jueves, 14 de enero de 2010

Pat Robertson y el terremoto de Haití

«El telepredicador Pat Robertson ha achacado el terremoto que ha arrasado Puerto Príncipe y ha causado decenas de miles de muertos y millones de damnificados al pacto que, según él, suscribieron los haitianos con el Diablo para independizarse de los franceses.»



Fuente: Magonia

17 comentarios:

KRATES dijo...

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prometeo dijo...

Igualito que pasó cuando el Katrina asoló Nueva Orleans...la culpa de los homosexuales.

prometeo dijo...

Y tampoco tiene desperdicio los comentarios del nuevo obispo de San Sebastián, Jose Ignacio Munilla.

Dijo que existen males mayores que los que están sufriendo los pobres de Haití, como nuestra pobre situación espiritual, sentenciando:

"Quizá es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo".

Ahí es nada.

KRATES dijo...

Tienen una Biblia o un crucifijo delante de sus ojos que les impiden ver la realidad claramente. ¡Pobres dementes religiosos! Que han perdido la razón.

KRATES dijo...

Según se ve el obispo de San Sebastián se explica y dice que sus palabras fueron distorsionadas por la prensa:

«El citado titular está extraído con "forceps" de una pregunta "teológica" que se me hizo, referente a cómo creer en la existencia de Dios ante el sufrimiento de tantos inocentes... Yo expliqué que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna. En ese contexto, utilicé la expresión "existen males mayores", refiriéndome explícitamente a otro tipo de mal, al "pecado" de quienes vivimos en los países ricos y somos cómplices de una opulencia insolidaria hacia los pobres. Como es obvio, yo estaba hablando en un plano teológico dando respuesta a una pregunta de índole teológico.»

Pues muchos de esos «pecadores» comulgan casi todos los domingos. Y lo de siempre, los pobres de la Tierra tienen asegurados su lugar en el Cielo... la misma sandez repetida por enésima vez.

Pavel dijo...

Ante las desgracias ajenas, siempre hay quien saca provecho, y como muchas veces suele pasar, los primeros suelen ser los periodistas, concretamente los fotógrafos, que se matarían por sacar la más impactante fotografía (y alguno recibirá algún premio, más tarde).

KRATES dijo...

Recuerdo unas palabras de Rafael Sánchez Ferlosio escribió para un periódico hace muchos años, que vienen bien como apoyo al comentario anterior:

«(Premio Pulitzer o El deber de informar). Siempre hay un hijo de la gran puta capaz de esperar horas al suicida indeciso en la cornisa del rascacielos para poder fotografiarlo en el aire un instante antes de estrellarse contra el suelo.»

KRATES dijo...

Volviendo a las declaraciones del obispo Munilla, según nos muestra la CADENA SER fueron éstas:

«Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días, ¿no? Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití pero igual también deberíamos, además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos, etcétera, también deberíamos llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, ¿no? Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes también están sufriendo.»

¿Nuestra pobre situación espiritual y nuestra concepción materialista de vida es peor que la desgracia de los haitianos? Siempre aprovechando el momento para meter su ideología, aunque se refieran al «pecado» de los países desarrollados (cuyos habitantes no somos todos ricos).

Rosg. dijo...

Y el Obispo de Gipuzkoa dice que es mucho peor la falta de fé y espiritualidad que impera en este Pais, que todo lo que les está pasando a los de Tahití.
Se ve que viven demasiado comodamente, lo que les aleja del mundo real y los sube a las nubes.

Saludos

Pavel dijo...

Haití, no Tahití.

Pirrón dijo...

Sobre la estupidez

Como ocurre con todas las personas humanas, los estúpidos influyen sobre otras personas con variada intensidad. Normalmente los estúpidos causan perjuicios limitados, pero hay otros estúpidos que llegan a ocasionar daños terribles, no ya a uno o varios individuos, sino a comunidades o sociedades enteras.

La capacidad de perjudicar a las personas humanas que tiene un estúpido depende de dos factores: a) del factor genético y b) del grado de poder o autoridad que ocupa en la sociedad.

¿Qué es lo que básicamente vuelve peligrosa a una persona estúpida? O en otras palabras, ¿en qué consiste el poder de la estupidez?.

Esencialmente, los estúpidos son peligrosos y funestos porque a las personas razonables les resulta difícil imaginar y entender un comportamiento estúpido.

Una persona inteligente puede entender la lógica del malvado. Las acciones de un malvado siguen un modelo de racionalidad: racionalidad perversa, si se quiere, pero al fin y al cabo racionalidad. El malvado quiere añadir un beneficio a su cuenta. Puesto que no es suficientemente inteligente como para imaginar métodos con que obtener un beneficio para sí, procurando también al mismo tiempo un beneficio para los demás, deberá obtener su beneficio causando un perjuicio a su prójimo.

Desde luego, esto no es justo, pero es racional, y si es racional es previsible.

Con una persona estúpida todo esto es absolutamente imposible. Una criatura estúpida nos perseguirá sin razón, sin un plan preciso, en los momentos y lugares más improbables y más impensables. No existe modo alguno racional de prever si, cuándo, cómo, y por qué, una criatura estúpida llevará a cabo su ataque. Frente a un individuo estúpido, uno está completamente desarmado.

Puesto que las acciones de una persona estúpida no se ajustan a las reglas de la racionalidad, de ello se deriva que generalmente el ataque nos sorprende, incluso cuando se tiene conocimiento del ataque no es posible organizar una defensa racional, porque el ataque, en sí mismo carece de cualquier tipo de estructura racional.

El hecho de que la actividad y los movimientos de una criatura estúpida sean absolutamente erráticos e irracionales no sólo hace problemática defendernos, sino que hace extremadamente difícil cualquier contraataque. Hay que tener en cuenta también otra circunstancia. La persona inteligente sabe que es inteligente. El malvado es consciente de que es malvado. El incauto está penosamente imbuido del sentido de su propia candidez. Al contrario de todos estos personajes, el estúpido no sabe que es estúpido. Esto contribuye poderosamente a dar mayor fuerza, incidencia y eficacia a su acción devastadora.

Con la sonrisa en los labios, como si hiciese la cosa más natural del mundo, el estúpido aparecerá de improviso para echar a perder tus planes, destruir tu paz, complicarte la vida y el trabajo, hacerte perder dinero, tiempo, buen humor, apetito, productividad, y todo esto sin malicia, sin remordimientos y sin razón. Estúpidamente.

No hay que asombrarse de que las personas incautas, generalmente no reconozcan la peligrosidad de las personas estúpidas. El hecho no representa sino una manifestación más de su falta de previsión. Pero lo que resulta verdaderamente sorprendente es que tampoco las personas inteligentes ni las malvadas consiguen muchas veces reconocer el poder devastador y destructor de la estupidez.

KRATES dijo...

El texto que has puesto, Pirrón, es de carlo M. Cipolla del libro Allegro ma non troppo de 1988. Cuyas leyes se pueden resumir en:

1. La Primera Ley Fundamental:
«Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo.»
2. La Segunda Ley Fundamental:
«La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona.»
3. La Tercera Ley Fundamental:
«Una persona estúpida es una persona que causa daño a otra o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio.»
4. La Cuarta Ley Fundamental:
«Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento y lugar, y en cualquier circunstancia tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.»
5. La Quinta Ley Fundamental:
«La persona estúpida es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es más peligroso que el malvado.»

Pirrón dijo...

Exactamente Krates, ¡premio! acertaste.

Es un libro en el que este economista expone su Teoría de la estupidez, además de las leyes que enumeras clasifica a los individuos humanos en cuatro grupos, a saber:

1: Inteligentes (benefician a los demas y a sí mismos)

2: Incautos (benefician a los demas y se perjudican a sí mismos)

3: Malvados (perjudican a los demás y se benefician a sí mismos)

4: Estupidos (perjudican a los demás y se perjudican a sí mismos)

Estos individuos (Pat Robertson y el obispo José Ignacio Munilla) ¿están bien etiquetados como estupidos?

Yo los clasificaría de estupidos con tendencias malvadas.

Y como decía Einstein "hay dos cosas infinitas, la estupidez humana y el universo, aunque de esto segundo no estoy tan seguro".

Pavel dijo...

«Cipolla»... ¡Menudo apellido!

Sorrow dijo...

Cipolla = 'cebolla', en italiano

Pavel dijo...

En qué estaría pensando yo. Aunque, menudo apellido «cebolla», como «berenjena», «pepino», «plátano», «mango»...

KRATES dijo...

Carlo Maria Cipolla... ¿De qué me suena este nombre? Ya lo sé, el compañero Rado lo mencionó antaño.