollarse sin la constante interferencia occidental. Un mundo en el que los movimientos laicos de los países árabes hubieran continuado modernizando el Medio Oriente, sin tener que afrontar el doble obstáculo de la agresividad del sionismo «moderno» y del oscurantismo feudal, apoyados ambos por las potencias occidentales. Un mundo en el que el 'apartheid' hubiera sido erradicado mucho antes, evitando los desastres y las guerras que provocó.

Evidentemente, semejante «otro mundo» no sería un paraíso sobre la tierra. Habría sin duda guerras civiles, masacres y hambrunas. Pero Occidente tampoco es un paraíso y lo fue aún menos durante toda su etapa de modernización, con niños trabajando en las minas, semiesclavos trabajando en las colonias y decenas de millones masacrados en las dos grandes guerras civiles europeas, a las que llamamos guerras mundiales. No obstante, resulta difícil creer que la situación no sería mejor si los países del Tercer Mundo hubiesen tenido la ocasión de buscar sus propias vías de desarrollo, en lugar de estar sometidos a líderes impuestos por Occidente. Comparemos, en términos de inteligencia, humanidad y honestidad, los líderes que «ellos» produjeron y aquellos que Occidente apoyó en su contra: Árbenz y los dictadores guatemaltecos, Sukarno y Suharto, Lumumba y Mobutu, los sandinistas y Somoza, Goulart y los generales brasileños, Allende y Pinochet, Mandela y el 'apartheid', Mossadegh y el Sha, y hoy, Chávez y los golpistas venezolanos.

Podríamos también imaginar la influencia positiva que las políticas de salud pública y reforma agraria podrían haber tenido en otros países pobres si esos experimentos, no sólo en China y Cuba sino por ejemplo en Guatemala a principios de los años cincuenta, no hubieran tenido que afrontar la permanente hostilidad de Occidente. Si reflexionamos sobre eso, por más que sea imposible hacer un cálculo preciso, llegaríamos a la conclusión de que la obstrucción occidental a esas medidas progresistas no ha costado millones, sino centenares de millones de vidas destruidas por el hambre, las enfermedades y la pobreza. Para citar un ejemplo simple, en 1989 los economistas Jean Drèze y Amartya Sen calcularon que, partiendo de condiciones básicas similares, China y la India siguieron diferentes vías de desarrollo y que la diferencia entre los sistemas sociales de los dos países (especialmente en lo concerniente a la atención sanitaria) dieron como resultado 3,9 millones de muertes anuales suplementarias en la India. Eso significa que «la India genera más cadáveres cada ocho años que los que China generó durante las grandes hambrunas de 1958-1961». Por supuesto, las hambrunas chinas son atribuidas al comunismo, pero a nadie se le ocurriría atribuirle las muertes suplementarias en la India al capitalismo o a la democracia.

En 1954, Conferencia de Bandung, donde se reunieron
varios dirigentes de países del Tercer Mundo.

Permítaseme aclarar que la crítica hecha aquí es independiente de todo lo que se pueda pensar del colonialismo clásico. Éste ha sido aun más violento que el imperialismo contemporáneo. Pero indirectamente contribuyó a difundir los conocimientos médicos y científicos, así como ciertas ideas liberales y democráticas en lugares donde no se las conocía. Eso no quiere decir que tal difusión de ideas justifique las decenas de millones de muertes provocadas por el colonialismo, ni que la difusión de esos conocimientos no hubiese sido posible de otro modo. Lo que cabe especificar aquí es que la situación actual es completamente diferente. Con demasiada frecuencia las políticas de Estados Unidos han estado dirigidas contra aquellos movimientos que eran esencialmente «modernizadores»; por ejemplo, los que surgieron a partir de la Conferencia de Bandung y que sencillamente pretendían que sus sociedades se beneficiasen de las ventajas de la ciencia y, en ciertos casos, de la democracia. Conviene también decir que las políticas de presidentes elegidos democráticamente, como Allende en Chile y Árbenz en Guatemala, no eran mucho más radicales que las adoptadas por los socialdemócratas suecos a partir de 1931 o por los laboristas británicos después de 1945. Pero las primeras debieron afrontar una oposición respaldada desde el exterior mucho mayor que las segundas.

Contra estos movimientos, Occidente con frecuencia ha apoyado las tendencias más feudales y oscurantistas de las sociedades donde aquellos habían surgido, por ejemplo en Angola, Afganistán o Indochina. Finalmente, el simple hecho de que Occidente se aboque al pillaje de los recursos naturales y a apoyar a Israel al mismo tiempo que se presenta como el campeón de la modernidad y de la Ilustración, sólo sirve para desacreditar estos conceptos, especialmente en el mundo musulmán. El egoísmo y la visión a corto plazo de las políticas occidentales no hacen más que debilitar las ideas universalistas que tan fervientemente dicen defender.

(2005)

domingo, 3 de marzo de 2019

Evolución, especiación y adaptación

Por DANIEL HEREDIA DOVAL

VISIÓN GENERAL PERSONAL

Tradicionalmente se consideran a los fenómenos de adaptación, especiación y evolución como un proceso continuo derivado de la actuación de la selección natural sobre las poblaciones, las mutaciones puntuales que aparecen en su seno y la reproducción diferencial de los más adecuados. Sin embargo, es un error inaceptable considerar bajo una lupa reduccionista la diversidad de la vida, admitiendo que todo se debe a la extrapolación de un único y omnipotente proceso de gran simplicidad.

Además, los análisis procedentes de distintas disciplinas establecen diferencias entre la adaptación, la especiación y la evolución (comúnmente llamada «macroevolución» debido al caos terminológico en que nos situamos).

He aquí mi visión personal de tres aspectos fundamentales, relacionados pero no concatenados.

Adaptación

La adaptación es el proceso por el cual los organismos y las especies responden al ambiente y se adecuan a este, permitiendo la supervivencia de los/las mismas frente a cambios en su ambiente.

La adaptación implica pequeñas variaciones en la morfología y fisiología de los organismos que pueden ser o no heredables. Estas variaciones pueden apreciarse en mayor o menor medida, pero en ningún caso pueden dar lugar a la aparición de especies nuevas. Este ajuste de las poblaciones es, sin embargo, fundamental para la vida y puede explicar algunas características claramente ligadas al entorno de los organismos.

La adaptación no heredable se debe a la capacidad de respuesta al ambiente que presentan los seres vivos, que permite una relativa, pero fundamental, plasticidad ante cambios ambientales y puede dar lugar a ecotipos (conjunto de organismos de una especie con características particulares, no heredables genéticamente, en respuesta a un ambiente concreto).

Por otra parte, la adaptación con resultados genéticamente heredables ha sido y es el principal fenómeno estudiado en relación a la adaptación de las especies en términos «evolutivos». Desde el punto de vista neodarwinista, la adaptación es el resultado de la actuación de la selección natural, es decir, la supervivencia de los más adecuados en cada ambiente y momento. Este supuesto, no ocurre de forma natural en las poblaciones por medio de la competencia, sino que en todo lugar sería el resultado de un efecto de cuello de botella, en el que la aparición de un efecto nocivo limitante produce un sesgo en la población. Sin embargo, aunque podría decirse que la población se ha «adaptado» a la nueva condición, en verdad no ha aparecido ninguna novedad para hacer frente al problema, sino que han sobrevivido caracteres preexistentes que formaban parte de la variabilidad de la población. De igual modo, otras modalidades de deriva genética (efectos insulares y fundadores) pueden explicar ciertos rasgos heredables de una población, aunque en realidad no se pueda considerar una verdadera adaptación.


Sin embargo, existen numerosos casos concretos que no pueden ser explicados mediante procesos de reducción de la variabilidad existente en pos a la supervivencia de la especie, sino que deben haber requerido la implicación de mecanismos concretos de adaptación heredable por respuesta al ambiente. De esta forma, las poblaciones se adaptarían como consecuencia de la adaptación al unísono de los organismos que la componen en respuesta al ambiente. El problema fundamental consiste en encontrar el mecanismo viable capaz de provocar que dichos cambios sean heredables, como son la mayoría de las características de tipo adaptativo. Así pues, podrían ser candidatos a este puesto fenómenos epigenéticos, de supresión génica y duplicaciones selectivas de genes estructurales y reguladores.

La aparición de nuevos caracteres por mutaciones compatibles con la vida (pigmentación principalmente) podría provocar, en casos concretos, un efecto inverso al de adaptación, en el que los organismos anómalos deberían encontrar un ambiente propicio (para la cripsis) o morir.

La adaptación, en resumen, permite la supervivencia de las especies, pero no su formación. Los cambios que se dan lugar en los organismos y las poblaciones son reversibles, no heredables, o preexistentes en la variabilidad de la especie o producen pequeños cambios genéticos incapaces de acumularse o generar, de forma general, una incompatibilidad reproductiva real.

Especiación

La especiación es, literalmente, la formación de nuevas especies a partir de otras preexistentes.

Un problema fundamental consiste en definir el concepto de especie. Así pues, en los organismos con reproducción sexual, esta categoría implica siempre, además de cierto parecido morfológico, un aislamiento reproductivo total (animales) o relativamente alto (plantas) con respecto a todos los individuos no pertenecientes a su especie. En organismos procariotas, se establece como especie a aquellos conjuntos de bacterias con una homología genética superior al 97%, aunque por supuesto este es un criterio artificial, al igual que la separación de bacterias en especies. Por esto último, al hablar de especiación de aquí en adelante sólo se considerará a los organismos con reproducción sexual.


La visión neodarwinista afirma que las mutaciones puntuales, surgidas al azar y favorecidas por la selección natural, se acumulan en las poblaciones generando diferencias que, con el tiempo, acaban por establecer incompatibilidad genética para la reproducción con otros grupos poblacionales de su misma especie. Sin embargo, la acumulación de nuevos caracteres como vía de formación de las especies es más que cuestionable, debido a que mientras existe compatibilidad reproductiva entre los individuos, estos caracteres tienden a disgregarse o difundirse en la población, no creando aislamiento alguno y, en el mejor de los casos, aumentan la variabilidad de la especie creando polimorfismos. Así pues, la especiación simpátrida, por lógica la de mayor frecuencia, carece de credibilidad bajo las premisas neodarwinistas.

La especiación requiere de aislamiento reproductivo, y este a de darse de forma prioritaria por una barrera de aparición brusca. Los reordenamientos cromosómicos y del genoma completo provocan un aislamiento reproductivo postcigótico inmediato, y como resultado de un cruce con el genotipo ancestral o emparentado surgen híbridos estériles o abortivos. Los análisis cariológicos demuestran que existen reordenamientos cromosómicos están ligados especies emparentadas, como en nuestro caso, Homo sapiens, donde existe una homología genética de más del 98% con los chimpancés (escasas diferencias genéticas) pero se si observan claros reordenamientos en varios cromosomas, al igual que con otros grandes simios:

«Excepto por las diferencias en la heterocromatina no genética, los cromosomas 6, 13, 19, 21, 22 y X tienen patrones de bandas idénticos en las cuatro especies (orangutanes, gorilas, chimpancés y humanos). Los cromosomas 3, 11, 14, 15, 18, 20 e Y tienen el mismo aspecto en tres de las cuatro especies (gorilas, chimpancés y humanos) y los cromosomas 1, 2p, 2q, 5, 7, 10, 12, y 16 son iguales en dos especies. Los cromosomas 4 y 17 son diferentes entre las cuatro especies. La mayoría de las diferencias cromosómicas entre las cuatro especies involucran cambios locales en el cromosoma que se han invertido o intercambiado de un extremo a otro. Esta es una ocurrencia relativamente común entre muchas especies, y ha sido documentada en humanos.»

Además, las regiones implicadas en reordenamientos parecen estar asociadas con duplicaciones a gran escala.

De igual manera, la poliploidización genera aislamiento postcigótico inmediato. Este fenómeno es común en plantas e insectos, aunque también se conocen casos en vertebrados (anuro Odontophrynus americanus) que dan lugar a «poblaciones con aislamiento reproductivo simpátrido». Analizando los genomas de los teleósteos se ha concluido que las duplicaciones completas de genoma pudieron ser fundamentales en la radiación de estos peces.

Por otra parte, pueden formarse barreras reproductivas precigóticas que impiden que se produzca la fecundación. En los erizos de mar, existe una gran especificidad entre los receptores de huevos y espermatozoides, así como de las moléculas quimiotácticas que permiten el encuentro de los gametos. Las especies emparentadas mantienen características similares, aunque la hibridación es evitada por estos mecanismos. La aparición de una nueva variedad de señalización implicaría un aislamiento reproductivo.

En todo caso, estos mecanismos carecen de utilidad bajo las premisas neodarwinistas, donde las variaciones viables surgen en un sólo individuo. La aparición de cualquier mecanismo de aislamiento inmediato en un único individuo traería como consecuencia la incapacidad para reproducirse con ningún otro espécimen y, por supuesto, no se formaría especie alguna. Por ello, la especiación es un proceso que requiere una reorganización análoga en varios individuos, ya sea porque se dé en individuos clónicos, inducida por influencias ambientales en una generación o por existir una predisposición estructural de que ocurra ese cambio concreto.

La especiación es un fenómeno que incrementa la diversidad de especies de un taxón, pero no necesariamente la disparidad, puesto que no siempre conlleva grandes cambios estructurales en la biología de los organismos (evolución). Tras la formación de una especie, a parte de los cambios derivados de la reorganización cromosómica, pueden acumularse características (ahora incapaces de mezclarse con la población original), procedentes de la adaptación y la deriva genética, que conforman diferencias más o menos leves (aunque apreciables) con respecto a otras especies emparentadas. Hablando coloquialmente, la especiación per se produce «variaciones sobre un mismo tema», como las que se observan entre las especies de saltamontes, antílopes o pinos. La aparición de nuevos patrones biológicos (nuevos «temas»), aunque también lleve implícito el aislamiento reproductivo, es lo que podemos considerar, en sentido estricto, evolución.

Evolución

La evolución es el cambio de un estado a otro, la aparición de planes biológicos completamente nuevos, claramente distintos de los organismos precursores. Evolución implica un cambio representativo en la organización general de un patrón y que origina nuevos taxones reconocibles.

La evolución se establece como un proceso gradual de trasgresión de las especies, dando lugar a formas nuevas por medio del continuo proceso adaptación-especiación-evolución. Sin embargo, esta serie no parece tener validez real. Por otra parte, el registro fósil no muestra infinitas formas intermedias, como sería de esperar, sino especies definidas que perduran durante unos millones de años para desaparecer y ser suplantadas por otras de forma abrupta (el Equilibrio puntuado de Eldredge y Gould).

Además, los grandes cambios evolutivos parecen estar relacionados con eventos de extinción de gran magnitud, achacados principalmente a fenómenos de gran inestabilidad ambiental. Tras estos fenómenos es corriente que se observen en el registro fósil «radiaciones adaptativas», es decir, la aparición rápida de una gran cantidad de taxones nuevos. La explicación «ortodoxa» a este fenómeno es contradictoria con las propias premisas neodarwinistas: tras una extinción masiva, muchos nichos ecológicos quedarían «vacíos» y la ausencia de competencia favorecería la rápida, pero gradual, adaptación (?) de las especies dando como resultado radiaciones adaptativas. ¿Cómo es posible que si la competencia es el brazo ejecutor de la selección natural, motor de la evolución, su ausencia dé lugar a la rápida aparición de gran cantidad de formas nuevas?

La evolución ha de ser, al igual que la especiación, un fenómeno rápido y que afecte por igual a varios individuos. Sin embargo, además deben aparecer grandes cambios biológicos en los individuos, resultantes de un mayor reordenamiento del genoma. Las reorganizaciones se deben no solo a la redistribución de cromosomas, sino a otros fenómenos como la asimilación de información foránea (simbiosis y transferencia horizontal genética) y, principalmente, a la actividad de los elementos transponibles y otros elementos repetidos no codificantes de proteínas.

La importancia de los elementos transponibles ha sido ignorada hasta la década de los 90 debido a su prejuiciosa calificación como «ADN basura», debido a que no codifican proteínas. Posteriormente se les tachó retorcidamente de «ADN egoísta», por su insólita capacidad de moverse y copiarse a lo largo de los cromosomas (lo que se quiso interpretar como un «esfuerzo» por perpetuarse como polizones de los genomas en que residen). Sin embargo ahora se empieza a reconocer la gran importancia de estas secuencias en los genomas eucariotas y en su evolución. Las secuencias repetidas no codificantes de proteínas, constituidas o derivadas de elementos transponibles en gran medida y abundantes en los genomas eucariotas, parecen ser fundamentales en muchos aspectos: constituyen las regiones pericentroméricas de los cromosomas, permiten la movilización de exones y secuencias promotoras, son fundamentales para la estructura de los cromosomas, contienen secuencias no codificantes de proteínas pero sí de ARNs que intervienen en la regulación y supresión génica; en nuestra especie, docenas de genes humanos parecen haber derivado de elementos transponibles y unos cientos de genes usan las terminaciones transcripcionales de retrotransposones del tipo LTR, otros genes usan los elementos reguladores derivados de elementos repetidos…


Pero además, es un hecho constatado la influencia del estrés ambiental en estas secuencias, produciendo su activación y provocando grandes duplicaciones, pero también inversiones, deleciones, translocaciones e inversiones cromosómicas debidas a la interacción entre elementos homólogos (apareamiento ectotópico). Parece ser que existen, además, sitios preferenciales de inserción, estableciendo cierta variabilidad predeterminada que puede influir en la probabilidad de que un mismo suceso ocurra en varios individuos por separado.

Por otra parte existen evidencias de la gran importancia que ha tenido la integración de información procedente de otros sistemas biológicos por medio de simbiosis celular, como la aparición de las células eucariotas y de gran cantidad de protistas posteriores, y por transferencia horizontal por medio de vectores víricos. Con su reactivación, un retrovirus puede llevarse consigo parte del ADN del lugar de inserción y propagarla por sus nuevos huéspedes, pudiendo traspasar la barrera de la especie.

En referencia a este último caso, el análisis inicial del genoma humano (2001) reveló que cientos de genes humanos parecen ser el resultado de transferencia horizontal desde bacterias en algún punto del linaje vertebrado. Muchas de estas nuevas adquisiciones han establecido papeles fundamentales en nuestro metabolismo (hidrolasas, deshidrogenasas, MAO). Observaciones similares en el genoma de la lombriz indican una probable transferencia horizontal linaje-especifica.

Recapitulando, los grandes eventos extincionales y el gran estrés ambiental al que están ligados podrían ser los desencadenantes de los fenómenos evolutivos por medio de la activación de elementos móviles dentro de los genomas y fuera, en su forma libre de retrovirus. Así pues, se producirían grandes reordenamientos en los genomas que afectarían a su estructura interna y a su regulación general. El resultado final sería en muchos casos abortivo, al fin de al cabo se trata de una extinción, y no quedaría constancia fósil de estos intentos fallidos. No obstante, los organismos viables presentarían características notablemente diferentes a las de sus progenitores, y puesto que existe cierta variabilidad predeterminada en las inserciones de elementos móviles, es de esperar que más individuos presenten sus mismas características y la nueva especie pueda perpetuarse. Finalmente, la viabilidad de las nuevas formas dependería de su compatibilidad con la vida y la capacidad de integrarse en la compleja red de relaciones ecológicas de su ecosistema.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Interiorización de la brutalidad


Por LUIS MUIÑO

«Gracias a las palabras hemos sido capaces de ascender
por encima de los brutos; y gracias a las palabras, a menudo
nos hemos sumergido al nivel de los demonios.»
A. HUXLEY

Underground, una de las películas de Emir Kusturica, comenzaba con una escena que muchos espectadores recuerdan como una de las más impactantes que ha dado el cine contemporáneo. Durante una guerra cualquiera, un avión perdido sobrevuela un zoo. De repente, sin razón aparente alguna, decide empezar a bombardearlo, y a partir de ahí, asistimos a una terrible secuencia. Vemos cómo un cuidador abraza a un cachorro de chimpancé muerto y cómo un león recién nacido busca entre las ruinas a sus padres. Vemos gorilas ensangrentados que vagan entre los escombros con la mirada perdida del que no entiende la causa de la barbarie. Vemos elefantes y jirafas muertos. Y todo esto nos remueve por dentro y nos indigna; porque contiene toda la brutalidad y la arbitrariedad de las guerras. Las imágenes con seres humanos, a base de ser repetidas, no nos producen ya, por desgracia, un impacto real. Emir Kusturica consigue que volvamos a sentir la inmensa tristeza que supone la muerte inocente en una guerra cambiando los protagonistas, poniendo delante de nosotros escenas brutales y nunca vistas.


La crudeza de esas imágenes volvía a recordarnos una pregunta que quizás se hayan hecho más de una vez todos aquellos que se dedican a luchar contra las injusticias sociales: ¿es conveniente suscitar sentimientos muy viscerales en los espectadores? ¿Ayuda a las causas solidarias el plantear con realismo lo que está ocurriendo? La duda surge cuando observamos la reacción a distancia y alejamiento que producen en muchos espectadores las imágenes de crudeza excesiva. La verdad parece, a veces, demasiado dura.

Algunos teóricos de la psicología social, cuando tratan este tema, llegan a la conclusión de que incrementar la emoción del destinatario puede disminuir la utilidad del mensaje si la persona que lo recibe no cree tener posibilidades de hacer algo para evitar la tragedia. Es decir, parece que la verdad espanta cuando no podemos hacer nada por cambiarla. Ésta es probablemente la razón por la que se utilizan tan poco imágenes desasosegantes en campañas que hablan de gente que está sufriendo. Los diseñadores saben que, aunque lo mostrado sea cierto, puede producir rechazo. Si las personas no están seguras de poder hacer algo por cambiar esa realidad, tenderán a apartar la mirada de la pantalla o preferirán pasar la página del periódico. La misma magnitud de la tragedia puede jugar en contra de los necesitados.

Parece, sin embargo, que las imágenes reales, aunque sean muy crudas, son asimiladas cuando los receptores tienen la impresión de que pueden hacer algo a favor de los damnificados. Un mensaje que podría resultar excesivo o insoportable cuando tenemos sensación de impotencia, se puede convertir en un estímulo para la acción en los momentos en que sabemos que podemos cambiar las cosas. La sensación de control sobre la situación nos permite conocer la verdad sin asustarnos. Es esperanzador que muchos seres humanos empiezan a creer que su intervención puede ser, de verdad, uno de los granos de arena que construyan la montaña. Es posible que ahora, poco a poco, podamos empezar a tolerar imágenes como las de Underground sin apartar la mirada. Porque ahora sabemos que podemos hacer algo para que no se repitan.

(2003)

miércoles, 20 de febrero de 2019

Hola, soy un hongo, ¿quieres vivir conmigo?


Los líquenes seleccionan las algas mejor adaptadas al lugar donde crecen. Un estudio del CSIC prueba la pericia de Cetraria aculeata para asociarse. La simbiosis es pieza clave en la naturaleza y es un motor de la evolución.

Por PEDRO CÁCERES

Tengo una amiga que cuando quiere meterse con alguien al que considera amuermado, le dice: «Tienes menos vida social que un liquen». Como broma no está mal. Los líquenes parecen el colmo de la vida aburrida. Son unos organismos pequeños, discretos, resistentes e inmóviles. Sobreviven a todo tipo de temperaturas extremas y pueden hacerlo sin apenas agua ni comida. Viven donde muchos otros no consiguen hacerlo, pero a cambio tienen una apariencia de lo más callada y pueden pasarse meses pegados a sus rocas sin que parezca que pasa nada con ellos.

Cuesta creer que estén vivos. Pero vaya si lo están. Y su vida social, además, es de lo más animada. De hecho, son organismos que nunca están solos. No pueden estarlo porque en realidad no son una cosa, sino dos a la vez, o la suma de ellas. En todos los líquenes del mundo conviven a la vez un hongo y un alga, es decir, dos seres vivos distintos, dos especies diferente que se unen para formar una tercera totalmente nueva.

De manera que no puede decirse que un liquen tenga poca vida social. Más bien, él mismo es una completa sociedad, un matrimonio o una 'joint venture', usando la jerga económica más al uso actualmente.

Lo que los líquenes practican es un fenómeno conocido como simbiosis y que consiste en la unión duradera de dos seres que obtienen beneficios por ello. En su caso, el alga aporta la capacidad de realizar la fotosíntesis para nutrirse y el hongo contribuye con su resistencia a condiciones ambientales extremas. Esta ganancia mutua es un tipo de asociación que se define como mutualismo y que está mucho más extendida de lo que se cree.

Simbiosis, el secreto de la vida

En la naturaleza existen otros tipos de interacciones entre organismos. Las de parasitismo, en las que uno se aprovecha de otro y le 'chupa la sangre', o las de comensalismo, en las que uno rapiña lo que se le cae al otro, son una versión 'light' de otra bien conocida, la de depredación. A todos nos parece que esa es una forma abundante de relación en el mundo natural. Un tipo de situación que responde a la idea hobbessiana de un mundo cruel, donde el hombre es un lobo para el hombre.

Sin embargo, muchos ecólogos creen que este es un error de percepción. En realidad, las relaciones más importantes en la naturaleza son las de cooperación entre organismos, las relaciones de simbiosis, no las de depredación.

Nuestro propio cuerpo funciona gracias a los microorganismos que habitan en nosotros y contribuyen a funciones vitales como la digestión. Lo mismo ocurre con los árboles, que pueden alimentarse bien gracias a que en sus raíces crecen hongos simbiontes llamados micorrizas que les permiten capturar nutrientes. Y también es mutualismo puro el proceso de evolución convergente llevado a cabo por las plantas con flor y los insectos que las polinizan. Unas obtienen beneficios reproductivos y los otros perciben comida.

En realidad, algunos biólogos defienden que la simbiosis es la clave de la vida y realmente tendríamos que entender el mundo no de la negra forma que lo percibió Hobbes, sino desde la mucho más 'buenista' percepción de Rousseau. Somos buenos por naturaleza, o más exactamente, la naturaleza ha demostrado que cooperar es una forma eficiente de afrontar la existencia. ¿Para qué comerte al vecino si puedes montar un negocio con él?

Una visión extrema del papel de la simbiosis en nuestro planeta es la que defiende y ha demostrado en buena parte la eminente bióloga evolucionista Lynn Margulis. La científica estadounidense, que estuvo casada con el cosmólogo Carl Sagan, provocó una revolución en los años 60 al afirmar que el surgimiento de las células con núcleo (eucariotas), que fueron el inicio de toda la vida compleja que ahora hay sobre el planeta, se debió a la unión de diversas células simples o procariotas.


La teoría de Margulis abre una visión de vértigo sobre el concepto de existencia. Porque lo que defiende, además, es que la evolución no se debe sólo al gradual cambio acaecido en las especies tras las mutaciones genéticas, sino que hay un motor distinto al descrito por Darwin que es la fusión entre organismos completos distintos (bacterias) para formar organismos nuevos.

Según Margulis, nuestras propias células llevan dentro de cada una el testimonio de una simbiosis primitiva. La científica ha logrado que muchos de sus colegas admitan que las mitocondrias que todos tenemos dentro de nuestras células y que llevan a cabo el proceso de respiración celular son en realidad bacterias simples que quedaron integradas en las células complejas de nuestros ancestros. Sacamos a pasear todos los días a los orgánulos de nuestras células sin saber que llevamos con nosotros a antiguos seres unicelulares que han pasado a formar parte de nosotros mismos.

Hongo busca alga para vivir

Estamos construidos con bacterias asociadas entre sí, defiende la teoría de la simbiogénética. Y asociarse entre sí es lo que siguen haciendo de forma bien abierta hongos y algas. Ahora, una reciente investigación llevada a cabo por científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha desvelado algunas novedades sobre las habilidades de cierto tipo de liquen, probando que el hongo que lo forma no se asocia con cualquier alga, sino que selecciona a aquellas variedades, dentro de la misma especie, que le permiten adaptarse mejor a las circustancias externas.

Un equipo internacional de científicos, entre los que se encuentran investigadores del CSIC, ha demostrado que una especie de liquen denominada Cetraria aculeata coloniza distintos ambientes gracias a que selecciona algas genéticamente adaptadas a esos entornos. Es la misma especie de alga, pero muestra pequeñas variaciones locales que la hacen más exitosa.


Los resultados del estudio, publicado en la revista Molecular Ecology, confirman que estos organismos, tan extendidos en los ecosistemas boreales y polares, son sistemas biológicos dinámicos y abiertos.

«Los líquenes son organismos altamente especializados en los que las líneas que separan los conceptos de individuo, especie y ecosistema se desdibujan. Su vida simbiótica ha sido adoptada por multitud de hongos diferentes, lo que les permite colonizar ambientes muy diversos», explican dos de los autores del estudio, los investigadores del CSIC en el Real Jardín Botánico de Madrid María Paz Martín y Miguel Ángel García, en una nota remitida por la institución científica.

El trabajo ha sido coordinado por científicos del Biodiversity and Climate Research Centre y el Senckenberg Research Institute, ambos en Frankfurt (Alemania). Los investigadores han estudiado las trazas genéticas de la trayectoria geográfica, histórica y evolutiva del liquen Cetraria aculeata, una especie que no sólo habita en las regiones polares de los dos hemisferios, sino que además puede crecer en cadenas montañosas de latitudes intermedias como el Himalaya, indica el CSIC en una nota de prensa.

Tras secuenciar tres marcadores genéticos del hongo y tres del alga, observaron que el hongo se originó en el hemisferio norte y fue capaz de dispersarse hasta el hemisferio sur en un periodo de tiempo relativamente corto.

«En esta especie de liquen, el hongo y el alga se dispersan juntos mediante la fragmentación del talo. Aunque cabría esperar que los patrones genéticos del alga y del hongo fuesen semejantes, hemos visto que no es así, ya que este hongo presenta algas genéticamente dispares en distintas regiones geográficas», explica García. Esto indica, según los investigadores, que los líquenes como Cetraria aculeata son sistemas biológicos dinámicos y abiertos, capaces de encontrar las variedades de alga mejor adaptadas a una región y listos también para cambiar de alga. Eso es lo que les ha permitido expandirse de forma rápida al encontrar las más apropiadas para prosperar.

Vivir juntos es mejor, dicen los líquenes. Elegir bien también ayuda.

NATURA-EL MUNDO
04/07/2011

jueves, 14 de febrero de 2019

Porque ella lo valía: Rosa Luxemburg


Por MICHAEL R. KRÄTKE

Hoy en día es casi una santa de la izquierda a escala mundial, pero en vida fue muy controvertida. Una mujer estudiosa, teórica, aguda, instruida, carismática, polémica, jocosa, atrevida, una judía bajita de origen polaco, emancipada, autodeterminada, un horror para muchos en la socialdemocracia alemana, donde, sin embargo, hizo carrera. Se hizo famosa como aquella descarada joven extranjera que había osado atacar con vehemencia a un veterano del marxismo como Eduard Bernstein. También arremetió contra el papa de la teoría marxista Karl Kautsky e incluso se permitió una brillante crítica de Marx. Tampoco tuvo miedo a criticar sin piedad a Lenin y la política de los bolcheviques en Rusia.

Ya desde su etapa de estudiante en la escuela, Rosa Luxemburg, nacida en 1871 en Zamość (Polonia oriental), quería cambiar el mundo. Para poder estudiar en la universidad, tuvo que emigrar y se fue a Zurich, cuya universidad aceptaba a mujeres. Entre 1889 y 1897 vivió allí, estudió economía nacional —fue una de las primeras mujeres, en general— y se doctoró con una tesis sobre el desarrollo industrial de Polonia (magna cum laude), lo que entonces todavía provocaba la indignación de algunos. Su tesis fue publicada, algo muy excepcional en la época. Y escandaloso. Pues Luxemburg argumentaba contra la independencia de Polonia. Decía que el desarrollo industrial había integrado demasiado a Polonia en la economía del Imperio ruso y que una Polonia independiente no sería económicamente viable. Qué fuerte.

En 1906, Rosa Luxemburg tuvo la suerte de que August Bebel en persona, que apreciaba su aguda inteligencia y bendito rigor, la nombrara profesora de economía nacional en la flamante escuela de la SPD. Sus alumnos la querían y admiraban. En esta época se incubó La acumulación del capital (1913), el libro en que critica a Marx y, al tiempo, intenta profundizar en él. El capitalismo moderno, dice la idea fundamental, no puede existir como capitalismo «puro», como sistema cerrado —en contra del supuesto de Marx—. Sin espacios no capitalistas, sin una conquista continua de países, sin expansión colonial en una u otra forma hacia estos espacios, no puede funcionar. De ahí se sigue que pueden determinarse con total exactitud los límites del desarrollo capitalista. Entonces, el capitalismo llega a su inevitable fin cuando ha sometido y se ha anexionado el mundo entero por conquista y ya no queda ningún espacio no capitalista. Este «momento Luxemburg» de la historia mundial no estaba lejos cuando escribió el libro; hoy en día casi hemos llegado a él.

Rosa Luxemburg consideraba El capital de Marx como una gran obra inacabada. A ojos de Luxemburg, sobre todo los volúmenes segundo y tercero de esta obra monumental estaban incompletos, llenos de problemas abiertos y sugerencias; eran un work in progress que debía proseguirse. Eso intentó ella en su igualmente inacabada Introducción a la economía nacional, resultado de sus clases en la Escuela del Partido. Los fragmentos, conservados y publicados después de su muerte, así como los apuntes de sus clases que se han publicado por primera vez en 2017, muestran cómo entendía la economía política: como una ciencia social histórica, más como una «economía mundial» que como una «economía nacional». Lo que actualmente vemos como lo nuevo e importante de la crítica marxiana, la crítica del fetichismo, de la religión cotidiana del capitalismo, el análisis del desarrollo capitalista y de su dinámica global, es también lo que fascinaba a Luxemburg de Marx. Y eso a pesar de que no defendía mucho la célebre exposición «dialéctica» de El capital, como tampoco era amiga de la construcción de modelos económicos. Rosa Luxemburg entendía la economía como una ciencia altamente política, como la clave para la comprensión crítica de la historia económica. La historia del capitalismo moderno desde la primera revolución industrial sólo podía plantearse como la historia de sus pequeñas y grandes crisis. Crisis del mercado mundial como la de 1873-79, que marcó el comienzo de la primera gran depresión, o la crisis financiera mundial de 1907, resultado de la competencia internacional por el dominio del capital financiero. El estallido de la Primera Guerra Mundial, en el verano de 1914, no sorprendió a la economista Luxemburg. Si grandes potencias industriales rivales se entrometían mutuamente en sus territorios de conquista, el conflicto era inevitable. Con la guerra, Luxemburg vio superado el horizonte del desarrollo capitalista. Desde ese momento, se afrontaba la encrucijada de la historia mundial: o transición al socialismo o regresión a la barbarie.

Fue la más decidida opositora a la Guerra Mundial; ahí no había solución de compromiso posible. A causa de su furibunda propaganda antibelicista pronto dio con sus huesos en la cárcel, donde siguió escribiendo y trabajando sin descanso por el renacimiento del movimiento internacional tras la catástrofe de agosto de 1914. En plena guerra, ante la escisión del movimiento obrero internacional, sólo veía una alternativa: transición al socialismo ¡o regresión a la barbarie!

La Revolución rusa, la vivió en la cárcel, donde escribió su crítica a Lenin y los bolcheviques, que abandonaban la democracia en aras de la pura conquista del poder. Sus palabras sobre la libertad política, a menudo citadas, según las cuales ésta debe ser la «libertad de quienes piensan distinto», provienen de esta polémica. Eso no casaba con una política de izquierda basada en la lógica de la guerra civil. En la Revolución alemana de Noviembre vio la oportunidad histórica de una república democrática que abriera por fin de modo pleno el terreno de juego para una política socialista. Fue una de las personas fundadoras, en diciembre de 1918, del Partido Comunista de Alemania (KPD) y sufrió inmediatamente una severa derrota política, ya que la mayoría del Congreso no quiso saber nada de las elecciones a la Asamblea Nacional. Luxemburg consideró una estupidez colosal el levantamiento espontáneo de enero de 1919, y no sólo por razones tácticas. También las masas indignadas en la calle, también los trabajadores revolucionarios pueden equivocarse gravemente. Ante ellos, Luxemburg tuvo tan pocos pelos en la lengua como ante la dirección del Partido o el Congreso. El 15 de enero cayó en manos de las tropas de los Freikorps, en Berlín, y fue asesinada, y su cadáver, arrojado al Landwehrkanal.

SIN PERMISO
19/01/2019

domingo, 10 de febrero de 2019

La caza y el maltrato animal


Por JAIME GÓMEZ MÁRQUEZ

Desde un punto de vista biológico, el instinto de caza es necesario para que los animales carnívoros puedan capturar a sus presas y alimentarse. En la naturaleza, la caza juega también un importante papel como regulador del tamaño de las poblaciones animales, contribuyendo al mantenimiento del equilibrio entre las diferentes especies del ecosistema, y en la selección natural de los organismos más capacitados y la eliminación de individuos débiles, heridos o enfermos.

En el caso de la especie humana —con la excepción de pequeñas poblaciones que necesitan cazar para alimentarse— la obtención de carne para nuestra alimentación ya no depende de la caza. La mayoría de nuestras sociedades han desarrollado sistemas de ganadería, a pequeña y gran escala, que proveen regularmente de carne a las personas sin tener que recurrir a la caza.

El desarrollo urbano e industrial y las grandes infraestructuras, junto con el aumento paulatino e incontrolable de la población humana, han roto el equilibrio natural en numerosos y extensos territorios de nuestro planeta y como consecuencia de ello las especies salvajes cada vez tienen menos territorio para vivir en libertad. Es en este contexto donde la actividad cinegética tiene sentido como un medio de controlar las poblaciones de animales salvajes en un territorio cada vez más menguante. Sin embargo, este control debe estar supervisado por expertos (principalmente biólogos y veterinarios) y no por federaciones de cazadores, porque si no puede utilizarse como pretexto para matar indiscriminadamente a muchos animales. Cualquier exceso por parte de los cazadores legales (y por supuesto de los furtivos) debería ser perseguido y sancionado por parte de la Administración y los tribunales de Justicia. Las administraciones públicas tienen que preservar y ampliar los espacios naturales protegidos y los representantes de los ciudadanos, legislar para proteger la naturaleza y conservar la biodiversidad.

Es interesante resaltar que algunos mamíferos, como por ejemplo el zorro, juegan un papel protector y benefactor de los humanos en el sentido de evitar la transmisión de determinadas enfermedades y de proteger las cosechas. Los zorros son necesarios para mantener controlada de forma natural la población de roedores y esto es muy beneficioso para la protección de las cosechas y para la salud porque reduce drásticamente la enfermedad de Lyme, que es transmitida por garrapatas.

La caza se convierte en una actividad cruel e innecesaria cuando se hace por diversión o deporte y no entiendo dónde está el placer de matar un conejo, una perdiz o un elefante. La caza solamente debería autorizarse cuando su objetivo es controlar las poblaciones animales en la naturaleza o en los espacios protegidos y debería prohibirse como actividad deportiva. Si lo que a uno le gusta es disparar puede hacerlo sobre multitud de objetos inanimados, tanto estáticos como en movimiento. Los únicos disparos que tendrían que hacerse en la naturaleza son los de las cámaras fotográficas.

Si la caza como actividad lúdica o deportiva es moralmente rechazable, porque no tenemos ningún derecho a quitarles la vida a otros animales solo para divertirnos, no lo es menos el maltrato animal. Hay individuos que se divierten o se lucran maltratando a los animales e incluso algunos hacen alarde de su crueldad en las redes sociales. La sociedad tiene que proteger a los animales de los desalmados y explotadores, educar a nuestros jóvenes en el respeto a la naturaleza, reprobar socialmente el comportamiento de estos individuos y castigarlos con el código penal. Si no respetamos la naturaleza tampoco seremos merecedores de respeto y al final en este genocidio ecológico, provocado por la caza y otras actividades humanas, todos saldremos perdiendo.

26/01/2019

jueves, 7 de febrero de 2019

El control ideológico en las sociedades democráticas


Por JEAN BRICMONT

La ideología es especialmente importante en las sociedades democráticas, en las que puede convertirse en la forma principal de control social. La ideología dominante es muchísimo más poderosa en los Estados Unidos, con su libertad de expresión, de lo que llegó a ser en la Unión Soviética, donde el obvio monopolio de la expresión política, reforzado por la represión, propició un escepticismo generalizado. En sociedades más autocráticas, se mantiene a la gente en el lugar que se quiera mediante el temor. En una sociedad donde la gente es libre de manifestarse y de votar, el control de «corazones y mentes» necesita ser mucho más profundo y más constante.

En nuestras sociedades, el reforzamiento de la ideología dominante está en manos de lo que se ha dado en llamar el 'clero secular', por analogía con el clero religioso de las sociedades tradicionales. Ese clero tradicional se presentaba como el intermediario entre lo humano y lo divino y legitimaba el poder de los estratos sociales dominantes mediante la apropiada interpretación de la voluntad divina. Al hacerlo, se aseguraba su propia posición social privilegiada bajo la protección del poder temporal.

Con la Ilustración y las revoluciones democráticas en Europa, el papel de la religión como justificadora del poder se ha ido desdibujando. Las declaraciones de Lord Salisbury invocando la democracia que citábamos anteriormente tienen una resonancia más contemporánea que las de la Santa Alianza invocando la religión. Aun alguien tan ostentosamente religioso como George W. Bush no justifica sus guerras principalmente en nombre de la religión sino en nombre de la democracia y los derechos humanos. Merece la pena destacar que a sus partidarios en Europa a menudo les resulta embarazosa su faceta religiosa, prefiriendo que se ciña estrictamente al discurso por los derechos humanos.

Francis Fukuyama y Samuel P. Huntington, ejemplo
del nuevo 'clero secular' del mundo capitalista.

El actual 'clero secular' está constituido por los creadores de opinión, los filósofos mediáticos y una gran variedad de académicos y periodistas. Son ellos quienes en gran medida monopolizan el debate público, conduciéndolo en determinadas direcciones y fijando los límites de lo que puede decirse, pero aparentando siempre que se trata de un libre intercambio de ideas. Uno de los mecanismos de reforzamiento ideológico más comunes consiste en centrar el debate en los medios empleados para conseguir los fines supuestamente altruistas que defienden quienes están en el poder, en lugar de preguntarse si los fines tienen derecho a hacerlo. Para poner un ejemplo reciente: se planteará si los Estados Unidos tienen suficientes medios e inteligencia para imponer la democracia en Oriente Medio o, eventualmente, si el precio a pagar (la guerra) no es demasiado alto. Tales discusiones no harán otra cosa que reforzar la idea de que las intenciones proclamadas (liberar a los pueblos, propagar la democracia) son el verdadero propósito, mientras que las consecuencias menos nobles, como el control del petróleo o el fortalecimiento de la hegemonía estadounidense (globalmente) e israelí (localmente) no son más que efectos colaterales de una generosa empresa.

Para quienes detentan el poder, es muy importante centrar el debate público dentro de los estrechos límites de si los medios y las tácticas son o no efectivas, soslayando el cuestionamiento de la naturaleza y la legitimidad de los fines y las estrategias. En una sociedad autocrática tales debates no estarían permitidos. En nuestras sociedades son, sin lugar a dudas, de gran utilidad. La izquierda «respetable» juega un papel fundamental en este proceso de legitimación al centrar el debate en el primer tipo de cuestiones (medios y efectividad) y marginando al segundo (la naturaleza y la legitimidad de los fines). Por el contrario, podemos anticipar que cualquier análisis de poderes pretéritos o antagónicos, como el Imperio Romano, Napoleón o la Unión Soviética, incluirá una visión crítica de sus mecanismos de legitimación sin conceder valor alguno a sus declaraciones de principios. Es solo cuando se habla de nuestras sociedades actuales que tal interpretación es considerada banal.

Otro mecanismo ideológico utilizado frecuentemente por la izquierda respetable es la denuncia ritual de los sistemas de adoctrinamiento «totalitarios», casi siempre con la religiosa referencia a Orwell, y enfatizando particularmente aquellos rasgos característicos diferentes a los nuestros. Esto fomenta la noción de que los mecanismos para el control y la manipulación de las mentes pueden encontrarse en cualquier parte, excepto en nuestras sociedades.

Por otra parte, cuando los críticos con este sistema, como los comunistas en el pasado, sostienen que no se diferencia de los sistemas totalitarios, son fácilmente refutados pues la simple libertad para manifestar esas críticas supuestamente demuestra que son diferentes. Ese tipo de crítica solo contribuye a dificultar la comprensión de cómo el control ideológico funciona aquí y ahora, dando la impresión de que los únicos mecanismos de adoctrinamiento son aquellos que no se encuentran en nuestras sociedades.

Es importante destacar que ideología no equivale a mentira. Los miembros del 'clero secular' frecuentemente creen en lo que dicen. Es más, esa interiorización de la ideología es esencial para que logren ser eficaces. Esto se confirma al contrastar su discurso con el de aquellos que simplemente defienden una ideología en la que no creen.

Blair, Bush y Aznar: 'el trio de las Azores',
responsables de la guerra de Iraq y sus consecuencias.

Cuando se trata de individuos que poseen un poder real, sea político o económico, la cuestión es algo más complicada, pero aun así la hipocresía del cinismo generalizado no es plausible. La ideología tiene la ventaja de permitir a la gente vivir en un confort mental en el que pueden evitar hacerse demasiadas preguntas. Esto significa que criticar la falta de sinceridad de quienes están en el poder o de los integrantes del 'clero secular' debe hacerse con precisión: el problema no es que estén mintiendo o que estén ocultando sus verdaderos fines, sino que espontáneamente adoptan una visión sesgada del mundo y de la historia que les permite aprovecharse de su situación de privilegio con absoluta consciencia. Es este un fenómeno que puede observarse en la vida cotidiana: las proclamas altruistas y la adhesión a determinados valores van a menudo acompañados de un análisis de la realidad que hace posible identificar los intereses personales con los imperativos morales. La genuina sinceridad no es simplemente una cuestión de creer en lo que uno dice, sino preguntarse honestamente si las acciones que uno emprende sirven realmente a los nobles fines que supuestamente nos guían. Desafortunadamente, no hay nada nuevo en todo esto y aquellos que critican la actual organización social, de un modo u otro, tienen mucho en común con Blaise Pascal o Jonathan Swift cuando criticaban la injusticia y la hipocresía de las sociedades en las que vivían.

Por muy banal que pueda parecer esto, no deja de ser importante pues implica que las representaciones ideológicas del mundo, al no ser simples mentiras, pueden tener consecuencias imprevistas y, a veces, cuando son defendidas con el suficiente fanatismo, llegar a ser perjudiciales para los mismos poderes a los que supuestamente legitiman. Todavía es prematuro decir si el ataque estadounidense a Iraq es un ejemplo de esa situación, pero tanto la invasión alemana a la Unión Soviética en 1941, como la obstinada guerra de EEUU en Vietnam, ambas con la idéntica finalidad de «liberar a los pueblos del comunismo», son ejemplos claros de la búsqueda de fines ideológicos que han acabado en desastre.

Imperialismo humanitario:
El uso de los Derechos Humanos para vender la guerra
(2005)